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Full text of "La órden redentora de la merced: Ejecutora del plan trazado por su excelsa fundadora; ó sea ..."

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Orden redentora de lí merced 

EJECUTOEA, 

dei plan trazado por su exceb landadota, 

ÓSEA 

HISTORIA 
BEDENCIONES DE CAUTIVOS CRISTIANOS 

HBA USADAS • 

POR LOS HMOS DE LA ORDEN DE LA MERCED 
detde lu tundacion bula nueatioa dia«. 

CATÁLOGO 
DE LOS MÁRTIRES DE LA SaSHA ORDEK, 

porelM.fi.P. 

/r. 3o$é 2lnlonio éaxi ^ Smmell, 

Tiligioio di dicha Órdtn, 

g lacio eorritpandimlt dt la Rtal Acadlmia di Bucnai Ittrmí 

diBantíona. 




■ ABCBI.«IIA. 

DB LOS nBRBDBBOS DB LA TIDDA FLA , 

calle de Cádiz. — 1873. 



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A LA wSERBNISIMA 

IM Y EMPEBATBE BE CIELO Y TIEHBA. 

i LA ^ 

TODA LLENA DE GRACIA, 

bendita y abada enlre tedas lac mujeres. 



MISERICORDIOSÍSIMA MADRE NUESTRA. 

i L4 

INMACULADA T SIEMPRB VÍRGEN 

MARÍA DE LA MERCED, 

Fundadora, Patrona y Protectora 

de su Real y Militar Orden de Redención 

de cautivos. 

Postrado humildemente. Señora, á vuestras soberanas, plantas en 
busca de la protección y amparo que con tanta ternura dispensáis al 
que os ama, me atrevo á ofreceros el presente volumen, fruto de mis 
cortos cUcances, pero de largos trabajos y esludios, A nadie mejor que 
á Vos puedo dedicar esta obra, donde van consignadas las redenciones 
de los cautivos, llevadas á cabo durante algunos siglos por mis queridos 
hermanos los Mercedarios, siguiendo en un todo las reglas de su Instituto 
fundado por Vos misma al descender desde el cielo á Barcelona, Dignaos 
aceptarla. Madre mia, como prenda del acendrado amor que os profesa 
este el mas indigno de cuantos se honran con el dulce nombre de hijos 
vuestros. 



' ^t^ : \7 (jü^<K. ' Í-Uí 



-^ 



AL LECTOR 



Cuando hace algunos aDos, lector carisimo, empecé á re- 
coger dalos sobre las redenciones de cautivos, que nuestra 
Celeste, Real y Militar Orden de la Merced ha ejecutado, no 
me proponía en esto t)lro objeto que mi propia instrucción y 
provecho. Pero cruzó después por mi mente el pensamiento, 
que tal vez seria del agrado de Dios, utilidad del prójimo y 
gloria de nuestra Orden, el reunir en un libro cuantas reden- 
ciones de cautivos cristianos han ejecutado ios hijos de la Mer- 
ced desde su fundación, que fué en el aDo 1218. Y deseando 
llevar á cabo dicho pensamiento, procuré adquirir mayor co- 
pia de datos para escribir unos anales ó historia de las reden- 
ciooes de cautivos, donde apareciese el gran crédito que á 
ooestra Orden le dieran sus mismos hijos. 

El fin principal de esta obra es la honra y gloria de Dios, 
que es admirable en sus santos y alabado por sus siervos. El 
secundario, recordar á los hombres, para su edificación y gra- 
titud, la memoria de los redentores Mercedarios, que como 
fieles soldados de Jesucristo, padecieron toda suerte de inco- 
modidades, penas, trabajos y los horrores de la esclavitud, 



— II — 

parax]arla libertad á sus hermanos, y hasta la muerte mis- 
ma, eu medio de lo&mas espantosos tormentos, en defensa de 
la fe del CruciGcado. 

Por espacio de seis siglos la llegada á nuestros puertos de 
los redentores que volvían de África acompasados de gran 
número de cautivos redimidos, atraia.al pueblo en masa, que 
admirado y conmovido alababa y bendecía la heroica caridad 
de los Hijos de la Merced. Todos deseaban con ansia oir de 
boca de los redentores y redimidos los tristes detalles de su 
largo y horroroso cautiverio, quedando profundamenle graba- 
dos en sus corazones. Pero después de haber cesado estas re- 
denciones, los aQos que desde entonces han trascurrido han 
sido causa de quedar casi olvidadas las heroicas acciones, 
grandes sacrificios é inestimables beneCcios, que resonaban 
por todo el mundo, de esta Orden de redentores, que para fun- 
darla bajó la misma Madre de Dios del cielo á Barcelona. Con 
todo para que sean conocidos de la generación actual y de las 
venideras los sublimes rasgos de caridad practicados por los 
Religiosos MercedarioSjhe creido conveniente publicar esta obra, 
donde se les verá que armados de virtud y letras, zelo del 
amor divino y caridad del prójimo, han sido de los que mas 
han servido á la Iglesia y á las monarquías de los Reyes cris- 
tianos, restituyendo á sus reinos, libres por medio de la re- 
dención, á los que gemían en la esclavitud en poder de infie- 
les, oprimidos, con cadenas y sepultados en oscuras mazmorras, 
.dando por ellos su libertad y su vida. 

Fruto de esta heroica caridad ó Mercedario Inslilulo, son 
los ochenta mil cristianos arrancados de la esclavitud ; los 
mil quinientos treinta y tres mártires (según el P. Ignacio Yi- 
dondo ) hijos suyos que han dado su vida martirizados por mo- 



— III — 

ros y herejes, la mullilud de ellos, en fin, que en los reinos de 
Argel, Túnez, Fez, Marruecos y en {a misma EspaQa padeció- 
roo crueles azotes, cárceles, tortura, peligros de muerte, mil 
tormentos, y no murieron, como entre muchos otros N. Padre 
S. Pedro Nolasco, S. Ramón Nonat, S. Pedro Armengol, Fray 
Pedro de Amer, Fr, Jup Cavero,quese quedaron en rehenes, 
eD cumplimiento de su cuarto voto, para dar libertad á sus 

lieraianos. 

» 

Es tanta la excelencia y santidad del Mercedario Instituto, 
ya por ser la misma Madre de Dios la fundatlora, ya por el 
santo y glorioso fin de él, que es la caridad, ya por ser sus 
piedras fundamentales, un Sacerdote, un Rey, y un Caballero, 
que ha merecido los mayores elogios de los Sumos Pontífices 
y otros Prelados de la Iglesia. Uno citaré solamente para no 
kcerme difuso, que ciertamente vale por todos, y es, el limo, y 
Rmo. D. Fr. Gaspar de Yillarroel, de la esclarecida Orden de 
N. P. S. Agustin, arzobispo de la ciudad de la Plata en el Pe* 
ró, sugelo de mucha virtud, letras y gobierno, quien en el to- 
mo 1.* parte 1/ de las Historias sagradas y morales etc., fo- 
leo 126, dice : «La Sacrosanta Religión de N. Sra. de la Mer- 
ced es obr^í inmediatamente fabricada por las manos de Núes- 
tra Señora. No sé yo que haya en este mundo otra que con ella 
se pueda comparar en materia de fundación. Un Santo tan 
prodigioso como S. Pedro Nolasco; un Rey tan ilustre como 
D. Jaime, y la Madre del mismo Dios, estos son los fundamen- 
tos de tao soberano edificio. Hízose Cristo piedra fundamental 
de su Iglesia, y de esta Sagrada Religión es su Madre la pie- 
dra fundamental.... ¡Oh lo que pudiera engreir los Religiosos 
verse obra de aquellas manos! Enternécese mi alma, cuando 
ios oigo llamar Madre á N. Sra., porque veo la propiedad con 



— IV 

que lo pueden decir. Yo me entono y me ensancho, cuando 
hablando de S. Agustín, §in expresar su nombre, digo mi Pa- 
dre. ¿ Cómo pues no se han de engreír los que con tanta pro- 
piedad dicen nuestra Madre, cuando hablan de la que és Ma- 
dre de Dios ? ¿ Hay grandeza que llegue al tamaDo de ser her- 
mano de Cristo? ¿Hay Ululo como el de redentores, cuando el 
mismo Dios se honra tanto con él ? No sé quien ama á María 
cabalmente sin afición á sus frailes. Yo á cada uno le miro co- 
roo á mi ducRo, porque es hijo de una Señora- de quien soy 
esclavo.» Habiendo hablado tan grandemente este limo. Pre- 
lado en elogio de la Orden de la Merced, razón es que enmu- 
dezca mi lengua. 

Concluyo pues y protesto, que cuando en alguna parte de 
esta obra doy el titulo de Santo ó Beato á alguno á quien 
N, Madre la Iglesia no se lo ha dado ni lo ha declarado tal, 
no es mi ánimo creerlo así, ni mucho menos ir contra sus de- 
cretos ; sino que lo uso, ó ajuslándome á su proteion ó en 
consideración á sus virtudes. En todo lo escrito me someto hu- 
mildemente al juicio y corrección de N. Sta. Madre la Iglesia, 
católica apostólica, romana, y única Maestra de la verdad. 



m >eeot i a< i >>»ot «i o fa t n 



HISTORIA 

DB LAS 

REDENOONES DE CAUTIVOS GRISTIiNOS. 



INTRODUCCIÓN. 

DESCENSIÓN DE LA SANTÍSIMA VfRGEN MARÍA A BARCELONA PARA FUNDAR 

LA REAL Y MILITAR ORDEN DE LA MERCED. 

Triste y desgarrador era el coadro qoe ofrecía España en el si- 
glo xiii. Gemían bajo el pesado yago sarraceno los hermosos reinos de 
Sevilla , Granada , Jaén , Córdoba , Murcia , Valencia , Mallorca y 
Menorca ; pues en solo el reino de Granada mas de 30,000 cristianos 
lloraban la pérdida de so libertad, de su patria y de los consuelos de 
SQ Religión, y mas de 50,000 que habían apostatado de la fé católica, 
y seguían el mabdoielanísmo, ppes entre los 200,000 habitantes que 
poblaban la ciudad de Granada, apenas podían contarse 500 personas 
que pudieran llamarse mahometanos por naturaleza, porque todos los 
otros procedían de ascendientes oalólioos : asi lo escribía y aseguraba 
el Rey D. Jaime U de Aragón á Su Santidad el Papa Clemente V. 

Mas Dios Trino y Uno dio una compasiva mirada sobre la inibrtu* 
nada España, y decretó remediarla. Hablando S. Juan Crisóstomo de la 
venida dd Hijo de Dios al mundo,, dice, que tan grande necesidad co- 
nu entonces se padecía, pedia un tan grande remedio. La justíoia de 
Dios, dice el Sanio, estaba oprimida bajo el dominio de los Romanos, y 
para librarla de aquella opresión envió Dios á su Hijo. La fé en Espa- 
ña estaba oprimida bajd^el tiránico dominio de los Sarracenos, y asi 
como antes, para remedio de tanto mal, envió Dios al mundo á sa 
Uoigéiníio Hijo, envió después á España. á su Sma. Madre. El Hijo de 
Dios trajo al mundo la Redención, y la Madre del mismo Hijo de Dios 



— 8- 

I 

trajo otra Redención, y tan parecida á aquella, que asi como el Hijo 
de Dios se enlrqgó á la pasión y muerte para la redención y libertad i 

de los hombres ; asi tanxbieo los nuevos Redentores que vino á esta- 
blecer María, debian entregarse á la esclavitud, á los tormentos y á la 
muerte, si necesario fuere, para la redención ó libertad de sus her- 
manos, i * ■' . }\ ' ' , ■ ' 

Este grandioso y magni6co ediBcio de la Redención, ú Orden de 
la Merced, dispuesto y trazado por mano divina y manifestado por re- 
velación á sus autores, de necesidad debia estribar sobre firmes colu- 
nas que lo asegurasen y pvdiese resisitii* liasta el fin del mundo. Eligió 
Dios para esta grande obra á un Rey, que por su valor y heroismo fué \ 

llamado el Conquistador, á un Sacerdote, respetable por su virtud y 
saber, y á un Noble, ¡lustre por su sangre y por su piedad ; en una 
palabra, estas tres firmes colunas fueron, un Rey y dos Santos cano- 
ni^ados. Para asentar los cimientos de esta obra admirable, la noble é 
ilustre ciudad de> Barcelona tuvo la incomparable «dicha de ser la ele* 
gida. " 

En la noche del primero ftl dos del mes de agosto del año 4 21 8 
bajó del cielo á Barcelona la Reina délos ángeles, Maria Sma., y apa* 
recio con claro y sereno rostro (Offl. IHvin.J y vestida de blanco á Pe- , 

droNolaaco que estaba ocupado en «profunda meditación, y le dijo : I 

«rQue seria del agrado suyo y de su Unigénito Hijb, si en honor suyo 
instituyera una Orden de ReligiosoSi qtie se dedicasen en librar á los 
cailtivos del .poder de los turóos.» Lleno de^ozo Nolalsoo pbr la celes-" 
tial visita y especial fátvor, p&só lo^ restante, de la ndtheen fervorosa 
oración dandoigraoias á Dios. En la misma noche, igual visita ¿igual 
mandato hizo lá Madre dé Dios al Rey Di Jaime 1 de Ar&gon^ y^al 
M. Ilfre, Sr/ Canónigo de Barcelona. D. Raimundo die Peñafort.' 

Apenas apuntó el alba del <dia 9 de agosto, que Nolasco .oorrió4 
postrarse á los pies de dicho Dv Raimundo. dePeñafbrt, su confesor» 
y los dos con el Rey D. Jaime Tounidos en el gran saiori del fieal Pa^ * 
lacio, que. es hoy dia iglesia <le Sta. Clara, trataron de la celestial re- 
velación con que habian sido favorecidos, y del modo de ejecutar el • 
mandato de la> Vii^en.. Dióse ^noticia de todo al limo. Sr. Obispo de 
Barcelona D: Berengario de Palou, y se señaló el dia 40 del mismo 



— 3 — 

mes> fiesta del mártir S. Lanenzo, para la fnndacion de la nueva Or- 
den ; y quiso la Divina Providencia que para levantar la grande obra 
de la Rededcion de ¿áutivos, fiiese elegida la Sta. iglesia Catedral de 
Barcelona que venera por titular la Sta. Gruss de nuestra Redención. 

FeNDAClONf DE 1.A REAL Y MILITAR ORDEN DE LA MERCED PARA LA 

REDENCIÓN DE CAUTIVOS. ' 

Amaneció el día 40 de égosto'(áño 4918), dia de fiesta, gozo y ale- 
xia para Barcelona. La novedad y lo singular del prodigio, y siendo 
el mismo Rey uno de los favorecidos del cielo, atrajo á la Sta. iglesia 
Catedral un pueblo inmenso, Barcelona entera. A la hora señalada sa- 
lió del Real Palacio la réigia y numerosa comitiva de Condes, Barones, 
Nobles, Prelados y Uiiítares, con todo aparato y gala; llevando el Rey 
á D. Raimundo de Peñafort á su derecha y á Pedrea Nolasco á su ]z>- 
quierda. Al llegar á la puerta de la Sta. iglesia, el Rey fué recibido 
por ei limo. Sr; Obispo, Ilustre Cabildo y Reverendo Qero de la mis<- 
ma. Celebró de pontifical el limo. Sr. Obispo, y cantado el Evangelio, 
subió al [iúlpitO'el shnto y docto D. Raimaúdo de I^eña'fori, y refirió á 
aquel inmenso pqeblo que llenaba la iglesia^ la dslestial revelación he-' 
cba á los tres en lá noche del 4 ."^ al 2 dé agosto, manifestando con su 
elocuento palabra la expresa noluntad de Dios' y de la Sma. Virgen ^ de 
que en esta aferttinada ciudad se fundara uña Orden Religiosa para 
la redención de cautivos, 'baj<x>el titulo de la Merced, ó Hiserícordia. 
Al ofertorio bajó el Rey de su s<Mio, y con D'. Raimundo de Peñafort 
subió al dltar al lado* del Celebrante. Presentóse Nolasco con la mas 
profunda huknildad y modestia, y puesto de rodillas aoteel Sr. Obispo, 
á presencia db toda la Corte y de la principal Nobleza aragonesa y ca- 
talana, eli ftey , el Obispo y Raimundo de Peñaforl le vtstiet^on el há- 
bito, compuesto de saya ó tónica, escapulario con capuz ócapülita, 
y capa, todo blanco. Luego el Rey colocó en él pecho de Nolasco su 
escudo de afmas, compuesto de cuatro palos gules en campo de oro, 
y la corona real ; y en recuerdo de hcíberse fundado esta Orden en lá 
Sta. iglesia Catedral el Sr. Obispo ofrecióla cruz blanca en campó gu- 
les, que es el escudo de dicha iglesia , disponiendo el mismo Rey que 



— 4- 

la cruz fuese colocada sobre sus Reales insignias, y que tal fuese el es- 
cudo de armas de la Orden de la Merced. 

Vestido Nolasco, en el mismo acto hizo su profesión Religiosa , que 
en aquel tiempo era permitido, añadiendo á los tres votos de Obedíen- 
cía. Pobreza y Castidad, el cuarto de Redención de cautivos, obligán- 
dose á quedar en rehenes siempre que fuese necesario para la libertad 
de ellos, por haber peligro de dcgar la fé. Profeso Nolasco, piedra fun- 
damental de la Orden, y constituido cabeza de ella, dio el hábito de 
Religioso Caballero laico á trece nobles Caballeros, compañeros suyos, 
preparados ya alli para recibirlo» cuyos nombres son : D. Guillen de 
Bas, D. Bernardo de Corbera, D. Amaldo de Carcasooa, D. Ramón de 
Montoliu, D. Ramón de Moneada, D, Pedro Guillen deCervelló, D. Do- 
mingo Dos ó Dosso, D. Ramón de Ullestret, D. Hugo de Matapbna, 
D. Guillen de Sanjulian, D. Bernardo de Scorna, D. Poncio de Sola- 
nes y D. Bamon de Blanes. 

PBillER CONVENTO DE LA REAL Y MILITAR ORDEN DE LA MERCED. 

Concluido el solemne acto de la fundación de la nueva Orden, y 
terminada la Misa, Su Majestad el Rey, fundador y patrono ^e día, 
mostró el amor grande que le tenia, lleva Adose á su Real Palacio aque- 
lla recien nacida Comunidad, dándole para Convento ó habitación una 
parte de él, que habia sido antes Hospital de Peregrinos con su ora- 
torio, fundado por Gaitardo. Este antiquísimo y abandbnado Hospi- 
tal estaba á las espaldas del Real Palacio, y su puerta principal salía 
á la Bajada llamada de la Canonja. Los Sres. Condes de Barcelona 
D. Ramón Berenguer el primero, y su consorte D/ Isabel, lo reedifi- 
caron y aumentaron en el año 4045, añadiéndolo al Real Palacio con el 
cual comunicaba por una puerta, y en esta parle, antes Hospital, mu- 
rió en el año 4430 el Sr. Conde de Barcelona D. Ramón Berenguer el 
tercero. De este Hospital no ha quedado vestigio : parte fué después 
convertido en Tribunal del Santo Oficio, y la parte de la Bajada de la 
Canonja quedó propiedad de nuestro Convento hasta el año 4 8S4 ó 
482Squeel Gobierno constitucional la vendió, y se edificó alli una 
grande casa ; pero en el año 4 824 fué obligado el comprador á coló- 



— 5 — 

car los tres Escudos de la Orden grabados en piedra en la pared de 
dicha Bajada, los cuales fueron borrados el año 4860, al revocar de 
noevo las paredes de dicha casa. 

Esté Hospital, pues, con su Oratorio ó Capilla bajoel titulo de San- 
ta Eulalia virgen y mártir, cedió et piadoso Rey á Nolasco, y fué la 
cana donde nuestro Padre fornoó el Orden de Redentores, que á imi- 
tación del Redentor Divino debian dar la vida por sus hermanos. No 
tardó Nolasoo en conocer que aquella primera habitación era angosta 
para su creciente Comunidad y que la pompa y ruido del Palacio y el 
bollicio de la ciudad era poco á propósito para sus Religiosos ; asi es 
que deseaba otro sitio ó mayor retiru y quietud para si y para sus bi* 
jos. Habló con el Rey, y este bondadoso Monarca que amaba tierna- 
mente á nuestro Patriarca, hizo fabricar un pequeño Convento extra- 
muros, en un arenal cerca del mar. Al mismo tiempo el Noble Ramón 
de Plegamans, ascendiente de los ilustres Clarianas, Condes de Munter, 
afeciuosisimo á nuestro Santo Padre Nolasco, había hecho levantar 
00 Hospital junto á dicho Convento para albergar á los pobres cauti- 
vos redimidos. Concluido el Convento, la Comunidad Mercedaria det 
Palacio Real se trasladó á él ; y aunque no me es posible fijar el mes 
y año de esta traslación, puedo afirmar que fué del 4233 aH234, y 
que nuestros Religiosos habitaron el Real Palacio catorce años por lo 
menos. 

É 

A esta nueva Casa ó Convento se le dio por titular la virgen y már- 
tir Sla. Eulalia Barcelonesa, que lo era ya del antiguo Hospital de Gui- 
tardo contiguo al Real Palacio, y el mismo titulo se dio al Oratorio del 
noevo Hospital de Plegamans ; y como de este Oratorio se sirvieron 
nuestros Religiosos, porque en el Convento no lo habia, quedaron las 
dos fabricas (Convento y Hospital) unidas con el titulo de Sta. Eulalia. 
En este Hospital era donde Sta. Maria de Cervellon ó Socos ejercia su 
heroica caridad lavando cada día los pies de los cautivos redimidos, 
como lo expresa so rezo, y ocupaba el sitio que ocupa hoy dia nuestra 
grande iglesia, y su Oratorio estaba donde fué después la Capilla de la 
Soledad ; asi es que las dos fábricas ocupaban toda la ¡sla ó manzana 
de la actual iglesia, y lo que al presente es Convento era la huerta de 
nuestros Religiosos, mediando ya entonces el camino ó calle dcnomi- 



— 6 — 

nada al presente de la Merced ; y en el año 4 352 el Rey D. Jaime con- 
cedió á nuestros Religiosos licencia para construir los arcos á fiti de pa- 
sar del Convento á la huerta : Dono plenam licentiam et poíestñlem 
tíbi Fr. GuiUermo de Ba$ Magis^a Dótmu S. EtUaHw Caplwdrum Bar- 
cMnoníB, el Fratribu$ ejuBderh Domus, f^^ndi eí construendi árcoi in 
Carraria üla, qme íraínsü inler Domus veslras el horíum veürum, 
quem habetis in burgo Barehinoné apud more, ete. Dado ea las Ca- 
lendas de Agosto del 4 252. Dé la unión é iacorporaoion del Convento 
y. Hospital provino que en un principio nuestros Religiosos fueron lla- 
mados simultáneamente de la Casa ó del. Hospital dé Sla. Eulalia, como 
se lee en varios documentos. 

Este Convento tenia su fachada prÍBCipal en la calle Ancha, y el Rey 
D. Pedro UI en el ano 4343 dio permiso para construir allí misnao 
una magnifica portada. Angosto seria esté antigoo Coovento, cuando 
después nuestros Religiosos fabricaron otro en el.sitio qoe:OCQpabá su 
huerta. Pasado^ muchos, años este Convento estaba en parte ruinoso 
y no muy bien dispuesto, lo que obligó áN. Rme.iPi Fr. DalmaeioSer** 
ra (Maestro GeQeral enelaño 4636) á reedificarlo ó levantado otra vez- 
casi de pié. Su claustro adornado de hermosas cóluaas de mármol , es 
magnifico y bien acabado* 

IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED DE BARCELONA. 

Dos objetos tuvo el Mercedarip Instituto en su maraviUosa fonda*- 
eion, el cuho divino y la redención de cautivos; asi lo dice claranien*- 
te el V. P. Fr. Raimando Albert, octavo Maestro General , en el capi^ 
tulo 4 .® de las Constituciones que el Papa Joan XXH nos aprobó en el 
año 4327: Cum Ordo nQSter,.. S<mclcB MaricB de Mercede Bedemptío^ 
nis Qirislianorum Captworam specialil^ ad dioinum Officivm et üe- 
deipptionem Chri$tianorum captivomím ab iniiio noscalur fume ttisa'iu- 
tus...» Asi» pMes, desde un principio hubo en nuestra Orden Reli- 
giosos caballeros laicos para la redención de cautivos, y Religiosos Sa- 
cerdotes para el culto divino ; y aunque en el di6 de la fundación se 
dio el habito solo á caballeros para Religiosos laicos, ordenóse luego 
uno de ellos, Fr. Bernardo de Corbera, y. poco lardó en vestir el hábi— 



— 7 — 

to el virtuoso y gran predicador P. Fr. Juan dcLlers ó Laers, y otros. 
Según deposición de Religiosos, testigos oculares, N. P. San Pedro No* 
lasco asistja frecuentísimamente al Coro, á las Horas canónicas, y en 
especial á Maiiiiiea á medía noche. 

Del Oratorio dfel Hospital unido al Convenio usaron N. Santo Pa- 
triarca Nplasco y sus Religiosos; pero do tardó en ser angosto para el 
creciente n&mero de Rcüigiosoa, y para el creciente número de fíeles 
qoe lo frecuentaban ; asi, deseando una capilla capaz, el limo. Señor 
Obispo de Baroelona a Pedro, á 29 de abril del año 4 2i9, les dio li- 
cencia para levantar otra capilla con torre de campanas bajo e( titulo 
de la Sma; Virgen Máríay de Santa Eulalia primitiva Titular del edificio. 

Di ñcil es indagar ó fijar el año en que esta nueva capilla ó iglesia 
fué bendecida'ó acabada. De una Bula del Papa Clemente IV dada eN .° 
de noviembre del año 1267, se deduce que en dicho año habia ya en 
ella la íoiágende nuestra Sma. Madre, y que continuaba aun la fábrica; 
paesd Papa en dicha Bula concedía indulgencia plenarla á los fieles que 
oon sus limosnas cooperai^n á ella. Esta fábrica recibió grande im- 
pobo en el .príof*ato del R. P. Fr. Bonanato Prexana, que fué del año 
<336 al 4377, yse aumentó y perfeccionó en el priorato del R. P.Fray 
Jaime Aymerich, del ihtíS al 4449. 

Por mas de tres siglos N. Sntia. Madre fué venerada en esta iglesia; 
pero como Barcelona crecía en habitantes y en devoción, esta hizo se 
pensara y proyectara construir un nuevo templo mas capaz y mas be- 
llo. A este boen deseo se anadia otro, y era, ver si reviviendo el ter- 
reno de la primitiva iglesia se lograría el hallazgo tan deseado del 
cuerpo deN. S. Patriarca Pedro Nolasco, á cuyo fin se. hicieron públi- 
cas rogativas en toda la dudad poií orden del llmo; Diocesano, bien 
que no se logró esta dicha. 

Para empezar la suspirada obra del nuevo templo, se trasladó el 
Smo. Sacramento y la bella imagen de nuestra Sma. Madre en una 
vasta pieza del Convento, y derribada la iglesia antigua, el dia 25 de 
abril del año 4765 se puso la primera piedra con grande solemnidad 
y concarrencia. En diez años se construyó este magnifico templo, sin 
mas caudal que la confianza en la divina Providencia y la devoción de 
los fieles. 



— 8 — 

Esta hermosa iglesia, qae mide 5i varas de longitud y 42 de lali<- 
tud en la navo y 24 en el crooero, es de orden compuesto» con su co- 
ro aho, y detrás del aliar mayor un hermoso camarín. Terminada la 
fábrica se acordó dar toda la solemnidad y lucimienlo posible á su ben- 
dición, á la que fueron invitados ambos Cabildos, eclesiástioo y s^lar, 
la nobleza y el poeUo barcelonés , y todos á una tomaron parte en 
esta augusta ceremonia y festivos cultos dedicados á la excelsa Pairona 
de Barcelona. 

El dia 9 de setiembre del año 4775 por ia tarde fué la solemne 
bendición, y el 40 por la mañana salió la solemne procesiop para 
la Catedral, llevando en andas S. Serapio, S. Pedro Armengol, Santa 
María Socos, N. P. S. Pedro Nolasco y N. Sma. Madre; por la tarde 
se arregló otra vez, y regresó á la nueva iglesia, llevando el Smo. Sa« 
cramento en ia grande y rica Custodia de la misma santa iglesia 
Catedral. Aldi# siguiente (44 de setiembre) ofició en nuestra iglesia 
el muy Ilustre Cabildo de la Catedral y predicó el Dr.D. Jaime Matas» 
Canónigo Lectqral de la misma . El dia 4 2 á expensas del magnifico Ayun- 
tamiento ofició el mismo Cabildo Catedral y predicó D. Fr. Gaspar de 
Sala, Monje Benedictino del Monasterio de S. Cucufate del Valles. Dia 
4 3, cantó la Misa el Rdo. P. Prior del Convento, y predicó el P. M.Fr. 
Vicente Estove, Padre de Provincia del mismo Cm vento. 

Esta hermosa iglesia, levantada y frecuentada por la piedad baroe* 
lonesa, fué majestuosamente oficiada y servida por los Hijos de ia Mer^ 
ced hasta el infausto dia 25 de julio del año 4 835, que la reootucioñ 
masónica los arrojó de su Convento , de aquel Convento que fué ouna 
de la Orden y habitación de N. P. S. Pedro Nolaseo, S. Ramón Nqnat, 
S. Serapio, S. Pedro Armengol, S. PedroPascual, y otros machos dig* 
nos de ser canonizados. 



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REDENCIONES. 

1. 

BedcDCion en Videncia de 139 cautivog en el aSo 1218. 

Naeslro glorioso Padre y Patriarca San Pedro Nolasco fué el prí* 
mer redentor de ca.u.ivQS cridljanos que cuenta la Orden de la Merced 
que él foodó, el que abrió el camino á la nueva Milicia Uedeptpra^ á 
los nuevos Macabeos de la ley de gracia, que saliendo de sus celdas y 
Moaaslerios armailos de virlud, zelo, letras y amor de Dios y del pró- 
jimo, ibao á enlregar^ ¿ los martirios y á la muerte en defensa de la 
ley de Jesucristo y de la libertad de sus hermanos los cautivos. Nola^o, 
el escogido de María, fué el apóstol de la Morisma en España y en Afjri: 
ca, y fué el primero que ejecutó el voto de Redención, ya que fué el 
primero que lo profirió al pié del altar. Antes, pues, de manifestar lo 
que padeció Nolasco^ y tras de él sus hijos, en la redención de cauti- 
vos, digamos algo de la santa y maravillosa vida de nuestro Ínclito 
Patriarca. 

Nació Nolasco eo Francia en una aldea ilama(|a Mas de las Puel)as^( 

antes Recaudo, en el antiguo Obispado deS. Papoul,sitqado entre 1^^ 

losa y Carcasona, el dia 4 ^ de agosto d^l año 4482, de padres n%)bí- 

lisimos y principes de Francia. Niño y en la cuna, uneojaqabre deabor 

jas fabricó en su manéciia derecha un panal de mieL Al ver los po«- 

bres lloraba hasta que se les habia socorrido, y grandecito les daba 

cuanto teoia á mano. Crei^iendo en'edad, creció también en virtudes, 

siendo la admiración y edificación de todos. En la flor de su juventud 

perdió á sus cariñosos padres, y aborreciendo la herejía que infestaba 

la Francia, para huir.d^ su peligroso contacto, vendió su : patrimonio, 

que parjte repartió á los pobres, y parte llevó consigo, ycualotrQ 

Abrahao» dejó su patria y parieates y se dirigió á Cataluña* , 

Lo primero q«e hizo fué visitar la Virgen Sma. de Montserrat en 
su célebre y renombrado Santuario, para ofrecerle su corazón. Alli el 
demonio, envidioso de la virtud y santos propósitos de Nolasco, se le 
2 



— 10 - 

apareció feo como es, para intimidarle y apartarle de ellos; pero e| 
valeroso atleta armado de la saata oración, y firme y constante en el 
amor de Dios y del prójimo, burló al demonio, que corrido y despe- 
chado huyó con estrepitoso ruido. En la soledad de aquel enriscado 
monte, y quietud de aquel devoto Santuario, que era un atractivo 
para Nolasco, pasó algunos días en fervorosa oración ; pero satisfecha 
su piedad, se dirigió á Barcelona, donde Dios le llamaba para sus al- 
tos fines. 

Entró e) Santo en Barcelona sin darse á conocer á nadie; mascóme 
era de un natural tan compasivo, que todas las necesidades leenteme"- 
cian, pronto empleó las fiquezas que trajo de su patria en obras de mi- 
sericordia, y esto hizo que todos lo mirasen con veneración, lo tratasen 
con respeto, y descubriesen en él un hombre dado á Dios, un enviado 
del cielo. Efectivamente, á Nolasco no se le veía sino en los hospitales, 
canceles é iglesias, y en todas partes condolíase de los pobres, y losso- 
óorría. Pero su compasión subía de punto al considerar las penas y 
trabajos que padecían los cautivos cristianos en poder de los moros, y 
los muchos que por la crueldad y tiranía de estos bárbaros dqaban la 
fe de Jesucristo. Para alivio de los pobres cautivos se desvelaba, cor- 
ría, y empleaba sos caudales, parcciéndole que esta obra de piedad 
había de ser muy del agrado de Dios y de gran bien para el prójimo. 
Inspirado del Señor, y movido del ardiente zelode la caridad, empezó 
la obra de la redención de cautivos. Cinco redenciones hizo en Valen- 
cia y una en las Islas Baleares, ayudado de algunos nobles caballeros 
mdzos, qué aficionados y movidos de su ejemplo se le unieron. Ocu- 
pado Nolasco en esta obra de piedad, su corazón padecía al ver las pe- 
nas y trabajos que sufrían los cautivos ; por ellos suspiraba, gemía, 
oraba, y orando y gimiendo mereció ser favorecido con una visión 
celestial. ' i 

Meditando la pasión y muerte de nuestro divino Redentor en el día 
del Viernes Santo, 43 de abril del año 4248, arrobado súbitatDente en 
un maravilloso éxtasis; se le aparedÓ un frondoso olivo colmado de 
Trlitos en medio de un delicioso jardín. Vio fuego que. saliendo muchos 
hambres maltrataban el olivo, y procuraban destrozarlo ; y oyó el San- 
to una voz del cíelo que le mandaba guardase con cnidado aquel olivo 



— 41 — 

dü la furia y enojo de aquellos hombres. Desapareció la visioDii y aun- 
que el Gorazoa de Nolasco quedó lleno de gozo, no enlendió por enton- 
ces lo que con ella quiso manifestarle el cielo, hasta el dia i de agosto 
del mismo año que tuvo la revelación para la fundación de nuestra 
sagrada Orden ; entonces comprendió que el frondoso olivo era la Or- 
den Redentora que habia de hermosear el jardin de la Iglesia y ios 
abundantes frutos que babia de dar. 

Dejo ya explicada la celestial revelacipn y fundación de esta nueva 
Orden de Redentores, siendo Pedro Nolasco el elegido por cabeza do 
ella. Luego que nuestro Santo se vio rodeado de fervorosos nobles ca- 
balleros, vestidos con el blanco sayal, ordenado por la Virgen, procu- 
ró comunicarles aquel fuego de caridad, ó amor de Dios y del prójimo 
que ardía en su corazón, recomendándoles siempre el fín del Instituto 
que habian abrazado, que era la caridad con los pobres eautivos. Pa- 
sados algunos meses de la fundación de la Orden, N. Padre, á los pri- 
meros de enero de 4 24 O, reunió á siis Hijos en el Oratorio de Palacio, 
y les indicó y propuso la obligación que tenian todos de cumplir con 
el ociarlo voto á que se habian obligado, y que una vez se habian ya 
reunido algunas limosnas, podía hacerse la primera Redención. Unání** 
mes sus Hijos, con toda humildad y respeto le indicaron que ya que 
él era el fundador, el padre y el primer prelado de la Orden, .debía 
también ser el primer Redentor, y que siendo su maestro y guia, 
aprenderían de él el modo de ejecutar tan grande y santa obra. La 
humildad de Nolasco no pudo resistir á los ruegos de sus Hijos ; acep- 
tó, y se convino en hacer la primera redención en Valencia. 

Publicóse en Barcelona y otras poblaciones de Cataluña la redención 
proyectada, á fin de reunir limosnas. Nolasco eligió por compañero á 
Fr. Bernardo do Cassoles, y habiéndose despedido del Rey y. de sus 
Religiosos, tomó el camino para Valencia á pié, padeciendo mochas 
incomodidades en tan larga jornada. Al llegar á aquella ciudad fué la 
admírdcion de todos, por la novedad del hábito y por su porte modes- 
to y penitente. Habiendo visitado al Rey moro Zeit, y obtenido sii pei*^ 
miso, empezó á tratar de la redención, visitando primero los cautivos 
enfermos, consolándoles con palabras de edificación y de es|)eranza. 
Hizo Nolasco una escogida redención, arrancando de su triste y penosa 



— 42 — 

esclavitud á 4 58 cautivos crisiianoé, y no pudtendo redimir mas por 
falta de medios, consoló á ios que quedaban, prometiéndoles que vol- 
vería para redimirlos. 

Muy contenió regresó Nolasoo á Barcelona con sus 458 redimidos, 
siendo recibido con las demostraciones siempre debidas á lan glorioso 
y heroico acto de caridad cristiana. Alli exhortó á ios redimidos á que 
limpiaran sus almas con la confesión de sus pecados, y que se acerca- 
ran á la sagrada mesa, y después de haber descansado les dio limos- 
nas, á fin de quo sin mendigar pudieran llegar á sus casas. 



2. 



RedcBcion en Argel de 160 cautivos en el año ItM. 

4 

Había N. P. S. Pedro Nolasco prometido á los pobres cautivos de 
Valencia que volveria para redimirlos, y como no olvídjaba su prome- 
sa, su zelo no descansaba para recoger limosnas, áOn de poderla cum< 
pltr. Para aniníar á sus Hijos á la virtud, y excitar su candad en favor 
de los cautivos, les decia : «Nuestro Instituto no ha sido establecido por 
hombres, sino por disposición del Altísimo ; esto nos debe estimular á 
ser fervorosos y zelosos en el serviciode Dios y del prójimo : imitado- 
res somos de Cristo nuestro Redentor, que por redimirnos dio su vida; 
no seremos nosotros buena copia, si por sus fíeles cautivos no expusié- 
ramos á peligro las nuestras.» Por su parte les daba los mas heroicos 
ejemplos de caridad y abnegación. 

Viendo en ta sacristía del Oratorio algunas preciosas joyas de oro 
y plata, debidas á la munífícencia de los Reyes, pidió licencia al Rey 
D. Jaime para trocarlas en cautivos. El Rey que tenia en gran venera- 
ción al Santo, cedió gustoso, dejándolo á su discreción. Nolasco ase- 
gurado de la respuesta, tomó las joyas, y no pudiendo ir á Valencia, 
como deseaba, á causa de la guerra, y de estar los caminos infestados 
de ladrones, obtenida la licencia de embarque, se hizo á la vela para 
Argel, donde desembarcó después de haber sufrido grandes tormentas 
y {Xíligros en el mar. Allí se informó luego de los cautivos que nccesi- 



• —13 — 

taban mas de la redención, ya que no le era posible redimirlos á lo- 
dos, y arrancó de ias garras déla esclavitud á 460 crislianos. 

Llegó Nolasco á Barcelona con los cautivos en el mes de agosto de 
42?0, y el pueblo barcelonés conmovido, acudió presuroso al muelle 
para presenciar el desembarque. Saltó en tierra el Santo cubierto de 
lágrimas de gozo ; saltaron los cautivos, que nocabian en si de alegría, 
y besaban la tierra, su patrio suelo que tantos suspiros y lágrimas les 
costaba. La curiosidad y conmoción no fué soló en el puerto sino por 
todas las calles donde pasaban los cautivos, y todos bendecían la nue- 
va Orden de Redentores, que en dos años que contaba de fundación 
había ya efectuado dos numerosas redenciones. 

3. . 

RedeneioD en Valencia de 209 cautivos en el año 1222. 

Nuestro glorioso Padre S. Pedro Nolasco no habia podido cumplir 
su palabra, dada á los pobres cautivos de Valencia, de volver para re- 
dimirlos, y esto tenia inquieto su zelo y ardiente caridad. Habiendo el 
Rey D. Jaime dado su real mano á D.* Leonor, hija de D. Alonso, Rey 
de Castilla, en el mes de marzo del año 4222, se hallaban los dos es- 
posos con toda su corte en la ciudad de Daroca, en Aragón. Allá fué 
N. P. S. Pedro Nolasco, pareciéndole buena ocasión para pedir licen- 
cia al Rey y poder cumplir la palabra dada á los cautivos do Valencia. 
£1 Rey, que estaba contentísimo y agradecido á Nolasco, porque con 
su virtud, prudencia y persuasiva palabra acababa de apagar el fuego 
de la discordia que ardía entre la nobleza de Aragón, con mucho gus- 
to le dio licencia y cuantiosas limosnas para los cautivos, cuyo ejem- 
plo siguieron D. Sancho Abones, Arzobispo de Zaragoza, otros Prela- 
dos y muchos grandes de la Corte. Al mismo tiempo el Rey nombró 
á Nolasco embajador para con el Rey moro de Valencia. Partió Nolas- 
co de la Corto con su compañero á pié y con la pobreza y humildad 
acostumbradas, dirigióse á Valencia donde fué muy bien recibido, pues 
tenían de antemano ya noticia de su embajada. 

Presentóse Nolasco al Rey moro, sin mas tren ni lujo que su mo- 



-44-. 

deslía y virtud, y le entregó sus credenciales ó cartas do recomendación 
del Rey de Aragón, con las bases y conclusión de tregua. Concluida su 
embajada, trató con el Bey de lo que tanto le importaba, y para lo 
que principalmente había venido, que era la redención de los cautivos. 
Contento el Rey moro por los buenos oficios de Nolasco, mostrósele li- 
beralisimo, dándole á escoger los cautivos, y á los precios que el San- 
to quiso, y casi lo mismo le sucedió con los demás Patrones; asi fué, 
que sacó de la esclavitud á 209 cautivos , número mayor del que po- 
día esperar. 

Como los cautivos eran muchos, la pena y dolor de Nolasco era no 
poder redimirlos á todos. Al visitarlos , cada uno con lágrimas que 
brotaban de sus ojos, le exponía sus miserias, penas, trabajos, peligros 
de perder la fe ó la vida, y su poca esperanza de alcanzar la suspi- 
rada libertad. Nolasco escuchaba con interés y compasión á todos, y 
á todos consolaba ; escogió un gran número de niños y mujeres, y re- 
partió limosnas á los que quedaban sin rescate. Emprendió la vuelta, 
y con esta copiosa redención llegó á Barcelona, trayendo cartas del 
Rey moro de Valencia pai*a el rey D. Jaime, con mil parabienes de su 
casamiento, un buen r^alo para, la Reina , y grandes alabanzas de 
N. P. S. Pedro Nolasco, que quedaba nombrado su embajador para 
conclusión de las treguas. 

L 

RedencioD en Valencia de S33 cautivos en el año 1224. 

Ocupado N. P. S. Pedro Nolasco en el supremo gobierno de la Or- 
den, no podía atender á todo pei*sonalmente. Como pastor vigilante 
veía que su presencia era necesaria en Barcelona, reciente cuna de 
nuestra Orden, y por otra parte, en aquel momento era llamado por 
la Reina D/ Leonor, esposa del Rey D. Jaime de Aragón, para asuntos 
de familia muy iniereéantes : todo esto le impedia acudir donde él de- 
seaba y le llamaban los cautivos ; asi es que le fué preciso nombrar ua 
redentor, y eligió á Fr. Guillermo de Bas, quien aceptó este honroso 
oficio con la mas viva satisfacción. 



— 15 — 

El norobr.ido Fr. Guillen de Bas y otros Religiosos de la Orden en 
4223 recorrieron gran parte de las poblaciones de Cataluña y Aragón, 
recogiendo limosnas para la redención de cautivos. Admirados los 
fieles al ver la abnegación y ferviente caridad de estos Religiosos, los 
recibían en todas partes con el mayor respeto y amor, teniendo en 
gran estima y honor el hospedarles en sus casas, y les daban crecidas 
limosnas , para que pudiesen salir de las mazmorras sus hermanos 
cautivos. 

Fr. Guillen de Bas, acompañado del Santo Fr. Ramón Nonat, en el 
año 4224, emprendió el viaje para Zaragoza, donde fueron muy bien 
recibidos del Rey D. Jaime, pues Fr. Guillen era pariente suyo por 
parte de madre. Obtenida la Real licencia y cartas del Rey, se dirigie- 
ron á Valencia. Mucho se alegró el Rey moro Zeit, al saber la llegada 
del redentor Mercedario, creyendo que era N. P. S. Pedro Nolasco, 
pues sabía su gran valimienio con el Rey de Aragón con quien tenia 
treguas y deseaba paz duradera. Pero al presentarse los redentores á 
Palacio, aunque no estuviese entre ellos Nolasco, fueron recibidos con 
mucho agasajo y distinción, ya por ser Fr. Guillen enviado por Nolas- 
co, ya por saber era pariente del Rey de Aragón ; asi fué que el Rey 
moro se mostró muy generoso, dándoles varios cautivos sin exigirles 
precio alguno, con la esperanza de que al presentarse Fr. Guillen al 
Rey de Aragón, ensalzaría su gran munificencia y liberalidad, y que 
los pueblos lo alabarían. 

En seguida dio permiso á los redentores para ejecutar la redención, 
y como Fr. Guillen llevaba bastante dinero, redimió á gran número de 
cristianos que gemían en la dura esclavitud, de suerte que entre estos 
y los que regaló el Rey Zeit, fueron 233 los que alcanzaron su suspi- 
rada libertad. Contentos los redentores con tan copiosa redención, to- 
maron el camino de Zaragoza, y la presentaron al Rey de Aragón, quien 
quedó muy satisfecho al darle noticia de todo lo ocurrido. 



— i6 — 



5 



Redención en Argel de%i9 cautivos en el aSo IttS. quedando en rdienes 

Fr. Gaillermo de S. Román. 



En el año 4225 N. P. S. Pedro Nolasco recibió carias de los mer- 
caderes catalanes de Argel, exponiéndole la crueldad con que aquellos 
bárbaros africanos trataban á los pobres cautivos, y que por odio á la 
fe católica les insultaban, les molian á palos, les cargaban de grillos y 
cadenas, les encerraban en oscuras mazmorras, dándoles tan solo pan 
y agua por alimento, y que ensangrentados les curaban con sal y vi- 
nagre para mas padecer ; y sobre todo, que habia muchas mujeres y 
niños que por su flaqueza estaban en grao peligro de perder la fe. 

No necesitaba tanto fuego para reventar el volcan de caridad que se 
encerraba en el corazón de Nolasco. Ordena al momento que sus hijos 
recorran las poblaciones [iara allegar recursos, y después reúne Capi- 
tulo en su Convento de Palacio, y entre otras cosas expone : que de- 
seaba pasar á Argel á redimir cautivos, y que en su ausencia dejaba 
Vicario suyo y lugarteniente á Fr. Guillen de Bas. 

Abandonándose Nolasco en manos de la divina Providencia, seem* 
barco acompañado del noble y viirtuoso Fr. Guillermo de S. Román. 
Al llegar á Argel, Nolasco se avistó con los mercaderes que le habían 
escrito, é informado de ellos empezó el rescate; mas al concluirlo su- 
cedió, que ya por los muchos cautivos que, deseándoles la libertad, 
habia contratado; ya por el alto precio que la avaricia de los moros 
pedia, se encontró que le fallaba dinero. Aqui fueron los apuros. El 
dolor y sentimiento de los redentores fué grande al ver que no podían 
romper las cadenas de todos los que ellos deseaban reseatar y se lo 
habian prometido ; y por otra parte, los moros creyéndose engañados 
y burlados, insultaron bárbaramente con palabras y obras á los po- 
bres redentores, y después de maltratados les dijeron : aódadnos inme- 
diatamente el dinero, ó marchaos luego á España, y nos quedamos 
con los cautivos.» Lleno do gozo N. Padre por ofrecérsele ocasión de 
padecer algo por Cristo, dijo á su compañero: «Hijo ¡oh! y ¡qué fértil 



— 47 — 

y fecunda es esta tierra de Argel, pues se logran abundantes frutos ! 
¡ Bendito seáis, Señor!... y con tiernos suspiros, amorosas palabras, 
y vivos deseoS| de padecer, desapegó su corazón lleno .^p amor de 
Dios, infundiendo á su compañero los mismos deseos de padecer por 

JesMcristo; .;-... ■• ? . ; • >'.. 

Viéndose lo».redQn}qre$.^¡i):d¡i]^o, y sin enoontrar cnlre. los mer- 
caderes qa\» se lo.pr^si^ra, y qn^ los pobres nautív.^: llorando le^ 
pediaa sqjib^tiad, d€^^snMnairo|l se^qM?d9M90 Aitio en rehenes. Aqui se 
movi¿ entii9 V» dos ^edealoces lUia^iMpa: eQ»Qtoeíoii y disputa) sobre 
quien había deiqoed^i^y pqe^. wibo^ lo^^e^^nban. Al verPr.Guilleloia 
qoQ Nolasco deaoabaqaedMrse» piuc^ to>decia4|iip:fiy9. fuese él á &ttaña 
con lo^.caqiivo^, s§ ^QJ^ ^ lo^.pjé&del ^aato, ycoo hinuiidadlie dijo: 
«Padre, la obljgacipa d^ cun^lir pon^el cuarto v<»H>, á los dos jnoiMii^ 
bej pero Vos ipa<^¡^ faU^^^n Q^fcetoMa y^ypoo ; ^\ll vuestros ^yci^^qs 
llaman,. el Rey os d^ses^, .aq^it^QO baqeifr falta, piwB pu^do yo ooasQlar 
áestos pobr^ cautivos.» .,, . ; 

Er;i t^l la e^ig^acioD quQ Nplf^sc^ hacia de la vjrtod, qelo. y.^s«« 
crecioo de su compañerQ, qi^e se.dejó venoer^.y se enibarcó ,cpi^.^49' 
cautivos. \ su llegada 4 Barcelona, la cLudj^d^iQra^se comnovió, por*, 
que la nj^aypi: pfirtie de los. cfiiitivqs qrap catalanes, y .muchísimos de. 
Barcelona ; asi es qq^,aqudierQa,fi|l puerto sus padres, bijosi ^posas» 
y hermano^, todos con . ligcim^s á abnucarles,. y Nolasco y cautivo^, 
entraron cqipo en triunfo en Barcelona. La, i^oticia de la llegada de esta 
redención yol^ por todo el reino, y el^ey Q., Jaio^e que se hallaba eo 
Daroca,,al saberlo, fiiié cpp su ^posa 4 la iglesia de la Sma., Virgen. 
Haría á dar gracias, á Dios^ y rpcib¡<^ los . par^l^i^pnes de, toda la. corle, 
por el mucbq fruto qpe dab^ la Oi ()en qu^ li^abia fundado. 

Todos los c^iidados de Nolasco ^l H^^r á Barcelona fué recoger li- 
mosnas pftra librar á l^r. Guillelm^o deS.Rom^n.que (iab¡9 quedado 
en rehenes en Argel; las que envió por;fn^io d^ los merpadere^ 9ata- 
laoes que allí yiyian. 



^^ 



— <8 — 

6. 

Redención en Valencia de 190 cautivos en el alio 1f%5. 

El zelo no conoce descanso. Apenas N. P. S. Pedro Nolasco llegó 
de Arget á su Convento de Barcdona, llamó á Fr. Guillen de Bas, á 
quien babia dejado en 8u4og^r, é infornaado por este sobi'e la obser- 
vancia peligiosa,' cvlio divino, prügreso d^ la Orden y recaadácionde 
limosnas para los oavtivOs, al día siguiente al salir de Prittié pnblicó 
entre los ReligiosoB la redención de Valencia» y noinbró un coinpaSerb. 

Pasmados los Reltgfésos, y cotnpadecidds defla tida laboriosa; ans- 
tera'y mortifioadá de so^ Santo 'Padre, pues el dfé anterior habla llega- 
rlo >de Argel, temiendo por su sai^, coiA el mas profundo respeto y 
humildad le expusieron, qoe si bien su ardiente caridad les alentaba, 
temiM con Tondamento perdiera la salud y la vida, tan necesaria para 
la Orden y para el bien de los mismos cautivos, y que se haciata cargo 
de que su ahbelo y deseo ei^ poder dar la suspirada libertad á todos 
Ibs cautivos ; 'pero que deiria atender ¿ sus débiles fuerzas, gastadas 
con fatigas, caminando sin óesar, con ayunos, tigilias y otras oiortifi- 
cffóiones capaces para acabar con su salud, por robusta que fuera. Es- 
tas y otras reflexiones que le hicieron oyó el Santo ton atención y agra- 
decimiento^ pues conocía el amor qtra les motia, y con la mayor ter- 
nura les respondió : Que en todas las cosas su voluntad era hacer la 
del Padre celestial, quien conoce las fuerzas humanas, y bo obstante 
habia puesto aquella carga sobre sos flacos' hombros, carga dué ape- 
nas sentía, porque Su Divina Majestad le ayudaba. Que le tenia afligido 
en gran manera lopoco que hacia, y que puntes llamaban redentores, 
para serlo debían seguir al divino Redentor Jesucristo, y' añadió : «Ya 
qué de El somos sustitutos, hemos de seguir sos pisadas : mirad su 
santa vida, su casa, su cama, su mesa, sus caminos: poned los ójds 
sobre mi , y veréis mi cobardía y tibieza ,» y concluyó brotando de 
sus ojos copiosas lágrimas. 

Cuando sus hijos le vieron con tal llanto, se enternecieron y sintie- 
ron haberle tocado este ponto, le consolaron ofreciéndose todos á se- 
guirle; y prometiéndole reunir limosnas, el Santo quedó contento. 



MarcllÓGt ¿ Ver al Rey» qaieo dtoeaha hablarjev dtBSpue» ilid taeU» 
trabaj\i3 como habiai pasado en Argel; aegon relaóion de los mismos 
caativosi y se al^ró mucho dia verle, y Nulasoo de poder hablar 
con el Rey para pedirle licencia, y. tacar, limofioaa de la. corte. 
El 0(xto de la Beifift fiíé grlinde, porque apreciaba. mucho á Nolasco 
por lo que había hedió pol* eUáw Dest)idiÓ8e Nolsaooldel Rey, y lomAel 
camiÉo dé.Vhlefacia» do muy coililcoio ; porque tas catlaaque le había 
eotreigailo So Majestad, que eran taalregoaseoft^el Rey moit> de Va-> 
leocia, contenían gra votas condicional que poso el- Consejo coBiríi lá 
volQdtad4el mismo Rey, y solo un Rey quA deseaba tanio la anlisiad 
de D. Jaime de Aragón, podía ampiarlas ; pero el Shnto por su parle 
hiab ooanlo f<udo, ofree¡¿ á Dios aú. vida, y se resignó á padecer. 

Llegó á. Valencia^ y el Rey Zeiiie recibió m»y bien; admitiólas 
Ircguas oob todos stis gravámenes, solo fiara conservar la paz, como 
tíe dichoi y andbvo tan Bok> con Nolasco, que úo €(qiso declarar las 
condiciones á loa suyos! mientras duró la redenóion, á fin de queod 
ioquietarab al.Sautq. Ejecutó Nolasco su redeucren iy ^ llevó gpáo«>' y 
sdegre á*4 90 omIívos ;• pero ame^ de parlírda Vatenda <ué á despedirse 
de loa Religioso^ del Slo. Sepulcro; para.tndétrarsd agrtidectdci ó sos 
lavores ó caridad, y enárandb éu la igicsiai putíaloten oración delante 
del Smo. Sacrandento, pidió á Dios la restauracioh de aquél réiao, y 
Su Divina Majestad jé reveló su ielis conqaisla, declarábdole que ha- 
Iña deser pHmero la de las Islas 'Baleares. ' Geotento y gozoso partió 
Nolasco de Váleocia.oon tan .buenas noticias, y pasó á ver al Rey don 
Jaiaoe, á qfiien enlrc^ó las ¿artas, del Rey róoro, dándole relación de 
lodo, y' le anunció de parte de Dios .las conqoislas, asegurándole lasvic- 
torítaa^ Creyóle él Rey' como un orádUe, nianifestándoleal mismo tiem^ 

po las dificultades ; pero todo duanio Ntrtasob le ahubdó se efectuó. 

• I 

Redención en Argel de liO cautivos en el aSo 1216, quedándose S. Bamon 

Nonal en rehenes. 

■ • 

Una de las primeras y mas bellas plantas que han hermoseado c-l 
frondoso jardín Mercedario, fué el maravillo^ S. Ramón Nonat, plan- 



— M - 

ta frodigiom por stf badnlerntiv ^oMramJ^^r siiH virtades^, beilb pb'r 
la párpure cardenfllicia, fecandá'pof sue «iiccnedos fictos, y gfoHo^á 
pcJr 8«is portfnlos en vida y después dé soloMierter doyas gloriii&'han 
m^ecidó y^dcopado ptumaB-bien c^tadasi. »' .* ; . ; 

Nació S. 'Ramonjóflvtjor^yioai mündo^eldiafS dli iébrérodetanó 
HOO, en un puebleoüo Ihimado PoHeU m la fia^ania ¿ dds legiuis tie 
Gemra en;CataÍiiñaw Su'^irtqosa knadre niari6aiites<le'diiié>á hx^y 
acudiendo alli/loá |íaiieiiCe9y>iiiédíeoi,ieompadedéDdosédeiade9gr8^ 
de la'Oiadre, resólbieron: prqbar»iBÍ¡pidiaBaairar<la.TÍdatal^O!'qQ¿ 
llevaba en sm emraftas^. Abríeroé' eli'Vftetre á la'idiCiMita« y Ipdr la he^ 
ridii jeoMngiYsntadá saoarw vivó, imi faeriiiosf nifio ¿ qoieo Hánlárdn 
Ramón, yfie> queda por sobrenombre Nbaai ¿> Nonaüíéf; GriÓBe Rá-- 
mon en la casa peteraa, y oreoieoUo óoa bttena dispositídh^ entregóse 
olesludiade la» letras^ aaliantjlo <a»uy aprovechado, y dando siempre 
müealvaió^ejemples^desn iooeericiá y* piedad .>Bra devotísimo, de iá 
Reina de ios^Angelcs'Mario^ áquien^se ofició desde so tierna; inbiboia, 
y kabiéndoleaupadre oa^pado eivgoardar lunn porcipó de ganado^ 
ei jóvefi pastoncilio iba^á ínéAudp & pel^trarse ¡á los piéB> db'iina *d¿^ 
vota imigen de- la Sma: Hadreid^ Dinsquer se veáetabacaiona sblí-* 
ttiría hermita de oqtíellas; cercaMas 'ba^O'fei advocación i de S. Nicolás^ 
y allí dirigía sos suplidas á aqoellá sobél ana Sefiora, le«ofrecia audo^ 
raE0»,y le pedia con' (iertoas; lágrimas su célestialpátiiooinló. Tanjan. 
de era el- amor y oonSaa^a qae p^iáb Rádion : en tan oariftosa Hádre^ 
qué de continao suplicaba le iga ¡ase para acertar en la élefecibn deies'- 
tado para poder servir mejor/á su'dívíno Hijo, y .mereció iqoe un én-^ 
gel repetidas veces apacentare el rebaño mientras él oraba ^ ydespüeg 
que la .misma Smá. Virgen le indiciise hiciera voto de virginidad,, y 
vistiera el hábüo de la Orden Méro^aria cjue Ella Teeiéntementehabi€| 
fundado en Barcelona. Agradecido Ramón á las finezas de María Sma. 
so madre, se obligó á amarla y servirla, imitando sus virtudes y en- 
tregándose enteramente á, Ella y á su Smo. Hijp^ procurando obedecer- 
la en lodo. ' ' . , 

Comunicó á su amado padre su vocación y el deseo de estudiar, 
y vencidas algunas dificuliades, que stielen siempre hallarse tralándo- 
so de dejar el mundo y c(>k)8agrarse á Dios, pasó á Barcelona, en don- 



— 21 — 

de hizo sfK esindk», y en el año 4821 vistió iniestro saoto b¿bilo. Al 
verse éntrelos hijos de la Merced, emprendió ona vida tan ejemplar 
y santa, qoe siendo novioio, parecía on maestreen la virtad, por so 
bamHdad, penitencia, caridad, obediencia y zeloen amar, servir y 
agradar á Dios y á soSma.' Madre. Tan fervoroso y adelantado en vi r« 
tudes le vio N. P. S. Pedro Nolasco, que, segnn dicen algunos escrito- 
res, á*poco de haber profi^ado lo tomé ya por compañero para una 
redencidn en Valencia. E| ardiente deseo de la salvación de las almas, 
y la gran^ caridad que mostró siempre <San Ramón» |iízo qoe«n él año 
1226 se le enviara á Argel á redimir. Allí padeció mucho porque des** 
pues de haber dado libertad i ^0 cautivos^ se 4]pedó en rehenes, y|i 
por falta de dinero, ya para sostener en la fea los muchos que se. hallan 
ban en grave peligro de perderla, y ya para consolar á los restantes 
que quedaban sin rescate y teniaoi grdn necesidad de.auxiiios espiri** 
tuales, piorque co» el' contacto y opresión de los moros, unos se hall»- 
ban débiles en la fe, y otros eaeenegadós cailoá nefandos vicios de sos 
opresores. 

Quedóse, pues; San Rbnion oonleatoy alegre, porque cumplia síi 
coarto voto, y su;cpmpañerio sé embáfcócon los redimidois. No éáhe^ 
nos de fijo el tiempo que San Ramon-estuvo en- África; solosi, y lo di- 
cen códigos antiguos, que fué modbo loque trabajó y padeció, visitan-* 
do, predicando, socorriendo y auxiliando .á los pobres cautivos, hasta 
el momento de embarcarse para fiarceiona^ donde fué recibido coa la 
mayo(r alegría. 

' ' • . •• • 

■8, . 

Redención on Vakocia de 99.esclavo8 oa el aüo lt28. 

En el año 4238 N. P. S. Pedro Nolasco dio el hábito de Caballero 
Militar Meroedario á Fci Bernardo de Corbera^ de noble sangre^ y mo- 
zo que auh no habia cumplido 20 años de edad, distinto d^l otro fray 
Bernardo deCorbera osas anciano, y vestido en el año 4248 y en el 
día de la fundación de nuestra Orden. N. Padf'e amaba tierpameote ¿ 
Fr. Corbera el joven por las pruebas que había dado de buena voca- 



— 22 — 

cion, gratide espirita y singulares virtudes ; asi es qué deseando eáptí" 
rimeniase y oyese aun siendo novicb los laatiiiiosós gerioidos de ios 
cautivos, y probaise los ;riesgos que se corrián entre aquellos bárbaros, 
anbes qua hiciera su profesión reUgiosa, le eligió por eompafí0ro\ y par- 
tieron para Valencia en el mismo año 1228, redimiendo aUi ¿ 89* cau-* 
tivos. . '. : 

En Valencia N. Padre padeció mochas penas y (trabajos, y Dios le 
libró de muchos peligros en esta redención ; pero todo lo olvidó con el 
grande consuela que inundó so alma, cuando tomalido en brazos; al 
niño Pedro Nicolás Pascual, Dios con una Iw interior le descubrió lo 
que habia de ser aquel niño, por lo qué el Santo recomendó mucho 
so crianza y educación á sus padres. 

Otra cofcisuelo y alegría; tuyo San Pedro Nolasco en ^s(4 misma 
ocasión, y fuá el reveltirie Dios la conquista de aquella ciudad. De esto 
tenemos un testimonio irrecusable en una escritura antigua que se 
guarda en el Anchi to de Barcelona, y es como sigue : «Sea notorio á 
todos, como yo Fr. Bernardo de Corbera, de la Orden de Santa Haria 
de la Meeced de los cautivos, en eonlormidad de lo mandado por nues- 
tro Maestro General en este Capttülo de Lérida, y promulgado en el 
presente año de 4 S91 , en el día que se contaban cuatro de las Nonas 
de mayo, certifipo conoto estando en la ciudad de Valencia, en el misó- 
me año que vine ala Beli^oá,'ei) compañía de N. Venerable Padre 
Fr. Pedro Nolasco, que hablamos ido á redimir cautivos, como por 
mochos días padeciésemos muchos trabajos por la necesidad y por la 
crueldad que los moros ejercitaban contra nosotros, un cierto día, que 
creo era el 28 de setiembre, visitando á nuestro Padre, que se había 
retirado á su acostumbrada oración, le hallé tan alegre, que le rebosaba 
por los sentidos el gozo, cosa que en su mesnra y modestia me causó 
estrañeza, admiración y cuidado tan singular novedad, de suerte que 
me obligó á rogarle con humiklad, se dignase de comunicarme la Cau - 
sa de aquella repentina alegría, én ocasión de tantos desconsuelos, 
porque al punto juzgué habia sido sobrenatural el niotivo. Temía qae 
tin Padüe de tanto juicio na querría explicar meterías ián soberanas ó 
un mozo que aun no habia cumplido 20 años. Pero con aquella ha— 
mildad que con todos tenia, bañado en lagrimas, me dijo : <(Qijo, de^ 



— 23 — 

mod úe ftioy buena gana machas gracias á Dios^ caya misericordia 
templa so rigor, y no deja que se perpetué e) azote desu justicia. Aho- 
ra nosotros, que invocamos y reverenciamos su santo nombre, nos 
afligimos viendo á esta ciodad oprimida de los bárbaros, donde sin ce* 
sar es blasfemado su Santo Nombre, y sos siervos en oscuras cárceles 
y hediondas mazmorras son afligidos ; pero apenas han de pasar diez 
aflos, qoe esta ciodad no se vea libre del bárbaro yogo, y reconozca 
la verdad, cl*islíana, y Cristo sea en ella adorado caá reverencia y sin 
miedo de tos fieles.» Y aSadió : «O hijo ; | cómo esloy viendo cnantos 
hijos ha de dar á Dios esta ciudad, de los coales (por la misericordia 
divina) no alcanzará á nuestra Religión poca |>arte ! Y toda España, 
compadeciéndose ^1 Señor, se ha de ver libre.» Apenas dijo esto, coan- 
do loados cubiertos de lágrimas, nos arrojamos á tierra» donde dimos 
gracias á Dios. Todo lo cual, yo Fr. Bernardo testifico, y juro, por 
Nuestro Señor Jesucristo, y sus santos cuatro Evangelios, que pasó asi, 
como yo he deelárado.o Pone el sello y firma, y lo refrenda Fr. Pedro 
de Luna, notario del Capitulo. 

fisia profecía, ó revelación 'de Dios que iovoN. Padre sao Pedro 
Nolasco, se cumplió al pié de la letra; pues en el año 423S, antes de 
cumplirse los diez años, los cristianos conquistaron Valencia, echando 
á los moros de aquella ciudad. No solo esta conquista le comunicó 
Dios, sino la de la Isla de Mallorca, á la que N. Padre cooperó, ya ins- 
tando al Rey D. Jaime, asegurándole la victoria, ya embarcándose. con 
^ en la armada sitiadora. 

iedeocion en Argel de S39 cautivos en el afio 1218» quedando en rehenes 

el Y. P. Fr. Bernardo Corbera. 

* • * 

En el año iíSB fueron nombrados Redentores Fr. GuíMen de Bas y 
Fr. Bernardo de Corbera, quienes se embarcaron para Argel en unas 
naves catalanas. Engcylfados en el mar, fueron abordados por moroa 
piratas de Mallorca, que les robaren cuanto llevaban^ les maltraiaron, 
y poco faltó no les quitaran la vida ; pero quiso Dios, por intercesión 
de Nolasco (que estando éo oraciOQ se le reveló esta desgracia), que es* 



— u- 

caparan y volvieran á Cataloña. Sintió niBcho Nolascoian fat^J qcinlr^ 
tiempo, lo mísmO' que el Rey O: JiaLme que estafca^ea Tarragopdripqe^, 
se perdió toda la limosna de la redención ; pero k>$ Reli^ioso&iMercQ-, 
darios redoblando su zélo y sóliálad, en poco tiamporretinieron limo»-; 
ñas para el mismoohjelo, y obtenida la líeencia, se etnbarcaron.Qtra. 
vez los'fnismos rckkmtores para Argel, á donde llegaron en pooos dias» 
á pesar de no haberles» favorecido él tiempo^ por Iset .invienia> Des^ 
embarcados,' redi Hirieron S20 cautivos, conforme la cantidad qUe llevar 
banv y escogieron ios roas niecesitados ó que se bailasen en mayor pe^ 
Hgro. Los que Quedaron sin rescate» perdida la espeiianza de logüar su 
libertad, se presentaron gimiendo y llorando ¿Fr* Guillen de Bas,yle 
dijeron : «¿Porqué, Padre nuestro, nos dejas? ¿porqué desconsolados, 
en manos de nuestros enemigos nos abandonas? Lo que padeeeioíios en 
esta cruel esclavitud es increíble. Si nos ven reparo hacer oraciotí, al 
Señor, nos abofetean y nos dton de puñadas en la boca. No nos dejan un 
momento de reposo. En los domingos y fíeslas, que debiéraibos des- 
cansar y honrar á Nuestro Señor, estos malvados sarracenoa por,des«t 
precio de Dios y de sus Santojs, mai nos cargan de trabajo, bpciéoido- 
nos arar, cábar y trabajar siempre, sin quitarnos los grillos. Y «por. la 
noche nos encierran en fétidos corrales u oscuitas mazmorras! Basta. Iqs. 
muchachos ños escupen y golpean eií las plazas y oa)leSi.tía que nacHe 
les reprenda, al contra^rio los turcos rien y se divierten. Nuestros cueyrf 
pos están estenoados de hambre, sed,- frío, desnudes y otrps torm^nT- 
tos que nos afligen. Cuando por el cansancio y debilid&d npSifaljiai^ 
fuerzas para trabajar, cargados de cadenas, á golpes y empujones nos 
obligan á ello. Por la mas leve fajta y menor pretexto nos muelen á 
palos. Mirad, Padre nuestro ; estas cicatrices y llagas nos las hacen 
curar nuestros amos, no con ungüetitp ni aceite, sí ño con< vinagre y sal 
para mayor tormento. En medio de tantos maleé, nuestras almas están 
en evidente peligro de perderse, porque los turcos con prpm^as y ame- 
nazas nos asedian para que dejemos nvi^tra fe» cpmo^por desgrac^ lo 
han hecho algunos.» Al oir esto Fr. Bernardo Corbera determinó <x>n 
anuencia de Fr. Guillen, quedarse ,^ rishen^ piara dar Ubfxtad á diez 
cautivos que mas lo necesitasen, y para consuelo de lo^ qiie queda- 
ban, hasta que Ilegaae de España el precio concertado. 



— 85 — 

Fr. Gaillen de Bas se embarcó con los 239 cautivos, y Fr. BernaP' 
do se quedó conlenlo y alegre por pareceric que tendría ocasión de pa- 
decer por Jesucristo. Tardó el dinero de España tnas de lo calculado y 
pactado, y aquella gente bárbara que no conoce mas Dios que sus 
intereses y vicios, empezó á insultar de palabra y obra á Fr. Bernar- 
do, quien lo sufría todo con resignación por amor de Dios. Un dia, en* 
tre otros, después de haberle tratado de embustero, y de haberlo mal- 
tratado, le rayeron la barba, )o secaron por las calles escupiéndole y 
abofeteándole, y puesto al póbiicó en niedio de h plaza permitieron á 
los muchachos le escupierian y se burlaran de él sufriéndolo todo con 
santa paciencia. Mas de un Uflo estuvo Fr. Bernardo en rehenes, y en 
este tiempo el Rey D. Jaime de Aragón ganóla Isla de Mallorca, y esta 
pérdida de los moros aumentó la rabia de los argelinos contra los cris- 
tianos, desahogándola en el santo redentor Bernardo, que si no- le ma- 
taron, fué por no perder el dinero de su rescate. 

.10. 

Rédeocion en Argel de 150 canlivos en e) afio 1X19; 

En Inglaterra, de padres de nobilísimo linaje y adornado de cris- 
tianas virtudes, nació Serapio, que aunque incierto el afio y lugar de 
so nacimiento, hay fundados motivos para creer que fué en Londres 
en el año 4478. Al renacer á la gracia le dieron el nombre deSerapio, 
esto es, Será-fiOi cuyo nombre honró el niño, pues la piedad fué el 
biaoco de sus obras. Sus buenos padres le imprimieron en sú mas tier- 
na edad las mas sólidas máximas de piedad cristiana, y las primeras 
palabras que le enseñaron á pi-oifunciar, fueron los nombres de Jesús, 
de Maria, y de algunos Santos de particular devoción, y la primera 
acción que le hicieron apreD<^er fué santiguarse. Apenas contaba 7 afios, 
qae por so juicio, respeto á sus padres,' recogimiento en el templo, y ve- 
neración á los sacerdotes, pereda teiier muchos mas, y era tal su pie- 
dad y amor al prójiox) que á los 1 2 años llegó á dar sus propios vesti- 
dos á los pobres. 

Ajustadas las paces entre el Roy de Inglaterra Bicardo, llamado 
4 



— 26 — 

Corazón de León, y el Rey de Francia Felipe Angosto, delerminaron ir 
en persona á Jerusalen á reparar las ruinas de aquella ciudad y San- 
tos Lugares. Rollando, padre de Serapio, noble caballero y militar, to* 
luó parte en esta empresa, y determinó dejar á su hijo, ya por sos po- 
cos años, ya para consuelo de su madre. Al saber esto Serapio, ar- 
diente en el amor de la gloria de Dios, pidió con lágrimas á sn padre 
le permitiera acompasarle en tan sdnta empresa. Representóle Rollan- 
do los peligros de la guerra, su poca edad y esper¡eiicta,.6l.descobsae- 
lo de sü madre ; mas Serapio, lleno de amor :de Dios, i^spondió de tal 
manera k los reparos de su padre, que le obligó á admitirlo en su com- 
pañía, y se despidió de su mjadre recibiendo de i;odiUas su bendición. 

Embarcóse Seirapio cOasu podre, formajodo parierdel ejéfcito del 
Rey Ricdrdo, haciendo rumbo hacia Palestina, y alH asistió al sitio de 
Toieraaida (S. Juan de Aere) y otras plazas, y en Id célebre batalla de 
Asnr. Deseoso de sacrificar su vida en obsequio de la fe, vino con el 
Duque de Austria á España, sirviendo al Rey D. Alonso de Castilla en 
la guerra contra los sarracenos, y después á los Reyes D. Fernando de 
Castilla y D. Jaime I de Aragón batallando siempre contra los moros. 
Serapio era muy chimado y honrado de la Corte por sus virtudes y 
valor; pero considerando los trabajos que habia pasado, los riesgos y 
peligros que había corrido, y que su corazón 90 estaba contehto con 
las honras y glori93 del mundo, empezó á reflexionar si el cielo le des- 
tinaba h Qiro. género de vida roas arreglada 4l gusto de; la divina Pro- 
videncia, Para esplorar la volu^itad divina, multiplicó. ofacíoxies, re- 
dobló ayunos, aumentó penitencias, frecuentó los Sacrami^ios, y de- 
jándose enteramente en las manos del Señor, resolvió por Sn itetírarse 
y abracar el caritativo. Instituto de la Mercedi, pues^ ^üabalmeate en 
aquellos dias babia conocido á N. P. S. Pedro Nolasco^ qluedando cau- 
tivado de su modestia,, desprendirniento y aíxiienle caridad para los 
cao]tj.vos« Habi^ndolecomojaicado cuanto. pesal^a en su corazón, No- 
laseale alentó; guió^ y.8eñaló,el puertp á donde había dei enderezar 
su rumbo. Ibdo esta sucedió. en Daroca^ p9r encontrarse allí los Re- 
yes de Aragón , á quienes dio cuenta Serapio dé lo qto habia re- 
suelto. 

Desemburazado Serapio de todo, vino áBarcelona con K. P; S. Pedro 



— 27- 

Nolasoo, donde vistió el hábito de caballero Hercedatío en el año 4222, 
teniendo por Maestro en él Noviciado al V. P. Fr. bernardo de Cor- 
bera. Las muchas virtudes que viéronse resplandecer en él, hizo (|ue 
la obediencia presto le destinase á diferentes ministerios, los que des- 
empeñó siempre á satisfacción de sus Prelados ; pero en lo que parece 
que su caridad se desplegaba con mas zelo, era en recoger limosnas 
para el rescate de los cautivos cristianos en las comarcas á que se le 
había destinado, y no podía ocultar el anhelo y deseos que tenia de 
padecer por ellos ó por Jesucristo. Entre tanto Serapio travo estrecha 
amistad y comunicación intima con S. Ramón Nonat, religioso clérigo 
en el toismo Convento. Reunidos á ciertas horas estos dos espíritus fer- 
vorosos, oraban, rezaban, hacían sus mortificaciones, se animaban á la 
virtud, y para padecer hasta el martirio. Como Serapio era tan humil- 
de, modesto, penitente y virtuoso, S. Ramón le miraba con respeto, y 
le manifestaba sos deseos de poder ir con él á camplir el cuarto voto 
de redención. 

Llegó el dia que destinaron á S. Serapio para redentor, y este pi« 
dio se le concediera á S. Ramón por compañero, lo que alcanzó. Em- 
barcáronse ios dos en el año 1 229 con rumbo para África y oon las ins- 
trucciones que les babia dado N. P. S. Pedro Nolasco. Las incomodi- 
dades, privaciones y penas consiguientes á un largo y penoso viaje por 
mar, fueron dulzuras y consuelos para estos dos santos religiosos. Des- 
embarcaron en aquellas inhospitalarias y bárbaras costas de África, é 
hicieron su redención, que, según dice un código antiquísimo guardado 
en el archivo de Barcelona, padecieron mucho no solo por el mal tra- 
to de los. moros, sino por las continuas dispotas y asechanzas de ios 
judíos, á pesar de qoeS. RamOñ con su fácil palabra y doctrina ios 
confundía á cada paso. S. Ramón cuidaba poco dé si, porque estaba 
siempre ocupado con los afligidos cristianos y con su santo compañe- 
ro Serapio. Después del trato y ajuste con los moros, iban todos los 
días á visitar las nlazmorras y cárceles donde estaban los esclavos de 
galeras detenidos, quienes eran quizás los mas olvidados de sos amos, 
porque no prestando allí servicios, no les daban de comer, es decir, 
que porque no trabajaban, se hallaban en la mas espantosa miseria. A 
csios infelices socorrían los santos redentores con liberalidad, conso- 



— 28 — 

lándoloscon la esperanza del rescate, exhortándoles ¿ la copformidad 
y á la enmienda de vida á fin de alcanzar la divina misericordia. Con- 
cluyeron la redención dando libertad á 4 50 esclavos, que desembarca- 
ron en Barcelona en me^io de un gentío inmenso que presuroso acu- 
día á presenciar aquel lierno espectáculo. 



11. 



Redención en Argel de 169 cautivos en el afio 1230. 

A fines del año 4 229 el Rey D. Jaime de Aragón sq apoderó de Ua- 
Horca, y rabiosos los moros de Argel, desahogaban su rabia con los po- 
bres cautivos, y en particular con Fr. Bernardo de Gorbera que se ha- 
bia quedado en rehenes, como hemos dicho. Varios mercaderes catala- 
nes, recién llegados de Argel, presentaron á N. P. S. P^dro Nolasco 
en Barcelona un cuadro, el mas triste, lastimoso y desgarrador, de 
los cautivos en Argel,. y con lágrimas en los ojos lo puUicáron por toda 
la ciudad. En este cuadro estaban descritos sos terribles tormentos, 
fatigas, trabajos y miserias, sin mas consuelo que el del Venerable fray 
Bernardo^ cautivo también como ellos í que este religioso partia con ellos 
lo que podia recoger de limosna ; que si alguno era asesinado por los 
moros, él le daba sepultura ; que todo cuanto podia hacer en favor de 
sus hermanos cautivos, lo hacía. Esta relación hizo brotar lágrimas de 
los ojos de Nolasco, y enterneció á los piadosos barceloneses ; asi es, 
que él y sus religiosos no perdonaron medio ni fatiga para recoger li- 
mosnas, y los fieles se mostraron muy compasivos y generosos. Estas 
limosnas, y algunas que tenían ya recogidas, Nolasco las hizo pasar por 
medio de los mismos mercaderes á manos de Fr. Bernardo de Gorbera, 
diciéndole en una carta, que se redimiera á si mismo, y después á los 
rlemás que pudiera, y fué tan crecida esta línsosna, que redimió 269 
cautivos, y con ellos se vino á Barcelona, donde fueron 4odos recibidos 
con la mayor alegría. 

Nuestro cronista Remon en el tomo 1 , pág. 434 , dice : que N. Pa- 
dre mandó á Argel para esta redención á Fr. Guillelmo Casano y á 



— 29 — 

Fr. Bernardo de San Román ; pero los otros escritores que hablan de 
esta redención dicen, que el dinero se naandó por medio de los merca- 
deres catalanes, y no mencionan á estos redentores. 

12. 

Redención en Argel de 148 cautíTOs en el aSo 1230. 

Hijo de hábito de Nuestro Santo Patriarca Pedro Nolasco fué el ex- 
celente varón Fr. Pedro de Amer ó Amerio, y supo de tal manera imi- 
tar á su Padre y Maestro, que todos nuestros cronistas aseguran, fué 
un retrato suyo. Muy joven era cuando vistió el hábito, y en el novi- 
ciado, por su humildad, silencio, obediencia, prudencia, desprendi- 
miento y piedad, parecia un anciano en la Orden ; asi fué que ape- 
nas profesó, se le dieron oficios que solian fiarse solamente á hombres 
ancianos de esperiencia y gravedad , y muy joven partió ya á la re- 
dención de cautivos. Fr. Pedro por sus virtudes gozó toda su vida, 
dentro y fuera de la Orden, grande opinión de santidad, y no solo 
nuestra Orden lo halló digno del supremo gobierno de ella, nombrán- 
dole Maestro General, sino que el Rey de Aragón le honró enviándole 
de embajador al Rey de Castilla y al de Portugal. 

Aunque Fr. Pedro no habla seguido la carrera de las letras, era 
bastante instruido y de mucha erudición , de lo que dio bastantes 
pruebas en los diversos oficios y negocios que se le confiaron, y la Re- 
iigiotí no reparó, siendo aun joven, en confiarle la redención de cau- 
tívos. 

En el año 4230 fué nombrado redentor, y se embarcó para Argel, 
y alU rompió las cadenas de la esclavitud á 4 48 pobres cautivos. Su 
corazón lleno de caridad, ardia en deseos de padecer y morir por Je- 
sucristo; pero Dios le guardaba para ejemplo de virtud, y para que 
con su prudente y ajustado gobierno fuese el honor y el aumento de 
nuestra Orden. Rien que fuese religioso laico noble, predicaba en Ar- 
gel no solo á los cautivos animándoles á la paciencia, á los trabajos y 
á la constancia en la fe, sino también á los turcos, quienes toleraban 
su zelo, por estar prendados de su vida santa y ejemplar. 



— 30— . 
13. 

Redención en Granada de 115 cautivos en el alio 1131. 

Estas numerosas redenciones, que tantas lágrimas enjugaban, eje- 
cutadas por el heroísmo de los Hijos de la Merced, eran referidas, 
aplaudidas y alabadas por toda España y fuera de ella ; asi es, que 
nuestros religiosos se veían honrados y apreciados en todas partes. Sus 
heroicos actos de caridad llegaron á oídos de los pobres Cautivos que 
gemían en Andalucia, quienes escribieron á N. P. S. Pedro Nolasco, 
rogándole encarecidamente y con todo el fervor de su alma, que se 
apiadara de ellos, que les sacara de su terrible esclavitud, ponderando 
la crueldad con que los trataban los aH)ros, encareciendo sus padeci- 
mientos sobre los de los cautivos de Argel y Valencia, quienes habían 
ya varias veces gozado de su bondad y grande obra de misericordia. 

Conmovido el piadoso corazón de Nolasco, y doliéndose de tantas 
penas y trabajos, quiso favorecerles luego, envíándoles á Fr. Guillen 
de Bas y á Fr. Berengario de Cassano. Presentáronse estos dos reden- 
totes al Rey D. Jaime para obtener su real permiso, que con mucho 
gusto y satisfacción les otorgó, y luego marcharon á Castilla con cartas 
de recomendación, recibidas en Cataluña, para el santo Rey D. Fer- 
nando y para su piadosa madre D.^ Berenguela. Estos Reyes recibie- 
ron á los redentores con gusto y piadoso agasajo, y con buenas limos*^ 
ñas aumentaron el caudal de la redención, por manera que, pasando 
luego á Andalucia, rompieron en Granada las cadenas de la esclavitud 
á 325 cautivos, y entre ellos algunos de cuenta. Contentos los redento^ 
res con tan numeroso rescate, dando gracias á Dios y á N. Sma. Ma- 
dre, volvieron á Barcelona. Esta redención se ejecutó en el año 1231 . 

• 

14. 

Redención en Granada de 189 cantrvos en el año 1131. 

Mucho se alegraron los Reyes de Castilla al tener noticia del buen 
fruto que produjeron sus limosnas en las antecedentes redenciones ; 



— 31 — 

asi fné que encargaron á N. P. S. Pedro Nolasco nombrara redentores 
para et siguiente año 4232 para otra redención en la itiisma ciudad de 
Granada, y como por otra parte los cautivos de Granada le habían es- 
crito, pidiéndole su suspirada libertad, Nolasco se decidió luego y 
nombró i Fr. BereogaríoCassanu, que, como hemos visto, lo fué en la 
redeocion pasada, y asi convenia para el acierto deesla, y á Fr. Do- 
miago Dosot religiosos de los primeros en la Orden. En aquellos dias 
la Corte de Aragón se bailaba en Tarragona, y allí pasaron los redentor 
res para pedir al Rey su real licencia y protección, y como la Corte 
estaba de gala por haber declarado (día 1 4 de abril) á su hijo D. Al- 
fonso heredero de sus Estados, la Reina D/ Eleonor llena de alaria, 
socorrió la redención con abundante limosna. Marcháronse luego los re- 
dentores, y recorriendo los pueblos de Castilla, se dirigieron á Granada 

donde rescataron 4 89 cautivos cristianos. 

* 

15. 

Redención enr Argel de %t8 cautivos en el año 123S. 

Grande fué b estrecha amistad con que el amor de Dios unió los 
corazones de S. Ramón Nonat y de S. Serapio, comunicándose mutua- 
mente los ardientes deseos que tenían de padecer y dar la vida por la 
libertad de los pobres cautivos. Juntos habían ya hecho una redención^ 
y fué esta tan notable que no tardó mucho la Orden en enviarlos se- 
gunda vez á las costas de África para hacer otra. 

Embarcáronse el año 4232 en Barcelona estos dos Santos, y to- 
maron tierra en Bugia, donde fué admirable el fruto que hicieron. San 
Ramón disputó públicamente con los judies, y convirtió á nuestra san- 
ta fe á muchos de ellos, y á algunos moros que se hallaron presentes 
á la disputa. Muy corridos quedaron los hebreosv porque los moros se 
borlaban de ellos tratándoles de ignorantes en su ley, y que no se atre* 
vían á disputar mas. Los moros conociendo la sabiduría de S. Ramón, 
le tenían gran respeto, y viendo su mucha caridad con los cautivos, le 
veneraban como santo, y muchas veces le oían con gusto los sermones 
que hacia á los cautivos en las mazmorras, por el fervor y espíritu con 



— sa- 
que predicaba, ypor la dulzura y suavidad con que exhortaba. Abs- 
tiivose por mandato de los superiores de predicar ó reprender directa- 
mente á los moros, por el riesgo de malograr la redención, perdiendo 
el dinero sin conseguir la libertad de los cautivos ; pero no por eso de- 
jaba de indicarles la obligación natural que los hombres tienen de 
compadecerse de las miserias de sus semejantes, criados todos á ima- 
gen de Dios^ y en especial de aquellos que tenemos rendidos, humilla- 
dos, abatidos y sujetos, como los pobres cauiivos. Esto lo decía con tñn 
e6caz persuasión, que los moros confesaban que las razones de aquel 
Papá cristiano lee convencia. 

Después de haber visitado y socorrido á los cautivos, empezaron 
la redención y rompieron las cadenas de la esclavitud á 228 pobres 
cristianos. Mucho padecieron los santos redentores en e^ta jornada, 
porque si en Argel tuvieron que sufrir departe de aqísellos bárbaros, 
sus corazones sufrieron mucho mas por los cautivos. Observaron ó su- 
pieron los redentores el daño que en muchos de ellos habia hecho el 
contagio de las costumbres de los moros. Luego de embarcados, procu- 
raron predicarles y persuadirles que dejaran aquellos nefandos vicios 
en que vivian encenegados. Los redimidos recibieron las reprensiones de 
los santos redentores, con deSprecio, chanzas y desairéis ; pero el cielo 
tomó por suya la satisfacción de tan marcada ingratitud. Cubrióse el 
cielo de negras nubes, se desencadenó el viento, se embraveció el mar^ 
y en pocos minutos viéronse envueltos en la mas horrorosa tempestad. 
El bajel corría sin gobernalle, á cada momento parecía iba á zozobrar, 
y considerándose perdidos aquellos infelices, recurrieron á Dios pi- 
diendo misericordia. La tempestad no cedía, el peligro siempre era el 
mismo, la muerte siempre delante, y el llanto en la embarcación no 
cesaba. Los santos redentores hicieron fervorosa oración á Dios, implo- 
rando su misericordia, subieron sobre cubierta ; y S. Ramón mandó al 
mar que se amansara, y al instante el indómito elemento obe4éció; el 
cielo se serenó, y todos contentos dieron gracias á Dios, y soplando fa- 
vorable viento llegaron felizmente á Barcelona, donde fueron recibidos, 
como era justo, no solo como redentores de cautivos, sino también co- 
mo varones amigos de Dios, porque los cautivos y tripulación relata* 
ron lo ocurrido en el mar. 



33 — 



16. 



Redencioa en Granada de 150 cautivos en el afio 1233. 

Como eran tantos los iofeliccs cristianos que gemían en Granada 
llorando la pérdida de su libertad, nuestra Orden hizo grandes esfaei> 
zos para hacer alli uña lercera redención, habiendo poco t¡^mpo antes 
hecha otras dos. Esta se efecluó á últimos del año 4232, ó principios 
del 1233, por el santo varón Fr. Pedro de Amer, caballero, laico, que 
sacó de ia dura esclavitud y restituyó á sus hogares á 4 SO cautivos. 

n. 

Redención en Valencia de 197 cautivos en el año 1233. 

El dia 3 de mayo, fiesta de la Sta. Cruz, del año 1 233, N. P. S. Pe- 
dro Nolasco celebró, según costumbre, Capitulo en Barcelona, y. en él 
se decretó ; que si nuestras religiosos, por no poder hacerlo personal- 
mente, autorizaran á alguna persona seglar para colectar limosnas 
para la redención,, debían procurar que fuese -de honesta y ejemplar 
vida, y de toda confianza, prestando primero juramento sobire los san- 
tos Evangelios, de dar cuenta y razón de todo lo colectado á los PP. re- 
dentores ó á sos procuradores, y que si recusasen el juramento, se les 
retirase la confianza ; pero los que prometieran cumplir, que llevasen 
ú ostentasen sobre su^ vestidos el escápula rio blanco con el escudo de 
nuestra Orden. 

N. P. S. Pedro Nolasco había ya elegido redentores á los nobles 
Fr. Aroaldo de Prades y Fr. Bernardo de Tona. Estos con otros cues- 
tores de la redención salieron á recorrer muchísimas poblaciones, rer 
cediendo limosnas» y el día 5 de julio del mismo año 4233 llegaron á 
Burriaoa, en el reino de Valencia, donde estaba, el Rey con su Corte y 
ejército, y recogidas alli las limosnas del Rey y magnates de la Corte, 
pasaron a la ciudad de Valencia, donde entre mil penas y trabajos, zo- 
zobras y afanes sacaron de la esclavitud á 4 97 cristianos. 



5 



-34 - 
18. 

RedencíOD en Valencia de 78 cautivos en el año ItSi. 

Los tristes ayes y lamentos de los muchos cautivos que gemían en- 
tre cadenas en Valencia, penetraban el corazón de N. P. S. Pedro No- 
lasoo, qníen no sosegaba para aliviarlos en sa penosa esclavitud ; asi 
fué, qfie á pesar de haberse hecho allí redención en ^I año 1?33, en 
el siguiente ('234 nombró redentores á Fr. Ramón dé la Casa y á 
Fr. Gnitlen áe Quadres, quienes pasaron á la ciudad de Valencia y 
redimieron 78 cautivos, cuyos nombres se leen en una antiquísima es- 
critura en pergamino, señalada con la letra A, n."" 46, en el archivo 
de Barcelona. 



19. 

f 

Redención en Granada de muchos cautivos, y muerte gloriosa del prolomártir 
4enaestra orden Fr. Raimundo de Blanes en el afio 1235. 

• • • :. 

N. P. S. Pedro Nolasco, por aviso del cielo, p'ariió de Barcelona á 
Castilla para solicitar del áánto Rey D. Fernérído la coriqúíéla de la ciu- 
dad de übeda, la que se efectuó el dta 29' de setiembre del año 4234, 
acompañando Nolasco á1 santo 'Rey óoii algunos caballeros de nuestra 
CH"di^n. El Rejf señala luego sittó «para* fó funducibn de uii Convento 
qóe N. Padre aceptó, pero no piído dirténerse en la ftindadon, porque 
la conquista de Valencia le apremiaba ; asi es que partió para Bal'celo- 
ná; dejando las órdenfcs necesarias fiara Ta nueva' fundación; * 

Aldespedirse qpAsiguió de lá piedad 'dd ' Rey tina 'cí-ecidá fitñosna 
ph^TBí los batitívos, y losgefes ó capitahes contribuyérotí también,, dan- 
Üále con generosidad parte de los despojos. Al llegar á Batdeloria nom- 
Ibfó lüég'o por redentores á Fr. Raimundo de Blánés y á'Fir. Diego de 
$óio, para que pasaran á Granada. Era Fr. Raimundo de Blanes reli- 
gioso de niüchá virtud, y lomó el hábito el dia de la Tóndacion de 
nuestra Ordért, pues muy joven se unió á N. Padre ; asi es que Ñolas- 



-35- 
co lo amaba entrañablemente, y el píelo le habia manife^laclo, que sus 
virtudes serian preo^iadas con la hermosa porona del martirio; por 
esto al despedirse N, Padre le dijo : «Ea, hijo querido, á Granada vas : 
yo espero que has.d/a cons^uir ti^ )o que yo no b§ merecido. Obra d^ 
suerie, que ,te dé ^ cielo elppen^io que lantas veces pe. ha inaniiest2|«* 
do, y yo en su nombre le l^e ofrecido.» . i , 

Recibida la bendición de N. Padre, los dos redenlores.se m^ipcba- 
ron á Granada. Reinaba alli Aben-Haz,, hombro de pró^per^ y ^dv^-^ 
sa fortap^ ; |»ues vencidos los almohades, extendió su ^einp ha^^, Por- 
tugal ; perp qambió el viento, y el Rey p. Alonso IX de L^i; le g^iip 
Mérídd, saliendo el Roy moro mai herido de Ja batalla; D. Fernan(to 
de Castilla le quitó Baeza, después Ubeda, etc.; asi es que la fortu^- 
na traíale ya entre sus pies ; pues habiendo ido después á defender la 
ciudad de Córdoba, cercada por el Rey Fernando,«y sabiendo al llegar 
á Ecija que D. Jaime tenia en grande aprieto la ciudad de Valencia, 
corrió alli para socorrerla, dejando sin ausilio.á sus vasallos para de- 
fender á los ajenos, y finalmente un poderoso alcaide le quitó la vida. 
En medio de estos reveses de fortuna ilegaroa los redentores á Grana- 
da, y miedoso el Bey moro los recibió con agasajo, y mandó con pe-i 
ñas que no se les molestase', pues sabia habia machos a)oros irritadoB 
contra ellos por ¡o que nuestros Relig^sos habían trabajado eft el 
cerco y conquistad^ Ubeda. Otros moros huidos de Baéza deseaban 
«desahogar sus iras contra Fr. Raimundo de Blanes, que era un reli- 
gioso tan humilde como valiente, y diesde la conqutstajde Baeza le atbor-* 
recieron ; asi es que no le perdían de vista. 

Los redentores viendo el agasajo del Rey, para obrar con mas 
acierto, determinaron hacer despacio su redención. Visitaban los cauti- 
vos, les socorrían con limosnas, lesi hacían sus pláticail' fortaleciéndoles 
co la fe ; y á^mo se hallaban presentes algunos moros y reoegados y 
»e convirtiesen muchos á nuestra Religión, fueron acusados, espeoiaU 
mente Fr. Raimundo, pdr sus enemigos los huidos de Baeza. Encer- 
ráronle en una oscura cárcel, y después de muchos azotes y tormentos^ 
viendo el valor con que predicaba á Jesucristo, públicamente le corta- 
ron la cabeza, en odio á la fe católica que conslantemente confesaba y 
valerosamente defendía, á principios del año 4335. Receloso el Rey de 



— 36 — 

nuevos alborotos, envió al otro redentor (Fr. Diego) con la redención á 
Castilla, disculpándose con el santo Rey Fernando. Mocho sintió fray 
Diego no hatersido compañero en lodo del dichoFr. Btanes; pero Dios 
quiso que volviera con vida á Castilla tal vez para qne no se perdiera 
la fedencion, ibereciéndo pocos años después que el Señor le diese en 
el mismo reino de Granada la propia corona. 

No hé podido averigaar cuantos cautivos acompañó Fr. Diego á 
Castilla ó sacó de Ja esclavitud < 

Del ilustre mártir Fr. Raimundo bacen gloriosa memoria el Padre 
Maestro Zurnel , el limo. Rodríguez de Torres, obispo de Rossé, el Pa- 
dre Maestro Estreniera, el P. Vidal Dubuch, el P. Pedro de S. Cecilio 
y otros. 

• • 20. 

RedeDcioD en Valencia de 191 cautivos en el aSo 1135. 

En el año 1 23o la Isla de Ibiza fué conquistada por D. Jaime 1 Rey 
de Aragón : este feliz suceso animó al Rey para la conquista de la ciu- 
dad de Valencia que N. P. S. Pedro Nolasco le habia asegurado. Los 
moros de Valencia tenían un ejército mas numeroso que el Rey de Ara- 
gón, y habiéndole parado una emboscada, los cristianos perdieron al- 
guna gente. La alegría de los moros, por haber hecho una porción de 
esclavos, les duró poco, porque luego en una escaramuza quedaron 
muchos moros muertos y cautivos ; entre estos, cuatro de mucha dis- 
tinción y muy ricos. Los moros tenían cautivo en Valencia al ilustre 
caballero y valíeoie soldado D. Guillen de Aguilon, que cautivaron al 
principio de la guerra, y Zaen ó Záir Rey de Valencia lo tenia para res- 
guardo de algún aprieto, ó para desahogar su coraje en su muerte, si 
corriese en su favor la fortuna ; asi es que no habia admitido proposi- 
ción alguna para su rescate. Los deudos de D. Guillen de Aguilon, y 
en particular su tío D. Guillen Zagardia, pidieron al Rey quo diera 
aquellos moros en canje por D. Guillen y que fuese Nolasco por el 
rescate. El Rey accedió generoso á lo primero, pero no á lo segundo ; 
pues lomi^í la crueldad y fiereza del Roy Zaen contra Nolasco, porque 



— 37- 

sabia que aborrecía á N. Padre, por haber profetizado su caída y des- 
tronamiento, y por la amistad que tenia con el Rey Zeir su antecesor; 
asi es que teroia por la vida de Nolasco. Este, que de veras anhelaba 
el martirio, al punto accedió á lo propuesto, y fueron tan r^izonados 
los motivos que alegó al Rey, que Su Majestad no pudo detenerte, y 
dejando á su voluntad los esclavos moros, escribió una carta al Rey 
Zaen nombrando á Nolasco su embajador, para que este titulo asegu- 
rara su vida. 

Entró Nolasco en Valencia, y si bien respetaron su vida, no fué así 
con su persona , pues le ultrajaron y despreciaron escupiéndole y 
maltratándole, sin que No)asco se quejase, ni Zaen, que lo sabia, se 
diese por entendido. Pasáronse algunos dias sin que el Rey le diera au- 
diencia, acudiendo Nolasco á palacio para lograrla, viéndose siempre 
menospreciado y ultrajado por las calles. Nolasco acudió á Dios en la 
oración, y el Señor le consoló, ycon calma esperó el dia de la audien- 
cia. Llegó este dia, y al presentarse Nolasco, serqoejó mucho el Hey mo- 
ro del Rey de Aragón, y del mismo Nolasco, por la guerra que lesoste* 
nía; mas Nolasco con su prudencia procuró calmarle, aunque al hablar- 
le de la libertad de D. Guillen, se alteró Zaen de tal manera, que fué 
menester toda la cordura del Santo para apaciguarle. Finalmente, con 
prudencia, y á instancia de los mismos moros accedió; pero quiso pa- 
ra rescate no solo los cuatro moros, sino sesenta mas que D. Jaime ha- 
bia hecho cautivos poco tiempo hacia en una fortaleza, y con esta 
ocasión Nolasco redimió en Valencia \9i cautivos. Agradecido D. Gui- 
llen, publicó lo mucho que habia padecido el Santo y la admirable pa- 
ciencia con que lo habia sufrido. 

21. 

Redención en Argel de 908 cautivos en el auo 1236. 

En el año 4236 cdebróse Capitulo General en Barcelona, y en él 
fueron destinados cuatro religiosos que con sus compañeros salieron á 
la colecta para los cautivos, señalando territorio á cada uno, y que lo 
colectado lo pusieran en manos del Maestro General ó de su Vicario, 



— 38 — 

nombrando al mismo tiempo por redentores á Fr. Juan de Laers ó 
Lerco» sacerdote de mucha virtud y de los primeros en la Orden, y á 
¥t, Pedro de Caldos , Doctgr en teología y de mucha reputación den- 
tro y fu^a de Cataluña. Reunidas todas las limosnas, á últimos del 
misñao año de 4236 los dos redentores se embarcaron en Barcelona y 
dieron fondo en el puerto de Argel, y con la buena suma que llevaban 
rescataron SOS cautivos, desembarcando con ellos en Tarragona, y 
regresando á sus casas llenos de gozo y alegría. 

22. 

Redención eti Argel en ol afio 1236, donde S. Ramón Nooat padeció el martirio 
* de an candado en la boca por ocho meses. 

El glorioso S. Ramón Nonat, cuyo zelo en pi'edicar y recoger IÍt 
mosnas en Gávor de los cautivos no conocía límites, en el año 4236 fué 
elegido por N. P. S. Pedro Nolasoo para ir á redimir. 

Algunos escritores de nuestra Orden dicen que S. Ramón en el año 
4233 acompañó á Fr. Domingo Dosso á una redención en África, pero 
sin indicar el lugar en que la efectuaron ni el número de cautivos que 
redimieron. Otros confunden esta redención con la que hizo S. Ramón 
en Argel el año 4236. He registrado cuanto he podido para aclarar es- 
te suceso, y me inclino á creer que S. Ramón no hizo redención en el 
año 4233, pues acababa de hacer una en 4232 ; asi solo tne ocuparé 
de la que hizo en el año 4236. ¥ esta ¿dónde la hizo? Algunos autores 
dicen en Túnez ; pero es mas probable y seguro que la hizo en Argel, 
como lo aseguran nuestro historiador Remon, y el P. Mtro. Colombo, pues 
como no hacia mucho que el Rey D. Jaime de Aragón habia conquis- 
tado la Isla de Mallorca, los moros rabiosos, despojados y arrojados de 
sus casas, se refugiaron en Argel, y desde allí desesperados y atrevi- 
dos daban caza á cuantas embarcaciones podían, haciendo muchísi- 
mos esclavos, á quienes trataban con la mayor barbaridad ; asi es 
que aunque en aquel mismo año se hubiera hecho una redención do 
208 esclavos, fué necesario hacer otra luego. 

Embarcóse, pues, en Barcelona S. Ramón con su compañero en el 



— 39^ 

ano 1236 y tomaron tierra en Argd. AIH, como siempre quo se halla- 
ba entre caalivos, desplegó las alas de su caridad con los afligidos es- 
clavos, y su zelo para la gloria de Dios y conversión de los infieles. 
Rizo su redención, y no llegando el dinero á la suma que importaba 
el número de cautivos que su zelo habia elegido y rescatado, se quedó 
por empeño y fiador, y mandó los redimidos á España. No estuvo ocio- 
so S. Ramón en Argel ; visitaba á los cautivos, los consolaba, socorría, 
y alentaba á la perseverancia en la te, y cirando veia que los moros 
por curiosidad se le acercaban, empezaba á predicar. No dejó de pro- 
ducir su fruto la divina palabra ; pueá no pocos se conmovieron y con* 
virtieron, é iban á encontrar á S. Ramón en los bañt)s de los cautivos, 
y. el Santo mandó muchos á España. y á Mallorca por medió de roer- 
• caderes cristianos. Descubrieron ésto los moros, y como eran testigos 
dé oírle predicar por las calles, querían quemarle vivo, y no lo ejecu- 
taron por el interés de no perder el rescate, pero sí le labofetearon, 
azotaron y maltrataron bárbaraotente encerrándote en una mazmorra. 
Alli predicaba á los que se le acercaban, y no pujdiendo sufrir aquellos 
bárbaros la santidad de su vida, el valor de su ánimo, su predicación, 
sus palabras del cielo y sus reprensiones, se determinaron á una nun- 
ca oidá inhumanidad, ya que no podían quitarle la vida por el empe- 
ño, cual fué taladrarle los labios, y cerrarle la boca con un candado 
para que no predicase. ¡Cuan terribles serian los dolores que sufriría 
el Santo con aquél cruel tormento, renovándoselos los moros para dar- 
le un poco de panlagua! Burlados quedaron ios moros, porque hizo 
Oíos que el candado no le fuese estorbo para predicar ; al contrarío, su 
voz parecía mas viva y animosa, cosa que dejó pasmados á los bárba- 
ros, creyendo muchos de ellos que aquello era maravilloso, porque te- 
nían al Sanio por amigo de Dios. 

A los ocho meses de tan cruel martirio, llegó el desempeño, se entre- 
gó el dinero, le quitaron el candado y dándole libertad se embarcó. Por 
toda la España se extendió la noticia del estraño y cruel martirio de san 
Ramón ; asi es que Barcelona le recibió con una piedad y entusiasmo 
indescriptible. Todos deseaban, verle, y examinarle los taladros que 
aun eran frescos; las calles y las iglesias se llenaban de gente para be- 
sarle el hábito, venerándole como santo y llamándole mártir. Súpose 



— 40 — 

en Roma cuanto padeció, el fruto que hizo y las maravillas que Dios 
obró en su largo tormento ó martirio, y el Sumo Ponlifice Gr^orío IX, 
deseoso de premiar alguna parte de los trabajos de este valeroso solda- 
do de Jesucristo, en el mismo año 1237 le envió el capelo de cardenal 
con el titulo de S. Eustaquio. 

La dignidad cardenalicia poca ó ninguna mudanza hizo en S. Ra- 
món. Cual humilde relíaioso vivió en nuestro convenio de Barcelona, 
siguiendo en todo á la Comunidad como si fuera un novicio. Fervoroso, 
compasivo y caritativo como siempre, habiendo encontrado un dia un 
pobre anciano en una calle de Barcelona, cayendo mucha agua le dio 
su sombrero ó capelo para cubrirse. El Papa lo llamó á Roma ; obe* 
diente partió luego de Barcelona, pasando primero á la yilla de Cardo- 
na para visitar los señores Condes, y alli enfermó. Deseando recibir el 
sagrado Viático, y lardando el sacerdote que debia traerlo, se lo ad- 
ministró el mismo Jesucristo, precedido de una procesión de Angeles 
vestidos con hábito de la Orden de la Merced. Murió S. Ramón, y hu- 
bo competencia entre los señores Condes de Cardona y nuestro con*- 
vento de Barcelona sobre quien había de poseer el precioso tesoro 
del cuerpo del Santo; por fin convinieron en que lo metiesen dentro 
de una arca decente que la llevase una muía ciega y la dejasen mar- 
char sin guia. La múla salió de Cardona, llegó al Portell y junto á la 
hermita de San Nicolás, donde el Santo había recibido tantos favores de 
la Madre de Dios, se paró, y murió. Alli quedó tan preciosa Reliquia, 
y alli N. P. S. Pedro Nolasco en el año 1 244 fundó un convento. Murió 
S. Ramón el último domingo (día 28) del mes de agosto del año 4240. 

23. 

Redención en Granada de 120 cautivos en el año 1236. 

En este año de 4 236 mientras se estaba haciendo redención en Ar- 
gel, el Ven. Fr. fedro de Aroer (según refiere el P. Roxas) pasó á Gra- 
nada, y al visitar los .muchísimos cautivos que alli habia, rescató 120, 
consolando á los demás con limosnas y palabras de edificación, exhor- 
tándoles principalmente á que confiaran en la misericordia de Dios que 
alcanzarían su suspirada libertad. 



- 41 — 

\ 

% 

U. 

Bedencion en Granada de 173 cautivos en el afio 1237, y martirio 

del V. Fr. Diego de boto. 

Ea el año 4237, Fr. Guilleimo de Bas, Vicario General y prior de 
Barcelona, movido de las súplicas y lagrinias de los infelices cautivos 
del reino de Granada, procuróse hiciera una redención en aquel reino, 
á cual fin, con licencia y acuerdo de N. P. S. Pedro Nolasco, nonabró 
para redentpres al santo varotí Fr. Diego de Solo y á Fr. Pedro de 
Huesca. 

Nació Fr. Diego en Toledo, de padres nobles y ricos, quienes co- 
mo tenían entrada en Palacio, lo colocaron por paje del Infante don 
Femando, hijo del Rey D. Alonso. Murió el Infante, y el joven Diego 
inclinóse al estado eclesiástico. Púaose al servicio de un Legado del Pa- 
pa y con él pasó á Italia. Al regresar á España, desembarcó en Barce- 
lona, donde tuvo ocasión de tratar á S. Pedro Nolasco, y se aficionó de 
tal manera á nuestro Instituto, que pidió el hábito y N. Padre se lo 
concedió. Era el jóveruDiego. inclinado á la virtud, compasivo, caritati- 
vO) observante y ejemplar en la Orden. Dotado de claro entendimientOi 
predicaba con mucho fruto ; porque á la palabra a'ñadia el buen ejem- 
plo, pues mas parecía ángel que hombre. 

Inflamado su corazón de amor de Dios y del prójimo^ recibió el 
nombramiento, de redentor con grande alegría, y dando gracias á Dios, 
emprendieron él y su compañero el camino de Andalucía. Llegaron á 
Granada» rescataron 473 cautivos ; mas al salir de la ciudad con ellos 
contentos y alegres con su salvoconducto, encontraron un Alcalde mo- 
ro, señor de. un castillo, hombre rico y de noble linaje, quien al ver 
que nuestros Religiosos se llevaban tantos cautivos libres, empezó á 
maldecir al Rey de Granada su pariente, diciendo á grandes voces : 
c¿ No basta que Jaime de Aragón nos haya quitado Valencia, y Fer- 
nando de Castilla Córdoba ; sino que con la misn\^ seguridad que si fué- 
ramos todos unos, estos perros cristianos se lleven los cautivos que 
tanto nos ha costado ganarlos, derramando nuestra sangre, dándoselos 
C 



- 42 — 

el Rey de Granada á trueque de un mezquino interés ?»> Y luego em- 
pezó á descargar palos á los cautivos, y maltratar de palabra á los dos 
Religiosos. El santo Fr. Diego compadeciéndose de los pobres cautivos 
que aqufil moro maltrataba,, acercósde y le pidió humildemente les de- 
jara en paz, pues llevaban salvoconducto, y no eran cautivos suyos. 
Indignóse el moro, y se enfureció contra Fr. Diego, diciéndole: a Perro, 
¿piensas soy yo Alharoar Rey de Granada, á quien sí estuviese aquí 
presente, trataría al ignal qoeá tí, pues tiene tan poca estima de su 
persona, tan poóo respeto á nuestra ley y tan poco sentimienfo de la 
pérdida de tantos parientes y amigos en la ciudad de Córdoba, coya 
afrenta está tan fresca, como lo prueba el permitir que estos perros 
sean rescatados, que asi como son suyos, fueran mios, los hubiet^qiie- 
mado á todos, y lo haré á cuantos cayeren en mis manos que ci^ye- 
ren en vuestro Cristo y siguieren vuestra ley?» Aquí fué donde Fr. Die- 
go no podo contenerse^ por mas q«e Fr. Pedro de Huesca lo detuviese. 
Lleno de zelo por la honra del Nombre de Jesucristo, se dirige al mo- 
ro, y le dice : « [ Oh miserable y ciego ! ¿ Quién piensas que es Cristo 
nuestro Senor, y de cuanta estimación y reverencia es digno so santí- 
simo Nombre que tú blasfemas?» Y encendido del amor de^Díos, dijo 
el santo Religioso tantas alabanzas del santísimo Nombfe de Jesús, ex- 
plicó qon tantoesplrito y fervor y oo» tan fuertes argumentos y razones 
kiB verdades de no¿tra Religión, y probó el error y terquedad de los 
que siguen la falsa secta de Mahéma, los cuales caminan á so eterna 
condenación, que todos los que le oían, conmovidos, arrodillados y con 
lágrimas pedían á Dios misericordia, excepto el soberbio moro, que 
encolerizado embistió al Santo, dándole de palos hasta romper la lan- 
isa, y mandandd ó los suyos que lo arrastrasen y encerrasen en una 
oscura mazmorra del castillo^ cargado de cadenas. Al ver estoFr. Pe- 
dro de Huesca, seechóá los pies del moro^ pidiéndole con lágrimas qcte 
no les, molestara, que respetase el salvoéonducto que llevaban, y diera 
libertada Fr. Diego, su compañero; mas nada alcanzó, pues les obligó 
' á volver á la ciudad para dar cuenta al Rey de lo sucedido. 

Mientras Fr. Pedro retrocedía con los cautivos, el bárbaro moro 
hacia cruelmente azotar á Fr. Diego, y luego mandando lo trajeran á 
su presencia le dijo : «Que dejara la ley de Cristo y le daria grandes 



— 43 — 

hooras y Tavores.» A loque respondió el 3aaio Mártir cod lus pahbras 
del Apósjk>l : (i¿íQmét es capaz de apartarme de mí señor Jesucristo ? 
¿Piensas temo la desnuden, el hambre» la cárcel, las afrentas, los tor- 
mentos, los castigos, la muerte, ni el mismo infierno?» Indignado de 
naevo el moro, mandó le golpeasen en la boca, y que con hierros can- 
dentes le rayeran el cuerpo. Pero cuanto roas atormentaban al valero- 
so soldado de Jesucristo, m^yor pacieocia y alegria mo^tr^a, y cuan- 
do vio su cuerpo todo lastimado por el fuego, cantó con tono suave y 
alto el Cániioo oon qtje alabaron al Señor los tres nifios en el ihorno de 
Babilonia, y al llegar al ¥er80 : Bendecid iodos ¡as bestias y rebaños al 
Señcr^ et^urecídó el líraso, toando le dieran puñadas en la boca, y Ic 
volvieran á la mazmorra. Aj U^r áella, el valeroso Háirlir prosiguió 
el Cántico^ yldio infinitas gracias ó Dios por el favor singular que le 
hacía ida padecer algo por su amor, siiplicáodole le dejara morir con- 
fesando y defendiendo su santísimo Nombre, y.desahogaodo su fervoro- 
so corazón prorumpia en amorosos coloquios con Jesucristo, diciendo : 
c¡ Oh Padre dementimno J ¿ Cuándo merecí yo padecer poi^ vuestro 
sanio Nombre, y morir para defender vueslra.boara? Veo, Señor, que 
Jas fuerzas corporales sotí flacas, y que mi vida se acaba. [Ojalá pu^ 
diera yo morir en una cruz para nias imitaros.»' T tomaindo dos «palos 
que escOniró en el suelo, formó una cruz, y la besaba y abrazaba mu* 
chas veces:, bie» que apenas podía 'mov€r']os brazos á causa de sufe pa- 
decimientos, y al cotieloir el sobredicho Cánticd, espiró. 

Al cabo de dos días que ^1 alma del glorioso ilárlir había volado al 
cielo, Fr. Pedro salió de Granada con los cautivos, yendo con él un Al- 
calde del Rey para poner en libeKad á Fr. Diego. Llegaron al castillo, 
y al presentar el Alcalde al moro la orden del Rey, les franqueó la 
puerta de la mazmorra, y enoootraroo el cuerpo del santo Mártir abra- 
zado con la cruz, sin ningún género de mal olor. Afligióse en gran ma- 
nera Fr. Pedro, y quejándose con el Alcalde del Rey, pidiendo justicia 
contra el bárbaro moro, el Alcaide le respondió : «¿Qué puedo liacer? 
¿Puedo reauoitará Va compañero? Mi oomisionerá ponerle en libertad; 
ahi lo tienes muerto, llévatelo.» Hucha satisfacción causó á Fr. Pedro 
el poder llevarse el oaerpo de este santo Religioso, que fué el segundo 
mártir de nuestra Ordon, y tomándolo con gran veneración, se marchó 



— 44 — 

con tos cautivos, dirigiéndose á Barcelona ; pero nadie sabe donde' lo 
depositó, pues unos dicen en Córdoba, otros en Toledo, otros en Bar- 
celona ; lo cierto es, que hasta ahora no se ha podido descubrir. 

25. 

' Redención en Valencia de 103 cautivos en el año 11S9. 

En el año 1239 celebróse Capitulo General en Barcelona, y los Vo- 
cales se ocuparon en buscar medios no sdo para rescatar cautivos, sí- 
no para que en aquellos conventos, cuya capacidad lo permitiese, se 
oonstriíyera ó destinara local para poder los Religiosos hospedar á los 
peregrinos y cautivos redimidos, y se decretó en el mismo Capitulo 
que el convento de Barcelona, como cabeza de la Orden, diera el ejem- 
plo, construyendo hasta enfermería para los peregrinos y cautivos que 
llegasen enfermos. 

En el abismo Capitulo nombráronse dos redentores, Pr. Dionisio Vi- 
laregut y Fr. Alfonso Heneses, ambos de esclareoída nobleza. En el 
mes de junio del mismo año se dirigieron á Montpeller, de cuyo con-« 
vento eran hijos de hábito y á donde poco antes había ido el Rey, para 
obtener su real licencia y salvoconducto. Obtenido esto, cada uno de 
los dos redentores partió para su destino. Fr. Dionisio de VUaregiit di- 
rigióse á Valencia, pudiendo rescatar en ella y en la ciudad de Játiva y 
varios pueblos circunvecinos 103 cautivo^ cristianos. 

26. 

Redención en Granada de 113 oaotivos en el affo 1139. 

En la antecedente redención hemos visto que fué nombrado reden- 
tor Fr. Alfonso Meneses, y había ido á Montpeller por la real licencia y 
salvoconducto, lo cual obtenido se separó de Fr. Dionisio Vilaregut, y 
se dirigió á Castilla á encontrar al Rey D. Fernando, de quien recibió 
varios favores y limosnas. Luego pasó á Granada, en donde fué muy 
bien recibido por el Rey moro Mahomad-Aben-Alabmar, quien se ale- 



— 45 — 

gróde tener cartas del Rey D. Fernando, y en obsequio del mismo, 
de qnien había recibido favores, dio amplia Tacultad á Fr. Alfonso para 
efectuar la redención. En pocos dias redimió 21 3 cautivos cristianos, á 
los cuales, rotas las pesadas cadenas de su esclavitud, llevó á Castilla 
sin obstáculo alguno. 

27. 

Redención en Murcia de 98 cautivos en el aSo 1240. 

Nuestro glorioso S. Serapio mostró no solo la nías ardiente caridad 
para los cautivos, recogiendo continuamente limosnas ; sino grandes 
deseos de propagar nuestra Orden para beneficio de los mismos, á 
cual fin N. P. S. Pedro Nolasco lo envió á Inglaterra, Escocia é Irlanda. 
Partió Serapio solo, y atravesóla Francia hasta las Costas de Norman- 
dia, donde se embarcó, padeciendo muchisimos trabajos en aquel via- 
je ; pues abordada la nave por un vajel de piratas, fué el Santo en 
gran manera atropellado, atado á un palo, cruelmente azotado, y da- 
do por muerto, lo arrbjaron desnodo en un arenal de las costas de In- 
glaterra. Pero quiso Dios que lo encontrasen unos pobres pescadores, 
los cuales compadecidos, le socorrieron dándole alguna ropa, y no ba- 
ilándose muy distante de Londres, se dirigió á aquella ciudad, y alii 
fué curado y provisto de hábitos por sus parientes, que eran de la pri- 
mera nobleza de Inglaterra. 

De Londres pasó Serapio á Escocia, donde el Rey Alejandro, prin- 
cipe justo y piadoso, lo recibió con agrado y benevolencia, dándole li- 
cencia para fundar, como lo hizo el Santo, algunas encomiendas, las 
que en el siguiente siglo fueron reducidas á conventos, y duraron has- 
ta que la herejía los destruyó. Mientras hacia estas fundaciones, se ex- 
tendió tanto la fama de sus virtudes y santidad, que todos le buscaban 
como intercesor para remedio de sus necesidades. Movidos de esto, y 
de la utilidad del Instituto Mercedario, los irlandeses lo llamaron con 
«Dpeño para que fundase una casa de su Orden en aquella Jisla, como 
asi k> hizo, la que existió largos años. Era tal la santidad de Serapio, 
quo por sus oraciones resucitaron dos muertos, y por mas que él dije* 



— 46— ' 

se qae aqaello era obra de D¡06, y encafgase silencio á los qoe lo {ire- 
soDCÍaron, los favorecidos hicieron de prc^pneroe, y la fietkto b bolsea- 
ba por mas que él huyese por so grande haraildad. De Irlanda pasó 
el Santo á Escocia ; allí recibió ói^en de N. P. & Pedro Kolaico que 
regresase á España, á cual fin, habiéndose despedido del Rey Alejan* 
dro, se embarcó para Normandia, y atravesando la Francia llegó á 
Barcelona en el mes de marzo del año 4240. 

Al ver Nolasco que el zelo de Serapio por la gloría de Dios y bien 
del prójimo no hallaba descanso, dispuso fuese elegido redentor, y que 
acompañado del muy noble Fr. Pedro de Castelló pasase á Murcia á 
hacer redención. Obieoidoel saivooonducto de Bodid, Rey moro de 
Murcia, pasó á aquel reino, y halló en los moros ian mala fe, que se 
vio obligado á presentarse al Rey para reoordarle su palabray fe dada, 
á fin de que la hiciera guardar á sus vasallos, para peder él decioar la 
redeacion, objeto de su viaje. £1 Rey, qiie profesaba afecto á los cris- 
Xiauos, y que por esto era mal visto de los suyos, ofreció á Serapio su 
protección ; á este fin dio sus órdenes para que se cumpliera lo pacta* 
do Aanto eo loa precios >oomo en el námero de cautivos, y fueron re- 
dimidos 98. Parte de estos eraa easlidianos^ á Ids coales dtó sus des-^ 
pachos desdeallf para sus casas,: y Serapio con ios demás y su compa-* 
ñero se vino ¿ fiaroekxia, donde fué recibido por los habstaBtes de es- 
la noble ciudad con aquel gozo y crisjtiáno entusiasmo con que recibía 
siempre á los heroicos hijos de la Merced. 

28. 

Redención en Argel de 87 ca^Uves tn el ano 1240, y martirio del glorioso 

S. Serapio. 

Ll^ó Serapio á Barcelona con sus cautivos rescatados en Baeza al 
mismo tiempo que uíi mercader catalán que con salvoconducto había 
estado en Argel. Este trajo noticias muytristes de aquellos pobres cau- 
tivos, y caitas de algunos en queoon lágrimas pedian á Nolasco les as- 
eara de aquellas cadenas y del gran peligro en que estaban de aposta- 
tar. A tan doloroso reíalo el corazón de Nolasco se entristeció, y mu* 



— 47 - 

elio mas al considerar que estaba eiihaustoelt^aiidát de )a redención 
por el rescale qae acababa de hacerse en Moreia; pero no se desani- 
mó, sime que lleno de caridad y coitSanza exeiuS á sus bijos salieran 
por la ciudad y* por villas y logares, publicando )a exlrema necesi- 
dad de los pobres catiUvos y recogieBdo limosoa^, y 61 partió para 
HonlpeHer, doode estaba el Rey D. Jainie; á solicitar algún socorro, 
advJrtiendo A Sérapio, que luego de reunidas las limosnas, quedaba 
nombrado par» pasar k Argel. Serapio, qtte dctsde fa pasada redención 
deseaba ardientenieAlo padecer y morir por Jesucristo, recibió esta or- 
den con indecible alegría por parecerle iban á cumplirse sus deseos. 

Begresó N. P. S. Pedro Nolasco do Montpeller, y dispuesto todo, 
Serapio se embarcó para Argel , acompañado del noble y piadoso 
Fr. Bereogario de Bañeres. Antes de partir, el glorioso S. Ramón No- 
nat, religioso de nuestra Orden, á quien profesaba Serapio muy estre^ 
cha amistad, le profetizó su feliz y deseado martirio. 

En aquellos días las victorias que los Reyes de Mallorca, Valencia 
y Andalucía hablan reportado sobre los moros, obligaron á muchos de 
estos ¿ refugiarse eo Argel, y alli rabiosos, excitaron el furor y la ven- 
ganza de los argelinos contra los cristianos, y lo lograron. Llegó Sera- 
pio á Argel, y halló en aquella gente no solo su acostumbrada sed de 
oro, sino una marcada crueldad, despreciando y rehusando entrar en 
trato para el resoate ; pero el Santo con pacieticia y buen modo logró 
rescatar 87 cristianos, entre niños, mujeres y hombres gravemente 
tentados, por sus penas y trabajos, de dejar la fe de Jesucristo. Dispo- 
níase Serapio á partir, cuando se le presentaron algunos cautivos, y le 
manifestaron que la esperanza de ser redimidos, les habia hecho aguan- 
tar tantos trabajos y malos tratamientoa ; pero que si les dejaba, les 
era imposible aguantar mas, y que para evitar tantas miserias y tor- 
mentos, se verían á lo menos obligados á pasar por renegados. El San- 
to, lleno de compasión y de zelo por la salvación de las almas, no qui- 
so dejarlos en tan gran peligro de perderse ; asi es que trató y se arre- 
gló eon algunos moros para dar libertad á aquellos infelices, quedán- 
dose él en rehenes. 

Fr. Berengario despidióse de Serapio, y partió con los cautivos pa- 
ra Barcelona, donde desembarcó y refirió lo sucedido en Argel. El Rey 



— 48 — 

y Nolasco se hallaban m Montpeller ; alH voló Berengario, expraién* 
dofes lo ocurrido, y el peligro en que estaba Serapio de ser victima de 
la crueldad de aquellos bárbaros, si no le sacaban pronto de alU. Es- 
cribió Nolasco á su lugarteniente Fr. Guillen de Bas, que avisase á to- 
dos los conventos que recogiesen limosnas, y las enviase luego á Argel. 

Entre tanto Serapio no permanecia ocioso. Exhortaba á los cauti- 
vos á ser sufridos en los trabajos y constantes en la fe. Cuando veía 
que los moros castigaban á los pobres cautivos , acudía á quitárselos 
de las manos, y con todo amor ofrecia su cuerpo á los golpes, para 
que ellos no los padeciesen. En una palabra, socorría, animaba y con- 
solaba á todos, corriendo en alas de caridad por las mazmorras de Ar- 
gel, y con dulzura, gracia y claridad explicaba la ley de Jesucristo ; 
y aun entre los moros, cuando le parecía podía dar algún fruto, hacia 
cotejo de .las máximas puras y santas del Evangelio con las impuras y 
desmoralizadoras del Alcorán. 

Supo tedo esto Selin-Beniniarín, Bey de Argel, hombre bárbaro y 
cruel, y con grande enojo mandó trajeran á Serapio á su presencia. 
Obedecieron los ministros, y maniatado como un facineroso se lo pre- 
sentaron. El Rey al ver á Serapio reprime su ira, y con solapadas pa- 
labras le dice : «que no puede creer que él se haya atrevido á persua- 
dir á los moros que abandonen la ley de su profeta y abracen la doc- 
trina de Cristo ; por lo tanto que diga sí se le acusa falsamente.» El 
Santo con santa libertad y zelo respondió : «que él,* observando el sal- 
voconducto, no predicaba públicamente, y que solo cumplía con su 
obligación, fortaleciendo y animando á los cautivos.]» Aqui se cambia- 
ron algunas palabras el Rey y el Santo, de rabia y despecho el uno y 
de caridad y humildad el otro ; y no podiendo sufrir mas Sdin, dijo 
al Santo : «Calla, perro y loco, pues haré en ti un castigo gemplar,» 
mandando en s^uida lo molieran á palos y lo encerraran en un calabozo. 

Resignado y alegre el Santo de padecer por Jesucristo, sofrió el 
bárbaro y cruel castigo de palos á los pies y al vientre con tanta pacien- 
cia que admiró á los mismos verdugos. Llagado y atado con pesada 
cadena estuvo Serapio en la mazmorra, recibiendo por alimento solo 
mendrugos de pan y un poco de agua. Viendo el Rey la invicta cons- 
tancia de Serapio, que ni el rigor de tantos y tan crueles tormentos co- 



— 49 — 

mo habia padecido, dí las amenazas de los que se le preparaban, po- 
dian rendir ni menos atemorizar el vállenle corazón del soldado de 
Cristo, rabioso y airado resolvió quitarle la vida, á cuyo fin mandó He- 
vario á la plaza, donde viendo Serapio la aspa ó cruz en que habia de 
morir, rindió gracias á Dios, en debido reconocimiento del singular 
beneficio de permitirle sacrificar, á imitación de su santísimo Hijo, su 
vida en la cruz, y exclamó : «O dulce' y precioso leño, perfecta ima- 
gen de aquel en que mi amado Jesús pendió ; por ti espero subir á la 
bienaventuranza.» Dichas estas palabras lo amarraron cruelmente á la 
aspa con cordeles : desgarraron su llagado cuerpo con garfíos y peines 
de hierro : introdujéronle agudas cañas en las uñas ; cortáronle todas 
las coyunturas y articulaciones de pies, manos, brazos, piernas y ro- 
dillas : añadiendo por último el tormento de la rueda ó torno, con el 
cual, á violencia de giros, le sacaron las tripas, que milagrosamente sa- 
lieron enteras, y después cortándole la cabeza, el Santo espiró, volan- 
do su alma pura á su Criador, el dia 44 de noviembre del año 4240. 
Este fué el martirio de nuestro nuevo Macabeo y Caballero de Cristo, 
S. Serapio. 

29. 

Redención malograda , y martirio de los redentores Fr. Raimundo de S. Víctor 

y Fr. Guíllelmo de S. Leonardo en el auo 1242. 



En el año 4 242 deseando N. P. S. Pedro Nolasco hacer una reden- 
ción en Argel, donde sabia habia muchos cautivos, y que se hallaban 
en grave peligro de su fe, nombró por redentores á Fr. Raimundo de 
S. Víctor y á Fr. Guillelmo de S. Leonardo, franceses de nación y va- 
rones de gran virtud. Recibieron el nombramiento con la mayor ale- 
gra, dándose ambos el parabién ; y como Fr. Raimundo habia sido 
compañero y muy amigo de Fr. Diego de Soto, deseaba imitarle en el 
oaartirio. 

Muchos dias estuvieron en Barcelona estos dos redentores, espe- 
rando embarcación que se hiciese á la vela para Argel, y la tardanza 
les afligía, pues temían que los pobres cautivos no abandonaran su fe. 
7 



— 50 — 

'Después de mucho esperar, se embarcaron en una nave sumamente 
cargada de trigo, y al día siguiente de hacerse á la vela, una furiosa 
tempestad les hizo naufragar, embarrancando en una playa ; pero con 
el auxilio del Señor salvaron la vida y el caudal de la redención. Se 
les aconsejó que se dirigieran á otra parte y no á Argel, porque el mar 
estaba infestado de piratas ; mas los fervorosos redentores firmes en 
su propósito de padecer y dar su vida, si fuere necesario, para la liber- 
tad de sus hermanos, se embarcaron otra vez, y engolfados en el mar 
junto con otros barcos mercantes, fueron embestidos por unas galeotas 
y bergantines moros, que los apresaron. Mientras los rapaces maho- 
metanos saqueaban todas las naves , el Patrón del barco en que iban 
los redentores, se dio tan buena maña, que en un momento de descui- 
do, desplegó velas y escapó, y con favorable viento no paró hasta á la 
vista de Cartagena. Como las costas del reino de Murcia y del de Gra- 
nada estaban por los moros, resolvieron hacer rescate en Granada, á 
fin de no exponer otra vez el caudal yendo á Argel , y no volverlo á 
Barcelona sin haberlo empleado al objeto consabido. Desembarcaron 
para pasar á Granada á pedir un salvoconducto al Rey, y rescatar los 
cautivos que por allí hubiera ; pero en Lorca fueron cogidos, robados 
y maniatados. Cabalmente en aquellos días los cristianos babian hosti- 
gado á los moros rebeldes, y los de Lorca y Cartagena, que eran los 
mas ricos y poderosos de aquel reino, se unieron y juraron no rendir- 
se, ni darse á partido al Rey de Castilla ni á ningún otro Rey cristia- 
no, y hacer todo el mal y daño posible á los cristianos; declarando 
traidor al que cogiera alguno y no le pasase á cuchillo, sin admitir 
ningún contrato ni rescate. 

Presos los redentores los apalearon y azotaron, y desnudos los ata- 
ron á dos árboles, para asaetearlos ó tirar al blanco con la ballesta, 
después de repartirse el dinero que les habian quitado. Contentos J^a 
redentores, daban gracias *á Dios por tener ocasión de padecer por su 
santísimo Nombre; pero sentían vivamente la pérdida del caudal de la 
redención, sin haber podido romper las cadenas á ningún pobre cauti- 
vo. Entre tanto los Capitanes moros de Lorca y Cartagena al repartir 
el dinero riñeron, y de las palabras vinieron á las manos ; pues como 
los moros de Lorca eran mas en número, se apropiaron pías despojo» 



— 51 - 

y los de Cartagena indignados se levantaron y retiraron con ónimo de 
dar parte á los otros de la ciudad de lo ocurrido. Los de Lorca/dueños 
de todo, temiendo algún conflicto entre las dos ciudades, no se alre- 
víeroQ en aquel momento á dar muerte á los dos Religiosos cautivos, 
ni á repartirse el dinero ; sino que los encerraron en una oscura maz- 
morra, donde fueron tratados con la mayor barbaridad, y convenidos 
después en la partición del dinero, determinaron que el Alfaqui de la 
mezquita mayor fuese á la mazmorra y notificara á los dos cautivos, 
que ya que ellos eran maestros de la Ley de Cristo, como lo indicaba 
su hábito, no se les quitaría la vida si renegaban de su ley, y -siguie- 
sen la de Hahocba ; de lo contrario serian empalados vivos. Fué 
con el AUaqui un moro valiente capitán de Lorca, y propuesta por el 
Alfaqai su embajada, los dos soldados de Jesucristo respondieron 
juntos con valor y zelo en defensa de su fe ; y luego adhiriéndose 
Fr. Guillelmo á lo que Fr. Raimundo respondiera, tomó este la pala- 
bra y dijo : «Que estaban tan lejos los dos de hacer lo que se les pro- 
ponía, que quisieran tener mil vidas para darlas en defensa del Nom- 
bre de Jesús y de su santísima Ley.» Y luego encendido del zelo de la 
honra de Dios empezó á predicarles fervorosamente, diciendo grandes 
alabanzas de Jesús y advirtiéndoles y desengañándoles de su falsa sec- 
ta, de los errores de su Alcorán, y que el miserable Maboma estaba 
ardiendo en el infierno. Al oir esto el Capitán moro se indignó tanto, que 
olvidándose de la orden que tenia de hacerlos empalar, enfurecido se 
echó sobre ellos dándoles palos y puntapiés, y tirando del alfanje cortó 
sos cabezas. Tal fué el martirio de estos dos hijos de Ü Merced, valero- 
sos soldados de Jesucristo, cuyo Nombre santisimo estuvo siempre en 
sos labios, hasta que exhalaron el último aliento. 

Este glorioso martirio se supo luego por toda España, y en particu- 
lar por Cataluña, donde estos dos Religiosos eran muy conocidos ; y 
cuando Loroa estuvo en poder de los cristianos, se practicaron dili- 
gencias para encontrar sus cuerpos ó reliquias ; pero en vano, pues se 
averiguó que los moros los habían quemado y echado las cenizas al 
viento. 



— 82 — 



30. 



Redención en Argel de 180 cautivos en el año 1243, quedándose en rehenes 

N. P. S. Pedro Nolasco. 



Ardiendo siempre el fuego de la caridad en el corazón de Nuestro 
Padre San Pedro Nolasco, en el año 4243 determinó hacer personal- 
mente una redención en Andalucía ; pero antes de emprenderla, re- 
cibió la noticia del cautiverio del Obispo de Valencia. 

Fué el caso, que hablase convocado para aquel año Concilio Pro- 
vincial en Tarragona, al que acudia el limo Sr. Ferrer de San Martin, 
obispo de Valencia, y al pasar el Coll de Balaguer, los moros alli em- 
boscados le cautivaron. Sintió mucho esta desgracia el Rey D. Jaime, 
porque le amaba en extremo por su virtud y demás prendas ; asi es 
que ordenó á Nolasco pasase á Argel á redimir, y que el primero de 
los rescatados fuese el Obispo, para lo que dio una buena limosna. 

Embarcóse Nolasco con Fr. Pedro de Ameno por compañero, y en 
Argel rescató 480 cautivos ; pero al realizar el pago, el dinero no al- 
canzó de mucho, y tuvo que quedarse en rehenes, enviando á España 
á Fr. Pedro con los cautivos. Mucho se alegró el Rey con la venida del 
santo Prelado de Valencia ; pero esta alegría duró poco, pues molido y 
fatigado de lo mucho que habia padecido en su anciana edad, murió á 
los pocos dias, sin tener tiempo de reunir la limosna que para el des- 
empeño del SantA había ofrecido. El rescate, pues, para Nolasco tardó, 
y los avarientos moros sospecharon que habian sido engañados por los 
cristianos, y empezaron á maltratarle. 

En aquellos dias volvía de Roma D.' Teresa de Biduarte con sa 
hermano y criados. Esta señora esperaba casarse con el Rey D. Jai- 
me, según palabra que dicen él le habia dado ; pero desengañada por 
haberse casado con una de Hungría, pasó á Roma, y al regreso cayó 
en manos de moros, que la llevaron á Argel. Al desembarcar la cono- 
ció N. P. S. Pedro Nolasco, y compadecido de los trabajos de aquella 
noble señora, que pensando ser reina habia parado á esclava, la acon- 
sejó que no se diera á conocer, para no hacer mas diricil su rescate ; y 



— 53 — 

asi lo hizo. Fué Nolasco á encontrar al Arráez ó Patrón del barco, y 
trató el rescate de aquella señora y familia, que arregló como quiso, 
por tener el moro sed de dinero, y encontrándolo, hizo luego la paga. 
Quiso la mala suerte que un criado traidor descubriera la calidad y 
nobleza de la señora, diciendo que era la dama del Rey de Aragón, 
con quien debia casarse, y que el redentor la conocía mucho. Jamás 
ha habido león que se haya puesto tan furioso como este Patrón con- 
tra Nolasco ; lo busca, y al encontrarte,Ho insulta de palabra y de obra 
tirándole de la barba, y el Santo lo sufre sin abrir la boca. La pacien- 
cia de Nolasco lo enfurece mas y mas, lo echa en tierra y lo pisotea. 
Acode alK la gente, el Patrón refiere el caso, y todos sin piedad conde- 
nan á Nolasco ; pero temerosos los amos ó dueños del empeño de la 
redención de perder el dinero con la muerte de Nolasco, intervinieron 
y representaron su derecho, para apaciguar el enojo del bárbaro Pa- 
trón, le permitieron azotar á nuestro Padre á su voluntad, como hizo 
Pilatos con Jesucristo. Condujéronle, pues, á un corral, lo desnudaron 
y azotaron sin piedad, dejándolo lleno de heridas, que los Patrones le 
curaron con la ordinaria medicina de sal y vinagre, lo que sufrió el 
Santo con admirable paciencia y santa alegría, pues que asi padecia al- 
go por Jesucristo. Después, declarando Nolasco la verdad, las lágri- 
mas de aquella señora, tantas veces afligida, le obh'garon á escribir á 
España para solicitar su rescate; pero como á algunos principales no 
les gustaba su venida, y sus deudos habiah consumido su hacienda en 
an litigio, ni aun por cumplimiento respondieron. Pero conociendo 
D.^ Teresa, dotada de talento, su triste posición, se valió de la codicia 
de dos judíos, que engañados con la noticia de aquella señora debia 
casarse con el Rey, se imaginaron hacerse ricos procurándole la liber- 
tad. Comunicaron su proyecto á dos moros, y convinieron en aprestar 
un barco, y saliendo de noche, llevarla á España con su hermano, lo 
que ejecutaron con éxito feliz. 

Al instante que se supo la huida ó fuga de aquella señora, como si 
faera cosa averiguada que habia sido por disposición y consejo de 
N. P. S. Pedro Nolasco, todos le echaron la culpa. El moro, dueño de 
)a fugitiva, le hirió con crueldad, y le llevó delante del Rey acusándo- 
le de este delito. El Santo se disculpó , mas no le valió ; le condenaron 



— 54- 

á azotes á voluDtad del moro, y que luego foeée encerrado en una maz- 
morra hasla lanío que restiluyese los cautivos fugitivos, ó pagase su 
precio. En el palio del palacio del Rey ejecutaron la semencia, azotán- 
dole bárbaramente, y luego, bañado en sangre, le encerraron, dándole 
solo un poco de mal pan y agua, basta que llegó Fr. Pedro de Amerio 
con el dinero del empeño del Sanio, y cartas que á D/ Teresa dirigían 
sus deudos, dándole algunas esperanzas. EníOQces descubriéronse los 
autores de la fuga, la inocencia del Sanio, y quedó burlado y desespe- 
rado el moro que cautivó á D.* Teresa. 

Embarcóse N. P. S. Pedro Nolasco con su compañero, contento y 
alegre por lo que habia padecido por Jesucristo ; pero con el óorazoo 
oprimido por los infelices cautivos que dejaba entre aquellos bárbaros, 
expuestos á los malos tratamientos y á perder su alma. Al sallar en 
tierra en España, no tuvo reposo, buscando por todas partes limosnas 
para los pobres cautivos. Apenas hubo reunido una regular limosna, 
se embarcó otra vez con el mismo compañero Fr. Pedro Amerio, 
y Dios por sus inescrutables designios permitió que cayera en roanos 
de corsarios, que lo llevaron al África robáudole el caudal de los cau* 
livos, cosa que sintió mucho el Santo. 

Los moros lo trataron muy mal, porque la rabia no les babia aun 
pasado, y Nolasco viendo su caudal y viaje perdidos, instó á los moros 
le permitieran volver á España á recoger nuevas limosnas, pactando 
que su compañero quedaría en prenda basta volver ó mandar el dine- 
ro. Los moros burlándose le respondieron, que si queria le darían un 
barco sin remos ni vela. Nolasco confiado en Dios, aceptó la oferta con 
admiración de aquellos bárbaros, y fuese ó porque nada les importa- 
ba que se ahogara el fraile, ó porque curiosos deseaban ver lo que ha- 
ría, le dejaron entrar en él. Santiguóse Nolasco, invocando el poder de 
Dios y la protección de su Sma. Madre ; cogió con una y otra mano 
las puntas de la capa, y tendiendo sus brazos en cruz, hizo vela de 
ella, sirviendodemaslil su cuerpo, y soplando un favorable viento, en 
breve le perdieron de vista y en pocas horas abordó á la playa de Va- 
lencia. 

Pasmado» quedaron los moros al ver aquel prodigio. La nave ha«- 
bia desaparecido como por encanto, y esto les admiró de tal manera. 



— 55 — 

que formaron un gran conceplo del Santo, y trataron con humanidad 
á Fr. Pedro Amerio todo el tiempo que estuvo en rehenes, que no fué 
mucho. Corrió la voz de este portento por España, y toda la gente ha- 
blaba de esta maravilla. El Rey D. Jaime, que estaba delante de Játi- 
va, quedó pasmado y Heno de gozo su corazón, reputándose por dic^ho- 
so en tener por amigo y consejero un varón de tanta virtud. 

Este milagro consta en las primeras informaciones que se hicieron 
en el año 4260 para la canonización del Santo, en cuyo documento el 
mismo Fr. Pedro Amorío puso su firma, á mas de haberlo dejado es- 
crito de propio puño en otro Instrumento. 



31. 

Redencioo en Túnez de 209 cautivos en el año 1247, y martirio 

del P. Fr. Pedro de S. Dionisio. 

Solicita siempre nuestra Orden para romper las cadenas de los po- 
bres cautivos, sabiendo que en Túnez los habia, determinó hacer alli 
una redención. A este fin, en el Capitulo General celebrado en Tarra- 
gona año 1247, se nombró por redentores á Fr. Pedro* de S. Dionisio, 
sacerdote francés, y á Fr. Bernardo de Pradas, noble laico catalán. 
Obtenida la licencia y el salvoconducto, se embarcaron en unas naves 
de mercaderes gcnoveses y pisanos, y sin tropiezo llegaron á Túnez, 
en África. Hlzose el rescate, y el dinero llegó para dar libertad á 209 
cautivos ; pero no llegó hasta donde llegaba el deseo de los redentores, 
que era el de redimirlos á todos; y al ver que quedaba un gran núme- 
ro, y con mucha necesidad de ser rescatados, se entristeció su cora- 
na, y discurrieron medios para rescatarlos. Viendo Fr. Pedro el pe- 
ligro en que estaban muchos cautivos de dejar la fe de Jesucristo, lle- 
no de caridad y zelo pidió licencia para hablar al Rey, y obtenida, le 
dijo : «O Rey, ya te constará que nuestra Orden tiene por objeto el 
grande acto de caridad de redimir y sacar los cautivos cristianos de 
vuestro poder : para esto recogemos limosnas, y cuando estas no bas- 
tan, nos corre la obligación de quedarnos en prenda ó rehenes, para 
dar libertad á los cautivos en peligro de dejar la fe. Nosotros, como tú 



— 56 — 

sabes, nos llevamos libres 209 cautivos ; pero quedan aun muchos, y 
desearíamos rescatarlos ; especialmente diez mujeres y veinte mucha- 
chos, por los cuales no hay dinero para pagar á sus dueños : si es de 
tu gusto hacernos el favor de darles la libertad y que vayan con los 
demás, yo quedaré en empeño y resguardo del precio que se concer- 
tare, hasta que manden el dinero dé España. Aunque en semejantes 
ocasiones no se da mas fianza que la propia persona, yo quiero líacer 
aun otra cosa ; á mas de quedarme en rehenes doy por mi fiador á 
Guiilelmo Caors, francés de Narbona, que tiene aqui casa y negocio 
como tú sabes, y para mi no quiero salvaguardia, tanto si se me trata 
bien como mal.» Dicho esto, dio al Rey una lista con los nombres de 
los cautivos que pedia y los de sus dueños y señores, y el Rey, ó me- 
jor Virrey, llamado Mahomel-Alicur, que era un renegado, respon- 
dió que mandaria llamar á los dueños de los cautivos, y con su bene- 
plácito se baria lo que se le pedia. Pasáronse muchos dias sin respuesta 
alguna, y viendo los graves inconvenientes que habia en dilatar el em- 
barque de los redimidos, los redentores acordaron, que el uno de los 
dos so embarcase con los cautivos para España, y el otro quedase en 
casa de Guiilelmo Gaors para esperar la resolución del Rey ; pues di- 
cho Caors se interesaba, y pagaba al contado, si el Rey diera favorable 
respuesta, lo que costase el rescate de los veinte muchachos y las diez 
mujeres, buscando luego embarcación segura para ellos y para el re- 
dentor que quedase, y que para el reembolso del dinero esperaría 
hasta que la Orden se lo enviase. Convinieron todos en ello ; pero la 
dificultad fué quien de los dos se quedaría. Al ver el comerciante fran- 
cés los deseos de uno y otro de quedarse, propuso que echaran suer- 
tes ; pero Fr. Pedro que tanto deseaba padecer por Jesucristo, y que 
tan abrasado estaba en su amor y en el de aquellas pobrecitas almasi 
que él veía en tanto peligro de perderse, dijo : «que de ninguna ma- 
nera se echasen suertes ; pues él se daba por dichoso de haberle tocado 
ir á redimir y también por muy dichoso de quedarse.» Su compañero 
Fr. Rernardo ni pudo ni supo replicar, sino que se embarcó con los 
209 cautivos redimidos, y Fr. Pedro se quedó en Túnez en casa del co- 
merciante francés. 

Luego que el santo varón se vio solo en aquella cjudad poblada de 



— 67- 

ínfieies, siendo ya muy penitente, redobló las penitencias, multiplicó 
las horas de oración, y dia y noche estaba pidiendo al Señor con lá- 
grimas, que diese luz á aquella genle ciega y miserable, y se compa^ 
deciese de aquellos niños baaiizados y bañados con su sanlistma san- 
gre, y de aquellas mujereís cristianas, que encentadas en el vicio, vi- 
vían como bestias sin freno, pues unos y otras estaban en gran peligro 
de dejar la fe. Y se ofreció á Dios» dicíéndole : «Señor, si para salvar- 
los es necesario que yo padezca y sufra tormentos, y muera no una, 
sino mudias veces, aqui uie tenéis.» Asi pasaba gran parte de la no- 
che ; y de dia visitaba y consolaba á los pobres cautivos con buenas y 
edifieanles palabras. 

De este modo esperaba el Santo lá respuesta del Rey, que jamás 
llegaba ; pero supo que la dilación era porque aquellas malas«mujeres 
habían persuadido á los muchachos que abandonasen lá fe. Sintió esto 
en gi:an manera el Padre, y deseando remediarlo, sé fué á lias maz- 
morras donde solían juntarse los mas de lo^ cautivos ; alli celebró mi- 
sa, como otras vec^ lo había hecho con permiso del Rey, é hizo un 
sermón á los cautivos con tanto fervor y tantas lágrimas, que los po- 
bres niños cautivos decían públicamente, que no querian dejar la fe, 
prefiriendo antes morir. Esto lo supo el Rey, y lo sintió ; y se indignó 
contra el varón de Dios, porque muchos Alfaquies y Morabutos le ins- 
taron le castigara severamente, porque predicaba por 1» calles la fe 
de Jesucristo ; que traía sublevada la ciudad, y profería muchas blas- 
femias contra su Profeta Mahoma. Enojado á Rey, mandó le prendieran 
donde fuese encontrado, le dieran de palos, y le pusieran en el tor- 
mento de los cordeles que osan los moros. Tal como ei Rey mandó, se 
ejeeotóiyel valeroso Mártir lo sofrió con la mayor mansedumbre, ale- 
grándose de pádeoer por Jesucristo, para dar ejemplo y valor á aque- 
llos niñoe, á fin de que desistiendo el engaño no dejasen la Ib. Viendo 
so oooatanoía los que le atormentaban, dieron parle al Rey, y este 
maadó que lo azotarán por las calles de la ciudad, y que sacándole 
íoera, lo decapitaran. Al saber el esforzado Mártir que había de per- 
der la vida por Jesucristo, lleno su corazón de gozo y con el mas ar- 
diente y santo entusiasmo exclamó con el santo Simeón : «Ahora si, 
Señor, partiré en paz, poes sin merecerlo, se cumplen mis deseos, y 
8 



-58- 

Yos roe cumplis la palabra que tantas veces me habéis dado, de que ten- 
go de dar la vida por vuestro santísimo Nombre. Bendito seáis, Señor, 
que sin yo merecerlo, tanto me honráis. Gracias por mi os den los án- 
geles y os alabeo los cielos. Tened piedad, Padre clementísimo, de es- 
tos inocentes corderitos que quedan entre lobos carniceros, libradlos 
de sus garras, y conservadlos en el santo propósito de conservar vues- 
tra fe.» Coo estas y otras palabras llenas de amor de Dios, desahogaba 
su inflamado corazón el Mártir, mientras que los crueles verdugos le 
azotaban por las calles de Túnez basta fuera la qiudad, donde después 
de haberlo insultado y atormentado á su gusto, le cortaron la, cabeza. 
Digno de notarse es lo que sucedió. El moro que debia decapitarle, 
erró el golpe, nada cortó y soltó la cabeza. Entonces el invicto Mártir 
volvió á entregar su cuello al verdugo, y de un golpe de alfanje le cor- 
tó la cabeza. Los piadosos cautivos deseaban recetor el cuerpo y de- 
más reliquias del Mártir para enviarlas á España; pero entendiendo 
algo de esto los moros, lo quemaron todo, imponiendo graves penas al 
que llegase á tocar las cenizas. Asi refieren su oiartirío nuestros cronis« 
tas Remon y Vargas. 

38. 

BedenciOD en Granada de 204 caaiivos en el año lfi8. 

Para conquistar Sevilla, la puso cerco el glorioso Rey S. Fernan- 
do, y fué á ayudarle el Rey D. Jaime I de Aragón, llevándose consigo 
¿ N. P. S. Pedro Nolasco. En aquel largo y penoso cerco, á Nolasco le 
{)areció que nada hacia, si el premio de su trabajo no redundaba en 
4>rovecho de Jos pobres cautivos ; asi es que por so iñdqstria durante 
Jos diez y ocho meses de cerco, se sacaron de Sevilla y otros castillos 
-del reino mas de 3,000 cautivos, ayudándole los Reyes católicos, por- 
que de ellos formaban valientes soldados que peleaban oontra los mo- 
ros sus opresores, prefíríendo morir. antes que volver al giiserable es- 
tado de que habían salido. 

Rendida Sevilla, como lo había profetizado Nolasca, d Rey D. Fer- 
<nando agradecido le señaló sitio y rentas para levantar un convento. 



— o9 — 

cerca de sa palacio. Arreglada la fandacíoo, Nolasco juntó gruesas li- 
mosoas, y pasó á Granada donde fué muy bien recibido por Aben-IIa- 
lámar, vasallo del Rey D. Fernando, y con su protección rescató 204 
cautivos en el año 4248, y regresó á Barcelona. 

33. 

< 

Fr. Femando Pérez y Fr. Luis Blancb, redentores, antes de llegar al África, 
recibieron la palma del martirio en el año 1251. 

Nuestra Orden, movida siempre á compasión de los pobres cauti- 
vos, en el afio 1251 , á pesar de estar el mar infestado de corsarios mo- 
ros y piratas, intentó una redención en las costasde África, quedió por 
resultado la pérdida del caudal y la palma del martirio á los dos re- 
dentores Fr. Fernando Pérez y Fr. Luis Blanch , cuya vida y gloriosa 
muerte en pocas lineas paso á referir. 

FttéFr. Fernando Pérez de Castilla la Vieja ; eh su niñez estudió, pero 
luego trocó ios libros por la espada, y siguióla milicia corriendo diversas 
partes del mundo. Quiso Dios queen Italia encontrara á un soldadoca talan 
llamado Luis ^lanch, natural de un lugarcito (cuyo nombre se ignora) 
de la falda del Pirineo. Luis era de muy buenos modales, y en sus pia- 
dosas inclinaciones resplandecian sus virtudes. Estaba cansado de la 
guerra y de sus correrías por España, Francia é Italia ; asi es que de- 
seaba reposo y quietud para el resto de su vida, á fio de entregarse á 
Dios y al importante negocio de so santificación. Acertó á comunicar 
estos sos pensamientos con Fernando Pérez, que cabalmente tenia el 
mismo modo de pensar. Después de haberlo ambos encomendado á 
Dios fervorosamente, resolvieron entrar en religión, escogiendo la Or- 
den de la Merced, á cual fin desde Italia se fueron á Barcelona por tier- 
ra ; luego que hubieron llegado, con humildad y perseverancia pidieron 
nuestro santo hábito, haciéndose después apreciar por su afabilidad, 
obediencia, paciencia y vida ejemplar, tanto, que en el Capitulo Gene- 
ral que se celebró á principios del año 4 251 , se les nombró redentores, 
Fr. Femando por Castilla y Fr Luis por Cataluña, pues en este mismo 
Capitulo, envista de que habia ya conventos de nuestra Orden en Cas- 



— 60 — 

tilla y Andalncia, se determinó, qae ei> las redenciones que en adelan- 
te se hiciemn, fuesen nombrados dos redentores para cada una, el uno 
castellano ó andaluz, y el otro calalan, francés, valenciano ó aragonés. 

Este nombramiento les causó grande alegria, porque los dos habían 
continuado amándose cordialmente. Se prepararon para la redención, 
y recibido el dinero se embarcaron en una nave de mercaderes geno- 
veses. A causa de los muchos peligros que habia en el mar, por la mul- 
titud de corsarios inQeles que lo recorrían, tuvieron que engolfarse y 
navegar mucho sin provecho, pues no podiendo tomar tierra en las 
costas de África, les fué preciso dar vuelta hacia España ; perorantes 
de llegar á puerto, encontraron unos bajeles de moros que andaban en 
corso, que los abordaron, y ¿ pesar de que ios g^noveses se defendie- 
ron con vplor y denuedo, animándoles los dos redentores, el uno oon 
un Cruci6jo y el otro Qon una cruz, se vieron obligados á rendirse. He- 
cha la presa, los primeros á quienes echaron mano aquellos corsarios, 
fueron los redentores, apoderándose al instante del dinero y de cuanto 
llevaban, y les propusieron ó renegar de la fe de Jesucristo ó perder 
la vida, o Los santos religiosos respondieron «que estaban prontos á su- 
frir la muerte en defensa del Nombre de Jesús y de su santo Evange- 
lio.» Aquellos bárbaros al oir esta respuesta, les escupieron, les tiraron 
las barbas, les dieron muchos palos y azotes ; y enojados y ofendidos 
de su constancia, después de mil insultos y tormentos, les ataron un 
gran pesó al cuello, y los echaron al fondo del mar. 

Tal fué el fin y martirio de estos gloriosos hijos de la Merced, que 
juntos entraron en la Orden, juntos empezaron en ella á servir á Dios y 
á su Sma. Madre, y juntos acabaron en un mismo dia y hora sus vi- 
das, para reinar junios en el cielo. 

31. 

RedencioD en Granada de 128 cautivos en el año 1251. 

Muy respetado por sos virtudes fué el venerable Fr. Bernardo de 
S. Román, caballero laico y noble francés, á quien se nombró redentor, 
y en el año 1251 pasó á Granada y redimió 128 cautivos. No tenemos 
mas pormenores. 



— 6* — 



35. 



Redención en Tonez de Xt9 cantívos en el aOo 12S8, donde el redentor 
Fr. Teobaldo de Narbona fué quemado vivo. 

El primero de loe dos redentores á quienes se encargó esta reden- 
ción, faé un caballero francés, ilustre por su sangre y virtudes, llama- 
do Teobaldo, natural de Narbona. Su gallardo aspecto, finos modales, 
amena y prudente conversación y otras prendas personales, le gran- 
jearon amigos y enemigos: estos últimos una noche le armaron querella 
para quitarle la vida, aunque no lo consiguieron porque se defendió 
con valor, y para su tranquilidad se ausentó de su patria. La Italia ar- 
día en guerra entre güelfos y gibelrnos, y Teobaldo resolvió pasar allá 
para lomar parte en ella ; mas antes de embarcarse en Barcelona, qui- 
so visitar la Virgen de Montserrat. Allí en aquel célebre santuario Dios 
le mudó el corazón de suerte, que olvidando todas las ideas de guer- 
ra y de mundo, trató de hacer guerra ¿ su cuerpo, que en tantos pe- 
ligros le había puesto de hacerle perder el alma. Pasó de Montserrat & 
Barcelona, y prendado de nuestro Instituto, pidió el hábito, que le fué^ 
concedido por tenerse noticia de su persona, linaje y bellas cualidades» 

Admitido entre los hijos de la Merced, se conoció luego que había 
venido á tratar muy de veras el negocio de su salvación; pues fué una 
de los Religiosos caballeros de aquel tiempo mas observantes y morti- 
ficados, refiriéndose de él cosas notables. Esto hizo que en el año \ 293,. 
que contaba ocho años de hábito, le nombraran redentor dándole por 
compañero á Fr. Fernando de Portalegre. Embarcáronse en Barcelona^ 
y navegando hacia Berbería, entraron en Túnez, para donde llevaban 
salvoconducto. Alli viéroose luego rodeados de cautivos que solicitaban 
so libertad, y de moros que deseaban vender sus esclavos. Goncloye- 
roD el rescate de \ 29 cautivos el día 4 6 de octubre de 4 253 ; pero no 
pudieron embarcarse lu^o á causa de las borrascas y mar embrave- 
cido que batia aquellas costas. 

Guando se empezó el rescate, dos moros de los mas poderosos de 
Túnez, pidieron á los redentores les compraran unos cautivos que te- 



— Ga- 
ñían. Gomo traian bastante dinero, Fr. Teobaldo ofreció rescatarlos ; 
pero habiendo hallado muchos niños, mujeres, sacerdotes, Religiosos 
y caballeros para redimir, y todos á gran precio, gastaron el dinero 
recogido, lo que les privó de cumplir lo que babian prometido á aque- 
llos dos moros, ^tos lo tomaron como un agravio y ofensa, y deter- 
minaron vengarse de Fr. Teobaldo, teniendo tiempo para urdir la tra- 
ma por haberse retardado el embarque. Persuadieron á una mora mo- 
za, parienta de los dos, que fuese á quejarse ante el Rey de Túnez, di- 
ciendo que aquel cristiano que era tan hermoso ó bien parecido, le 
habia hablado, y con palabra de casamiento la dejaba engañada y bur- 
lada, alegando por testigos á los dos mismos moros, y que le mandase 
castigar. Dio la mujer su queja, los testigos la afirmaron, y el Rey dio 
auto de prisión contra Fr. Teobaldo. 

Cumplida la orden y presentado ante el Rey, se le comunicaron los 
cargos formulados contra él. El siervo de Dios podia vindicar su ino- 
cencia y reclamar contra la calumnia ; pero se contentó con levantar 
los ojos áDios, y encomendándole su causa resignóse al sacrificio. Vien- 
do el Rey moro que nada contestaba, y qué solo suspiraba y miraba al 
cielo, túvole por culpable, y mandó que se casase con la mora y deja- 
se la fe de Jesucristo, de lo contrario que le quemasen vivo. Quedó el 
Santo muy alegre de esta sentencia, porque deseaba morir por su Dios. 
Guando Fr. Fernando supo lo que pasaba, hizo que se informase al 
Rey, probó con muchos testigos la inocencia de Fr. Teobaldo, quien ni 
siquiera habia hablado jamás con tal mujer; manifesló la malicia de 
los acusadores y el motivo de su venganea, que era por no haber podi- 
do rescatarles sus cautivos. Nada bastó para calmar al Rey, sino que 
instigado por los mentirosos acusadores, mandó que se ejecutase la 
sentencia ordenada contra Fr. Teobaldo y que Fr. Fernando saliese 
luego de Túnez con sus rescatados, bajo pena de la vida. 

No sabia que hacerse Fr. Fernando ; por una parte deseaba morir 
al lado de su compañero, y por otra temia no se perdiera la redención ; 
pero aquellos bárbaros le maltrataron, y sin darle tiempo ni para ir á 
despedirse de Fr. Teobaldo en la mazmorra, á palos le obligaron 
á embarcarse, dirigiéndose á España llorando y pidiendo á Dios hiciese 
lo que mas conviniese para su gloria y servicio. 



— 63 — 

Qaedó Fr. Teobaldo en prisión cargado de gf ¡líos y cadenas por al- 
gunos dias, en los que fué tentada su Constancia ; y viendo el Rey que 
eran vanas todas sos diligencias, mandó lo sacasen de allí y quemasen 
vivo. Fuera de la ciudad previnieron el palenque, que fué un madero 
fijado en tierra, y mucha leña á su alrededor. Salió el varón de Dios 
de la prisión cargado de cadenas entre una» chusma de gente. En la 
carrera el Santo meditaba el viaje que hizo Cristo al monte Calvario, 
y asi alentaba su espiritu para dar su vida por él. Llegó al lugar del 
suplicio entre baldones, mofas y escarnios ; atáronle al madero, y die- 
ron fuego á la leña. -que arrimaron á su santo cuerpo ; pero obró Dios 
una grande maravilla para confusión de aquellos bárbaros, que fué 
apartarse la llama del santo cuerpo, y refrigerarse el ambiente con un 
viento fresco, á manera de lo que sucedió á los tres niños de Babilonia. 
La saña que los falsos y fementidos testigos babian concebido contra el 
santo redentor, los tuvo tan ciegos que 'no advirtieron esta maravilla, 
sino que rabiosos al ver no se quemaba, le arrojaron muchas piedras, 
lo cubrieron de leña atizando el fuego, hasta tanto que el Señor fué 
servido llamar su alma para coronarla con la inestimable diadema de 
mártir. Este doble martirio de piedras y fuego sucedió en el mes de oc- 
tubre del año 4253, muriendo apedreado como un Esteban y asado 
comp on Lorenzo. 

36. 

Embarcados para redimir en Argel Fr. Fernando de Portalegre y Fr. Eleaterio 
Plata, padecieron martirio en el mar, en el año 1157. 

» 

Otro de los Mártires ¡lustres que, como piedras preciosas brillan en 
la hermosa corona con que la real y militar Orden de la Merced se ve 
adornada, es el mártir de Jesucristo Fr. Fernando de Portalegre. 

Fué Fernando de linaje y casa portuguesa, bien que por haberse 
criado en Castilla (ya en Toledo, ya en Valladolid) siempre le tuvieron 
'todos por castellano. En sos mas tiernos años ya se vio en él cierta in- 
clinación á la virtud y á la mortificación. Creció en edad, y con ella en 
deseos de servir á Dios. Era especial devoto del santísimo Nombre de 



— C6 — 

orrocer la vida. ¡Triste de ti, que habiendo conocido á este buen Pas- 
tor, y sido de su rebaño, te has convertido en lobo carnicero contra 
las ovejas de su santa grey ! No ignoras la falsedad de tu secta, ni que 
después de esta vidd has de ser juzgado en el tribunal de Dios., y en- 
tonces pagarás con pena eterna tus delitos , si no los enmiendas oon la 
penitencia.» Entre tanto, Fr. Fennando, cubierto de saetas, entregó su 
alma pi)ra al Criador. El implo renegado enfurecióse contra Fr Bleu- 
terio, y dándole golpes en la boca mandó le cortaran la cabeza, la que 
ofreció gastoso, entregando so^ espirita á Dios. Los cuerpos de estos dos 
ilustres Mártires fueron sepultados en el mar ; pero su memoria perse* 
verará. 

37. 

Redención en Granada de 180 cautivos en el aQo 1%57, y quédase en reiienes 
el V. Fr. Guillen de Bas, Maestro general de la Orden. 

En el año 42S7 el Rmo. P. Fr. Guillen de Bas, Miro. General de la 
Orden, desde Barcelona determinó pasar á Sevilla, para visitar y dar 
disposiciones para el convento que el santo Rey Fernando, que con- 
quistó aquella ciudad, hacia edificar. Mucho ganó aquella nueva fun- 
dación con la presencia de N. Rmo« Mtro. General, ya por el impulso 
que tomaron Fas obras, ya porque dio él hábito á varios hijos dé.per- 
«onlBis nobles é ilustres de aquella provincia. Mientras estovo en Sevi- 
lla juntó suficiente dihéro para una redención, y determinó hacerla en 
-persona en el reino de Granada , cosa que edificó, y áirvíó Ae grande 
ejemplo no solo á toda la Orden, sinaá los caballeros seglares de An- 
daluéia, viendo que su Mtro. General exponía so persona á los peligros 
que suelen pasar los redentores en semejantes ocasiones, poes aquellos 
bárbaros á nadie respetan ni cumplen ninguna proaiesa. 

Nuestro Rnio.' Fr. Guilten de Bas.digíó por compañero al P. Pedro 
Quesada, nato ral de Castilla, religioso de mucho mérilo y virtud, qine 
entró en la Orden por caballero laico y después se ordenó de sacerdo- 
te. Partieron los dos para Granada, y rescataron alli 480 cautivos. El 
^ey de Granada tenia entonces preso un caballero de mucha cooside- 



— 67 — 

ración que cautivó en la correria qae años antes había hecho en la villa 
de Lebríja. Estaba este caballero muy resentido desús parientes, perlas 
pocas diligencias que habían practicado para rescatarle, y al ver allí 
á N. Rnu>. Mtro. General, le comunicó sus penas, desconsuelo y senti- 
miento. Era Fr. Guillen de natural muy compasivo, y se dolió en 
gran manera dé b triste y aflictiva situación de aquel caballero cris- 
tiano, y aumentó su pena, al ver la imposibilidad en que se hallaba de 
poderle sacar del cautiverio, porque, como era conocida su calidad, 
nobleza y valor, era excesivo el precio que pedían por su rescate, de 
suerte que poco mas habían costado los 480 cautivos rescatados : por 
otra parte sabia que el Rey de Granada ponía mucho empeño en qae 
pasase al África, para que sirviera á Miramolin de Marruecos, ofre- 
ciéndole grandes ventajas ; y aunque el corazón de este caballefo y su 
valor y constancia no desdecían de la nobleza de su calificadísima Sün« 
gre, y que primero sufriera mil muertes antes de hacer cosa contraria 
á la fe de cristiano ; con todo, como eran tantas las persuasiones de 
parte del Rey,. nuestro Mtro. General Fr. Guillen se determinó á dar 
so libertad y vida por la de un cautivo de tanta importancia, y ofreció 
al caballero no salir d^ Granada sin dejarle rescatado, y después de li- 
bre lo enviaría á Castilla. 

A este fin un día que halló ocasia» oportuna, habló al Bey de Gra- 
nada Alhamar, y le pidió la libertad de aquel cautivo ; pero el Rey le 
contestó, que estimaba á dicha persona en mil. doblas dte plata ; á lo 
que respondió Fr. Guillen que aunque al presente no las tenia, si el 
Rey le daba palabra de entregarle el cautivo, él le daría una joya que 
siempre había reservado para si, y valia mucho mas que las mil do- 
blas ; joya de tanto precio, que para él no habla bastante dinero en el 
mundo para comprarla, y que no se la daba por la libertad del cauti- 
vo, sino ^n prenda y empeño de que dentro dos meses, y aun antes, le 
serian satisfechas las mil doblas de plata, que equivalían á 2000 reales 
castellanos, cantidad exhorbitante en aquel tiempo. 

Embarazado se halló el Rey con esta proposición ; y como se pre- 
ciaba mocho de la nobleza de su sangre africana, le replicó que estaba 
prontoá dar libertad al cautivo, con tal quelediera la joya de tanto va- 
lor en prenda. Entonces el Mtro. General Fr. Guillen le dijo con san- 



— es- 
to y fervoroso zelo : «La joya es mi libertad y mi propia vida ; esta 
quiero yo que quede en empeño del rescate y libertad del caballero : 
no exajero el precio de esta joya, pues tpdoel oro que ha dado y pue- 
de dar ia tierra, no es bastante para comprar la libertad y la Tida de 
un hombre, por miserable que sea. Yo soy, aunque sin merecerlo^ ca* 
beza de toda mi Orden, y quiero quedarme en prenda y rehenes del 
rescate, el cual vendrá dentro, dos meses.» >Atópite y sorpremlido el 
Rey, reflexionó un rato, y se expresó asi : oPor coaniohay en el mun* 
do, mi palobra no vuelve atrás : venga el cautivo, ysi él desea dejar 
Granada, y volver á Castilla, es libre y podrá irse con los otros, que- 
dando U. prenda que se me orréoe en enoip^o.por la;ca>itidad «eñala-* 
da.» Ll^^aroo al cautivo, y declarada su vp! untad de» li^se, fué en- 
tregado á Fr. Pedro Qoesada,, para qtse con los demás lo llevase á la 
corte del Rey D. Alonso X. 

Mucho se afligió Fr. Pedro cuando vio que su compañero, su pre- 
lado, SU: Alaetstro General «se quedaba en rehenes; se ofreció quedarse 
por él, daba otras garantías suficientes por medio de algunos mercadea 
res judíos, y de moros que tenian correspondencia. en Valencia y Ara- 
gón ; mas todo fué inútil, porqué el Rey nada quiao admitir ni cam- 
biar, sino estar á lo concertado. Fr. Pedro partió con los cautivoe'y el 
Miro. General se quedó en rehenes, con grande alegría y paciencia, su- 
friéndolo todo por aquel Señor á quien amaba y deseaba imitar, gp- 
zoso de que siendo él cabeza de la Orden, se cumpliera en él lo que 
había prometido al entrar en ella. 

Al principio de haber quedado Pr. Guillen en rehenes, nada de 
particular le sucedió ; pero á los pocos días algunos malos Consejeros 
del Rey, que no podian disimular su encono por haber dado libertad á 
aquel caballero cristiano, hablaron al Rey diciendo; o Que estaban 
ciertos que ep Marruecos, Fez y en toda la costa de Berberia tomar ian 
á mal que hubiese dado libertad á aquel cábaKefo; que Mirámolio se 
indignaría contra él, viendo que había faltado á la l^alabra jdada de en- 
viarle á Marruecos y ponerlo á su servicio ; y que dejándde ir libre á 
Castilla, daba á entender que estimaba mas la amistad del Bey cristia- 
no que la de Miramolin.)) 

El Rey era hombre de mucho valor y áninu), y de grande entereza 



— 69 — 

y constancia en lo que ana vez resolvía ; no obstante, al oír esto se en- 
trísteciá y manifestó pesar de haber dado libertad á aquel caballero. 
Tavo, pues, consejo con los que acababan de hacerle este cargo, y co« 
Diosas corazones estaban llenos de rabia coiltrael Nombre santisimo 
de JesHcrislo, descargaron su ira y enojo contra la prenda que había 
qoedado en rehenes, que era nuestro Mtro. General. Viendo estos per* 
fidos iDoros y malos consejeros qoe sus palabras habían abierto brecha 
en el corazón del Rey, continuaron so obra de ioiquidad dicíéndole : 
íQue lo meior seria escribirá Miramolin, noticiándole ; que habiendo 
venido á Granada el Utro. General de la Orden de la Merced á hacer 
una redención de 480 cautivos, le había pedido verá aquel caballero, 
y pareciéndole podía 6arse de una persona constituida en dignidad de 
Genera] de su Orden, le habia permitido verle y comunicarse, y va-« 
liéndose de ello Fr. Guillen , ie habia dado medloa para evadirse, y 
que i)or esta felonía lo habia encerrado en una mazmorra, castigando-^ 
le severamente, estando resuelto á quitarle la vida, para escarmienta 
de otros. A estas instigaciones replicó el Rey que no podía maltratar al 
Maestro General, sin ser mal visto, por haber qaedado bajo ¿u real pa-> 
labra. Mas ellos Ip respondieron ; que era cosa muy fácil de colorar, 
porque procurarían que dos Alfaquies discutiesen con Fr. Guillen 
sobre la verdad del cristianismo y sobre la verdad del Alcorán, y que 
de cualquiera palabra que dijera contra Mahoma, tomarían ocasión 
para darle de palos y encerrarle en una mazmorra. Consintió el Rey 
en esto, y ellos se dieron tan buena maña que pronto trabaron conver- 
sación con Fr. Guillen sobre si Cristo era Hijo de Dios ó no, y cual 
era mayor profeta, Cristo ó Mahoma. Fr. Guillen respondió como 
cristiano y como Religioso, confesando y defendiendo la verdad católi- 
ca de que Cristo era Hijo de Dios vivo, y que Mahoma era un ciego y 
miserable hombre á quien el demonio habia escogido por instrumento^ 
para llevar en pos de si á tantos infelices al infierno. Aunque el buen 
religioso se expresó con suma sencillez y santa intención , fué bastan- 
te para asirle, darle palos y puñadas, encerrarle en una hedionda 
mazmorra, cargarle de hierros y no darle de comer sino pan de ceba- 
da, y esto de tiempo en tiempo. 

Todo lo sufrió Fr. Guillen con gran paciencia y conformidad; 



- 70 — 

pero como no sabia de donde venia esta maraña y enredo, escribió al 
Rey quejándose del mal tratamiento y agravios que recibia de sus mi- 
nistros y vasallos sin haberles dado motivo. El Rey respondió excusán- 
dose de que lo ignoraba y pondría remedio. Viendo Fr. Guillen que 
no experimentaba alivio y no se le sacaba de la mazmorra, procuró in- 
dagar la causa, y supo toda la farsa de los ministros del Rey. En vista 
de esto, tomó la resolución de escribir secretamente, por roano de 
quien podia fiarse, al Rey D. Alonso de Castilla y al Rey D. Jaime de 
Aragón, participándoles que se babia quedado para obteni^r la libertad 
de aquel caballero cautivo; que estaba pronto á dar la vida .en defen- 
sa de la ley de Jesucristo y por la libertad del menor de los cautivos ; 
pero que habiendo sabido el enredo de los ministros del Rey, le había 
parecido debía dar cuenta á los Reyes católicos. 

Apenas se' recibieron las cartas (había ya un mes que Fr. Guillen 
estaba cautivo), los Reyes enviaron lu^o dos caballeros á Granada en 
compañía del mismo Fr. Pedro de Quesada, llevando las mil doblas y 
el salvoconducto para su embajada. Presentados estos al Rey Mahomad- 
Alhamar, le afearon su comportamiento con Fr. Guillen, pagaron el 
rescate y le obligaron á darle libertad, diciendo ; «que siendo él tri- 
butario (como era) del Rey de Castilla D. Alonso, y habiendo pactado 
en las capitulaciones, que cuando trajeran ccistianos cautivos de Áfri- 
ca ó otras partes, habla de permitir rescatarlos en Granada, sin moles- 
tar ni inquietar á los cautivos ni á los redentores, lo que había hecho 
con nuestro Miro. General era obrar contra dichas capitulaciones, y 
asi que le amenazaba de parte de su Rey y señor con un rompimiento 
y nueva guerra, si no daba satisfacción correspondiente al agravio infe- 
rido áFr. Quillen. Asustóse y afligióse el Rey de Granada, porque 
suya era la culpa : asi, después de haber dado libertad al Miro. GoDe- 
ral, y de haberle dado mil satisfacciones y escusas, envió muchos re- 
galos al Rey de Castilla D. Alonso. 

Libre el Mtro. General, pasó á la corte de Castilla á dar gracias al 
Rey, siendo recibido con mucho honor y respeto, y después de haber 
visitado algunos conventos, regresó á Barcelona. 



>-71 — 



38. 

Redeocion enHarcia de S13 caaliTOs en el afio 1S61. 

Cuna fecunda de varones ilustres en santidad ha sido nuestro 
convento de Barcelona. Entre ellos ocupa un lugar distinguido el glo- 
rioso S. Pedro Armengol, ya por'su conversión prodigiosa» ya por su 
vocación admirable, ya por su gran santidad, ya por su maravilloso 
martirio. 

Fué S. Pedro Armengol de la nobilísima casa y familia de loe con- 
des de Urgel, y nació en el pueblecito llamado Guardia de los Prados, 
diócesis de Tarragona. Pusieron sus padres mucho cuidado en su edu- 
cación y según su rango, á fin de que hiciera honor á so nobilisima es- 
tirpe emparentada con los condes de Barcelona y Reyes de Aragón. 
Desde su tierna edad se aplicó al estudio, siendo muy devoto de la 
Virgen Sma. y frecuentando los Sacramentos ; pero tuvo la desgracia 
de perder á su cariñosa madre, y estando su padre ocupado eael ser- 
vicio ó corte del Rey, no pudo recibir aquellos buenos y necesarios 
avisos propios.de padres piadosos, ricos y nobles como eran los^uyos. 
Por otra parte parece que Pedro Armengol era de carácter brioso y al- 
go soberbio, y al verse ya mozo, robusto y gallardo bo hubo quien pu- 
diese detener los Ímpetus de su juventud, y acompañándose con jóve- 
nes díscolos lo acabiiron de perder. Las buenas amonestaciones y re- 
prensiones de SQ afligido y desconsolado padre, Pedro las despreció, y 
sofocando en su corazón Jos sentimientos de piedad, honradez y noble- 
za, se hizo intratable por su orgullo y descaro, no solo con sus parien- 
tes, sino hasta con sus compañeros, creándose asi enemigos con sus 
dispulas, pendencias y fomentando bandos, formando él uno de la gen- 
te mas perdida y cometiendo tales excesos, que perseguidos por la jus- 
ticia, se vieron obligados á dejar el pais y huirse á despoblado, donde 
Pedro se constituyó capitán de una cuadrilla de foragidos, los cuales se 
entregaron al pillaje, robo y asesinato. i 

Arnaldo sintió <;n el alma no solo la pérdida de su hijo Pedro, sino 



— 72 — 

el negro borrón que ponía á su familia. Cabalmente ofrecióse al Rey 
D. Jaime pasar á Montpeller para verse con el Rey de Francia, y sa- 
biendo que aquel camino y niontes Pirineos estaban infestados de sal- 
teadores que robaban y atrepellaban á cuantos podían, dio comisión á 
Arnaldo, como capitán de valor y experiencia | para que con algunos 
caballos limpiase el camino y le franquease el paso sin riesgo alguno. 
¡ Cuan incomprensibles son los juicios de Dios ! Arnaldo partió oon al- 
guna caballeria y también infantería, deseoso de batirse y barrar la 
afrenta que le causaba su hijo. Conocedor del terreno, coloo6su gente» 
y descubiertos los bandoleros se trabó la lucha, hiriendo y matando; 
pero viendo Arnaldo que un grupo de ellos hacia una tenaz resisten«- 
cia, pensó que alli estaría á capitán, apeóse, y empo&aado láes^ada 
acometió denodadaroentey y quiso la suerte que se batiesen cuerpo á 
cuerpo padre ¿ hijo ; cruzáronse sus espadas y se pararon losados, pbés 
se Cinocieron ; entonce sos brazos se enervaron v sus corazones latían 
<le fpsÉo y el furor de ambos se convirtió en compasión. Avergonzado 
Pedro, poélróse á los pies de su padre, y brotando las lágrimas de seis 
ojos, le entregó su espada y su corazón, para qoe lo castigara como 
merecía, 

Arnaldo no sabia que hacerse; pero ¿qué puede hacer un padre oon 
un hijo que llora, y arrepentido se postra k sos pies ? Llevóselo consi- 
go en clase de prisionero, para experimentar si era verdadero su arre^ 
penlimiento, cotnó lo foó, dando pruebas evidentes de su conversión. 
Este feliz é inesperado soceso causó grande alegría en Cataluña, dando 
el parabién á Arnaldo por la recuperación de so hijo que tenia píenÜ- 
<io. Pedro, Heno de confusión y vergüenza, se retiró meditando sofe 
niDcbos y enormes pecados, y haciéndole guerra e) demonio para que 
desesperara. Dios, que bafoia determinado hacer de on gran pecador 
un gran santo, le inspiró fuese al convento de la Merced en Barcelonaf, 
y pidiese an confesor docto y santo para que h guíase en lo que debiá 
hacer para salvarse. Desahogó su conciencia, deseando satísflsiCer ¿Bios 
por sus pecados, sirviéndole toda su vida ; pidió el hábito en el roi»- 
roo convento de la Merced, y alli lo vistió, después que los Religiosos 
estuvieron convencidos de su conversión verdadera y buena vbcacioñ. 

Vestido Pedro del btaneo sayal de la Merced en el año 4258 fué un 



— 73 — 

dechado de virludes, ya por su huraüdad, obediencia y paciencia, ya 
por la morlificacion de sus senlidos, rigurosas penitencias y continua 
oración, pasando los días y las noches llorando sus pecados y pidiendo 
á Dios perdón de ellos. Viendo los superiores el fervor, zelo y buenas 
disposiciones de Fr. ^edro, no lardaron en emplearle en la redención 
úe cautivos. A cuatro redenciones fué destinado, en las dos primeras 
comocompaDerQ del redentor, en las otras dos como redentor príncrpal. 
U» Reyes de Graaada y Murcia faKaado á la^ treguas pactadas 
con D. Alonso de Castilla,'en ocasión que este estaba muy ocupado, 
cauiWaron algunos cristianos, personas de cuenta, y temieiulo no fue* 
rao enviados al África, donde la redención era ya mas dirjcil, nuestra 
Orden acudió con diligencia y buena limosna para arrancarles de las 
manos de aquellos bárbaros ínfleles. Fué elegido Pedro Armengol por 
compañero del redentor principal, que lo fué Fr. Guillen de Bas (el 2.°] 
caballero laico, y tos dos pasaron á Uurcia en e| año 1261 . Reinaba 
alli el Rey moro Hudiel, azote crud de los cristianos, y los redentores 
no pudieron contar con la protección de este tirano ; al contrario, mo- 
lestados por todas partes, con harto trabaja hicieron su redención de 
243 cautivos, que alegres y agradecidos restituyeron á sus Eamilias. 

39. 
Redenaoo eo Granada de 199 cautivos en el a8o 1261 . 

En el mes de junio del año 1 260 pasó á mejor vida nuestro Maes- 
tro Geoeral Fr. Guillen de Bas, y entró á gpbernar Fr. Bernardo de 
S. Román, caballero laico. Constituido cabeza de toda la Orden, quiso 
en persona hacer redención ; tocpó por compañero á Fr. Jaime de San 
Lorenzo, y pasaron á Granada, donde rescataron 499 cautivos. El 
Mtro. General bi290 marchar é Fr. Jaime con los cautivos, y él se que- 
dó para Consolar á los demás y alentarles á la constancia en la fe cató- 
lica. Bisóse esta redención eo el ^ño 4^61 , y nuestras historias no nos 
dicen cuanto tiempo e8tuv(^ Fr. Bernardo en Granada ; pero me figuro 
qoe no seria mucho, porque siendo cabeza de la Orden, hacia falta en 
otras partes. 
10 



— 74- 
40. 

Redención en Granada'Üe 50 caatiyos en el aüo 1162. 

Hijo del Ínclito Rey D. Jaime I de Aragón, nuestro fundador, y de 
D/ Violante hija del Rey de Hungría, fué D. Sancho de Aragón y el me- 
nor de sus hermanos. Apenas llegó á los años de discreción, que se le 
vio mesurado en sus acciones, prudente en sus palabras y muy cir- 
cunspecto en todo. Inclinándose con docilidad á lo bueno, creciendo en 
edad y no dejando sus devociones, ni declinando de sus buenas cos- 
tumbres, el Rey, su padre, conoció que D. Sancho no seria para el si- 
glo, y le dio el arcedianato de Relchite, dignidad en la santa Iglesia de 
Zaragoza, y su hermana la Reina de Castilla le presentó la abadia de 
Valladolid. Era muy devoto de la Reina de los cielos, María santísima ; 
en Ella hallaba puerto y descanso su corazón, y á Ella se encomendó 
y consultó para la elección de estado. Conociendo era voluntad de Dios 
fuese hijo de Maria en la religión de la Merced, pidió con toda humil- 
dad nuestro santo hábito á San Pedro Nolasco que se hallaba de paso 
en Zaragoza. Nuestro Padre lo entretuvo algún tiempo, tanto para pro- 
bar su vocación, como para participarlo al Rey. Su señor padre tardó 
en contestar, y la dilación aumentaba los buenos deseos de D. Sancho, 
que instaba para ser admitido ; y sabedor de esto el Rey, escribió que 
si era vocación de Dios, no tenia inconveniente en entregarlo por hijo de 
la Sma. Virgen. 

Vistió D. Sancho nuestro hábito en el año 1253, y en el nuevo esta- 
do fué muy humilde, obediente, silencioso, abstinente, piadoso y dado 
á la oración, teniendo por director y maestro al santo Fr. Pedro Pas- 
qual, quien le enseñó la teología y todo género de virtudes, pues aun- 
que D. Sancho, por el temor y respeto á la dignidad sacerdotal, vistió 
el hábito dé caballero laico, quisieron que se dedicaseal estudio, como 
lo hizo con mucho aprovechamiento y contento del Rey su padre. Con- 
cluidos sus estudios, la Orden periDitió que pasara á Sevilla, donde 
se hallaba su señora hermana D.^ Violante, casada con D. Alonso 
el Sabio, Rey de Castilla, que mucho tiempo hacia deseaba verle. 



— 75 — 

El santo varón en su viaje no interrumpió sus ejercicios, antes 
bien logró hacer una redención que le fué de gran consuelo. Sabiendo 
Fr. Sancho lo mucho que padecian los pobres cautivos en Granada,* so- 
licitó coo vivas ansias ir allá para sacarlos de la esclavitud ; pero su 
hermana le disuadía de que hiciera en persona la redención . Mas vien- 
do dicha señora que nada podian sus ruegos con su hermano, tanto 
ella como su marido el Rey D. Alonso le dieron buenas limosnas, y con 
ellas partió D. Sancho el año 1262, y en Granada rescató del poder de 
los moros 50 cautivos, con los cuales se marchó contento y gozoso por 
haber cnnBfrfido en parte su saato Instituto. Bien que en esta redención 
no se le ofreció mucho que padecer, porque los moros, sabiendo que 
era cuñado del Rey de Castilla, lo trataron con respeto. D. Sancho lle- 
no de zelo y caridad estaba dispuesto á arrostrar todo género de tra- 
bajos, y hasta dar la vida por Jesucristo, si se le ofrecia ocasión, cosa 
que él deseaba. 

Eo este tiempo (1263) murió el arzobispo de Toledo D. Domingo 
Pasqoal, y para ocupar esta silla vacante fué elegido Fr. Sancho, y por 
su poca edad no fué luego consagrado, sino que se le dio por coad- 
jutor ó gobernador á su maestro el Sto. Fr. Pedro Pasqual. En el año 
1268 Fr. Sancho fué ordenado de sacerdote y consagrado, y después, 
al marcharse su cuñado el Rey de Castilla D. Alonso á Alemania para 
coronarse emperador, le dejó encomendado el gobierno de su reino. La 
ausencia del Rey pareció á propósito á los moros de Andalucía para 
invadir aquel estado, y juntando mochas tropas entraron hostilizando 
á los cristianos. D. Sancho reunió la gente que pudo para oponerse, y 
sin descuidarse de acudir con súplicas y lágrimas á la Reina de los cie- 
los implorando su protección, salió y dio con el enemigo juntó á Har- 
tos, villa del obispado de Jaén. Fué muy sangrienta la batalla, y como 
los infieles eran excesivamente en mayor número, cargaron á los cris- 
tianos, y estos volvieron las espaldas dejando sob al arzobispo de Tole- 
do que les exhortaba á pelear por la fe de Jesucristo. Hecho prisionero 
el santo Arzobispo, los moros lo trataron sin miramiento, desprecian- 
do su dignidad y blasfemando de la fe católica. No pudo sufrir D. San- 
cho la injuria que se hacia á Jesucristo, y hablóen defensa de su santo 
Nombre. Irritóse uno de los moros principales, Alcaide de Málaga, sacó 



-76- 

el yagatan y le alravesó el horabro, le corló la cabera y ia mano dere- 
cha. La gloriosa muerte de este ¡lustre hijo de la Merced acaeció en el 
día i\ de octubre de 1275, y aunque murió en la batalla, merece el 
glorioso titulo de mártir, pues murió por la fe de Jesucristo detestando 
los errores de Mahoma. 

41. 

Redención en Granada de 20t cautivos en el a&ó 1262. 

No hay duda aiguna, pues asi \o afirman nuestras hienas ó ana-^ 
tes, que en el año 4262 S. Pedro Armengol hizo redención en Grana- 
da con el Mtro. General Fr. Bernardo de San Román, bien que no sa^ 
bemos si dicho Htro. General salió de Barcelona con su compañero 
Fr. Pedro Armengol, ó si continuaba aun en Granada dicho Mtro. Ge^ 
neral, donde lo dejamos en la última redención. Fr. Pedro salió de 
Barcelona cfan el dinero, y poniéndolo en manos del Miro. General, hi- 
cieron los dos una numerosa redención de 202 cautivos. Esta fué la 
segunda vez que S. Pedro Armengol redimió cautivos. 

42. 

Redención en Granada de 108 cautivos en e! aSo 1M3. 

Tantos eran los pobres cautivos que en Granada llorab6n la pér- 
dida de su libertad, que el año AÍ6S nuestra Ordenase vio obli- 
gada á hacer alli la redención, á pesar de haber hecho dos copiosas 
en los dos años anteriores. Nombrado redentor Fr. Isidoro Velaz- 
quez) noble castellano, se le dio por compañero ét Fr, Gtrillén de Alta- 
villa, de nación francés ; y obtenida la licencia del Rey D* Jaime, que 
estaba en Zaragoza, se pusieron en comino con Fr. Pedro ibañez, 
maestro de la Orden militar de Calatrava; A) pasar «por Castilla reci- 
bieron grandes dones y limosnas del Rey D. Alfonso (e! Sabio) yerno 
del Rey D. Jaime ; y dirigiéndose á Andalucia, dieron libertad en el 
ixjino de Granada á 208 cautivos que llevaron á Castilla, por ser los 
mas de aquella parto. 



— 77- 
43. 

Redención en Argel de 526 cautivos en el ailo IMi por S. Pedro Armeogol 

y catorce eompafiecos. 

Satisfechos los Saperiores de la Orden del boen oompartamiento, 
zelo, prudencia y sagacidad «con que S. Pedro Armengol procedió en- 
tre los infieles en las dos redenciones á que le habían destinado , pen** 
saron en entiarlo á las costas de África donde había muchos caut¡vos> 
y por lo mismo gran necesidad de rescate. El^ido por redentor prin« 
cipal , á sus fervorosas exhortaciones se debe que la Orden le enviase 
á Arg^I con otros catorce Religiosos , animados todos de los mas ardien-^ 
tes deseos no solo de rescatar cautivos con dinero y con sus personas^ 
sino de convertir inGeles con la predicación. Embarcáronse los reden- 
tores Hercedarios con Fr. Pedro al frente en el año 4264 y tomaroa 
tierra en Argel. Alli todos quince se emplearon en obras de caridad con 
los cautivos , consolándoles , instruyéndoles, administrándoles los san- 
tos Sacramentos^ curando sus ocíales y enfermedades y fortaleciéndoles 
en la fe de Jesucristo. 

Los cautivos eran muchos: movidos á compasión los redentores por 
el fatal estado en que los veían , quisieron rescatar hasta el número de 
346 ; mas como faltaba bastante dinero para tantos , S. Pedro Armen- 
gol exhortó á sos compañeros á quedarse en rehenes , y todos con la 
mayor caridad y buena voluntad accedieron gustosos á lo que les 
proponía en cumplimiento de su cuaiio voto. Eligieron uno para acom- 
pañar á los redimidos á Barcelona , y al mismo tiempo para que alle- 
gara dinero á fin de salisiacer la deuda , quitar el empeño y rescatar 
mas cautivos. El tiempo que este Religioso gastó en su viaje de ida y 
vadla , los demás redentores que quedaron en rehenes lo emplearon 
cootinuando sus obras de caridad con los pobres cautivos, y en predi- 
car á los infieles , en cuanto la prudencia ó las circunstancias lo per- 
mítiao, y, Dios hizo que la divina palabra fructificase, pues muchos 
moros se convirtieron á la fe católica , dejando los errores del Maho- 
naetanísmo. S. Pedro Armengol convirtió al mismo Rey de Argel , Ha- 
mack» Almohacen-Mahomct , quien bautizado en España^ vistió nuestro 



— 78 — 

santo hábito con el nombre de Fr. Pedro de Santa Maria , profesó á 
su tiempo y finalmenle hizo una muerte edi6cante. 

El redentor que acompañó ios cautivos á Barcelona, al llegar á 
esta ciudad refirió lo sucedido , y dándose todos los Religiosos gran 
diligencia en recoger limosnas , no tardó mucho en reembarcarse, y al 
llegar á Ajrgd desempeñó á los catorce Religiosos, y de lo sobrante res- 
cataron otros 480 cautivos. Concluido el trato S. Pedro Armengol se 
embarcó con sus catorce compañeros , y juntos con los cautivos llega^ 
ron á Barcelona. El recibimiento que los habitantes de esta ciudad les 
hicieron, no es para describirse, pues veían que estos quince Mártires 
de la caridad f Fr. Pedro al frente } habían arrancado de la esclavitud 
á 526 cautivos, dando su libertad para restituirlos á sus familias, y 
dispuestos á sacrificar su vida en las mazmorras de Argel entre tor- 
mentos , para darla á sus hermanos. 

ii. 

Redención en Bagia de 163 cautivos en el aSo 1166, y martirio del glorioso 

S. Pedro Armengol. 

Poco mas de un año 4rascurr¡ó después que S. Pedro Armengol 
hubo regresado de su larga, penosa y fructuosa redención de Argel, 
cuando nuestra Orden deseando hacer otra redención en las costas de 
África , le nombró nuevamente redentor. Partió el Santo muy alegre 
para Bugia en el año 4266 , acompañado de Fr. Guillelmo Florentino, 
porque preveía que se le ofrecerían nuevas ocasiones de padecer por 
Jesucristo. Llegados alli , visitó luego y se informó de los cautivos , é 
hizo su redención rompiendo las cadenas de la esclavitud á 4 4 9 cris- 
tianos. Había empleado ya todo el dinero cuando supo que algunos 
niños y jóvenes cautivos, que no habían podido entrar en aquel res- 
cate , daban muestras de desesperación , y que estaban en peligro de 
dejar la fe que habían profesado en el Bautismo. Esta noticia le atra- 
vesó el alma , averiguó luego cuales y cuantos eran los que mas peligro 
corrían, y redimió á 48, empeñándose por mil ducados, dando su 
persona en garantía , y quedándose en rehenes hasta la llegada del 



-79- 

d(aeró. La^o embarcóse el virtuoso y noble Fr. Guillelmo con to- 
dos los rescatados , y habiendo desembarcado en Barcelona , nuestros 
Religiosos se dieron prisa en recoger limosnas, para reembarcarse 
Fr. Gaillelmo á fin de camplir lo pactado con los moros de Bugia. 

No estavo ocioso Fr. Pedro mientras permaneció en poder de los 
infieles, pues desplegando las alas de su fervorosa caridad visitaba á 
los cautivos , les consolaba y fortalecía en la fe ; á los moros los apa- 
ciguaba , les inculcaba la compasión hacia sos semejantes , y en se- 
creto catequizó á algunos. Llegó el dia pactado para la entrega de los 
mil ducados, y Fr. Guillelmo, sea por no haber podido embarcarse tan 
pronto como con venia , sea por contratiempo en la navegación , no lle- 
gó con el dinero. El Santo con buenas palabras entretuvo los moros al- 
gunos dias ; pero aquellos bárbaros , viendo que el rescate no compa- 
recía , desconfiaron y se creyeron borlados, empezando desde luego á 
maltratarle de palabra y de obra , y dándole de palos lo encerraron 
en una oscura mazmorra cargado de grillos , sin darle alimento por 
machos dias ; de suerte que si Dios no hubiese proveído ó cuidado 
de él, hubiera muerto de hambre, como él mismo contó después. No 
fué solo por la falta de los mil ducados que trataron tan bárbaramente 
al Santo , sino porque predicaba con zelo la fe de Jesucristo ; asi es 
qoe rabiosos los moros por el interés ó dinero, y por el fanatismo con- 
tra Ja fe de Jesucristo, le sacaron de la mazmorra, y con nuevas afren- 
tas y crueldades lo condenaron á muerte de horca. Pronunciada la 
seotencia , le ahorcaron públicamente , pregonando que le hacían mo- 
rír como un malhechor por haberles engañado faltando á su palabra; 
paes si le habían fiado los cautivos, era por quedarse él en rehenes por 
mil ducados , y no habiendo llegado este dinero, dejaba á todos bur- 
lados y defraudados ; y que igualmente le condenaban porque adver- 
tido y requerido de que no enseñase la ley de loscrístianos á los moros, 
había desobedecido el mandato. Ejecutada la sentencia , los moros, 
creyéndole ya muerto , lo dejaron colgado , echando un pregón que 
nadie le tocara : asi es que los cautivos , que lloraban amargamente la 
pérdida del que les hacia de padre , no se atrevieron ni acercarse al 
logar del suplicio. 

Pasados algunos días del glorioso martirio de S. Pedro Armengol, 



— 80 — 

llegó. Fr. Guillermo Florentino con los mil ducados para el desempeño, 
y al punto que desembarcó , supieron los moros que traía los mil du- 
cados ; entonces se arrepintieron de la crueldad usada con Arméngol, 
no por compasión sino por avaricia , pues vetan que por su precipita- 
ción y fanatismo habían perdido aquella prenda , por la cual debían 
recibir el dinero. No les pesaba la muerte qae habian dado ¿ Armen- 
gol ; pesábales , si , la pérdida del dinero. Procuraron ocultar la muer- 
te del Santo, pero no lo lograron, porque los pobrescaativos informaron 
á Fr. Guillermo de todo lo sucedido. Mucho sintió este la muerte del 
Santo ArmengoI, pues lo amaba entrañablemente, y luego pidió le lle- 
vasen al lugar del suplicio, siguiéndole algunos moros por curiosidad, 
quedando todos maravillados al ver que el cuerpo ni manifestaba des- 
composición ni mal olor , y mucho mas cuando oyeron que el Santo 
hablaba á Fr. Guillermo, que lloroso y suspenso le miraba, a No llo- 
res ( le dijo) carísimo hermano , estoy vivo ; pues la Virgen santísima 
me ha sostenido con sus propias manos en estos dias , mostrándome su 
4*ostro apacible.» Entonces Fr. Guillermo le quitó el dogal en presencia 
de los moros que , pasmados , no podian creer lo que estaban viendo, 
y lo atribuian no á milagro sino á superchería. Pero querían aplicar á 
su provecho los efectos del milagro , pues ai verle vivo reclamaban los 
mil ducados prometidos ; mas como no los merecían de justicia , se 
convino que se gastasen en nuevos rescates , .y asi se hizo , arrancando 
de la esclavitud á 26 cautivos , con los cuales se hicieron á la vela 
para Barcelona. Todo el tiempo que el Santo sobrevivió , conservó el 
cuello torcido y el rostro pálido. 

No se puede saber á punto fijo el tiempo que S. Pedro Armeogol 
vivió después del martirio; porque en esto discuerdan las historias. 
£1 P. José Arroniz de nuestra Orden , que dio á luz la vida del Santo, 
dice que vivió dos años en Barcelona y ocho en el Convento de la 
Guardia de los Prados su pais natal , y lo mismo dicen otros ; pero 
todos convienen que de Barcelona, deseando mas retiro y soledad, se 
trasladó á la Guardia de los Prados, donde pasó el resto de su vida en 
continua oración, rigorosos ayunos y otras penitencias , hasta el dia 
que predijo moríría, que fué el 27 de abríl.Sedivulgó luego la noticia 
de su muerte, y corrieron los habitantes de los pueblos vecinos á ver 
su cuerpo antes do darle sepultura. 



— 81 — 



i5 



Redención en Marruecos en el aüo U68, quedándose el P. Fr. Luis Gallo en 

rehenes y recibiendo la palma del martirio. 

En el año 4268 pasó á Marruecos el redentor Fr. Luis Gallo, vas- 
cveoce, y alli hizo su redención. Si bien ignoramos el número de cau- 
tivos que arrancó de la esclavitud , se sabe por nuestras historias , que 
faltándole el dinero por todos los que habid escogido, se quedó en re* 
henes dando su libertad por ellos. Estuvo algún tiempo entre aquellos 
bárbaros padeciendo inmensos trabajos y toda clase de insultos , por- 
que lleno de zelo por la fe de Jesucristo , salia en defensa de su santa 
religión , y los moros no pudiendo acobardarle , después de hacerle pa- 
decer grandes tormentos , lo quemaron vivo , recibiendo de esta ma- 
nera la gloriosa corona del martirio en el mismo año 4268. 



46. 

Redención en Argel, donde el redentor Fr. Guillelmo de Sagiano fué quemado 

vivo en elafiol874. 

Entre los muchos esclarecidos varones que ilustraron nuestra Or- 
den con sus virtudes y letras en el primer siglo de su fundación , en- 
coeairo al ilustre mártir Fr. Guillelmo de Sagiano, italiano de nación. 
Sos padres, obligados por las discordias civiles ó partidos de Italia, 
emigraron á Francia , en donde murieron al cabo de pocos años. Los 
liermanoB'de Guilldiño se indinaron unos á las armas y otros á los 
estudios ó letras; pero Guillelmo siempre recogido y devoto inclinóse 
á entrar en religión , para mas recogimiento. Después de comunicarlo 
con personas de espirito , y de pedirlo mucho á Dios , determinó vestir 
nuestro sanio hábito , y aunque en Tolosa habia convento de nuestra 
Orden, se foé á Valencia , para estar mas apartado de sus parientes y 
mas unido con Dios. En Valencia , pues , vistió nuestro hábito , dando 
desde luego evidentes pruebas de su vocación por su desprendimiento, 
44 



— 82 — 

morliñcacion , bumildad , obediencia , y por sus fervorosos deseos de 
padecer por Jesucristo. Firme siempre y constante en sus buenos pro- 
pósitos , dirigía todas sus oraciones y súplicas á Dios, agradeciéndole 
el haberle llamado á una Orden, cuyo fin principal era romper las ca- 
denas de sus hermanos cautivos, perdiendo por ellos la libertad, si era 
necesario , y que él recibí ria á gran favor poder morir en defensa del 
Smo. Nombre de Jesucristo y por la libertad desús hermanos cautivos. 

Parece que Dios oyó sus súplicas ; pues en el año 4270 , habién- 
dose reunido en Francia una buena porción de limosnas , fué nombra- 
do redentor para el rescate proyectado en Argel. Como él se había 
criado en Francia , aunque nació en Italia , era reputado francés. Par- 
tió para Marsella , y reunidas las limosnas, se embarcó para Argel. 
Luego que llegó á esta ciudad , visitó los cautivos cristianos , y halló 
entre ellos tantos pecados y abominaciones, que movido á compasión, 
y temiendo la pérdida de aquellas almas encenegadas en el vicio , pro-, 
curó primero redimir á los que conoció estaban en mayor peligro de-de- 
jar la fe. Muchos disgustos y contradicciones sufrió Fr. Guillelmo en 
este rescate; porque varios dueños ó amos sedientos de oro, le presen- 
taron sus esclavos ; pero no podía rescatarlos , porque el dinero no 
bastaba para todos, y él deseaba rescatar á los que creía en mas peligro, 
y los que él pedia, no se los daban. Irritados los dueños de los cau- 
tivos de no poder vender los que ellos querían , y de que el redentor, 
á sus barbas, predicaba á aquellos infelices, que estaban encenegados 
en los vicios , amenazándoles con las penas del infierno , fué tal el 
enojo y rabia que concibieron contra el varón de Dios , qoe concerta- 
ron quitarle la vida , valiéndose del siguiente pretexto. 

En aquel entonces andaba muy válida la voz entre los argelinos, 
qup la Francia intentaba dar un golpe de maíio en Jes costas de 
África ; asi es que todo francés era para ellos sospechoso ó espia. Bas- 
tó , pues , para los moros saber que Fr. Guillelmo era francés v y que 
venia de Francia, para presentarse al Yirey y asegurarle que aquel Re- 
ligioso era un espia. El Virey dio asenso á esta mentira, y sin averigua- 
ción alguna , creyendo prestar un gran servícioásu .falso Proieta y á 
todo^ los Reyes moros de África , estudió el modo de darle un suplicio 
atroz y espantoso , que causase terror & todas las naciones. 



— 83 — 

Mandó , pues^ prenderle y quitarle el dinero de la redención, sin 
querer oir defensa alguna ; y luego darle de palos y azoles , á lo bár- 
baro. El átnto varón replicó que él no era espia , y que les aseguraba 
con toda verdad que su objeto solo era redimir cautivos, y que si 
querían quitarle la vida por haber reprendido los vicios de los cris- 
tianos , debían saber , que no le era permitido callar, porque amos y 
cautivos viciosos seguían el camino del infierno. Que temiesen á Dios, 
jaez justo y recio ; y luego afiadiómil alabanzas de la castidad y mil 
oprobios del vicio feo de la torpeza , y encendido del zelo de la honra 
y glorisi de Dios y salvación de las almas , predicó publicamente la fe 
de Jesucristo , reprendiendo á los infieles su obstinación y ceguera , y 
que en el dia del juicio no tendrían escusa de haberse quedado en la 
falsa seota , pues se les babia predicado el Evangelio , que les enseñaba 
la verdad de la fe de Jesticristo. 

Furiosa de rabia el Virey , mandó sacarlo al campo , y entregarlo 
á los muchachos para qué lo apedreasen. Los chiquillos lo ejecutaron 
á so voluntad , sin dejarle parte sana en todo el cuerpo ; pero Dios 
qoiso que , aunque cubierto de piedras , no muriera , sino que sufriera 
alegre y ooniento. Noticiaron al Virey que aquel Religioso no había 
muerto, perqué era un hechicero ó encantador: al oir esto, mandó 
ahorcarle para que muriera. Lo mandado se ejecutó; pero Dios quiso 
laosbíen que por mas esfuerzos que hicieran los verdugos, no pudieran 
ahogarle , sino que conservaba su voz para pronunciar continuamente 
los dulces Nombres de Jesns y Haría. Esto les acabó de persuadir que 
era hechicero- ó encantador ; por lo que le quitaron de la horca, lo 
encerraron eo una mazmorra , y al día siguiente lo llevaron fuera -la 
ciudad con nuevos insultos y azotes , y allí lo quemaron vivo , echán- 
dolo eo una grande hoguera , «y salió de entre las llamas el dulcísimo 
Nombre de Jesús. Asi murió abrasado el cuerpo de quien tenia su alma 
abrasada de amor divino. Tal fué el triunfo ó glorioso martirio, ó los 
tres martirios que con tanta constancia padeció este valeroso hijo de 
la Alerced , digno de eterna n&emoria. Nb consta qffen fué su compa- 
ñero en la redención , pues nuestros autores lo callan. 



— 84 — 

■ 

47. 

Redeocion en M^rraecos de IK cautivos eo ei aio 1173. 

Nuestros Religiosos llevados en alas de la caridad para romper las 
cadenas de los pobres cautivos cristianos, habían mncbisímas veces des- 
embarcado y pisado las costas de Berbería ; pero no habían aun puesto 
el pié en las de Marruecos hasta el año 4273, que sabiendo qae en las 
costas de aquel reino gemían muchos infelices cantivds, se proyectó 
una redención, nombrando para ejecutarla ál santo varón Fr. Amaldb 
Lumberío ó Lioiberio, y á Fr. Pedro de Haro por compañero. 

Apenas desembarcaron, cuando se les presentaron una porción de 
cautivos, que con las lágrimas en los ojos les dijeron : «Padres, tengan 
piedad de nosotros, que hace muchos años que sufridlos la crueldad de 
estos sarracenos. Tiempo es que apiadados de nosotros cumplan este 
acto de caridad, propio de su Instituto, sacándonos de tan dora escla- 
vitud. Si el dinero que han traído no llega para todos, es muy justo y 
puesto en razón que den la libertad á aquellos que cuentan mas años 
de cautiverio ; pues no sería equitativo que los últimos cautivados, 
que aun no han experimentado todas las miserias, penas y trabajos de 
la esclavitud, fueran preferidos á nosotros, que tantos años ^ace que 
arrastramos estas cadenas, con la esperanza siempre de una redención 
que jamás ll^a.» Ei P. redentor coa palabras dulces, suaves y lle- 
nas de caridad les consolaba, animaba y exhortaba á la paciencia, su- 
frimiento y constancia. «Estos sarracenos, les decía el Padre, son los 
azotes con que Dios, Padre de misericordia, castiga vuestros pecados : 
si vosotros sufrís con paciencia y por amor de Dios, Dios os los perdo- 
nará y os sacará de esta dura esclavitud. Dios á los que ama castiga ; 
dichosos vosotros, si sabéis conocerlo y aprovecharos de la corrección. 
Vosotros, hijos míos, que mpchos años hace (según decis) gemis en 
esclavitud, mirad, fte vosotros dependen las almas de aquellos que ha- 
ce poco fueron cautivados Si ven que vosotros lleváis con paciencia y 
resignación el hambre, sed, frío y demás miserias de este infeliz esta- 
do, con vuestro ejemplo ellos sufrirán y se animarán. Si sufrís muchas 



— 85 — 

penas y trabajos, pensad que machisimas mas merecen vuestros pe- 
cados, y que Dios desea vuestra salvación. Vamos, pues, en nombre 
del Señor ; empecemos é tratar de vuestro rescate. Ruego sobre todo á 
aquellos pobrecitos á quienes no alcance esta redención, que sean fir- 
mes y constantes en la fe católica ; que no desesperen, porque perde* 
rían todo el fruto de tantas penas y trabajos sufridos, en la esdavitud. 
Constanq^a, hijos míos, constancia y perseverancia, que es lo que se ne- 
cesita para legrar el premio prometido.» 

Con estas palabras el P. redentor consolaba y animaba á aquellos 
pobres cautivos, que con lágrimas y gemidos esperaban su deseada li- 
bertad. Los Padres rescataron 156 cautivos con dinero contante; los 
embarcaron, y todos salvos y sanos llegaron á Sevilla á principios del 
año 4274. 

48. 
BedencioD en Oran de 150 cautivos en el afio 127S. 

Bien que pecas noticias puedo dar del redentor principal de esta 
redención Fr. Artal, muchas puedo dar de su compañero Fr. Juan de 
Riaño, varón san^to y ejemplar, natural de Sevilla. 

Inclinado á las letras Fr. Juan, sus padres lo enviaron á la univer<- 
sidad de Paris, donde con su talento y apUcacioB recibió el grado de 
doctor en teología, y luego determinó volverse á su patria entre sus 
deudos y amigos ; pero Dios, que le guiaba y le quería todo para si, lo 
ordenó de otra suerte. Puesto en camino Juan, supo que sus padres 
habían pasado á mejor vida, y entonces determinó ir despacio y visi- 
tar algunos santuarios célebres antes de ir á su patria, y el último que 
visM fué el de Montserrat en Cataluña. Bajó ¿Barcelona, vio nuestros 
Beligiosos, le gustó el hábito, le gustó el Instituto^ le gustó el titulo de 
N. Sra. de la Merced, y determinó hacerse Religioso, lo que realizó 
vistiendo el hábito en el convento de dicha ciudad. Desde el principio 
se conocieron en él las aventajadas virtudes de que estaba dotado. Por 
la obediencia, humildad y desprendimiento se distinguía de los demás 
sacerdotes, pedia le ocuparan y se mezclaba en los oficios de los novi-* 



— 86 — 

cios y legos, en cuanto se lo permitían. Sa carácter era simpático, por 
esto iodos le querían, y á todos consolaba y edificaba. Era muy dado 
ala oración y á la penitencia, tanto, que por tánica vestia un cilicio, 
y se daba tan recias disciplinas, que los prelados tm^ieron que irle 
á la mano muchas veces con la obediencia. Cuanto agradaban á Dios 
sus obras, servicios y oraciones, lo manifestó el Señor obrando algunas 
maravillas por su siervo, por mas que él procurase encubrirlas y ocul- 
tarlas. Aunque muy docto, no era muy dado al pulpito, diciendo que 
esto era oficio de ángeles, apóstoles y del mismo Dios ; y todo lo decía 
con la roas profonda humildad. Dos veces fué por compañero de dos 
Padres redentores en África , sucediéndole cosas maravillosas en los 
dos rescates. 

En el año 4275 fué elegido redentor Fr. Artal, y pasó á Oran con 
el P. Fr. Juan de Riaño por compañero, donde rescataron 450 cauti- 
>vos. ahí, viendo Fr. Juan que los pobres cautivos eran maltratados de 
los moros, y que les cargaban de trabajo sin querer oir sos razones, de- 
terminó aliviarlos. Acudía á ayudar á cuantos podía; iba á las huertas 
y jardines de los moros, y hacia el trabajo á que estaban obligados los 
pobres cautivos cristianos ; cavaba, sacaba agua, plantaba, etc., y de- 
cía á los cautivos que entre tanto ellos se empleasen en confesar sus 
pecados, rezar sus oraciones ó hacer sus actos de piedad, y el tiempo 
que les sobrase lavasen y recompusiesen sus vestidos. Esto acarreó al 
Santo notables apuros y gran peligro de perder su libertad y su vida ; 
porque los moros, viendo que un hombre solo trabajaba por mochos, 
(Dios le ayudaba de un modo particular) no querían dar sus esclavos 
por ningún dinero, y había amo que tenia diez esclavos y los daba to« 
dos, con tal que le diesen por ellos á Fr. Joan Riaño. Reprendiale el 
redentor diciendo, que en lugar de bien hacia mal á los cautivos ; á lo 
que respondía, que ese mal quería viniese sobre si mismo. «Pues bien, 
replicaba el redentor^afi ¿quiere vuestra merced quedarse esclavo por 
el precio y rescate de estos cautivos?» — «Esto es lo que quiero, res- 
pondía, sino que no lo acabo de ejecutar.» 

Al llegar al convento, sabiendo esto los prelados, le reprendían, 
porque decían que era un simple, que con su zelo indiscreto per- 
turbaba el trato del rescate, y podía socederics perder la libertad 



-87- 

y la vida. El Santo lo safria todo con la mas profunda humildad y pa- 
ciencia, y como todos sus deseos eran padecer, era tal el buen modo 
y ansia con que volvía á pedir le mandasen por compañero de los 
redentores, que los superiores nosabian resistir á sus súplicas, y le en- 
viaron otras veces como veremos. (Remoni, pag, 265.) 

49. 

Redención en Granada de 131 canlivos en el año 1177, quedándose en rehenes 
el Rmo« P. Maestro General Fr. Pedro de Ámer, redentor. 

Por mas que el santo varón Fr. Pedro de Amer, desde que en- 
tró á gobernar la Orden fuese un zeloso y vigilante pastor, para que 
fuese cumplido con exactitud el fin de nuestro Instituto, que es la re- 
dención de cautivos, le parecía no ser esto bastante, si él en persona no 
experimentaba lo que se padecía en la ejecución* de esta santa obra. En 
medio de las muchísimas obligaciones inherentes al oficio deMtro. Gene- 
ral de toda la Orden, procuró desembarazarse algún tanto, y determi- 
nó hacer una redención, personalmente. Sus deseos eran pasar al África 
para mas padecer por Dios y merecer mas ; pero en aquel año era de 
todo punto imposible atravesar el mar sin ser presa de moros piratas ; 
asi tuvo que contentarse de redimir en España. La determinación de 
naestro Mtro. General fué de grande edificación para sus subditos, los 
cuales querían excosarle este viaje ; pero viéndole tan resuelto, los Pa- 
dres que tenían voto acordaron que llevase dos compañeros, y fueron 
Fr. Arnaldo Liniverio, prior de Barcelona, y Fr. Diego de Aro, cas- 
tellano. 

Pasaron á Valencia los tres redentores, donde recibieron el salvo- 
conducto, y de alli á Granada, siendo muy bien recibidos por respeto 
a) Mtro. General. Llevaban buena linoosna ; pero como había entre los 
cautivos personas de calidad y consideración, solo pudieron redimir 
442, quedando aun 20 sin rescate, los cuales eran también personas 
de calidad. El fervoroso y compasivo Mtro. General no quiso salir de 
Granada sin que fuesen rescatados los 20 cristianos, y se quedó en re- 
henes hasta que le mandasen el dinero, según convino con el Rey mo- 



— 88 — 

ro. Sintieron mucho los dos compañeros la determinación del Maestro 
General ; le! ofrecieron quedarse en su lugar, con lágrimas le represen* 
taron los males que sufriría la Orden si perdia su cabeaa ; y que alli 
mismo se había quedado también Fr. Guillen de Bas, Mtro'. General, 
y todo el mundo sabia lo mucho que padeció, estando muy cerca de 
perder la vida. Has el virtuoso Htro. General les respondió : «Que de 
ninguna manera quería perder la ocasión, por él tan deseada, dé pa- 
decer por el Nombre de Jesucristo, y dar la vida por sus hermanos 
cautivos, ó quedar cautivo por ellos, como habia prometido con voto 
el dia de su profesión.» Oído esto, partieron para Barcelona Fr. Ar- 
naldo Liniverio y Fr. Diego de Aro, con los 432 redimidos, y por no 
atreverse á pasar por Valencia, tuvieron que dar la vuelta por Castilla, 
ya por las guerras civiles y moros rebelados de aquel reino, ya porque 
gran parle de los cautivos redimidos eran castdlanos. 

Ocupado el Rey D. Pedro de Aragón en la traslación de los restos 
mortales de su señor padre D. Jaime I, desde Valencia, donde habia 
muerto á 27 de julio de 4276, al monasterio de PoUet, los moros iban 
rebelándose de dia en dia, y se envalentonaron mucho mas con el des* 
catabro que experimentó el ejército del Rey D. Alonso frente de Atee- 
Ciras, de cuyas resultas tuvo que levantar el cerco. Soberbios los mo- 
ros insultaban por do qoier á los cristianos de palabra y de obra, par- 
ticularmente en Granada, donde los moros estaban indignados contra 
so Rey Mahomel, porque decian era amigo del Rey de Castilla D. Alón* 
so, pues en la defensa de Algeciras se habia mostrado algo neutral ; asi 
es que los insultos y atropellos llegaron hasta al General de la Merced 
que quedó en rehenes ; pues aunque al principio fué bien tratado, 
después apenas bastaba toda la autoridad del Rey moro para defender* 
le la vida, conforme habia empeñado su real palabra. Los moros mor- 
muraban del buen tratamiento que el Rey daba al Mtro. General, y á 
él achacaban la culpa de la tardan:ía del dinero, tomando de aqui oca- 
sión para maltratar continuamente al santo Religioso. Lo sentía en gran 
manera el Rey moro, porque era pundonoroso en cumplir su palabra 
una vez dada ; deseaba remediarlo, pero no podia, porque estaban 
muy contra él sus subditos, tanto, que un dia los dueños de los cauti- 
vos por quienes estaba en rehenes el Mtro. General, dirigiéronse á es- 



— so- 
te pidiéndole el dinero, y no pudiendo dárselo, le echaron mano, y 
después de haberle escupido, abofeteado y apaleado, lo entregaron á 
lo6 muchachos, para que lo apedreasen, quienes hicieron trizas de sus 
hábitos, le ataron las manos atrás, y con una soga á la^garganta lo lle- 
varon fuera de la ciudad con gritería é insultos. El Santo lo sufrió 
coa paciencia admirable y cara risueña, ofreciéndolo todo al Señor, 
dándole infinitas gracias por tener ocasión de padecer algo por amor 
suyo, pidiéndole su ayuda, amparo y misericordia, bendiciendo con- 
tinuamente su sanlisimo Nombre y caminandoiel lugar del soplicio con 
el corazón rebosando de gozo, sin hacer caso de las afrentas y agra- 
vios que recibía. 

Llegó á noticia del Rey el aprieto y peligro en que se hallaba la vi- 
da del santp Fr. Pedro, y furioso de cólera, al instante montó á caballo, 
y acompañado de sus cortesanos y confidentes, corrió á donde estaban 
para quitar la vida al Santo, y alli en alta voz les dijo : « | Oh bárba- 
ros, y por tales tenidos de las demás naciones, pues lo sois, en no 
guardar la palabra que dais I Sois bestias , pues como ellas no dsais de 
razón, dejándoos llevar de vuestro bestial apetito. Estas piedras las ti**- 
raisáeste hombre sin culpa, pero de rechazo van á mi y.á mi real pa- 
labra. ¡ Oh vasallos traidores á su Rey ! si yo hice mal en asegurar la 
vida á este cristiano, volveos contra mi y no contra este inocente, que 
la justicia 06 obliga á no ofender.» Diciendo esto, arrancó á Fr. Pedro 
de las manos de aquellos desalmados que iban á darle muerte, se lo 
llevó consigo, lo admitió en su palacio, con guarda para que no fuese 
insultado, y le consoló protestando de no tener parteen aquel agravio. 

Este rasgo de valor y generosidad del Rey fué sabido y celebrado 
en toda España. Fr. Pedro recobró su salud, y entre tanto llegó 
Fr. Diego de Aro con el dinero del empeño y se le puso en libertad. 
Regresó luego á Cataluña, y la gente se complacía en verle ; pues por 
lo que hablan oido, les parecía veian un muerto resucitado ; pero era 
¿I tan humilde, que deseaba no ser preguntado sobre lo que había su- 
frido ; asi es que respondía brevemente , refiriéndolo todo á Dios por 
quien lo había padecido. 



42 



— 90 — 



50. 



Redención en Argel de 120 cautivos en el aSo 1%*78, y sucesos maravillosos 

del P. Fr. Joan Riafio redentor. 

Todos los historiadores de nuestra Orden elogian al Venerable Pa- 
dre Fr. Pedro Fórmica, natural del Bajo Aragón, varón recomendable 
y digno de memoria por sus virtudes ; pues apenas vistió nuestro há- 
bito, que por su gravedad, modestia, prudencia y recto juicio mereció 
la confianza y el respeto de todos, y era tal el buen concepto en que 
todos le tenian, que en el año 4 304 , siendo ya de una edad muy avan- 
zada, fué elegido General de la Orden ; pero murió en Barcelona el día 
25 de marzo de 4302, antes de ser su elección confirmada por el Papa. 

Este varón respetable en el año 4 278 fué elegido redentor, y se le 
dio por compañero al P. Fr. Juan de Riaño, de quien en la redención 
pasada^bemos explicado su vocación. Se embarcaron para Argel, y allí 
dieron libertad á 4 20 cautivos. Mientras andaban rescatando, Dios obró 
un milagro por medio dé Fr. Juan. Pasaba por la calle un pobre mu- 
chacho cautivo (de poca edad) con un cántaro, pues iba por agua á una 
fuente. Estaba allí un moro entreteniéndose tirando á unas aves, y bur- 
lándose del muchacho le rompió el cántaro con un tiro. El pobre can- 
tivo se puso á llorar amargamente, lamentándose del rigor con que sus 
amos le castigarían por el cántaro. En aquel momento acertó á pasar 
Fr. Juan, y trató de consolar al muchacho, diciéndole que no llorase 
porque le oompraria otro. «Padre, no basta esto, exclamó el muchacho, 
aunque me lo dieseis de plata ; porque si no es el mismo, mi amo, que 
es un cruel renegado, me mandará dar tantos palos, que yo no saldré 
vivo del castigo.» Compadecióse el santo varón de las lágrimas del po- 
bre cautivo; arrodillóse y lo abrazó, diciendo : «Ven acá, hijo, ¿no 
eres tú verdadero cristiano católico, y crees con fe viva que, si Dios 
quiere, te puede devolver sano tu cántaro?» El muchacho le contestó 
afirmativamente. «Pues bien, repuso el Santo ; toma tu cántaro que 
está como antes, y de hoy en adelante seas muy agradecido al Señor.» 
Tomólo el muchacho, y al verlo entero, habiéndolo visto poco antes 



— 91 — 

á pedazos, lleno de alegría se fué poblicaudo el milagro. Y cuando el 
P. Fr. Pedro Fórmica le habló de este suceso» Fr. Juan respondió; que 
las lágrimas del pobre muchacho cautivo y su fe habían obrado aquel 
milagro oon grande admiración suya, porque se halló présenle y lo exa- 
minó. Tal fué la humilde respuesta dd Santo. 

Otras cosas maravillosas de eate buen Religioso traen nuestras his* 
tonas (Rem. 4 , p. 265) sucedidas en otras redenciones á las que fué 
destinado por compañero del redentor ; mas como no precisan ni las 
redenciones ni los redentores, las referiré ahora para no dejarlas en 
olvido. 

Hallándose Fr. Juan en Granada como compañero del Padre re- 
dentor, compadecido de los cautivos, para ahorrarles el maltrato de 
sos amos, Iba á cavar por ellos en las huertas, lo que habia ya hecho 
en Argel. Noticiaron al Rey moro lo mucho que trabajaba Fr. Juan, 
asegurándole que valia por veinte hombres. Quiso el Rey verlo por sus 
propios ojos ; se fué, pues, con algunas personas de palacio á donde 
trabajaba Fr. Juan, y advirtieron que doce hombres gallardos y her- 
mosos trabajaban á su lado. Admiróse el Rey, y mandó que algunos se 
acercasen mas para ver quienes eran aquellos cristianos ; pero solo en* 
centraron á Fr. Juan. Divulgóse el caso por Granada, y unos lo alri* 
boian á milagro, otros á encanto ó hechizo. Al ll^ar á Barcelona, le 
mandó su prelado, en virtud de santa obediencia, explicara lo sucedido; 
y el Santo con la mayor humildad dijo, que él invocaba lodos los días 
á los doce santos Apóstoles con particular devoción, por tenerlos por 
abogados. Entonces se conoció lo que habia pasado. 

Mayor fué el milagro que obró en la última redención á que asistió. 
Hallábase Fr. Juan en la ciudad de Baza, en Andalucía, y permitién- 
dolo ó tolerándolo el gobernador, predicó públicamente á los cautivos . 
y á los moros, convirtiendo algunos infieles á quienes bautizó secreta- 
mente, entre ellos un moro muy rico con dos hijos pequeños. La espo- 
sa de este se hallaba en Baeza ; al regresar á su casa supo lo sucedido, 
y lo sintió tanto que riñó al marido, y no pudiendo hacerle retroceder 
se puso tan furiosa, que tomando sus hijos los ahogó. Hizose todo esto 
público^ y el Rey mandó que marido y mujer fuesen quemados vivos, 
él por haberse hecho cristiano, y ella por haber dado la muerte á los hijos. 



1 
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— 92 — 

Fr. Juan, lleno de caridad y de zelo por la gloria de Dios, se presentó 
al Rey, y le habló con tanta libertad que todos creyeron que también 
¿ él le mandaría quemar ó empalar. Pero sucedió todo lo contrario; el 
Rey calló, y después dijo, que mientras Fr. Juan lehablaba, habia vis- 
to á su lado un hombre amenazándole que le cortaría la cabeza si tocaba 
tan solo la ropa de aquel cristiano. Después de hablar Fr. Juan, el Rey 
le dijo : nSi me traes vivos los niños quesu madre ha ahogado, los per- 
donaré y dejaré á todos libres : » á lo que respondió Fr. Juan : «No soy 
yo autor de la vida ; pero el que lo es, y la puede dar, se la ha dado ; 
cumple, pues, tu palabra que los niños están sanos y salvos en su ca* 
sa.» Al instante el Rey mandó averiguar el caso, y se le anunció ser 
verdad lo que Fr. Juan habia dicho. Estos niños pasaron después á 
Castilla, y sirvieron al Rey, quedando de ellos linaje ; pero por la cor- 
tedad ú olvido de la relación original, el cronista Remon (p. 266 j dice 
que no puede citar sus nombres. 

Estas y otras maravillas obró Dios por este su siervo, quien toda 
su vida fué un ejemplar de todas las virtudes. Al fin cargado de años 
le llamó el Señor para si, y murió en tan grande opinión de santo, qae 
Barcelona y Sevilla se precian y glorian de tan catificado hijo, la una 
de hábito y la otra de nacimiento. 

51. 

RedeacioD eo Túnez de 2t6 caativos eo el año Ittl. 

Designados redentores en Capitulo Fr. Justo de S. Pedro y Fray 
Dionisio de Sanmartín, por Cataluña, en d año 1281 , redimieron 21 6 
cautivos en Túnez con bastante dinero que llevaban, pues en aquel 
año se recogieron muchas limosnas. 



— 93 — 
52. 

Redención en Marruecos de 204 cautivos en el año 1281. 

Solicito siempre y cuidadoso de los pobres cautivos el Santo Fr. Pe- 
dro de Amer, Htro. General de la Orden, mandó hacer una redención 
en Marruecos, á pesar de los muchos peligros, penas y trabajos que 
padecían los redentores en aquella época. Fué allá el P. Fr. Fulgencio 
de Quesada, redentor por Castilla en el año 4282, y al saltar á tierra 
se le presentaron luego los cautivos pidiéndole con lágrimas su suspi- 
rada libertad y que les rompiese aquellas pesadas cadenas, oh esto he 
tenido de España, hijos mios,» les respondió el Padre redentor, y des- 
pués de haberles exhortado á permanecer firmes y constantes en la fe 
de Jesucristo, empezó el rescate y arrancó del poder de los moros 204, 
á quienes exhortó con la mayor caridad á no ser ingratos con sus bien- 
hechores, ya que por medio de sus limosnas habian salido de aquel in- 
feliz y miserable estado, rogando á Dios por su salud y prosperidad, y 
por el descanso de los que habian pasado á mejor vida. 

Sumisos y agradecidos los pobres redimidos, quisieron acompañar 
á los PP. redentores por los pueblos de Castilla,. publicando por todas 
partes las muchas penas y trabajos que padecen los cautivos, y la gran- 
de obra de caridad á que se emplean los Religiosos de la Merced ; asi 
es que la gente conmovida por lo que veian y oían, al paso que alaba- 
ban el heroísmo de la Orden Mercedaria, daban abundantes limosnas, 
ooD las cuales pudo efectuarse otra redención. 

Redención en Granada de 269 cautivos en el alio 1282. 

Viendo nuestros Religiosos que se había recogido buena cantidad 
de limosnas, como dejamos dicho, pensaron luego en hacer redención 
en Granada^ donde se sabia había muchísimos infelices cristianos que 
gemían en la esclavitud. Quiso ser redentor el mismo Mtro. General 



— 94 — 

Ven. Fr. Pedro de Amer, quien á pesar de su avanzada edad, pasó allá 
en el año 1282, y redimió 268 cautivos de todas edades, sexo y condi- 
ción. Concluida, regresó al convento de Barcelona, donde fué recibido 
con entusiasmo y aplauso de los Religiosos y del pueblo barcelonés. 

54. 

Bedencion en Aadalacia de 129 cautivos en el aSo 1%83. 

En el año 1283, dirigiéndose á Andalucía el noble Fr. Fulgencio de 
Lara y el virtuoso Fr. Martín de Agreda, redentores por Castilla y Ca- 
taluña, al pasar cerca la ciudad de Mérida, cayeron en manos de la- 
drones, que les robaron cuanto llevaban y maltrataron bárbaramente. 
Quiso la divina Providencia que pasasen por alli algunos soldados del 
Rey de Granada^ los cuales embistieron á los ladrones, obligándoles á 
tomar la fuga, dejando cuanto habian robado. 

Contentos y agradecidos loe PP. redentores por haber recobrado el 
dinero de la redención, continuaron su viaje á Andalucía, y en varios 
pueblos sujetos á aquel Rey moro, y con mil incomodidades, penas y 
trabajos, rescataron 129 cautivos cristianos. 

55. 

En caatro redenciones parciales se redimieron 27 cautivos por los años de 1183. 

Era tanto el zelo de nuestros Religiosos para la redención de los 
pobres cautivos, que algunos Padres Comendadores, sin ser elegidos 
redentores por la Orden, con solo el permiso de su diocesano rescata- 
ron varios cautivos. 

El P. Comendador de Zaragoza, Fr! Arnaldo Gaseo ó Vasco, con 
licencia de su arzobispo, por medio del P. Lorenzo de Prados rescató 
7 cautivos. 

El P. Comendador ó Vicario perpetuo del convento del Puig de Va- 
lencia, con permiso del diocesano el limo. D. Joberto, rescató 9 cauti- 
vos con el dinero que le dieron los parientes de los pobres cautivos. 



— 95 — 

EL Comendador de Gerona, con permiso del limo. D. Berengarío, 
obispo de aquella ciudad, rescató 5 cautivos con las limosnas que co- 
lectó en aquel obispado. 

Finalmente, el P. Comendador de Tarragona, con licencia y limos- 
nas que le dio el arzobispo de aquella ciudad, el limo. D. Bernardo, 
rescató 6 cautivos; por manera que el total de cautivos que redimieron 
estos Comendadores fué de veinte y siete. 

Conociendo nuestra Orden los inconvenientes que podrían originar- 
se de estas redenciones parciales, pues,á mas de las citadas, los obis- 
pos de Tortosa, Huesca y otros habian también concedido permiso para 
otras; en el Capitulo General que en mayo de aquel mismo año de 
1 283 se celebró en Lérida, el P. Mtro. General propúsola urgente nece- 
sidad de prohibir á los PP. Comendadores el redimir cautivo algunosin 
expresa licencia del litro. General, y el Capitulo mandó que esta no se 
concediera (salvo urgentísima y grave necesidad) sino á los PP. reden- 
tores elegiidos y deputados por los Capítulos, y eligieron para redentor 
á Fr. Pedro Camin, que al año siguiente fué á redimir. 



56. 

Yendo Fr. Pedro Camin á una redención en África, fué martirizado 

en el año 1284. 

Acabamos de decir que en el Capitulo general de Lérida fué nom- 
brado redentor el V. Fr. Pedro Camin , varón de ejemplar virtud, 
cuya vida , maravillosa vocación y glorioso martirio cuentan nues- 
tros historiadores. 

En una pequeña aldea del territorio , llamado las Landas, en Fran- 
cia , nació Pedro de padres humildes. Ocupado desde sus mas tiernos 
años en guardar ganado , procuró con su industria , afición y un poco 
de ayuda, aprender á leer, y así poder rezar varías oraciones. Iba 
un día persiguiendo á tres cabras que se le habian subido é un cerro, 
y vio sobre las ramas de un alcornoque una mujer muy hermosa, 
vestida como una reina , con corona de oro en la cabeza que le dijo: 
«Pedro , no sigas mas este oficio de pastor , que otro^e espera de ma- 



— 96 — 

yor consideracíoQ y momento : estadía y entra en mi religión de la 
Merced , que alii quiere mi Hijo que le sacrifiques tu vida. & Quedóse 
atónito el buen muchacho , y aunque niño, concedióle Dios perspi- 
cacia y luz para conocer que aquella señora era la Reina de los Ange- 
les, y lleno de agradecimiento por tan singular favor, postróse y con lá- 
grimas le dijo: «¿De dónde á mi , Señora, tanto favor? He oído hablar 
de vuestra Orden de la Merced ; si vuestros Religiosos me quierea,* de 
muy buena gana moriré yo alli.» El niño temblando decia y repetía: 
« ¿ De dónde á mi favor tan grande?» Quiso levantar los ojos para 
contemplar otra vez aquella hermosa Reina que le habia hablado, pero 
nada vio. 

Corrió el niño á su casa , y con toda sencillez contó á sus padres lo 
sucedido, quienes lo encomendaron é Dios, y consultaron con personas 
virtuosas y doctas , siendo el resultado pasar el niño á estudiar en 
Burdeos para seguir la voluntad de Dios manifestada en aquella visión. 
Emprendió Pedro con mucho gusto y aplicación la carrera de las le- 
tras, y dentro de algunos años sos padres le vieron trocado de rús- 
tico pastor en sabio letrado, admirando y edificando á sus condiscípulos 
y maestros con su ejemplar virtud. Al llegar á la edad requerida se 
oYdenó de Sacerdote, y luego hizo presente á sus padres la grande 
obligación que ellos y él tenian de ser obedientes á lo mandado por la 
Reina de los cielos Maria santísima ; y aunque esto se les hizo algo 
duro y dificultoso , viendo lo resuelto que estaba su hijo , le dieron su 
licencia y bendición. Previo los inconvenientes de estar cerca de sus 
parientes y amigos para la quietud que él buscaba en la religión, por 
lo que dejó su patria, y pasó ¿ Perpiñan , donde vistió nuestro santo 
hábito. 

Viéndose vestido coala blanca librea de la Merced , descubrió lue- 
go el deseo grande que tenia de padecer por Jesucristo, andando á 
pasos agigantados por el camino de la virtud y mortificación , este- 
nuando su cuerpo con ayunos, disciplinas y otras austeridades: y 
cuando la obediencia le mandaba las moderase, con lágrimas pedia le 
dejaran continuar sus ejercicios , por temor de la cuenta que habia de 
rendir á Dios. Dióse á'la oración y sobre todo ála meditación de la Pa- 
sión de Jesucristo. Era tan humilde que jamás aceptó oficio ó encomien- 



-97- 

daalgona, y al proponérselo, lloraba, se afligia, y confesaba ser incapaz 
para todo^ asi esj.qBo los superiores le dejaban en la quiéiod de su 
celda. Pero ¡cosa admirable! 4 úUi naos del año 4283 le nombraron 
redentor ». p^ra que en la pi'imayera del año siguiente pasase al África 
auna redencÁoQ^ y «I pintólo, aceptó ;con el. mayor gozo y alegría, sin 
excusa alguna. Esto hizo .que se 1^ preguntara , porque at querer oto* 
parle en algqn o^cio se 9&igia y .excasaba i y .al nombrarla redenloi^ 
lo fKs^p^J^ )CQ^ ;t3nlo gusto, lá lo qi^ contestó :' « Que lo que él de- 
swba qra afluir á Jesiicnsto<^ el camino de su pasten y muerte; jque 
pa^ra ^pi^icar > en^Qfiar y gob^ruar' ek*^ iocapaz, pero fiíara pade- 
cer y OMMÍr, dándole (oer^aa el Señor, quíziá seria á propósitor, y era 
so deseo desde quo: eniró en la* reli^on» .» ! 

Nombrado recienlor , dejó á otros las ordinarias diligencias de reu** 
nirla^ljaaosnas «.fletar embarcaciod y idemás preparativos de viaje; 
entretanto él se preparaba con ayunos, discipUnaa, exámenes de coo«- 
ciencia y iargpis horas de oración. Embarcóse Fr. Pedro , y habiendo 
corrido inal tiempo , dio con corsarios moros y genoveses , quienes al 
instante embistieron su nave y la rindieron; mas habiendo los genove- 
ses averígoado ({\s^ eira embarcación catalana, lo robaron todo, no 
permitiendo locaran la persona de Fr. Pedro. Los moros , que eran 
dueños del mar y de aquella pcesa, echaron mano d^l santo Varón, y 
después d^ Jbaberle maUratadoí de |)alabra y de bbra , lodestiriaróri al 
remo dQ una* galeota silyá. Pasado algún tiempo se separarotí las ga- 
leotas de ¡los. moros, y dejo^ g^novese^, desembarcando aquellos .en 
las oostas; de África » y aill los .arrdezes ó capitanes de las galeotas for- 
maropí una especie de^ tribunal: , ante el, cual fué. conducido Fr. Pedro, 
y le repitieron las preguntas qoa ya le habian hecho , es decir , quien 
era y á donde iba cuando le cautivaron. El siervo de Dios les respon- 
dió con toda sencillez y verdad. Mas ellos lecontextaron, que ya que 
él se metía en rescatar á los que ellios cautivaban, iban á darle su mere- 
cido. Mandaron í^^o manifitarle y azotarle i y como estaban en la 
playa hicieron un grande hoyo en la arena, y desnudo lo metieron 
deolro hasta * medio ooérpa,. y- rodeándole 'aquellos ibárbarüs, se 
onirelQ.'viemn'ioda.latárde.entirarie-saetasy agudiis cañas, sufrién- 
dolo el baeaUeligiqso con grande humildad y saittaalegria. Admirados 
lo 



-9^ — 

quedaron kisqaele atormentaban vpti6s á' pesar i de tener ' fifrófchíis 
heridas, f brotar la* sangre por todas partea, córtio'su corazón estaba 
lleno dé amor dé Dios , soló desplegaba sus labios para alabar su 9mo. 
Nombré. No podiendo sofrir a(|€^llo& inhumados farMáf ^adénoia , su- 
frimiento Y mansedcimbfe , ano de dios Heno de rabSa lé mfsiíidó "salle- 
se del boyo, y le dijo con bürbaro fürofr, qué déjarala fe ée flrqod 
Grisioá qaién alzaba sus qyos^y pedía aiíxHIery cotno^él ^eíhíó pierse^. 
veíase oon^tante m la fe^ nfiandó sráoarlé lo6 ojos , y-<!|ae^ ié'iít^éitéiNBiti^ 
agqdas cañas eaire cqrne y uña de ^ós ttedos'. Mientras láM>' él' sahro 
mártir les^d^ia oqn totiai homitdad : «Proseguid , infiÉ^ceS , enVUesf^áí 
ceguera^ y obstinación ;- tjec«l$d todas las ct*aetdádes'qoé os* sbgieXa'él 
demonio , que todo lo llevaré con pacien^iia por amor Áé bii ^tior 
Jesucristo; lo que padezdo* tes poco*, muchb ma¿ cfeseo'padéeérpor 
aqpél que tantd padecíiS por tbi. » La paciencia f mansas palabras del 
mártir encendían mas ta fábiá deaquellos bétbátod t|ué p^ah)n toda 
la noche atormentándole. BllOK»le llamaban perro, y élléá' iráftaba* de 
hijos y bermanos ; ellos le aiti^rmeniabansíín pietíad, ^y éí pedlla á Üioé 
les perdonase; élloá no lem'an compasión de su dééttoi^ádcí cuerpo , y 
éi.se oómpadeoiá de sue almas ciegas y obstinadas ; ellos 'blasfemaban 
contra Jesuoristov y ¿I alababa sd Shiía/ Nombi'é. -fQUé pekisa«nietít6s 
tan contráridai ¡qéé* corazones lan opuestos^ • i { = -' '- " 

: Finalmente ápunthba el dia , y 4 áfamoy valMr'M •'üíáttir noise 
rendía illa fiercf» de lep ve^dugo3',<(]ue canscKlosdesItoriúeaftarie; 46- 
vanté fano de ellos su alfanje y^eortó la cabera al ¡Dvicio máHiridé Je- 
sucristo 4 'vblaado ^ alma inocente «rl • eterno cteatartSb \ ^y' i\i cberpo 
fué arrojado al mbr. Los autoresqüe'relatánisu'máftirfoiCaNaá el lu- 
gar donde k)! padeció r sólo dicen íért África. ' • -I » í ^- ' «T' ' 



', / / ' ' '-.l'.'/ft . Ir j ! ' • 



' < ' Redebcibil ed Grabada détOl dautivós éh'^1 éyíó' IfBIV ' ' ' ; 

Ea.el ago |l284l Fir.rJuifto déiáanGelp, redeolori^ pasó ¿^Giianada, 
y alH bizQ-iuna cofltosft redeMaion i |níes:diói libertadla SD&toaiitivos. 
Kstos son los ádioo^ detalle? Iqiie raficireh nuestros histo^tádwes'w ' 



I • «J . ' t 



/• 



— 99 — 



58. 



RedencioD en Harraecos de 215 caativos en el año 1283. 

5. -: .* ¡ ,M .'. í •'.-;■ I' •; j, ' ■ i] . • I . 

raden^re? I9sí{fq(pqndadare5 ¿e Sftv¡ll^>».d^.CóríJoba,(cujp?iiprfi|>rcs 
callao )au^¿q^,l)f$tfí^iikdor¡e3},.l^|Cn9^>(^M^ djt- 

nerp padrón ,¿ ,jU^^p§^,,| y arrtfM?íír()Q d# Ia§ ip0jM)^ de^^qui^lpp 
bárbaucps 21 S.c^Myqb j cqd ¿1 iavqr; jy proiiegciOD ¡(jie P, AÍpnsQ.de G^zr 
nas^nim)bilisí^a.qa]b^)ieroeBp8y9pl9:qpe,t^^^ oo AXi:ksí» .^e mn^lip 

.CoDAeojLQS y fagi;i^i^dQS l^.refJ^ptQres » /s^Iieroo de África y ^pr 
traron pof U,Anda)ucia con,aqu0Li;^Qi|í)0rasQ.O9p^ 
Io6pu«blosco^r¡a/¡L¿ yefr,.aq^el iM^evo Qsp^(áci\H)i f^ra.ibMcdltciB, da 
dios, , que w ,cfy)oci§0|QS(9:Jin^taitlo da parida^ Mc^rl^Kf^^i.y APSlof ^^ 
ipirad^ y poc^novidf;^ I9 aplau(iiao ,( lo alyl^bfip y/flaba^ . o^noa^ 
fQue^lra^ jdpapr0q¡9^^ )qs re(i(e^(Qres^ eOfo^rierido al roíspo.ti^nr)pc).ii 
los pobres Cjajo^q^ parft.podf^r ii; íi,/m;b ppsa^..Ui6gwÍQ3 h fíófdolfa f^n 
deotqres y redi^d^s»; fué tapeta la/caridfl|d|y ^f^pptia oqq qye los r^» 
cibió 6^^ dignlsiinap^spo, D,.P(9scpa]^. qo^ 99CopleQtpcoQ (^s Urnas* 
ñas que. Ica^^^^i ,l^.yó ,coii gqato. \^ Bula$ de J^s iSurpos , Poolifioes. den 
paríicólí^r,,ííg,j4lqja^ JIV ) qijiej >?a!^aai4e.ni>esiroIp8UtptQ, y I99 
niandó leer púbjljif^^ (;0In^&^lDd9..s)a qlóu^ 

salas af. puú^lo ,|irn, recop^endacipu de Ui;(s^^la pbra^ 6 redencjpri de 
caotiyos^ y deJ glorjpso 6|i qqn qup se\ (qpdp< nuestra Orcjíep. El bu^ 
ejemplo del ^vjftiiosp. prelado prpdujo buenos fjesultados; pues los 
fieles se a&cioDaroo á nuestro santo Instituto. 



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Redencíoto en Tanez de H8 cautivos en el año 1186 , quedándose Fr, Arnaldo 

Rodifiol, redentor, en rehenes. 



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Q séptiOH) y último Miro. /GeneraLdeAuestra Orden caballero lateo 
TuéFr. Arn«kk)Aosmol, varón respetable per au es(¿rtiu religioso, 



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— 100 — 

por su zelo para los pobres cautivos, y por otras cualidades que le 
hicieron digno del supremo Magisterio que ocupó. Antes de presentarlo 
redentor, digamos algo de su vocación, de sus ocupaciones y de sos 

virtudes. . 

Fr. Arnaldo descendía de la nobilísima familia de ios Rosiñoles y 
Olivellas. Criase en casa de su tío el limo. D. Fr. Bernardo de Olriella, 
drzobidpo de Tarragona, que coronó' en taragoza al Rey de Aragón 
D. Pedro, hijo de D. Jaime el Conquistador, en el año 4377J Agradé- 
cidoslos Reyes al Arzobispo, recibtéroh por pajé'á su sobrino Arnaldo 
que contaba poca edad, y tuvo que soportar las alternativas de des- 
canso y desasosiego que pasardb los Reyes en acju^ois tiempos de po- 
ca paz y tranquilidad. De aqui nació que Arnaldo'no solo no sé aficio- 
nara á las cosas de Palacio, sino qué se retrajese' de ellas para gozar de 
quietud ; y á pesar de su edad juvenil, ni las galás^, trajes, plumas, 
bandas, Héstas ni obsequios le cegaron ni cautivaron',, porque Nuestro 
Señor iba disponiénfdo las cosas para otros fines. Al observar esto la 
servidumbre de Palacio, le llamaban hipócrita, avaro, y se á|5artaban 
de él, y todo eran trazas 9e Dios, que él no alcanzaba, para qué de- 
jara el mundo, y finalmente lo dejó, después' de háberTó meditado se- 
. ñámente y consultado con el P. Fr. Alonso de la Paz, ReÜ^bsb nuestro, 
y resolvió vestir el hábito dé caballero de nuestra Orden. Pidió licen- 
da á su señor tio el Arzobispo f que era Religóse nuestro) y. este 
virtuoso Prelado, conociendo que aquella mudanza dé'^MHP^erk impulso 
de la divina gracia, se contenió con hacerle ^presente ' )as penas y 
mortificaciones de la vida ReT^iosa y la direrencia'dé la vfdá de pala- 
cio á la de un cónVenlo. Habida la licencia de su señor ii6 ^ la de los 
Sres. R'éye^, pasó á Barcelona, pidió el hábito, qué sé Ib 'vistieron con 
alegría de todos los Religiosos. 

Lu^o que profesó, se vio que seria un Religioso apto para obede- 
cer y para mandar : al paso que obedecía con gusto, y era el primero 
en los oficios de humildad, ^se descubría en él u;i natural á propósito 
para gobernar. Pasado algún tiempo se le destinó á recoger limosnas 
para la redención, oficio que cumplió á satisfacción de los Prelados. 
Pedía la limosna 66n mucha modestia y compostura, cón.brevesy 
meditadas palabras, pero llenas de buenas razones, con una serenidad 



1 



de rostra qae obligaba é no negarle lo qoe pedia. Jamás se le conoció 
disgusto aunque le respondieran con desabrimiento y dureza. Viendo 
los Prelados las buenas disposteiones dé Fr. Arnakio, le desliifiaron de 
compañero á un redentor que pasó á Andalocia para nii red^üátCi y 
después le nombraron á él redentor por Gataliifía. 

Se embarcó para Tañese en el afio 4 286, y después de terribles tem- 
pestades y peligro» de muerte, desembarcó resignado i padecer aun 
muchos ma^ trabajos. Hizo alli su redención, rompiendo las cadenas á 
4 28 cautivos, y lo ejecutó todo con tanta prudencia ' y valor, que los 
moros y judíos, oon. quienes tuvo que tratar por lo$ rescates; confesa;^ 
ban que Fr. Áraaldo tenia un no sé q«é que les obligaba é respetarle. 
El P. Alonso Rejas dice, que Fr. Anialdó tuvo qoe quedarse en rehe- 
nes,- y estovo mndios años allí, casi siempre cargado de cadenas. 



•f 



ftO. 

• 1 

Redención én Granada de 180 cautivos en el afio 1287. 

' ' ■ . ' ' 

En el ano 4287 Fr. Jaime die Lara, redentor por Castilla, y Fr. 
Leandro de Nebríja, redentor por Andalucía, con las limosnas recogi- 
das en él año anterior, que eran' bastantes, pasaron al reibo de Grana- 
da, y dieron libertad á 180 cautivos. 



I • 



61. 



Redención en Marruecos de 12G cautivos en el aQo 1U9, y aparición de santa 
Mariá de Cervelló en alta mar, en socorro de los redentores. 

Entre los muchos favores qoe los navegantes han experimentado de 
la gloriosa mercedaria Sla. Maria de Cervelló, vulgo Socos, quizá el 
mas singular, patente y autenticado fué el que hizo á dos redentores 
que pasaban de España al África á redimir cautivos. 

En el año i 289 fueron nombrados redentores dos Religiosos de no- 
table virtVid y prudencia, el primero llamado Fr. Manuef de Albur- 
qaerque, caballero laico, natural de Valladolid y descendiente de Por- 



lugal 9 y el «egondo., Fr« Arna|do Líkiibería, prior' de Barcetoiía, qiiíe* 
nes 39 embarcdrpD en dicba ciudad oon <d¡reccioD i M^nvcoo^ Eb él 
dia 2Q de novieoibre.del cjlSBdd ano, «filando en alta niar/ae léíranió 
tan furiosa leiQfM^tadk <|ue l06 maríiMfMB 66 vieron obligados ár^ehar 
la carga al mar para, salvar la nave, pote ae vaias eaieimaieiite perdí* 
dos; Nó ohstaole^el intimeiHe pellgrb^ se hdbsá nespf tado éldinerode 
la redeodott ; pQtt^k los eláoioilea y gritoa de los mariner9s foélpreci- 
saresolverso á'oohqrloal mar.. Al .querer vorificarlÓY los do» Religiosos 
vieron en k>S)lk>dQ lanave una mujer vcMídá del liábito de k' JÜerted, 
xfoe por el rostro y voej cooooierDii muy bien isen SorUdriá deCer- 
vello, 000: quien aiÉtes4e'eiiibtMroar8e halMan ibabiádo eii Barcelona, y 
les dirigió estas «ipelalfras/:: pHeíraraliQs, confiad eáielScAory^ed ef po^^ 
der de su brazo, (XirqiiepnKilo seréis sálvoa.» Dicbaosto, mandó r&«> 
tirar al viento y sosegar las olas: cesó la tempestad, y ella desapareció. 
Continuaron el viaje con toda felicidad, y llegaron á Marruecos don- 
de los redentores fueron muy bien recibidos del Rey Juzephi, para 
quien llevaban cartas de recomendación del Rey de Castilla D. Sancho, 
en las que decía al Rey moro (en alabanza de Fr. Alburquerqoe), que 
er^ deudo sayou Coi) la j^oteoeípa del üey respatavQíi, 426 oaativos, 
que sanos y.salvosd^seinbarcaiiQA en Barcelona. Llegados 6 estaciu-^ 
dad, les redontpi^es deseaban haoer público lo sucedido en ahamar; 
pero se les presentó Sor María de Gervelló, rogáadoles eoJCareGidaaQea^ 
te, que por N. Sr. Jesucristo nada dijeran de lo acontecido, y ellos ce- 
diendo á sus ruegos callaron, hasta que por mandato de nuestro Revé- 
rendisimo Mtro. General, en el Capitulo General de Lérida del dia 4 de 
junio del año 1391 , lo refirieron, publicaron y firmaron. La escritura 
original de este milagroso suceso, que se guarda en el archivo de 6ar— 
celona, fué presentada á la Curia romana en el proceso de la canoni- 
zación de la Santa* -' . 



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62. 

,; . , ^„.,^iaDi«9 Ajperí» de MO MqUvoft en «1 «fio 1S90. 

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El santo varón Fr. Pedro de Amer, Mtro. General laico, á pesar dq 
sus oüueha^ ocupacicmes, ¿0(<|QÍsa)dej^r pasar la* dcásicti de ir en per- 
sona écamplirnueslrvO coarto YaCade,redeneíqn.'Eñ él año 4290 fué' 
á redimir i ^ m AUaieria y 6daAx dio libertad á 200 daptíixM. i ' 

63 • 

Red'eiilcidii en Gntndda de 118 eaülivos en el uñó 129t. 

•i • ' \ -- . í-r ■> . : . \. I •. . ■ ■ . • .. ' . < . • 

En eV añq 4892 eran én gran inanera' aflictivas las noticias qoélle^ 
gabán Á Fi^aneía sobre* la^ penas y trabajos que padecían los pobres 
caalivóa en {TtinazVy ^1 g^^° peligro en que se hallaban de perder la* 
fe. Nnestra Orden en Francia reunió limosnas, y nombró dos redento* 
ras, oiqros ndmbréflrfaoexpreían nuestros anales. Etaibatrcáronselnego, 
y eo a^laoMir fueron ébordGfdos y presos- por ■moros pirata^ : les: ró^' 
bardo miaoto tdn^oy y desnudos enterabenle !}o& dgarop y 'abando- 
naron. '. • *••- ''■. .' ■' '." '^ ■ • -.*.■;... 

La notidiai de «Étadóégracia' fué sentida viVamente por bs caoiivos 
de Tqaez, que con arnisiá esperaban s« libertad, y también por no^ 
tros Religidsosi que «abian ei peligro en' que estaban aquellos infelices. 
Yíeodo, 'pves^ in«|e9(ro6 prelados qde np soloenl!tiiJeti sino qae en Gra- 
nada habia aepegidad de hater rÑleneioD, y temiendo otra vez'|(^rder'^ 
lo todov flor estar aqb^ 'mar infesUdó de^piratds, resolvieron! h&ícér re^' 
denoioii* qn GrwMida, ytá'eateifltf nomtiramn redentores^ á' ^r. Isidro 
Martines jAJFlfi etlllfáréos, (^ieiM6 á'últhnos deI';aao429^ ((asá^on^ 
á^ aqvd reiiiv ^ art^ncafron de^ l4d matiod dé Ids safíracénos Í43 cau- 
tivos. . 1 i«» • ••..!" |JÍ» :;. ó' • 



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— 104 — 



64. 

Redención en Tunes, donde los Padres redentores .Fr. Antonio Vnlesio y tr. Ma- 
. tías Marcos alcanzaron la palma del martirio en el tíío U83. 

• • < I . ,■ 

Grandes. eran los peligros, qoe corrian ios redentpres pcñr mar y 
tierra en el año 4893 : por mar, los moros piratas y oorsarios craza- 
ban por todas partes ; y pot tierra no había seguridad en los caminos 
por no estar muy acordes los Reyes de Castilla y de Aragón. Entre 
tanto los pobres cautivos gemian en su dura esclavitud, y para conso- 
larles se pensó en hacer una redención en África. Embarcáronse en 
Barcelona los redentores Fr. Antonio Valles ó Valesio, de nación geno- 
vés, y Fr. Matias Marcos, natural de Tolosa en Francia. Estando en al- 
ta mar encontraron corsarios moros que les dieroa caza, y fué un mi- 
lagro escapar de entre las galeotas y poder tomar puerta otra vez en 
Barodona, gracias al viento favorable, que les prestó alas para huir y 
salvarse. 

Eran estois dos Religiosos de vida ejemplar, acababan de escapar de 
este gran peligro, y la Religión que los apreciaba muchifiimo por sa 
gran piedad y virtud, deseando ahorrarles peligros y fatigas^ nombró 
otros redentores para llevar á cabo esta redención. Al saberlo estos 
dos santos varones, se «cha roh á los pies del Mtro.. General Fr. Pedro 
de Amer, que se hallaba en Barcdona, suplicándole con humildad y lá- 
grimas, que no permitiera qoe otros Religiosos fueran nombrados en 
su lugar, y queinoks ,hieíera perder la ocasión de padecer algo por 
Jesacríslo^ Tales fiieiron sos ruegos y tantas lasIágrimbS) que el veúei^ 
hloFr, Pedro.de Amer.se entercíeoió, los abrazó y levantótOoiifiraiAn- 
dolos en el oficio de redentor ; les dio su benditíon y lieenda para ¡em- 
barcarse otra vez, y hacerse á 1$ mar. Grande foé lá; alégrJa de estos 
santos Religiosos ; no sabian como expresar su gratiMid, pues ho ca- 
bían en si de gozo, y este gozo se renovó al dirigirse al puerto, y al 
verse otra vez navegando hacia las costas del África , no cesando de 
dar gracias á Dios por aquel singular beneficio. 

Fr. Antonio era muy anciano y muy fervoroso, y Fr. Matias, mo- 



— 105 — 

zo, may humilde y recogido. El primero decia al segundo , al verle 
calladito : «Oli carísimo hermano, ¿ qué no da gracias á Dios por ha- 
bernos enviado otra vez á tierra de infieles, donde podemos merecer 
y hallar ocasiones de padecer algo por Jesacristo?» A lo que con- 
testaba el segundo : « Sí adkue sum neeessarius, non recuso laborem : 
si aun soy necesario, no reuso el trabajo ó el padecer.» En fervorosas 
pláticas pasaron el mar, y llegaron á las costas de África, donde obte- 
nido el salvoconducto, desembarcaron y pasaron á la ciudad de Túnez. 
Gobernaba aquel reino ó regencia un renegado llamado Alicut* 
Hahomat, hijo de un cristiano griego y de una mora. Alicut era hom- 
bre caprichoso, de mala fe é incapaz de cumplir su palabra. Habiendo 
dado el salvoconducto, los Religiosos llevaron su dinero y se hospeda- 
ron en casado un mercader griego que el mismo Yirey les señaló. 
Acudieron los moros de la ciudad y comarca que tenian cautivos para 
tratar, y habian hecho ya algún rescate, cuando el oro y piala que He* 
vaban los Padres excitó su codicia, y antes no gastasen mas dinero en 
rescates, combinaron con el citado mercader griego un plan para apo- 
derarse de ellos. El plan consistió en describir en un papel á manera 
de instrucción la ciudad, sus fuerzas, murallas, castillos, su comarca, 
puerto y entrada para los navios ; y que de todo esto llevasen ellos ra- 
zón y noticia, para darla al Rey de Aragón D. Jaime II, y á D. Carlos, 
Rey deNápoles, puesque la conquista de Túnez estaba resuelta por ellos. 
Esta instrucción fué dictada por el renegado Virey y escrita por el 
mercader griego traidor, quedando' concertado que este la metería en<- 
tre la ropa de sus huéspedes, victimas inocentes de su sed de oro. Con 
el debido cuidado y secreto hizo el pérfido griego lo pactado con el 
Yírey, y le avisó donde lo había escondido. Salió luego de su palacio el 
falso y traidor Alicut, acompañado de sus ministros, guardias y eqa- 
pleados, y fingiendo estar dominado de cólera y enojo, levantando la 
voz dijo : a Que aquellos frailes que habian venido á rescatar cautivos, 
eran espías de algunos Reyes cristianos que querían echarse sobre Tú- 
nez y conquistar el reino para si ; que de esto se le habia dado aviso, 
y que él en persona, sin fiarse de nadie, visitaría la posada de los re- 
dentores, examinaría con sus propios ojos cuanto traian ó les pertenecia, 
y que prometía bajo su real palabra y por su Profeta Mahoma, que si 
U 



— 106 — 

averiguaba ser verdad, ó haUaba señales de elb, había de darles los 
casti^ y muerte mas crueles que jamás se hubieren dado á cristia- 
nos en tierra de moros.n Dijo esto con tanta cólera y delante de tanta 
gente, que al instante fué conmovida la ciudad, y la casa délos reden- 
tores llena de moros que con gritos les insultaban. 

Estaban los siervos de Dios cada uno en un rincón de su aposento 
de rodillas, recogidos y entregados á la oración mental, como lo ba«- 
cian todos los días. La gritería no les distrajo, y al encontrarlos en 
aquella postura el Virey, volviéndose al pueblo dijo: «No he menester 
mas indicios para creer que son espias de sus Reyes ; pues los hallo 
de rodillas y temblando, pidiendo á su Dios qu^e les libre del pe- 
ligro en que están, porque la mala conciencia vuelve medroso al hom* 
bre mas valienle.fi Luego les hizo algunas preguntas vagas ¿ de 
poca sustancia, y ellos respondieron la pura verdad con humildad y 
sencillez. Mandó maniatarlos y traer ante si las cajas del dinero y su 
ropa. El pérfido Virey y el traidor griego jugaron muy bien su papel 
en este infame enredo. Registróse la ropa, encontróse la instrucción que 
enalta voz se leyó al pueblo, y este con desaforados gritos pedia se les 
quitara el dinero y se les empalase, añadiendo algunos* que fuese de- 
molida la casa y empalado el dueño por haber hospedado los frailes y 
béchose cómplice en el delito. Fingió el Virey enojarse contra el grie- 
go^ le reprendió y amenazó con la muerte, y para que el populacho no 
se la i^iera, mandó encerrarle en tina mazmorra con los cautivos. En 
seguida diapuso llevasen el dinero á su palacio , y entregó tos santos 
Mártires al Alfaqul mayor, diciéndole, «que á su voluntad midiera la 
pena con la culpa ecunetida por ^llos, y que les hiciera dar una muerte 
tal, que resonara y causara espanto á toda la cristiandad.» 

Encargóse de ellos el Alfisiqui ; hizoles algunas preguntas ante el 
pueblo^ y oomo los Santos respondiesen que nada sabían de lo que se 
les imputaba, y que todo lo remitiaq al soberano Juez de vivos y de 
muertos, indignóse el Alfaqui, y mandó entregar el santo viqo FV. An- 
tonio Valesio á los muchachos par^ que lo escupieran, escarnecieran y 
apedrearan, y al santo* Fr. Marcos que le azotaran con varas de mim- 
bre por todo el cuerpo, y después fuese despeñado desde un castillo ó 
torre arruinada que habia junto á la ciuijlad. Despidiéronse estos dos 



— 107-^ 

Santos coD las mas tiernas {^labras de amor, gOEo, confianza y con- 
formidad á la Toiantad de Dios ; y queriendo el joven Fr. Marcos po- 
nerse de rodillas para recibir la bendición del anciano Fr. Antonio, los 
bárbaros á palos; empujones y salivas en la cara» se Ip impidieron ; y 
surríendo todo esto los Mártires se abrazaron , y Fr. Anlooio exclamó: 
«HijOfSiaoledqiie yo parta te vieres te la presenciado aquel Señor por 
quien voy á padecer , ruégale me dé paciencia, perseverancia y los dones 
de su gracia para que muera confesándole :» á lo que contexto Fr . Mar-^ 
eos : «Padre y maestro» enséñame el cámiao para encontrar al Señor 
que busco; y si antes que yo rindes tu esipirítu^ ruégale qbe perdone 
mis defectos para que acabe en su gracia. « Asi se despidieron separán- 
doles, conduciendo á Fr. Antonio en tin campo que les pareció á pro- 
pósito, y atándole á un palo, le pusieron por blanco, tirándole los chi- 
quillos y algunos barbudos tantas piedras, que los que lo presenciaban 
se admiraban de que un hombre tan viejo no hubiera muerto á las 
primeras pedradas que le dieron. El Santo sufría, levantaba los ojos al 
cieloi y como otro Esteban rogaba por los que le apedreaban. Algunos 
moros no podiendo persuadirse que viviera, se le aceitahm, haciendo 
cesar, con no poca dificultad, la griteria y piedras ; pero al llegar cer- 
ca de él, de repente $e movió tal .tempestad de negros nubarrones, 
truenos y rayoSi qpe llenó de espanto á los moros, los cuales despavo* 
rído6 huyeron. La tempestad pasó, serenóse! el cielo y los moros im- 
presionados aun, se acercaron con temor al Santo para ver si vivía, y 
hallaron quebabia espirado. Temerosos de que los cautivoe no recogie^ 
rao las reliquias, quemaron el santo cuerpo. Tal fué el glorioso martirio 
del ilustre atleta Fr. Antonio Yaiesio, de la Orden déla Merced, á la 
edad de 60 años cumplidos. 

Aqudlos bárbaros mahometanos tomaron. por su cueilitaal paciente 
y callado«Cr. Marcos, y le llevaron a las ruinas del castillo ó torre, y 
viéndole tan joven y tan hermoso de rostro, le propusieron dejara su 
fe y abrasara la mahometana, prometiéndole muchas riquezas, y uno 
de ellos, en nombre del Bey, le ofreció una hija suya por esposa, un 
devado puesto en la corté y muchos esclavos para su servicio. El Santo 
respondió 000 su habitual mansedumbre diciendo: «rMi señor Jesucris* 
lo, sin merecerlo yo, me hizo uno de sus siervos, y su Sma. madre Ma- 



— 108 — 

ría, aunque indigno de serlo, uno de sus hijos ó Religiosos. ¡ Ojalá su- 
piera yo estimar, como se merecen, estos bienes y favores, do sien- 
do digno de tanta dicha, recibiendo una muerte tan gloriosa, y per- 
diendo ia vida por el Smo. Nombre de Jesús ! ¡ Bendito sea aquel Dios 
vivo, por quien muero! Y dichosos vosotros si se os concediese la gra- 
cia de conocer á mi amado y dulce esposo Jesús.» Aqui no aguarda- 
ron mas : rabiosos aquellos bárbaros le dieron tantos palos y porrazos, 
que ya casi muerto le echaron á aquel derrumbadero, y murió. Este 
fué el martirio y glorioso triunfo de Fr. Matias Marcos, honra de la 
Orden de la Merced, y gloria de la Francia y d^ su patria Tolosa. 

65. 

Redención en Argel de 97 caatíYOs en el año 129S. 

« 
En el año 4 295 tocó la suerte de ser nombrados redentores á dos 

Religiosos de gran virtud, llamados Fr. Dionisio Boneo y Fr. Vicente 
de Prades. Descendia Fr. Dionisio de una noble familia de Narbona, y en 
el convento de la misma ciudad tomó el hábito decaballero laico, mos- 
trándose luego muy humilde, modesto, retirado y de vida ejemplar. 
Una vez profeso, de Narbona pasó de conventual á Barcelona, en don- 
de se captó la admiración y respeto de todos por sus relevantes virtu- 
des. Fr. Vicente era catalán, de conducta intachable y letrado consu- 
mado, el cual, habiéndose dedicado al pulpito, hacia muchísimo fruto, 
siendo notorio que Dios por su medio había obrado milagros. 

Nombrados redentores estos dos venerables Religiosos, aceptáronlo 
con mucho gusto y alegría. Embarcáronse en Barcelona en una nave 
de mercaderes catalanes, dirigiendo su rumbo hacia Túnez ; pero en- 
golfados en el mar, corrieron taii deshecha borrasca que varias veces 
se creyeron enteramente perdidos. En tales apuros, se traló de 0lije- 
rar la nave echando mercaderías al mar : mas cuando los redentores 
vieron tocaba tan triste suerte á los cajones del dinero, se afligieron en 
gran manera, por perder el caudal de los pobres cautivos. El patrón y 
el piloto, viéndoles tan afligidos y atribulados, se compadecieron de 
ellos, pues los apreciaban, y suspendieron por entonces la ejecución, 
\yeto no cesando la tempestad y temiendo sumergirse, al momento en 



— 109 — 

que iban á ecbar al mar el dinero de la redención, advirtieron sobre 
el bauprés de la gavia mayor una señora vestida del mismo hábito de 
aquellos dqp Religiosos, que con un azote en la mano ahuyentaba las 
nubes, y los Religiosos conocieron que era Sta. Maria del Socos ó Socor- 
ro que años habia era muerta. Admirados todos, dieron gracias al Se- 
ñor, encomendándose á la Santa, y fué Dios servido que cesara luego 
la tempestad que había durado dos dias y medio, hallándose sobre las 
costas de Cerdeña, en una ensenada cerca del Cabo<]!arbonara. Cuan- 
do se creian seguros, dieron sobre ellos unos bajeles corsarios que es- 
taban en acecho, y sin costarles trabajo ni sangre, hicieron presa del 
navio, gente, ropa y dinero. 

Dios, que velaba sobre estos dos siervos suyos, dispuso que ellos y 
el dinero de la redención escaparan de las manos de los moi'os que tan 
seguro lo tenian. Siendo ya de noche cuando los corsarios hicieron esta 
presa, y estando cerca de tierra, se apresuraron á saquear la nave y 
repartirse el botín ; ponierido en un esquife á los dos Religiosos, su ro- 
pa, dinero de la redención y á otros dos pasajeros, para disponer de 
ello después. Tanta era la precipitación, tanta la sed del saqueo, que 
dejaron el esquife suelto de las amarras del navio, y levantándose bor- 
rasca, empujó el esquife mar adentro con tanta furia, que desapare- 
ció sin poderlo impedir los moros. Los redentores corrieron muchos 
trabajos y peligros de muerte con aquella débil embarcación ; pero lle- 
nos de confianza en Sta. Maria de Cervelló ó Socos, no desmayaron; 
y al medio dia siguiente salieron de tan angustiosa situación, encon- 
trando dos buques genoveses que los salvaron y socorrieron, atribu- 
yéndolo todo á la protección de la gloriosa Santa. 

Dichos buques iban con salvoconducto á Argel, y bajo este seguro 
délos genoveses los Religiosos desembarcaron y rescataron 97 cauti- 
vos. Los moros se figuraron que aquellos Religiosos no iban alli á re- 
dimir, sino que eran enviados del Rey de Aragón para esptorar ; los 
arrestaron, metieron en la cárcel y sentenciaron á muerte ; pero ave- 
riguada la verdad, diéronles libertad y licencia para regresar á España 
con sus cautivos. Viéndose libres los Religiosos, partieron alegres de 
Argql y llegaron á Barcelona con sus cautivos, después de haber pa- 
sado mil trabajos y tribulaciones, sufriéndolo todo por amor de Dios. 



— uc- 



ee. 



Redendones que hizo ea Granada el glorioso S. Pedro Pasqaal de Valencia, 
recibiendo alli la palma del martirio en el año 1300. 

Ornamepto de la Iglesia y lionra de la Orden de la Merced es el 
santo Fr. Pedro Pasqual, el cual nació en Valencia el dia 6 de diciem- 
bre del año 4 227» Estudió en Paris, y alU se graduó de doctor, siendo 
catedrático de la Universidad y acérrimo defensor de la Inmaculada 
Concepción de María Sma. Regresó á su patria, fué canónigo de aque- 
lla Catedral, y en el año 4251 vistió nuestro santo hábito en la misma 
ciudad (como se lo había profetizado N. P. S. Pedro Nolasco), edifican- 
do á todos, y siendo en breve tiempo un modelo de virtudes, y respe- 
tado en todas partes por su gran piedad y profanda sabiduría. Sabien- 
do el Rey D. Jaime de Aragón (nuestro confundador) las bellas y emi- 
nentes cualidades de Fr. Pedro» lo eligió por maestro y preceptor de 
su hijo el infante D. Sancho. Consagrado después obispo de Granada, 
continuó al lado de D. Sancho, arzobisjpo de Toledo, hasta el año 4275 
que este pasóá mejor vida en defensa de la fe oatólica. 

Como nuestro principal objeto es hablar aquí de Jas redenciones 
que ejecutó el glorioso S. Pedro Pasqual, pasaremos por alto su gran 
crédito y veneración que por su virtud y ciencia gozó en España, Fran- 
cia y Roma, lo mucho qoe escribió , los conventos que fundó y cuan- 
to trabajó para la gloria de Dios y salvación de las almas. Nos concre- 
taremos, pues, al grande zelo qué siempre mostró por la libertad do 
los pobres cautivos, desde que vistió el blanco hábito de la Merced 
basta que dio su libertad y su vida por ellos. 

Difícil es epilogar y seguir con orden las redenciones que hizo nncs* 
tro Santo ; y todos nuestros esfuerzos y cuidados en registrar docu- 
mentos sobre esto, nos han convencido, que asi como para el buen 
orden y acierto en las redenciones se necesita el permiso dé nuestros su- 
periores, el glorioso S. Pedro Pasqual,* por su virtud, ciencia, pruden- 
cia, dignidad y demás cualidades, gozaba de entera confianza en la 
Orden, y tenia completa libertad para desplegar su zelo y caridad con 
los pobres cautivos ; asi es que hizo muchas redenciones, dando li- 



— m — 

bertad á mucb¡8Ímo6 cautivos» sin que de ellos bagan mención nues- 
tros Anales; pero nos las recuerdan las historias de los reinos y ciuda-^ 
des de España. 

Después da su noviciado, y antes del año 4256, S. Pedro Pasqual 
pasóá Granadti, y con lo que le habían entregado los Reyes de Casti- 
Ha, bÍE0 su primera redenoton. Allí visitó las mazmorras donde estaban 
los pobres cautivos, y alli vio la crueldad con que eran tratados, la 
mifi^ría en que vivian, la falta de doctrina y la ignorancia en los mis- 
terios de nuestra fe en que estaban : todo esto le cnterhecia y afiigia, 
y á ser libre ise quedara para ensenarlos. Concluido el rescate, al re- 
gresar con los cautivos, sucedió que estos pobres perecian de sed en el 
camino por falta de agua. Hallábanse en un campo donde había pozos 
sin agua por la sequedad de aquel año. Puesto de rodillas el Santo, oró, 
y al punto empezaron los pozos á llenarse de abundante agua. Llega- 
ron finalmente á Toledo, donde fueron recibidos con grande alegria, y 
alli el Santo predicó. 

Asistió á la feli2; y dichosa knuerte de N. P. S. Pedro Nolascoen 
Barcelona, y eo el año 1262, siendo maestro del Infante D. Sancho, fué 
consagrado obispo de Granada. Libre en el año 4275 por la muerte de 
su discípulo D> Sancho, visitó sus ovejas, dando muchas limosnas á los 
cautivos de Andalucía y. rescatando á cuantos pudo ; de manera que 
el obispo de Córdoba Q. Pascual, muy agradecido al Santo por los mu- 
chos cautivos de su obispado que le redimió con el dinero que le hábia 
mandado, en el a|^o 4 286 hizo publicar por toda su diócesis un catá- 
logo de las indulgencias que gozan los bienhechores de esta, santa obra, 
segao le había comonicado ¿I mismo, y reóogió tan crecidas limos- 
nas, que con ellas nueStno glorioso Sanio hizo una numerosa redención 
en el reino de Granada. 

Pasódespuesá Roma, besóel piéáSuSantidad, quien le recibiócari* 
ñosaoienle, y habiendo visitado el sepulcro de los santos Apóstoles, regre- 
só á Espa&a á pié y predicando por todas partes con gran fruto de los pue* 
blos que le oiaui no olvidándose de llamar la atención sobre las penas 
y miaerias que padecían los pobres óautivqs, y cuan agradable era á 
Dios procurar la libertad de aquellos infelices cristianos. Recogidas 
algunas limosni^, al llegar á Jaén hizo una redmicion. 



— 112 — 

En el año 4 396 naestro Santo fué nombrado obispo de Jaén, y pa- 
só luego á visitar á sus diocesanos, llevando la paz y consuelo por to- 
das partes. En el año siguiente, 4297, haciendo su visita pastoral, los 
moros* de Granada insolentes y envalentonados por algunos sucesos fa- 
vorables contra el Infante D. Enrique, le cautivaron, bien que otros 
dicen que entró. á hacer una redención con salvoconducto, y que los 
moros y renegados le conocieron por los muchos de ellos que habia 
reducido á nuestra santa fe en las redenciones pasadas: sea como fuere, 
en dicho año le cautivaron , y el Santo resignado á la Divina volun- 
tad dio gracias á Dios por ofrecerle ocasión de padecer por su Divi- 
na Majestad y por sus hermanos los cautivos. Llenos de rabia y des- 
pecho los morabutos contra el santo obispo, estrecharon al Rey para 
poder disponer y acabar con él ; pero la codicia del Rey le salvó la vi- 
da. Sabedor este de la alta dignidad del cautivo , se lo quedó , espe- 
rando sacar gran partido ó interés por su rescate, y asi se desvanecie- 
ron las esperanzas de los crueles morabutos por temor del Rey. Trató- 
se efectivamente de su rescate con los de su ^lesiá, los cuales le envia- 
ron la considerable cantidad que por él pedían ; pero el Santo viendo 
que habia muchas mujeres y niños en gran peligro , sin cuidar de si 
mismo, empleó todo el dinero en rescatar aquellos cuyas pobres almas 
estaban próximas á perderse , y los envió á su obispado , quedándose 
él cautivo para consuelo y alivio de los otros. 

Gomo era anciano, y la codicia de los moros esperaba otro tanto por 
su rescate, le aliviaron las prisiones y dejáronle ir libre por la ciudad ; 
asi podia visitar las mazmorras , consolando á los pobres que ge^ 
mian en ellas, dándoles limosnas, administrándoles los Santos Sacra- 
montos y enseñándoles la doctrina cristiana, principalmente á los ni- 
ños. Fué esto tan del agrado de Dios, que un dia enseñando el Cate- 
cismo á hombres, mujeres y niños cautivos, vio entre ellos un niño á 
quien no conoció, pero muy bello, y cuando era preguntado respondía 
con tanta claridad, que admirado le dijo : «¿Quién eres, nifio?o A lo 
que respondió : «Pedro, yo soy Jesús, que tu fervor me trae á oir tu 
doctrina.» Y al punto desapareció, dejando llenos de asombro á cuan tos 
lo presenciaron. 

Tenia el Rey moro en su palacio oscuras y fétidas mazmorras don* 



— <13 — 

de gemían atados machos cautivos y casi sin alimento : pidióle el Santo 
verlos, y se lo concedió ; pero conociendo los guardas que en sus visitas 
les asistía con limosnas y algunos alimentos , por mas que obrase con 
recato, lo dijeron al Rey ; este, á propósito, le salió al encuentro, y le* 
vanlándole el escapulario, le dijo : «¿Qué llevas aqui?» A lo que res- 
pondió el Santo : «Unas rosas. o Y mirándolo el Rey vio ser asi, y se 
pasmó por correr el mes de diciembre; pero le dijo que no contra- 
viniese á sus órdenes, pues era dar mal ejemplo á los moros y á los 
cristianos ; y de esto tomó pié el Santo para afearle la crueldad de ne- 
gar el necesario alimento á aquellos inrelices después de azotados y tan 
cruelmente oprimidos. El Rey se ablandó, que no fué pequeña mara- 
villa, y perdonó á aquellos infelices por la intercesión del Santo. Dis- 
puso este por su cuenta un local para curar los cautives enfermos, pi- 
diendo limosna hasta á los mismos moros, sirviéndoles el Santo con la 
mayor caridad y obrando Dios maravillas por su siervo. 

Los deseos de los suyos ó de su obispado de gozar de su presencia, 
hizo que juntando limosnas le mandasen un segundo rescate; pero él 
hizo lo mismo que la vez primera, enviándoles rescatados muchos ni- 
ños, de cuya acción quedaron tristes por su falta, pero edificados de 
so desprendimiento, zelo y caridad. Dice un autor de la vida del San- 
to, que este se decidió á rescatar estos niños, porque estando un dia 
rodeado de ellos, llegó uno de bellísima figura, y le dijo: «Obispo, 
rescátame^ ¿ no ves que los niños estamos aqui ei^mucho riesgo?» Y al 
panto desapareció Llegó luego su segundo rescate, y le pareció que 
aquello era un aviso de Dios, y Dios le pagó á no tardar tan heroica 
acción. Faltábale un dia ayudante para la misa, y se le ofreció un her- 
moso niño vestido de cautivo, quien le ayudó la misa admirablemen- 
te. Acabada le hizo el Santo algunas preguntas, á las que respondió, 
d^ándole asombrado por su clara explicación de los sagrados Miste- 
ríos, y después de referir lo que era Dios Padre en el inefable miste- 
rio de la Sma. Trinidad, el Santo le preguntó : «¿ Quién es el Hijo?» 
Y desbrochándose un poco el niño, le mostró la llaga del costado, di- 
ciendo : «Yo soy, Pedro ; ves aqui mis llagas y costado : con los niños 
que has redimido, quedando tú por ellos cautivo, me has hecho td pri- 
sionero.» El Santo queria besarle los pies, pero se le desapareció de 
45 



— 4U — 

entre los brazos. Quedó tan encendido su corazón é ilustrado su enten- 
dimiento, que luego empezó á escribir varios tratados para esforzará 
los cristianos y atraer á nuestra fe los moros y judies ; cuyos tratados 
copiados y repartidos por los cautivos, y leidos de loa infieles por cu* 
riosidad, fueron la causa de la conversión de muchos que pasaron á 
tierra de cristianos ayudados por el Santo. Súpose esto en Granada, y 
tales fueron las quejas de los alfaquies, que le encerraron, poniéndole 
incomunicado, para que nadie le diera recado para escribir, y eslo ba- 
jo severas penas ; pero Dios le proveyó de todo. 

Sepultado en una cárcel oscura y cargado de hierros, lloraba, no 
sus penas, sino las de los pobres cautivos á quienes no podía prestar 
socorro ni consuelo alguno. Supo, por revelación, que en poder de un 
bárbaro estaba un muchacho cautivo tan afligido, que se resolvió abra- 
zar el islamismo. Hizo por él oración, y al punto se le apareció un her- 
moso mancebo, y cayéndole las prisiones, le llevó por la roano donde 
estaba el cristiano afligido. Alentóle cariñosamente, afeándole su de- 
testable resolución con tan eficaces palabras, que confesó con gran do- 
lor su pecado, y quedó tan fortalecido, que perseveró constante á pe- 
sar de los malos tratamientos. 

Como el Santo ardía en zelo de su fe y por la conversión de aque- 
llos bárbaros, escribió un libro contra Maboma y su falsa ley, manifes- 
tando las mentiras y contradicciones del Alcorán. Muchos moros lo le- 
yeron, abrieron los ojos y se convirtieron, y hasta lo envió al Rey di- 
ciéodole que le mandaba la senda segura de su salvación, y el- Rey 
disimuló por su codicia de dinero, porqué sabia que los cautivos ha- 
blan escrito á Jaén que el Santo estaba en una mazmorra, y asi espe- 
raba otro rescate. Pero fueron tantas las quejas de los alfaquies y pue- 
blo, pidiendo fuese cruel y ejemplarmente castigado un hombre blas- 
femo y sacrilego que con tanto descaro escribía contra su Profeta y su 
Alcorán, y eslo no en tierra de cristianos sino en la misma corle del 
Rey, afrenta grande para todos, que el Rey no pudo negarse á lo que 
pedían ; no obstante creyó apaciguarlos con llevarle preso en una tor- 
re hasta que llegara el rescate. Mas tanto estrecharon al Rey, que se 
vio obligado á entregárselo para que sirviera de ejemplar su castigo; y 
los alfaquies y morabutos que anhelaban su muerte, porque predi- 



— H5 — 

caba contra so falsa Religión, do le escasearon los malos tratamientos. 

El Santo estaba muy contento, porque tiempo habia que deseaba 
morir por Jesucristo, y su ángel custodio le reveló que á las primeras 
horas del día siguiente se cumplirían sus deseos. Preparóse, pues, para 
este glorioso triunfo : luego que amaneció empezó la misa ofreciendo á 
Dios con la sangre de su Hijo la propia. Terminado el santo sacrificio, 
sin quitarse las sagradas vestiduras, esperó el golpe de rodillas. Llega- 
ron en tropel los enemigos, y hallándole solo le cortaron la cabeza el 
dia 6 de diciembre del año 4300, á la edad de 73 años cumplidos. Los 
cristianos, tanto cautivos como mercaderes, derramaron mochas lágri- 
mas, porque veian que con la muerte del santo obispo quedaban sin 
padre que les amparase, sin pastor que les dirigiese, y sin maestro que 
les enseñase: visitaban su cadáver, y le besaban los pies hasta que le 
dieron sepultura en la capilla de las grutas ó mazmorras que alli te- 
nían los cautivos, obrando Dios muchos prodigios, y haciendo su pa- 
negírico las lágrimas de los niños huérfanos, de las doncellas desam- 
paradas, de las mujeres y hombres afligidos y el grito común de los 
moros que decian que aquel cristiano obispo era un santo y amigo de 
Dios. 

El número de cautivos que este Santo rescató, mientras él lo fué 
y antes de serlo, asciende á 1494 ; entre ellos mochos niños y mu- 
jeres. 

61. . 

Redención en Tonez de 22S cautivos en el año 1300. 

Fr. Conrado de Malaville, Religioso laico, noble francés, en el año 
4300 pasó á Túnez, y en aquella inhospitalaria tierra, sufriendo mil 
penas y trabajos, redimió de la esclavitud á 228 cautivos. 



— <<6 — 
68. 

RedeDciOD en Argel de 187 caotivos en el año 1300. 

Mientras que Fr. Conrado, noble francés, redimia en Túnez, en el 
mismo año 4300 pasaron á Argel ios redentores españoles Fr. Domin- 
go de San Pedro y Fr. Pedro de AIós, Vicario perpetuo del Puig, y 
rompieron las cadenas de la esclavitud á 487 cristianos, que sanos y 
salvos desembarcaron en Barcelona, y fueron restituidos á sus familias. 

69. 

Redención en Argel de 218 caativos en el aSo 1301 

Apenas Fr. Conrado de Malaville, redentor francés, acababa de lle- 
gar á Francia con los cautivos de Túnez, ya pensó en socorrer á los 
infelices que gemían en las mazmorras de Argel, para donde se em- 
barcó en el año 4302, y regresó triunfante con 248 cautivos. 

70. 

Redención en Andalucía de 109 cautivos en el afiol304. 

En el año 4304 los PP. Comendadores de nuestros conventos de 
Lorq^ y Jaén pasaron á las mismas tierras de Andalucía, ocupadas 
por los moros, y arrancaron de su poder ¿ 409 cautivos que restituye- 
ron á sus hogares. 

■71. 

Redención en África de 200 cautivos en el aSo 1304. 

Lloraban muchos pobres cristianos la pérdida de su libertad en 
varias poblaciones de las costas de África, y sus tristes ayes y gemidos 



llegaban á España por diversas vias ; asi fué que, deseosa siempre 
nuestra Orden de aliviarlos, envió allá á Fr. Alonso Gaseo en el año 
4304, y en Tremecen y sus alrededores rescató el xiúmero de 200 do 
aquellos infelices^ que alegres volvieron á jsu patria. 

72. 

RedendOD en Granada de 2f 3 cautivos en el 9üo 1305. 

En el año 4305 pasó á Valencia nuestro Mtro. General Fr. Arnaldo 
de Amer, y alli se interesó tanto con él Fr. Diego de Narbona á favor 
de los pobres cautivos, con- encendidas palabras de amor de Dios y 
del prójimo, que movieron tanto el piadoso corazón del P. Mtro. Ge- 
neral, que á pesar de las grandes dificultades que ofrecían entonces las 
redenciones, se determinó él mismo en persona ejecutar aquella re- 
dención. 

Tomó por compañero á Fr. Domingo de Sta. Cruz, pusiéronse lue- 
go en camino, y del reino de Granada sacó del poder de los sarrace- 
nos á 223 cautivos. Aunque Fr. Arnaldo de Amer en este rescate no 
bizo mas que cumplir con la obligación de nuestro Instituto, el hecho 
de haberlo ejecutado en persona, siendo Mtro. General, sirvió de gran- 
de edificación en la Orden y fuera de ella ; pues los Reyes de Castilla 
y de Aragón alabaron y apreciaron mucho esta buena obra. 

73. 

RedeDCion en Argel y muerte gloriosa del V. P. Fr. Guíllelmo Novello 

ó Florentino, en el afio 1306. 

Fr. Guíllelmo Novello ó Florentino fué de una noble familia de Ita- 
lia. Inclinóse desde pequeño á nuestro santo Instituto, por haber visto 
unos Religiosos nuestros que pasaban á Ñapóles, é informándose de su 
regla, determinó ser hijo de la Madre Sma. de las Mercedes, y embar- 
cándose pasó á Barcelona donde tomó el hábito para coro, y á su 
tiempo profesó y se ordenó. Era observante, afable, entendido y apto 



— 418 — 

para tratar con señores y principes ; tenia mucho valimiento con ellos, 
sacaba de los mismos limosnas para rescates, y terciaba en susdisputas. 
Viendo la Orden que Fr. Goillelmo había dado muy buena cuenta 
de cuanto se le había encom.endado, determinó enviarle á algunas re- 
denciones; y tuvo la dicha de acompañar á S. Pedro Armengol en la 
jornada de su ma^^lírio, y descolgarle del árbol en que los moros lo 
habian ahorcadO) marchando después juntos á Barcelona. Ardiendo la 
guerra fratricida en Italia, y en particular en Toscana su patria, entre 
Güelfos y Gíbelinos, pasó allá Fr. Guillelmo, y pudo apaciguar y cal- 
mar los ánimos de los partidos, ganando en ello la Iglesia, el Papa y la 
ciudad de Florencia, donde nació, que estaba sitiada, y á no ser por 
sus esfuerzos, quedaba arruinada y asolada. El Papa Alejandro lY envió 
cartas de agradecimiento á él y á toda la Orden. Acabadas las inquie- 
tudes y trastornos de Italia, volvió á Barcelona donde vivió muchos 
años entregado al silencio, humildad, recogimiento y oración, sin en- 
trometerse en negocios, pasando su vida entre la celda y el coro. Ha- 
biendo sido nombrado capellán del Rey de Aragón para acompañarle 
á Francia, con humildad y lágrimas se-excusó, pero aceptó un viaje á 
Argel para ir á redimir cautivos. 

En aquel entonces gobernaba en Argel Muley-^Halamaxen, de casta 
árabe, hombre tiranísimo, bárbaro, incapaz de guardar palabra ni se- 
guro, por mas que lo hubiese dado ; asi fué, que aunque recibió á Fr. 
Guillelmo bajo su seguro, después no se lo guardó, ó portó tan mal, 
que le obligó á quedarse en rehenes por haber gastado en el rescate 
mucho mas dinero del que traia, forzándole el mismo Huley-Halama- 
xen á tomar mas cautivos de los que permitía el dinero que llevaba, 
dándoselos á mas viejos é inútiles. Todo esto causó honda pena y sen- 
timiento á Fr. Guillelmo, quien por fin murió maltratado entre aque- 
llos infieles, los cuales al verle muerto, y pensando que habian per- 
dido el dinero que esperaban, por venganza colgaron su cuerpo en un 
palo en for^a de cruz. Otros escritores dicen, que porque predicaba, 
y en desprecio del Nombre de Jesucristo, antes de morir los moros lo 
pusieron en una cruz. Ha llegado hasta nosotros una oración qae él 
todos los dias rezaba de rodillas delante de la Santa Cruz, de la que 
era muy devoto. Fué su dichosa muerte por los años de 1306. 



— <i9 — 



7Í. 



BedeDCioD en Bona de 108 caativos en el aSo 1306, donde estuvo 
el P. Redentor un aiio en uoa masmorra. 

Entró de poca edad en nuestra Orden y vistió el hábito en Perpi^ 
ñan Fr. Diego de Narbona, natural de ia ciudad de este nombre en 
Francia. Inclinado á la virtud, fué siempre de buenas costumbres y 
de una vida santa y ejemplar, y según refieren nuestros historiadores, 
tuvo el don de milagros, pues volvió la vista á un ciego, dio la salud á 
UD herido de muerte á puñaladas en Perpiñan, y varios otros ; asi e$ 
que se extendió tanto la fam.a de su virtud y santidad, que todos los 
dias acudían á él los atribulados y necesitados, llamándole por sobre- 
nombre el bueno de Narbona, ó Fr. Diego el bueno. Como era tan hu- 
milde, la buena opinión que tenían de él le mortificaba ; y cuando le 
decían que era bueno, huía, ó bien respondía : (c Bueno es Dios.» De- 
seoso de quietud y retiro, con licencia del Superior pasó á'vivir en el 
convento del Poig de Valencia, donde se portó con tanta pureza, per-* 
Ceccion y santidad que parecía un ángel. 

Sabíase, y lo habían escrito al Rey D. Fernando de Castilla, que en 
el reino de Granada se hallaban algunos cautivos de poca edad, hijos de 
hombres hidalgos y bien nacidos de Castilla y Andalucía, en gran pe- 
ligro de dejar la fe, y para redimirlos se nombró á Fr. Diego de Nar- 
bona. A causa de las discordias y guerras civiles entre los Reyes moros 
que devoraban los reinos de España, no fué posible hacer este rescate; 
por lo que se determinó hacerlo en África: á este fin se obtuvo el salvo 
conducto para Bona, y Fr. Diego pasó á Barcelona, donde se embarcó 
en oca nave de catalanes. El mar estaba plagado de corsarios ; asi es 
que el santo Fr. Diego padeció muchos trabajos y peligros; porque topó 
con unas galeotas de moros, de las que escapó por un milagro del Se- 
ñor, pues arreció un viento favorable que desplegando velas, corrieron 
mas que las galeotas. Pero escaparon de un peligro para caer en Qtro; 
porque fueron presa de cuatro galeras de gente cristiana, pero gente 
desülmada, que vivían del pillaje ó piratería. Entraron con furia en su 



■ 

1 



— 420 — 

nave, y en an momento despojaron á los pasajeros, y se apoderaron 
de todo el cargamento. ¡ Cosa rara ! la paciencia y afabilidad de Fr. 
Diego les infundió tanto respeto, que los gefes de aquella bandada de 
piratas mandaron respetar al santo Yaron y á su equipaje; pero no 
fueron tan limpias sus manos, que no se les pegara algún dinero. Aon 
alcanzó mas Fr. Diego; pues pidió que dejaran la nave y la tripula- 
ción libres, y algunos viveres para alimentarse, lo que le ooncedieron; 
y navegando llegaron á la costa de África, donde desembarcaron á 
Fr. Di^o con su ropa y dinero, y este, con el salvo conduelo que lle- 
vaba, entró en la ciudad de Bona, y empezóel rescate.Era el año 4306. 
Los moros viéndole solo y tan candido, se burlaban de él, y le en- 
gañaban dándole mil pesares que sufria con paciencia y amor deDios. 
Su deseo era de rescatar los cautivos que veia mas encenegados en los 
vicios ó en mayor peligro, y habiendo encontrado una cautiva cristiana 
que vivia enredada con un moro rico y poderoso, practicó muchas di- 
ligencias para rescatarla, y aunque ella estaba tan ciega en su mala 
vida, fueron tan eficaces las palabras, reflexiones y exhortaciones del 
santo, que se arrepintió, lloró sus culpas, se confesó con él, é hizo pe- 
nitencia de su vida pasada. Furioso el moro contra Fr. Di^o por la 
conversión de su cautiva, mandó á otros moros que por fuerza traje- 
ran el santo Yaron ásu presencia, y lo mandó azotar tan bárbaramen- 
te, que todos creyeron moriría en aquel martirio. El santo lo sufrió 
con admirable paciencia y conformidad ; ofreciéndolo á Dios, rogando 
por la pobre esclava convertida, para que saliera de la esclavitud, 
no volviera atrás en su resolución, y pudiera ser enviada á España; lo 
que efectuó, embarcándola para que pasase á Aragón de donde era 
natural. 

No fué esto solo lo que padeció el Siervo de Dios. Ciomo animaba y 
predicaba á los cautivos, reprendiéndoles de los vicios en que estaban 
encenegados, le acusaron de que habiéndosele mandado no predicase, 
andaba por todas partes explicando la ley de Jesucristo y persuadiendo 
álos moros dejasen la ley de Mahoma. El Alcalde de la ciudad de Bona 
mandó prenderle, darle de palos, y encerrarlo en una mazmorra, don- 
de estuvo un año cargado de cadenas ; saliendo atado con los otros 
cautivos, descalzo y andrajoso, para el campo á cavar y hacer leña, 



^ 421 — 

padedemdo grandes trábaÁios,' y recibiendo pnlos y azotes a instancia 
de aquel moro rico de la cautiva^ y con tal drueldad se le trsítabaj que 
jamás se había visto con cautivo alguno. El santo sufría y -callaba, sin 
escribir á España, abandonándose enteramente á la voluntad deaqud 
Señor por quien deseaba padecer. Ün año est^uvo de ésla manera^ has* 
ta que rtuestra Orden, interponiendo la autoridad del Rey de Aragón' 
D. Jaime II, negoció (X)n aquellos moros su Ubertad y la de los cau- 
tivos que el santo Varón faabia rescatado, debiendo ser todos entre- 
gados á unéapitan de navio que salió de fiarcelona con- salvó conduc- 
to y cartas del Rey D. Jaime. Hubo no pocas diSoultades que vencer; 
pero al 6h se efectuó la entrega, y el satotocbn sus 408 cautivos res-' 
catados llegaron á la expresada cfudád''emt'grañde*aIégWa<dé'todoB.' ' 
' Póéétrenipo vivíó'él'SMto;>ae8*f)¡M^(iito UevfSiHsíé fi<<leseaWs»rén' 
el cielo al que tanto acababa de padecer en la tierra. Murió en- Btíift^ 
loítd'niré^fai fícOoMonidiidídstlib» réfeando á tnéitMr néoiid'eo et Coro 
el Fmedietíh dié liaftdes, y désdeíalli oyóse dMHéiAsíca'aogetioa) en el 
mismo* instante qué espibó, ségfin at^iguaitMi'lob'ltéligioseS'qikese' 
hdAAiMiu'en'Sir 'celda J •'■•••']'■ '•'■■.'. .-r^ : ....;-;:.•.*•.;-. .-.l t 

75. 



• I • . . 



Rsdencion en Argel de 150 caatlvosenel aSo 1307. • . . 

* 
El noble Fr. Pedro de San Jaime, natural de Navarra» en el año 
4307'foé nombrado redentor, y pasó á Argel dondedíó libertada 150 
caetivoS, <]ue llenos de gozó y alegría se restitoyeron á sus familias; 



- 1 



« > • < 

Redeoeion en Granada de fOS cautivos en el alio ItOO, y glorioso martirio 

éel'P. fti Pedro de S. Hermana, ledeotor. 

• I 

Siendo General dtí nuestra Orden el venerable Fr. ktmA^o Rosi- 
ñol, vistió nuestro hábito un joven llamado en la Religión Fr.Pedro*de 
S: fierinanoóS. tiérmes, de quien nuestros Anales poca cosa diten 
46 



respppio de sq pairia y linaje ; pero a^araa que OoreCiíó en yirtad y 
santidad, viviendo en la Religión con graqde humildad, obediencia, 
i^ode^ua y vida ejemplar ; en ana palabra, como un varen perfecto y 
consumado. En su juventud estudió fiiosofia, teología y lenguas, es-- 
peci^lmente la hebrea y la griega. Después que entró en la Orden á los 
quele instaban ¿ lucir su talento y ciencia, aolia responder; que ya no 
trataba de otra ciencia ni ^tudio que loque convenía para la salvación 
de sq alma. Uqa vez le dijo un hombro docto , que siendo instruido en 
lenguasi la Orden d^bia mandarle ocupar, en conciencia, una cátedra 
en alguna Univorsidadi pue^ babi^ ensenado y debia enseñar ^ á lo que 
coi^lesló Fr. Pedro con la mayor modestia y humildad : «Antes era 
tiempo de hablar, ahora de callar ; antes en^efiaba á, otros las lenguas 
QKtriipjwag, ahora desQo epa«ñfiro^e á mi uúsoiiq y poper frepo 4 mi 
leogM.» 

. ornBpíése: esle.santo V^ron á repogpr liipwnas p^ft If r^^enipioii de 
caulivte, y como ^a lea humilde, Bimp&tiCQ y fimad? d^ uxloa, juntó 
una.bo^ia cmnUdad, y le nombraroq redentoft d^ndpl^ por empanero 
á Fr. Simón Fernandez, caballero laico, parair á r^4in>i^ ^ Graoada. 
Antes de partir fueron á encontrar áD. Fernando, Rey de Castilla, quien 
les dio buena limosna y continuaron su camino. En Granada ysusalre- 
dedores rescataron 200 cautivos cristianos, pues abundaban en todas 
aquellas poblaciones^ y con el, roce eos los infieles, se les había pegado 
algo ó mucho de sus torpes vicios, olvidando las obligaciones de cris- 
tiano, sin. saber ya ni ofaoiqo^i.ni i^^i^DidAfiMeotoStf ni, aftfoulp^i nj se 
oonfetóban. Tuvo de eaiO tan^ pueña, el ^nto varón Fr. Pe4ro, q^e ooi| 
lágrimas pidió al. Rey <]e Grabada permjs^ p^ra qi^eds^rs^ al|U m aAo 
entre los cautivos, sirviendo como ellos lo que se le mandase, con tal 
que le fuese permitido enseñarles lo tocante á su fe ó Religión. Aun- 
que el Rey de Granada Mahomad^Abenhazar era algo tolerante, no se 
atrevÁa á oonoedisrle el p^r^Ms^) poi* p^r^c^ le qu^ era^ da^le licencia 
para predicar publicameite naestna santa fe;: piefo.pudíeron tanto los 
ruegos de las caritativas entrañas de Fr. Pedro, que por fin le con- 
cedió el qmdarse, y F)r. Simón Eernaüvie^ tuvA qtiQ i^se solo iw los 
200 cautivos. 

' Mucho sintió ^lueslra Orden esta deleifminacion del saoVo ?r. .ppdro, 



— «23 — 

por ios pelfgrod que le amenazabais ; más ctltno so zéto y caridad era 
conocida de todos, y la ocupación ó ministerio que habia tomado tan 
Jieroica, se le envió la licencia que había pedido. Alegre el Varón de 
Dios con la licencia de la Orden y cotí la del Rey moro, empezó á pi^- 
diear la hée Jeaocristo ; pero no se contentaba con enseñar y prddiélrr 
A loa cautivos criaitdooé, sino qoe en secreto cafequízaba y disponía á 
aquellos moros en quienes hallaba capacidad y disposícioti para el 
Sto. BaulismO) el que administró él mismo á seis infieles. 

Bnséfiaiido y predicando líegó á la ciudad de Almería. «Gobemabo 
en ella tiránicamente ún moro, ahivoi soberbio y enem^o de los cris- 
tianos, llamado Aborrabes, que se preciaba de descender de los Reyes 
de Marruecos. Fr.Pedro llevado de su zelo, pidióle licencia para entrar 
eo la ciudad, y comunicar con algunos cautivos que sabia padecían 
. mocho, y le 'causaban grao. compitíion.Dió^ia el Rey Aborrabes con 
intención dañada; pues apenas el santo hubo entrado, mandó pren- 
derle, cargar de ciadenas y encerrar en ana oscura mazmotr'a. S^épie- 
ron nuestros Religiosos la mala fe y crneldad de Aborrabes, 6 instaron 
á los Reyes de Castilla y de Aragón para qoe ésctíbíeran á este tirano 
qoe pusiese en tiberiarfal ^ntot'r. Pedro, quien habia entrado en sü 
reino bajo sv patebi*8 ; pero ocvpadoiá estos dos Reyes, se tardó ^n 
practicar estar diligencia, y cuando se hizo ya fué tatdé. 

El tirano Aborrabes, enemigo délos cristianos, deispues de alguivos 
meses dé tener é FV. Pedro en la escora mazmorra, bito correk* la voz 
por su reino que áquet fraile era un espia de \ú& cristianos, y cori pa- 
recer de otr66 tan maios como él, ptibtioó qw sé le debia dar nfna 
maerlela mas cruel y espantosa, para que los demás esfcarmentaseo. 
Como él sabia el modo con qoe en Castilla sé castigaba á Tos fbcínero- 
006 que oometian delitos atroces, mandó lo sacaran de la mazmorra, y 
montado de cara atrás en un borrico, fbé conducido ftierá la ciudad, 
dándole en el camino trescientos azolea ^ el vientre óM tanta crueldad 
cfiie pensaban moriría antes de llegar al lagar del suplicio. Llegaron 
finalmente, le ataron á un palo, y en oprobio de la santa cmz,con una 
navaja le rajaron la cara en forma decru^. El valeroso mártir que es- 
taba todo absorto en Dios, volvió en si, y empezó á alabar al Señor, y 
con mil amorosos afectos á la santa cruz en que murió Jesucristo, 



— 124- 

,c0n(Qienel mismo tono que lo haee la Iglesia él O Orust^ m^$pe$ 
única... I , 

Atónitos los moros, fueron á contarlo á Aborrabes, quien encen* 
di(|o de rabia mandó lo pasearen por lascáUes, y lo atormen (asearon 
bierros.caadoQtes : el sanio dando gracíasá Dios^antóél íír^jI Domi" 
ne; ,$f>^r«i)t/ . -t Viendo ios verdugpSi que <;on tantos tormentos. no podiao 
acf^b^v Qpn^if cansados y rendidos de SHórmentarley le volvieron fuera 
la ciudad, y alii pi»esto en una aspa lo ^saetearon, y el Sto; Mártir en- 
tr^ so espiritual Criador. Despees de muerto fo^arréslradopor las 
oiiUes,. y ecbado al rio, ó al miM*i según dicen algunos» 



« 



77. ■ 

Redeocioo en Teloán de 100 caalivos en el ¿fio 1311 

En Barcelona, nació el venerable Fr. Raimundo Albert de noble 
y esclarecida familia , y alli vistió el hábito, siendo ya graduado en 
,ambos derechos. Dotado de buena kidole y muebo talento, desde el no* 
vicia4o aprovechó en la virtud y en las sagradas letras. Fué siempre 
humilde^ piadoso, obediente, desprendido, silencioso y muy casto. De- 
dicado al pulpito y al confesonario, hizo gran fruto en las almas; pues 
sus palabras llenas de amor divino penetraban el coraáson de los que 
le.oían. Resipetado siempre y amado de todos,, fué elegido Prior del 
convenio de fiarcetona^ mas tarde Maestro General de la Orden; y hoq- 
H^o después, .con la párpoi^a capdenaliciay lleno de méritos y virtudes 
lOtiríóeii^l ano 4330.' * ? « . 

.„ :.&i el aao,43t.3 fué elegido 4?(<denlor{ cargo que aceptó y óomplió 
conizelo y, caridad^ Atn^aSideiBUiSanjtidad.y.vjrtudera iliecreirisimo y 
pi^od^ntQ^yse pp^tótajH bien; qqe ganó fama de< varón aagaz* y densa— 
lduro;acuefH;h>.'Qatne.li9S)ftMstaa&iASeles^ « rr' ..•:' . . : ; > mí' -• \r 
.,.. ,Empren4ió:eLv;ij^ paxa'Afrioaj sU firiendor con frao: paciencia y tre- 
^s^f^cioa Jias mucthas íDcomfodidades ^ «fíalos tratos de los moros que 
para él eran mayores á causa de su delicada salud. Abordó en los rei- 
nos de Fez y Marruecos, é hi£0 redención eo^Teluan. Entre varias co- 
sas como caudal para redimir Fr. Raimundo llevaba ciertas joyas de 



— i26 — 

oro y piedras de gran valor. El Alcaide de Tetoan qaiso verlas para 
dar en cambio alganos esclavos. Mostróselas el P. redentor con toda 
sencillez y cortesía ; pero el Alcaide quería quedarse con ellas, dando 
en cambio ond^ pocos esclavos ancianos y enfermos. Viendo esto Fray 
Raimundo, y que el Alcaide ya no soltaría las joyas, le habló con dig- 
ntdad'y iftansefckimBre, diciéndole : «Sefior,' túf estásáBcionddo á iestas 
joyas) yo quiero complacerte y saiisracér tu gdsib : si hemos dé Araiar 
CQ^o^os mQ¡*cadepe8!%BBle8, estas joyas vdlcyi dte. veces< mas derlo 
qüHe Vfr*da^ ;'y asi como iú haís manifestado tu afición,: yo te ipánifiesto 
mí sentim^nto del agravio que ^e* haces t' y kni voluntad de no pasar 
po^eMo;eonlodosi nos hemofidé trálar,túcomo^raiiseñoreci tu lieiv 
TB ^ oasa, y yo como 'Religioso forastero y en casa ajena, tú debes hoo<^ 
rarme, y yd ob^ecerte, y asi quiero baoerlo regaléadotla eatos jofy^ 
sin interés ; pero advierte que para honrarme dd)e8 ieñviar im te&iir 
inonio á mi Religión, quesrempré que-Be-ie ofrezca algot)a fCo$a' en tu 
liérraf, quedas obligado á so servicio y á mostrarte agradecido: en ílo 
que^ ofreciere.» Quedó admiradoy confosó ei Alcaide al ver tanta 
generosidad :y prudencia , por lo qtte mandó darle el valor de las joyas 
y Io$ ^avos qtie señalase. 

Pr. RaimaMo aprovechó esta bport^óidad ; <x)nplayó lo mes pronn 
to que pudo su rescate, y-arrancódelpoder 'de los iníleles 400<esolaf- 
vos,que acompañó á España con mucha alegria, después de haber pa- 
sado largos trabajos, fatigas y peligros de muerte. 



1 1 



•rs. 



' ^'Rédéncit>hénÁfge1del(>9(»íi^bS(^elhntím^^ .'.I 

ET venéraMe P. Fr.VBercñgárSo €anialv bas^ekMtóa.y^fde >BQÍ)leíé 
ild^tns fainrUiafi doctor ed ifologiaj y que- mafcl0rd«^ fué eW^do Haes- 
tro General, en el año 4313 le nombraron redentor y pasó ¿Argel, 
donde arrancó de his cadenas de la esdaviiud ¿459 cristianos que llo- 
raban la pérdida de su libertad. 



— 126 — 

* 

19. 

fiedeiicioii en Gimnada de 158 eatittfos eo^l «fio t813. 

Usando y pübticMCb' naeiilros Religiosos por Csstitta y Andalucta 
]o6 privilegio» éoDcedidos por los Reyes á favor de la redeocion de^au- 
Uvds, recorrieron lie ^póblaeionés y recogieron nracbas liroosoas y le- 
gados; que pusieron en manos de Fr. Alfonso del Rio, redefii^ .por 
Caslfila. Retiñido et^caudal y carias ée reooBiendac¡od,oon dos compa- 
ñeros pasó á Granaba en el añoOia^ y se presentó á IsiMel V^ Rey 
moi^ de aquel mno, qoien le recibió ton agrado y benevolencia, dan*- 
dode Taeciltad piara tratar y negociar libremente en sus lesiados todo lo 
O0noenii6fft& á ift rédencioa. 

£IP. redeniory srproveétttmdoel^ Tavordel Rey, redimió de bes* 
davitod eñ ia dudad de Oranada y Ivgares circunvecino^ 258 cristia- 
nos. Bl ánimo del P. Redentor erar fesoatdr ^tas cautivos, pnes no le 
* fallaba difiero ni vclnntad efe kaoerio; pero no se a[lrevió.por>l|os temo- 
res de guerra, y en tiempo de guerra los sarrdcenos^ no guardan pala- 
bra dftda, por lo que se resolvió salir presto de GnanlM}|^ con loscauli- 
vos, que eon et tÉvor dd Dios ooridojo á salvO'. • 

so; 

Redencioii en África de IM cantívos en el afio 1313. 

El venerable' P. Fr. Ralwondo AJbert, Prior de Barcelona, apenas 
babia concluido su redención en Tetuan, cuando al año siguiente de 
4 31 9 fte embarcó y pieó otra vttE ai África. AIK, dicenñoeetn» Anales, 
qué padeció grande^ trabajos y evidenies peligros de la vida, si bien 
quiso Dios saliera libre dee^los, para que no se perdiese la redención, 
qué fué de 100 cautivos, á lóseosles condujo salves á España. 



- 427 - 



« é 



81. 

Redención en Tonex donde los redentores Fr. Jaime y Fr. Adolfo recibierdfl^ 

la palma del martirio en el aDo 13U. 

Do6 redentores de la Merced Ilftinados Fr. ^ainoe y Fr. Adolfo, ca-« 
tahnes segün parece^ faeron enviados á Tgnez en e) año 4344 por el 
Rmo.'Hlro.^Crénerai de hí Ordeft. GonoIbidA su rédáacion, se embarca* 
ron con Ibs cautivos ; pero en. alta mar fueron abordados por piratas 
sarracenos, y: quedando cMthros los redentores^ los lievarqn otra vez 
á Túnez. Alli en defensa de la fe de Jesucristo íéeron borrít)lemente 
roartírizados, y moertbs en fln por los moros. Se ignora el núnnero de 
cauitvoíBí que redimienon. 

• • ••88. 

Bedencion es Argel de 217 cautivos en el afio 1311. 

Hombre de poras y candidas entraiasy de un natural .áenQolllo, 
dice el bisloríador Remen, fué el venerable P. Fr. Guillermo Giralt, 
hijo de hábito y asimismo Prior de Barcelona. Este varón santo te- 
nia un zelo grande para el bien y aumento de la Orden; asi es que 
eu observancia era ton ^niplar, un «odel6. DoMdo.da uni.cíMraíMl 
compasivo para todos, y en particóW para los pobres cautivos, anhe- 
laba siempre trabajaren su favor. Era tan humilde, afable, prudente, 
discreto, ya) fbisAió tiempo tan ínstüruidd y labdr¡o)so^ que tá Orden á 
los pocos años de profeso no átrd6 en conferirte algunos oficios y cinv; 
gos d% consideración, cuales fueroti primera el^ de redentor y .de^uie» 
el de Wipr de Barcelbna. 

Cuantío 1é nóinbraron* rédéolot^ en 4 84 4 ^ se éipb«ro¿.pata itngieL, y 
aRÍ predicó con ^níia libertad liai ley de Jésoorisioivsk' quena^jí^ 
le injuriase ó molestaaei oesa que fM* atribuida é ana esp^ial protec^ 
cion de Dios. Carnosos deseóseran • atiplar las penaa^los cautivos, 
procuró luego hacer el rescate, y rompiendo las cadenas de la eseia^ 
viiud á 420, ios consignó ó encargó i su oompallero, que seen»banc6 
con eHos^ y éf se quedó en Argel para consuelo de k» que no ies hábi» 



cabido la suerte de ser redimidos ; pues temió qde no habielido 
podido alcanzar la suspirada redenUon, desesperaran y cayeran ec Lj 
iiAdelidad ; asi es que llenado caridad determinó quedarse, esperar- 
do que el P. Prior d^ Barccloi^i, Fr. Raimundo Albert, de quien 
intimo y muy querido, recogería limosnas de Francia, Cataluña y 
gon y se las mandaría,. y pddm idarliBs la libertad. 

Atendido el bondadoso y, compasivo corazón de, Fr. GuiUeroio y ^^ 
ardiente zeslp. por la^lyapioA deias alqdas,(i)qes.pqsm$i^plic9r coas- 
lo trabajó. para elaiino y Qon^iwtedo.^quellpii.^qbresiCiaiuMvoB^exhQr- 
táodolesique con&araaen Díq$ y porsey^asen qc^. la Cerque Dios oír vJi 
sos rueg<^s y gemidosí^ í . .. ,, / . ,, , 

. Fr. GuillermQ.QO en vano, puso ^u coi^6ap^v;4espu^s de Dios, ra 
el P. Prior de Barcelona Fr. Raimundo Albert,; pues.^}^,. r,Q^Ql^Unii^ 
su zelo, recogió limosnas para la santa obra de la redención, y las en\.'.i 
al P. Fr. Guillermo, quien pudo riejj^Mnir 97 cautivos, que desembarcó 
en Cataluña y restituyó á sus familias. Habiendo, pues, ya antes man- 
dado á Cataluña 42Ó re¿l¡mi'dos, tenemos que Fr.'GüíHérliio, sin salir 
d6lAi^,t4ióflibpríadé!2*XQ9^tí^QS.. : f , . , , . ; . ,\ .,;/ . 

ledeociODieo <fraoUa<4k Ifi^ ¿aiitivos en el la^So ldJ4,7 gloripjBp ^iiarUrío de 
. Io^,re(iei)^ote8 Fr» iu^ ^e.Zpr9za y ¥j^ Juap de. flaete. 



. • 11 



» . « 



.. jEIFl Frv.IeidorA Oím fué tio^ibradQ redei? forjan. f|l ;9ño I^i4, y 
babiéadoae ¡hedió oitfgo í^ú Vallad^líd .de ias. ji/no^nas qvie n|ae£;lrps Re* 
ligiofo¿ppoeuraj^QiparaibaQer;^|^i|n.r€^^at^ ;d€i cprisi^erficiop^ partió 
para Andalucía, debiendo esperar en Córdoba á; los .§an^)p .varones 
FrJJjBab de^ozaly Fr« JudndeHiietetreidentores princi pales ,. para 
ir. Juntos á efeetuar ]a ned^ncion. A pesar de Jr e). P. Diaz ^aconqfia.QBdo, 
enire Avila y SegOtviaJa.^iidrQftUQOs salteadores, que le ma1trfi\taron y 
la quitaron outfnto Ueyaba : ensu oposecuencja sjs fué ,á Avila^iy desde 
aUidló cbenta.de lo sucedido á Yalladolid,; perq jojs ptpps dos r.ed^eaio- 
resieáabaa ya^n camino. Llegadpid..áAii«ila, s^8. cuidados ifo^on con 
etP«.D¡aZy yersí babiá mediof para reGobpar,a(g9.<Fr. jIo^ade.Hjuete 



— 429 — 

no hacia oira cosa que Horar y rogar & Dios les diera pacjencia para 
sufrir reaignados aquel contratiempo ; pero Fr. Joan de Zoroza, con 
OB zelo ardienleí hizo una eseursioo por los pueblos comarcanos, y les 
predicó con tanto espíritu y fervor, que iodos pedían perdón á Dios 
arrepinliéndose de sos culpas, y fué Dios servido que antes de un mes 
volvió á estar en poder del P. Diaz la mayor parte del dinero y ropa 
que le babian quitado, lo que fué entregado por unos hombres en- 
mascarados á una pobre mujer, cerca la Palomera de Avila. Dando 
gracias á D^ los redentores por favor tan señalado^ continuaron su 
viaje y oon aakocofidacto ei»traron en Granada. 

Hahomad Ismael reinaba alli por su hermano Mahomad el ciego, 
quien recibió con agrado á los redentores. Estos procuraron luego ha- 
cer la redeocton, y dieron liberladá 420 cautivos; pero quedaban 
otrotain rescate y coa grao. peligro de dejar la fe, en particular seis 
BHijeres mozas y bien pareetáas^ andaluzas todas. Los dos Fr. Juanes 
ae (^vedéroQ al Beyvqnedár&e en rehenes por el precio del rescate de 
aquellas nwjeres, y^qoe estas jna rebasan libres. Gonvinoeo ello el Rey, 
eco tal 4fae el Cadi fuese del mtsaao parecer ; pero considerando Fray 
¡uén de Zoroza-caan necesario era confortar á los cautivos, pidió al Bey 
lioeaoía para salir por ia comarca. 

El P. Diaz se marchó con los redimidos á Castilla» habiendo hecho 
le fwsible para que ido ae quedarao sus compañeros. El P, luán do 
Huele y «I P. ioan . de Zoroza pasaroo á Baza ; el primero lodo era 
orar, razar. y >coo9olar á los ea«itivos ; el segMndo predicaba pública- 
fnenie por calks y. plazas la /e de Jesucristo : ¿ esle dieron aviso de 
parte áel Bey que ao predicara bajo peoa dejser castigado. Ua alfaqui 
4)ae8e preoiaba de'aabíOi, jse le presentó enviado por el Cadi. para ar*- 
güir y hacerla dejar la fe de Jesocristo : el P. Juan tocpando la pala- 
im <kjd cosas tan altas de nuesira santa fe« y contra la secta de lUaho- 
ma, que confundió al alfaqui (quien, dicen algunos, se convirtió), y al 
sabeifto<ei Rey^aeiíndignó de lal manera^ que mandó fuese Fr. Juan 
eoinegadoí á los muchachos, para mayor afrenta, á fia de que le ape* 
dreasoD. Echaron mano de él» le dieron palos y puñadas, y le llevaron 
al Jugar dei.snpUoio. 

Al saber Fr. Ixím de Buete lo que pasaba, corriendo fué á juntar* 
i7 



— 130 — 

se con Fr. Juan de SSoroza, predicando como él. Nuniatados los dos y 
conducidos al lugar señalado, los maltrataron de nuevo y ataron en dos 
palos, y habiendo respondido siembre con valor que preferían morir á 
dejar su fe, llovieron sobre ellos tal multitud de piedrie y saetas qoe 
espiraron, volando sos almas á gozar de la corona y palii>a del mar- 
lirio. 



84. 

Redención en Túnez y glorioso martirio de Fr. Alejandro SidKaoo 

eu el ano 1817. 



Inflamado su corazón del fuego del divino amor, vivió Fr. Alejan- 
dro Siciliano, y abrasado su cuerpo de fuego por amor de JesacrÍBto, 
murió coronado de gloría. Llámase SíciFiano por ser natural de la isla 
de Sicilia. Inclinado á ta virtud, á la edad de 4 6 años, para despegar- 
se de la afícion á las cosas de la tierra, deshacersei^e la parné y san- 
gre, y aprender á padecer por Jesiicrísto, determinó .'dejar sa casa y 
parientes, y vivir como peregrino, visitando cuantos santuarios exis- 
tían en aquella isla, hasta que, contando 24 años <|e edad y deseando 
la quietud, determinó entrar en Rieligioii. i , .; 

Embarcóse en una fragata, y después de haber corrido grande ríes- 
go su vida, salvo. y sano desembarcó en ta isla dé Gerdeña, y ofrecién- 
dose á la Sma. Virgen María, vistió nuestro hábito en el convento de 
Boenaire en Gagliári, «n donde profesó, y después fué destinadb á Ya- 
lencia. Yiéndbel Rmo. Fr. Arnqldb Rosiñol, Mtro. General, en Fray 
Alejandro un Religioso y sacerdote humilde, observante, fervoroso» en 
una palabra, un varón Heno de ardiente zelo de la gloria de Dios y de 
la salvación de las almas, lo destinó por compañero de los redentores 
que debian pasar á Túnez. 

Embarcáronse en Valencia) y llegados á Tunéz iempezarón el res- 
cate. Como los redentores «onocian la virtud y fervoroso zelo de Fray 
Alejandro, (leseaban que sólo se ocupase en lo ^tocante á la iredencion , 
porque sabian qoe en tratando de la gloria de DíoS) del Smko.iSBcra— 
mentó del altar, de la Stna. Vir^n, de la ^Ivadon- etéhna^ etc., este 



— Í3i — 

varan hablaba con tanto espirita y fervor que era menester algunas 
veces irle á la mano. Cierto dta un renegado presentó á los redentores 
OQ esclavo suyo enfermo, y ávido de dinero instaba para que lo rcsca* 
taran; pero conociéndolo los redentores, hicieron el^ desentendido, pues 
el cautivo es'taba casi moribundo. Viendo Fr, Alejandro al pobre cau- 
tivo sufriendo y llorando, lleno de caridad, dijo : «Este es el primero 
qoe hemos de rescatar, y si es necesario, yo me quedaré para que él 
86 vaya á España ;» y dirigiéndose al enfermo continuó : a Ven acá ; 
¿ no dijistes que ^res español y de Andalucía ?>« El cautivo respondió 
que si. tBntonces, añadió el sanio varón, ¿ crees que Jesucristo cruci* 
fícado puede darte la salud y la libertad ?» Contestóle qoe si. «Pues 
en nombre de Jésns levántate y vete á España.» ¡Cosa maravillosa! al 
instante quedó sano y ágil ; y volviéndose Fr. Alejandro á sus compa- 
ñeros les dijo : «Si por enfermo quedaba sin rescate y le dejábamos, 
llevéffloooslo sanó.» 

Este mjiagro pasmó á todos, menos á los redentores que yá teniian 
noticia de otras maravillas que Dios había obrado por este su siervo : 
pero quien mas se admiró fué el amo del esclavo, llamado Ismael, de 
nación catabres y de raza judia ; este quedó espantado, y dirigiéndose á 
Fr. Alejandro le dijo : «Gran hechicero y encantador eres tú, y mu- 
cho habrás Iddo y aprendido: enséñame, pues, á curar hombres, y te 
doy toda mi hacienda, porque no atribuyo esto á la virtud del nombre 
que pronunciaste» porque á este hombre mis antepasados le crucifíca- 
roD en Jerusalen.» Al oir esto Fr. Alejandro, olvidando lo prometido 
á sus compañeros redentores, con un zelo santo reprendió al renegado 
didéodole: « ¡Miserable! ¿De esta manera blasfemas del Smo. Nombre 
de Jesús, de aquel Nombre soberano, á cuya invocación se humillan 
los mas altos serafines, se postran los mas poderosos principes do la 
tierra, y tiemblan y se estremecen las potestades del infierno? ¿Esto 
dices de Aquel sin'el cual no hay salud, y que bajó del seno del Pa- 
dre? Es el Smo. Nombre de Jesús piedra preciosísima, escogida y sa- 
cada de la incomprensible grandeza del saber y poder del mismo Dios. 
Es ana joya sin precio; es la quinta esencia de las maravillas y mi- 
lagros ; pues da la salud, la paz, la alegria, la vida del cuerpo y la 
vida del alma; Con esto Nombre de Jesús huyen las desgracias, vie- 



— <3í — 

nen las felicidades, se espantan los demonios y nos eneaminaiMe al 
ciclo ; pues este Nombre es eielo en la tierra y gloria en el cielo. Todo 
lo que quieras hallarás si crees en Jesos, si amas áJesns y si pronon^ 
cías á Jesús. Tanto vale el Nombre de Jesús, qoe pronunciándole, y no 
pudtendo con la boca, con el corazón, rompe mil dificultades, facilita 
mil imposibles, borra las culpas y ahorra las penas./» 

Quedó el renegado tan rendido y humilde al oír estas alabanzas, 
qnederramando lágrimas y dando voces, pedia á Díoe misericordia, y 
á los Padres que se H) llevasen consigo, qoe él baria que se &c¡|ilara el 
rescate, y con algún pretexto sacaría salvoconducto para pesar á España 
á cobrar el dinero que él prestaba á los Padres; poes deseaba quedarse 
con ellos para vivir y morir en la fe de Jesucristo, y haeer peoileDcia 
de su pasada mala vida. Grande alegría tuvieron los Padres al oir estos 
buenos propósitos; pero callaron iodos por temor de que esto se hiciera 
público. Llegó el tiempo de embarcarse, y el renegado bmael cumplió 
su palabra, sacando licencia del Rey Mnley-Hahomet para pasar á Ya* 
lencia por el dinero prestado á los redentores, alcanzando primero sal* 
voconducto del Rey D. Jaime. 

Hasta aqui iba á pedir de boca ; pero al embarcarse un criado del 
citado Ismael descubrió al Rey el plan de su amo en su viaje á España. 
Sintió el Rey en gran manera la burla que querían pegarle, y encgado, 
despachó inmediatamente orden para impedir el embarque, y caso de 
haberlo ya efectuado se obligara á los redentores, cautivos y al rene- 
gado á desembarcar. Has estos dándose buena maña y diligencia, ha- 
bían ya desplegado velas, y solo quedaba en el puerto un pequeño y 
muy velero bergantín que cargaba algunas mercancías, alguna ropa y 
géneros de Ismael y algunos criados de su casa, y para animar á estos 
y disimular y asegurar el n^ocio, quedóse con ellos Fr. Alejandro. 
Llegaron los Alcaldes y enviados del Rey al puerto, y viendo que se les 
había escapado la presa, desabogaron su ira sobreel pacieniisimoFray 
Alejandro, dándole puñadas y palos y llevándole arrastrando y medio 
muerto á la presencia del Rey, quien le preguntó la verdad del caso, 
echándole la culpa. El santo varón lo sufrió todo con paciencia por Je- 
sucristo, y con valor cristiano dijo al Rey : a No te canses, hombre sin 
Dios y ciego en la seota de tu falso Profeta. Yo soy, sin merecerlo y 



— 433 — 

por solo la gracia-de Dios, quien ha vuelto á Ismael ó Leonardo, que así 
se llaitia, al Señor, para que haga penitencia de sus pecados, y muera 
en la fe que recibió en el Bautismo. Yo te he quitado este hombre para 
volverle á Dios ; ¡ ojalá pudiera yo traer á li y á tos vasallos al cono^ 
cimiento de la verdadera fe ! Para esto daría no una, sino mil vidas. 
Desengáñale, miserable, de los ciegos y errados caminos que sigues con 
tu Alcorán. Abre los ojos á la ley cristiana y vivirás como hombre de 
razón ; rinde tu entendimiento á la docirÍDa de la fe, y cree en Dios, 
ono en esencia y trino en personas, y que la segunda de estas perso- 
ñas ó Trinidad, es el Verbo eterno que bajó á la tierra y vistió nues- 
tra carne, murió por nosotros en la cruz y resucitando por su propia 
virtud, glorioso y triunfante subió á los cielos. Este, este es el camino 
que has de buscar para acertar tu salvación, dejando los errores de Ma< 
boma que está ardiendo en el inñerno.» 

Encendido de cólera el Rey, que no se explica como aguantó tanto^ 
con rabia infernal mandó que fuese quemado vivo delante de su mis- 
mo palacio. Buena prisa se dieron los verdugos en arreglar la hoguera, 
mientras que el Santo se disponía pira morir : los verdugos atizaban 
el fuego para que estuviese bien encendido, y el Santo atizaba sus de- 
seos de padecer y morir por Cristo. Resplandeciente su rostro de fer- 
vor, brotando las lágrimas de sus ojos por la alegría, y resignado á la 
volantad de Dios esperaba el momento del sacrificio, que no tardó. Al 
echarle al fuego rezó una fervorosa oración y fijos los ojos al cielo re* 
pitió estas palabras : «Huera yo por Tos, Dios mió, y para que ellos os 
conozcan; y espiró. 

Tal fué el martirio que padeció este insigne varón de Dios Fr. Ale- 
jandro con un ánimo intrépido y con un valor firme y constante. No 
cesaban aquellos bárbaros de echar leña al fuego, para que consumido 
todo el cuerpo, no quedasen reliquias del Santo. Vino la noche y esta- 
lló tal tempestad de truenos y rayos sobre la ciudad, que los infieles 
temblaban y temían la ira de Dios. Algunos cautivos valiéndose de la 
oscnridad y de la tormenta, pudieron recoger algunos huesos que 
guardaron con veneración. 



— 434 — 



85. 



Redención en Granada de 300 cautivos en el año 1318, quedándose 

el redentor en rehenes. 

Ed el año 4318 pasó á Granada el venerable P. Fr. Luis Gaseó, y 
coñac eran tantos los cautivos que lloraban la pérdida de su libertad, 
redimió hasta 300 ; pero no alqanzando el dinero para tantos, se que^ 
dó en rehenes, y su compañero se marchó con los cautivos* 

86. 1 

Redención en Argel de 3&6 caativos en el a0o 1818, quedándose alli 

catorce Religiosos redentores. 

Uno de los hombres mas eminentes en letras y virtud, y de mas 
ardiente zelo para la redención dj) cautivos, que han honrado lá blan- 
ca librea de la Orden de la Uerced, es sin duda el Emo., Cardenal Fray 
Claudio de Tooellas, cuya vida y milagrosa vocación voy á trazar en 
cuatro toscas pinceladas. 

Fué este esclarecido varón francés , graduado de Teología en la 
Universidad deTolosa, canónigo de Carcasona y muy estimado en sa 
pais. Heredó de sus padres una pingüe fortuna ; pues era hijo único, 
y se trataba con ostentación. Estaba un día de verano comiendo en sa 
casa, cuando llegan dos Religiosos de la Merced pidiendo con una hu- 
mildad y modestia que edificaba, limosna para redimir cautivos. Man* 
dó que entrasen, no para darles cosa alguna, sino para reprobaren sa 
presencia el fin de su Instituto, porque con la redención de cautivos 
enriquecían á los moros. Estas y otras lindezas semqantes que les dijo, 
afeándoles tan santa obra, los Religiosos las sufrieron con toda humil- 
dad. Asi acostumbran hablar, en todo tiempo, los hombres de regalo, 
poca caridad y piedad ninguna. 

Después de comer, y haber reprochado á aquellos dos héroes de la 
caridad cristiana sus trabajos, púsose á dormir la siesta, y en lo mas 



_ i35 — 

profundo del sueño le píareció qoese hallaba en uncampo muy dilatado, 
y que venían á él unos hombres feroces en traje de mahometanos que 
querian cautivarle, y para escapar de aquel apretado lance, fuese á 
todo correr á un castillo que se le presentó, donde llegó muy fatigado 
y temblando por lener ya cerca á aquellos enemigos blandiendo des- 
nudoiralfanjes. Parecióle á mas, ver sobre el portal una imagen deNtra. 
Señora de la Merced con un cautivo á cada lado, y á sus pies leyó: 
Hacési poria ewlL Llamando y empujando la puerta con ahincó para 
qoe fie la abriesen, oyó que de dentro le respondieron : que aquella 
pííeriano $e abría á las que eertaban la mya á los pobres de Cristo ; y 
como él replícase pidiendo iniserióordía y prometiendo no cerrar á los 
pobres su puerta, se le preguntó: ¿Qué prendas darás para que se crea 
que cumplirás tu palabra? A lo que contestó, que daria el anillo 
de oro que llevaba en un dedo, y el ceñidor rico que traía ; y quitán- 
dose el anillo^ y el ceiüdor, le abrieron la puerta, y los entregó. En este 
momento dispertó con tal sobresalto y congoja, que empezó á dar mu- 
chas voces, y acudiendo ia gente de la casa no podían sosegarle. Vuelto 
eo si, y no hallando ni el anillo ni el ceñidor, quedó maravillado y 
suspenso, y conociendo que aquello había sido mas que sueño, resolvió 
mudar de vida, y no despreciar aquel saludable aviso. 

Gofr este buen propósito salió luego de su casa, sin dar cuenta á 
nadie, y se fué al convento de la Merced, en cuya puerta encontró á ios 
dos Religiosos que había despedido ; les comunicó la visión, y les dijo: 
«Tomad, Padres, estas llaves de mi casa, de mis arcas y cofres; abrid- 
lo lodo, y sacad cuanto hallareis. Pagad lo que constare debo á los que 
me bao servido, y emplead lo restante en la santa obra de la reden- 
cioD ; pues yo quiero asegurar mi partido, y cumplir lo que prometi 
^l que Qae pidió las prendas. » Dicho esto entró en el convento, y con 
la oías profunda humildad, lágrimas y sollozos, arrodillado pidió el 
hábito de la Orden. El P. Comendador dio aviso al Sr. obispo de lo que 
pasaba, quien acompañado de algunos canónigos se trasladó al conven- 
to para disuadirle de lo qué iba sThacer ; pero se explicó.de tal mane- 
ra, que tanto el Sr. obispo cómo los canónigos alentaron al P. Gomen- 
dador y Religiosos, que estaban indecisos, á que lo admitiesen. Resol- 
r, pues, y le dieron el hábito con inmenso gusto de lodos, } 



— 436 — 

general admiración del obbpOn oabiido, ciudad y comarca por ser per- 
sona muy conocida. 

Los Religiosos á quienes Fr. Claudio había entregado las llaves de 
su casa, las posieron en manos de su Prelado, y este después de ha- 
beese hecho cargo de cuanto perteoecia á Fr. jClaodiOi y pagados sus 
sírvieoles, empleó lo restante en lo que él dispuso, unayez profeso. 
Entró en la Orden á principios de julio del ano 4302^ á los 29 años de 
su edad. Profeso ya^ llevó una vida mas de ángel que ^ hombre, y 
eti .itn todo proporcionada á tan notable vocación. Ayunaba todo clafio 
cuatro <l¡as cada semana, y los mas de ellos é pan y agua, ó conten- 
tándose con alguna fruta ó I^umbres. fiebia solo fi^a, no dormía en 
«ama, no usaba lienzo á mtz de la carne. Andaba siempre cargado de 
cilicios, y se daba frécaenies y rigurosas disciplinas. Sus hábitos eran 
luastos^ pobres, remendados y cortos. En el convento no salia de sn 
celda sino para el coro ó actos de Comunidad. Predicato con mucho 
íruto y conseguía notables conversiones. Todos los dias arrodillado re- 
sábalos salmos penitenciales, la corona y el oficio menor de la Virgen, 
de la que foé siempre may devoto. Era silencioso, desprendido, dad« 
A h oración y á todas las virtudes. Compasivo para los canli'vea, se 
aplicó en recoger limosnas por las piudadea, Tillas y aUeas del Lan- 
güedoc^ f)pedicando en todas partes, sufriendo mochas inconAodidades, 
porque comunmente andaba á pié , y coa el awmttio del cielo reonió 
buenas limosnas. 

En estas sanias ocopaciones pasó onos ocho naos. En 4341 falleció 
el P. Comendador de Caroasona, y el P. Uaesiro General y Definflorio 
4o nombraron para reemplazarle. Al recibir la pwteníede este nombra- 
miento^ lo sintió «D<ucho, por verse prt'vaido de 'ociaparse coti)o anles 
lea recoger limosnas para los pobneacautivos. Murió el General Fr. Ar- 
!náldo Rosiñól en el año 1347, y el P. Fr. Ramón Albért, que fíié ele- 
gido en su lugar, envió al Pafiaen Aviñon á Fr. Juan de Claregai y á 
Fr. Claudio Tonellas , donde despacharon muy bien sus necios, y 
Fr. Claudio predicó varias veces delante el Pepa y Cardenales, qae lo 
oyeron con gusto, y admiraron su vocación. 

Segunda vez fué enviado á Avifion por el mismo P. General, y eva« 
tuó au encargo con tanta presteza, que al llegar á Barcelona quedaron 



— i37 - 

admirados de ello tanto el General como los Religiosos, y por premio 
de sus trabajos pidió le absolviesen de la encomienda de Carcasona, y 
tanto ínstdque se lo concedieron, nombrando á Fr. Conrado de Mala vi- 
lla. Volvió Fr. Claudio á ocuparse en la santa obra de la redención de 
cautivos^ y para mayor provecho de ellos solicitó del P. General facultad 
y patentes para pedir limosnas en el Langüedoc, Rosellon, Cataluña y 
Mailoroa. Obtenida, salió gozoso de Barcelona, y para llamar la atención, 
puso en una basta, áeslilo de bordón de peregrino, una banderola, en la 
que había pintada la imagen de Ntra. Sra. de la Merced con un cautivo 
arrodillado á cada lado, y al pié un letrero que decia : Hac esí porta 
emlL La novedad del espectáculo atraia tanta gente en las poblaciones, 
qae no habia necesidad de locar a sermón ni esperar oyentes, si no que 
en las plazas desde algún punto algo elevado, predicaba regularmente 
sobre las exceleooi^s de la Madre de Dios, y concluía ponderando las 
penas y trabajos de los pobres cautivos. Asi recorrió mucha tierra re- 
cogiendo limosnas, y la gente le llamaban Fr. Claudio de Portacmli, 

Coa pláticas y persuasiones enfervorizó á muchos Religiosos á pa- 
sar al África, y quedarse entre ios moros para consuelo y fortaleza de 
los pobres cautivos. Entre ellos catorce, la mayor parle catalanes, con 
algunos pocos franceses y mallorquines, se decidieron ir allá. Obtenida 
la licencia, marcharon á Argel en el año 4348, coo los socorros que ha- 
bia receñido Fr. Claudio, y rescataron 346 cautivos. Contentos estos 
Religiosos por haber arrancado de la esclavitud á tantos compatricios, 
los enviaron á España, acompañándoles uno de ellos, y quedándose ios 
otros treee en Argel. 

87. 

RedencíOD en Argel de 317 cautivos en el afio 1318, y en otras once redencio- 
nes en África y dos en Granada el P. Fr. Claudio de Tonellas redimió 1450 
cautivos. 

Fr. Claudio oo marchó al África oon los catorce Religiosos, sino 
qae se quedó en España para recoger limosnas y legados á favor de la 
redención ; i^ es que tuvo un dia de verdadero placer el en que lle- 
garon loa cautivos de la antecedente redención ; por ver en ellos el fru- 
48 



1 



— i38 — 

lo do sus afanes. Al cabo de poco parlió para Argel con toda presteza, 
recibida la bendición del General, y llevando consigo todo el dinero 
que nuevamente habia recaudado en Aragón , Francia y Navarra. 
Animáronse en gran manera con su llegada los trece Religiosos que 
alli estaban, y con la cantidad que babia reunido dieron libertad á 347 
cautivos, entre los cuales babia muchos niños y personas de cuenta. 
Fr. Claudio vino con ellos á España, dando testimonio del buen em- 
pleo de las limosnas que habia recogido. 

Los otros catorce Religiosos se quedaron alli consolando y sirvien- 
do á los pobres cautivos, y de ellos ninguno volvió á España, sino que 
todos murieron alli, unos de muerte natural, otros de muerte violenta, 
por manera que en el año 4334 todos habían pasado á mejor vida ; to- 
dos habian ya recibidoel premio de haberse sacriBcado generosamente 
por Dios y por su Instituto, dejando su patria part^vivir entre enemi- 
gos que á cada paso les insultaban y maltrataban. 

Largo seria de contar si tuviéramos que referir uno por uno los 
viajes que Fr. Claudio hizo al África, España y Francia en diez y seis 
años que perseveró con el mas ardiente zelo en esta santa ocupación á 
favor de los cautivos, los inmensos trabajos que en ellos padeció por 
mar y por tierra, los peligros que corrió su vida, en el mar con tor- 
mentas y corsarios, en África con moros, en Cataluña con salteado- 
res, en Francia con herejes , de los que Dios le libró siempre milagro- 
samente por medio (como él decia) de la santa imagen de su Madre 
santísima que llevaba siempre consigo, á la cual respetaron en todas 
partes, y nadie se atrevió á quitársela ni poner las manos en ella ni en 
él. Sin las dos referidas redenciones, hizo en persona otras trece ; las 
once en África y dos en Granada, y entre todas^sacó del cautiverio 
á \ 450 cristianos, como se lee en su vida. 

88. 

Redención en Marruecos de S36 cautivos en el aio 13S1. 

» 

En el año 4321 fué elegido redentor el virtuoso y ejemplar Prior 
de Barcelona, el P. Fr. Guillelmo Girait, quien deseando siempre Ira-- 



— 139 — 

bajar por la gloria de Dios y la salvación de las almas, recibió esla 
elección con sumo gozo y alegría, y se le dio por eonapañero el grande 
y eminente predicador el P. Fr. Claudio de San Román. 

En aquel entonces, soberbios y envalentonados los moros en Espa- 
ña por algunas victorias que habían alcanzado, y por otra parte en- 
carnizados en guerras entre si en Andalucía, hacia que no podia. eje- 
catarse redención alguna en España, por los peligros que corrian los 
redentores y los caudales. Tenia recogida la Orden una buena canti- 
dad, y sabiendo que en Marruecos existían muchos cautivos, que años 
había gemían en la mas penosa esclavitud y muchos de ellos con peli- 
gro de dejar la fe, por desGon6ar de alcanzar la libertad, se determinó 
hacer allí rescate, por mas que fuese larga la empresa y erizada de di« 
ficultades y peligros. Ninguno de estos obstáculos arredraron al virtuo* 
so Fr. Guillelmo; al contrario, animó á su compañero y á toda lu Or- 
den, y no paró hasta haber alcanzado salvoconducto del Rey de Mar- 
ruecos Miramolin, lo cual conseguido, lleno de confianza en Dios em- 
prendió la obra. 

Embarcáronse en Barcelona, y tomaron tierra en la costa de Áfri- 
ca, cerca el Estrecho de Gibraltar, y se dirigieron á Marruecos sufrien* 
do mil incomodidades, y no pocos insultos de los moros, á pesar de 
qae llevaban guardas de los mismos. Llegados á Marruecos hubo mu- 
chas dificultades en el modo de hacer el rescate, porque entre los cau- 
tivos de consideración habia dos caballeros castellanos, uno de ellos 
may noble, cuya libertad costó mucho dinero, muchos pasos y empe- 
ños. La causa de esto fué, que un gran señor, el mas poderoso des- 
pués del Rey, tenia puestos los ojos en él para hacerlo yerno suyo; 
y á fin de lograr su deseo no habia dejado piedra ppr mover, ya rega- 
los, ya distinciones, ya amenazas, ya desprecios, y el caballero siem- 
pre se mantuvo firme y constante en su fe ; pero tan larga era so escla- 
vitud y tantos los halagos y seducciones, que al fin, aunque no habia 
cedido, su corazón estaba algo inclinado á una hija del mismo Rey Mi- 
ramolin. Lo supo el santo varón Fr. Guillelmo, y tuvo de ello mucha 
pena. Acudió á Dios en la oración, pidiéndole se apiadase de aquella 
alma y de la casa y linaje de aquel caballero, que era de alta alcurnia, 
no permitiendo recibiera tan afrentosa mancha con tal escándalo ; y 



— 140 — 

determinó hacer lodo lo posible para hablar con D. Juan, que asi se Ha* 
maba, y lo consiguió en presenda de su compañero Fr. Claudio. Era este 
un eminente predicador, fácil y elegante en el decir, libre y práctico en 
reprender ; asi es que con mucha finura y elegancia le habló mostrán- 
dole grande estima por su persona y nobleza, y grande aprecio á su 
constancia en haber sufrido tantos años, sin sentir flaqueza ni debi-^ 
lidad, á pesar de tanta seducción ; y luego con el debido tacto y deli^ 
cadeza le afeó el haberse últimamente rendido al amor de aquella mo- 
ra, con gran peligro de dejar su fe. D. Juan, en lugar de reconocerse 
culpable, se exasperó de tal suerte que les volvió las espaldas^ Fr. Gui* 
llelmo al ver su brusca acción, le asió de la ropa y le dijo : «Poco á 
poco, caballero cristiano, que con loca determinación vais á dejar á Je- 
sucristo, que murió en una cruz por vos, y precipitaros á una conde- 
nación que no ha de tener fin, determinación muy afrentosa para 
vuestra sangre y linaje : dadme licencia, pues no os veré mas^ para 
entregaros unas cartas de vuestra madre y hermanos, y deciros lo que 
me encargaron os comunicara.» Sosegóse un poco el caballero, y con- 
testó: «Pues ¿qué quieren mi madre y hermanos, después de siete 
años que no han pensado en sacarme de esta prisión y cautiverio?» — 
«Si no lo han hecho, replicó Pr. Guillelmo, es porque no han podido, 
# y las cartas que os traigo os darán satisfacción bastante ; señaladme, 
pues, hora y lugar para dároslas.j» El caballero prometió pasar á verle 
en la posada . 

Cuando estuvieron los dos Religiosos en su aposento, Fr. Guillelmo 
se retiró, tomó una fuerte disciplina y se entregó á la oración. En me- 
dio de su fervor y derramando lágrimas, dijo al Señor : « | Oh Dios 
mió! Si D. Juan sp presenta obstinado en tomar un mal camino, no 
sé que hacer, Señor, sino presentarle el tribunal de vuestra mise- 
ricordia y amenazarle con el azote de vuestra justicia...» Quedóse 
el Santo suspenso y absorto á manera de éxtasis, que le duró hasta 
la tai*de. A medio dia entró Fr. Claudio para avisarle ser hora de co- 
mer, y hallándole en esta forma no se alartnó, porque no er*a la pri- 
mera vez que en el viaje le vio gozar de aquellos particulares favo- 
res de Dios, por mas que el Santo procurara ocultarlo. Al caer de la 
tarde entró otra vcz Fr. Claudio, y vio que volvia en si del éxtasis, 



— Ui — 

bañado en lágrimas y con el rostro alegre, y disimulando como si nada 
hubiera visto, le dijo : c Válgame Dios, P. Prior, ¡ y qué bien ha dor- 
mido V.! Venga á comer que es tarde, pues le estoy esperando y está 
la comida Tria.» A lo que respondió el santo varón : «Mas fría estaba 
el alma de D. Juan, y mas le ha esperado Dios ; pero como el Señor 
es todo misericordia y amor, le recibe á penitencia para que no se 
pierda su alma. Dé gracias á Dios, Fr. Claudio, que presto verá á Don 
Juan muy diferente del que le vio esta mañana.» En efecto, loque dijo 
el Santo sucedió; pues aquella noche Compareció D. Juan, y llorando se 
echó á los piés de los dos redentores, pidiéndoles por amor de Dios, que 
se dieran prisa para sacarle de Marruecos, porque corría gran peligro 
la salvación de su alma si tardaban mucho en hacer el rescate. Abra- 
záronle con ternura los dbs Religiosos, asegurándole que se abreviarid 
lo posible, que á toda costa se baria su rescate aunque fuese necesario 
quedarse los dos en empeño y prenda. Marchóse consolado D. Juan, y 
Fr. Claudio muy admirado de aquella mudanza, no podia atribuirlo 
sino á las lágrimas, disciplinas y oraciones de Fr. Guillelmo. 

Blzose el rescate, y aunque cosió mucho la persona de D. Juan, y 
tuvieron que allanarse mil diOcultades para sacarle de Marruecos, al 
fin partió con los demás cautivos en número de 236, que libres y sal^ 
vos llegaron á Barcelona. 

89. 

Redención en Argel de 2S9 cautivos en el aSo Í32t. 

Por la fiesta de Pentecostés del año i 321 celebróse Capitulo Gene- 
ral en nuestro convento de Barcelona, y en él se trató y acordó, que 
para redentores fuesen elegidos los Religiosos mas doctos y mas ejem- 
plares, ó sabios y virtuosos, y en seguida fueron nombrados Fr. Jaime 
Soler y Fr. Diego de Baja, hijos de hábito el primero de Barcelona y el 
segando de Tarragona, ambos muy apreciados por su virtud y saber ; 
pues uno y otro habian cursado teolugia y cánones en las universida- 
des de Lérida y de París. '. 

Embarcáronse alegres y fervorosos, y en las costas de Berbería, es 



— U2 — 

decir de Túnez, Bona y Argel, recalaron 289 cautivos que estaban en 
gran peligro de perder la fe, y desembarcaron en Barcelona con mu- 
cho contento de*sus familias. 

90. 

Redención en Argel de 215 cautivos en el a&o 13i2. 

Solícitos nuestros Religiosos de la provincia de Francia de cumplir 
el fin y principal objeto de nuestra Orden, que es la redención de cau- 
tivos, procuraron recoger limosnas, y favorecidos por los obispos del 
Langtiedoc y Guyenne, recogieron una buena suma, y nombraron para 
redentores á Fr. Dionisio de Tona y á Fr. Jaime Baloys, franceses ilus- 
tres, no solo por la nobleza de su sangre sino por sus cristianas virtu- 
des. A mas contaban con deudos y parientes cercanos que tenian gran 
valimiento y privanza con el Bey de Francia D. Carlos V. Pasaron los 
redentores á la corte, y el Rey les favoreció con su real licencia, gran- 
des limosnas y cartas de recomendación para los Reyes de África, y se 
pusieron en camino. 

El día 1 1 de agosto de 4 323 se hicieron á la vela en Marsella, y en 
pocos dias dieron fondo en el puerto de Argel. 

El Rey de Argel les recibió y trató con benevolencia, pues deseaba 
la amistad del Rey de Francia, buscaba la ocasión, y le pareció que 
este era el medio de conseguirla ; asi es que les dio entera. libertad para 
ir libremente por sus estados, y hacer el rescate á su gusto. Asi /avo- 
recidos los redentores, pudieron visitar las mazmorras y baños, instru- 
yendo, confesando y administrando los Sacramentos al gran número 
de cristianos que gemían en la esclavitud, escogiendo entre ellos 245 
que rescataron, dinero contante, y se llevaron á Francia, donde fueron 
recibidos con santo entusiasmo en procesión, y continuando su cami- 
no, alegres y contentos llegaron á París. 

Nota, Algunos autores ponen esta redención en el año 1324 *. 
pero por lo que he leído, creo mas probable se efectuó en 1322. 



— U3 — 
91. 

RedeocioD en Granada de ill cautivos en el aSo 1323, y de 60 en 1324. 

En el año 1323 el l\tño. Sr. Arzobispo de Toledo D. Juan de Ara- 
gen, hijo del Rey D.Jaime II, guardaba una suma de dineroque de va- 
rios obispados le habian mandado para la cruzadi^. Este señor arzobis- 
po, muy devoto de nuestra Orden y compasivo para los cautivos, cono- 
ciendo la puntualidad, zelo y caridad de los ^Religiosos de la Merced 
en el cumplimiento de su cuarto voto, ó redención de cautivos, les en- 
tregó una buena parte de ella para tan santa obra. 

Nuestro Rmo. P. General nombró redentores al R. P. Fr. Juan de 
la Cruz y al R. P. Fr. Gil de Sevilla, quienes partieron para Granada, 
y habiendo hallado aquel reino en guerra por la muerte del Rey Is- 
mael, asesinado por la facción de los grandes ó magnates del reino, se 
vieron obligados á retirarse á Algeciras, donde consolaron y redimieron 
algunos cautivos en aquella ciudad y alrededores. Apaciguado el reino 
de Granada, volvieron los redentores allá, y en ella visitaron y admi- 
nistraron los Sacramentos á los muchos infelices cristianos que gemían 
en las pesadas cadenas del cautiverio, y con el favor de un Alcalde ino- 
ro, hombre muy instruido y muy considerado, les permitió rescatar 
267 esclavos que se llevaron á Sevilla, donde fueron recibidos con 
grandes demostraciones de alegría. 

Apenas los PP. redentores habian despedido los 267 cautivos para 
sos casas, que nuestros superiores entregaron al R. P. Fr. Juan de la 
Cruz caudal para otra redención. Este Padre gustoso y alegre volvió á 
Granada, y allí en el año 4324 sacó de la esclavitud á 60 cristianos, 
que restituyó á sus familias ; por manera que en estas idos jornadas el 
P. Fr. Juan de la Cruz dio libertad á 327 cautivos. 



— U4 — 

92. 

Redención en Argel de 130 cautivos en el afio 1326, quedándose 

un redentor en rehenes. 

Deseoso el venerable P. Fr. Ramón Alberi, Maestro General de la 
Orden, de procurar la libertad á los inrelices que gemían esclavos en 
Argel, excitó á los Prelados y Religiosos subditos suyos á redoblar su 
zelo en recoger limosnas para la redención. En seguida las provincias 
de Aragón y Cataluña nombraron sus redentores, cuyos nombres se 
ignoran por olvido en notarios, los cuales pasaron á Argel en el año 
1326. 

Caando los redentores hubieron escogido, vieron que el dinero no 
llegaba para tantos ; y aqoi fué el sentimiento de los Padres y el deses- 
pero de los cautivos. Los Padres no vacilaron un momento en quedar*- 
se en rehenes, mientras pudieran conseguir la libertad de los que ha* 
bian escogido ; pues muchos estaban en gran peligro de perder la fe. 
Lograron rescatar 448, quedandoun redentor en rehenes mientras qoo 
el otro pasaba á Cataluña con ios cautivos. A su llegada se agru(>a la 
gente ; los cautivos con lágrimas y á grandes voces publican la heroica 
caridad de los redentores de la Merced ; la gente se conmueveí, mezcla 
sus lágrimas con las de los cautivos, y se excitan unos á otros á con- 
tribuir para rescatar al redentor que ha quedado en rehenes, y de b 
que se recogió hubo para rescatarle á ^ y á 42 cautivos mas ; por ma- 
nera que fueron 430 los cautivos que alcanzaron hbertad. 

93. 

Redención en Argel de 100 cautivoaenel afio 13%7. 

El virtuoso y sabio Fr. Ramón Albert, Miro. General de la Orden, 
era tan zeloso para la redención de cautivos, que en 4327, siendo Ge- 
neral, quiso él mismo en persona surcar el mar, y en Argel rompió las 
cadenas déla esclavitud á 200 cautivos. Después de esta redención Fray 
Albert fué nombrado cardenal por el Papa Juan XXH. 



— 44& — 

91. 

Redención en Oran de 84 cautivos en el afio 1318. 



Ea el año 4328 Fr. Pedro de Córdoba pasó á Oran, pero con poco 
caudal, porqod era tanto el zelo de los Religiosos de la Moroed, que 
casi todos los años se hada redención, y alH dio la suspirada libertad 
á 84 cautivos. 



95. 

Redeacion en Trniez y glorioso martirio de Fr. Tomás Vives en elafio 1829. 

* ■ * • ' . * » . , 

Entre los varones que han florecido en virtud y santidad en nues-^ 
tra Orden, y han derramado su sangre en defensa de la fe de Jesucris- 
to, cuéntase- Fr. Tomás Vives, que nació en Valencia, de donde ora su 
madre, bien que* su ||)adre eré francés. Desde niño inclinóse á nuestra 
Orden,; y no podiendo tomar el hábito en so patria^ por Impedírselo 
sus padres, fnas tarde^ eontando ya ^4 años, pasóá Barcelona y alli lo 
virtió dé caballero laícOt Desütibrió kego su gran virtud/ y zeló por la 
gloría de-Dios y salud dé'las alma^ ; asi fué que ¿n él año 4307, con^ 
tando ütlos*cuátrd años de hábito, le destinaron por compaffeero de ios 
Padres redentores que pasaron al África. En esta redención no pudo 
encubrir el 2(áo de la^honi^' de Díóff y bien de las alúia^; poeB estando 
entre íkifiéIe6,tT0 ¿abítí callar, sino que póblicámente predicaba las-ver- 
dades de la fe católica, y era tan óonvincente so doctrina, que* ganó al- 
gunas almas para Jesucristo. Esto hizo que los in6eles le aborrecieran, 
y los prelados no le permitieron volver á rescate alguno hasta pasados 
mochos años. 

En el año 4324 el Rmo. P. General Fr. Raimundo Albert accedió 
á las súplicas de Fr. Tomás qué te pedia con instancia ir á redimir, y 
á pesar de que conocia su zelo y el peligro á que se exponia entre mo- 
ro9, ao quiso descontentarle. Embat^eFr. Tomás, y al poner pié en 
tierra de Túnez,' halló aquel gobierno muy cambiado, porque había 



— 446^ 

acudido alli mucha gente mahometana que se preciaba de mas noble, 
polilica y observante que los moros. Estos mahometanos llamábanse 
turcos, y lomaron muy á mal que Fr. Tomás • predicara ó enseñara 
la fe de Jesucristo, y aconsejaron al Rey le castigase, no permitién- 
dole hacer rescate y que le pusiese preso. Tanto instaron y dijeron 
que el Rey accedió, y Fr. Tomás fué encerrado por espacio de cinco 
años en una maznaorra. Muchos pasos se dieron, y se tentaron va- 
rios medios para alcanzar su libertad, y á pesar de haber escrito el 
Rey de Aragón D. Alonso IV al Rey de Túnez, todo fué inútil ; porque 
el Rey moro no se atrevía á descontentará aquellos turcos y morabu- 
tos, y estos le decían que Fr. Tomás desde la mazmorra en voz alta 
predicaba á Jesucristo, y que este delito debia ser castigado. Tanto pu- 
dieron estos turcos, que en el año 4329, después de cinco años de cár- 
cel, alcanzaron que el Rey le condenara á muerte. Fr. Tomás fué lle- 
vado al campo y <illi apedreado por los. mu¡chachos y gente ruin, mu- 
riendo como Qtno Esteban, pidiendo á Dios perdonara á aquella gente 
ciega,. y la iluminara con la luz de la fe. Causó tanta admiración la 
paciencia coú que este glorioso Mártir sufrió los tormentos de.su hor- 
rorosa prisión y terrible martirio, qtie algunos die los infieles que ha- 
bían oído su doctrina, se trasladaron á España, pidieron el ^guadel 
santo Bautismo y perseveraron constantes en la fe ; en particpiar dos 
que se llamaron Pablo y Jaipe, los cuales pidieron e) hábito de Religio- 
sos legos de nuestra Orden, vivieron en ella con mucha humildad y 
observancia y murieron santamente. 

Aunque nuestras historias oo señalaa ej dia en que Fr. Tomás Vi- 
ves padeció martirio, todas están contestes que por relación de los mis- 
mos moros fué en el iúes de marzo del año 4329. 



96. , 

Redención ea Argel de 121 cautivos en el afio 1330. 

Pocos pormenores nos dan nuestras historias de la redención que 
60 hizo en el año 1330, pues tanto el P. Vidondo en su Espejo católico. 



— m- 

como el limo. Linas en el Bulario nuevo, solo dicen que el P. Fr. Lo- 
renzo de la Piedad, redentor, pasó á Argel, y alli dio la suspirada li^ 
bertad á 424 cautivos cristianos. 

97. 

Redención en Granada de 207 cautivos en el afio 1331. 

Bb algunas parles parece se ponia estorbo á que se colectase en la 
iglesia para los cautivos ; pero nuestro Rmo. P. General escribió con 
tanto zelo, piedad y respeto á los obispos de Cataluña y Aragón, que 
estos prelados inmediatainénte hicieron cesar esta novedad tan funesta 
para los esclavos. El rtiismo General acudió al Papa y al Bey de Ara- 
gón, quienes manda roi^ luego se permitiera la entrada en las iglesias 
á los Mercedarios para colectar limosnas para la redención. A fin de 
animar á sus Religiosos, el Rmo. P. General pasóá Francia á pedir li- 
mosnas, y no se cansó en valde, pues recogió buenas sumas de eleva- 
dos personajes, y con ellas envió á Granada en el afio 4331 al R. Pa- 
dre Fr. Alonso de Limia y al R. P. Fr. Luis de la Piedad, redentores 
de Castilia, y allf rescataron 207 cautivos á alto precio. 

98. 

Redención en Granada de 108 cautivo^n el aOb 1333. 

I 

En el año 4333 el R. P. Fr. Juan de Sevilla, Comendador de Va- 
Iladolid, fué enviado á Granada á redimir, y en esta jornada padeció 
muchísimos trabajos y peligros de muerte. Antes de llegar á la ciudad, 
los soldados moros le robaron cuanto llevaba ; pero él presentó queja 
al Rey moro, y aunque bárbaro é infiel, mandó se le reülituyese el di- 
nero, para que hiciese su redención , como la hizo, pero solo pudo res- 
calar 408 esclavos, cuando llevaba dinero para mas de 300. 

Saltó el P. redentor con los redimidos, y al llegar cerca de Córdo- 
ba, se vio rodeado del ejército de Juzef-Abenhamet, Rey de Granada, 
del caal, después de haberles maltratado, pudieron escapar; librándoles 
Dios como por milagro, y libaron á tierra de cristianos. 



— U8 — 



99. 



Redención en África de 124 cautivos en el afio 1334, donde murieron 
doce redentores predicando la fe de Jesocristo. 

Hemos vislo yá lo mucho que trabajó y padeció para socorrer á 
los caqUvos el fervoroso, sabio y virtuoso. Fr. Ctai;u]io de TondüaSi Ha* 
mado Porta pa|/iV y .>cu9ndo por su edad, las faer;?«s no Je «peciniUeroa 
ocuparse cpn el urdpr c|e aoie$6p,favor<]e9qjue)lQs;iiKfiQli€es,! procuró 
alentar y reunir upa porción de.BeligÍQsoeíilf])$cuale8¡|lenoKdel espíritu 
de caridad pasaron al; África á prosegpix) lo qm\ siquello^ catorce ha- 
bían comenzí^do; ^n el .año13¡34:Jlenia ya. prepiaj^ado^ udosí ireíota; 
pero como, en aqael «pisnoo año iué elegido Papa Benito XI ó XU, muy 
amigo de Fr, Claudít)i y este se» viese obligado á paaar á Aviñop por 
mandato de N» P, General á quien. el Pdpa escríbióv aoicis de pAriir 
encargó esjte'^sqnio á un franGé!S>graQ.^epvo.de Pio6,,f1IaD{Ado.Fr^ Ar* 
naldo Buysspn, quien pasó al AfrjcaiccHi onccc^ompafieriois, Y.aHilres- 
cataron 424 cautivos, y plajeando la íq de Jesuccisto en' A^rg?!, roo** 
rieron gloriosamente iodos doce en defensa de la fe que anunciaban. 



100. 

* 

Diez redenciones en Granada, en las que se dio libertad á 911 cautivos, y el re- 
dentor Fr. Justino Parisiense recibió la palaa 4el martirio en el afip 1337. 

Mientras gobernó la Orden N. Rmo. P. Berengario Cantul, Maes- 
tro General, era tal su zelo para que se cumpliese la obligación de nues- 
tro cuarto voto, que por todos medios procuraba recoger limosnas, y 
apenas tenia reunida una regular cantidad, disponía luego un rescate, 
sin aguardar se nombrasen redentores en los Capitules, sino que los 
nombraba él con los PP. Definidores ; asi es que desde el año 4 334 a\ 
1338 se hicieron diez redenciones y se dio libertad á 914 cautivos. La 
mayor parte de ellas se ejecutaron en «1 reino de Granada, que estaba 
en poder de los moros , y como la distancia era poca, y no debia atra- 



— 449- 

vesarse el mar, la3 redenciones eran mas fáciles y mas moderados los 
gastos. 

Los Anales de nuestra Orden qae nos recuerdan estas diez reden- 
ciones y nos dan el número fijo de los redimidos en ellas, no citan 
los nombres de los venerables redentores que los arrancaron del poder 
de los ilifieles ; solo de uno nos recuerdan su nombre, que era Fr. Jus* 
tino, quien en el año 4337 fué enviado á redimir en Granada, del que 
en poca3 lineas voy á dar una breve noticia de su vocación, vida y 
martirio. 

El santo mártir Fr. Justino fué francés, natqnal de Paris, • hijo de 
muy oíodesta familia. Inclinóse al estudio de la Jurisprudencia, y salió 
tan aprovechado', qQe no solóse graduó de. doctor, sino que ganó una 
cátedra en aquella Universidad. Gozaba de gran crédito y fama de buen 
letrado, pues era muy apreciado ppr su virtud y letras; pero esto mis* 
mo le desvaneció. Mientras Justino fué pobre y poco estimado, se con- 
servó ivirtuoso y aplicado ; pero viéndose con cátedra, renta y notable 
reputación, de^ deser humilde, olvidóse de su cuna, y se decia pa- 
riente de familias acomodadas. Esto le atrajo odios y enemigos, vióse 
en peligro de perder la vida, y para defenderse valióse de gente ruin y 
desalmada, lo que le produjo que al fin le iraputait)ñ crímenes que él 
no habia cometido, viéndose obligado á salir de Paris para no hallarse 
envuelto en cansas criminales de sus amigos, de los cuales algunos pa^ 
raron en un patíbulo. ¡ Secretos juicios de Dios, que nosotros no alean* 
zamos comprender ; tomando muchas veces por castigo loquees favori 
y por rigor lo que es clemencia I 

Justino pasóá Italia, y sentó plaza de soldado de marina ; embar-* 
cose y mas de dos veces se vio en evidente peligro de caer cautivo de 
corsarios berberiscos. Quiso Dios que las galeras vinieran á'España, y 
cerca Valencia Justino tomó tierra, y determinó dejar aquel género de 
vida, pues le parecieron pesados los riesgos y lances que le habían su- 
cedido, y como sabia mas hojear libros que esgrimir espadas, volvi¿ 
á su primitiva carrera. Dióse á conocer en Valencia, mostró sus títulos 
de doctor, empezó á ejercer la abogacía y ganar dinero , pero luego le 
vino cierta repugnancia por aquellos estudios en que antes con tanto 
ardor y gusto so ocupaba ; y aborreciendo todo lo temporal, le pa- 



— 450 — 

recio era tiempo de pensar seriamente en lo eterno. Hizo ana breve 
relación de su vida á an Religioso de nuestra Orden, y este le aconsejó 
que hiciese una confesión general. He aqui el principio de su conver- 
sión. Hizo la confesión general, formó sus buenos propósitos, aBcionóse 
á la vida Religiosa, y concluyó por pedir nuestro santo hábito, que se 
le concedió, atendidas sus circunstancias y su perseverancia, y á su 
tiempo profesó. 

Vivia en el convento siempre ocupado ; era humilde, casto, absti- 
nente, y dado á los ayunos y disciplinas, tanto que dejaba el coro sal- 
picado de sangre, y tuvieron que mandarle se moderase para conser- 
var su salud. Cuando los Superiores juzgaron conveniente, viéndule 
tan )espedito, cuerdo y ejemplar, le nombraron redentor. Por la prima- 
vera del año 1337 partió para Granada, y con el resguardo de su sal- 
voconducto fuéá unos lugarcillos cerca Almería á rescatar tres pobres 
mujeres que estaban en poder de un moro bárbaro y villano que de- 
seaba con sus malos tratamientos obligarlas á que dejasen la fe. Las 
dos eran castellanas y la otra aragonesa con un niño. Fr. Justino dióse 
prisa al rescate^ y llegó á casa de dicho moro en un dia solemne, 
mientras que estaba diciendo mil alabanzas del Alcorán, porque era 
maestro y airaqu¡.*Fr. Justino no pudo sufrir tales desatinos, y di- 
rigiéndose á él y á los que le oian, agrandes voces les dijo: «¡Oh ci^os 
y miserables obstinados en el error de la secta Mahometana ! Da lásti- 
ma veros apoyar y defender unos desatinos y errores tan contrarios á 
la verdad. Este desdichado falso profeta vuestro, de tanto ingenio para 
su condenación , dejando lo bueno de la ley verdadera , tomó lo 
malo, y á propósito para vuestros vicios y malas inclinaciones, de los 
ritos de los idólatras y de las ceremonias de los judíos. Abrid los ojos, 
mirad por vosotros mismos,^pues no os valdrá alegar ignorancia, por- 
que no la tenéis. La verdad está en vuestras casas ; preguntad á los 
cautivos cristianos, que os están predicando y enseñando á Jesús cru- 
cificado, su ley y preceptos que manda guardar y artículos que manda 
creer. Ea pues, hermanos, sed nuestros; desengañaos, dejad los erro- 
res del falso Mahoma, buscad al verdadero profeta de Dios, y recibid 
el bautismo puerta de vuestra salvación. » 

Apenas Justino acabó de pronunciar estas últimas palabras , que 



— <51 — 

aquel moro qae estaba instruyendo en su secta á los demás, se levantó 
rabioso, y con una piedra le dio tantos gplpes en la boca que le rompió 
los dientes y magulló el rostro, de modo que el santo cayó en tierra y 
el moro pensó lo habia muerto; pero oyendo que pronunciaba, aun- 
que cpn dificultad, el Nombre Smo. de Jesús, con un cordel le apretó 
la garganta, y con rabia infernal lo arrastró hasta la plaza, y le ahorcó 
en un árbol que alli habia. Asi acabo la vida este glorioso mártir. 



101. 

RedenciOQ en África de 120 cautivos en el año 1338. 

Como él oficio de redentor no solo pedia vi,rtud y zelo, sino ciencia 
é ingenio, fué enviado al África á redimir el gran maestro Fr. Do- 
mingo Serrano, que reunia todas estas cualidades. Este célebre Merce- 
dario nació en Montpeller (su abuelo era español), y siendo de poca edad 
lo enviaron á estudiar á París, y tanto aprovechó que salió un hombre 
emioenle. en leyes y cánones. Fué tal su fama de sabio, que no podía 
salir por las calles de París sin que oyera: Allá vá el gran doctor, allá 
va el gran tnaesiro. Contaba solo la edad de 30 años y tenia ya gana- 
da en propiedad una cátedra en aquella Universidad. Pasando poruña 
plaza de Paris, un Ermitaño, gran siervo de Dios, le dirigió algunas 
palabras sobre la vanidad de las cosas de este mundo. Le hicieron tal 
ioipresion estas palabras, que reflexionando sobre ellas, movido de la 
gracia del Señor, determinó apartarse del mundo, vistiendo nuestro 
sanio hábito fuera de su patria, para mas tranquilidad de espíritu. Sa- 
lí6 de Paris pretextando un negocio, y pasó á Barcelona donde recibió 
nuestro s^nto hábito con tanta humildad y desprendimiento, que decía 
apreciaba mas verse con la escoba en la mano barriendo un dormitorio, 
qae leer ana leceion con ostentación en la Universidad. Pedia se le em* 
picara en oficios humildes; era prontoy exacto en la obediencia, y 
tenía especial don de Dios y gracia en consolar afligidos y enfermos. 
Aaaqae agudísimo y sentencioso en el hablar, era tan callado ó silen* 
CÍ090 que jamás hablaba á no verse obligado á ello. Portó una vida tan 



— 1 52 — 

ejemplar, qac si en el mando le llamaban sapientísimo, en la Religión 
podían llamarle virtuosísimo. - 

Con tan buenas cualidades, la Orden le nombró redentor, loque 
aceptó Fr. Domingo con humildad y agradecimiento, y en el año 1338 
se embarcó y pasó á la ciudad de Biserta en África, donde rompió las 
cadenas de la esclavitud á 4 20 cautivos, Allí le sucedió un caso notable, 
que se lee en nuestras historias, y voy á referir brevemente. 

Yivia en Biserta un judio que habia estudiado leyes en París y 
otras Universidades de Francia y oido la fama que alli gozaba Fr. Do- 
mingo de gran legista y hombre sabio, y habiéndole reconocido buscó 
ocasión para entablar conversación con él delante de los mas princi- 
pales moros. El judio, como estaba en su patria, hablaba con mas li- 
bertad, y al ver que el Siervo de Dios contestaba muy poco, creía que 
por haberse dado á la Religión y otras ocupaciones y estudios habría 
olvidado la jurisprudencia, y no respondiéndole apenas y hasta lo ha- 
cia sin citarle textos, el judio riéndose por burla y def^precfo, dijo á 
los moros : «Ved ahi á quien tienen por sabio los cristianos y por gran 
legista, cuando no es mas que una bestia ignorante ; le he preguntado 
lo mas sencillo y trivial y ni á esto ha sabido responder.») Fr. Domingo 
creyó prudente contestar no por su propia reputación sino por d bien 
común de la Religión de Jesucristo, y lo hizo asi : «Ya que me aprietas 
tanto, y me obligas á que salga de los limites de la modestia con que 
Suelo hablaf desde que vestí este santo hábito, voy á satisfacer á las 
cuestiones que me has propuesto, citando lugares y textos.» Después 
de haber óumplido Fr. Domingo lo que acababa de prometer, y dejar 
Srn palabra al judío, añadió: «Ya que eres judío y perseveras en tu 
obstinación de negar la venida del Mesías Hijo de Dios, encarnado^ en 
las purísimas entrañas deMaría Sraa. , ¿qué respondes á las palabras del 
Profeta Habacuc, cap. 3.": Dómine', opu$ iüüthin medio annerum vivi-^ 
fica illúd..,?l[ ^bre esto explanó- de tal manera la verdad católica. ó 
fe cristiana con tanta ^ócuéncia y sabiduría, abundancia de textos y 
datos y con fuerte^ y eficaces razones, que los moros, admirados, se 
convencieron ser Fr. Domingo un 'hombre sabio y santo, y rqmpieron 
con tanta cólera contra él judio, que á no haberse escapado, le habiera 
ido mal, pues para sosegar la conmoción é ira^ tuvo que iRtervenir cl 



Alcaide, mándatelo (|(]^ no ntdltra taran al judía, y fulminando pena» 
á los PP. redentores si trataba^ de Religión ó de oira cosa, que nofue^ 
se del rescate de los cautivos. 

102. 

Bede&citm;en Graoadft de 60 cauCivosfD el aSo ISiO. 

Salísfechos nuesifos.Prdadosid^l buen éxito qtíe el vcnc^alile. Pa- 
dre Fr. Docningtk Secano dio á l^ aniecedtíntéj'edencion^leéncargatlon 
otra dos aiños. despula tea el, 1310. Partió Fr. Domingo para Grana- 
da, y allí^resitató 60.eiauUyos que.lQS moros habían traído de Marrue- 
cos pónise/ perSOQ{i&/muy con^Oidaa, y entre ellos algunos de cuenta y 
buen ^reaeaie. — .' .•••.•.-••;.'.. n . ' 

Désptoeá de clsla. redención Fr.. Domingo ^rQtir6á.su celdaí enBar- 
eelona, y en el día 23 j.unio de> 4 3^S;ri^,^i^idj0f Itlaestro General, dest 
pues nombrado cardenal *pf}tfi\ P¿^p^.Qen)Qnte Yl, y mqrió en Mant- 
peller á 9 de junio del año 4 348. 

103. 

Redención en África de 190 cautivos en el afio 1341. 

• I t . I > I > I 

' I .,..,,.. , . 

En e) año 4344 los PP: Fr. Jaínoo Saiis.y Fr« Simón ;0rignB4h, re-»- 
dentores poi^ lasprottinoiag. de Francia, ¡Aragón, Gétaluñaty.VaílGndii, 
pesarioB^at África y arrancaron dól poder delos^ infieles !t90 cautivos 
quetrajérooÁ.España;' / .i 

"t- 'Redeo¿loaeii'Argeld<ellÍ5 cautivos en'6l*afio'19l3/ 

Ciertos acontecimientos allanaron por algún momento el camino al 
África ; asi es que viendo el R. P. M. Fr. Juan de Luca, doctor muy 
celebrado, la facilidad con que podía tratarse con los moros, prefírió 
20 



— 464 — 

pasar á Ai^el antes qae á Granada, y allt luego de haber desemiArca* 
do, rescató 446 pobres cautivos que condujo á España con toda felici- 
dad. Se efectuó esta redención en el año 4343. 

105. 

/ Redención en Granada de S09 cautivos en el a6o 18&S. 

El R. P. Fr. Pablo de Lara, Beligioso ilustre por su nobleza y vir- 
tudes, en el año 4343 fué elegido redentor por Castilla, y en el año 
4344 pasó con su compañero á Granada para dar libertad á los pobres 
cautivos que alU gemían ; pero á so llegada por mas medios que prac- 
ticase á fin de entrar en tratos para el rescate « todos fueron inútiles, 
porque todo estaba revuelto á causa de la guerra que sostenía el Bey 
de Castilla contra dos Reyes sarracenos. Con la toma ó caída de la ciu- 
dad de Algeciras cesó la guerra, y entonces el Padre redentor rescató 
en Granada 309 cautivos que pegó 4 buen precio. , ^ 

106. 

Redención en Túnez de ItO caotivos en el afio 13U. 

Sabiendo nuestro Rmo. P. General las muchas penas, trabajos y 
miserias que padecían los pobres cautivos en Túnez, envió allá en d año 
4344 al R. P. Fr. Guillelmo Lort, francés, redentor por la provincia 
de Franoia. Al llegar á dicba ciudad encontró í los infeliees. esclavos 
sumidos en la miseria, llorando día y noche, y sin esperanza de alean* 
zar su suspirada libertad. El P. redentor con el mayor zelo y cariño 
les consuela, enjuga sus lágrimas,, y rescata 420 de los mas necesi- 
tados. Una vez embarcados, la nave se dirige á Barcelona, donde fueron 
recibidos con demQSiraoione6.de alegria, no cesando loa cautivos de 
bendecir á Dios y á los Padres de la Orden de la Merced. 



— 456 — 

RedencioD en Tanes de tsa cautivos en el sAo iS45. 

No qaedaroD rezagados loe Religiosos catalanes en el camplimíenio 
de se coarto voto en el año 4345, pues mientras las demás provincias 
se ocupaban en libertar á los pobres cáutivosi ellos se onieron con los 
franceses al mismo objeto, enviando á Tanez al R. P. Fr. Luis de San 
Martin, redentor por Francia, y al R. P. Fr. Domingo Perpiñan, ma- 
llorqoin, redentor por Cataluña, y redimieron 453 cautivos, que tra- 
jeron á Barcelona. 

108. 

Redeneíon en Granada de 1€8 cautivos en el año 1946. 

Fr. Alonso de Lara y Fr. Andrés Ximenez, personas de moeba au- 
toridad en Castilla, fueron elegidos redentores, y en el año 4346 pasa- 
ron ¿ Granada, sacando de la esclavitud á 428 cautivos. 

109. 
Redención en Argel de 149 cautivos en el a8o 1348. 

En él aflo 4348 Fr. Pedro de Barcelona se embarcó para Argel, y 
arranoó del poder de los sarracenos á 4 40 caotivos cristianos. 

110. 

Redención en Bugia de 104 cautivos en el afio 1849. 

Fr. Pablo Gti, catalán, redentor por su provincia, partió al África 
en el año 4349, y de la ciudad de Bugia trajo á Barcelona 404 cau* 
ti vos. 



— 156 — 



lll. 

RedencioB en Andalucía de 137 'cautivos en el aSó 1SÍ9. 

Mientras la provincia de Ga4alüña bacia k*edencion en África en el 
aña 4349, los redentores dé Castilla Fr. Alortso de Burgos y Fr. Simón 
Ponce, Religiosos oiüy respetables, pasaron á Andalucía, y sacaron del 
poder de los infiel^ africanos á 137 cautivos. 






m. 



i •; 



Redenplon en Argel de 100 cautivos en el ano 1330; y vida de la venerable 
sierva de Dios sor Natalia, terciaria de nuestra Orden. 

El R. P. Fr. Felipe Clavo, francés de nación, fu¿ nombrado reden- 
tor en el año 4350 para pasar á Argel á redimir , y alli le sucedió un 
raro caso y peregrino milagro, que paso á referir. cuaiiloeueDtan nues- 
tros historiador^. •: 

Luego que diobo Padre llegó á Argel, einpezó el^ rescate,. y entre 
los cautivos encontró una mujer napolitana, de la provincia de Calabria, 
esclava de un renegado, con quien llevaba mala vida años había, y 
daba escándalo. El P. Fr. FeKpé la rescató^ mostrando ella mocho va- 
lor para dejar aquella .mala amistady volverse á, Dios. lincho el trato, 
y entregado el dinero, el demonio la tentó, para que volviera con el 
renegado. AI embarcarse los 'cautivcé^ se^esCurVió áú entre ellos, es- 
capándose por en mei]io deda mültiind é» moros tunosos jc|,iieTalli ha- 
bía, y el Padre al contarlos, ó pasar lista, la echó de menos, y fué cor- 
riendo al Alcaide á pedir justicia contra el renegado, pues sospechó, y 
con fundamento, que él y los de su casa la habían sobornado, favore- 
cido y ayudado para la fuga. 

Afligido en gran manera el P. redentor ,iacordóse de una Terciaria 
de nuestra Orden llamada Natalia, que! vivia en Totosa dé Francia, 
muy respetada por su santidad, áquieh él cobocia y te 'constaba las 
muchas maravillas que Dios obraba por su intercesión, y pidió al Se- 



— 467 — 

ñor qoe por los méritos de aquella sierva saya, no permitiera fuese 
borlado de aquellos infieles bárbaros, ni se perdiera aquella infeliz 
crisliana. Mandó el Alcaide que fuese registrada la casa del renegado, y 
castigado este si se encontraba alH la cautiva. Cuando se iba á cumplir 
la orden, avisaron al P. redentor que la cautiva estaba en la nave. Ad- 
mirado el redentor, quiso cerciorarse de la verdad, y efectivamente la 
encontró, pero pálida, temblando, sudando, llena de congojas, y al ser 
preguntada respondió: «Es verdad, Paére mió, que instigada del de-^ 
monk), y ayudada de ciertos criados del renegado, faui y volvime á 
su casa ;, pero al entrar en ella, se me apareció una mujer de unos 
cuarenta años, con un'vestido blanco, y me dijo: To soy Natalia, hu« 
milde é indigna Religiosa de Ntra. Sra. de la Merced, redendon de 
cautivos : mi oficio es suplicar y pedir al Señor libre de todo peligro y 
engañe á mis berroanos qoe van á redimir en tierra de infieles, y co- 
nociendo en espíritu (favor que Dbs sin merecerlo me ha hecho) el 
engaño que habias hecho al P. Fr. Felipe Clavo volviéndote otra vez á 
casa de tu amo, supliqué á Su Divina Majestad que sacase de esta aflic- 
ción á su Siervo y hermano mío ..por lo que su ángel me ha traido 
desde Francia, donde vivo, para que te vuelva al navio de donde has 
huido, y to adv¡erto,.que temas su castigo, y no vuelvas al vómito del 
pecado. Oyendo esto, me quedé como muerta, con pasmos y terrores, 
hasta que vuelta en mi, me be hallado, sin saber como ni porque mano, 
en este navio,, en qoe primero no quisb entrar; y ahora pido á Dios 
perdón de mis culpas y misericordia por mi vida pasada, qué abomino 
y detesto.» 

Partió de Argel la nave con los cautivos redimidos,- y como este 
suceso fué público, divulgóse el milagro por todas partes, y en partí* 
cular por Francia, donde Natalia era eonocida. Ya pues que he referi- 
do este raro prodigio, obrado por intercesión de esta Sierva de Dios, 
es muy natural que, aunque sea en pocas lineas, dé á conocer sus re- 
levantes virtudes. 

Natalia era natural de Callao, en la diócesis de Albi. Sus padres, 
nobles hacendados, vivian gran parte del año en un castillo cerca di- 
cho pueblo, y rogaban a Dios les diese fruto de bendición. Oyó el Se- 
ñor sus oraciones, y tuvieron una hija á quien pusieron Natalia. Creció 



— 458 — 

la niña, y crecía ea ella la piedad y la virtud. Contaba 46 años, cuan- 
do sus padres se trasladaron á Tolosa donde tenían unosparientes moy 
ricos. Criada Natalia en el recogimiento y soledad del castillo, no podia 
avenirse á la vida ralada «y distraída de la ciudad ; asi es qué pro* 
curaba retirarse cuanto podia, dándose á los ejercicios de piedad, á las 
labores propias de su estado, y á la lectura de libros piadosos á que 
era indinada. Preguntó un día á su madre si había leído la vida de 
Sta. Natalia, casada con S. Adulan; y ella le respondió que no solo una 
sino muchas veces, porque le profesaba gran devoción, y por eso quiso 
que se la diesen por patrona. a Entonces, repuso la piadosa doncella, 
tengo yo grande obligación de serle devota y de procurar imitar sus 
virtudes.» Un día encendida en amor de Dios, después do un largo rato 
pasado en oración, hizo voto de perpetua castidad, y propuso vivir 
bajo la regla de alguna Orden aprobada por la Iglesia ; mas luego se 
entristeció, al considerar cnanto había esto de contrariar á sus padres; 
porque ellos, como hija única, querían desposarla con un caballero j6* 
ven y rico, según lo habían ya combinado con sus parientes, que tam- 
bién eran nobles, ricos y poderosos. Acongojada Natalia, dirige ona 
tierna mirada á una imagen de la Sma. Madre de Dios, ante la cual 
arrodillada había hecho el voto, y llena de confianza le-dice : «Va- 
rias cosas he puesto en vuestras soberanas manos, S^ora ; vengo ahora 
á pediros otra, y confio que vos me tacaréis de esta tribulación.» Qoe* 
dóse luego sosegada, y con determinación de comunicar so pensamien- 
to con algún santo Religioso, salió de casa en dirección á la iglesia de 
Ntra. Sra. de las Mercedes, pidió un confesor, y Dios dispuso que to- 
pase con tin varón anciano de vida ejemplar, llamado P. Fr. Bernardo 
PoncelH. Comunicó con él sus pensamientos; el confesor lediósuscon- 
sejos, y al llegar á la gran dificultad de dejar sus padres , le dijo que 
le parecía podía tomar el hábito de Religiosa terciaría de alguna Orden 
aprobada, y quedarse en su casa para consuelo de sus padres, ya que 
no tenían otra. «Pues de esta manera lo haré, respondió ella, ya que 
asi lo ordena Dios, y como esto ha venido por intercesión de su san— 
tisima Madre, ¡qué mejor que el suyo!» y determinó tomar el nuestro. 
El santo y experimentado confesor le dijo qne lo reflexionara mas des- 
pacio; pero ella perseveró por muchos días firme y constante en su 



— 159 — 

propósito, y pareciéodole qoe aquella era la volantad de Dios, lo par-« 
ticípó á sus padres y deudos, do lo que tuvieron grande pena, y pro- 
curando por todos los medios distraerla, ofreciéndole varias comodi* 
dades, y ventajosos y ricos enlaces, y apretándola para que se casara, 
les manifestó claramente tener hecho voto de castidad. Entonces bus- 
caron otro medio, ofreciéndole buena dote para entrar en monasterio 
de clausura, áfin de que no fuese terciaria, mas perseverando ella en 
su propósito, les contestó, que no habia hecho voto de ser monja, sino 
de castidad, y guardarla con el hábito de una Orden, no dentro de un 
monasterio, sino donde Nuestro Señor dispusiese con menos deseen^ 
suelo de sus padres ; asi que habia olvido ser Terciaria ó Religiosa de 
la Madre de Dios, quedándose en su casa para servir y consolar á sus 
padres. Esta respuesta disgustó á sus deudos ; pero como sus padres 
]a amaban tanto, no quisieron contrariarle su voluntad ; por loque vis- 
tió nuestro hábito, y al cumplir el año profesó en manos del P. G>men-' 
dador de Tolosa, quedándose en casa de sus padres, haciendo vida 
santa y ejemplar. 

Luego que la Sierva de Dios se vio con el hábito de la Merced, em- 
prendió una vida toda de mortificación, aumentando las horas deejer- 
ocios de eracion vccal y mental, obras penales, disciplinas, cilicios, 
oadeoas, poco descanso ó dormir, todo con tal extremo, que fué neo^ 
sarío que sus confesores le pusiesen tasa. Andaba la Sierva de Dip( 
coQ tan fervorosas ansias y encendidos dflseos signiendo á su divino es- 
poso iesus por el lamino de su pasión, que sus ojos eran dos fuentes 
de lágrimas, meditando continuamente lo que habia sufrido por nues' 
ira redelicion, deseando sentir en si misma algo de lo mucho que por 
ellaí.y por todos los hombres había padecido su amado Esposo, y salla 
tan encendida, qoe luego, sin poder irse á la mano, se daba fuertes dts-^ 
ciplinas. Tanto rigor y aspereza de vida , ayunos , vigilias y dormir 
sobre doras labias, en pocos años envejeció, y estoba tan flaca, delica- 
da y enfermiza, qoe sintiéndolo en gran manera sos padres, para po-^ 
ner remedio acudieron á so confesor y al P. Comendador á fin de que 
la reprendiesen y obligasen á moderar sus penitencias, y como era obe- 
dientisima, obedeció á sus Superiores, aunque se afligió mucho viendo 
qoe debia cesar en sus ejercicios do penitencia, y insto y con lágrímas 
volvióse á su casa. 



— 460 — 

Se hallaba la Sierva de Dios en los 33 años de edad, y corría el año 
1 343, cuando una noche postrada en su aposento, delante de Jesucris* 
to crucificado, entró en una profunda meditación, y allá en su interior 
conformábase á la divina voluniaden lo que se le había mandado, pues 
eslaba cierta que mejor era la obediencia que el sacrificio, y pedia á 
Dios misericordia por lo que en ello hubiese faltado. Cuando estaba en 
su mayor fervor, parecióle oir una voz que le deeia : o Pelea y perse- 
vera, Nalalia, porque no será coronado sino el que legitimamente pe- 
leare.» Cesó aquella Voz, y le pareció ver en su imaginación á su di*- 
vioo esposo Jesucristo con una corona de gloría, una palma eo la ma- 
no, y delante la cruz como tribunal, que le docia : «Natalia, muchos 
caminos hay para gozar esta palma ; yo la gané por d de esta mi ov\xf 
y pasión, y es el que comunico á mis amados. Pec»|vera, pues, sin 
desconfiar ni desmayar, por el camino que yo te llamo, y por donde te 
llevo á gozar de esta gbria y riqueza, que es el de la cruz : la mayor 
parte de lu jornada ya la has andada.» Desapareció aquella visión, y 
Natalia quedó bañada en lágrimas, y llena de un consuelo espiritual 
pasó toda la noche en oración* A la mañana siguiente comunicó lo.su- 
cedido á su Padre espiritual y al P. Comendador, y de común. acuerdo 
se le concedió continuar sus ejercicios penales ; pues les pareció ser 
aqjuella la voluntad de Dios y aquel d camino por donde Su Divina 
Mpjestad queria llevarla. 

Continuó lá Sierva de Diot por el camino de la morlificacion y pe* 
nitencia, y pasados algunos años le sucedió el raro caso y per^rino 
milagro que dejo referido e{i esta redención, el cual habiéndose divol* 
gado alUegar los (cautivos á Francia, la fama de su virtud y santidad 
SQ fiiuméntó, y .era mucha la' gente que acudía á ella en sds afliccfones 
y necesidades, para qm rogara á Dios por ellos. Como, era lan bamil- 
do, esto le era penosísimo, y silplicaba ¿ Dios se sirviera enciibrír á los 
ojos del nvundo las gracias que de Su Divina Majestad recibía, y Dios se 
lo concedió ; pues lo restante de su vida lo pasóén soledad y enferme- 
dades que ella agradecía al Señor. Últimamente sobreviniéronle fuer- 
tes dolores de cabeza y calenturas que la debilitaron y postraron, y se 
conoció que su vida se acababa. » 

Entre otros singulares favores que de su divino Esposo recibió, se 



— 161 — 

supo después que le reveló quería llevársela , pues luego de reci- 
bido el sagrado Viático» pidió la Extremaunción con tranquilidad y 
alegría, diciendo á nuestros Religiosos que estaban presentes : «Hasta 
ahora no era necesario, ahora lo es, pues ha llegado el suspirado mo* 
mentó en que mí Esposo me llama.» Levantó los ojos ál cíelo, oró fer- 
vorosamente y con el corazón encendido de amor de Dios, y juntando 
las manos dijo: «Vuestro es mi espíritu; en vuestras santísimas ma- 
nos y llagas lo pongo ;» y espiró. 

¡ Cosa notable I En aquel mismo instante su casa, que antes ora un 
retiro, fué invadida de tarita gente de todas clases, que se vieron pre- 
cisados á poner guardas. Su cuerpo esiiívo algunos días sin enterrar, 
despidiendo la mas suave fragancia, y oblando Dios muchas maravillas 
por intercesión de la Santa, y por fin se depositó incorrupto en nuestro 
convento, y la memoria desús virtudes y la continuación de visitar su 
sepulcro duró mas de cíen años. 

113. 

RedencloD en Túnez de 220 cautivos en el año 1351. 

Colectáronse buenas limosnas en Aragón, y el P. Mtro. General 
Fr. Ponciode Barelis las entregó S Fr. Bononato Colom, Comendador 
de Tarragona, quien en el aup 1352 se embarcó para Túnez con su 
compañero, de donde no sin grandes penas, trabajos y apuros trajo á 
Tarragona 220 cautivos. 



f 



114. 

Redención en Granada dé 60 cautivos en el año 1352. 



Era tan grande el cuidado y zelo que tenia el Rmo. P. Miro. Ge- 
neral Fr. Poncio de Barelis para redimir cautivos, que parece impo- 
sible que en unos tiempos tan calamitosos en que la peste diezmaba 
horriblemente la población de^a atribulada España, pudieran hacerse 
durante su gobierno tantas redenciones, sin faltar jamás limosnas para 
21 



— 162 — 

lan sania obra. No conlenlo con las que sus subditos efectuaban, mo- 
vido de su gran caridad y fervor, quiso hacer personalmente una en 
Granada, para dará todos ejemplo. 

En el año 1352, venciendo dificultades, pasó á Zaragoza, visitó el 
convento y se dirigió áValladolid. Reinaba en Castilla D. Pedro, llama- 
do por unos el Justiciero y por otros el Cruel. Habia en aquel reino y 
en Andalucía tantos desasosiegos, que apenas habia quien seatreviese á 
viajar, por los pleitos y guerras civiles entre los señores feudales ; con 
todo el Rey de Granada tenia paz con el de Castilla, y esto animó al 
Miro. General Fr. Poncio á entrar en dicha ciudad, y rescató allí con 
el caudal que habia reunido (iP cautivos, entre ellos diez personas de 
cuenla que hizo traer de Fez (Africada Granada, cautivadas en la guer- 
ra entre Abohamen y su padre Abracem. Costaron eslos 60 cautivos 
roas que en olra ocasión 200j ya por la calidad de las personas, ya 
por haberlas costeado desde África, donde también habia guerra con- 
tra España. ' 

Nuestro General hizo, esta redención con licencia y orden del mis- 
mo Rey de Castilla D Pedro; asi es que al salir de Granada con los 
cautivos, deseaba ver al Rey y darle cuenta y relación de la jornada 
ó rescate, ya que Su Majestad se hallaba en la villa de Aguilar, donde 
habia acudido con su ejército contra D. Alonso Coronel ; pero los ca- 
balleros de la corte y del ejército del. Rey, hablando de Su Majestad le 
presentaron de tan mal corazen, que el Miro. General habia determi- 
nado desde Córdoba despedir los cautivos y volver á Cataluña sin ver- 
le, porque le decían que era intratable, y que de la entrevista podía 
resultarle algún disgusto, pues por cualquier niñería ó duda se inco- 
modaba, y asi que diera las cuentas al Consejo y no al Rey ; no obs- 
tante le pareció que no cumplía su deber si no veía al Rey. Pidió au- 
diencia, se la dieron, vio el Rey los cautivos desde una ventana, y se 
alegró muchísimo, y le señaló hora de audiencia para que Ü hiciese 
una relación de lodo. Era el P. Miro. General hombre muy docto y 
prudente, y agradó tanto al Rey el modo con que le informó, y satis- 
fizo á todo cuanto le preguntaba, que le hizo grandes caricias y favo- 
res, y le encargó le escribiese desde Barcelona, y que siempre que se 
orreciese, estaba pronto á acudir á todo lo que fuese en bien de nues- 
tra Orden. 



— 163 — 
lio. 

Redención en Tuoez en el año 1353, quedándose en rehenes Fr. Vicente Riera. 

El venerable Fr. Vicente Riera, redentor, varen de gran virtud y 
letras, pasó á Túnez para ejecutar una redención ; pero á falta de di- 
nero, afirman nuestras Historias, que se hallaba en rehenes en el año 
4353, bien que no expresan el número de cautivos que rescató. 

116. 

Redención en Marruecos de 180 cautivos en el año 1353. 

En el año 1353, el P. Fr. Felipe Claro y el P. Fr. Isidro de Cór- 
doba, naturales de Andalucía y de muy nobles familias, redentores 
por Castilla, pasaron al África, entraron por Tetuan, y de Marruecos 
arrancaron de la esclavitud á 180 cautivos, con la limosna que saca- 
ron de nuestros conventos de Sevilla y de Toledo. 

117. 

Redención en Granada de 80 cautivos en el aOo 1354. 

Parece que en el año 4353 todas las provincias de nuestra Orden 
en España se ocuparon en la redención de cautivos ; pues al regresar 
los redentores de Castilla y Andalucía, las provincias de Aragón y Va- 
lencia enviaron á Granada al P. Fr. GuHIelmo Queralta , redentor;, 
quien en dicha ciudad y comarca redimió 80 cautivos á principios 
del año 1354. 



— 1G4 — 

118. 

Redención en Granada de 93 cautivos en el aüo I3S3. 

La provincia de Castilla en el año 1355 nombró redentor á Fray 
Simón de Ilaro, quien al dirigirse á Granada para dar libertad á los 
pobres cristianos que gemian en el cautiverio, pasó grandes trabajos, 
muchos contratiempos y peligros de nruerle, porque por todas parles 
no habia mas que disturbios, discordias y guerras. En su viaje fué de- 
tenido y preso muchas veces, pero siempre recobró la libertad, excep- 
to la última que lo perdió todo, pues le robaron cuanto llevaba. 

Triste y pesaroso retrocedióel P. redentor, y habiendo anunciado 
á muchos obispos en debida forma esta desgracia, y el grande peligro 
en que estaban los pobres cautivos, estos Rmos. señores. (en particular 
los de Avila y Salamanca) sensibles á este contratiempo, gustosos se 
apresuraron á recomendar á sus diocesanos la pia y santa obra de la 
redención. Los fieles, dóciles á la voz de sus Pastores, cooperaron coa 
sus limosnas, y con lo que los procuradores y colectores de la redea- 
cion recaudaron, á principios del año 1356 emprendieron otra vez el 
camino para Granada, y alli sacaron del poder de los moros á 93 in- 
felices cristianos, reinando Mahumato-Lago. 

119. 

Redención en España de 3o8 cautivos en el ano 1358. 

En el año 1358 fueron nombrados redentores el P. Fr. Berengario 
Assicio, por Aragón, el P. Fr. Pedro Ximenez, por Castilla, y el Pa- 
dre Fr. Luis Ales ó Alesio, por Francia. Animados los tres de fervoro-- 
so zelo y caridad, recorrieron varias poblaciones de España domina- 
das por los sarracenos, y sacaron de las cárceles y de enlre cadenas á 
358 infelices cristianos que lloraban su perdida libertad y pudieron 
restituirse á sus hogares. 



— í6o — 

120.* 

Redención en Tanez de 130 cautivos en el año 1360. 

Do quier gemían infelices cautivosi alli corrían los Religiosos de la 
Merced á consolarlos y romper sus cadenas. Súpose que los había en 
Túnez en el año 1360, y alli corrieron los RB. PP. Dionisio Ammalio, 
francés, y Pedro Sans, catalán, redentores, y rescataron á < 30 que en- 
contraron enel mas infeliz estado y miseria, y los desembarcaron en 
Tarragona. 

121. 

Redención en África de 130 cautivos en el año 1361, y glorioso martirio de los 
redentores el P. Fr. Pedro de Sta. Alaria y el P. Fr. Simón de Daro ó Lara. 

Nuestro Mtro. General el Rmo. P. Fr. Poncio Barelis en el año136i 
deseaba hacer una redención en Granada ; pero la poca ó ninguna se- 
guridad para los redentores y para el dinero, hizo que en vez de Gra- 
nada se verificase en África. Fueron nombrados redentores, por Castilla 
Fr. Pedro de Sta. María, natural de cerca de Valladolid, y por Anda- 
lucia Fr. Simón de Ilaro, que otros llaman de Lara : ambos varones 
do gran virtud y de gran fraternidad espiritual entre si. 

Reunido el dinero para la redención en Toledo, se dirigieron los dos 
á Valencia, y alli se embarcaron para África, añadiendo algunos que 
desembarcaron en Argel ; pero nuestros Anales solo dicen que resca- 
taron en África i 30 cautivos. Marcharon los redentores con ellos, y des- 
pués de una tempestad, en la que sufrió mucho la nave, fueron em- 
bestidos por unas galeotas de piratas turcos. Abordada y rendida la na« 
ve en que ellos iban, la saquearon. Como no encontraron cosa de va- 
lor, y su sed de pillaje no se contentara con la poca ropa de la tripula- 
ción y cuatro andrajos de los cautivos, llenos aquellos bárbaros de ra- 
bia, á los pobres cautivos los volvieron al remo, á la demás gente la pa- 
saron á cuchillo, y a los dos siervos de Dios Religiosos nuestros, des- 



— Í66— , 

pues de muchos palos y azotes, perseverando ellos constantes en pre- 
dicar la fe de Jesucristo , los ahogaron y echaron al mar. Tal fué la 
lauréola del martirio que alcanzaron esto^ dos soldados del Evange- 
lio. Esta relación es breve, porque asi la he hallado en nuestras his- 
torias, y no puedo extenderme mas. 

122. 

RedencíoD en Espaua de 78 caulivos en el año 1362. 

Los RR. PP. Comendadores de los conventos de Sevilla y de Cór- 
doba en el año 1 362 , tuvieron noticia que Mahomat-Lagu , Rey de 
Granada, excluido del reino por favorecer á los cristianos, habia si- 
do por segunda vez aclamado por sus vasallos, pareciéndoles buena 
ocasión para hacer una redención en aquel pais, resolvieron ponerse 
en camino, y habiendo ido primero á Guadix, no encontraron alli cau- 
tivo alguno ; porque agradecido el Rey Mahomct-Lagu al Rey D. Pe- 
dro por la muerte que habia dado en Sevilla á su competidor Abenal- 
Hamari, peleando cuerpo á cuerpo, dio libertada todos los cautivos. 
Les fué forzoso pasar adelante, y de otros lugaresocupados par losmo- 
ros redimieron 78 cristianos , que llenos de alegría restituyeron á sus 
hogares. 

123. 

RedencioD en Argel de 53 caulivos en el año 1362, y glorioso martirio 

de Fr. Jaime de Valencia, redentor. 

En la hermosa ciudad de Valencia nació Fr. Jaime de virtuosos pa- 
dres, quienes á su tiempo, viendo en él inclinación y capacidad para 
las letras, lo dedicaron al estudio. En el año i 348 la cruel peste se ex- 
tendió por toda España sembrando el espanto, la muerte y la desola- 
ción. Jaime habia ya concluido el lalin ; espantado al ver que todos 
los días la peste le arrebataba alguno de sus amigos ó condiscípulos, 
considerando el peligro en que estaba, sin poder apartar de su vista la 



— 167 — 

imagen de la muerle, y deseando disponer bien su alma, tanto para 
vivir como para morir, salió de Valencia, y se fué á Nuestra Señora del 
Puig (sanluario de nuestra Orden), y allí hizo su confesión general, pi* 
dio á Dios luz para conocer su divina voluntad y consejo á su confe- 
sor. Este le dijo que le parecia que aquellos impulsos eran del cielo, 
para que dejase el mundo, que no hiciera el sordo á Jesús puesto en la 
cruz, de donde lo llamaba para que le imitara, que lo dejase todo y 
tratase solamente de servir al Señor. Tanto penetraron en el corazón 
de Jaime estas palabras de su Padre espiritual, que resolvió vestir 
nuestro hábito; y pareciéndole que en Valencia ni en el Puig no goza- 
ría de la quietud que deseaba, resolvió salir de su patria y pasará 
Barcelona á pedirlo, y alli lo recibió. Apenas Religioso, se descubrió en 
él un riquisimo tesoro de humildad y amor á Dios y al prójimo, y lue- 
go recibió los sagrados Ordenes. En Barcelona eran tales los estragos 
del terrible azote de la peste, que por todas las calles de dia y de no- 
che se encontraban victimas de esta plaga que eran conducidas al se- 
pulcro, y apenas se pasaba dia que en nuestro convento no falleciese 
algún Religioso. El socorro corporal de los enfermos era escasísimo, 
pues no habían quedado médicos ni cirujanos, ni en las farmacias ó 
boticas quieii compusiese las medicinas, ni quien entendiese las rece- 
las ; asi es que los atacados del mal padecían mucho, y cada uno de- 
bía ser médico de si mismo. En el convento se sabia todo esto, y Fray 
Jaime, movido de lástima y compasión, no solo pedia á Dios miseri- 
cordia, sino que se echó á los pies del Prelado pidiéndole permiso con 
lágrimas y suspiros para ir á socorrer y curar á cuantos enfermos 
pudiese de los que vivian cerca del convento. Era Prelado ó Prior un 
varen de grande virtud llamado Fr.Bononato Prexana, y pareciéndole 
muy diHcil la empresa, se lo negó; pero á la noche siguiente, según el 
mismo Prior referia después, le amenazaron de muerte, y que seria 
lacgoheridodeunalandresinodaba licenciad Fr. Jaime para irá curar 
los enfermos. Anadia este santo varón, qae no podía decif.de cierto si 
estaba despierto ó dormido cuando le sucedió esto ; pero que se acor- 
ii¿iba muy bien de que se le apareció un venerable Religioso nues- 
tro, reprendiéndole fucrlemente porque negaba á Fr. Jaime el per- 
iso de ir á curar los enfermos ; que si temia perdiese la vida, sal- 



— 168 - 

• 

vando h de oíros , que despreciase esie temor , que para cosas ma- 
yores lo guardaba Dios ; que le diera permiso, pues lal era la voluntad 
del Señor, y en señal de ser verdad, por la mañana sentiría (el Prior) 
el dolor y síntomas del mal reinante, pero que no era sino un castigo, 
y que darido el permiso á Fr. Jaime y celebrando misa , se le quita- 
ría el mal sin aplicar remedio. Desapareció la visión, y al apuntar el 
dia, se levanió el medroso Prior y se sinfíó herido : atemorizado se 
acordó de lo que se le habia dicho y advertido, y conoció ser N Padre 
S. Pedro Nolasco el que se le habia aparecido. Aunque el dolor qae 
sintió era muy intenso , nadie lo supo, sino que obedeciendo mandó 
llamar á Fr. Jaime, y abrazándole le dijo : «Hijo mío, es voluntad de 
Dios que vayas por estas calles y plazas, y cures á los enfermos qae 
te llamen; no lemas, confia en Dios, que él es quien te envia, y te saca- 
rá de todos los peligros.» • . 

No puede explicarse el gozo y contento de Fr. Jaime al recibir este 
permiso. Echóse á los pies del P. Prior, se los besó y regó con lágri- 
mas, y recibida su bendición salió por la ciudad á servir enfermos. El 
P. Prior dijo misa, y se le quitó el dolor que habia sentido. Abrasado 
Fr. Jaime de amor de Dios y del prójimo, ya no pensó en otra cosa si- 
no en servir y curar enfermos y enterrar muertos, hasta que cesó la 
terrible plaga de la pesie; y con este heroico acto de caridad, creció 
tanto el crédito y opinión de varón virtuoso y santo, que no iba por las 
calles sin que la gente se agolpara para besar sus hábitos, y se tenia 
por dichosa lá casa en la que entraba. Enlre los muchos dones que ha- 
bia recibido del Señor, se le conocía el de profecía ; pero dejando á 
parle sus dones y virtudes, hablemos de su fervorosa caridad para los 
pobres cautivos. 

En el año 1362 N. Rmo. P. General determinó se hiciera una re- 
dención en Argel, y á vista del zelo y santidad de Fr. Jaime, le nom- 
bró redentor, dándole por compañero á Fr. Pedro Francés por ape- 
llido y francés de nación. Embarcáronse los dos, y tomaron tierra 
en Argel. A penas llegados, trataron del rescate, poniéndose por me- 
dio, ó como corredor, un judio llamado Isaac, y rescataron 50 cau- 
tivos catalanes, aragoneses y valencianos. Como la paga se hizo por 
medio del judío, y este era codicioso como lodos los de su raza, los 



— Í69 — 

redentores conocieron claramente que naoia sustraído algún dinero; se 
qaejaron al alcaide ó juez moro, y este, en vista de la verdad, obligó 
á restitair el dinero, con el cual rescataron tres cautivos mas. El judio 
fué castigado con otras penas. Muy resentidos quedaron de esto los pa- 
rientes de Isaac, y trataron de vengarse. Un primo de este, llamado 
Jacob, acercóse á Fr. Jaime, y le entabló disputa sobre la venida del 
Hesias,. y le dijo, que creeria en Jesucristo y se bautizaría, si él tu- 
viera valor para predicar y probar en ia Sinagoga, que Jesucristo 
era el verdadero Mesías. Ei santo varón, que deseaba ganar aquella 
alma, aceptó la proposición, y sin decir nada á Fr. Pedro, entró en 
la Sinagoga cuando los rabinos estaban reunidos, y como otro Pablo 
les predicó el Uesias, probando que era Jeaucristo. Mudos y 3in saber 
que responder quedaron los maestros de la ley, é indignados se echa- 
ron sobre el santo : á puñadas le ensangrentaron la boca para que ca- 
llase; pero él no cesaba de predicarles á Jesucristo, hasta que rabiosos 
y enfurecidos, cogiendo piedras, palos y cuanto les vino á mano, ar- 
remetieron contra él y le quitaron ia vida, muriendo como otro Esté- 
bao predicando á sos antepasados. 

Su santo eompafíero nada sabia de to que pasaba por estar ocupa- 
do coD los cautivos; at saberlo corrió, y halló ya consumado el sacrifi- 
cio. Grande filé sa pena por la pérdida de su compañero; quiso tomar 
sa sanio cuerpo ; pero no se lo permitieron, pues los Morabutos lo 
quemaron y esparcieron sos cenizas creyendo hacer uo obsequio á 
Uaboma. Los judíos no solo no fueron castigados, sino que empezaron 
á dispotar sobre la libertad de algunos cautivos ; asiesqneFr. Pedro 
procuró luego embarcarse con ellos para evitar embarazos. Al llegar á 
Barcelona con los 53 cautivos, aquel grande y. famoso Maestro y pre- 
dicador de nuestra Orden Fr. Luis de ta Pefia hizo un sermón, pon-* 
derando el glorioso martirio del valeroso Hercedario que sufrió por 
/esíicristo, refiriendo toda su vida inculpable, que desde Argel subió 
al cielo en el año 4 362i 



•. 



22 



— no- 

124. 

Redención en Túnez, en donde recibió el P. Fr. Pedro Francés 
la palma del martirio en el aSo 1364. 

El arriba citado Fr. Pedro Francés, Ilannado después por sa 
devoción á la Reina de los cielos, Fr. Pedro de Sta. Maria, nació en 
el condado de Bearne en la Gascuña en un pueblecito á la falda de los 
Pirineos. Hijo de pobres padres, á los pocos años de su edad le encar- 
garon apacentar unas pocas ovejasqueerantodosu caudal. Ejercitó al* 
gun tiempo este humilde ejercicio ; pero grandecito ya, resolvió dejar 
su patria, impulsado sin duda por Dios, que lo destinaba para cosas 
mayores. Andando fué á parar á las montañas de Jaca, y acosado de 
la necesidad, entró eq una venta para comer, y alli se quedó por cria* 
do del dueño, hombre muy malo, que por saciar su codicia, no repa- 
raba en asesinar los pasajeros que él sospechaba llevaban dinero. No 
pudo el tierno corazón de Pedro sufrir tan horribles maldades; asi es 
que, sin decir nada á su amo, se marchó de la venta y con trabajo lle- 
gó á Zaragoza pidiendo limosna. Gomo nuestro convenio de S. Lázaro 
está á la orilla del rio al entrar en la ciudad, se detuvo en él, y leso- 
corrieron. Prendado Pedro de la piedad y caridad del portero, no sabía 
dejar su compañia ; y trabando •conversación con él, le dtó cuenta de 
su patria y de lodemás que lo liabia sucedido. El buen portero se com- 
padeció de él, y le propuso si quería quedarse en el convento, que lo 
pediria al Prelado; y Pedro agradecido se ofreció á servir. Habiéndolo 
admitido, dio lyego muestras de su humildad y buen natural» de que 
Dios le habia dotado^ asi fué que pronto se granjeó el aprecio de iodos 
los Religiosos por la puntualidad con qué les servia. Tratábanle con 
amor y caridad, y él correspondia con obsequioso, agradecí miento. Los 
ratos desocupados los empleaba en aprender á leer y escribir, y con 
su aplicación y buen genio llegó á poseer el latin. En los dias de fiesta 
recibia los santos Sacramentos de la Penitencia y Eucaristía con gran 
devoción y ternura. Aficionábase á los Religiosos de mas virtud, y les 
pedia consejo para acertar en sus obras y dar gusto á Dios. Sintióse 



I 

( 



-171 — 

faertemente inclinado á vestir nuestro hábito ; pero por su humildad 
no lo pedia, creyendo no se lo concederían. Guando sos obligaciones 
se lo permitian, entraba en la iglesia, y postrándose á las plantas de la 
Reina de los cielos, con lagrimaste decía : «¡O soberana Madre de pie- 
dad! 8¡ yo fuera digno deque me admitierais entre vuestros hijos, ¡có- 
mo procuraría serviros T Mirad, Señora, mi desamparo y pobreza, y 
ya que sois amparo de pecadores desvalidos, haced que yo halle e! re- 
fugio en vuestra casa.» Salia de la oración muy confiado de lograr sus 
bqenos deseos; pero su humildad le hacia desconfiar de ser admitido, 
y DO se atrevía á pedirlo. 

HubO'Un buen Religioso que movido del amor que le tenia, le animó 
á que pidiera el hábito, asegurándole que todos le querian, y no sería 
desatendida' su petición. Asi fué; pues el Prelado lo consultó con los 
Padres, graves, y se convino en admitirle, no al instante sino al cabo 
de algún tiempo. Las ansias y deseos del virtuoso joven crecían con la 
tardanza, y con grande humildad instaba á los Padres para que le die- 
ran el hábito. Bien probada su vocación se lo vistieron, mostrándose 
tan contento y agradecido, que no cesaba de dar gracias á Dios, y para 
caroplir lo que habia prometido á Haria Sma., procuraba con todas 
sos fuerzas emplearse en su servicio. Su maestro puso á prueba varias 
veces su vocación y obediencia con muchos mandatos y mortificaciones; 
pero le halló siempre pronto, desprendido, humilde é inalterable. Te* 
nía mocha oración, y de ella sacaba unos vivos deseos de agradar á 
Dios por el camino seguro de la obediencia. 

El enemigo común al ver tanta virtud en Fr. Pedro, dirigió contra 
él sus baterías, presentándole graves dificultades en seguir la vida re- 
ligiosa, las grandes comodidades de que podia gozar en el siglo, lo mu- 
cho que en el convento le hacían padecer inútilmente etc.. Mas en vano 
trabajaba el demookl) porque á todas estas astucias y tentaciones Fray 
Pedro acudía ¿ la oración y al poderoso amparo de Maria Sma., y al 
momenlv disipaban^ las tinieblas de la tentación, y quedaba consola- 
do y oonfqrtado para^egioirel camino emprendido. Concluido el año 
do noviciado hizo su profesiqn con gran consuelo de su espiritu, y mi- 
rándose obligado mas á Dios con los cuatro votos, procuró con (odas 
veras su observancia. Desde entonces empezó nueva vida, es decir, 



— 172 - 

nuevo fervor en todos sus ejercicios espirituales: siendo puntual en el 
coro, pronto en la obediencia, recogido de sentidos, austero para en 
cuerpo, sufrido en las injurias, paciente en tos trabajos, callado entre 
los hermanos, y carilalivo para todos. 

Prendados los superiores de la virtud de Fr. Pedro, y hallándole 
idóneo para el sacerdocio, hicieron que se ordenase, y después te» eo- 
viaron al convento de Perpiaan, donde estuvx) algún tieoipo edificando 
ó todos con su ejemplo, porque era un dechado de virtud para los Re- 
ligiosos y para los seglares. Pasó después a Barcelona, y alli trabó ip- 
tima amistad con el venerable P.Fr. Jaime de Valencia, varón degran-^ 
de espíritu y santidad, el cual encendido en caridad, especiálmeate 
para con los cautivos, trabajaba con grande zelo büscaodo limosnas 
para las redenciones, y á esto mismo se inclinó también ef corazón de 
Fr. Pedro. 

Ya hemos explicado como en el año 4362 N. Rmo. P. Htro. Ge- 
neral determinó hacer una redención en Argel, nombrando redentores 
á Fr. Jaime de Valencia y á Fr. Pedro Francés, sufriendo alli martirio 
el primero y regresando á España el segundo, quien sintió mucho la 
falta de su amado compañero. Y su corazón quedó combatido de varios 
afectos ; en particular la dicha que había cabido á Fr. Jaime de dar la 
vida por Jesucristo, le causaba tan santa emulación, que ardientemente 
deseaba volver á tierra de infieles para poder lograr igual suerte; y en 
tan santos deseos pasó desde el año 13&2 al 4364 en el que, disponiendo 
N. Smo. P. General hacer redención en Túnez, le'nombró redentor. 

Partió Fr, Pedro.de Barcelona con su compañero, y desembarcan* 
do en Túnez, empezó en seguida á hacer redención. Anhelaba su cora- 
zón morir por Cristo; mas el temor de no poder redimir los cautivos, 
le hacia abstener de predicar en público á Jesús, Se afligía en gran 
manera al oír las horribles blasfemia^ y ver lof (hisórdeoes y torpezas 
de aquellos bárbaros ; oraba, se mortificaba, pedia á Dios misericordia 
y la conversión de aquellos infelices que careciftn de la luz de la fe. 
Quiso la Providencia que pasase por una calle, donde un morabuto co- 
metía un escándalo público, cosa muy frecuente entre aquellos sucios 
discípulos de Mahoma. No podiendo sufrir Fr. Pedro tan execrable 
maldad, reprendióle con aspereza y santo zelo; se reunió alli la gente. 



— 173 — 

y con santa libertad les demostró la falsedad de la ley de Maboroa, que 
permitía tales abominaciones, y al mismo tiempo ensalzó la virtud de 
la pureza; y esto lo hizo con tanto espíritu y eficacia, que se convirtieron 
machos infieles. Indignado el morabuto por la reprensioui y viendo la 
conmoción de la g^nte, dio quejas al Rey de Túnez, acusando al Reli- 
gioso de haber dicho mal del Alcorán, delito dig^o de muerte. 

Mandó el Rey pren^Jer al santo Fr. Pedro, y discurriendo para dar-* 
le un cruel castigo, dispuso entregarlo á los muchachos. Reuniéronse 
estos en gran número, ataron á Fr. Pedro de manos, y con una soga 
al cuello lo sacaron á la calle, y alli con furia infernal le maltrataron, 
apaleándole y tirándole piedras; pero el santo no cesaba de predicar, 
por mas que su sangre chorreara por su cuerpo, y tirando de la soga 
le llevaron fuera de la ciudad, encendieron una hoguera y echáronlo 
en ella. Asi consiguió la corona del martirio. Nada se sabe de Jos 
cautivos que redimió ni de su compañero; pero se cree que á este le 
alcanzaría la zana de los infieles. 

125. 

Redención en Argel de 88 cautivos en el afio 1366. 

Pocos detalles dan nuestras historias de la redención que hí2o el 
P. Luis Conciso ; pues solo dicen que en el año 4 366 pasó á Argel y 
sacó del cautiverio á 88 pobres cristianos. (BuUar. pág. 42.) 

126. 

Redención en Granada de 185 cautivos en el afio 1371. 

En el año 4370 fué elegido Provincial de Castilla el P. H. Fr. Pe- 
dro Rodríguez, varón de gran virtud y letras, y en el mismo Capitulo 
nombró por redentor al P. Fr. Francisco Hatienzo, Religioso grave, 
fervoroso, caritativo é industrioso para los negocios, quien en el año 
4 374 1 con las limosnas de Portugal, Andalucía y Castilla, sacó de las 
garras de los moros en el reino de Granada á 4 85 cristianos que resti- 
tuyo á sus hogares 



— 174- 
127. 

Redención en Bugía de 70 cautivos en ^1 aSo 1379. 

En el año 4379 naeatros Religiosos redimieron en la ciudad de Bu- 
gla, en Berbería, 70 cautivos, segan refiere ntjfdstro cronista RcfmoD, 
tomol.*, página 444. 

128. 

Bedencion en Oran de 198 caulivos en el a&o 1380. 

En el año 4380 el P. Fr. Cristóbal Soler, catalán, varón docto y 
virtuoso, pasó á Oran, y rompió las pesadas cadenas del cautiverio á 
498 cristianos que alegres regresaron á España. 

129. 

Redención en África de 159 cautivos en el aSo 1381. 

En el año 4 384 pasaron á África dos redentores de la provincia de 
Castilla, Religiosos de gran fama por su virtud y saber, él P. M. Fray 
Alonso de Burgos, de noble linaje, hijo del convento de Toledo, insigne 
teólogo y gran predicador, y el P. M. Fr. Juan de Medina, quienes 
con mercancías y dinero redimieron 459 cautivos. 

130. 

Redención en Almería de 48 cautivos en el aSo 1382. 

Sabiendo nuestros Religiosos que en la ciudad de Almería habia 
cristianos que gemian en la esclavitud, hechos cautivos por los moros 
en sus correrias, enviaron allá al P. Fr. Arnaldo Ponce, quien á últi- 
mos del 4382 y principios del 4383 rescató 48, á los cuales contentos 
y agradecidos restituyó á sus familias. 



•-175 -. 



131. 



Redención en Tanez de 89 cautivos en el aSo 1386, quedándose 

en rehenes Fr. Arnaldo Pons. 

Ed el año 4 384 los dos reinos de Castilla y Portugal estaban en san- 
grienta guerra uno contra otro, causando no pocos inconvenientes y 
daños á la redención de los pobres cautivos cristianos. Habiendo sido 
nombrado redentor Fr. Antonio de Pereira, portugués, y recogido con 
su zelo é industria muchísimas limosnas, cayó en manos de los solda- 
dos del Rey de Castilla, que le despojaron de cuanto llevaba, y no pu- 
do tener efecto en aquel año la redención proyectada. 

Este suceso dispertó el zelo y fervoroso espíritu de otro Religioso 
nuestro, varón de virtud y letras, y famoso predicador, llamado Fray 
Dionisio Manuel, noble portugués, quien en el año 1385 con una cruz 
en la mano, y santa osadia y libertad cristiana salió al encuentro del 
Rey de Castilla, le expuso la aflicción en que se hallaba Portugal , y le 
pidió por las entrañas de Jesucristo, se compadeciese de los trabajos 
que en aquel reino se padecían, y dirigiera sus armas, no contra un 
Rey cristiano, sino contra el Rey moro de Granada y demás enemigos 
de la cruz de Cristo. 

Era el Rey de Castilla de muy buen natural, y tomó á bien lo que 
le dijo el Mercedario. Aunque estaba en campaña con 6,500 caballos y 
macha infanleria, entró en vias de paz, se trataron los preliminares, 
y aonque no se ajustó por entonces, hubo tregua. Nuestra Orden se 
aprovechó de ella, y recogidas algunas limosnas, sabiendo que en Tu» 
nez habia muchos cautivos que gemían en las cadenas de la esclavitud, 
envió allá al redentor Fr. Arnaldo Pons, quien rescató 89 cautivos ; y 
como es tanta la mala fe de los hijos de Mahoma, estos obligaron des- 
pués al redentor á quedarse en rehenes por una cantidad á mas de la 
concertada; pues aquellas infieles no quisieron estar por el primer tra- 
to y compra. No duró mucho la detención del redentor, por las dili- 
gencias que praclicó nuestro P. Miro. General ; pero duró lo bastante 
para 'escperímeñtar y después publicar los trabajos, penas y miserias 
de ia infeliz esolavitúd. Rizóse esta redención en el año 4386. 



— 176 — 
132. 

Redención ea África de 309 caalivos en el año 1387. 

En el año 1387, reunidas de toda España las limosnas para la re- 
dención, fueron nombrados redentores e) P. Fr, Domingo de S( Loren* 
zo y el P. Juan de Miranda, hijos de la provincia de Ga$til)a, quienes 
pasaron á tierra de infieles y rescataron 309 cautivos qoe desembarca- 
ran en Valencia. 

133. 

Redención en Granada de 100 cantívos en el año 1390. 

Rdigioso ejemplar en virtud y eminente en tetras y doctrina fué el 
P. Fr. Julio del Puerto, quien, abrasado de amor de Dios y del próji- 
mo » aventuró so' vida para dar libertad á los pobres cautivos. Elegido 
redentor, reaealó en el año 1300 con muchos trabajoi; 100 cautivos. 

134. ^ 

Bedenoíon en Hamiecos da 119 cautivos en et aSo 1391. 

En e) afio 1391 Fr. Loren;io de Castro, redentor por Andalucía, y 
Fr. Pablo Gómez, por Castilla, se juntaron y pasaron á Marruecos, 
rescatando 229 crisiianos de las. cadenas de la esclavitud. 



135. 

' • p 

Redención en Granada de 13 caativos, y glorioso martirio del P. Fr. Ar- 

naldo Arenchs, redentor, en el afio ISlMl. 

En el año 1 393 se embarcaron en España para África dos redento- 
res con su caudal para la redención, cuyos nombres callan naesiros 



— <77 — 

Anales, y como nada mas se supo de ellos, no se duda que murieron 
á manos de los moros ó en el mar. Perdidos, pues, los redentores y el 
caudal, nuestros Religiosos, redoblando su zclo, reunieron otra canti- 
dad para hacer redención en Granada, donde era muy apremiante la 
necesidad, y pudo hacerse ya en el año siguiente de 4394 por los re- 
dentores Fr. Arnaldo Arenchs y Fr. Julio Pons, ambos catalanes. An- 
tes de dar detalles de esta redención que costó la vida á Fr. Arnaldo, 
diremos algo de la vida de este santo Mártir. 

Nació Fr. Arnaldo Arenchs en una aldea no muy distante de Bar- 
celona, «de gente medianamente acomodada, dedicada al trabajo del 
campo y ganado, y á esto se dedicó Arnaldo en sus primeros años. 
Creciendo en edad se le conoció una particular inclinación en inquirir 
conocimientos sobre la variedad y propiedades de las yerbas y plan- 
tas; por lo que dejando los ganados de su padre, se marchó á Monl- 
peiler á estudiar el arte médico en aquella célebre y renombrada Uní* 
versídad de medicina. Aplioóse á este estudio y salió un consumado y 
perfecto botánico, no sin padecer trabajos é incomodidades por la 
escasez de recursos, pues sus padres, que no eran ricos ni querían que 
cursara, no le ayudaron ; pero él tomó tan á pecho el estudio y tanto 
adelantó, que los hombres mas doctos, versados y practícesele tenían 
en el mas alto concepto y reputación, especialmente en la parte que 
toca al conocimiento de las cualidades de las yerbas y animales, y á la 
buena elección de ellas para el uso de la medicina. Uas como el cora- 
zón del hombre está en la mano de Dios, cuando parecía que Arnaldo 
babia de estar mas satisfecho y ufano, hallándose tan bien opinado y 
respetado en esta ciencia, que de todas partes acudían á él como orá- 
culo, y le consultaban los médicos de mas fama, entonces empezó esto 
mismo á causarle melancolía y tristeza, al verse tan embarazado y 
ocupado. No sabia t[ue camino tomar para librarse del peso de acudir 
á tantos que le llamaban y consultaban, y como su corazón vivía in- 
quieto y angustiado porque no le daban reposo, determinó dejar la 
Uoí versídad de Uontpeller y volver á su patria. 

Bailó que sus padres habían ya pasado á mejor vida, y por lo mis- 
nao se trasladó á Barcelona con el propósito de no darse á conocer, ni 
tratar de enfermos, medicinas ni yerbas ; pero habiendo volado por 
23 



-178 ~ 

todas partes sa nombre y fama, fué loego molestado con visitas é ins- 
tado á que se encargara de algunos enfermos de gravedad, y como 
'eran personas nobles y principales no pudo excusarse, é hizo algunas 
curas que le dieron mucha fama y reputación. No se sabe el cómo ni 
el por qué resolvió últimamente dejarlo todo de una vez y cambiar de 
estado : solo decia, algunos años después, que nunca habia gozado su 
corazón de alaria ni contento hasta que resolvió ser Religioso y vestir 
el habito de la Merced. 

Hallábase Arnaldo en la flor de su edad, pues aun no contaba 30 
años, cuando pidió el hábito al Rmo. P. Nicolás Pérez, Miro. General, 
en el año 4366. Se le hizo esperar algunos dias para probar su espíri- 
tu y vocación ; pero su humildad y perseverancia dieron bien á cono- 
cer que aquel cambio ó conversión era obra de Dios. Diósele el hábito 
en Barcelona, y siendo aun novicio, se le vio caminar á pasos agigan- 
tados á la perfección. Era humilde, paciente, sufrido, caritativo, pru- 
dente, fervoroso, obediente y afable con todos. Pocos años después de 
su profesión, como era capaz para todo, la Orden le empleó en varios 
oficios, pero siempre fué menester mandárselo por obediencia para que 
aceptase, porque era tanta su humildad y desconfianza de si mismo, 
que se jjizgaba incapaz é inúlil para los oficios, y principalmente para 
gobernar. Noobstante fué dos veces Prelado, una de ellas en Perpiñan. 
Deseaban los Superiores enviarlo á Montpeller, donde era muy conoci- 
do y acreditado; pero sabiendo que le mortificarian, aunque él no ma- 
nifestó repugnancia alguna por ser muy obediente, lo suspendieron 
y quedó de conventual en Perpiñan. El historiador Remon dice, queen 
aquel convento habia un Religioso muy anciano, que viendo á Fr. Ar- 
naldo muy preocupado y temecoso le dijo : «No tema, P. Arnaldo, 
que no irá á la Universidad ; pues para otra escuela y cátedra le quie- 
re Dios, donde le sirva y agrade roas, y le cueste ínas el estudio, pues 
le costará la vida.» Parece que esto fué una profecía de su martirio. 

En la primavera del año 4 394 celebróse Capitulo General en Bar- 
celona, y fueron elegidos redentores por las provincias de Cataluña y 
Valencia el P. Fr. Arnaldo Arenchs y el P. Fr. Julio Pons, y se deter- 
minó hacer la redención en Granada por saberse habia allí algunos 
cautivos de consideración. En el año anterior hablan sido muertos en 



— :í» 



— 179 — 

una refrita con los moros de Granada, el Maestre de Alcántara y otros 
caballeros de Castilla, Murcia y Valencia, y no se dudaba que gemían 
entre cadenas algunos cautivos de cuenta, de resultas de dicho comba- 
te. No obstante, aunque en Castilla ardía la guerra civil, y la peste se 
cebaba en Madrid y Toledo, lo que obligó al Rey D. Enrique á trasla- 
dar la corte á Illescas, y por estos lugares apestados debían pasar los 
redentores , determinaron hacer el viaje á Granada , animándoles la 
buena compañía que se les ofreció dedos señores Embajadores del Rey 
de Aragón que pasaban á la corte del Rey de Castilla. 

Partieron, pues, los redentores, y al llegar á Illescas besaron la ma- 
no al Rey D. Enrique y le dieron cuenta del objeto de su viaje. Reci- 
bieron de él algunas limosnas, y negociado el salvoconducto del Rey 
moro de Granada Juzeph-Mahomet, se marcharon. Apenas llegados á 
Granada empezaron el rescate ; pero como los cautivos eran personas 
de noble sangre, se necesitaba mucho dinero, y no alcanzaba el quo 
tenian. A mas había dos cautivos jóvenes y una mujer en grande peli- 
gro de perder la fe, y no pudiendo abandonar á esos tres infelices, y 
no alcanzando el dinero para todo, quedóse Fr. Arnaldo en rehenes, y 
Fr. Julio se marchó con i3 cautivos. 

Pactóse el plazo* de cuatro meses para la entrega del dinero de es- 
tos tres cautivos. Pasó el plazo Y el dinero no llegó. El dueño de los 
tres cautivos pidió al Rey de Granada que hiciese se le pagara la deu- 
da ; y el Rey le respondió, que una vez había prenda, que era el 
Religioso, que se incorporara de ella. El moro, de condición cruel 
y rabioso por la sed del oro, echó mano de Fr. Arnaldo, y dándolo 
puñadas y palos, le cargó de cadenas y grillos, y le encerró en una 
mazmorra. Todo lo sufrió el Santo con humildad y paciencia, ofrecién- 
dolo al Señor por quien con gusto padecía. El moro de día en dia es- 
peraba el dinero, y la tardanza lo desesperaba; asi todas las noches lo 
sacaba de la mazmorra y le maltrataba con palabras y crueles azotes. 
Era Fr. Arnaldo de delicada complexión, y las penitencias habían dc- 
hiíílado su salud ; así es que los azotes, el dormir en el suelo cargado 
de hierros, y no darle de comer sino de tres en tres días, acabó de 
demacrarlo. El moro crcia que cuanto mas le atormentaría mas pronto 
\ei)dria el dinero; y por esta razón lo hacia azotar horriblemente, has- 



— «so- 
ta qae se temió por su vida; pues parecía mas muerto que vivo; pero 
jamás salió de su boca las mas mínima queja ; solo decia y repetía: 
((Bendito y alabado sea aquel Señor que me tenia guardada tan dicbo- 
sa suerte sin merecerla.» Entró el moro en la mazmorra, pues le dije- 
ron que se moría, y al verle que no tenia mas que los huesos y que se 
moría por momentos le dijo: «Perro, ya no hago caso del dinero que 
he perdido por ti, y veo que te dejas morir como bestia; abandona la fe 
de ese Cristo que confiesas, yo te curaré, te aplicaré tales yerbas que 
en breve recobrarás tu salud ; y aun mas, te casaré con una hermana 
mia, y te enseñaré las propiedades de las yerbas, pues yo soy gran co- 
nocedor de ellas.» A lo que respondió Fr. Arnaldo : «Esta misma fa-- 
cuitad dejé yo por Dios, para aprender otra ciencia, que la estimo en 
mas, y es el acertar en dar la vida en defensa de la fe y por la libertad 
de mis hermanos.» A estas palabras se enfureció el moro, y dándole á 
la cabeza con un palo que llevaba en la mano, le quitó la vida. Tal fué 
el glorioso martirio de Fr. Arnaldo Arenchs, y luego que so supo en 
Barcelona, donde había el dinero ya reunido, se procuró por todos 
medios, sí podían adquirir el cuerpo del Mártir, pero fué inútil, pues 
nadie pudo averiguar lo que habían hecho de él. 

136/ 

Redención en Almería y martirio glorioso del V. P. Fr. Pedro Baleta, 

redentor, en el año 1997. 

La vida santa y martirio glorioso del Y. P. Fr. Pedro Bateta, que 
honró el blanco hábito de la Orden de la Merced, nos lo refieren nues- 
tros historiadores. Fué natural de Castilla y vistió nuestro santo hábito 
en Bircelona, donde vivió algunos años, dando luego evidentes mues- 
tras de su bondad, caridad y zelo. Como no sabia leer, pidió el hábito 
para Religioso de obediencia; y era tan humilde, que ocupado siempre 
en oficios los mas comunes y ordinarios, con frecuencia se presentaba 
de rodillas al Prelado, manifestándole su insuficiencia y rogándole en- 
caiecíilamenle le ocupara en cosas menores y mas humildes. De esta 
virtud de la humildad nacia una continua guerra. consigo mismo, se 



— 481 — 

anonadaba, se mortificaba y con lágrimas se acosaba indigno de los 
varios oficios en que se le ocupaba. Pero Dios que se complace en exal- 
tar á los humildes, disponia que cuanto mas Fr. Pedro se humillaba, 
lo ocuparan en oficios mayores. Jamás había aspirado á otra cosa que 
á Religioso lego; pero los Religiosos, que vieron en él cierta docilidad, 
aptitud y otras buenas circunstancias, determinaron aprendiera la len- 
gua latina y vistiera el hábito para corista. Algunos días tardó en re- 
solverse, porque era un retrato de san Francisco de Asia, que no quiso 
pasar de Diácono; pero alumbrado por el Espirito santo, cedió á la 
obediencia, se dejó abrir corona, y á su tiempo ordenarse de sacerdo- 
te, estremeciéndose solo al considerar la alta dignidad del sacerdocio, 
al que jamás habia aspirado, ni instó para recibirlo, y una vez orde- 
nado lo destinaron á otro convento, y después de haber sido conven- 
tual de Lérida, Zaragoza, Perpiñan, Vich y Valencia, lo fué del Puig, 
dejándose sentir en todas partes el suave olor de sus virtudes. 

Estuvo en aquellos dias en Valencia la Reina de Aragón, haciendo 
vela y novena á la Virgen Sma. del Puig ; y queriendo hacer un obse- 
quio á la Madre de Dios y un gran beneficio y favor á nuestra Orden, 
dio una buena limosna para el rescate de algunos cautivos que gemian 
en Murcia y Lorca. Pronto se puso manos á la obra. Fué nombrado 
redentor en el año 4397 el humilde y santo varón P. Fr. Pedro Bateta, 
lo que aceptó gustoso, por parecerle que se le ofrecia ocasión para mo- 
rir por el Nombre de Jesucristo entre infieles, que tanto habia deseado 
y pedido al Señor. Reinaba entonces en Granada el Rey moro Haho- 
road, hijo de Juzeph, amigo que habia sido de los cristianos, quien por 
consejo de un embajador de Marruecos hizo una entrada ó correrla 
por el reino de Murcia con 700 caballos y 3000 peones, haciendo gran 
presa, y á pesar de que el adelantado de Murcia D. Alonso Fajardo le 
salió al encuentro y le quitó la mayor parte de la^ presa y dio muerte 
á muchos moros, se llevó cautivas algunas personas de importancia. 
Fr. Pedro se dirigió á Granada ; pero como Mahomad se encontraba en 
Almería con su hermano, despidiendo, para embarcarse, al dicho em- 
bajador de Marruecos, tuvo que pasar á Almeria para tratar del res- 
cate con Mahomad. AI principio lo recibieron muy bien, porque el di* 
ñero ó interés en todas partes es bien acogido, pero al tratan de los 



^182 — 

cautivos, hubo diBcultad en darle dos ó tres que llevaban ya embar* 
cados para Marraecos. Deseaba el moro no perder el interés que se le 
ofrecía por aquellos cautivos, pero por otra parte era imposible darle 
los mismos ; asi fué que prefirió mostrarse un bárbaro interesado ó 
avaro, que un Rey fiel á su palabra dada en el salvoconducto. Mandó, 
pues, quitar el dinero al santo varón y entregarle otros cautivos á su 
gusto, y pareciendo esto poco al africano embajador de Marruecos, á 
pesar de la humildad y mansedumbre con que Fr. Pedro entregó el 
dinero y recibió los cautivos, instigado del demonio, le hizo dar de pa- 
los y puñadas en la boca, llamándole perro cristiano, hereje, alborota- 
dor y mil otras afrentas. 

Cabalmente Juzeph y su hijo Mahomad eran tenidos por los Reyes 
moros circunvecinos, y por sus mismos vasallos, como á favorecedo- 
res de los cristianos, y que solamente eran moros en el exterior ; asi 
fué que por respeto humano no se atrevieron á salir en defensa del 
santo Religioso^ manifestando el agravio que se hacia al seguro de su 
r^al palabra y á la inocencia del santo varón, sino que le dejaron en 
manos de los criados de dicho embajador. Estos, con la ayuda de gen- 
tuza que alli se reunió, á malos tratos y empellones lo llevaron hasta la 
orilla del mar. Todo lo sufrió el Santo lleno de gozo y alegría, cantan- 
do himnos y alabanzas al Señor, y después de pedir á aquellos bárba- 
ros le perdonaran si en algo habia errado, empezó á hablarles de Je- 
sucristo y del inestimable precio de su preciosísima sangre derramada 
para la salvación del linaje humano en el árbol santo de la cruz. Decía 
esto con tan vivo*zclo y fervor, deseosísimo de la salvación desús al- 
mas, que sacando un Crucifijo que llevaba en el pecho, y puestoslos 
ojos en él, les predicaba y enseñaba lo que tanto les importaba, que 
era mirar por su alma. Entonces un bárbaro de los que le oian, no pu- 
diendo sufrir las ala*banzas que decia de nuestro dulcísimo Redentor, 
levantó el alfanje y de un golpe le corló la mano en que tenia el Cru- 
cifijo, yantes que el Divino Redentor llegase al suelo, Fr. Pedro alargó 
la izquierda para cogerlo; mas apenas alcanzó la cruz, que otro golpe 
le corló la otra mano. Fué tal la rabia y encarnizamiento de aquellos 
bárbaros, que arremetieron contra él á golpes y cuchilladas, y le corta- 
ron los pies y la cabeza, dejando el tronco en una balsa de sangre. 



— 483 — 

Tal fué el glorioso martirio de este ilustre r^entor Mercedario, y 
con él quedó satisfecha la venganza del embajador marrueco, embar- 
cándose contento, pero confuso y temeroso el Infante moro de los Re- 
yes de Castilla y Aragón. Mucho sintió nuestra Orden haberse malogra- 
do la redención, y no haber podido recoger las reliquias de tan santo 
hijo y aventajado Mártir. 

137. 
Redención en Argel de 1 W cautivos en el año 1398. 

En el año 1398 se juntaron dos redentores que, llenos sus corazo- 
nes de la mas ardiente caridad, deseaban ejercer el cuarto voto que 
habiao profesado, de dar su propia libertad para sacar de la escfavitud 
á sus hermanos cautivos. El uno, francés de nación, llamábase Fray 
Juan de Francia, y el otro, aragonés, Fr. Juan de Falco ( ó Alve). Em- 
barcáronse y pasaron á Argel ; y allí al ver Id vida infeliz y miserable 
de los cautivos y en particular de las mujeres y niños, que por su fla- 
queza y debilidad eran arrastrados por aquellos bárbaros al camino 
de la perdición y apostasia, el corazón se les partió de dolor, y para 
arrancarlos de las garras de los moros, procuraron rescatarlos pronto; 
pero no alcanzando el dinero, tuvieron que sufrir muchos trabajos, 
pues se vieron mofados, escupidos y azotados, todo lo que sufrieron 
con admirable paciencia. Se ofrecieron en rehenes para rescatar ma- 
yor número de cautivos; pero solo pudieron efectuarlo del 28, los cua- 
les contentos volvieron á sus casas. Dice nuestro historiador Remon, 
que estos dos redentores pasaron tantos trabajos, que solo faltó derra- 
mar su sangre para un verdadero martirio. 

138. 

Redención en África de 136 cautivos en el ano 1399. 

El P. Fr. Dan)|an del Puerto, varop de mucha virtud y letras, y 
el P. Fr. Gil Dalmasia, sutilísimo teólogo, en el año 4399 pasaron al 



— «84- 

África, y alli rompieron las cadenas de la esclavilod á136 cristianos, 
que llorando de alegría desembarcaron en Barcelona, donde dio fondo 
el bajel en que iban. 

139. 

RedencioD eo Bogía de 128 cautivos en el año 1399, quedándose en rehenes 

el P. Miro. Fr. Bernardo Desplá, redentor. 

Nuestra provincia francesa celebró Capitulo Provincial en el con- 
vento de Garcasona el año 1397, y en él fueron nombrados redentores 
el P. Mtro. Fr. Bernardo de Plano ó Desplá, francés y Vicario Provin- 
cial de aquella provincia, y el P. M. Fr. Arnaldo Darcenchs, doctor en 
jurisprudencia, y varón de grande ingenio y capacidad. En el año 4399 
recogidas con grande zelo las limosnas de Francia, y habiendo recibido 
del P. Prior de Barcelona Fr. Guillelmo Vives 1046 florines aragpneses, 
partieron para África, y en Bugia y pueblos comarcanos, con muchas 
penas y trabajos, rescataron 4 2S cautivos, que á principios del año 
1400 desembarcaron en Cataluña. 

El P. Bernardo de Plano (dice Remon), deseosode poder sacar del 
poder de los infieles á muchos cristianos de poco ánimo, que estaban 
en peligro de dejar la fe, quedóse en rehenes, y cnanto mas tardaba el 
desempeño, tanto nias lo maltrataban y cargaban dehierros ; pero Dios 
le dio fortaleza y paciencia, á fin de que libre después pudiese contar 
á nuestros hermanos los trabajos que babia padecido. 

liO. 

Redención en Oran de 99 cautivos en el año 1401. 

Era mucha la solicitud y cuidado del Rmo. P. Diego Taust, Maes- 
tro General de nuestra Orden, en que se cumpliera nuestro cuarto vo- 
to, juntando muchas limosnas para los pobres cautivos; asi es que se 
hicieron varias redenciones durante su gobierno. En el año 1401 el 
P. Fr. Juan de Verdegalio pasó al África, y en If ciudad de Oran ar- 
rancó de la esclavitud á 99 cautivos. 



— 485 — 
141. 

Redeaeioo en Marruecos de'tISS cautivos en el afio UOf . 

En el ano U02 el R. P. Fr. Juan Herrera y el R, P. Fr. Bernar- 
do Arenas, redentores por Castilla y Francia, en los reinos de Fez y 
Marruecos, después de mil penalidades, rescataron 258 pobres cau- 
tivos. 

142. 

Redención en Marruecos de 118 cautivos en el año 1103. 

Varón noble por su linaje y mocho mas noble por su virtud fué el 
R. P. M. Fr. Lucas de Toro, natural de Castilla. Este ilustre varón es- 
taba adornado de virtudes, pero en particular resplandecía en él la ca- 
ridad para los cautivos óristianos ; la cual le obligó á que, nombrado 
redentor por el Provincial de Castilla, en el afto 4403 emprendiese la 
jornada á pié, y recogiendo limosnas para esta obra de piedad, se di- 
rigió después á Marruecos, donde rompió las cadenas y alcanzó )a sus- 
pirada libertad á 448 cautivos, y á pesar de los vientos contrarios, 
entomecidas olas, y grande inuodacion del Guadalquivir que puso á 
gran riesgo la redención, llegó con ellos, entre mil peligros de muerte, 
á Sevilla, donde fueron muy bien recibidos y amparados. 

143. 

Bedencíon en Granada de 198 caaiívos en e) afio 1405. 

Nombrados redentores, por Aragón el P. Fr. Gilberto Vicente, y 
por CastiHa el P. Fr. Nicolás de Mendoza, pasaron á Granada en el 
año 44#4,y redimieron á 498 cautivos cristianos que desembarcaron 
en Bareelona ¿ primeros de] enero del año 4 4QS|, al tiempo (3 enero) 
qae ei venerable Prior de aquel convenio Fr. Guillelmo Vives entrega- 
ba so alma al Criador. 
24 



— 186 — 
14i. 

RiMlencion en África de 200 cautivos en el afio 1405 . 

El zelo de los Religiosos de la Merced en recoger limosnas para los 
pobres cautivos hizo que en los años 4 404 y 4405 el R. P. Fr. Antonio 
Blanes y el R. P. Fr. Pedro Sorellas, redentores por Aragón y Valencia, 
en cuatro redenciones consecutivas en las ciudades de Oran, Mostagán, 
y Argel arrancaran 200 cautivos del poder de los infieles. 

145. 

Redención en Granada de 60 cautivos en el afio 1406. 

Era Rey de Granada Jozeph ó Benjuzeph, Uanaado el Izquierdo, 
cuando llegó á aquella ciudad el P. Fr. Guillermo Loarte en el año 
4406. Estaba el^ Rey muy disgustado y pesaroso de la mala corr^pon- 
dencia que recibía de los Reyes de África y de los . Reyes vecinos ; y 
para mas pena é inquietud, se anadia, el haber sabido que algunos ca- 
balleros de su sangre y palacio maquinaban ocultamente contra él, en 
términos, que algunas veces se vio á punto de perder el reino. Supo el 
Rey que Fr. GuíUermoert un hombre docto, y hombre de consejo en 
trabajos y tribulaciones ; por lo que trató con él familiarmente, y que- 
dó satisfecho de su bondad, ingenio y erudición :^esto hizo que acudie- 
ran á él muchos moros, y de los mas sabios, á oirle y preguntarle mas 
por curiosidad, que por aprovecharse dQ su saber y doctrina. Holgóse 
en extremo el Rey de oirle, pero quienes mas se le aficiobaron fueron 
Mahomad, primo del Rey, y Ali-Zahen muy allegado del Rey y muy 
sabio entre los Alfaquies. Estos dos, alumbrados por Dios, se enamo- 
raron de las verdades católicas y de la doctrina que habían oido ; asi 
es, que le buscaron un dia, le hablaron aparte, le descubrieron su pe* 
cho, diciéndole que querían hacerse crislianos, porque veían que todas 
las otras leyes y sectas comparadas con la ley de Cristo eran cosa de 
burla, juego y chanza. 



— 487 — 

Fr. Guillermo no obró con precipitación, sino que procaró ganar 
tiempo, catequizándolos, para ver si aquel espíritu era de Dios; mas 
viendo que perseveraban en su santo propósito, los bautizó, y no obs- 
tante de haberse hecho con el mayor recato y secreto llegó á oídos del 
Rey, quien, aunque amigo de los Reyes cristianos, y en particular de 
D. Juan II, Rey de Castilla, y no les molestaba si no le molestaban, 
sintió muchísimo lo que babia hecho Fr. Guillermo, y mandó luego 
prender á él y á los recien bautizados. Estos dos como eran poderosos, 
se escaparon á uña de caballo, y con cartas de Fr. Guillermo fueron 
muy bien recibidos en nuestro convento de Córdoba. . 

Cabalmente Fr. Guillermo babia ya redimido 60 cautivos, diez de 
ellos personas de importancia y consideración, cuando el Rey descu- 
brió lo sucedido entre Fr. Guillermo y los dos bautizados, y al saber 
la fuga de estos, indignóse de tal manera, que no quiso dejar salir los 
cautivos de Granada, y mandó encerrar á Fr. Guillermo en una>oscu* 
ra mazmorra cargddo de hierros, jurando que de allí no saldría hasta 
que le fuesen entregados Mahomad y Zahén. Hubo sobre esto muchas 
demandas y respuestas de Castilla á Granada y de Granada á Castilla; 
pero como el Rey D. Juan no podía obrar con toda su voluntad, por 
tener algo inquieto el reino, y no poder atender á todo, Fr. Guillermo 
padeció muchos trabajos en su prisión y por largos años, por mas ins- 
tancia que hiciera la Orden con el Rey D. Juan para librarle. 

Parece que Dios quiso acrisolar y puri6car la virtud de este santo 
varón, tan eminente y famoso en letras, humillándole y sepultándole 
en una hedionda mazmorra sin ver la luz del sol, sino cuando lo saca- 
ban de ella para trabajar, y dándole muchos palos y azotes por la mas 
leve falta. La cama y comida era la que suelen dar aquellos bárbaros, 
y el trato, horribles blasfemias contra Jesucristo, que le afligían en 
gran manera. No obstante, conformado Fr. Guillermo, adoraba los 
ocultos designios de Dios, y besaba la mano de aquel que le humillaba 
con tales penas y trabajos. Plugo finalmente á Su Divina Majestad 
sacarle de tan horrible prisión, pues murió Juzeph y sucedióle su hijo 
Mahomad, quien lo primero que hizo, para granjearse la voluntad de 
Rey D. Juan de Castilla, fué dar libertad á los 60 redimidos y á Fray 
Gaillermo, el cual estaba ya tan resignado á suportar aquel miserable 



— 488 — 

modo de tivir, que cuando le dijeron qne éi y sus 60 cantívos podían 
ii*se á Casulla, le pareció un soeño, y no quería creerlo. Fué á dar 
gracias al Bey por la liberalidad que usaba con él y con aquellos^ afli-* 
gidos cristianos dos veces cautivoe, y saliendo juntos de Granada , 66 
dirigieron á Alcázar de Segovia donde se bailaba el Rey D. Juan, ha-- 
ciendo una solemne procesión desde nuestro convento al Palacio. 

146. 

Redención en Tnnet de 3M cautivos en el alio 1408. 

Floreció en Francia, con gran crédito de varón pío, y de nobilisinia 
prosapia, el R. P. Fr. Bernardo deVerdun ó Verdunio, que á pesar 
de sus muchas letras y mucbisímos discípulos que lo deseaban, nunca 
quiso gruduarse de doctor , pero obtuvo varice títulos honoríficos, que 
)e granjearon notable consideración. Fué insigne en predicar, edifican* 
do á toda la Francia con sus palabras y ejemplos, pues era muy dado 
á la mortificación y á la oración. 

Elegido redentor con el P. Fr. Dionisio de Águeda y el P. Fray 
Migael Toribio, pasaron á Túnez, y con muchas limosnas de varias pro- 
vincias dieron libertad á 303 cautivos en el año 4408, restituyéndolos 
á sus hogares. 

147. 

Redención en Marroecos de 104 cantivos en el affo 1408. 

Vistió nuestro santo hábito en Perpiñan un joven francés llamado 
Severino, natural de Paris, del noble linaje y familia de Severino^ sien- 
do su padre francés y su madre española. Estudiaba en dicha capital 
jurisprudencia, y como sesentia inclinado á la soledad, quietud y so- 
siego, dejó esta facultad para la de Teología y Cánones, graduándose 
después de doctor con gran crédito y fama en las escuelas de París. 
Sus inclinaciones no gustaban á sus padres, que deseaban verle hacer 
papel en el mundo, y proporcionarle gran fortuna con un enlace pro- 



— <89 — 

yectado, y al declararles so deseo de ordenarse de sacerdote, se enoja- 
ron, y no pudiendo reducirle á que se casase, le echaron de casa. 
Aburrido este joven por semejante crueldad y aspereza, se salió de Pa- 
rís para España; pero en el canDtoo, tocándole Dios el corason, mudó 
de parecer, y determinó hacerse Religioso, dejando el mundo de una 
vez. Fuese á Montpeller, y allí trató con un Religioso de nuestra Orden 
que era catedrático de aquella Universidad, llambdo Fr. Antonio Du- 
ran, hombre muy docto y observante. Gustó mucho áSeVerino el irato 
y tida ejemplar de este santo varón, y comunicándole su espíritu, y 
eocomeodándoGe de veras á Dios, determinó entrar en nuestra Orden, 
y para estar mas apartado de parientes y amigos^ le aoonsqó que to^ 
mará el hábito en Perpiñan, á donde lo acompafió: 

En el noviciado adelantó tanto en la virtud Fr. Séverino, que pa«* 
recia ya anciano en la Orden. El demonio, envidioso de su aprovecha- 
miento, le hizo una guerra cruel; pero Fr. Severtno con su grande hu- 
mildad salió siempre victorioso. Ordenado de sacerdote, fué rogado é 
importunado para que aceptase oficios y cargos de gobierno ; pero él 
siempre se excusó, y solo admitió gastoso el de redentor. En el año 
4i08 pasó á Marruecos por compañero del R. P. Fr. Dionisio de Men-* 
doza, redentor, donde, después de mil tribulaciones y trabajos en el 
viaje, rescataron 404 cautivos* Seis meses estuvieron en Marruecos 
consolando & los pobres cautivos, animándolos á perseverar y sufrir 
con paciencia los trabajos y miserias que padecían en aquellas mazmor- 
ras y con el maltrato de aquellos bárbaros. 

Fr. Dionisio estuvo enfermo; acudía Fr. Severino á su asistencia y 
á los negocios de la redención, y era tan afable con todos, que hasta 
los moros se le aficionaron é iban tras él para oirle, y aunque tenia 
prohibido predicarles, su zelo era ingenioso para ganar almas. Argüyó 
con un judio, que era Maestro de la ley ó rabino, lo convirtió, lo bau- 
tizó y se lo llevó á España. 



--Í90 — 



148. 



Redención en Granada y martirio del R. P. Fr. Gaillelmo Sans 

en el año 1409. 

En el año 1409 el R. P. Fr. Guillelmo Sans, natural de Valencia y 
Comendador de nuestro convento de aquella ciudad , pasó á Granada, 
y encontró la gente alborotada y sobre las armas para ir contra el in- 
fante D. Fernando por no conceder las treguas que su Rey Jusaf le pe- 
dia. Siete meses estuvo este Padre redentor en Granada ocupado en su 
ministerio en favor de los cautivos, y padeciendo grandes trabajos, es- 
pecialmente en defensa de una honrada doncella cristiana. 

Hizo Fr. Guillelmo su redención, bien que las historias callan el 
número de cautivos que rescató, y al salir de la ciudad topó con una 
emboscada de moros que estaban esperándole, y echándose con furia 
sobre él, le hicieron rodar por el suelo, pisoteáronle, le arrancaron la 
lengua, y para remate de tantas barbaridades, le cortaron la cabeza, 
echándola á los perros para que se la comieran. Divulgóse tan horro- 
roso suceso por toda la ciudad, y el Rey, aunque secretamente hebia 
ordenado la muerte del P. redentor, no dejó de hallarse muy confuso, 
embarazado y temeroso, porque deseaba cumplir con el Rey de Ara- 
gón con quien estaba aliado, y aplacar y congraciarse con el Infante 
D. Fernando, Gobernador de Castilla, con quien deseaba aliarse, á cual 
fin despachó los cautivos que Fr. Guillelmo había redimido, y con ellos 
dio mil satisfacciones á los Reyes, para ocuUar su secreta connivencia 
con los asesinos. 

El número de estos cautivos rescatados va incluido en la cifra de la 
siguiente redención ; pues asi lo he hallado en nuestras historias, todas 
las cuales están acordes en los pormenores del martirio de este santo 
Religioso. 



— 494 — 

149. 
Redención en África de 6S3 cautivos en el idSo 1410. 

En tres redeociones, es decir, en la antecedente, en esta y en la 
siguiente, nuestros Religiosos rescataron del poder de los infieles 653 
cautivos ; y si bien nuestros Anales dan pocos pormenores sobre estos 
tres rescates, nuestro cronista el P. Fr. Alonso Reroon cita dos hechos 
prodigiosos dignos de eterna memoria ; el uno pertenece á esta reden- 
ción y el otro á la siguiente. 

Nombrado redentor el P. Fr. Antonio de Mendoza, en el alio 4410 
se dirigió al África, atravesando la Castilla, y pasando por Sevilla para 
recibir una copiosa limosna que habia ofrecido el limo. Sr. D. Alonso 
de Exea, arzobispo de aquella diócesis. Habiendo, pues, recibido la l¡* 
roósna y la bendición del Sr. arzobispo, salió de la ciudad ya tarde, y 
tonaó el camino del puerto donde debia embarcarse para pasar el Es- 
trecho de Gibraltar, con el seguro ó salvoconducto de los Reyes de Fez 
y Uarruecos. Iba Fr. Antonio con las acémilas que llevaban el dinero 
para la redención, que era mucho, y sabiéndolo unos hombres de ma- 
la vida, salieron de noche al camino con animo de robar el dinero y 
matar al Padre si se resistiera. Pero ¡ cosa milagrosa ! jamás pudieron 
coDsegoir echar mano á las acémilas, pues todas las veces qne llega- 
ban cerca de ellas, no podían asirlas, porque desaparecian. Al fin con- 
vencidos de que aquello era prodigioso, se postraron á los pies de Fray 
Antonio pidiéndole perdón. El Padre los abrazó, y se los llevó consigo, 
alabando á Dios que se habia dignado amparar y defender el dinero de 
los pobres cautivos. 

Embarcóse Fr. Antonio, y en los reinos de Fez y Marruecos hizo 
nna copiosa redención, pues como la cantidad era crecida, alcanzó á 
un buen número de cautivos, que obtuvieron la libertad. 



— 492 — 
150. 

Redeneíoii et Argel en el ato. lAlO. 

Por los años de 4 440 se embarcaron en Barcelona los Padres re- 
dentores Fr. Fernando de Perpíñan y Fr. Dionisio de Mendoza, á quie- 
nes sucedió otro caso prodigioso. Dirigíanse á Argel, cuando ana no-* 
che, apenas empezada la navegación, les cogió tan terrible tempestad 
de truenos, rayos, granizo, agua y viento, que tripulantes y pasajeros 
de los cuatro bajeles que iban de convoy, corrieron gran peligro en 
aquella terrible y oscura noche. Mas apenas amaneció y cesó la tor- 
menta, les vino otra no menor; pues sin advertirlo, dieron con seis ga- 
leotas turcas que recorriendo á lo largo las costas de España buscaban 
presa. 

Fácil fué á los tarcos abordar y rendir los cuatro bajeles cristianos, 
pues fatigados los tripulantes por la tormenta que acababan de pasar, 
apenas habia uno que estuviese en estado para tomar armas y defen- 
derse. Tenian ya los moros tres bajeles rendidos, y al querer entrar en 
el cuarto, que era el en que iban los PP. redentores y el dinero, arre- 
ció un viontecillo de tierra favorable, que hinchó las velas y se les es- 
capó de las manos, andando con tanta velocidad hacia levante, que no 
tardó mocho en perderse de vista. Los turcos, atónitos al principio, 
pero informados dq^pues que era el bajel donde habia el dinero de la 
redención, se dieron prisa en darle caza, mas fué inútil, pues habia 
desaparecido sin descubrirle en ninguna parte. 

Al dta siguiente de este suceso mitagrúso, los PP, redentores entra- 
ron viento en popa en el puerto de Argel con el salvooonéucto que lle- 
'vaban del Virey. Hicieron su rescate (el número de cautivos está in- 
cluido en el de la última redención), se embarcaron, y con toda felici- 
dad llegaron á Barcelona con sus redin^idos, atribuyendo el escapar de 
las manos de los turcos y su feliz viaje á las oraciones de nuestros Re- 
ligiosos, y en particular del santo Miro. General Fr. Antonio Caixal. 



— 493 — 

lol. 

nedencion'en África de UOcaHlivosen ol aoo lilL 

Nueslro Rrao. P. General Fr. Antonio Caixal en el año HH cele- 
bró Capitulo Provincial en nueslro convento de la ciudad de Vich, y en 
él fué nombratlo redentor el venerable P. Fr. Martin Caíala, Be1i{*io$io 
de macha virtud y ciencia y gran predicador, quien habiendo recibido 
una buena limosna del limo. Sr. D. Pedro Zagarria, arzobispo de Tar- 
ragona, y de otras personas, pues era apreciado de todos por sus be- 
llas coalidades, pasó al Afnca y redimió 440 cautivos. 

152. 

Redeneion en Argel de 80 cautivos en el aSo lili. 

En el mismo año lili apenas el P. Fr. Francisco Gilí, Comenda- 
dor de Mallorca y gran predicador, regresó á su convento, después del 
Capitolo celebrado en Vich, al que habia asistido como definidor, de- 
seoso de arrancar de la esclavitud á los pobres cautivos que gemían 
en Argel, pasó á aquella ciudad y redimió á 80 cristianos esclavos, que 
alegres regresaron á sus familias. (Consta en el archivo de Palma.) 

153. 

Redención en África de 110 eaotivos en el aüollll. 

Eran tantos los infelices cristianos que gemían en África comiendo 
el pan negro de la esclavitud, que en el año 4441 á pesar de haber he- 
cho dos redcQcioiies la Orden, determinó hacer otra y nombrando por 
redentor al R. P. Fr. Hernando de Pazos, dándole por compañero al 
R. P. Fr. Setcrino, Religioso francés de nación, varen de gran virtud, 
V que habia ya ido>á otra redención en el año 4408. 

Estos dos PP. redentores pagaron á Fez, y allí Fr. Sevcrino, lleno 
23 



— <94 — 

de fervor y zelo, quiso predicar públicamente la fe de Jesacristo, lo 
que indignó tanto á los moros principales ó del gobierno, que si Fray 
Hernando con su prudencia y cordura no sosegara y desenojara álos 
moros, le hubieran empalado, y aun para esto tuvo que interponer su 
autoridad el Rey, por haber dado su real palabra para el seguro de 
las vidas de los dos Religiosos; pero le amonestó que no volviese á pre- 
dicar. 

Sosegados los moros, hicieron los Religiosos el rescate de 440 cau- 
tivos. Embarcados los redentores y redimidos, dijo Fr. Hernando á 
Fr. Severino : a Bendito sea Dios, que le veo fuera de tierra de moros 
con vida.» A lo que respondió este : «Bendito sea para siempre, que 
yo bien he deseado dar la vida por esle Señor.» Entonces repuso Fray 
Hernando : c^En verdad. Padre, que si vuelve otra vez á redimir cau- 
tivos, me parece que Dios ha de cumplir sus deseos.» A lo que contes- 
tó Fr. Severino todo risueño: «Si Dios no me lo cumpliera, he de im- 
portunarlo para que lo haga.» Llegados á España, la Orden no le dio 
licencia para ir á redimir hasta el año 4 44 8, en que fué destinado para 
otra redención. 

154. 

* 

RedeDCioD en Andalocia de 109 cautivos en el aOo 1418. 

El R. P. Fr. Domingo Dueñas, redentor por Castilla y Portugal, 
pasó á Andalucía en el año 4418, y siguiendo varios .pueblos, redimió 
i 09 pobres cautivos que gemían en poder de los moros. Esto solamen- 
te dicen nuestras Crónicas de esta redención. 

155. 

Redención en África de 240 cautivos en el año 1418. 

En 1 41 8 unos redentores de nuestra Orden que ibaii á efiectuar un 
rescate, fueron abordados y robados en alta mar por unas galeotas turcas; 
pero hizo Dios que al repartirse el despojo en una de ellas, fuesen to- 



das apresadas por otras galeras cristianas salidas de Ñapóles. Hubo en- 
tre los capitanes cristianos diversos pareceres sobre el destino que da- 
rían al dinero de la redención, pues algunos querían repartirlo como 
buena presa ; pero prevaleció el parecer de D. Pablo Ursino, que de- 
bía remitirse á la decisión de los oidores del Rey de Ñapóles, y entre 
tanto que se depositara el dinero. Asi se hizo, y el Papa Martino Y, á 
quien se dio noticia de lo ocurrido, mandó restituirlo á la Orden, para 
que se empleara en la redención de cautivos, ya que eran limosnas do 
los fieles para este objeto. Fué luego destinado por redentor el Padre 
H. Pr. Jaime de S. Lorenzo, elegido ya en el Capitulo del año 1416. 

Era este Religioso natural de Roma y de la noble familia Colonna. 
Estudió y se graduó de doctor en Bolonia, donde obtuvo una cátedra 
de artes que excitó la envidia de algunos émulos y contrarios suyos. 
Paseábase una noche de vacaciones por la orilla del Tíber en Roma, y 
saliendo unos enmascarados, lo echaron al rio, con la intención deque 
quedaria ahogado ; pero Dios, que lo guardaba para su servicio, lo fa- 
voreció, salió libre y se volvió á su casa bien mojado. Cambiado que 
hubo de ropa, y reflexionando sobre lo que acababa de pasar y el pe- 
ligro en que se habia visto, hincóse de rodillas, y con lágrimas prome* 
lió á Dios y á su Sma. Madre, de la que era muy devoto, dejar el mun- 
do y sus vanidades, y salir de su patria para visitar algunos santua- 
rios de su devoción. Púsolo luego en obra, y dejando su casa, padres 
y amigos, visitó Loreto, la Cueva de Sla. Magdalena en Francia, Nues- 
tra Señora del Pilar en Zaragoza, el Sepulcro del apóstol Santiago. 
Llegado á Barcelona , tuvo relaciones con nuestros Religiosos, y al 
saber que nuestra Orden fué fundada en el dia de S. Lorenzo, acor- 
dándose del peligro en que se habia visto en el Tiber en la vigilia de 
este Santo y del voto que había hecho, conoció que todo aquello eran 
trazas de Dios, y que en la Orden de la Merced era donde Dios quería 
que le sirviese ; en su consecuencia pidió y vistió el santo hábito. 

En pocos años Fr. Jaime ganó grande reputación en la Orden por 
60 virtud y su saber, siendo consultado en los negocios mas graves y 
arduos. Fué llamado á Roma, y el Papa Martino Y, de la familia Colon^ 
na, le recibió gustoso, y con esta ocasión Fr. Jaime le dio cuenta de la 
redención que habia hecho con el dinero que Su Santidad había man- 



^ 496 — 

dado restituir á la Orden. Dejando lo mucho que podríamos referir del 
vírtuo^iio Fr. Jaime ó^Jacobo, pasemos á decir algo de la redención que 
rjeculó en África. 

Destinado redentor en el año 1 i1 8, hizose á la vela para África, y 
con gran confianza en Dios, desembarcó en Oran, y de allí por tierra, 
con el seguro y salvoconducto, pasó á lUostagan donde rescató 2i0 
cautivos, tratándole con mucha afabilidad Morato-Yénalhar, alcaide 
de aquella ciudad. Digni[)s eran de compasión los rediaüdos^ pues to- 
dos contaban largos años de cautiverio; asi es que muchos habían ol- 
vidado su lengua nativa, las costumbres de su pais, y lo que era peor, 
las obligaciones de cristiano, de tal manera, que casi fué preeiso ense- 
ñárselas de nuevo, como si los catequizaran para bautizarlos, y á al- 
gunos enmendarlos de ciertos vicios que se les hablan pegado, tan abo- 
minables que deben callarse. De suerte que se conoció claramente que 
Dios habia salvado aquel dinero pai'a' remediar aquella gente misera- 
ble, á la que rescatando, sus cuerpos, remediaron sus almas. En fin 
salieron aquellos 240 cristianos de tan durd y larga esclavitud, itegan- 
do contentos á Barcelona, salvos sus cuerpos y en camino de salva- 
ción sus almas. 

156. 

Redención en Granada de til cautivos eu el afio 1418. 

Nuestro Rmo. P. Mtro. General Fr. Bernarda de Plano ó Dfóplá, 
dances, hombre sabio y virtuoso, deseaba con todo el fervor de su 
corazón padecer y morir, si necesario fuera, por la libertad de los 
pobres cautivos ; asi es que en el año 1 41 8, si no le pcrniíilicron hacer 
en persona la redención que se efectuó en África, no pudierson lograr 
que no la ejecutase en Granada y sus cercanías. 

Tomó por compañeros redentores al P. Fr. Guillelmo Tandi, de Va- 
lencia, y al P. Fr. Pedro Tornamira, del convento de Zaragoea. Eran 
estos dos de una vida santa y ejemplar, pero poco versados en letras 
para sostener dispulas en público. Ocupados en el rescate en Granada, 
se presentaron muy afligidos al P. Uaeslro General, diciéndole que un 



--497 — 

judio, qoe se preciaba de gran maeslro de sa ley, les había invitado 
delante de los moros, á argüir con él públicamente sobre la venida del 
Mesías, y que les probaria por la santa Escritura que Cristo no babia 
nacido, muerto y resucitado, y que vivian engañados ; y añadie- 
ron que ellos, si bien estaban dispuestos á enseñar esta verdad cató- 
lica y morir por la misma, no tenian valor para disputar con aquel 
judio arrogante, ni sabiao como salir de la contienda con honra, pues 
si les enredaba con sofismas, tcmian verse afrentados delante de los 
moros. 

Estaba el Miro. General en oración postrado delante del Crucifijo 
que llevaba siempre cohsigo, y sin turbárseles dijo: «Padres, creia 
que eran hombres de mayor fe ; vayan y señalen hora y lugar para la 
disputa, qoe yo saldré á argüir con el judío ; ahora déjenme.» Volvié- 
ronse los dos redentores, y señalóse el dia siguiente para la dispota en 
el alcazava ó palacio del Rey, y en presencia de los Alfaquies moros. 
Divulgóse la noticia que el mayor ó principal de los redentores debia 
argüir en público con el judio, y tanta gente acudió á palacio, que no 
cabia. Nuestro Mtro. General toda aquella noche pasó en oración, y á 
la hora marcada compareció con sus dos compañeros á palacio con se- 
renidad y valor, confiado en Dios, cuya honra y gloria iba á defender. 
Luego que estuvo delante del rabino, preguntóle qué le movia á negar 
una verdad tan manifiesta, como el haber venido el Hijo do Dios al 
mundo ; y volviéndose á los moros les hizo alguna comparación, y to- 
dos respondieron que el Fraile hablaba bien. Entonces pcosiguió el 
Utro. General: «Este honrado judio niega que Dios se haya encarnado, 
muerto y resucitado.» T sacando el Crucifijo que llevaba consigo, lo 
presentó al judio, repitiendo muchas veces : «Esta verdad católica nie- 
gas, ciego y miserable ? Yéslo aquí muerto : dime, pues, ¿ cómo está 
muerto el que dices que no ha nacido?» Causó tanto espanto al atrevi- 
do judio aquella valerosa acción del Religioso, que avergozado, enmu- 
deció, y marchóse de prisa, porque los moros se burlaban de él y grita- 
ban que mas habia sabido el cristiano. Algunos moros querían castigar 
al redentor por el atrevimiento, decían ellos, de haber sacado y levan- 
Lado en alto á Cristo, y porque habia predicado su fe ó ley sin permiso, 
pues solo lo tenia para disputar con el judio ; pero hizo Dios que se 



— 498 — 

apaciguaran los ánimos, y los tres redentores volvieron á sa alojamien- 
to sin haber sufrido ningún daño. El P. General decierá sus doscoro* 
pañeros: «¿No ven, Padres, como el mayor maestro y^ catedrático de 
teología y 6losoria es Jesucristo puesto en cruz? 

Concluyóse el rescate, dando libertad á 2< 2- cautivos, y dejando 
pasmado á aquel pueblo infíel el ánimo y valor que mostró el P. Gene- 
ral en todos los obstáculos y peligros que se ofrecieron. Pasando con 
los cautivos por Segovia , presentó al Rey de Castilla, que se hallaba 
allí, los que eran vasallos suyos; y dirigiéndose con los restantes á 
Zaragoza, fueron recibidos en aquella ciudad con solemne procesión y 
tal concurso de gente, que por muchos años duró la memoria de esta 
solemne entrada. El P. General desde Zaragoza pasó á Barcelona, y 
murió en Perpiñan el día 42 de enero de 4419. 

137. 

Redención en Argel de 140 cautivos en el año 1418 y glorioso martirio 

del redentor Fr. Severino. 

Al fín del año 4418 hallándose la Orden con alguna cantidad re- 
cogida, determinó hacer redención en. Argel, por tenerse noticia de 
que había alli muchos cautivos en gran riesgo de perder la fe, y por 
haber dicho un cautivo natural de Zaragoza, escapado de Argel, qne 
habia alli unas mujeres cautivas en el mayor conflicto. Procuróse, 
pues, nombrar redentores de probada virtud y zelo ardiente del bien 
de las almas. El Rmo. P. Mtro. General, Fr. Bernardo de Plano ó Des- 
plá, nombró por redentor principal á Fr. Severino, Religioso de gran 
fervor y zelo, dándole por compañero á Fr. Juan de San Laurencio, 
castellano, hombre de mucha edad, experiencia y maduro consejo. 

Embarcáronse los dos en Barcelona, y presentando el salvoconduc- 
to en Argel, se les dio entrada y seguro para tratar del rescate. Em- 
pezaron este por algunos cautivos de consideración, y Fr. Severino, 
que ardia en'deseos de ganar almas* para Dios, hizo diligencias para 
rescatar á las pobres mujeres que \e habian dicho estaban en peligro 
de dejar la fe. De cuatro que eran pudo rescatar tres, y á alto precio; 



- 499 — 

la otra estaba encenegada en sus vicios, viviendo torpemente con an 
moro, y no quiso ser rescatada, antes trataba de casarse con él. Sin- 
tiendo en gran manera Fr. Severíno la pérdida de aquella pobre alma, 
lo encomendó muy de veras á Dios, y resolvióse irla á ver y hablarla, 
y encontrándola vestida de mora para casarse, dio voces diciendo : 
<r¡0 ciega I ¡ó miserable! ¿Por un torpe y sensual apetito, por una 
brutal pasión dejas á Dios ? ¿ Dejas su fe, y rompes la palabra que le 
diste en el Bautismo de ser esposa suya? ¿Tan fácilmente abandonas 
el camino de la salvación para seguir el de tu condenación eterna ? 
Vuelve en ti, y teme el castigo de Dios.» A estas voces acercáronse al- 
gunos in6ele8, y entre ellos un Alfaqui ó maestro de su secta, que le 
dijo : «¿Qué reprendes? ¿qué riñes? ¿qué hallas de malo en esta mu- 
jer que asi la afrentas?» A lo que respondió el santo varón : «Culpo 
en ella su facilidad en dejar á su Dios y á su ley. Reprendo su cegue- 
dad y su torpe inclinación, que por gozar de unos sucios deleites se de- 
ja llevar al infierno para padecer alli eternos tormentos. ¡ Ah si la po- 
brecita supiera lo que es este vicio que ella abraza, huiria de él como 
del fuego I...» El Alfaqui que lo oyó todo con atención, le preguntó : 
«¿Quién dice lo que tú dices para que le demos crédito y autoridad ?i» 
A lo que respondió el santo varón : «S. Gerónimo, uno de los mayo- 
res doctores de la Iglesia católica.» Y prosiguió el Santo afeando el vi- 
cio de la deshonestidad. El Alfaqui movido desús palabras y razones, 
le llamó aparte, le habló á solas, y resultó que el Alfaqui se convirtió 
á la fe católica y lo bautizó. No fué esto tan secreto que no se su- 
piese en Argel ; averiguóse la verdad, y el Alfaqui fué tan poco cons- 
tante, que negó haber sido bautizado. Sosegáronse con esto los mofos, 
é hizose el rescate de 1 40 cautivos. 

Una vez embarcados los cautivos y Fr. Juan de S. Laurencio, es- 
peraron al santo Fr. Severino. Este habia hecho llamar al Alfaqui, per- 
suadiéndole que ya que era bautizado, no dejase la fe de su profesión f 
sino que viniese á España embarcado, que seria honrado de los Reyes 
de Aragón y Castilla, perseverando cristiano, y que esto mitigaría el 
sentimiento que tenia de la pérdida de aquella cautiva que habia de- 
jado su fe y se habia casado con un moro. El Alfaqui derramó lágri- 
mas, y confesó á Fr. Severino ser cristiano en lo interior de su alma, 



— 200 — • 

pero que no qaeria confesarlo en público, por no dejar su patria, ha- 
cienda y parientes, y asi estuvo indeciso y sin determinarse. No falta- 
ron moros que oyeron esta conversación, y avisaron de ello al Yirey, 
quien mandó prenderlos y traerlos á su presencia. 

He dicho que los rescatados estaban ya embarcados, y sabiendo 
desde el navio lo que pasaba en la' ciudad, temiendo algún percance 
desagradable para ellos, obligaron por fuerza á Fr. Jiian de S. Lau- 
rencio á hacerse á la vela, y á pesar de que les pidió y suplicó encare^ 
cidamenle no dejaran á Fr. Severino solo y en tan gran peírgro, ó bien 
que le dejasen saltar en tierra, no cedieron ellos ni el patrón del bar- 
co, sino que aprovechando el viento favorable desplegaron velas, y en 
breve tiempo llegaron salvos al puerto de Barcelona. 

Fr. Severino quedóse en Argel, y lo llevaron junto con el Alfaqui al 
Yirey, quien dio sentencia de quemar vivo aí Alfaqui, y al santo Fray 
Severino que lo empalasen. La sentencia del Alfaqui no se ejecutó; prue- 
ba que se retractó de su propósito ; pero el santo Mártir fué llevado al 
logar del suplicio, lleno de una santa alegria, dando inñnitas gracias á 
Dios por la señalada merced que le hacia, de poder alcanzar lo que 
tantas veces le habia pedido, de dar la vida por su Nombre. Caminaba 
predicando en alta voz la fe de Jesucristo, y recibiendo muchos palos 
y puñadas para hacerlo callar, pero no Ío lograron. Finalmente, des^ 
ahogando su inflamado corazón con mil ternuras á Jesucristo puesto en 
cruz, pidiendo con lágrimas su ayuda y la protección de Maria Sma., 
le ataron en el palo, y dándole tormento espiró alabando el dulcisímo 
Nombre de Jesús. Los moros al verle muerto ejecutaron en su santo 
cuerpo mil crueldades, y últimamente lo quemaron. 

El dia l.^deenero deH419 súpose en Barcelona la muerte del 
Mártir Merceda rio, y su glorioso triunfo fué celebrado por toda la Or- 
den dando gracias á Dios y á nuestra Sma. Madre. 



__ 204 — 

• • • I t 

158. 

' Redetocion en Afrioa de 88 canliyoB en e] afio 1419. 

9 
• • / 

' ' ' ■ .« . , 

* « ' 

Bm.laiilo el zelode Aieetros Religiosos para coroplir el cuarto vo^ 
to, que á pesar djá haber hecho caalro redenciones en ei dfio 4448t en 
el siguiente hicieren dos en las costas de África, y una de ollas fué eje* 
catada por el P. Fr. Abtonio Dalhan, natural de Teruel en Aragón. 
Este Religioso^ obtenidas latt debidas Ucencias, pasó á Argd en dicho 
año 444 9y y dióla suspirada libertad á 68 cautivos cristianos. 

150. 
RedepcioB en Afr(ca de tt7 cautivos ea el afio 14111. 

r 

• I ■ ' 

Eo |el año 444 9. á sdióitud de Jas provincias de Aragón y Francia se 
hizo una redención, siendo redentores el P. Fr. Ramón Roca, Conoen- 
dador de Montpeller y eécrltor de nuestra Orden, y el P. Fr. Martín de 
Liso, Vicerió perpetuo de nuestro conveiito de Monflorite en Aragón^ 
Estos Padres, reunido el caudal, se embarcaron y pasaron á Rugia, y 
alli.y.en oirás partes de Afrka rescataron 237 cautivos, que salvos y 
ak|;res.lra8ladarob á titírrb db crisiiaoos. 

160, 

Pasando id África á aaa redeacíen ^ P. Pr. Juan de Lena y él P. Pr. Bernardo 
BeboUedq en el alto Utt, reeibieiea la palma del martirio. . 

La ilustre caM de loe Condes de Morata ha dado á nuestra Orden 
hooabres eaftiáeoied eo letras y virtudes. De esta nobilisima estirpe ara- 
gonesa se trasplantafoe preciosas ramas al sagrado Verjel de la Mer- 
ced, entre ellas Fr. Cristóbal de Luna, araobíspo de Braga, el santo 
Fr. Juan de Luna, ét venerable Fr. Di^o de Lana, y otros que omito 
para abreviar. 
26 



-- 202 — 

El santo Fr. Juan de Luna, en el año 1 422 fué nombrado redentor. 
Era Fr. Juan de una vida ejemplar^ jafable trato, genio apacible y de 
muchas letras y virtudes ; asi es que todos le amaban. Su circuns- 
pección y modestia al paso que edificaba á cuantos le trataban, eran 
indicio del empleo que hacia de sus potencias y de su trato interior 
con Dios. Deseaba padecer por G*istb, y vivi#. crucificado al mundo y 
á si mismo, mortificando su carne coq ayunes y. disbifiÜBas. Su caridad 
^ra grande, sdicitando por todas paries-^ócovros y medios fiara redi* 
mir cautivos. Er^i puntual en la asistencia al éoro,i atento y devoto en 
el modo de orar, leryorosio en eantar lab divinas alabanzas, y muy ob- 
servante de la regla. Con esta modo dé vida pa^algjunos años dispo- 
niéndose para merecer de Dios una muerte preciosa en su divino aca- 
tamiento. 

Llegó el año 4 i22, y celebróse Capitulo en Zaragoza á 22 de mayo. 
Viendo los RRj Padres la.mucha .virtud, prudencia y demás prendas 
de'Fr. Juan de Luna) le nombraron redentor por Aragón. Dispusieron 
que se hicit^ra la Redención jimto con la de Castilla/ pkta la «que fué 
nombrado redentor el R. Mlfró. Fr. Bernardo Rebolledo^ Poco tardaron 
á ponerse en cabiino y embarcarse para ArrícQ./ En ajta mar dieron 
en manos de un cruel corsario, llamado Boto^ naiucal d^ Marsella, he- 
reje pertinaz y en^naigo eficariiizado délos católf(io5,iCu ya otodia sem- 
braba el espanto por todavía» celtas del MéditéFraHeo., Mucho.: se ale* 
gró el hereje de la presa, porque én ella hallaba dinefoien^loaudal 
de la redención para su insaciable codicia, y dos victimas en el ca- 
tólico zelo de los redentores para complacer su obstinado error. Se di- 
rigió á Marsella, y allí después de robar el dinero de la redención, sa- 
<;¡ósu ,ftir¡osaa^5a;en l¡a fnanfedamt)re d^e aflH^IgSi/dpg PffP.d¡erp6. De- 
testando Jos .misléiiios de, nuestra; santd: íe, loa .cairgó de. oprobios é 
injurias, mientras que los santos, pacientes y constantes, confesaban lo 
que el hereje detesttiba i ^ llegó á tal punto su dralbólieo fm^r, en vista 
de la paciencia "y santo zelo de lo¿ redentores, que hfzo'desnrodarloe, y 
con palos y látigos los maltrató-de modd, que en breve espiraron, dan- 
do sus vidas en« testimonio y oonfesioh de la fé calóKcá. Sucedió esto á 
óUimos de dicho año 44^2. Guando Ib supo el católico Rey de Aragón 
D. Alonso V, fué grande su sentimiento que le causó el bárbaro trato 



— 203 — 

que eti MarséHa' dferoh'á sos redentores» lo que fué uno de los motivos 
qoé1e<¿>lig8roiíá^itíar.eqQeUa oradád con una poderosa arinada y re* 
doctrla ¿ cenizas^ La rebeion de esta sorpresa y martirio se halla en el 

érchívo de nuesive coíiveiHo de .Barcelona. 

I j { ■ ■ * • 

' R«deactoii6a'Qrti^adliifefncatilíT08<$l»^'aao14fl. 

Uoiéronse las provincias de GastfHa y Aragón en el áBo 1 4S2 para 
efectaar una redención . Pol* Ca^liRofné nombrado redentor el P. Fray 
Pedrode Yalladolid, y por Aragón el P. Fr. Antonio, dfe Agramuni, 
quienes habiendo Teuoido cuantas limosnaá pudieron /partiefbn para 
el rabo de Granada. kWi hallaron buena acogida en el Rey; qsles que 
bicieroH su ncdericion sin obstáculo, y f acarón del cautiverio á 222 
cristianos* que llevaron á Sevilla, donde fueron recibidos con entusias*- 

mo.y devoción. 

» 

162, 

Bedenoíoa en 6rati&da éü el aflo 1116, en la qvte redhibieron la palna del mar- 
• lirio elITw B. Fr» Jaan de Granada y íei Y* P. Fr. Pedro Malasaocfa. 

» 

Honrardn la Oi*(iende la Merced des varones ilustres en sangre y 
en virtudes, lldmados>Fr. Pedro Malasanch y Fr. Juan de Granada. 
Nació .Fr; Pedro* de una antigua familia de Lérida, y siendo de edad 
de 4 8 años murió su .padre. Dolado de buenas ificlihaciónes, habiendo 
entrado un dia en uha. iglesia, y osdo poiiderar los riesgos quo acar- 
rean las riquezas, como sí el predicador hubiese hablado pof ¿I, de- 
ferminóse^ir él Evangelio r* renunciándolo, todo. Juntó en su casa sus 
roas ceróano9r>paHentes,:á' 'quienes dejó la tutela y curaduría de sus 
hermanos; hizo á favor de dios renuncia desu legitima, y como otro 
Abrabany salió de su caed, y dejóá Léridff y sus parientes, y fuese á 
Zaragoza á visitar Ntra. Srai del Pilar, donde pasó algún tiempo en 
fervorosas oraciobes y ; ayunos. 



— Í04 — 

Slniiéndo^ indinado al sacerdocio, y do sabtemfe laún, á falla de 
recursos, boscó casa, don^e cuidando unos niños, podo aslviBar^ Era 
tal su modestia, diligencia y fidelidad, que sos aoibs hicioroa entera 
confianza de él, y le amaban como se ro^eeia. Por stt& virtudes era el 
dechado de la juventud. Envidioso el demonio de los progresos de este 
joven, le embistió con varias sugestiones que siempre rechazó, en par- 
ticular contra la pureza, á la que amaba en extremo. Para librarse de 
las seducciones 'de su ama, cual otro losé» hnyé de sos manos y de sd 
casa, y retiróse á la iglesia de los santos Mártires. Alli oró con fervor, 
y alli se sintió inspirado de entrar en nuestra Orden, paes era muy 
devoto de María Smá. de la Merced, por haber freobentado nuestro 
convento en Lérida. 

Al dia siguiente muy de mañana pasó á nuestro convento de Sao 
Lázaro, pidiendo con humilde devoción eKsantb hábito, y repitiendo 
las instancias se le ótbrgaron, pues en so tbsto pereibierMí loe BeUgio- 
sos la fragancia de sus virtudes. Destináítmie á cursar Teoiog», en la 
que aprovechó mucho, saliendo con la oración y el estudio un santo y 
un sabio. Hiciéronle Comendador de Ntra. Sra. del Olivar; y para 
declinar este oficio ppr su mucha humildad decía : «que no había aun 
tenido tiempo en la Religión de aprender á ser subdito;» mas para no 
faltar á la obediencia, lo aceptó. En aquel santuario llev¿ «na vida 
ejemplar- : ayunos, disciplinas, cilicios, largas vigilias y níil otras mor- 
tificaciones eran sus delicias en aquella soledad. 

Después de esta prelacia, faé nombrado Gonheádadoi- del convento 
de Perpíñao, y de)ó con lágrimas isu amado retiro del Obvar. En Per- 
piSao tenia destinado aposentuá para los peregrinos, ealos que ccm la 
n»ayor caridad los hbapedaba, lavaba sus pies; servía la «omida, é ios- 
truia. Fué después Prelado de otros conventos, dos veocs Definidor 
General, y en todos los Capitulas éi'a- de todos; venerada y respetado 
por sus eminentes virtudes. Conociendo su zélo para la redenoion de 
cautivos, lo eligieron redeDtor pobla provincia de Aragón, al misino 
tiempo que por Castilla nombraron al santo Fr. Juan de Granada. 

Era este venerable Padre hijo de Ozmio Aben^Ad? iz, y nieto de Is- 
mael Sarraceno, Rey de Grahada. Vínose Ozmin con s«i bijo muy nifio 
á Toledo, y ambos detestando el error de la seota mairametana, fcieroa 



bantíisados oon gran solemnidad en aquella santa %lesia por el arzo* 
bispo D. Gómez Manrique, y al niño le pusieron por nombre Juan^ 
quien vistió después nuestro santo hábito en Valiadolíd, estudió Cano-* 
nes en la Universidad de Salamanca, en la que se graduó deBacbiller, 
y no lo hizo de doctor por humildad. Fué Comendador de Segovta y 
de Córdoba, Definidor General y provincial perpetuo de Castilla. 

Esté varón santo dispuso la Orden que fuese el compañero de Fr. 
Pedro Halasanch, y que junios hiciesen redención en Granada, donde 
era mayor el niroero de cautivos y estaban en mas peligro por el cruel 
trato de su inicuo Rey. Mo se habían visto jamás estos dos santos Re«- 
ligiosos; pero como el Señor era quien los juntaba en el empleo de re- 
dimir para coronar sus virtudes, infundióles en la oración á cada uno,, 
por visión imaginaria, tan clara especie del otro, que al verse en Cas-^ 
lilla se conocieron como sí siempre se hubiesen tratado. Llenos de goza 
(fieron gracias á Dios, de haberles unido para ú santo ejercicio de re- 
dimir, y como si presagiaran lo que les esperaba, se animaban mutua- 
mente á sufrir penas y trabajes. 

Partieron para Granada con salvoconducto que les envió Mahomed 
Al)eo-^Balt)a, Bey de Granada, sobrino del santo Fr. Joan. Entraron los 
redentores en dicha ciudad con grandes deseos de padecer por Cristo, y 
aunque el vínculo de la sangre y su ardiente zdo impulsaban á Fray 
Juan á: persuadir al Rey el conocimiento de la verdadera fe, se detuvo 
por no arriesgar el rescate. Comenzaron á tratar sobro la comprada 
los cautivos^ y habiendo sabido el Rey la cantidad de dinero que lle- 
vaban, y que uno de ios redentores era su tio, que había dejado la iey 
de Hahoma y abrazado I» de los cristianos, cubriendo su codicín con d 
zela de su ley, mandó ponerlos presos^ Mucho sintieron no haber po-» 
dido concluir la redención de los pobres cautivos. Representaron ai 
Rey liaber venido con salvoconducto suyo, asi que les guardase la fe y 
palabra, y dejase cumplir su misión : per» como estaba poseído de la 
sed de oro, todo lo atropello, y se apoderó del dinero. 

Viéndose en una oscura cárcel estos dos santos Varones, se daban 
parniMénes por ia esperanza que tenían de dar la vida por Jesucristo. 
El inicuo Bey acriminando á Fr. Juan el delito de haber dejado su ley 
y katietse confederado con el Rey de Castilla sn enemigo, pondérate 



— 206 — 

delante de loe musaínidnes el agravio tíedhloá so sangre» y ser obliga^' 
cion Suya el vengarlo para escarmiento -de Ids * moros cfoe intentaran 
imitarle> viendo que asi castigaba hasta ios de sv-^naisroa faiíulía; y te- 
niendo este Fraile, decia, tanta cabida y amistad con el Rey de Castilla 
mi enemígo/no tanto han venido para rescatar, como para explorar 
mis tierras; asi es jnsto que uno y otro mueran afrentosamente. Con 
estas y otras rabones y calumnias bizo callarla ios que juzgaban' ser 
contra toda razón quebrantar la fe del salvoconducto. 

Tres dias estuvieron los Religiosos en la cárdel preparándose al mar- 
tirio con fervorosos afectos y piadosos^ ejercicios, pidiendo al Señor tai 
constancia necesaria ^ara dar la vida á honra y gloría «nya, pasados 
los cuales el Rey mandó ejecutar la sentencia! Sacárotilosdela. cárcd, 
publicándoles por las calles por espías y ehemigos.de su ley,y á Fray 
Juan por apóstata de ella ; y con este ji^icuo pregón- los bárbaros pro- 
rumpian en injurias y baldones contra los valerosos Gtuifesores del santí- 
simo Nombre de Jesús. Aumentaba la gente en ia carrera, y aumenta- 
ban los golpes, piedras, lodo y muchas ínmiindicias que les tiraban y 
los santos sufrían sin quejarse: sacáronlos foéra dé la ciudad, y al san- 
to Fr. Juan le cortaron las piernas y los brazos en pequeños trozos, y 
al fin lo degollaron como por honra de ser de sangre Real, y asi con- 
siguió la palma del martirio. 

Mientras Fr. Joan padecia, ataron fuertemente ¿ Fr. Pedro á iin 
madero, y*poqiéndose á tiro un pelotón de soIdado¿, dispararon contra 
él una lluvia de saetas, hasta que entregó su alma al Criador para re- 
cibir el premio de sus virtudes. Sucedió este glorioso martirio el día 
25 do mayo del año 4 426, "y sos cuerpos fueron enterrados en un as- 
queroso lugar, ó de ignominia para los moros, pero de mocha venera- 
ción para los cristianos. 

El Rey de Castilla D. Joan II sintió mucho el fementido trato de 
Mahomed, que habiendo dado salvoconducto á los redentores, les qui- 
tase el dinero y la vida. Quería vengar este agravio; ^ero Dios, que es 
justo juez, alzó la mano y castigó su tiranía. Fué el caso, que Hahomed 
Nayar el Izquierdo, á quien el Rey de Granada habia quitado el reino, 
con la ayuda del Rey de Túnez cayó sobre Granada con qército po- 
deroso, venció á Mahomed^ lo hizo prisionero, y le mandó noiatar con 



lo8,mÍ9fiK>s lormentoo (eoiPtad^slas piéiínas^.brazos.y cabeza) que ha- 
bía. hephQ su/^it ¿.Fr. iúM y eo él cinismo (fia 25 mayo del siguieiile 

aBo» ... 

f . . . • . •, ■ 

163. 

Redención en Granada dp ^09 cautivos en el auo 1428. 

Celebróse CapUuk). general ^n.Yalene¡a,.y alli se resolvió bacer una 
redención general .de ¡todas las .provincias, y elegir para redentores Re- 
ligiosos de toda recomendación, siendo nombrados Fr. Antonio de Agrá- 
mwK, ;Fr. Pedrode Uoolerarigoso y^ Fv/ Lopéz.de Sacra por Aragón y 
Fraifeia. Partieron edtos pat^ Castilla,: y uoiéndose con los. redenioves 
de:aqaeUa'()Jx)íviactai yOQfi'tla protección del :fiey D. Juan II llegaron á 
la qivdad de. Granada el año. 4 428, doiide reinaba Hahumat, llamado 
el Pequeño, en quien .Ifallaronigraoía para efectuar la redención sin 
dificultad. : ' 

Eo; Granada y alrededores dri^anearon de la esclavitud á 309 cris- 
tianos, que. TMiAuyeron.á sus hogares, de Castilla y Aragón, favoror 
ciendo siempre los Reyes cristianos con cartas y limosnas esta santa 
obra tan acepta á Dios y á su divina Madre. 

164. 

Redención en España de'lSVcantrvos en el año 1419. 

En lelañb tiS9 &ié muy célebre en Castilla el nombre del P. Fray 
Garcia.de llchései, nioy iioble43fi sangre, mny ilustre en virtudes, 
gran ro^edtro eri tefalogia y el prioíerb de los predicadores de su tiempo. 
Tuvo mubha antoridad con los Grandes yPrincipes, especialmente con 
él Rey D. luán. II qud>le nonibrócon trtulo iucapelltm y predicador, á 
quien sirvió qóo gran: crédito y 6del¡dadj y le imfyulsóqcie prohibiese 
las Invasiones (foelto gentes de su reino hacian á los reinos vecinos. 

Eligió, la. Orden á;Fr:: ¡Sarcia 'de'Heneses por redeáitor, dándole por 
compañero al; P. Fr. Pc(dro:MartineZj ,y para el bucín éxito consíguíe- 



— ao8 — 

ron del Bey D. Joao^ qde lo hm ood mitoho gtieto, cartas de bvor, 
firmadas eo Burgos á 9 de noviembre del 44Í9, para que por todas 
partes fuesen favorecidos estos redentores, y con esta protección redi- 
mieron 497 cautive^ en las ciudades que en España ocupaban los 
moros. 

165. 

Redención en Tanez de lU caalivos en el aio USO, y martirio de los 
Ven. PP. Fr. Jaan Jover y Fr. Pedro fitcribá. 

El venerable P. Fr. Joan Jover, catalán, y el venerable P. Fr. Pe- 
dro Escriba, valenciano, faeron nombrados redentores, fy en el afio 
4430 se embarcaron para Túnez, donde arrancaroB del caotíverío á 
42i infelices cristianos. Concluida la redención se embarcaron para 
España, y en alta mar fueron abordados por piratas, y presos reden- 
tores y redimidos. Enfurecidos los piratas contra los redentores, los lle- 
naron de injurias, ultrajes y cruddades, y atándoles finalmente á los 
palos, los atormentaron á flechazos, y en este martirio entregaron sa 
alma ai Criador. 

166. 

RedencioD en Tanez frustrada, y martirio del redentor el P* Fr. Gerónimo 

de Prado en el año 1430, 

Solicito siempre el P. Miro. General y Prior de Bancelona Fr. Na- 
dal Gaver para la redención de cautivos, obtenida la. liceacia del Rey 
de Aragón D. Alfonso Y, y consultado el parecer de los PP. graves ó 
ancianos del convento de Barcelona, nombró redentor á Fr. Gerónimo 
de Praiis ó Prado. Era este Padre un Religioso de gran virtud ; homil^ 
de, simple, recto, observante, fervoroso, de vida inculpable, y sí no 
muy docto, era muy santo. Recogia contiauameoAe Itiposnaa para los 
cautivos, y Dios le dio tanta gracia en el pedir, que recaudaba mas él 
con 80 sencillez y modestia, que olios predicando y persuadiendo. 



— 209 — 

Al llamarlo el P. General para participarle el nombramiento, agrá* 
decido Fr. Gerónimo, se postró, lo besó los pies y dio an abrazo á lo- 
dos los presentes, rogándoles con lágrimas le ayudaran á dar gracias 
al Señor por el gran beneBoio que sin merecerlo le hacia, de escogerle 
por redentor á fin de imitarle, rescatando los cuerpos de los pobres 
caoiivos, habiendo él con tanto amor rescatado sus almas. Que en re- 
cooocimiento al Señor por tan dichoso nombramiento, se daba por bien 
pagado de todos los pasos que había practicado para juntar las limos- 
nas con que había de redimir. 

Gomo estaban ya reunidas las limosnas y pronta la voluntad del 
redentor, poco tiempo se pasó en preparativos. Habia en el puerto de 
Barcelona una nave arragozcsa con salvoconducto ó pasaporte, y se 
trató con el patixHi de desembarcar en las costas de África salvo y se- 
guro á Fr. Gerónimo con el dinero de la redención y demás equipaje. 
Ar/eglado el trato se hizo á la vela, y en pocos dias desembarcó á Fray 
Gerónimo con su equipaje en la costa cerca la ciudad de Túnez, ha- 
biendo primero solicitado el salvoconducto del Rey moro, llamado Bo- 
ferriz, y asi poder dirigirse Fr. Gerónimo por tierra á Túnez á hacer la 
redención en la forma y modo que llevaba por escrito. 

Estaba alli el Rey con tropa de infantería y caballería, donde habia 
acudido para sosegar ciertos moros banderizos, vasallos suyos, pero 
rebeldes, que bajaban de la montaña al llano á robar y merodear siem. 
preque se les antojaba. Se hallaban estos acampados cerca la ma- 
rina coando Fr. Gerónimo se puso en camino para Túnez, y vién- 
dole marchar á pié con su bjiculo detrás de las acémilas cargadas con 
el dinero y demás equipaje, le salieron al encuentro, y lo detuvieron 
con los moros de Túnez que conducían las acémilas y le servían de guia 
y escolta. El primer saludo fué apoderarse de ellas y querer desvalijar, 
las, y por mas que el santo varón les explicó por el intérprete el destino 
que tenia aquel dinero, y les mostró el salvoconducto del mismo Rey, 
no solo se burlaron de él, sino que injuriaron y maltrataron á los mo- 
ros dueños de las acémilas, les obligaron áhuir y robaron todoel dinero. 

No se contentaron aquellos bárbaros con el robo del dinero ; sino 
que con la mayor crueldad mandaron á un morillo que habia queda- 
do alli con las bestias, que cogiese al Religioso, le maniatase y sujetase 
27 



— 210 — 

á un árbol que habia alli cerca, y luego tomando sos arcos, blasfeman- 
do con risa y mofa del Smo. Nombre de Jesús y de la ley cristiana, 
dispararon tantas saetas contra él, que cubrieron su cuerpo y no deja- 
ron en él parte sana. A todo esto el Santo no desplegó sus labios en 
queja, ni para pedir le dejaran vivo, sino que con un semblante risue- 
ño, que indicaba el júbilo y alegría de su corazón, pedia á Dios perdón 
de sus pecados, y luz para aquellos ciegos é ignorantes, suplicándole 
con lágrimas fortaleciese á los pobres cautivos para que se mantuvie- 
sen firmes y constantes en la fe : que les enviase otro Religioso para 
rescatarles y darles libertad, ya que él no había podido tener la dicha 
de hacerlo ; pero le habia cabido otra mejor, que era morir por confe- 
sar su fe, y en cumplimiento del voto que habia hecho de ir á redimir 
cautivos en poder de infieles, exponiendo la libertad y la vida por ellos, 
la que perdía resignado y gustoso, y mil daría si las tuviera para el 
mismo fin. Todo esto lo decía el Santo con los ojos fijos a) cielo, y so 
corazón abrasado en amor de Dios. Finalmente, predicando la fe de Je- 
sucristo en alta voz, y rezando el símbolo de los Apóstoles espiró. Su 
cuerpo fué sin duda pasto de las aves de rapiña, pues los soldados 
lo abandonaron llevándose el fruto de su mala fe y latrocinio. Es ver* 
dad que le robaron sus tesoros temporales, pero esto mismo ie valió al 
Santo los tesoros eternos. 

• 167. 

Redención en Tonez de machos cautivos en el año ItSl , quedándose 

en rehenes no redentor. 

Varón de mucho zelo, caridad, talento y aplicación fué el Reveren- 
do P. Fr. Domingo Munebrega, Comendador de Calatayud, quien en 
el Capitulo celebrado en Zaragoza en el mes de junio del 4422, fué 
nombrado redentor, junto con el R. P. Fr. Domingo Navarro, Comen- 
dador de Gerona. En el año 4 424 embarcáronse para pasar á tierra de 
infieles; pero en alta mar fueron victimas del pirático latrocinio de 
los moros con la pérdida de todo el caudal de la redención. Cabalmen- 
te en este dinero estaban incluidas algunas cantidades que ser vían para 



— 2H — 

ayuda del rescate de determinados cautivos dadas por personas intere- 
sadas por parentesco ó amistad con ellos, y los PP. redentores se obli- 
gaban, en nombre de la Orden, á restituirlas, en caso de no poderlos 
libertar. Estos Padres habian recibido alguna cantidad para el rescate 
de Juan Domenech y Pedro Romeu, cautivos en Bona, y de Francisco 
Revira, esclavo en Bugia, todos naturales de Sitges (Cataluña), y no 
habiendo sido redimidos por el desgraciado acaso ó robo, pasaron los 
interesados á Barcelona á reclamar dichas cantidades ; y la Orden de 
la Merced, fiel siempre á sus compromisos, á pesar de la notoria incul- 
pabilidad de los redentores, no teniendo dinero para devolverlo á dí« 
ches interesados, lo buscó á censo, tomándolo de Luis de Gualbes, ciu- 
dadano de Barcelona, según consta de público instrumento firmado á 
( 7 de octubre de 4424. 

Estos mismos PP. redentores, que tuvieron el disgusto de ser ro* 
hados en alta mar, con gran peligro de muerte, como dejamos dicho, 
fueron nombrados para otra redención en el año 4 434 , y se embarca- 
ron para Túnez donde con gran pena y trabajo la efectuaron ; pero 
habiendo quedado sin rescate un cristiano, quien ó por el maltrato de 
su patrón, ó por instigación del demonio corria grande riesgo de per- 
der la fe, al saberlo los redentores y hallándose sin dinero, lo rescata- 
ron, quedándose el P. Dcnningo Navarro en rehenes por espacio de 46 
meses, y el P. M. Fr. Domingo Hunebrega vino á España con los cau- 
tivos, donde acabó santamente la carrera de sus días. • 

168. 
Redención en Argel de 193 cautivos en el afio 1436. 

El venerable P. Fr. Nadal Gaver, Prior de Barcelona, en el año 
4 436 pasó á Argel y redimió 1 23 cautivos. 



— 212 — 
169. 

Redenciones una en África y olra en España de 443 cautivos 

en el aSo 1440. 

En el año 4 i40 á causa de la guerra en España se recogían pocas 
limosnas y no podían hacerse las redenciones que deseaban nuestros 
Religiosos, recayendo lodo en perjuicio de los pobres cautivos; pero en 
dicho año dispertó Dios el espíritu fervoroso de dos varones ilustres de 
la provincia de Castilla, llamados.Fr.' Francisco de Toro y Fr. Diego 
Cervantes, quienes con las limosnas de^ algunos Principes y señores de 
España, especialmente del Rey D. Juan II, pudieron hacer dos reden- 
ciones, una en África y otra en tas ciudades de España ocupadas por 
los moros, rescatando entre las dos 443 fieles que gemian en la escla- 
vitud. 

no. 

Redención en África de 299 cauliv4)s en el aSo 1440. 

El venerable P. Fr. Lorenzo Company,hijo ilustredel real convento 
del Puig de Valencia, nació en el mismo pueblo del Puig. Sus padres le 
criaron en el santo temor de Dios, y aprendió las primeras letras en 
dicho convento, dando muestras de aplicación é ingenio, y en el mismo 
recibió el hábito, y en la misma iglesia en que fué bautizado (es par- 
roquia del pueblo) hizo su profesión religiosa. Su^ corazón, dispuesto 
para'todo lo bueno, aprendió cuanto le enseñaron, y apenas hubo vir- 
tud que no practicase. Su aspecto era tan modesto, grave y mesurado, 
que sin detrimento de su natural humildad, obligaba á que todos le 
respetasen y reverenciasen. 

La Orden, viendo las buenas cualidades de virtud y ciencia de este 
respetable varón, le encargó varias encomiendas, entre ellas la del 
Puig, y le nombró redentor, oficio que aceptó con grande alegría para 
poder hacer bien á los pobres cautivos. En el año 4440 pasó al África, 



— 213 — 

y alli padeció grandes irabajoscon santa paciencia, siendo la admira- 
ción hasta de los mismos infieles. Algunos escritores refieren, qae fal- 
tándole el dinero, muy gustosa se quedó en rehenes ; pero otros nada 
dicen sobre esto : lo cierto es, que en esta redención dio libertad á 229 
cautivos que acompañó á España. 

ni. 

Redención en Argel de 1%2 cautivos en el a&o 1441, 
y maerte del redentor. 

El^ido redentor el R. P. Fr. Guillelmo Camino, G)mendador del 
convento de Valencia, en el año 4441 se embarcó para Argel, y alli su- 
friendo mil penas y trabajos, logró arrancar de la esclavitud á 122 
pobres cautivos. Contentos marcharon el P. redentor y los redimidos, 
cuando en alta mar les c(^e la roas deshecha tempestad, y en aquel 
triste lance de trabajos, zozobras y apuros cae la gabia de uno de los 
palos, da en la cabeza del P. Guillelmo, y le causa la muerte. Fué 
echado al mar, derramando lágrimas los pobres cautivos, que llegaron 
salvos á España. 

112. 

Redención eo Tunes de 87 cautivos en el año 1442, 
y su nueva cautividad. 

Como era tanta la confianza que los superiores de nuestra Orden 
tenían en el venerable P. Fr. Lorenzo Company, en el año 1442 le en- 
cargaron otra redención, pues quedaron altamente satisfechos de la 
qae había ejecutado en el añg 1440. Diéronle por compañero al Padre 
Fr. Pedro Boflet, Comendador del convento de Halavilla en Francia, 
disponiendo Dios que estos dos sugetos, tan parecidos en el espirito y 
baenos deseos, fuesen iguales en^ el premio que les estaba prevenido 
por los inmensos trabajos que juntos habían de padecer. 

Embarcáronse para Túnez, donde en breve redimieron 87 cautivos. 



— 214 — 

y habiéndose reembarcado con los redimidos para España, no léjdsdd 
puerto, padecieron tan terrible tormenta, que la nave dio al través, 
hizose pedazos, y ahogándose algunos,' los d^ás, pasando las agonías 
de la muerte, ganaron á nado la costa. Sabido el suceso por los moros, 
corrieron en tropel y cautivaron de nuevo á aquellos infelices que aca- 
baban de alcanzar el beneficio de su suspirada libertad. Sucedió esta 
desgracia á últimos de noviembre ó primeros de diciembre del año \ 4i2, 
según relación del P. Cijar, escritor contemporáneo. 

Grande fué el contento de los moros, con la inesperada presa, co- 
gida á tan poca costa y sin ningún peligro. Con los redimidos, y otra 
vez esclavos, lleváronse los PP. [redentores, á quienes entregaron al Rey 
como reg'alo, para que participara de la presa, y el Rey quedó conten- 
to de tener á los dos Mercedarios, por considerarlos de gran cuenta y 
valia ; y tal fué^la importancia que les daba, que pedia por su nescale 
nada menos que 5000 doblas' de oro ; cantidad tan alta en aquel tiem- 
po, que no tenia la Orden caudal para ello, siendo por lo tanto impo* 
sible el rescate : y por lo mismo permanecieron cautivos Fr. Lorenzo 
diez y seis años, y Fr. Pedro lo terminó á los diez años oon la palma 
del martirio, según veremos mas adelante. 

ns. 

Redención en Túnez de 118 cautivos en el aSo 1445 por el P. Lorenzo 

Company en su cautividad. 

No es posible referir los trabajos que Fr. Lorenzo Ck)mpany y Fray 
Pedro Boffet, cautivados en el año 4 442, padecieron en los cuatro ó 
cinco primeros años de su cautiverio, y la inimitable paciencia con que 
los toleraron. Resignados á padecer, miraban al Roy bárbaro no como 
un tirano, siiYo como su señor dado por Dios. Cuidaban de su casa y 
hacienda como si fuera propia ; contentándose con el vestido y comida 
.que se les daba, y en esta se conformaban á los preceptos y usos de 
la Iglesia. Nunca dejaron la oración ^ piadosos ejercicios que apren- 
dieron en la Orden. Eran los padres y protectores de los otros cauti- 
vos, á los cuales ayudaban y amparaban corporal y cspiritualmente, 



— 216 — 

por manera qtte hacían mas oficio de maeslros ó pastores que de caa- 
tivos ; pues les predicabant, enseñándoles á vivir en el santo temor de 
Dios ; componían sus discordias y se quitaban el pan de la boca para 
apagar su hambre. Tenían á Otumenio, Rey de Túnez, tan admirado 
con su buen comportamiento, que de día en dia les mostraba mejor 
afecto, y les hacia ciertos encargos que no los confiaba á los moros mas 
fieles de su servicio ; de lo que provino que gozasen bastante libertad. 
Nuestra Orden deseaba en gran manera redimirá estos dos Padres; 
pero el Rey de Túnez, que se hallaba bien con ellos, no quería soltar- 
los por ningún dinero. Nuestro Rmo. P. General Fr. Nadal Gaver en 
el año 4 445, habiendo juntado una buen^ limosna, la mandó al P. Lo- 
renzo G)mpany, y este con la benevolencia del Rey, dio libertad á 418 
cautivos que mandó á Europa, y ellos se quedaron en el cautiverio. 

174. 

Redención de 14 cautivos en el aSo 1145. 

En el año 4445 el P. Fr. Francisco Jaffet, (k)mendador de nuestro 
convento del Olivar, redentor por Aragón, dio libertad á 44 cautivos 
cristianos. Nuestras historias no dan mas detalles ni expresan el lugar 
donde fueron rescatados. 



175. 

BedeBCien en Argel de tíi eaBtivos en el afk> 1446. 

El P. Fr. Juan Pérez nombrado redentor, en el año 1446 se em- 
barcó para Argel, y alli rompió las cadenas de la esclavitud á 424 can- 
livos. 



— 216—. 

RedencioQ eo Túnez en el aSo 1447. 

En el año 4446 el R. P. Fr. Juan de Sagalars, Prior de Barcelona, 
hombre de mucho talento, maduro consejo, gran capacidad para el 
despacho de toda clase de negocios y muy valido del Rey de Ñápeles 
D. Alfonso, junto con el P. Fr. Juan Grallera, nombrados redentores, 
se embarcaron para ir á redimir en la ciudad de Túnez. La nave tocó 
en Trápani de Sicilia, en cuyo puerto bajaron, y el P. Grallera tuvo la 
desgracia de caer de una escalera y quedar muerto en el acto. La plo- 
ma no puede expresar cuanto sintió el P.;Sagalars la desgracia de sa 
compañero. 

La nave se hizo otra vez á la vela, y en el dia del Jueves Santo del 
año 4447 dio en un escollo cerca de Girgenti en Sicilia, zozobró y se 
anegaron todos, excepto el P. Sagalars, que é nado se salvó, y salió 
desnudo, mas muerto que vivo. Fué socorrido [luego, y con limosnas 
le compraron ropa para vestirse. 

No he podido averiguar si este naufragio fué antes de llegar á Tú- 
nez ó á.su regreso con los cautivos ; pero me inclioo á lo primero, pues 
no se habla de estos. 

Redención en Marruecas de 189 cautivos en el afio 1447. 

Nombrados redentores por la provincia de Castilla los PP. Fr. Luis 
Sarmiento y Fr. Bartolomé de Segovia, en el año 4447 pasaron á Mar- 
ruecos y á Fez, y en dos veces redimieron 489 cautivos que llevaron 
á España. 



— 817 — 

I 

178. 

RedeoeioQ en Argel de 146 cautivos eó e! año 1447. 

En el año H47 el mismo P. Miro. General en persona, que era 
el venerable P. Fr. Nadal Gaver, pasó á la ciudad de Argel, y dio li- 
bertad á 1 46 pobres cautivos que gemian en la esclavitud. 

119. 

Redeocien «11 Valencia de 19 catittvos eil el af¡o1448, muríetido á mtinosdelos 
morús.el redentor P. Fr. Juan Odón Mézquitta y los 19 cautivos. 

El veDérable P. Fr. Joan Odori Heeqnida (alias Corcai) tmiurBl do 
Felanilx eA Mallorca, y oálifioadbr del Sanio Oficio, en el año4 ii8 pasó 
cerca de la ciudad de Valencia para redimir 49 cautivos mallorquines» 
que canaadosdel mal trato de sus amos y de su penosa esclavitud, es- 
taban á punto de apostatar de nuestra santa fe. Llegó á tiempo este 
santo varón, y con sus sermones y prudencia les consoló y fortaleció. 
Enfurecidos los moros, le maltrataron atrozmente y le encerraron en 
una mazmorra, privándole del alimento. Después de martirizarle 
continuamente, le cortaron la lengua y murió á palos. 

No contentos los moros con los tormentos que dieron al P. reden- 
tor Mézquida, .desahogaron su rabia contra los 19 cautivos. Viendo 
que naqueriaQ abandonar su fa, sino quese|;uMn constantes en confe- 
sarla^ tos roaltralaroot^ if oiariaron todos á manos de los moros. 

180. 

• RedencioD en Almería de tt cautivos en el aOo 1449. 

El Capitulo General celebrado en Santa Coloma de Queralt en ma- 
yo del 4448, dio poder á los redentores P. Fr. JuanSagalars, Prior de 
Barcelona, P, Fr. Andrés Pellicer y P. Fr. Jaime Prunera para ven- 
28 



— 2<8 — 

der ó lomar sobre los bienes de la Orden hasta mil florines de oro de 
Aragón, si fuese necesario para la redención de cautivos. 

£slos redentores catalanes pasaron á la ciudad de Almería, y con 
algún dinero que pudieron procurarse, redimieron 22 cautivos crbtía* 
nos en el año 1449. 

181. 

RedeDciOD en Granada de 6 cautivos en el ano 1449. 

Hallábanse cautivos en Granada Bartolomé Fernandez , Menciana 
su esposa y sus cuatro hijos, Juan Garda, Pedro, Bartolomé y Juana, 
é instaba la necesidad de redimirles. El capital de la obra de ia reden- 
ción era corto, y para que no faltase para libertar á estos necesitados, 
el Rmo. P. Miro. General Fr. Nadal Gaver dio facultad á los PP. re- 
dentores Fr. Valentin Revira, Comendador deOrihuela, y Fr.Gonsal- 
vo Flores, Comendador de Murcia, para pedir un préstamo de 200 do- 
blones, los que. recibieron de Ferrarlo Verdaguer á 43 de octubre de 
1 449, y con ellos redimieron á los seis arriba nombrados. 

182. 

Redención en Harroecos de 124 cautivos en el año 1450. 

Las tristes y aflictivas noticias que los PP. redentores Sarmiento y 
Segovia dieron sobre los padecimientos y miseria de los pobres cauti- 
vos en el Marroch, donde ellos recieotemevile habían hecho redención, 
obligaron al Rmo. P. Mtro. General á enviar allá á los redentores Pa- 
dre Fr. Alonso de Valverde y P. Fr. Domingo de Sevilla, quienes ar- 
rancaron del poder de los moros á 1 24 cautivos en el año 4 450. 



— 219 — 

183. 

Redención en Tanez de 83 caativos en el aSo 1151 por el 
P. Fr. Lorenzo Company, cautivo. 

Continuaban en su largo cautiverio de Túnez, desde el año Hi2, 
los venerables redentores Fr. Lorenzo Gompany y Fr. Pedro Bofiet, y 
como por sos virtudes se habían granjeado la buena voluntad del Bey, 
no solo sirvieron mucho á los demás cautivos, visitándoles en sus en- 
fermedades, ayudándoles en sus trabajos y socorriéndoles en sus necesi- 
dades, sino que el mismo Rey moro hizo gran confianza de ellos, como 
veremos. 

Por los años de 4 447 se hallaba en grandes apuros el Rey de Túnez 
Otomeno, amenazado por mar de la numerosa armada de Alonso V, 
Rey de Aragón y de Ñapóles, y molestado y acosado por tierra de 
otros Reyes moros vecinos suyos, carecieivlo de fuerzos para defen- 
derse de tanto enemigo. En tan critica situación resolvió pedir paces ó 
treguas á D. Alonso, y pareciéndole que nadie desempeñaria mejor 
este cometido que Fr. Lorenzo, pusosu confianza en él, y lo envió á 
Ñapóles con esta embajada, sin mas resguardo que su palabra, y jura- 
mento que le pidió sobre su fe, que volvería con la respuesta. Hizo el 
santo varón lo que se le habia ordenado ; se fué á Ñapóles, donde le 
recibió el Rey con mucha alegría, tratándole como embajador de otro 
Rey que, aunque infiel y necesitado en aquel entonces, era de los mas 
principales y respetados de la morisma africana. 

G)nsideró D. Alonso que no convenia acceder á lo que pedia el Rey 
de Tanez ; asi rdjgó al P. Fr. Lorenzo no volviese con semejante res- 
puesta, para evitar que aquel Rey bárbaro tomase motiva de su ma- 
la negociación, y le quitase la vida ; pero el siervo de Dios se defendió 
valerosamente de aquel consejo como de una tentación. El Rey, vién- 
dole resuelto á no quedarse y deseando librarle del peligro que podia 
correr al llegar á Túnez, dio buenas esperanzas al Rey moro, dicien- 
do qae no era aquel tiempo á propósito para tratar de paz ó conce- 
derle la tregua. Despidióse el santo embajador, y volvió á Túnez, y 



— 220 — 

aunque no con buen despacho, fué muy bien redbido del Rey, y trata- 
do de alli adelante con mas aprecio y mayor agasajo por su fidelidad. 

Fr. Lorenzo después de su embajada continuó con sus concautivos 
dispensándoles ouantas buenas obras y socorros estaban á su alcance, 
y como por sus virtudes merecía la confianza de todos, no solo los 
mercaderes cristianos, sino los turcos de Túnez le daban limosnas con 
las cuales socorrió á sus bermanos. Gon lo que le sobraba'y ccm alguna 
cantidad que recibió del Rmo. P. Mtro. General Fr. 6a ver, en el año 
44^ trató de hacer .una redención. EfecU vaneóte, desvelado y cor- 
lieodo por todas partes, con su zelo é industria rescató á 83 cautivos; 
pues el Rey se le mostró generoso regalándole algunos, y alcanzó otros 
á poco precio. Buscó luego nave, y un mercader catalán se encargó de 
ellos, y quedándose él cautivo alcanzó la libertad de aquellos pobres 
cristianos, los cuales contentos y agradecidos regresaron á sne ho- 
gares. 

El Rey de Túnez envió otra vez á Ñapóles ó Fr. Lorenzo con nueva 
embajada, y en su ausencia sucedió el glorioso martirio de su compa- 
ñero el P. Fr. Pedro Boffel, al cabo de diez años que se hallaba 
cautivo con Fr. Lorenzo. 

Dios había unido con estrechos lazos de caridad los corazones de 
estos dos santos redentores Mercedarios, y al despedirse Fr. Lor^zo 
para Ñapóles Fr. Pedro de rodillas le pidió la bendición, y habiéndose 
estrechamente abrazado se separaron. 

Quedóse Fr. Pedro soló en Túnez, y continuó las obras de caridad 
que dispensaban á los cautivos él y su maestro Fr. Lorenzo. Con el 
permiso ó benevolencia del Rey, visitaba á los de la ciudad y (aimbíen 
á los de fuera. Caminando un dia hacia una alquería ó pueblecím, me- 
di4ando las penas, trabajos y miserias que padecian los pobres cacti vos, 
y siendo ya algo tarde se le acercó un infeliz cristiano, oarga^o de ca- 
denas, descalzo y casi desnodo, flaca, desfallecido de haaibre, y be* 
cho un espectáculo de miseria. Era este un sacerdote español cautivo, 
el cual saludando con toda humildad á Fr. Pedro, y derramando l¿* 
grimas le dijo : Padre mió, ¿ tiene algo de comer para mi, que todo el 
dia que trabajo sin parar, y (odavia estoy en ayunas, pero si harto de 
puntapiés? Estos sarracenos que ahora, según su ley, ayunan todo el 



— 224 — 

día, nada nos dan hasta que ellos han comido, y entonces solo on po- 
co de pan y agua. ¿Qué le diré, Padre mió, de las demás penas y ma* 
los tratos que padecemos ? ¿ Qué desgracia mayor puede caber á un 
hombre en este valle de lágrimas, que el caufiverio que sufrimos? Fray 
Pedro le consoló diciéndole que llegarian á una alquería, en laque ha- 
bia ídootfas veces con Fr. Lorenzo, y allí quedaría aliviado; pero que 
antes orasen un poquito. Fr. Pedro se arrodilló, y quedó en éxtasis; 
visto lo cual por el sacerdote cautivo, y que pasaba el tiempo y se ha- 
cia tarde, temiendo que su amo no lo castigase, encomendóse á las 
oraciones de Fr. Pedro, y se marchó, formando gran concepto de la 
santidad del siervo de Dios. 

Estas correrlas que hacía Fr. Pedro no gustaban á los moros, por 
la santa libertad con que hablaba y predicaba, y lo atribuían á la de* 
masíada condescendencia del Rey, y como hacia grande fruto con los 
cautivos, y no rehusaba disputar con los maestros del Alcorán, á quie- 
nes confundía con su buena doctrina, á no temer la autoridad del Bey, 
le hubieran puesto las manos ; pero no dejaban de llamarle blasfemo 
de su ley, perro cristiano, perturbador etc. Llegó esto á oídos del 
Rey, y no queriendo malquistarse con los moros, bajo pretexto de pro^ 
teger y asegurar la vida á Fr. Pedro, condescendió ó tuvo por conve- 
niente que lo encerraran en una mazmorra con los demás cautivos, 
mandándole se abstuviese de predicar y enseñar á los moros, si solo á 
¡os cautivos. 

El Rey dio esta comisión á un Cadí ó Alcaide, quien la ejecutó á \o 
bárbaro, deteniendo al santo públicamente, y llenándole de injurias. 
Eotróel santo en la mazmorra con inalterable paciencia, ofreciendo ¿ 
Dios todos aquellos agravios, y quedó por mucho tiempo arrobado,, 
hasta que un moro que le visitaba, le echó un poro de pan del que da- 
ban á los esclavos. A este mal trato se le añadió otro, y era que entra- 
Jhan á visitarle sus mismos enemigos, y los morabutos le trataban mal 
de palabra y de obra, diciéildole que todo lo tenía bien merecido por 
ser an blasfemo y un perro ciistiano. De esta manera pasó algunas 
semanas y meses, hasta que un renegado español que deseaba volverá 
la vt^rdad de nuestra santa fe, aparentando en público serle enemigo» 
pudo alcanzar que se le diera la comisión de llevarle la comida. 



— 222 — 

Una vez en coroanícadon los doSvCierto dia el renegado le descu- 
brió so corazón, hablándole de esta manera : « Padre, yo soy un infe- 
liz cristiano, un mal hijo de la Iglesia : siendo joven, y estudiando filo- 
scHa en Tarragona, sali con otros compañeros á una partida de caza, 
y descansando cerca del mar, fuimos cautivados por los moros, qoe 
nos llevaron á sus galeras. Antes que llegásemosal África, dos de nues- 
tros compañeros tuvieron la debilidad de ceder á los halagos y prome- 
sas de los moros, y apostatar de nuestra santa fe, y mientras que á 
ellos les dieron muy buenos vestidos y abundante y suculenta comida, 
á nosotros, que permaneciamos 6rmes en la fe, nos cargaron de hier^ 
ros, nos molieron á latigazos, nos hicieron padecer hambre y sed, y 
finalmente, nos mandaron á aquellos dos apóstatas con exquisitos 
manjares para tentarnos, y confieso la miseria, lo que no pudieron las 
amenazas y los latigazos, lo consiguieron aquellos dos condiscípulos, y 
no sabiendo resistir, prometí seguirles y hacerme turco. 

Contentos los moros, me señalaron un maestro para que me ins- 
truyera en el Alcorán, y aunque al principio la conciencia roe inquie- 
taba, y lloraba secretamente, arrastrado de mis pasiones he llevado 
después una vida de turco con todas sus libertades; estoy casado, 
tengo familia, he enseñado el Alcorán ; pero vivo infeliz, porque los 
temores de la muerte me asaltan y las penas de la otra vida me hor- 
rorizan, principalmente desde que murió un concautivo, quien habien- 
do apostatado, y deseando volver á la santa Iglesia, murió sin cense* 
guirlo. Deseo, pues. Padre mió, volver al verdadero camino para sal- 
varme ; pedid al Señor me dé luz y fuerza para salir del infeliz estado 
en que me encuentro ; pedidle mi conversión ; compadeceos de mi, y 
guiadme.» 

Calló el renegado sin moverse de los pies de Fr. Pedro, y este le- 
vantó los ojos al cielo, dio un suspiro y dijo : ¡Oh paciencia de Dios! y 
después de repetir esto mismo muchas veces, añadió: a Hijo, ya que 
eres cristiano y hombre de letras, sabrás la historia y parábola del Hi- 
jo pródigo : haz pues, como este ; preséntate á tu buen Padre, pidele 
misericordia y piedad, que es lo que yo puedo ofrecerte de parte su- 
ya ; vuélvete á él, vuélvete.» Fuese á su casa el pobre renegado, y le 
hizo varias visitas, instruyéndole el Santo para que tuviera valor do 



— 223 — 

confesar á JesQcristo. No se pasó esto tan ocqUo qoe no llegase á noticia 
del Cadl ó Alcaide,^ quien prohibió luego la comnnicacion del renegado 
COQ Fr. Pedro, y se indignaron tanto los moros, que deternainaron 
quitar la vida al santo. Pero temieron el enojo del Rey,. por la palabra 
que había dado á Fr. Lorenzo ; asi es que no pndiendo darle una 
muerte violenta, resolvieron dársela pausada. Cargaron, pues, de ca- 
denas al santo, le encerraron en un lugar hediondo y lo cuidaban gente 
malvada que le maltrataba de palabra y obra, dejándole veinte y cua- 
tro y treinta horas sin comer ; de lo que provino el debilitarse su na- 
turaleza de tal manera, que después de algunos dias se rindió, y cono- 
ciendo se acercaba la hora de su muerte, confesándose por siervo inú- 
til, rogando á Dioy por los cautivos y abrasado de amor divino, entregó 
so alma al Criador. Sucedió esto en el año 4462, según dejó escrito el 
P. Pedro Cijar Comendador de Zaragoza, contemporáneo del santo. 

Los moros encargados de la custodia del santo, ó mejor de martiri- 
zarle, al encontrarle cadáver después de dos dias que nada le habian 
dado, avisaron al Cadi, quien, si bien se alegró de la muerte, temió 
por ella el enojo del Rey, por lo que al darle parte del suceso, se le di- 
jo qoe habia muerto de tristeza y melancolía por verse separado de 
so compañero y encerrado, pues que no le habia faltado alimento. Sin- 
tiólo mucho el Rey por temor de que si esto se sabia en Ñapóles, fuese 
causa de que se frustrasen sus intentos; asi mandó inspeccionar el cadá- 
ver por si habia muerto de herida ó muerte violenta, y no hallandose- 
ñal alguna de ello, hizo llamar á mochos cautivos para que le vieran y 
a6rmaran habia fallecido de muerte natural, y mandó entregarles el 
cadáver después de haber permanecido cuatro dias insepulto, entero é 
incorrupto. Los cautivos, derramando muchas lágrimas, le enterraron 
ea una capilla que habia en los Baños del Rey. Tal fué el glorioso trán- 
sito de este ilustre Hercedario, gloria de la nación francesa, y de toda 
Aueslra Orden que lo venera por mártir. 

Al r^resar de Ñápeles de su embajada Fr. Lorenzo Company, el 
jRey le dio sus descargos y disculpas de lo sucedido en la muerte de 
so santo compañero, pues tenia en grande respeto á Fr. Lorenzo por 
su prudencia, consejo, benignidad y demás bellas cualidades, y sobre 
todo por algunos hechos maravillosos ; entre los cuales sucedió uno 



-2Í4 - 

del que fué testígo el mismo Rey. Tenia este an hijo, llamado Haho- 
mad, poseído del demonio de mucho tiempo, y el maligno espirita 
daba voces diciendo : « Atormento á este, porque soy atormentado de 
Fr. Lorenzo. D. Oyéndolo el Bey, mandó llamar á Fr. Lorenzo, y le pi- 
dió librase á su hijo de la opresión del denáonio. El santo se exca- 
saba humildemente; pero al fin movido de caridad, haciéndole la se- 
ñal de la cruz en la frente, y mandando al demonio de parte de Je- 
sucristo que callase y saliese, dejó libre al hijo del Rey. 

Otro milagro sucedió á an infiel á quien Fr. Lorenzo convirtió y 
que era ciego; al bautizarle, no ^lo se le abrieron los ojos de! alma, 
efecto del santo Sacramento, sino también los del cuerpo, cosa qnead- 
miró y asombró á los moros, y fortaleció en la fe ^á los desmayados 
cautivos que habian asistido al Bautismo. A mas de estos obró varias 
otras cosas maravillosas este varón de Dios, según refieren nuestras 
crónicas. 



184. 



Redención en Argel de 95 cautivos en el afio 1456, y muerte gloriosa 
de dos Padres redentores en el mar en 1453. 



Embarcáronse en el año 4453 dos PP. redentores para África, 
( cuyos nombres callan nuestras historias ) con caudal y permiso de 
Ntro. Rmo. P. General; j3ero en alta mar les sobrevino tan horrorosa 
tempestad de viento y lluvia, que la nave se fué á pique, y todo se 
perdió. La noticia de esta desgracia cansó gran sentimiento en toda la 
Orden : asi lo explica el historiador P. Bernardo Vargaa. Pero otros 
historiadores dicen que dichos PP. redentores, al regresar de Túnez 
con sus cautivos redimidos, después de una horrorosa tempestad, ca- 
yeron en poder de piratas infieles, quienes al ver que eran inútiles to- 
dos sus esfuerzos y amenazas para que apostatasen de su líe, los mal- 
trataron cruelmente á puñetazos y puntapiés, y medio muertos los 
echaron al mar. 

Eran aquellos días calamitosos, y perdido el caudal que con harto 
trabajo se había reunido, nuestros Religiosos redoblaron su zelo, y pti- 



— 225 — 

dieron recoger algo para otra redención. En el año 4 456, tres años des- 
pués de esla pérdida, se embarcó el P. redentor Fr. Cristóbal Solis, 
pasó á Argel, y redimió 93 cautivos. 

183. 

Redención en Argel de 300 caativos en el aiio 146%. 

Regresó á Túnez el P. Fr. Lorenzo Gompan y de su segunda emba* 
jada á Ñapóles, y el Rey le recibió con afabilidad y cortesía, hizole sus 
descargos y excusas sobre la muerte de su compañero el P. Fr. Pedro 
BoflTet, y continuó dándole entera libertad por la ciudad, entrada en 
palacio, y dispensándole su protección. Esto excitó la envidia y rabia 
de los moros, y se levantó general y fuerte murmuración contra el Rey, 
porque decian que esta ramlliaridad excedía los limites hasta donde ba- 
bian llegado las comunicaciones de sus antepasados con sus cautivos, 
por mas respetables que fuesen, y el vulgo anadia, que dos mujeres 
del Rey querían hacerse cristianas. Este, para acallar la ínurmuracíon, 
cediendo á las instigaciones de los moros, mandó encerrar á Fr. Lo- 
renzo, y permaneció en tan infeliz estado hasta que Dios movió el co- 
razón del Rey que le restituyó la libertad. 

La Orden no olvidó á Fr. Lorenzo ni á su compañero en su largo 

cautiverio ; pues |anteó varios medios á fin de alcanzar su libertad, 

pero siempre sin resultado. Lo mismo hizo el Rey D. Alonso, pues en 

la última embajada de Fr. Lorenzo á Ñapóles, le entregó para el de Tu- 

nez cartas esci^itas con mucho comedimiento y cortesía, significándole 

el gusto y contento que tendría que le dejase libre ; pero tuvo que 

continuar cautivo hasta el año 4457 en que el Rey de Ñapóles devolvió 

generosamente al de Túnez una buena flota de naves y galeras turcas 

que su armada habia apresado. Ciertamente el Rey de Túnez no podo 

resistir á acción tan heroica, y dio libertad á Fr. Lorenzo, quien se 

embarcó y tomó tierra en Barcelona. 

No es posible describir la alegría, tierno afecto y venei'acion con 
que fué recibido en dicha ciudad este santo varón después de haber 
permanecido quince años cautivo. Con iguales demostraciones fué re- 
29 • 



— 226 — 

cibido en Valencia al calx) de poco, que fué allá para arreglar algunos 
asuntos con el P. Mtro. Fr. Pedro de Logroño, y preguntándole un día 
sobre lo que sufrió en su larga cautividad, en qué ocupaba el tiempo 
y lo que padecían los cautivos, le contestó Fr. Lorenzo : «Si desea sa- 
ber las penas, trabajos y miserias del cautiverio, mi lengua es corta é 
incapaz de explicarlas : solo pueden saberse presenciándolas. En cuan- 
to á mi, siervo inútil, nada hice de bueno, pues en tan largo cautive- 
rio por Jesucristo, no he merecido, como mi compañero, dar la vida 
por mis hermanos. ¡Oh! ¡y quién puede penetrar los juicios de Dios! 
Quiso el Señor honrar á mi compañero Fr. Pedro Boffet con el marti- 
rio, y que yo, después de un largo cautiverio, fuese puesto en liber- 
tad y restituido á la Orden. Al principio de estar allí, araba y cavaba 
con los otros cautivos y hacia cuanto mandaba mí amo ; pero como yo 
no estaba acostumbrado á semejantes faenas, mi amo me injuriaba y 
reprendía con bofetones, latigazos y puntapiés. Guando después entré 
en gracia con el Rey, todos me respetaban y honraban, y de esto me 
servia yo para hacer bien á los cautivos, porque en cuanto á mi, lo 
que yo deseaba era padecer por Jesucristo , y como carecía de libros 
para ocuparme, pasaba el tiempo en las escuelas, en predicar á los 
cristianos y en ver de que manera podia convertir algon sarraceno, no 
olvidando en mis pobres oraciones de rogar por su conversión. d 

Este varón santo, que sabía por larga experiencia los trabajos y 
miserias que padecen los cautivos, desde su regreso á España no ce- 
só de trabajar con ardiente celo, animando y exhortando para la obra 
de la redención, y no se pasaron muchos años que lo eligieron otra vez 
para un rescate. 

Después déla redención efectuada en el año 4456, deseaba nuestra 
Orden hacer otras; pero no pudo verificarlo hasta el año H62, porque 
el limo. Sr. Obispo de Barcelona, Delegado del Papa, por cierta cru- 
zada que concedió Su Santidad, prohibió la colecta de limosnas para 
la redención de cautivos en los años H57 y 4458. Reunidas después 
algunas respetables canlidades, la Orden, considerando que nadie me- 
jor que Fr. Lorenzo podia desempeñar el honroso cargo de redentor, 
le invitó para ir á Argel, lo que desempeñóel Santo con el mayor zelo 
y caridad. Allí dio libertad ^n el año 1462 á 300 cautivos que dcompa- 



— 227 — 

ñóá España. En jel año 1474 murió nuestro Rmo. Mtro. General P. Ga- 
ver, los Padres del Capitulo reunidos para la nueva elección, le hon- 
raron unánimes con el Generalato, lo que sorprendió mucho á Fr. Lo- 
renzo y lo sintió por su grande humildad. 

186. 

Redención en África de 184 cautivos en el afio 1462. 

En el año 4 463 nuestros Religiosos y Cuestores de Barcelona y de- 
más conven tos de Cataluña recogieron bastantes limosnas, y elegido re- 
dentor por Aragón el R. P. Gregorio Gors, maestro en teología, recibi- 
da la bendición de nuestro Rmo. P. General, se embarcó para África, 
y en aquellas tierras arrancó de la esclavitud á 184 cautivos. 

187, 

Redención en España de 186 cautivos en el a&o 1462. 

En este mismo año de 4462, los PP. Fr. Cristóbal (ó Martin) de 
Solis y Fr. Alfonso Peroro, redentores por Castilla, recibidas las limos- 
nas depositadas en nuestro conventodeValladolid, recorrieron las tier- 
ras de España ocupadas por los moros, y redimieron 486 cautivos. 

188. 

Redención en Granada de 298 cautivos en el año 1469. 

Celebrado en Guadalajara el Capitulo General, y arreglados en él 
ciigunos asuntos de grande importancia para nuestra Orden, se pensó 
luego con los pobres cautivos. Nombrados redentores por Castilla el 
P. Fr. Domingo Molinar y el P. Fr. Gaspar de Salamanca en el año 
1469, redimieron en el reino de Granada 293 cautivos. 



— 228 — 
180. 

Redención en Argel de 80 cautivos en el aSo 1471. 

Moy á secas refieren nuestras historias la redención que se hizo en 
Argel el año 4474 , pues soto dicen que el redentor fué el P. Jaime Ló- 
pez, y que rescató SO cautivos. 

190. 

Redención en África de 30 cautivos en el aüo 1471. 

En el año 1474 el P. M. Fr. Francisco Bartolono, provincial de 
Italia y Prior de nuestro convento de Palermo, rescató en África 30 
cautivos con las limosnas que recogió. Se halla expresada esta reden- 
ción en una bula del Papa Sixto IV. 

191. 

Redención en África de 213 cautivos en el aQo 1471. 

Uno de los hombres que en su tiempo hizo grande honor á nuestra 
Orden fué el R. P. Fr. Luis Bechofen, francés. Siendo muy joven vistió 
nuestro hábito, y tanto se aplicó y adelantó en la carrera de las letras, 
que su fama de«sabio se extendió por toda la Francia, y de Perpiñan 
pasó á Montpeller donde r^entó dos ó tres cátedras en la Universidad. 
Por sus virtudes y letras el Rey de Francia Luis XI le quiso á su lado 
para que fuese su teólogo y su predicador, y le oia con placer y pedia 
sus consejos. No le gustaba mucho la vida de palacio, por lo que su- 
plicó y obtuvo poderse retirará nuestro convento de Perpiñan. Allí 
recibió la noticia de haber sido elegido redentor en el Capitulo de Bar- 
celona, dándole por compañero al R. P. Fr. Diego de Luna de la pro- 
vincia de Aragón, hombre maduro, prudente y de mucha experiencia. 

Embarcáronse en Marsella en el año 1 471 , y apenas pisaron tierra 



— 229 — 

arricana Fr. Lais deseaba con vivas ansias predicar la fe de Jesucristo, 
lo qae le proporcionó algunos disgustos é insultos de palabra y obra 
por parte de los moros, y muchos mas hubieran pasado si Fr. Diego 
no hubiese procurado moderar su zelo, advirtiéndole el peligro en que 
estaban de perderlo todo y quedar los cautivos sin rescate y en vigi- 
lias de apostatar. Se moderó Fr. Luis ; pero hasta que se embarcó no 
cesó de una ú otra manera de enseñar y predicar. Rescataron 243 es- 
clavos, que desembarcaron en Barcelona, siendo recibidos con grande 
alegría y solemnidad. 

Al saber el Rey de Francia la llegada de Fr. Luis á España, escri- 
bió á nuestro Rmo. P. General pidiéndole enviara á este santo Religioso. 
Fr, Luis obedeció, y fué recibido en la corte de Francia con grande 
alegría, respeto y consideración. 

192. 

Redención en África de 39 cautivos en el aSo 1475. 

En el Capitulo Provincial celebrado en Calatayud á 1 de noviem- 
bre del año 1475, todo el Definitorio, atendiendo alas relevantes pren- 
das y mucho zelo del P. Mtro. Fr. Jorge de la Puerta, Comendador de 
Zaragoza, le nombró redentor junto con el P. M. Fr. Luis Ríos, Comen- 
dador de Daroca, y el P. H. Fr. Nicolás Borrasa, quienes partieron 
luego & África, y solo redimieron 39 cautivos, porque no llevaban mu- 
cho caudal, y les exigieron muy alto precio por la sed de oro de los 
moros. 

Terminado el rescate, los redentores presentaron las cuentas en ei 
Capítulo de Valencia el 19 de marzo del 1478. 

193. 

Redención en Marnieeos de 158 cautivos en el afio 1475. 

Si muchas y aflictivas eran las noticias que en España se recibían 
sobre las penas y trabajos que padecían los desgraciados cautivos en 



— 230 —. 

el Harroch, muchas y peligrosas eran las diGcnltades que se ofrecían 
para poner pié en las costas ó playas de aquel reino y socorrerlos» por 
lo intratables é insolentes que eran aquellos moros. Pero nuestros Re- 
ligiosos, que sabían sacrificarse por sus hermanos^ despreciando todos 
los obstáculos y peligro|, determinaron pasar allá para hacer una re- 
dención, lo que efectuó en el año 4475 el celoso P. Fr. Jaime de la 
Mata, redentor por Aragón, y dio la suspirada libertad á 158 cautivos 
cristianos. 

RedeDcion en África de 180 cautivos en el auo 1477. 

En el año 1477 el P. Fr. Juan Rodríguez, redentor por Castilla, y 
el P. Fr. Pedro Teruel, redentor por Aragón, pasaron al África, y su- 
friendo penas y venciendo dificultades, pusieron en libertad ¿480 cau- 
tivos. Sabido esto por el Papa Sixto IV, expidió una Bula, concediendo 
á la Orden y á los redentores largos privilegios. 

195. 

RedenciOD en Argel de 56 cautivos en efaño li81, quienes pasaron 

á Roma á besar el pié al Papa. 

Estaba tan infestado el Mediterráneo de moros piratas, que apenas 
salia una nave de nuestras costas que no fuese vista, perseguida, abor- 
dada y robada por ellos. En el año 4478 surcaban el mar tranquilos 
nuestros PP. redentores, y de inaproviso fueron abordados, rendidos 
y robados por aquellos bárbaros. Salieron otros redentores en el año 
4480 y les cupo la misma desgracia. Mucho lo sintieron nuestros Reli- 
giosos, pero no se acobardaron, sino que sabiendo la necesidad de re- 
dención que habia en África, reunieron el poco caudal que pudieron y 
resolvieron hacerla luego. 

Los RR. PP. Mtros. Fr. Luis de los Rios ó Rius, Comendador del 
Puig, y Fr. Nicolás Borrasa fueron elegidos redentores en el año 1 480, 



— 231 — 

y pasaron á Argel en el mes de setiembre ; pero en lugar del Padre 
H. Borrasa fué el R. P. Fr. Jorge Porta, Comendador de Zaragoza. 
Rescataron 66 cautivos que embarcaron, y el día 5 de febrero del 1 48J 
se vieron obligados á tomar puerto en Mallorca por no verse sepulta- 
dos en el abismo de un tempestuoso mar. 

En Mallorca fueron muy bien recibidos, y escribieron luego al Re- 
verendo P. Prior de Barcelona, Fr. Juan Urgel, explicándole los infini- 
tos trabajos padecidos en tierra de infieles, y la situación desesperada 
eo que se habian hallado en el mar ; en suma, que lo padecido no era 
para explicarse, que daban gracias á Dios de haberlos librado de tan- 
tos peligros, y que le escribian á fin de que la tardanza y falta de no- 
ticias no les tuviera inquietos y acongojados. 

A la tempestad sucedió la calma; se hacen á la vela, y concluido el 
viaje, el P. Luis tuvo un doble disgusto que le causó la mayor pena. 
Supo que mochos de los cautivos que habian quedado estaban en evi- 
dente peligro de renegar, desesperados de alcanzarla libertad, y por 
otra parte supo que varios émulos de la santa obra de la redención ha- 
bian persuadido al Papa y á los Reyes de Aragón y Castilla, que el oro 
de la redención solo servia para enriquecer á los moros ; y asi que va* 
lia roas sirviera para limosna á los pobres. 

Como el P. Luis era un Religioso infatigable para la gloría de Dios 
y la libertad de los cautivos, le causó esto grande pena, porque cono- 
cía el daño que se les causaba y que todo redundaba en perjuicio de sus 
almas ; por lo que tomó la resolución de irse á Roma con sus rescata- 
dos , y presentándolos á los pies del Papa, le expuso que la esperanza 
del rescate sostenía la fe de los cristianos que llenaban las mazmorras 
de Túnez, Argel, Tetuan, etc., y que sin esta esperanza sucumbirían 
aquellos infelices que los moros maltrataban dia y noche para obli- 
garles á apostatar. Bl Papa Sixto lY penetrado de estas considera- 
ciones, revocó la suspensión de indulgencias, y las concedió de nuevo 
en su bula dada á 12 abril de 4481 , exhortando á los fieles á cooperar 
en la santa obra de la redención de cautivos. Los Reyes de Aragón y 
Castilla revocaron también sus reales órdenes y dieron otras á favor, 
de la redención ; por manera que el zelo, diligencia y caridad del Pa- 
dre Luis apaciguó aquella terrible tormenta. 



— 232 — 
196. 

Redención en Oran de 80 cautivos en el año 1483. 

En el año 1483 el R. P. Fr. AdIodío de Pietra» redentor, pasóá 
Oran, y arrancó de la esclavitud á 80 pobres cautivos. (Bulario de la 
Orden ) 

197. 

Redención en África de 49 cautivos en el aQo 1483. 

Hallábase Prior de nuestro convento de Palermo el limo. D. Fray 
Francisco Bartolono, obispo veriense, y no pudiendo él ir en persona 
¿ romper las cadenas de los pobres cautivos que gemían en África, 
nombró redentor á su hermano el P. Fr. Juan Bartolono, italiano, Reli- 
gioso nuestro, joven aun, pero muy virtuoso, sabio y §ran predicador, 
quien con dinero que recibió, parte de su limo, hermano y parte de la 
Orden, pasó al África y alli rescató á 49 cautivos, todos sicilianos, que 
desembarcó en el puerto de Trápaní en el año 4 483 con satisfacción y 
alegría de toda la isla. 

198. 

Redención en África de 140 cautivos en el año 1486. 

Solicita siempre nuestra Orden por los pobres cristianos que en 
África gemían en la dura y pesada esclavitud, en el año 4486 envió á 
Marruecos al P. Fr. Raimundo del Foso, redentor, quien dio libertad 
á 4 40 cautivos. 



-233 — 
199. 

Bedencion en África de t$9 cautivos en el afio 1487. 

r 

Ei venerable P. Fr. Gaspdr Brugaíére, hallándose de Procarador 
General en Roma, obtuto de Su Santidad el Papa Inocencio VIII mu- 
chas indulgencias y la oohfirroacion de las ya concedidas á favor dé 
los pobres caultvos crislianos. Movido de fervoroso zelo renunció la 
Procura General y vino á España, donde encargó á varios predicado- 
res que publicaran dichas indulgencias, y excitaran la caridad de los 
fieles á favor de los pobres cautivos. Su piadoso corazón se llenó de 
alegría al ver las muchas limosnas que le vinieron de los fieles y de va*- 
rios obispos de España, en particular del de Avila, que lo era el Uus- 
trisimo D. Fernando Oropesa. Nombrado redentor, pasó al África en 
el año 4487, y rescató 269 cautivos. 

200. 
Redención en Baeza de 96 cautivos en el año 1488. 

Excitada la piedad y zelo de los fieles á favor de los cautivos, como 
hemos dicho en la antecedente redención, se recogieron aun limosnas 
para hacer luego otra, la que efectuaron en Baeza el año 4488 los Pa- 
dres redentores de Castilla, cuyos nombres se ignoran, y dieron liber- 
tad á 96 cautivos. 



801. 

Eedenciott en Argel de muchos caotivos en el afio 1488. 

Síeoda Prior de Barcek>na el virtuoso P. Fr. Juan Urgell, catalán, 

incansable para la santa obra de la redención, envió á tres varones de 

gran virtud y doctrina á pedir limosna para los pobres cautivos, Fray 

>Iartin de Santos, francés, Fr. Domingo de S. Clemente, aragonés, y 

30 



-234 — 

Fr. Pablo Sanz, valenciano. Estos tres Mercedario$ desplegaron gran 
zclo y actividad, y colectaron una cantidad crecida que depositaron en 
manos de dicho P. Prior, y con ella dieron libertad á muchisimos cau- 
tivos en África en el año 4 488 ; pero no he podido hallar el número fijo 
de los redimidos ni el nombre de los redentores ; solo consta que fué 
redimido un gentil-hombre llamado D. Iñigo Ladrón de Guevara, de 
la casa de los condes de Oñate. Su familia, una de las principales de 
Vizcaya, aunque se interesó por su libertad, habia cerca dos años qae 
estaba cautivo, puescoroo sabían los moros la presa que habían hecho, 
pedían un precio exhorbitante por su rescate ; con todo, los PP. reden- 
tores apenas llegaron á Argel, donde se hallaba el cautivo, trataron de 
sacarlo de la esclavitud y lo consiguieron, sin pararse, en el dinero ni en 
los muchos pasos y fatigas que les costó. Su familia, tan conocida por 
su nobleza en Vizcaya y Guipúzcoa, no sabia como manifestar so agra- 
decimietitó á la Orden de la Merced, ni con que satisfacer tan gran be- 
neficio ; asi es que escribió á nuestro Rmo. P. General ofreciéndole una 
hermila para fundar un convento. 

202- 

RedeDcioD en Marruecos el aSío 1499, en la que fueron robados los redentores 
y martirizados por los moros, reemplazándolos otros, los cuales rescataron 
126 cautivos. 

En el año 1498 Fr. Teobaldo, inglés de nación, pasó á África con 
otro Religioso ; pero por el camino cayeron en manos de moros que 
después de haberlos robado, los llevaron tierra á dentro y encerraron 
en una mazmorra, amenazándoles que si no negaban la fe de Jesucris- 
to moririan ; pero ellos prefiriendo la muerte, los moros quemaron vi- 
vo. á Fr. Teobaldo y asaetearon á su oonapáñevo. Frustrada y perdida 
esta redención, en el año siguiente, ó sea 1499, pasaron al Marroch el 
P. M. Fr. Domingo de Avila, redentor por Castilla, y el P. M. Fr. Mel- 
chor de Paz, redentor por Andalucía, y rescataron 426 cautivos, ha- 
ciendo con ellos una solemne entrada en Sevilla, en medio de un in* 
menso gentio entusiasta y alegre. 



— 235 — 
203. 

RedeDoíoM en Argel de 80 caatívos eoel afio 1500. 

En el año 1500 el P. Fr. Raimundo del Foso se embarcó para Ar- 
gel, y alli rescató 80 cautivos. Nuestros Anales no dan mas detalla. 

20i. 

Redencíoa en Argel de 50 cautivos en el afio 1501. 

Celebróse Capitulo General en Zaragoza el año 4 i99 , y fueron nom- 
brados redentores por Aragón, el R. P. M. Fr. Jaime de la Mata y el 
R. P. M. Fr. Pedro Sánchez, y en el año siguiente (1S00) pasaron á 
Argel, donde con grandes penas y trabajos redimieron 50 cautivos, y 
después de muchas contradicciones, quiso Dios que á principios del año 
4501 sanos y salvos lloaran á Valencia. 

205. 
Redención en Tanez de 39 cantívos en el año 1501. 

Entre los varones de gran virtud que florecieron en tiempo del 
Mtro. General Fr. Juan Urgell, descolló el P. Fr. Vicente Gasea, natu- 
ral de Palermo en Sicilia. Distinguióse este Religioso por so gran can- 
dad» particularmente para con los cautivos ; de manera que desvelado 
siempre en recoger limosnas para libertar á estos infelices, llegó él solo 
á juntar las suficientes para una redención. Favorecido del Virey de Si- 
cilia, D. Juan de Lanuza, de noble familia aragonesa, pasó á Túnez en 
el afio 4 501 , y rescató 39 cautivos cristianos, que llenos de alegría res- 
tituyó á sus familias. 



— 236 — 
206. 

Bedeoéion «DHarraecos de 186 caativoa es «1 aRo 1508. 



• . 



Reunidas algunas liooosnas, el P« Fr. Alonso de Yaldés, andaluz, y 
el P. Fr. Isidro de Acevedo, natural de Castilla, redentores por Anda- 
lucia, pasaron á Marruecos, donde á costa de fatigas y aventurando 
sus vidas, redimieron 486 pobres cautivos, que después de muchos 
trabajos desembarcaron en el puerto de Cartagena el día 4 1 de mayo 
del año 1508, siendo recibidos con mocha solemnidad y alegría. 

201. 

Redeocion en Argel de 200 cautivos en el afio 1513. 

El zelo y caridad por la salvación de las almas y bien del prójimo 
que ardia en el pecho de los Hijos de la Merced, no sé amortiguaba á 
vista de las penas, trabajos y peligros de muerte que corrian para dar 
la suspirada libertad á sus hermanos ; asi fué que en el año 4543 el 
P. Fr. Agustin de Aguilar, despreciando las muchas diñcultades que se 
ofrecían, pas6 á Argel y rescató 200 cautivos cristianos. 

208, 

Redención en África de llt cautivos en el año 1513. 

El Rmo. P. Mtro. General Fr. Jaime Lorenzo de la Mata escribió y 
regaló al Santo Padre León X una extensa noticia de las redenciones 
que se habian efectuado aquellos años ; entre ellas la que hicieron las 
provincias de Aragón, Cataluña y Valencia en el año 4543. Pasaron al 
África los PP. redentores Fr. Mateo de Huesca y Fr. Francisco de 
Torrella, y allí rompieron las cadenas á 442 cautivos. Dicen que esta 
redención pasó á Roma para que el Papa la viera. 



— 237- 
209. 

Redención en Tanez de 158 cautivos en el afio 1516. 

Los tristes clamores de los pobres cautivos de Tuoez en el año 4 54 5 
llegaron hasta España, y nuestra Orden que no puede oírlos sin com- 
rooverse al instante, dio su^ órdenes para socorrerlos. Fueron nombra* 
dos redentores el R. P. M. Fr. Juan López, Conaendador y catedrático 
de Huesca, varón sabio y virtuoso, y el R. P. H. Fr. Arnaldó Duch, 
Comendador de Tolosa en Francia, quienes á últimos de aquel año ó 
principios del 4546 se embarcaron, y después de una travesía penosa 
y peligrosa en un mar alborotado, llegaron á Túnez. Alli, con grandes 
trabajos, angustias y gastos, rescataron 458 cautivos ; y como en aquel 
pais habia pestes, algunos murieron, otros enrermaron y se quedaron, 
y algunos para vivir con mas libertad ó ¿ sus vicios huyeron y se vol* 
vieron á los moros. Esto último causó gran pena á los PP. redentores 
por la pérdida de aquellas almas ; procuraron recoger los demás y 
se embarcaron para España. 

210. 

Redención en Túnez de 70 cautivos en el año 1516, 
la que pasó por Roma. 

Los trabajos y disgustos que pasaron los PP. redentores en la úl- 
tima redención, no desalentaron ni á ellos ni á la Orden que los tomó 
por propios ; sino que redoblando todos su zelo, quisieron compen- 
sar la pérdida que habian tenido con la defección ó mal compor- 
tamiento de algunos cautivos ; asi fué que, no perdonando diligen- 
cias ni fatigas, en poco mas de dos meses recogieron dinero para otra 
redención, y los mismos redentores P. Juan López y P. Arnaldo Ducb, 
llenos de consuelo por la milagrosa presteza con que se recogió el cau- 
dal , se embarcaron y pasaron otra vez á Túnez en el mismo año 4 51 6. 
Alli rescataron 70 pobres cautivos que costaron mucho dinero por ha- 



— 238 — 

bcr personas do calidad, entre ellos una mujer embarazada, y otra 
que parió un niño que los PP. redentores bautizaron. 

Partió de Túnez la redención, y tocaron de arribada en Trápani 
(Isla de Sicilia), donde fueron muy bien recibidos. La mayor parte de 
los cautivos eran italianos, por lo cual los PP. redentores determinaron 
ir á Boma, presentar la redención al Papa León X, y manifestar á la 
capital del mundo católico la excelencia de nuestro Instituto. Llegaron 
á Roma en el mes de julio, y obtenido el permiso fueron en solemne 
procesión á dar gracias á Dios en la gran Basilica de S. Pedro, y á be- 
sar el pié al Papa. 

Esta procesión comroavió toda la ciudad, y el pueblo romano cele- 
bró con ternura y gozo este triunfo de la candad. La nobleza romana 
asistió á ella interpolada con los cautivos, y al último venian los PP. 
redentores con el estandarte de la redención. Las calles y las ventanas 
estaban cuajadas de gente, que poseídas de piadoso entusiasmo, bende- 
cían al Dios de las misericordias, y alababan la caridad de los Hijos de 
la Merced. El Sumo Pontifice los recibió con paternal benevolencia, y 
el P. redentor López tomando la palabra manifestó el gran bien que 
resultaba en redimir á los pobres cautivos del poder de los infieles, por 
el gran peligro en que estaban de perder sus almas; y pidió al Papa 
gracias é indulgencias para los que con sus limosnas ayudasen á esta 
grande obra de caridad. 

Mucho se alegró el Santo Padre de ver una redención tan numerosa, 
les dio la bendición, y oyó con benignidad la petición del P. López; 
concedió lo que pedia, y confirmó todas las gracias y privilegios desús 
predecesores en favor de la redención, como consta en la extensa Bula 
que dióá 28 de julio del 1516. Recibida la bendición, se retiraron to- 
dos á descansar, aceptando para los cautivos la hospitalidad que se les 
había ofrecido en el hospital de la Trinidad de Peregrinos, donde fue- 
ron alojados algunos días y servidos por la nobleza romana. 

Esta escnrsion de la redención á Roma ó su tardanza, tenia inquie- 
tos á nuestro General y á toda la Orden en España, y todos se alegra- 
ron al saber que redentores y redimidos babian desembarcado en Va- 
lencia. Acudió alliN. Rmo. P. General Fr. Jaime Lorenzo de la Mata 
para verlos, y los valencianos se complacieron en manifestar su alegría, 



— 239 — 

recibiendo la redoncion en procesión solemne de todo el Clero y auto* 
ridades de la ciudad. Gomo gran parte de los cautivos habían quedado 
en Italia, por ser italianos, los restantes que llegaron á Valencia , fue- 
ron enviados á sus casas. 

211. 

RedencioD en Argel de 100 cautivos en el año 1517. 

Se posesionaron tanto del Mediterráneo los corsarios, berberiscos, 
que infundieron grande terror á las embarcaciones que surcaban sus 
aguas, porque muy á menudo las abordaban y se apoderaban de ellas. 
Un grito de justa indignación se oyó por toda España, y algunos poli- 
ticones mormuraron y censuraron la obra santa de la redención de 
cautivos, diciendo que el dinero que se empleaba en ella, engordaba y 
envalentonaba á los moros, y por lo tanto solo debía tratárselos á ba- 
lazos; y en lugar de ir allá los PP. redentores de la Merced, presen- 
tarse la escuadra bien pertrechada delante de Argel, intimando al 
Rey la entr^a de los cautivos, y si se resistiese obligársele á ello con 
balas y bombas. Poco costaba el decirlo, pero muchísimo el ejecu- 
tarlo; y los PP. Mercedarios, que sabían las dificultades que habia para 
ello, no dejaron de continuar la santa obra de su Instituto. ' 

Con todo, el gran monarca español, el emperador Carlos V, de- 
seando poner coto á la piratería y castigar á los argelinos, en el año 
4516 mandó á Argel á Diego de Vera, capitán de gran fama, con-ocho 
mil hombres bien pertrechados, los cuales desembarcaron y pusieron 
sitio á la ciudad, gobernando Horruc Barbaroja, corsario cruel y atre- 
vido. Pero en el día 3 setiembre del mismo afio, fuese por descuido 
de Vera, como algunos suponen, ó por desmán de los soldados, salió 
Barbaroja de la plaza, y se echó sobre los nuestros con tal Ímpetu, de- 
nuedo y algazara, que los sorprendió y desordenó ; y con muy poca 
pérdida, mató 3,000 soldados, hizo 400 prisioneros, cogió víveres, 
bagajes etc., y los restantes tuvieron que embarcarse á toda prisa. 

Orgullosos los moros con esta victoria, continuaron sus piraterías y 
aumentaron so mal trato á los pobres cautivos. A pesar de la exposi- 



-240- 

cion que había en acercarse á Argel, el P. Fr. Pedro Oribucla fué ele^ 
gido redentor en el año 4517 y pasó allá, y con la proleccion del cielo 
rescató 400 pobres cautivos, que salvos llevó á España, bendiciendo 
al Señor. 

i 

Redención en África de 109 cautivos en el ano 1517. 

Desvelado siempre el Rmo. P. Mtro. General Fr. Jaime Lorenzo de 
la Mata, para sacar de la esclavitud á tantos infelices que gemían eo 
ella, procuró limosnas para enviar redentores. 

Elegidos para este cargo el P. Fr. Antonio deCisneros por Castilla, 
y el P. Fr. Mateo de Córdoba, por Andalucia, pasaron al África afines 
del año 4517, y sacaron de Marruecos, Fez y otras partes 409 cauti- 
vos cristianos. Llenos de alegría redentores y redimidos, llegaron á Se- 
villa, y tomando parte toda la ciudad, se hizo con ellos una solemnlsi- 
tna procesión. 

213. 

Redención en Argel de 80 cautivos en el año 1518. 

En el año 4518 el Rey de España D. Carlos V, á pesar de la des- 
gracia de nuestras tropas dos años antes, dispuso que D. Hugo deMon* 
cada, Virey de Sicilia, pasase á Argel, con un buen número de 
tropas, bien disciplinadas y pertrechadas. Con facilidad desembarcó 
ce/ca de la ciudad de Argel. Detúvose seis ú ocho dias, por razones 
que parecieron convenientes ; pero el 24 agosto sopló un viento tan 
terrible, que estrelló en las costas 26 embarcaciones, se ahogaron 4000 
hombres, y fué un milagro el poderse salvar los otros. 

Sin arredrarles este contratiempo ni los fundados temores que ins- 
piraban los moros, los PP. redentores de la Merced no vacilaron an 
momento en pasar á Argel, porque sabian que alli habia cautivos, y la 
caridad los llamaba ¿ su socorro. Asi pues en el mismo año 4 54 8 el 



— 241 — 

P. Fr. Antonio de Torres y el P. Fr. Domingo Sanz, redentores por 
Aragón, Catalana y Valencia, se embarcaron^ y en Argel arrancaron 
de la esclavitud á 80 cautivos que llevaron á España. 

214. 

Redención en Argel de 104 cautivos en el año 1583. 

En el año 4 523 pasó ¿ Argel el P. Fr. Jaan de la Peña, redentor, y 
allí rescató 104 cautivos : asi lo dice el P. Vidondo en su E$pejOy y el 
Salario de N. Orden, página 23. No be encontrado roas pormenores. 

215. 

Redención en Argel de 600 caativos en el aOo 1SS4. 

En el año 1 524 eran tantos los infelices cristianos que gemían en 
la mas dura esclavitud en Argel, ya en las mazmorras cargados de ca- 
denas, ya en las calles y plazas desnudos y sin alimento, ya en los 
campos trabsyando, ya remando en las galeras, que para aliviarlos, 
nuestra Orden reunió las limosnas de todas las provincias, y envió á 
Argel los redentores P. M. Fr. Juan López y P. M. Fr. Gerónimo Pé- 
rez, quienes rompieron las cadenas de la esclavitud á 600 infelices 
cristianos, que regresaron á España, dando gracias á Dios y á la Or- 
den de la Merced. 

216. 

* Redención en Túnez de %3i cautivos en el año 1525. 

Tres hombres eminentes, cual mas sabio y distinguido, fueron ele* 
gfdos redentores en el Capitulo General celebrado en Zaragoza año 
4525, el P. M. Fr. Agustín Molinar, Comendador de Zaragoza, por 
Aragón, el P. M. Fr. Domingo Clavaria, Comendador de Gerona, por 
Cataluña, y el P. M. Fr. Gerónimo Pérez, Comendador de Valencia. 
34 



— 242- 

Era &\ año \ 525 Arlo santo, y los redentores debiendo pasar á Túnez, 
pidieron licencia para dirigirse primero á Roma á fin de ganare! 
santo jubileo. Alli fueron muy bien recibidos por ser hombres decios y 
eminentes. El P. M. Pérez era aquel gran doctor y catedrático de Va- 
lencia, de quien echaron mano los PP. Jesuitas para catedrático desa 
juventud„cuando se establecieron en España ; el P. Miro Claveria era 
doctor y catedrático de París, y confesor de la Reina de Navarra ; y el 
P. Miro. Molinar era un sabio y predicador de gran nombradla. Eh Ro- 
ma obtuvieron del Papa Clemente VII aquella famosa Bula, que tantas 
gracias concede á nuestra Orden, dada á 22 de setiembre de 4 525. 

Salieron de Roma los redentores y pasaron á Sicilia, y de alli a Tú- 
nez, donde, rescatados 234 cautivos, se embarcaron y arribaron á Trá- 
paní de Sicilia en junio de 4526, y pasando á Palermo tuvieron que 
entretenerse alli, y no llegaron á España hasta el año 4527, haciendo 
solemne entrada en Valencia el dia 48 de febrero, en cuya función pre- 
dicó el P. M. Pérez, redentor. 

*n. 

Redención en Argel de 80 cautivos en el afio 1526. 

En el año 4526 el P. Fr. Natal del Puig pasó á Argel y rescató 80 
cautivos. Asi lo afirma el P. Vidondo y el Bulario nuevo. 



'218. 



Redención en África de 160 cautivos en el ano 1527. 

El P. Fr. Juan de Santa Maria, maestro y doctor en teológia, cou 
el favor y autoridad del Duque de Monteleon, Virey de Sicilia, intro- 
dujo en aquella isla el recoger limosnas para la redención de cautivos, 
que algo costó en su principio ; pero la piedad y constancia de nuestro 
Instituto todo lo allanó. Un año solamente habia que se practicaba esta 
santa ol>ra, cuando partieron para África los PP. redentores Fr. Mar- 



— 243 — 

(in de Sandoval y Fr. Luis de Andrada, y de allí trajeron 460 cauti- 
vos, que acompañaron basta Sevilla. Efectuóse esta redención el año 
4327. 

219. 

Redención en Teluan de 139 cautivos en el año 1 532. 

La provincia de Castilla y Andalucía (que entonces era una sola) 
junio una copiosa limosna, y se determinó hacer con ella redención. 
Nombrados por redentores el P. Fr. Domingo de Alvarado y el Padre 
Fr. Miguel de Heredia, religiosos graves, doctos y de entera satisfac- 
ción, pasaron al África llenos de zelo y caridad para la gloria de Dios 
y bien del prójimo. En la ciudad de Tetuan, con los debidos seguros y 
resguardos, depositaron el caudal en poder de unos ricos mercaderes, 
y se entraron por los reinos de Fez y de Marruecos con grande riesgo 
de sus personas y vidas ; y alli encontraron muchos cautivos que lleva- 
ban largos años de cautiverio; pero tan encenegados en multitud de 
vicios que se les habian pegado de los mahometanos, que estaban en 
gran peligro de dejar la fe y con mucha indiferencia por su libertad. 

Bastante costó á los PP. redentores el convencerles de que se deja- 
ran rescatar para salir del lodazal de los vicios y llevar una vida cris- 
tiana : á este fin no perdonaron fatigas, ruegos, exhortaciones, idas y 
vueltas, y sobre todo lo pidieron á Dios con lágrimas y fervientes ora- 
ciones; y consiguieron sacar del poder de los infieles á 139 cautivos, 
pagándolos con dinero contante. Muy satisfechos los PP. redentores por 
haber puesto aquellos infelices en via de salvación, se los llevaron á Se- 
villa, donde fueron recibidos con trasportes de alegría, porque se sabia 
lo mucho que nuestros Religiosos habian padecido en esta jornada, y 
«lili se resolvió, para dar gracias a Dios por el beneficio de esta reden- 
ción, efectuar en dia festivo la procesión general de los cautivos, y que 
estos fuesen hospedados en casas ricas y poderosas, las cuales los reci- 
bieron muy gustosos y cada una vistió su cautivo pora el dia de la 
procesión que fué muy solemne, y después se les dio dinero para lle- 
*¿ar á su pueblo natal. Esto sucedió el año 1532. 



220. 

Redención en Argel de 109 cautivos en el aSo 1534. 

Después de la redención que acabo de describir, Aragón, Catala- 
na, Valencia y Francia juntaron muchas limosnas, y nombraron por 
redentores á Fr. Dionisio Semorense, francés de nación, maestro en 
teología y varón ejemplar, docto y de mucho crédito, y a Fr. Hateo 
de Boca, catalán y licenciado en derechos. Concluidos los preparativos, 
estos dos Padres pasaron á Argel, y arrancaron del poder de aquellos 
bárbaros a 4 09 pobres cristianos que gemian en la mas dura esclavitud, 
y vinieron con ellos á Tarragona. Hizose esta redención el año 4534. 

Contento el Rmo. P. General Fr. Benito Safont con esta redención, 
pensó en enviarla á sus expensas á Roma, para que el Papa Clemenle 
Vil la viera ; pero en aquellos dias osle Pa(ia pasó á mejor vida y el 
P. General desistió de su intento. 

221. 

Redención en Tanez de 44 caativos en el aQo 1534. 

Los señores del Consejo de Ordenes de Castilla, instados y movidos 
por el Dr. Ercilla, determinaron emplear el dinero que tenian recogi- 
do para ios cautivos, enviando á Túnez una persona de confianza para 
rescatar algunos, pues dicho señor deseaba contribuir á obra tan santa; 
pero primero le dijeron que él mismo la eligiese y á ella entregarían 
el dinero. El Dr. Ercilla llamó desde Madríd al P. Fr. Juan de Iribas, 
Comendador de nuestro convento de Tudela, quien salió luego (el 14 
junio de 4 533) para Madrid y esperó las instrucciones que debía seguir 
en el rescate que habia de hacer en Túnez. • 

Recibió de dicho Consejo mil ducados de oro para emplearlos en 
roercancias, todo á favor de los cautivos, con la condición que no habia 
de pagar mas de 70 ducados por cada uno, y al que tuviera propio ó 
de limosna alguna cantidad ^ se le ayudara hasta los 70 ducados. Que 



-245- 

los caaüvos redimidos con este dinero debían ser acompañados á 
tierra de cristianos, igualmente que los rescatados con el dinero del 
Dr. Ercilla. Que de todo debía dar al Consejo informaciones y tes* 
timonios. El Dr. Ercilla entregó al P. Iribas para el rescate de ciertos 
cautivos una letra de cambio sobre Genova de 480 ducados y á mas 
30 ducados de oro en dinero. 

Partió de Madrid el Padre redentor el dia 24 de junio, pasó á Tu-, 
déla á disponerse para el viaje, y con una muía y un criado tomó el 
camino de Genova; pero la muía se le murió en Vfllarranca de Niza y á 
primeros de octubre llegó á dicha ciudad de Genova. Cobró su letra, y 
empleó el dinero en paños, bonetes ó gorros griegos, papel común, co- 
ral, etc. Preparado todo, le cosió mucho hallar embarcación, y en di- 
ciembre concertó su flete en un galeón para Túnez, donde llegó el 45 
de febrero de 4534, y estuvo alli tratando y padeciendo para rescatar 
sus cautivos hasta el 9 de diciembre del mismo año que salió para tier- 
ra de cristianos : bien que á 20 de abril habia ya rescatado 44 cauti- 
vos, esto es, 34 á cuenta del Consejo de Ordenes, 2 con lo que dio el 
Dr. Ercilla, y 8 que se los pagó los derechos de Aduana, etc. 

Como los moros, enemigos de nuestra santa fe, no guardan palabra 
ni ley, sino en lo que les favorece, esto causó tribulaciones y disgustos 
al P. redentor. Sucedió que entre los rescatados habia un muchacho 
de unos doce años de edad llamado Valentín, natural do Policastro en 
Calabria, y de año y medio de oauliverio, para cuyo rescate se tuvo 
que dar 56 escudos. Al dia siguiente, que era Domingo de Ramos, los 
moros promovieron cierto alboroto ó tumulto, diciendo que Valentín 
habia abrazado el mahonoetismo, y con el consentimiento del papaz 
mayor de los moros se presentaron delante del Alfondigo de los geno- 
veses en ademan hostil, y alli injuriaron y ultrajaron al P. redentor, 
queriendo quitarle el muchacho. Viendo el Padre la injusticia, sinra- 
zón y desafuero, no permitió que se lo llevasen; sino que lo tomó por 
la niano y se presentó al papaz mayor, manifestándole la carta dccom» 
pra en la Aljama de los moros, auténtica y certiñeada en la debida for- 
ma por los dos testigos. El pobre Valentín lloraba y levantaba la voz, 
diciendo en tunecino, que era cristiano, y si le obligaban á hacerse mo- 
ro, él mismo so malaria para no sufrir tan grande afrenta. 



— 246 — 

Ciego el papaz, á pesar de haber visto la carta de compra, y oído 
las protestas del mismo Valentín, quitó al redentor el machacbo, pro- 
nunciando con toda malicia é injusticia sentencia á favor de los turcos. 
El Padre, lleno de pesar y sentimiento, se opuso con todas sus fuerzas 
á la sentencia, invocó los tratados: mas todo en vano, pues no vio mas 
al pobre Valentín, ni pudo cobrar los 56 escudos de su rescate. No cejó 
en la demanda, contra el parecer de muchos cristianos que temían al- 
gún mal resultado, hasta que vio que era del todo inútil ; y un buen 
mercader genovés, llamado Vicente Lecario, que lomó é insistió en la 
defensa ó demanda del muchacho, le insultaron, aporrearon y maltra- 
taron, haciendo lo mismo con el P. redentor, y hasta quisieron encer- 
rarle en una mazmorra. En 6n, viendo que no había medio alguno 
para recobrar el muchacho, el Padre, bien á pesar suyo, se contentó 
con hacer tomar auto por el Notario en el Alfondigo de los genovescs 
para su resguardo á los 4 de mayo de 4,534. 

No fué esta la última tribulación del P. redentor. Un dia antes de 
hacerse á la vela la nave,»el aduanero, que era un judio llamado Ra- 
biayn, sin tratar ni concertar, y contra la voluntad del P.Juan, reden- 
tor, envió á la nave un hombre enfermo, diciendo que era un cautivo 
de un señor de la casa del Rey, y por mas que el Padre protestara de 
la violencia, y.que no tenia dinero, se le hizo pagar 30 escudos de oro, 
y otros 6 para el alcaide del castillo'. 

Aun mas : estando preparando la goleta para salir, llegó á ella el 
secretario del Bey de Túnez, é instó y obligó al P. redentor á que le 
rescatase un cautivo italiano llamado César del Monte Santo, de 30 años 
de edad y tres de cautiverio, por 30 escudos, los cuales á pesar suyo 
hubo de pagar el redentor, y otra cantidad por. una mujer que cuatro 
años hacia estaba cautiva ; pero todo esto fué nada por lo que después 
sucedió. Estaba á punto de hacerse á la vela el dia 8 de mayo la go- 
leta llamada Magdalena, vizcaína, su patrón Martin de Badia, y fletada 
por Jofre Bens, mercader, con pacto de llevar a los redimidos y al Pa- 
dre redentor á tierra de cristianos, pagando dos escudos por persona ; 
y teniendo precisión el P. redentor de saltar en tierra, porque debia 
hablar con el Rey para tratar del rescate de un caballero Comenda- 
dor de San Juan de Rodas que el mismo Rey tenia en su castillo, y 



-247- 

cstaba encargado de ello el citado Jofre Bens. Convinieron el Padre y 
el patrón y marineros que ellos se esperarían un día mas, y él lesdaria 
60 escudos por el caballero y otros dos señores que debían también 
embarcarse. Pero el patrón y marineros faltando á su palabra, aquella 
misma noche se hicieron á la vela, y el redentor y los dos señores que- 
daron burlados, lo que ocasionó un gran pesar al Padre por los gastos 
y daños que le sobrevenían. La nave tomó puertO'Cn Ñapóles ; desem- 
barcaron los 44 cautivos, y presentados al Yirey para que les diese li- 
bertad de irse á sus casas, como se lo había prometido el P. redentor, 
se la concedió. 

Hasta el 9 de diciembre no pudieron embarcarse el Padre y los dos 
señores, y habiendo hecho legalizar todas sus escrituras en Sicilia, se 
dirigió á Ñapóles, donde llegó en el mes de marzo de 4535. Yióse alli 
con el Yirey y con el mercader Bens que habia fletado la nave, y como 
solo le habia entregado catorce escudos, le satisGzo lo restante, y tomó 
información de todo ; embarcándose en seguida para Barcelona, de 
donde se dirigió á Tudela, y habiendo descansado algunos días, pasó 
á Madrid en el mes de julio del mismo año para dar razón de todo ; y 
aprobadas que tuvo sus cuentas por el Consejo de Ordenes, se retiró 
á su convento de Tudela . 

222. 

Redención en Argel de 330 cautivos en el año 1537. 

En el año 4537 los PP. redentores de la Merced franceses, y á su 
frente el R. P. M. Fr. Juan de San Juan, natural de Narbona y Gomen- 
dador del convento de la misma ciudad, pasaron á Argel, y redimie- 
roo 330 pobres cautivos, que llevaron á Francia en dos viajes. 



— 2i8 - 



223. 



RedeocioD en Argel de 66 caatívos en el a8o 1531. 

En d Capitulo General celebrado en Zaragoza á 3 de jaaio de 4536, 
fueron nombrados redentores el P. M. Fr. Juan Calvo, el P. M. Fray 
Juan Mala y el P. M. Fr. Juan Sanz, Comendador del Puig ; reunié- 
ronse en Barcelona, se hicieron á la vela el día 26 de junio de 4537 
y tomaron tierra en el puerto de Argel el día 4 / de julio. 

Gobernaba aquella regencia Azan-Bey-AHosamagar, y sea por íd- 
terés ó por política, recibió muy corlesmente á los PP. redentores, 
quienes aprovechando la favorable acc^ida, abrieron el trato para los 
cautivos, y en pocos dias lo concluyeron, redimiendo 66 esclavos, en- 
tre ello^ dos de cuenta, un s^ñor de Barcelona y una señora de Denia. 
El día 4 ,"* de agosto se embarcaron, el 6 llegaron á Denia y el 20 des- 
embarcaron en Valencia, donde fueron calurosamente recibidos, y de 
alli se dirigieron á sus hogares. 

224. 

RedendOD en África de 89 cautivos en el ano 1539. 

En vista de las tristes noticias que llegaban á España sobre lo mu- 
cho que padecían los infelices cautivos en Argel donde las mazmorras 
estaban llenas de ellos, el P. Fr. García de Meneses, redentor por Cas- 
tilla, fué designado para pasar allá á redimir; pero al punto de embar- 
carse supo que en el reino de FezyTetuan habia muchos cautivos des- 
esperados y casi resueltos á apostatar viéndose sin esperanza de ali- 
vio ó rescate, no pudiendo resistir mas los tormentos ó malos tratos 
que recibian de sus patrones, los cuales para forzarles á cometer tal 
crimen, les hacian morir de hambre y á la violencia de los golpes. 

Tan triste relato obligó al P. redentor á cambiar de dirección, y con 
el temor de no llegar á tiempo, no oyendo mas que la voz de la com- 
pasión, se melió en el primer barco que salió para África. Llegó feliz- 



— 249- 

mcnte y á tiempo á Tetuan para rescatar 35 cautivos, que abarridos y 
desconsolados estaban luchando y á punto de renegar. 

De alli pasó n Fez, dohde encontró 54 infelices que estaban en la 
misma desesperación y peligro. El P. redentor los abraza á todos, los 
consuela, enjuga slis lágrimas, y después de haberles excitado á dolor 
y arrepentimiento de su mala resolución, afeándoles tan enorme peca- 
do, los rescata, y haciéndoles embarcar los condujo á España con los 
otros, contentos todos 89, y publicando la gran caridad y ardiente zelo 
de los Padres Hercedarios. Hizóse este rescate el año 4539. 

225. 

Redención en Argel de 88 cautivos en el afio 1539. 

En el año 1539 el P. Fr. Dionisio Bertrán, redentor por Aragón y 
por Francia, pasó á Argel y dio libertad á 88 cautivos. (Bular, de la 
Ordm.J 

226. 

ftedcDcion en Marruecos de 1S6 cautivos en el año 1S48. 

Lo6 Padres Fr. Gabriel de Andrade y Fr. Isidro de Sevilla, nom- 
brados redentores por la provincia de Castilla, en el año 4543 entra- 
ron por Tetuan y eh los reinos de Fez y Marrodh art*ancaron del po- 
der mahometano á 426 cautivos, sufriendo grandes trabajos y afren- 
tas ; peto con el auxilio del Señor escaparon de mil peligros, y salien- 
do del puerto de Tetuan, llegaron salvos á Sevilla con los redimidos. 

227. 

Hédencton en Argel de Ü cautivos en el año 1545. 

« 

A los 4 8 de octubre del año 4 Si 4 celebróse Capitulo General en 
Valencia, y fueron nombrados redentores el P. Pr. Miguel Puig, Prior 
de Barcelona, el P. Fr. Agustin del Molinar, Comendador de Zaragoza, 
32 



— 230 — 

el P. Fr.Pcdro DimasSans, Comendador del Puíg, y el P.Fr.Fortunio 
de Esparza, Comendador de Pamplona. Estos Padres pXiblicaron la re- 
dención , cada uno en su distrito, colectaron cuanto pudieron . y á 
úkiraos de mayo de 1545 se reunieron en Valencia. Alli, preparado 
lo necesario, se embarcaron para Argel con tanta diligencia y viento 
favorable, que en breve llegaron á aquel puerto, y rescataron 53 cau> 
livos. Supieron tan bien negociar y evacuar su cometido, que á los 46 
de julio del mismo año ya desembarcaron en Valencia. 

Entre to3 cautivos redimidos habia un Religioso de nuestra Orden 
llamado Fr. Leonardo, y muchos niños y mujeres que estaban en gran 
peligro de perderse. Descansaron cinco dias en Valencia, y marcharon 
para sus tierras acompañados de los PP. redentores, siendo recibidos 
en todas partes con la mayor caridad y entusiasmo. 

228. 

RedencioD en África dé 88 cautivos en el año 1546. 

En el año 1546 fueron nombrados redentores el R. P. Fr. Pedro 
Segura, español, Vicario General de Italia, y el R. P. Fr. Juan Pablo 
Voltagio, Prior del convento de Palermo. Salieron de esle puerto, pa- 
saron al África, y alli padecieron increibles trabajos y grandes riesgos 
de la vida ; porque los moros aborrecían al emperador Carlos V, á so 
hijo Felipe II y á toda la cristiandad por las grandes victorias que el 
invicto emperador habia reportado sobre ellos ; asi fué que se apode- 
raron de los PP. redentores, les quitaron cuanto llevaban, encerrán- 
doles en dura cárcel sin comunicación por muchos dias. 

Dios, que vela por los suyos, les favoreció. Hubo un cambio de 
gobierno entre los moros, y el nuevo Gobernador, mas humano para 
nuestros redentores, mandó sacarles de la cárcel, y que se les restitu- 
yeran los bienes de la redención que se les habían quitado. Los Padres 
redentores aprovecharon el tiempo, abrieron el rescate, y con lo que 
recobraron, redimieron 88 cautivos que llevaron á la ciudad de Paler- 
mo, donde fueron recibidos en solemne procesión con grandes demos- 
traciones de alegría. 



— 251 — 
229. 

Redención en Túnez de 10 cautivos en el año 1 546. 

El P. Fr. Francíéco Roig, maeslro en arles, Comendador do Ma- 
llorca y varón muy docto y ejemplar, en el año 1346 lleno de zelo y 
caridad reunió una pequeña caniidad, y pasó á Túnez, donde rescató 
8 hombres y 2 mujeres, que restituyó á sus familias. 

230. 

Redención en África de muchos cautivos en el año 1547. 

El R. P. Mtro Fr. Francisco de Cuevas, Comendador de Vallado- 
lid, y el R. P. Fr. Juan de Lubia, Comendador de Segovia, redentores 
por Castilla, en el año 4547 entraron en África por Tetuan, y en el 
reino de Fez redimieron con mucho trabajo buen número de cautivos. 

231. 

Redención en Argel do 51 cautivos en el aQo 1550, y en ella 

fué apaleado un redentor. 

El P. M. Fr. Juan Calvo, varón eminente en las lenguas hebrea, 
griega y latina, y en todo género de letras, fué nombrado redentor por 
1 1 provincia de Castilla y Navarra, y le dieron por compañero al Pa- 
dre Fr. Alonso Tabela, portugués, los cuales pasaron á Argel en el año 
looO, y redimieron 52 cautivo^, los mas de ellos niños y mujeres que 
estaban en gran peligro de apostatar de la fe. Se halló próxima á per- 
derse la redención y los PP. redentores ; porque oyendo un dia el Pa- 
dre Mtro. Calvo á un morabuto que blasfemaba de Jesucristo, salió á la 
defensa con ánimo intrépido, y adelantó algunas razones eficacísimas 
contra el falso profeta. Lleváronle al consejo ó aduana, maltratándole 
de palabra y obra, y allí le sentenciaron á morir quemado. Conforma- 



— asi- 
do estaba ya el redentor ; pero entre aquellos bárbaros del consejo no 
faltó quien dijera que el reo había sido provocado y que se le conmo- 
tase la pena en palos. Ejecutóse esta sentencia, y poco falló que el pa- 
ciente no muriera en aquel tormento ; pero quiso Dios conservarle la 
vida para que trajera sus redimidos á España. 

232. 

RedeociOQ en Argel de 144 caotivos en el aSo 1581. 

En el año 4551 el R. P. Fr. Gerónimo Bastan, navarro, pasó á Ar- 
gel, y dio libertad á 444 infelices cautivos. (Bular. 24.) 

233. 

Bedeocion en Argol de 73 cautivos en el aBo IKSS. 

En el año 4 555 fueron nombrados redentores el R. P. H. Fr. Ifatias 
Papiol, conventual de Barcelona, que después fué elegido Mtro. Gene- 
ral, y el R. P. Fr. Miguel de Echarri, Comendador de Galatayud, quie- 
nes pasaron á Argel en aquel mismo año, y rescataron 73 cautivos 
que contentos y alegres condujeron á España. A su libada, el P. For- 
tunio de Esparza, Comendador de Pamplona, á fin de reunir limosnas 
para rqmper las cadenas á los muchos infelices que habian quedado 
llorando su esclavitud en Argel, sacó licencia de la Princesa D.* Jaana 
y del Diocesano, y recorrió Cataluña, Aragón, Valencia y Nav£(rra con 
los cautivos, predicando y recogiendo limosnas. 

234. 

Bedeacion en Argel de 474 cautivos en el aña 15S7, 

En el generalato del Rmo. P. Fr. Víguel Puig se hizo wa reden- 
ción tan numerosa, que fué celebrada y aplaudida por Europa entera. 
Este P. General escribió á todos los Provinciales, excitando su zelo á fa- 



vor de la santa obra de la redención, y todas las provincias secandaron 
los buenos deseos de la cabeza de la Orden, recogiendo limosnas y 
nombrando redentores, empezando por la de Castilla que dio buenas 
sumas recibidas de América, y designó por redentor al venerable Pa- 
dre M. Fr. Antonio Martinez que babia sido destinado anteriormente 
para este cargo. El P. M. Fr. Fortunio Esparza fué nombrado por Ara- 
gón, el P. M. Fr. Matías Papiol por Cataluña, y el tan celebrado Padre 
M. Penchonata por Francia. 

Eslosí cuatro PP. redentores en el año 4557 pasaron á Argel, y re- 
dimieron 474 cautivos. Fué de grande alegrta el dia que esta numero- 
sa redención llegó á Espa&a. L^ noticia voló por todo el reino y fuera 
de él. El Papa Pablo IV tuvo gran satisfacción al saberlo, y luego con- 
firmó todas las gracias, privilegios é indulgencias de la redención. 

■ 

235. 

Kedenoion en Argel de 500 cautivos en el año 1560. 

El R. P. M. Fr. Gaspar de Torres, Provincial de Castilla, ocupado 
siempre en bien de la Orden, y en particular en el cumplimiento de 
nuestro coarto voto, no contento con las redenciones ordinarias que 
hacian las provincias de Castilla y de Andalucía, juntó 40,000 duca- 
dos y mandó pasar á Argel , al P. Antonio Martinez , Comendador de 
Cazorla, y al santo Fr. Juan de Yailejo. 

Este varón, insigne en santidad, nació en el valle de Mena el aña 
1543. En casa de sus padres fué un inocente, en la Religión un santo, 
y siempre y en todas partes un ejemplar de santidad ; pues dado á la 
oración y á la penitencia, abrazó y practicó todas las virtudes. Era 
retirado, silencioso, humilde, fervoroso, casto, pobre, obediente, rígi- 
do para si y compasivo para los otros, y tan desprendido de la tierra, 
que parecía un ángel : predijo la hora de su mqerte, acaecida en Valla- 
dolid el año 1 592 ) pidió antes los santos Sacramentos y las oraciones 
de la comunidad, y entregó su alma al Criador, quedando su cuerpo* 
despidiendo un olor suavísimo, é incorrupto por largos años. 

Este Religioso tan santo , cuya vida tan llena de virtudes ocu- 



— 254 — 

pa muchas páginas en nuestras historias de la Merceil , Tué nombrado 
redentor y dado por compañero al P. Fr. Antonio Martínez, como 
dejamos ya dicho mas arriba, y lo resolvieron asi ios Prelados por- 
que conocieron que. seria una gran salisfaccion para el P. Fr. Va- 
lleijo el pasar al África, y grande el fruto que de ello reportarían los 
atribulados y afligidos cautivos. 

Dispueslo todo lo de la redención por el P. Martínez, hombre muy 
virtuoso é inteligente, á primeros de setiembre del año 4560 se em- 
barcaron en Valencia, y tomaron tierra en Argel. Una vez desembar- 
cado el siervo de Dios Fr. Juan, no cesó de dia y de noche en acudir 
al consuelo de los pobres cautivos. Enseñar, predicar, confesar y ad- 
ministrar los Sacramentos era su continua ocupación. A unos repren- 
día sus feos vicios, á otros animaba su abatimiento ; á cuantos podía, 
socorría, ya con dinero, ya cubriendo su desnudez con sus propios há- 
bitos, ya librándoles de los castigos ofreciéndose á padecer por ellos; 
en una palabra, no babia dia, hora ni momento que no se ocupara en 
obras de caridad ; asi es, que se ganó hasta la estima de los moros, 
pues estos (cosa nunca vista con los Frailes ))al encontrarle por la ca- 
lle, le hacían reverencia , y exclamaban : Este es muy amigo de Dios; 
y si alguna vez encendido en amor de Dios y bien de las almas les pre- 
dicaba, se quejaban de que se excediera de los limites del salvoconduc- 
to, y decían que si nd callaba le perderían el respeto, y tal vez le cos- 
taría la vida. Sabido esto por el P.- Antonio Martínez,, le mandó; en 
virtud de santa obediencia, que no predicase ni disputase mascón los 
moros. Sintióle en el alma Fr. Juan, porque no deseaba otra cosa si- 
no dar la vida por la fe de Jesucristo ; pero como era tan obediente, 
calló, y cuando pasaba cerca de los moros, lloraba y suspiraba y de- 
cía : «Dios tenga piedad de vosotros ; Dios os dé luz ; Dios os convier- 
ta.» No pocas veces al ver maltratar á los cautivos, volvía por ellos, y 
esto le reportaba algunas puñadas y palos que le daban los renegados 
amos de los cautivos^, pero él lo sofría todo por amor de Dios, y con- 
solaba y animaba á los cautivos. 

Mientras que el P. Yallejo se ocupaba en obras de caridad con los 
cautivos, el P. Martínez, trataba la redención de ellos, y con muchos 
pasos, penas y trabajos y 40,000 ducados que llevaban, sacaron del 



— 255 — 

poder de aquellos bárbaros SOO cautivos. Embarcados estos, no costó 
poco hacer salir de Argel al P. YallejO) porque como los renegados le 
habían cobrado odio, se temía no le quitarah la vida, al paso que- al- 
gunos moros mas considerados y tratables que le tenían amor, desea- 
ban retenerlo ; pero finalmente el P. Vallejo siempre obediente se em- 
barcó, llegó á España con los cautivos sano y salvo, para continuar su 
vida santa y ejemplar en Yalladolid, donde murió. 

236. 

Redención en Argel de 421 cautivos en el año 1562. 

Habíase convocado Capitulo General para el 4 O de setiembre del 
año 4559 en Barcelona^ pero no pudo celebrarse por falta de vocales 
á causa de la peste; y el Rmo. Mtro. General solo propuso y pidió á 
los que comparecieron, consentimiento para nombrar redentores, pues 
que babia necesidad de ello, y fueron nombrados el P. M. Fr. Matías 
Papiol, Secretario General, y el P. Fr. Fortunio de Esparza, Comen- 
dador de Pamplona. Estos Padres pasaron á Castilla para tralar de ha- 
cer la redención juntos con los de aquella provincia ; pero esta no tuvo 
efecto hasta el año 4562, siendo redentores el dicho P. M. Papiol, el 
P. Fr. Antonio Martínez y el venerable anciano P. Fr. Luis Charry. 

Embarcáronse estos Padres para Argel, y allí redimieron 427 cau- 
tivos, entre ellos cuatro Religiosas de la Orden de S. Francisco. Estas 
esposas de Jesucristo habíanse embarcado para Cagliari ó Caller en 
Cerdeña-á fin de reformar un convento de su Orden. En alta mar los 
moros piratas abordaron su nave, las cautivaron y llevaron á Argel, 
Jlenas de lágrimas y amargura. La modestia y virtud de estas vírge- 
nes llamó la atención y el aprecio de los moros, por manera que costó 
machos pasos, empeños y dinero á nuestros PP. redentores para ar- 
rancarlas de aquellos bárbaros, tenaces en su avaricia. En fin los PP. 
redentores pudieron conseguirlo, y aquellas cuatro pbbrecitas al verse 
libres, no cesaban de dar gracias á Dios y á la Orden de la Merced. 



— 256 — 



237. 



£q varias redencioDes del afio 15611 al 1567 se rescalaron 755 cautivos, 

y faeron martirizados dos redentores. 

Desde el año \ 562 al de \ 567 que maríó el Rmo. P. Miro. Géberal 
Fr. Miguel Puig, en cumplimiento de nuestro Instituto, se hicieron al- 
gunas redenciones, en las que rompieron las cadenas de la esclavitud 
á 755 cautivos, y dos redentores dieron la vida por la fe do Jesucristo, 
muriendo martirizados en manos de los moros. 

No puedo dar mas detalles, pues son los únicos que he encontrado 
en nuestras historias. (BuL pag. 24). 

238. 

Redencidn eú Argel de 180 cautivos en el afio 1567. 

En el año 4567 el P. M. Fr. Fortunio de Esparza, redentor por la 
provincia de Aragón, y el P. Fr. Vicente Malla sacaron de Argel 180 
cautivos que desembarcaron en Valencia. 

239. 

RedeÉóíóD en Argel de 860 caulivoá en el afio 1573. 

El P. M. Fr. Rodrigo de Arze, catedrático en Toledo, gran teól(^ 
y eminente predicador, fué un Religioso muy docto y ejemplar y uno 
de los mas célebres que ha tenido nuestra Orden. Predicando Itf Cua- 
resma en Valladolrd, y habiéndole oido toda la noblezd de la ciudad, 
con gusto y admiración, llegó allí un gran señor de España, entrada 
ya la Semana Santa. Convidaron á este principe á oir al P. Arze en d 
sermón del Mandato; admirado de tal gracia y elocuencia, le pidió qoe 
predicase el Sábado Santo sobre la descensión de Cristo nuestro señor 
al Limbo. Aunque muy cansado, no pudo excusarse el P. M. Arze. 



— 257 — 

Predicó, y dijo tanto del trabajo del cautiverio y grandezas de la obra 
del rescate, que el principe le dio una libranza de mil ducados para 
ayuda de la redención que entonces estaba publicada. 

Nombrado redentor por Andalucía el P. Arze, en el año 4573 pasó 
á Argel con el Vener. P. Fr. Luis de Matienzo, anciano de gran virtud. 
Tuvo el Maestro Arze en África grande autoridad y estimación por sus 
' muchas cualidades, no solo entre los cautivos, de quienes era verda- 
dero padre, defensor y consuelo ; sino entre las autoridades de aquel 
inhospitalario pais. La amislad y cabida que tenia el Maestro Arze con 
los Alcaldes, Bajaes y Ylreyes del gran turco, dispertó en algunos mal 
intencionados, particularmente en los que tenían trato de cautivos, tal 
odio y envidia que le aborrecieron de muerte. 

Falleció Bocazan, Yirey de Argel, con quien el Mtro. Arze tenia 
amistad, y sucedióle en el Vireinato Anet-Caratali, quien trajo consi- 
go un hijo de* 20 años muy travieso. Este fué muerto en una contienda, 
y recayeron sospechas, como matador, sobre un joven muy bien visto 
de todos, sobrino del Virey difunto, y que llevaba el mismo nombre. 
Le pusieron preso en dura cárcel ; pero por mas cerrada que fuese su 
entrada no lo fué para el Maestro Arze, quien le visitaba frecuentemen- 
te como amigo que habia sido de su tío , y en pocos dias le dispuso el 
ánimo para hacerse cristiano; le catequizó y bautizó, dándole el nom- 
bre del apóstol Santiago. Todo esto pasó en secreto ; solo lo supo un 
moro que le servia en la prisión, quien también se bauíizó y llamó 
Juan. Trataron pues los dos recien convertidos de su remedio y liber- 
tad, y proporcionándoles ocasión, se escaparon juntos. Al saberlo el 
Yirey, padre del muerto, se enfureció, y mandó practicar grandes di- 
ligencias para hallarlos. Esto proporcionó favorable ocasión á los ému- 
los del P. Arze, para desahogar su envidia, diciendo que con sus en- 
tradas y salidas de la cárcel habia favorecido la huida á los dos, y le 
acumularon hechos y calumnias, todo para perderle. El Yirey mandó 
encerrarle en una cárcel, y lo tuvo muy apretado hasta que á los pocos 
días sef supo habian cogido al nuevo cristiano llamado Juan, á quien 
trajeron á Argel, y dándole tormento, declaró que él y su amo eran 
los autores dé su huida de la prisión, sin intervención ni parte de otra 
persona. Salió de la cárcel el P. Arze, y á posar de su inocencia y de 
33 



— 258 — 

lo roucbo que habia padecido síd culpa, se le ¡nlimó saliera luego de 
Argel, y que no volviese bajo pena de muerte. 

Fué un milagro que esta redención no se perdiera ó malograra; 
pero por fortuna este redentor habia ya enviado á España los 560 
cautivos que habia redimido con su compañero, y asi se salvó. 

240. 

Redención en África de 102 cautivos en el año 1S73. 

En el año 1o73, mientras que nuestros Padres redentores de Cas- 
tilla y Andalucía, arrostrando duros trabajos y angustias, daban liber- 
tad á los infelices cautivos de África, los Padres redentores de la pro- 
vincia de Aragón rescataron del poder de los infieles 402 cautivos. 

241. 

« 

Redención en África de ISO cautivos en el ano 1575. 

Como el P. M. Rodrigo de Arze era tan excelente predicador, mo- 
via en gran manera los ánimos de los oyentes con la eficacia de sus ra- 
zones, ponderando las necesidades, penas y trabajos que padecían 
los pobres cautivos : así eaque recogia abundantes limosnas, y no so- 
segando su corazón compasivo, emprendió otra redención. Se le dio 
por compañero al P. Fr. Antonio de Valdepeñas, redentor por Castilla, 
y en el año 4 575 rescataron 1 50 cautivos. 



242. 



Redención en Argel de 119 cautivos en el aiio 1577 , y quédase en rehenes 

el P. Fr. Jorge del Olivar, redentor. 

* 

En el año 1376 fueron nombrados redentores el R. P. M. Fr. Jor- 
ge del Olivar, Religioso de mucha virtud y letras, Comendador de Va- 
lencia, y el R. P. Fr. Jorge Orgay, Comendador de Pamplona y De6- 



— 259 — 

nidor por Navarra ; y desde so nombramiento desearon con fervor se 
les ofreciera ocasión de poder ocuparse en tan santo y caritativo o6cio. 
Mandó el Rmo. Maldonado se dispusiera la redención con toda di- 
ligencia, porque el número y necesidad de los cautivos de Argel no 
permitían dilación. Y asi el dia 30 de marzo del año inmediato de 1 577 
se embarcaron los dichos Padres redentores junto con el P. Fr. Geróni- 
mo Anlicb, Comendador de Mallorca. Hiciéronse á la vela en la playa 
de Valencia, y k pocas jornadas quiso el Señor probasen el pan de la 
tribvilacion. Dieron en vista de unas goletas de corsarios de Bugia, que 
como roas poderosas apresaron lá embarcación en que iban los Padres 
redentores, y se apoderaron del dinero y gente. Pero confiando en el 
Señor el P. Fr. Jorge, les presentó el salvoconducto que llevaba de Ar- 
gel, á lo que respondieron los piratas que no eran de la jurisdicción de 
aquel Rey, y que por lo tanto no estaban obligados á guardarle fideli- 
dad. No obstante, fué tal la eficacia de las razones que el Señor puso 
en boca de este su siervo, que, dándoles algunos víveres y cantidad 
de vino junto con algunas hatajas de precio que presentaron al Arráez, 
los dejó libres y pudieron proseguir su camino. 

Aportaron á Argel, en donde quiso el Señor probar la confianza y 
paciencia de los Padres redentores y el fervoroso celo del P. Fr. Jorge 
del Olivar. Rabian apresado los moros por aquellos dias á muchos 
cristianos en las costas de Valencia y Cataluña, y entre ellos un gran 
siervo de Dios, Religioso del Orden de Montesa, llamado Fr. Miguel de 
Aranda. A este compró un morisco de Sargel,' lugar vecino á dicha 
ciudad, llamado Caxeta, que con un hermano suyo llamado Alicax se 
babian huido deTaleocia, de donde eran naturales y vasallos del Con- 
de de Oliva. Habían por entonces apresado las galeras de España una 
goleta, con la que Alicax infestaba las costas de Valencia, y por nota- 
bles daños, insultos y maldades que hacia, lo tenian en la cárcel. El 
morisco Caxeta compró á Fr. Miguel, con ánimo de libertar á su her* 
mano; pues que siendo aquel' Religioso valenciano y de buena casa, 
parecióle tendría bastante con él para el rescate de Alicax. Al saber 
Fr. Miguel la llegada de los Padres redentores, escribió al M. Fr. Jorge, á 
qaicn yaen Valencia conocia, representándole sus trabajos: respondiólo 
cslet que se concertase con su patrón y él pagaría su rescate. Mas co- 



— 260 — 

roo el moro lo quería para rescatar su hermano, no pudo conscguirb; 
antes bien habiendo llegado noticia cierta que en Valencia habían muer- 
to á Álicax, fué tanta la rabia del morisco Caieta,quc después de haber 
maltratado al santo Religioso, lo llevó á Argel, y juntando gran chus- 
ma de moros, fueron al Rey, diciéndole que' habiendo los cristianos de 
Valencia quemado á su hermano, no cumpliría él con menos, para lo- 
mar justa satisfacción, que hacer lo mismo con aquel Papaz, que era 
también de Valencia ; y esto lo pidierpn con tanta viveza y empeño, 
que el Rey no se atrevió á contradecirles. Aqui fueron los trabajos del 
P. Fr. Jorge, que con muchas razones procuraba aquietar aquel tu- 
multo, y persuadir al Rey no. diese lugar á tal crueldad, que no habia 
de ser bien vista entre las gentes ni ganaría nada su crédito entre los 
cristianos ; pero el Rey le respondió que él no podía detener aquel tu- 
multo. Se prepararon, pues, los moros para satisfacer su deseo, á cual 
fin lo llevaron á la marina para darle tormento. Confortóle el P. Fr. 
Joi^c, alentándole á padecer por Cristo y envidiándole su feliz suertede 
morir por tal Señor. Atáronleá un palo, encendieron la leña, y arroján- 
dole con furia muchas piedras, pasó de esta vida á la eterna con la 
gloria del martirio, el sábado 48 de mayo de 4577. 

No fué poco lo que padecieron en esta tribulación los Padres reden- 
tores, asi por las injurias, malos tratos y baldones que los moros les 
decían, como por las amenazas de aquella bárbara gente, irritada 
contra los españoles especialmente, por haber castigado al moro Ali- 
cax por los crímenes que habia cometido; pero lo suportaron con 
grande resignación, prudencia y sufrimiento. 

Cuando se hubo sosegado esta turbación, comenzaron los Padres 
redentores á tratar del negocio del rescate, comprando 442 cautivos, 
entre ellos muchos de gran coste, como D. Miguel de Villanueva, canó- 
nigo de la santa Iglesia de Valencia, D. Juan de Lanuza, hijo del ilus- 
trisimo Señor Justicia de Aragón, y D. Sebastian Aris, ambos caballe- 
ros del hábito de S. Juan. 

. Pagados los precios y puertas de los cautivos, con todas las demás 
imposiciones del Duan, juzgaron los Padres redentores se les habian 
acabado los trabajos, y gozosos disponían su vuelta, cuando el Señor 
\es envió nueva tribulación. Habian aquellos dias depuesto el Rey que 



— 264 — 

• 

tenían los de Argel, y nombrado otro llamado Assan Bassa. A este se 
llegaron con grande alarido muchos tarcos y moros, presentándole una 
súplica y qperella del tenor siguiente : 

«IIustrisimoRey ; felicisimo y aforlunadisimo sea en esta ciudad 
de Argel tu ingreso, y tan dichoso como ha sidp alegre y deseado.» 

a En Dios y en nuestro santo ProTeta confiamos, que el Altísimo 
iluminará tu corazón y te dará sabiduría, para que nuestra santa ley 
pisada y de los cristianos despreciada, la defiendas con todas tus fuer- 
zas, dilates tu jurisdicción, y de nuestros enemigos que nos persiguen 
tomes justa venganza. Sepa, pues T. M., que en dos reinos de España, 
que son Aragón y Valencia (cuyas tierras fueron nuestras y aun no 
perdemos la esperanza de recobrarlas ), en los cuales hay ahora mu- 
chos que siguen nuestra santa ley y la observan con puntualidad y 
viven. alli con sus mujeres, hijos y familia, á muchos de nuestros ami« 
gos y parientes por guardar nuestra santa ley y publicamente confesar 
nuestro Profeta santo Mahoma, les han dado cruel muerte, abrasándolos 
y consumiéndoles en voraces llamas, pero viven para siempre.» 

«Por lo cual. Rey y Señor, será razón hacer con ellos lo que ellos 
hacen con los nuestros, y vengar la muerte de tantos hombres como 
por la confesión de nuestra verdadera fe pierden la vida. Y aunque 
estos perros cristianos, ya vendidos y comprados, con nuestros amigos 
inhumanamente muertos en España no tengan comparación, porque 
distan mucho de los nuestros» es preciso tomar venganza y del modo 
que se pueda igualar el agrá? io hecho. Y asi pedimos á T. M. que de 
estos cristianos ya rescatados elijamos dos, uno de Aragón y otro de 
Valencia, á los cuales llaman nobles y tienen mas honor y estimación^ 
para que con esto sobresalga mas nuestra venganza y sea mayor nues- 
tra demostración, y estos mueran y tengan en África el mismo género 
de suplicio que los nuestros han tenido en España.» 

Leyó el nuevo Rey el memorial á vista de aquel tumulto, y obliga- 
do á causa de sus voces y para mejor captar su benevolencia, convino 
en su petición, y sabiendo que entre los rescatados de Valencia estaba 
D. Miguel de Villanueva y entre los de Aragón D. Juan de Lanuza, 
ambos de noble sangre, mandó que á estos dos, cargados de cadenas, 
les pusieran en prisión, para ejecutar en ellos dentro pocos dias su 



— 262 — 

cruel decreto. Es indecible la pena que con esta novedad tan Inapensa- 
da ocupó el corazón de los Padres redentores, y entre ellos quien mas 
pesar sentía era el M. Fr. Jorge, que tenia contraida mueha amistad 
con las familias de estos caballeros. 

Discurrió el medio de librarles, y conociendo la gran codicia con 
que entraba en su oficio el nuevo Rey, pensó que solo con dinero pe- 
dia conseguir su intento. Explicó á los caballeros lo que babia discur- 
rido por su libertad, á lo que convinieron, y valiéndose de machos 
empeños pudo al fin hablar con el Rey, y ya con rendimientos de hu- 
mildad, ya con razones, y mas que todo con * promesas, pudo ablan- 
darle. Lo mismo tuvo que hacer con el acusador, autor del memorial, 
y asi ofreciendo á uno y á otro cierta cantidad de dinero, dando de 
presente lo que podia, y saliendo garantes de lo que faltaba los Padres 
redentores, consiguieron la libertad de los dos caballeros, y dispusie- 
ron la jornada para España. 

Habiendo idoá pedir licencia para embarcarse, el inicuo Rey, á fin 
de obligarles á nueva contribución, se la negó, alegando los mas frivo- 
los motivos. Hallábanse faltos de dinero los redentores, y como todo el 
sustento de los cautivos corría por su cuenta, fué suma la afliecion que 
tuvieron en este lance. Por los malos tratamientos de sus patrones h¿i- 
bia muchos enfermos, y todo era añadir un nuevo clavo á la piedad 
del P. Olivar y sus compañeros. No hallando quien les prestase canti- 
dad alguna, no se les presentaba otro medio que vender algunos cauti- 
vos para que no pereciesen todos; pero les causaba horror este arbi- 
trio por tan contrario á nuestro Instituto, y asi solo ponían su confianza 
en la piedad divina que imploraban, acudiendo á Díos,^en cuya mano 
están los corazones de todos los mortales. Oyó el Señor sus clamores, 
y mudó el ánimo del Rey de modo , que luego les envió el permiso 
para que pudiesen marchar con sus cautivos. Dieron gracias á Dios 
por tan conocido favor, y se embarcaron. 

De los cautivos que quedaron sin redimir habia algunos en el pucr* 
to cuando los rescatados se embarcaron. Incitados aquellos del demo- 
nio y de la envidia, dijeron con despecho á los Padres redentores, que 
ya que la redención no habia llegado para ellos, no la esperarían mas; 
por lo tanto iban á presentarse para apostatar de la fe y vivir con me- 



— 263 — 

nos trabajos, pues sus patrones harían de ellos mas estimación si seguían 
la secta de Hahoroa, y el Rey les favorecería. La pena que esto causó 
al caloso corazón deFr. Jorge no se puede describir : comenzó á pon- 
derarles con ardiente zelo la perdición de sus almas, y como no por es- 
to se librarían de trabajos, antes bien Dios les castigaría mas en esta 
vida y en la otra. Pero viendo que nada de esto bastaba para detener- 
los, determinó rescat^rrlcs quedándose él en rehenes. Concertóles (por- 
que eran muchos) en 7,600 escudos, moneda de Argel, que equivalen 
á mas de 4 400 pesos de nuestra moneda , y con esta cantidad rescató 
también otros de quienes podía temerse el mismo peligro. 

Señalado el tiempo de hacer el pago, y quedando en rehenes el P. 
M. Fr. Jorge del Olivar, partieron los otros redentores con los cautivos, 
y llegaron á Ruzafa por el mes de setiembre, donde desembarcaron y 
dieron noticia de ello al convento de Valencia, cuyos religiosos estaban 
con sumocuidado por la mucha tardanza de la redención, que habien- 
do salido en marzo no volvió hasta setiembre , cuando regularmente 
solo duraba dos meses. Fué á recibirlos el P. Fr. Juan de Lyos Charri, 
y con gran caridad regaló á los fatigados cautivos y vistió á cada uno 
el escapulario con las armas déla Religión. Luego se dispuso la entrada 
pública en la ciudad , y con el acompañamiento de toda la nobleza 
fueron á dar las gracias y oir«mísa en la santa iglesia ihetropolitana; de 
alli pasaron al convento donde les cuidaron algunos días, y después los 
despacharon con patente á sus pueblos. 

El santo varón Fr. Jorge del Olivar consiguió de sus acreedores li- 
bertad para andar por la ciudad de Argel y conversar con la gente. 
Su ardiente zelo por el bien de las almas no le dejaba parar, ibase á 
donde sabía estaban mas afligidos los cautivos, y con blandas y efica- 
ces razones les confortaba y animaba á llevar la pesada cruz de la es- 
clavitud. Cuando veia á alguno en peligro de apostatar, si no podía 
confirmarle en la paciencia y perseverancia, le ofrecía rescatarle : tra- 
taba con sus patrones, sália fiador de la cantidad convenida, y lo li- 
braba. De este modo rescató á muchos, y los remitía á España, dando 
avisóle su importe para que la Religión se lo remitiese, si el cautivo 
no podía. 

Con el trato afable y gran virtud del P. Fr. Jorge se le aficionaron, 



— 264 — 

no solo los cristianos si qoe también los infieles , y de todos era ve- 
nerado y estimado. Hacian mucha confianza de su palabra los moros, 
tanto que si algún cautivo se quería rescatar y no tenia dinero/con 
prometerlo y salir en su abono Fr. Jorge, le daban libertad. De este 
modo acabaron su cautiverio D. Gil González, de Avila, D. Fernando 
Goyxo, D. Rodrigo Ulloa y D. Fernando de Hormaza, caballeros todos 
del hábito de San Juan de^'Jerusalen. 

En este tiempo se bailaban cautivos algunos caballeros de mocha 
calidad y conocidos por tales de los moros, por cuyo rescate pedian 
sus patrones grande. cantidad, de modo que se hacia dificultosa su re- 
dención. Dichos caballeros encontraron medio de avisar á Mallorca para 
que fuesen é buscarles. Salieron fugitivos á esperar la embarcación que 
debia llevarlos, y mientras tanto se escondieron en una coeva cercana 
al mar. Dieron aviso, por medio de otro esclavo, de sus intentos ai 
P. M. Fr. Jorge, noticiándole el lugar donde se hallaban escondidos, 
para que les enviase de comer: hizolo él remitiéndoles la comida por el 
mismo esclavo, hasta que llegó un bergantin de Mallorca en el que se 
embarcaron. Al dia siguiente. toparon con unos piratas de Argel y los 
apresaron, y conociendo eran cautivos escapados, maltratáronles sin 
piedad. El esclavo que les llevaba la comida á la cueva, no podiendo 
sufrir el trato de los moros, se ofreció á ítegar la fe y abrazar la secta 
mahometana. Hizolo con tales veras, que después fué el mas pruel ene- 
migo de los cristianos. 

Volviéronles á Argel, y el maldito renegado para bienquistarse con 
sus patrones y con los bárbaros, con mucha jactancia se borlaba délos 
cristianos y les perseguía con tenacidad. Publicó que el P. redentor 
habia cooperado á la fuga de aquellos cautivos, sustentándoles por mu- 
chos dias en la cueva. De esto dieron querella los patrones al Daan, y 
reunido consejo se trató de lo que se habia de hacer con el P. reden- 
tor. Resolvieron casi todos que era deKto digno de muerte, y por lo 
mismo debia sentenciarse á morir quemado. Hubiérase ejecutado tal 
crueldad á no haber sido uno de los del Duan, ó consejo, hombre de 
mas reflexión, que habló del modo siguiente : 

«No ignoran Yds. que este fraile es fianza de muchas cantidades 
por los caballeros valencianos que fueron rescatados con sola su pala- 



— 265 — 

bra y por otros muchos que de diferentes patrones lia redimido, y que 
quitándole la vida se pierde todo este dinero ; á mas de que, siendo 
crislíano y de una misma población no debia dejarles perecer ; y por 
lo tanto no es un delito lo que se le imputa, ni tampoco lo es en los 
cautivos el buscar la ocasión de su libertad. Si culpa hay, solo está en 
los dueños que cuidan poco de asegurarles ; pues nadie se puede que- 
jar del pájaro que sale de la jaula que está abierta ; quéjase, si, de 
quien la abrió.» Quedaron convencidos de estas razones, y dejaron li- 
bre y sin molestia al P. redentor ; aunque no le faltaban muchas por 
parte de los interesados. 

Supo^ún dia el P. Fr. Jorge que un cautivo esclavo de un tagarino 
estaba en gran manera afligido y casi resuelto á dejar nuestra santa fe: 
fué luego en busea suya, y le procuró alentar y corroborar en la fe y 
paciencia ; mas su despecho era tal, que solo con la libertad podia re* 
mediarse. Buscó al patrón, y tratando delante de otros del rescate de 
su esclavo, pudo concertarlo dándole entonces algún dinero y asegu- 
rando el rescate para antes de tres meses. Ajustóse en esta forma, y 
después dijo el tagarino : «Papaz, ya sabéis que yo soy mercader, y. 
mi n^ocio es en esclavos; por la dilatación de la paga ¿cuánto me de- 
béis dar?0 Respondió el redentor : «Pues ¿qué en tu secta es permí-' 
lida la usura?» Guando los moros oyeron que llamaba secta á su ley, 
lo tomaron á grande injuria, y con grande enojo pusieron en él las ma- 
nos y llenaron de bofetadas y oprobios. Hubieran pasado mas adelante, 
á no saber era persona estimada del Rey y de los primeros hombres de 
Argel. No obstante mostrándose muy celosos, dieron queja contra Fray 
Jorge al morabuto de la Mezquita mayor, á quien toca la defensa de la 
ley deMahoma, comoá primer ministro. Ante él. le acriminaron, di- 
ciendo que había hablado con gran desprecio de su ley. 

Indignóse el falso ministro, y convocó el Duan para tratar estacan. 
sa. Sentado pro trtftuna/í, ponderó el agravio quehabia hecho contra 
su ley el P. redentor, y que era delito digno de cruel muerte, y por lo 
tanto discutieran lo que se debía ejecutar. Resolvieron se le amonesta- 
se que se retractare de las palabras que había proferido, diciendo que 
la ley de Hahoma era verdadera ley, dada por Dios á su fiel amigo 
Haboma, y no haciéndolo le condenaban á morir quemado. Vino con 
34 



— 266 — 

esta orden un ministro del Duan al tiempo que estaba el santo varón 
rpzando maitines y con él algunos cristianos. Oyó la sentencia que le 
anunciaba el ministro con tanta entereza de ánimo, que, mediante 
juramento, depusieron los que se hallaban presentes, no mudó el color 
ni el semblante, sino que prosiguió rezando sus maitines^sin la menor 
alteración. 

Luego que acabó de rezar dejó el breviario, y puesto de rodillas 
con fervoroso espiritu hizo esta oración : «Señor santo, Padre omnipo- 
tente y eterno Dios, tú diste la ley santa que, aunque en cnanto á lo 
ceremonial, según diversos estados era mudable; mas en cuanto alo 
moral, sustancial y divino aquellos preceptos habían de permanecer, en 
señal de lo cual la mandasteis escribir en tablas de piedra, y asi des- 
pués de la venida de Jesucristo entera persevera. Sé^iambien que no 
hay mas ley que ella. T asi, si por causa de la pena ó amor á la vida, 
yo dijere que la ley de Mahoma es buena, sé que miento y os ofendo 
gravemente ; lo cual yp no quiero ni vos lo permitís ; primero quiero 
morir y atestiguar con mi vida la verdad de vuestra santa ley.» Dicho 
esto se recogió un poco, y confesó con un sacerdote cautivo. Repartió lo 
que tenia entre los cautivos pobres ; exhortóles á la perseverancia en 
ia fe y cuidado de no ofender á Dios ; pidióles rogasen á pio$ por él, y 
se despidió abrazándoles con demostraciones de tierno amor. 

Salió tan alegre y sereno de su posada para el Duan, como si fuera 
á un festin. Era esto el día siguiente de la intima, á hora que se habian 
juntado para saber la resolución del santo redentor. Constábales ya á 
muchos de ellos la serenidad con que habia oido la sentencia y repar- 
tido sus bienes entre los cautivos para morir constante por su ley. Y 
como en los moros puede mas la codicia que ia religión, viendo arriesga- 
dos sus intereses con la ftiuerte de Fr. Jorge^ comenzaron á dudar so- 
bre lo que debian hacer. Habia uno entre ellos á quien estaba obliga- 
do en grandes cantidades, y este por no perderlas, persuadió á los de- 
más, que no convenia quitar la vida al redentor aunque no se retracta- 
se ; pues hacia poco al caso para la Brmeza de su ley seguida de la mayor 
parte del mundo, que un loco cristiano dijese mal de ella. Con esto mu- 
daron de parecer y le despreciaron por loco. Perdió su buen deseo de 
poder morir por Cristo, pero no el mérito, pues tan animoso se pre- 
vino y tan gustoso se ofrecia á ello. 



— 267 — 

Sa grao zélo no le dejaba descansar : siempre iba en busca de los 
afligidos ; socorría á los necesitados con lo que tenia ó buscaba, y en 
este santo ejercicio infundia un singular consuelo á todos los cautivos: 
los que volvían á España lo publicaban agradecidos. Un dia estando 
D. Miguel Villaoueva con el santo Patriarca de Antioquia D. Juan de 
la Ribera, arzobispo de Valencia, contándole las maravillosas obras 
qaó con él y los demás cautivos habia hecho el P. Fr. Jorge, lo refirió 
el siguiente caso que también otros testigos de vista confirmaron me- 
diante juramento. Mientt*as dicho D. Miguel y otros cristianos estaban 
hablando con el P. Fr. Jorge del negocio de su redención y como es- 
peraba volver luego á España, habia, algo apartado, un cautivo que 
les oia con señales de mucha tristeza. Manifestó lo^o la causa, pues 
entrando en casa de un barbero se hizo rapar, y volviéndose á ellos con 
diabólico despecho tes dijo : ^Vosotros tratáis de la vuelta á España, 
qoé yo he esperado mucho tiempo y nunca me ha cabido la suerte do 
ser redimido. Mi confianza era en mis padres, que por el amor de ta- 
les rae sacarían de aquí ; mas he sabido que mis padres han muerto, 
y asi he perdido la esperanza de mi rescate, porque en este P. reden- 
tor yo no la tengo, que rescata solo á quien quiere sin acordarse de 
mi. Mí paciencia ya no puede pasar adelante y por tanto he resuelto 
apostatar, que yo sé que el nuevo Rey de Argel honra mucho á los 
cristianos que abrazan la secta de Hahonfia. Ya sé que en esto hago 
un grave pecado y que me he de condenar; pero la culpa la tiene el 
Padre redentor que no ha cuidado de mi rescate.» 

Noes fácil decirla turbación que esto causó á todos los cristianos que 
estaban presentes y la pena del santo redentor. Detúvole con blandas 
y amorosas palabras y le dijo : «Hijo mió, si tu aflicción era tanta, 
¿cómo no me lo decías antes de haber admitido en tu corazón resolu- 
ción tan inicua ? ¿No sabes que á todos los que he visto muy afligidos, 
he procurado consolar y los he rescatado? Si tú me hubieras hablado 
antes, no habría el demonio llegado á derribarte con tan miserable caí- 
da ; pero ya que todavía tiene remedio, no te aflijas que yo te rescata- 
ré. Dirae quien es tu palron, donde vive, y yo le pondré en libertad.» 

Aquella noche no le dejó salir de la posada, ponderándole la gra- 
vedad del pecado, y le redujo á verdadero dolor y confesión. Al día 



— 268 — 

siguiente buscó su dueño, y concertó su rescate, y asi á un tienEipo re- 
dimió el alma y el cuerpo de aquel pobrectto cautivo. De estos casos le 
sucedieron muchisioios ; y de ellos y de otras cosas que obró con santo 
zelo en beneficio de los cautivos y crédito de nuestra santa fe, hay pro- 
ceso hecho ante el Vicario General del arzobispado de Valencia, coa 
deposición de muchos testigos oculares. 

24.3. 

Redención en Túnez de tSO cautivos en el afio 1578, quedándose en rehenes 

el P. Fr. Luis de Matienzo, redentor. 

En el. año 4578 el P. H. Fr. Rodrigo de Arze» varón eminente en 
virtud y letras, y zeloso é infatigable para los pobres cautivos, em- 
prendió otra redención con su compañero el santo anciano P. Fr. Luis 
de ftfatienzo y pasaron á Tuñez. 

Llegados allá, el P. M. Arze atrajo las simpatías de todos, ya por- 
que hablaba la lengua del país, ya por su afable trato ; pero no le fal- 
taron envidiosos y calumniadores que pusieron muchas veces en peli- 
gro su vida, si bien que jamás, por temor de perderla, dejó de socorrer 
y consolar á los cautivos cristianos, y aun á los mismos moros, y re- 
prendía y enseñaba lo que era justo y razonable én lo moral. Cuando 
otra cosa no pudieron, le presentaron para rescatar un buen número 
de esclavos que ellos querían vender, y como él respondiese que el di- 
nero no bastaba, le obligaron á que firmase escritura de lo restante ¿ 
su modo, y quedase uno de los dos en rehenes. 

No es para explicar lo que pasó entre los dos redentores, schre 
quien había de quedarse, pues cada uno alegaba sus razones á fovor 
suyo por el deseo que tenían del martirio. Concertaron poner este ne- 
gocio en manos de Dios, y acudieron á la oración. Dios les inspiró fue- 
se el P. Matienzo el que quedase en rehenes, y el bendito viejo dio gra- 
cias á Dios, porque sin merecerlo le abría lu puerta del martirio ó d^ 
padecer por Jesucristo ; y el P. Arze se embarcó con 220 cautivos. 

Quedóse el P. Matienzo en rehenes por 42,000 escudos de oro, y 
tres años estuvo detenido en Tunoz. En el primer ang no le trataron 



— 869 — 

mal, y anduvo libre por la ciodad : en el segando, viendo los bárba- 
ros que el dinero no llegaba, empezaron á insultarle de palabra y de 
obra, escupiéndole y abofeteándole ; y en el tercero le metieron en una 
oscura y horrible cárcel ; alli le cercenaban la comida y la bebida, y 
cuanto mas los moros multiplicaban sus crueldades, tanto mas el ve- 
nerable anciano las toleraba con paciencia y rostro sereno, hasta que 
con repetidas instancias y cartas dé los cautivos, el P. Provincial de 
Castilla gravóyempefió parte de la hacienda de dicha provincia, y 
mandó el dinero á Túnez, para no perder el crédito de la redención, 
y el P. Hatíenzo salió de su encierro y volvió á España, donde pasó á 
mejor vida en el convento de Logroño, lleno de virtudes y méritos. 

Redención en África de 98 cautivos en el aSo 1581. 

Cuatro veces, dice el historiador Remon, fué á redimir cautivos el 
P. Mtro. Fr. Rodrigo de Arze ; asi es que cobró tanto crédito con U» 
moros, que cuanto él disponía se hacia, ya en tratos sobre e) rescate 
de cautivos, ya dirimiendo contiendas ó diferencias que surgían, y has* 
ta componiendo y conciliando las enemistades de los mismos bárbaros; 
por manera que su palabra era oída y muy respetada de los moros, lo 
que redundaba todo en beneficio de los pobres cautivos. 

En el año 4 581 este zeloso é inteligente redentor Mercedario con 
otro redentor, el P. Martin Pérchete, pasó al África, y alli arrancó de 
la esclavitud á 98 cautivos, que alegres y agradecidos se restituyeron 
á sus hogares. Esta fué la cuarta y última redención que efectuó el Pa- 
dre Mtro. de Arze. 

245. 

Redención en África de 134 cautivos en el año 1S88. 

Las noticias que todos los días llegaban á España de los cautivos 
del África eran sumamente aflictivas. El mismo Rey Felipe II recibió 
cartas de los pobres cautivos de Fez , Uarroc y Tetuan, exponiéndole 



— 270 — 

so aflictiva sitaacion, el peligro que corrían sos vidas y el nesgo de 
perder la fe, rc^ndole qoe hiciera lo posible para que alcanzasen su 
suspirada libertad. Enternecido el Rey, mandó llamará nuestro Re- 
verendísimo P. General) y trató con él el medio de socorrer á aquellos 
infelices que acudían á Su Majestad. Su Rma. nombró por redentores 
al P. Pdo. Fr. Juan de Santosimia, Comendador de Granada, célebre 
predicador, y al P. Pdo. Fr. Francisco de Vera, Comendador de Mála- 
ga, quienes arreglado lo necesario, pasaron al África, y con mil traba- 
jos y fatigas arrancaron de la esclavitud á 434 cautivos, que sacaron 
del puerto de Tetuan en el año 1588. El P. H. Vargas trae la lista. 

246. 

RedencioD en Argel de 138 cautivos en el año 1589. 

Sabia nuestro Rmo. P. General que en Argel habia tantos ó mas 
cautivos qoe en Marruecos ; asi es que apenas concluida la redención 
del Marroc, deseando aliviar las penas de los que padecían en Argel, 
mandó, al P. Provincial de Aragón que recogiese cuantas limosnas pu- 
diese, y á la brevedad posible*. El ardiente zelo de su Rma. todo lo dis- 
puso, nombrando redentores al R.P. Fr, Nadal Silvestre, Comenda- 
dor de Calatayud, y al R. P. M. Fr. Mateo Benedicto, Comendador de 
Tarazona. Era el año 1589 cuando estos Padres pasaron á Argel, don- 
de redimieron <33 cautivos. 

La pluma no puede expresar lo que padecieron estos Religiosos. Al 
llegar á Argel no vieron mas que lágrimas y miserias, y qoe la suma 
que llevaban no bastaba para consolar á todos. Esto les afligió en 
gran manera; pero no se desanimaron, sino que, para romper las ca- 
denas de aquellos infelices, comprometieron su palabra dejando un 
empeño do 4000 ducados, cantidad considerable en aquellos tiempos. 
Mucho costó recoger esta suma para salir del compromiso. A este fia 
el Provincial de Aragón y Valencia, Fr. Pedro Balaguer, se vio obliga- 
do á acudir á los conventos señalándoles cierta suma , dándoles licencia 
el Vicario General de Cataluña de enágenar y vender. Dicho P. Pro- 



- 27i - 

vincial señaló al convento del Puig de Valencia 300 ducados, que para 
no enagenar ó vender, empeñaron sus últimas alhajas de plata y oro 
de la sacristía. 

247. ' 

Redención en Marruecos de %42 cautivos en el a2o 1592. 

El deseo que tenia siempre nuestro Rmo. P. General Fr. Francis* 
co Salazar de procurar la libertad de los pobres cautivos que gemían 
bajo el peso de duros grillos y cadenas,. no bastándole dos redenciones 
que habia mandado realizar, hizo salir muchos Religiosos que llenos 
de caridad pidiesen para poder romper las cadenas de aquellos infeli- 
ces que aun gemían en la esclavitud, no excusándose Su Revereodisi- 
ma de hacer \fj mismo para con las personas que él trataba en Madrid ; 
y quiso el Señor^que juntara una buena cantidad, y resolvió hacer re- 
dención en el año 4592 nombrando por redentores al R. P. M. Fr. Bal- 
tasar de la Paz y al R. P. M. Fr, Gerónimo Martel, Religiosos de mu* 
cha consideración en Castilla, quienes pasaron á Marruecos, y recor- 
riendo varias poblaciones, rescataron 242 cautivos con mil trabajos, 
sustos y penalidades. 

2i8. 

Redención en África en el año 1595. 

En el año 4595 (dice el P. Juan Antillon) el P. Fr. Pedro Somor- 
rostro, Comendador de Pamplona, hizo una redención de cautivosi cu- 
yo número no he podido hallar. Al llegar de la jornada, no pudo acom- 
pañar los cautivos por el reino, según costumbre, á causa de habérsele 
ofrecido n^ocios arduos y de mucho peso ; asi es que el P. Maestro 
General desde Barcelona con fecha 46 de enero de 4596 nombró al 
P. García Mañyero, Vicario del convento' de Pamplona, para acompa- 
ñarles por el reino de Navarra y obispado de Bayona, en atención á 
ser algunos rescatados naturales de aquellos paises. 



-272- 



2i9. 

Redencioii en Marruecos de f08 cautivos en el afio 1595, donde había 

en rehenes el P. Luis de Ortofin. 

Tan contento se manifestó Felipe n al pedirle nuestros Religiosos 
permiso en 4595 para ir á redimir, que no solo les concedió su real 
licencia y pasaportes, sino que por consideración á nuestro Miro. Ge- 
neral, el Rmo. Zumel, quiso que uno de sus secretarios, D. Juan de 
Zamora Escobar, acompañara á los redentores, para presenciar el com- 
portamiento de los moros con ios Religiosos. Con tan buena compañía y 
recomendación partieron los Padres redentores, que eran el R. Padre 
M. Fr. Matiasde Cuellar, por Castilla, y él P. Pdo. Fr. Gerónimo Mar- 
tel, por Andalucía, y recorrieron los reinos de Fez, Marruecos y Te- 
tnan, y entre mil peligros, irabajos y fatigas redimieron 208 cautivos. 
Al llegar á Ceuta, muchos de los redimidos, agradecidos de haberles 
sacado de tanta miseria, quisieron dar un público testimonio de su 
agradecimiento, para hacer conocer á todo el mundo la caridad y zelo 
de los PP. Mercedarios en las frecuentes redenciones que ellos habían 
presenciado en África ; asi es que depusieron bajo juramento, haber 
visto y conocido, durante quince años que algunos llevaban de cauti- 
verio en Tetuan, al P. Luis de Ortofin de Guerra, Mercedario, en rehe- 
nes por los cautivos que babia rescatado y enviado á España ; y qae 
tardando el dinero del empeño, le habían visto encerrado en una maz- 
morra por orden de la autoridad, pera sustraerle de los muchos insol- 
toB, maltratos y peligros de muerte en que continuamente estaba, ex- 
puesto siempre á ser sacado de la prisión para asesinarle, y que car- 
gado de grillos y cadenas, lo sufrió todo con la mayor paciencia y re- 
signación. Que en las tres redenciones que ellos habían presenciado en 
Fez, Marruecos y Tetuan, hechas por los Mercedarios, certificaban 
haber dichos Religiosos cumplido su cometido con la mayor exactitud 
y zelo. Levantó testimonio de esto D. Sebastian Fernandez, Notario de 
Ceuta, día 46 de setiembre de 1595. 



— 273 — • 
250. 

Redención en ArgeJ de 100 caotivos en el año 1596. 

Compadecido de los pobres caulivos el Exmo. Sr. Marqués de Vi- 
llena, Duque de Escalona y Conde de S. Esléban, al oír el triste reíalo 
de redentores y redimidos sobre los trabajos y miserias que padecían 
los pobres cautivos en Argel, deseando librarles de tantas penas, dio 
una buena limosna, y con ella el R. P. Fr. Ildefonso Barahona, re- 
dentor, en^l año 4596 rescató en Argel 100 cautivos que regresaron 
á España y ¿ sus hogares, dando gracias á Dios y á su bienhechor. 

251. 

Redención en Argel de 279 cautivos en el aSo 1597. 

En el año 4 597 nombrados redentores í)or sus respectivos Capiíu- 
]os Provinciales el R. P. H. Fr. Hateo Benedicto por Aragón, el R. Pa- 
dre M. Fr. Juan Negron por Castilla, y el R. P. Fdo. Fr. Gerónimo 
Martel por Andalucía, pasaron juntos á Argel, donde rompieron las 
cadenas de la esclavitud á 279 cautivos de todos estados, clases y na- 
ciones : entre ellos, al P. Melchor Román de nuestra Orden, al Padre 
Joan Fabra, Mínimo del convento de Valencia, que su Corrector el Pa- 
dre Gaspar de Bono había encargado, á un Religioso de la Orden Ter- 
cera de S. Francisco, á dos Presbíteros seculares ya una Religiosa de 
San Francisco, Sor Isabel Judicela,de la Calabria, provincia de Ñapó- 
les. He leido la lista de los redimidos que trae Vargas, y en ella figu- 
ran mochas mujeres y niños. 

252. 

RedencioD en Marruecos de 16C caulivos en el año 1601. 

En Triana, barrio de Sevilla, nació el P. Mtro. Fr. Juan Bernal, glo- 
ria y honor de la Orden do la Merced, cuyas alabanzas por su virtud, 
sahcr y méritos merecen mas bien cortada pluma. Crióse en Andalucía 
35 



-274- 

creció en edad, y mas en virtudes, siendo innata en él la caridad para 
con los pobres; entró en nuestra Orden, esludió con mucho provecho, 
y salió uno de los mejores predicadores de su tiempo. Fueron copiosos 
los frutos de su predicación, porque á su palabra anadia la voz déla 
virtud ó buen ejemplo, y el mismo Rey Felipe II le nombró su predica- 
dor. Siempre se conservó humilde, retirado, piadoso, observante, y por 
sus bellas cualidades, contra su voluntad, fué elegido Comendador de 
Sevilla y después Provincial de Andalucía. Pasaba las noches en conti* 
Dua oración, ayunaba á pan y agua toda la Cuaresma aun predicando 
cada día, dormia sobre las tablas, tomaba frecuentes disciplinas, ape- 
nas tenia hábito para mudar, y su grande zelo para la salvación de 
las almas lo manifestó en todos los actos de su vida y en particular en 
el pulpito y en la redención de cautivos que hizo en Marruecos. 

Elegido redentor con el P. Fr. Lupo de Ribas, á principios del año 
.4604 pasó á los reinos de Fez, Harroc y Tetuan. Y como habia allí 
muchos cautivos andaluces que le conocían, llenos de respeto y venera- 
ción á su persona, se arrodillaban y besaban sus manos y pies, le se- 
guían por todas partes pidiendo su bendición, encomendándose á sus 
oraciones y poder 'ser redimidos. Los infieles mirabao de mal ojo tales 
demostraciones de veneración, y llenos de envidia, odio y rabia ma- 
quinaron la muerte de este santo, redentor. Este su odio y rabia subió 
de punto viéndole por las calles y plazas predicar á los cauúvos la pa- 
ciencia en los trabajos y la oonstancia en la fe de Jesucristo; asi es qoe 
determinaron mezclarle veneno en la comida y bebida , lo que efec* 
tuaron; pero Dios hizo que lo supiera el santo, y pudiera evitar la des- 
gracia: coü todo maquinaron otra. El santo por su áspera penitenciase 
hallaba sumamente débil y sin fuerzas, que apenas podia tenerse en 
pié, y necesitaba su bastón para andar. Como le era forzoso pasar de 
uno á otro pueblo para el ajuste y rescate de los cautivos, necesitaba 
una caballería. Los moros con astucia y malicia le proporcionaron un 
potro que nadie aun habia montado, el cual apenas sintió la carga del 
santo varón, se encabritó y le echó á tierra, quedando como muerto 
del golpe. Este fatal percance le acortó la vida, y en lo poco que vivió, 
á pesar de los muchos reihedios que se le hicieron , anduvo siempre 
cojo y apoyado en el báculo. 



- 275- 

G)ncla¡do el trato de los cautivos y entregado el dinero, encontró 
unos pobres muchachos sin rescate y con gran peligro de apostatar. 
El santo cojeando- se presentó al Rey de Marruecos y le pidió, que para 
la libertad de aquellos muchachos él se quedaría en rehenes hasta la 
llegada del dinero de España, y asi que se dignara aceptarle. El Bey 
viéndole tan flaco, enfermo y cojo, temiendo no se muriera en el ejn- 
peño, le dijo : «Aunque debemos ir con cuidado en no dar Te á la pe- 
labra del que no profesa nuestra ley, y mucho mas á nuestros enemi- 
gos, como eres tú , no obstante esta vez quiero creer en tu palabra y 
estar á tus promesas, ya que me pareces celoso de tu Instituto ; vete, 
pues, en paz, y cuida de tu persona, y si algo necesitas para tu salud, 
pide y te lo daré. Procura que cuanto antes nos sea remitido el precio 
de estos niños redimidos. De todo esto tú darás fe y dejarás auténtica 
escritura.)) 

Alegre el santo se embarcó, y el dia 31 de marzo de 4601 llegó 
á Sevilla con 466 cautivos redimidos. A la llegada de este varón do 
Dios, cuya fama de santidad corria.por toda España, la ciudad*entera 
se conmueve, y se hizo la mas soleiíine procesión, tomando parte en 
ella todas las clases de la sociedad. Los Religiosos viéndole tan enfermo 
y estenuado, le prepararon una buena cama para descansar; pero él, 
qae no adinitia descanso ni Tregua para su cuerpo ^ pasó aquella no- 
che y las demás recostado vestido sobre una arca ó caja. Fiel á la pa- 
labra que habia dado al Rey moro, deseaba pronto cumplirla ; á esto 
fin quiso predicar en nuestra iglesia. Corrió esta noticia por la ciudad, 
y antes de la hora señalada, yk no cabia mas gente en la iglesia. Con 
la ayuda de los Religiosos subió al pulpito, para que pudiese ser visto 
y oído de todos, y con gran fervor entre otras cosas dijo : «Hermanos 
míos, sabed que este vuestro servidor se empeñó por los cautivos y en 
particular por estos niños aqui presentes, que estaban en gran peli- 
gro; por mi palabra y promesa el Rey moro les dio libertad, cargando 
yo la responsabilidad de mandarle luego el precio. Debo pues cumplir 
mí palabra ; de no cumplirla los redentores de mi Orden no podrian 
presentarse ante el Rey, y temo que airado este señor, se ensañaría 
conira los inocentes hermanos nuestros cautivos que alli ginsen entre 
cadenas. Para prevenir este mal, solo hay dos remedios : ó vuestra 



— 276 — 

cnridad con limosnas quita el empeño de mi palabra; ó debo volver al 
África y ponerme al servicio del Rey moro todos los días de mi vida, 
que no serán muchos, pero estoy pronto á ello. Mas considerad de qae 
puede ser útil al Rey moro este siervo inepto para lodo ; pues no pue- 
do cabar, no sé arar, enteramente inútil para todo trabajo corporal: 
¿qué hará de mi, sino tenerme en una mazmorra cargado de cade- 
nas?» Con estas y otras palabras movió tanto la piedad del auditorio, 
que en el mismo acto recogió lo necesario para cumplir la palabra 
dada al Rey moro. 

Poco tiempo después, se resintió mas y mas de la caida dada en 
África, se le renovaron las llagas, aumentaron los dolores, y sufrién- 
dolo todo con admirable paciencia y resignación, ll^ó el día 48 de no- 
viembre del mismo año 4 601 que hizo la muerte del justo. Esta noti- 
cia voló por Sevilla, y la gente á tropel acudía á la iglesia de la Merced 
para ver al santo. Alli se disputaban poder besarle la mano ó el pié, ó 
poder adquirir algo que tocara su cuerpo. Los guardas no fueron bas- 
tantes4)ara impedir que á pedacítos le quitaran sus vestiilos, y no per- 
mitiendo el tumulto de la gente celebrar sus exequias con canto, se las 
rezaron y dieron sepultura. 

254. • 

Redención en Marruecos de 154 cautivos en el año 160i. 

Dos redenciones célebres se hicieron en este ano. La primera en 
los reinos de Fez y de Marruecos, siendo redentores el P. Pdo. Fray 
Juan de Villoría ó Villosca por Andalucía y el P. Pdo. Fr. Gerónimo 
Martel. Estos Padres, después de muchas peqas y trabajos, rescataron 
en Fez y en Marruecos, entrando por el puerto de Tetuan 4S4 cauti- 
vos gran parte niños ó muchachos que costaron mucho, y dos Religio- 
sos, uno Mínimo y otro Agustino. Contentos los redentores, regresaron 
á España con sus cautivos, llorando todos de alegria al entrar en Sevi- 
lla, donde fueron recibidos con solemne pompa. 



-277- 
255. 

Redención en Argd de 104 cautivos en el año 1601. 

Gozoso N. Rmo. P. General de la antecedente redención, procuró 
se hiciese otra en el mismo año 4604. Fueron redentores por la pro* 
vincia de Aragón el R. P. M. Fr. Domingo Ufabiaga, que después fué 
Provincial, varón insigne en santidad y prodigios, cuyo cuerpo incor- 
rupto está en una arca en nuestro convento de Uncastillo; y por el 
reino de Valencia el R. P. Fr. Juan Bautista Guerau, Definidor. Embar- 
cáronse con solo 5,000 escudos en oro, y con paños y mercancias por 
valor de otros 6,000. Llegaron á Argel el dia 2 de junio, estuvie- 
ron alli dos meses, y redimieron 40i cautivos de toda edad, sexo y 
nación : entre ellos cinco Religiosos sacerdotes que costaron mucho di- 
nero y muchos pasos y fatigas ; pero uno de ellos, que era Carmelita, 
murió antes de embarcarse, por los malos tratos y tormentos que ha- 
bía sufrido de los moros durante su doloroso cautiverio. 

La pluma no es capaz de explicar lo que padecieron los dos reden- 
tores en ios dos meses que estuvieron en Argel. Hombres perversos y 
enemigos de nuestra santa Religión se presentaron al Rey, diciéndole: 
«que aquellos Padres no eran Religiosos ni redentores, sino merca- 
deres. Si fueran Religiosos Mercedarios (decian ellos), no vendrían con 
tan poco dinero; por lo tanto son espias del Reyde España, y como tales 
deben ser castigados.» Hecha esta acusación, fueron luego encarcelados, 
y el Rey se apoderó de todo su dinero, diciendo : «que si su consejo 
(que llaman Duana) les hallaba inocentes, por el dinero les daría cau- 
tivos; pero que si salian culpables, lo perderían todo.» Los redentores 
fácilmente probaron no ser espias, sino Religiosos Mercedarios y re- 
dentores, ya por la Real licencia, ya por el salvoconducto que mostra- 
ron ; pero después de este contratiempo, que causó gran daño á la re- 
dención, porque perdido el dinero tuvieron que dar forzosamente las 
mercancías á bajo precio, les vino otro peor. 

Probada su inocencia y quedado libres los redentores, mientras se 
preparaban para embarcarse con los cautivos, sucedió que un pirata 



— 278 — 

inglés con astucia y audacia se apoderó, de 20 turcos en el puerto de 
Bugia, y cautivos los presentó al gran Duque de Etruria ó Toscana. 
Irritado y furibundo el Rey de Argel al saberlo, poco faltó que para 
vengar el agravio no matara á los cautivos y en particular á los reden- 
tores: no obstante mandó encarcelarles, y detener á los redimidos, y 
decretó, que ya que se habia juzgado á los redentores por espías, no se 
les daría libertad hasta que los ¿O turcos robados y cautivos enBugla, 
fuesen restituidos al mismo puerto. Llenos los Padres de dolor y an- 
gustias, recurrieron á Dios por un lado, y por otro presentaron al Con- 
sejo, el dia que se reunió, un memorial pidiendo humildemente tuvie- 
ran en consideración, que ni el traidor pirata que cautivólos turcos, 
ni el Duque de Etruria que los tenia, eran subditos del Rey de España, 
y asi que ellos nada absolutamente podian hacer para restituirles, por- 
que el uno era inglés y el otro etrosco; que si estos fueran subditos del 
Bey católico, ellos se empeñarían a que los turcos fuesen restituidos en 
Bugia, etc. Tales razones convencieron á los consejeros, y estos al Rey; 
y no solo soltaron á los redentores, sino que les dieron licencia por es- 
crito para marcharse sin ser inquietados, después de haber pagado 
40 escudos y otros impuestos. Libres de tantas pinnas y trabajos el dia 
31 de julio del año 4604 desembarcaron en Barcelona con los 404 re* 
dimidos; donde fueron recibidos con grandes demostraciones de alegría 
de toda la ciudad. 

256. 

Redención en Marruecos de li)6 cautivos en el aQo 1G07. 

El R. P. Mtro. Fr. Matías del Cuellar, hombre de grande reputación 
por su sabiduría y prodigiosa memoria, nació en Segovia, y allí vistió 
nuestro hábito. Dotado de grande ingenio y lleno de zelo, la Orden des- 
pués de haberle encargado una redención en el año 1S95, le nombró 
otra vez redentor en el año 1607 por Castilla, y al R. P. Pdo. Fray 
Juan Gutiérrez de Tejo por Andalucía. Estos dos redentores entraron 
por el puerto de Tetuan y en los reinos de Fez y Marruecos, dando li- 
bertad á 496 cautivos que costaron mucho dinero, por haber gran 
número de muchachos y jóvenes y cinco sacerdotes. 



— 279 — 

Como el P. Cuellar era tan sabio, lavo en África varias disputas 
con los judíos, pues deseaba reducirles á nuestra fe; pero los rabinos 
por mas que sintieran y confesaran la verdad de sus argumentos, fue* 
ron los mas pertinaces y obstinados en no quererse convertir. 

257. 

Redención en África de 1312 cautivos en el aSo 1609. 

Nuestras provincias de Castilla y Andalucía unianse muchas veces 
para hacer sus redenciones, y asi lo hicieron en el año 1609. Fueron 
nombrados redentores el P. M. Fr. Pedro de Medina por Castilla, y el 
P. M. Fr. Gaspar Nuñez por Andalucia, quienes pasaron á Tetuan, y 
sacaron del África 432 cautivos ; entre ellos trece Religiosos de direren- 
tes órdenes. 

258. 

Bedencion en Marruecos de 141 cautivos en el ano 1612. 

Los Padres redentores de Castilla y Andalucia, Fr. Pedro de Medi- 
na y Fr. Gaspar Nuñez, que en el año 4609 hicieron una redención 
en Tetuan, sabiendo los muchos cautivos que allí habían quedado, en 
el año 4 64 2 hicieron otra y sacaron de los reinos de Fez y Marruecos 
por el puerto de Tetuan 4 41 cautivos, entre ellos tres Religiosos Agus- 
tinos de Andalucia, llamados P. Fr. Juan de Astudillo, P. Fr. Pedro 
de Castillo y P. Fr. Diego de Olivaces, costando cada uno de ellos una 
suma crecida. 

259. 

Redención en Marruecos de 258 cautivos en el aoo 1615. 

Nuestro Rmo. P. Miro. General Fr.. Felipe Guimeran en el año 
1615 mandó se unieran las provincias de España para hacer una re- 



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1 



— 280 — 

dengíon, y fueron nombrados redentores el P. M. Fr. Juan Cavero por 
Aragón, el P. M. Fr. Isidro Valcazer por Castilla, el P. Fr. Ginés de Ar- 
rietapor Andalocia, y el P. M. Fr. Tomás Sanz por Valencia. Pasaron á 
Tetuan, y en los reinos de Fez y Marruecos dieron libertad á 258 cau- 
tivos cristianos, menos de lo que pensaban, porque gran parte eran Di- 
ños, muchachos y mujeres que estaban en gran peligro y Costaron á 
alto precio. 

Esta redención fué célebre no solo por el número de redimidos, si- 
no por contarse entre ellos personas de cuenta, pues el P. Fr. Joan 
Duran, Agustino de Barcelona, costó 55000 reales, D. Fr. Francisco 
de Lorme, del Orden de" Jerusalen, francés, costó 38000 reales, el 
Rdo. D. Juan deGaldamez de Ay amonte, embajador de su Majestad 
Católica, costó 41000 reales, y á mas un Religioso Franciscano de Ca- 
narias y otro de Sevilla. 

Toda la España celebró con procesiones y demostraciones de ale- 
gría la entrada á su suspirada patria de estos pobres cautivos. La gen* 
te al verlos ostentar sobre su pecho el blanco Escapulario de la Merced, 
no podia contener las lágrimas, y con santo entusiasmo alababan y 
bendecian esta Orden redentora. Contento y satisfecho Su Majestad el 
Rey, manifestó su reconocimiento á tantos y tan grandes servicios pres- 
tados por los Religiosos de la Merced, empeñándose con el Papa para 
que confirmase todos los privilegios, gracias é indulgencias concedidas 
á nuestra Orden. 

260. 

Eedeaeion en Marruecos de. 152 cautivos en el affo íiVl. 

En el año 1 647 fué nombrado redentor por Castilla el R. P. Maes- 
tro Fr. Pedro Ortiz de Loyando, hijo del convento de Burgos, y por 
Andalucía el R. P. M. Fr. Juan de Santiago. Gomo al volver de la re- 
dención el P. Ortiz escribió la historia de ella, no haré mas que co- 
piarla , y es como sigue : 

Estaban las cosas de la redención tan bien arregladas y dispuestas 
del trienio pasado en virtud de las diligencias del Rmo. General, que 



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^ 



— 284 — 

apenas iinbo en qoc detenerse roas que en besar la mano del Rey Feli- 
pe III, y tomar su licencia y una orden que me dio para cierto nego- 
cio. Hizo para mi despedida el Rmo. P. General, conforme al ceremo- 
nial de la Orden, un Capitulo en que trató de la excelencia y grandeza 
de la obra de la redención, con el espirilu y prudencia que do aquel 
venerabilísimo Prelado se podia esperar, y dichas sobre mi, que estaba 
á sus pies, las oraciones y bendiciones que dispone el ceremonial, me 
despidió con gran ternura; mandando al P. M. Peñacerrada, provine 
cial, me saliese á despedir, como lo hizo. Fué este dia el de S. Pauli- 
no, obispo de Ñola, cosa que yo tuve á buen pronóstico, por haber si- 
do este Santo tan añcionado á la obra de la redención, y por haber en- 
tregado, por faltarle el dinero, su misma persona á los patrones desús 
feligreses cautivos. Llegué el otro dia á la ciudad de Toledo para aca- 
bar de despachar alli la bonetería que se llevó mucha aquel año. Allí 
tuve nuevas que al Rmo. General la Majestad de Felipe III le habia 
hecho obispo de Guadalajara, en Indias. Partí de alli para Sevilla, á 
donde llegué á jornadas contadas, y hallé las cosas de la redención tan 
bien puestas y ordenadas, que dentro de tres ó cuatro días partimos el 
?. M. Fr. Juan de Santiago y yo para Gibraltar. Era este P. Maestro 
un hombre muy docto, buen predicador y de suavísima condición, que 
lloraba tiernisimamente porque en Berbería se acabó el dinero y habia 
aun esclavos'para* redimir. Para guardar nuestra hacienda llevamos 
una docena de arcabuceros, ya que todos los criados y arrieros lleva- 
ban bocas de fuego. No fué menester nada de esto por la misericordia 
de Dios, porque no hubo tope ni encuentro alguno. Llegados á Gibral- 
tar, tuvimos que detenernos alli quince dias, hasta hallar embarcación, 
que fueron unos bergantines que estaban en Ceuta. Pasamos alli ; y el 
gpbcrnador.de aquella plaza, el Sr. D. Luis de Noroña, nobilislmo 
caballero^ nos recibió con toda cortesía y tomó en nuestros negocios el 
mismo interés que nosotros. Enviónos por salvo conducto á Tetuan, y 
porque la tierra estaba levantada, dispuso que viniesen moros de cáfi- 
la, que alli llaman, á mercado, para volvernos con ellos. Saliónos á 
despedir á la puerta de tierra. Llegamos el mismo dia á Tetuan, dis- 
tante ocho leguas ; al dia siguiente fuimos á besar la mano al Goberna- 
Jor, llamado Bemmunin, hombre de buena razón, manso y bien inten* 
36 



— 282 — 

clonado, negro atezado ; y en seguida visitamos al Almocaden mayor, 
que allá dicen Quibit, llamado Anicacis, hombre de gran juicio y pru- 
dencia, amigo de hacer justicia y píadosisimo para con los cautivos, el 
cual no podía sufrir que sus patrones les hicieran mal, y también de- 
cia que el cautivo está siempre pensando en como hurtar algo para 
comer y como huirse á tierra de cristianos. 

Al otro dia, abriendo la puerta de nuestra posada, que era eo la 
Judería en casa de un Jacob tapiero, hallamos dos moros tendidos á 
lo largo á los dos lados de la puerta con sus alfanjes. Les preguntamos 
que buscaban por alli, respondiéndonos que el Sr. Almocaden lesha- 
bia mandado, tanto para guardarnos como para decirnos que siendo 
aquel dia de mercado, teníamos que comprar al Almocaden muchos 
esclavos. El recado que luego nos envió por un secretario suyo, llapia- 
do Cazin Cárdenas Morisco, renegado, natural de Sevilla, fué para nos- 
otros de mayor pena. Mandónos que no contratásemos con ningún mer- 
cader de cautivos antes que hubiésemos contratado con el Sr. Gober- 
nador, con él, con sus hijos, y después de estos con los mercaderes de 
Tetuan, y luego podíamos ya contratar con cualquier mercader, asi 
de Argel como de cualquiera otra parte. Sentimos esto como era razón, 
porque nos pareció ser un camino derecho para consumirnos el dine- 
ro de la redención entre el Gobernador, el Almocaden y sus hijos, sin 
quedarnos para contratar con los demás. Y á la verdad fera esto muy 
de sentir, porque los cautivos del Gobernador y de los Almocddenes 
eran la peor ropa del mundo, franceses, ingleses, bienvenidos, y mu- 
chos de ellos de fe apócrifa, que los compran á menos precio con la 
autoridad de su poder y con la misma los venden á precio muy subi- 
do. Litigóse el caso algunos dias, alegando nosotros que se nos hacia 
fuerza conocida, á lo que dijo el moro que estrañaba nos viniese esto 
de nuevo; pues que él sabia que en Toledo y otras ciudades de España 
los herederos tenían privilegio de vender sus vinos primero que ningún 
otro vecino de los dichos lugares, y que no eran ellos de peor condición 
con sus cautivos. Estuvimos resueltos á volvernos á España, porque el 
dinero no lo teniamosen Berbería, sino que lo habíamos dejadoen Ceu- 
ta, pareciéndonos fácil poderlo embarcar y ponerlo en el convento de 
Gibrahar de donde lo sacamos. Dijimos al Almocaden nuestra rcsolu' 



— 283 — 

cion, y nos respondió que doce soldados nos habia dado para que nos 
guardasen á la venida, que veinte y cuatro nos daria para la vuelta, los 
doce pagados por su cuenta. 

Los vecinos de Tetuan lo sentían mucho, porque ciertamente esta 
ropa de cautivos es cosa que come, muere y se huye. Los judios nos 
aconsejaban que llegásemos á tratar pormenor con cuantos cautivos de 
rescate se contentaría el Gobernador y los Almocadenes, porque nos 
decían que si este negocio lo pusiésemos en razonable paraje, en cuan- 
to á los cautivos de los vecinos de Tetuan ymercaderes extranjeros po* 
diamos cortar por donde quisiésemos. No fué mal consejo : tratamos, 
pues, con cuantos se contentarían estas cabezas de república, viniendo 
á parar el negocio en que todos se reducirían á cuarenta cautivos poco 
mas ó menos. Fuese ajustandoel negocio, porque de algunos de los cau- 
tivos que nos vendían, respecto de ser franceses é ingleses, poníase en 
dada si eran católicos ; porque los demás cautivos ó fuese por envidia 
de que aquellos saliesen y ellos se quedasen, ó porque á la verdad no lo 
eran, en muchos ponían nota, y nosotros la esforzábamos cuanto po- 
díamos por tener mas dinero con que acudir á nuestros cautivos natu- 
rales. Me acuerdo que entre los cautivos de los Almocadenes nos me- 
tieron un cautivo negro, atezado, al cual no quisimos admitir porque 
de él se decía que se habia ido á Berbería de una fuerza de las que 
están al rededor de Ceuta, á volverse moro y darse buena vida, y por 
/o mismo no le habíamos de sacar, ni echar aqueHa mancha á la re- 
dención. A esto respondióel Almocaden mayor: <» Padre, en lo que de- 
cís que se vienen á volver moros por darse buena vida, vivís engaña- 
do ; que mas trabajosa es la vida y ley de los moros que la de los cris- 
tianos : ¿quién sufrirá tres guadoques para tres zalaes, que se han de 
hacer cada día en pies y piernas, manos, brazos y cabeza, así en in- 
vierno como en verano? Nuestros ayunos mucho mas penosos son que 
ios vuestros; el Ramadan en especial, que cae por el mes de agosto, 
se guarda tan rigurosamente que muchos pierden la vida en él, y en 
lo denaás que decís que este no es cristiano, á mi no me (oca sino lo que 
él confesare por su boca. Ven acá negro, ¿tú reconoces al Papa de 
Roma por cabeza?» Respondió el chichinior: «Pues, Padre, hale de 
JJcvar, porque, según Vdes. dicen, también murió porcslc el común Re- 



— 284 — 

denlor.D Este encuentro se fué enconando de tal manera, por ser caá* 
livo de UQ hijo del Almocaden, qne este echó mano al alfanje y le sa* 
có cosa de un palmo de la vaina. No nos alteró mucho esto, pues bien 
sabíamos que delante de su padre no había de tener ejecución el gol- 
pe ; pero mostrándonos muy agraviados del atrevimiento y en especial 
por haberlo hecho delante de su padre, quien finalmente lo compuso y 
vino á parar en que nos dieran otro cautivo en su lugar. 

Ajustada esta partida, corrió la redención con gran felicidad, y 
compramos como quisimos. Contaré aqui un caso que nos sucedió con 
el rescate de un tal Francisco Hurtado, natural de Madrid. Era esle 
cautivo de mi encomienda, y no le había podido descubrir en ninguna 
parte, cuando una mañana entróseme por las puertas un mozo, exte- 
nuado de hambre, metido en un chaleco, y con él venia un moro viejo, 
que según vimos era el mazmorreroque le tenia por su cuenta, á quien 
de su pobre ración había dado algunos feloces., que son como marave- 
dises, para que le dejase venir á verme. Díjome que era Francisco 
Hurlado, y que no le habían dejado salir de la mazmorra todo el tiem- 
po que habíamos estado en Tetuan, porque decía su patrón, llamado 
Bordan, que no habiéndole de rescatar doce cautivos que tenia enco- 
mendados de Argel, no quería dar á rescate á ninguno en particular. 
Este especial estaba cortado en cíen ducados, fuera de la limosna de la 
redención. Pedi al mazmorrero me hiciese la caridad de dejármelo 
aquel dia para que'comiese conmigo, y con dos reales que le di se fué 
muy contento. Vínonos á visitar por la tarde un moro noble y princi- 
pal que se llamaba Bohali. Festejárnosle con dulces que sacamos, y 
andaba el cautivo arrinconado por el aposento, cuando alcanzó á verle 
Bohali y preguntó quien era. «Señor, le dije, este es un cautivo á 
quien se le hace una injusticia. Es de Bordan con quien se cortó en 
cien ducados, porque le diese á rescate fuera de la limosna de la 
redención, y Bordan no le quiere dar, porque dice tiene orden de 
Argel para no darle si no se rescatan otros doce; cosa que á mi pa- 
recer es una injusticia, porque el cortarse un cautivo con su patrón 
en ciento ó doscientos ducados no es otra cosa que concertar con él, 
quedando aquellos cien ducados á mas de la limosna de la reden- 
ción para su rescate; y retirarse ahora cuando todo está pronto, es sa- 



— 285 — 

lírse del concierto, injastícia conocida. Parecióle bien al rooro la razón, 
y como poderoso que era en aquella república, inundó al momenlo 
que compareciese Bordan : preguntóle que habia en esto, y no supo 
decir mas de lo que yo habia dicho. Mandóle imperiosamente que le 
diese á rescate, y luego allí se hizo el contrato por auto de escribano, 
con quesalióel dicho cautivoy se ajustó en un dia cosa que en muchos 
no se pudiera sin grandes enfados. 

Proseguimos nuestra redención, y acabóse en pocos días. Llevamos 
para ella, entro mucha bonetería en mas de veinte cajones y algunos 
paños de Cuenca y cargas de tabaco, cerca dos mil ducados de escla- 
vos, con algunos adjutorios que dieron algunos de ellos, y fueron iodos 
los que salieron 133, si mal no recuerdo, porque no he podido des- 
cubrir ninguno de los papeles que por esto entonces se imprimieron. 
Antes de partir para G)uta, fuimos á despedirnos del Al^nocaden 
mayor, quien nos mandó dar dos carneros y dos cántaros de miel, y 
mandó también^ por tener que dormir aquella noche en el campo, nos 
pusiesen dos almahalas en medio del camino, donde pudiésemos repo- 
sar. Llegamos esotro dia á Ceuta, y en pocos dias salimos de ella em- 
barcados en tres ó cuatro bergantines, que los hay aHí muy buenos, y 
sin mas percance que algunos cañonazos que nos dirigió una nave de 
moros, desembarcamos en Gibraltar, y por nuestras jornadas conta- 
das dimos con nuestra redención en Sevilla, deteniéndonos primero en 
Triana, hasta que por parte del convento se dispuso una procesión muy 
solemne para la tarde en que aquella santa Iglesia de Sevilla sali.éndo- 
nos á recibir en la puerta y con el toque de sus campanas, mostró su 
gran piedad á esta santa obra, su amor á esta santa Religión y su no- 
bleza. Dispuse luego mi camino para Castilla con cincuenta cautivos, 
entre los que habia cuatro mujeres, tres niños y tres capitanes refor- 
mados, gallegos de nación y hombres de cuenta. Llegados á Madrid, se 
dispuso una solemne procesión con ellos, y fuimos á las Descalzas Rea- 
les, acompañados de mupha nobleza, en especial del Almirante de Cas« 
(illa y su tio el Sr. D. Rodrigo Henriquez, que me acompañaron á mi 
que llevaba el guión, llevando ellos los cordones. Dando á cada uno su ' 
pasaporte y ayuda de costa para volver á sus tierras, se despidieron 
los cautivos. Usábase esto entonces de llevar las redenciones á Madrid, 



^ 



— 286 — 

para que los fieles viesen el buen empleo de sus limosnas ; mas ahora 
ya no se acostumbra esto, porque los gastos son grandes y los kieoipos 
muy apretados. 

Hubiera podido decir en el discurso de esta redención muchas de 
las disputas que tuve con los judíos sobre y en razón de la verdad de 
nuestra ley y el engaño de la suya en eL modo de entenderla ; mas oo 
lo he hecho por no ser demasiado largo. El señor obispo Ribera 
(Q. E. E. G.) me mandó que lo escribiese muy exteiiso, para lo cual 
medió un libro en blanco, muy grande y muy bien encuadernado; 
pues seguramente era su intento que los redentores, como fuesen suce- 
diendo, escribiesen allí sus redenciones. Este libro, con algunas reden- 
ciones que en él hizo escribir, se perdió ; y en verdad que había cosas 
muy considerables que el Sr. Obispo había recogido de diferentes par* 
tes. Tod^ cuanto aqui se ha escrito, es verdad puntual en cuanto me 
acuerdo, porque el discurso del tiempo y la poca salud, juntamente 
con la flaqueza de cabeza, podrán haber causado algún engaño. Fecha 
en Madrid á 12 de julio de 1645. 

260. 
Redención en Tetaao de 140 cautivos en el afio 1618. 

El redentor P. M. Fr. Pedro Orliz al regresar del rescate escribió 
su relación como hizo en la antecedente, y es como sigue. 

Era todavía redentor por Andalucía, porque duraba el trienio del 
P. M. Fr. Juan de Santiago. Despachamos con brevedad; llevamos de- 
lante la bonetería desde Toledo remitida á Sevilla, donde ll9gado yo 
con mis pasaportes y demás recados, salimos paraGíbraltar no sin gran- 
des trabajos, habiendo hecho antes una muy larga procesión, llevando 
delante los cajones de moneda, cargas de bonetes y demás hacienda. 
Llegamos por la mañana de la víspera de Sta. Catalina, y cuando pen- 
sábamos que podríamos descansar alli algunos días, vino el Corregidor 
de Gibraltar, diciéndonos que teníamos buena ocasión de embarcarnos 
luego con toda seguridad, porque estaban en el Estrecho dos galeones 
para su guarda. En uno de ellos era cabo un honrado portugués lia- 



— 287- 

roado Hartin Alfonso, y asi no nos pareció bien perder la ocasión, tan- 
to por la seguridad, como por llevarnos de balde y con roncho regalo. 
Registramos la hacienda y la pusimos en unos barcos, porque el ga- 
león, respecto de pescar muchaagua, estaba lejos: metiéronla hacienda 
en el galeón, cajas de dinero, etc., con grande cuenta y razón del es- 
cribano que la recibió por auto público. Esta noche se alteró el mar, 
de manera que puso en cuidado á los maestros del navio. Fué preciso 
ceder á la tempestad y dejarse llevar, apartándose siempre de las ri- 
beras por no encallar. Anduvimos dos dias por el Estrecho, y finalmen- 
te llegamos á Ceuta por detras del monte de la Armina. 

Diré un caso que entonces sucedió : un grumelillo hurtó de una 
carga de tabaco cosa de cuatro ó cinco libras : llegó á noticia del cabo, 
metióle en el cepo, averiguóse la causa, y averiguada le borraron la 
plaza y echaron del galeón, sin que aprovechasen los ruegos y súplicas 
que le hicimos el P. Maestro é yo, diciéndonos que si no se castigase 
esto, no habría cosa segura. Bien dlferentefuéde lo que á la vuelta nos 
sucedió en dos galeras castellanas, en lasque á mas de hacernos pagar 
la embarcación, nos robaron cuanto teníamos, cogines, botas, espuelas 
etc., y. esto por lo mas escogido y lucido de la galera y á nuestros ojos. 

Luego de desembarcados, dicho Martin Alfonso, los capitanes y 
gente de mas cuenta del galeón fueron á visitar á N. Sra. de África, 
iraágen de gran devoción que está á la lengua del mar. Convidónos el 
Sr. D. Luis de Noroña á comer, tanto á ellos como á nosotros, y en 
medio de la eomida vino un portugués desolado, diciendo que había 
moros en el Estrecho. En un momento desamparamos todos la mesa : 
el cabo y demás capitanes se fueron á su galeón ; el Sr. D. Luis de No* 
roña bajó á la cava del castillo á poner en orden los bergantines y de- 
mas embarcaciones que alli habia. En esto entraron en el Estrecho dos 
saetías de torcos y moros de Argel, y cogieron la delantera al galeón 
qae los iba siguiendo. 

Los judíos, que son grandes hombres de meterse donde no los lla- 
man, y hacer so negocio en todo acontecimiento, decían que ellos yen- 
do y viniendo á Ceuta nos traerían los cautivos que quisiésemos, para lo 
cual nos ofrecieron anos roles, que allá llaman minutas, de los cautivos 
qae habia en Tetoan. No pareció conveniente, ni lo será jamás, que las 



\ 



— 288 — 

redenciones se hagan por inlerpueslas personas, y roucbo menos por 
judíos. Los moros de Tetuan tenían grande deseo de vender su hacien- 
da, y así se ofrecieron que, dándoles salvoconducto, traerían sus cau- 
tivos al campo de Ceuta y por sú cuenta y razón entrarían dentro de 
la ciudad á contratar con nosotros, saliendo al campo á reconocer sus 
cautivos. Al Gobernador, al princi|Jio, le pareció duro dejar que tanta 
multitud de gente se arrímase á la muralla debajo de la artillería ; pe* 
ro finalmente dando orden como se salvasen los peligros, nos conveni- 
roos á que viniesen én buen hora, y que los mas nobles patrones en- 
trasen ; cosa que gusta mucho á los vecinos de Ceuta, no menos que á 
los moros, porque tienen su trato y contrato entre si. 

Efectuóse la redención en breves días, porque la incomodidad de 
los cautivos y moros ordinarios que vivían en el campo, obligó á ello 
con la comunicación ordinaria de los cautivos. Sucedió que poco á po- 
co muchos de ellos entraban en la ciudad, diciendo que sí no los res- 
cataban volverían, cosa que sedéela con gran facilidad y tuvo dificul- 
tosísimo efecto. Yo bien conocí el daño, y ninguna vez vi cautivo den* 
tro de la ciudad sin estar rescatado, que no se me sobresaltase el cora' 
zon. Fuimos procediendo nuestra redención, é hicimos nuestras com- 
pras con alguna comodidad, conforme corrían las cosas en aquel tiem- 
po, en especial allá á la postre, porque á los patrones les venía muy 
mal tenerse que volver á sus casas con sus haciendas. 

Aquí contaré un suceso que me sucedió con el patrón de un niño 
que rescaté. La Sra. Duquesa de Medina-cceli me mandó que le resca- 
tase un niño que estaba cautivo en Tetuan, hijo de u(i criado suyo, que 
le cautivaron los moros en Pontevedra. Iba yo con mucho cuidado pa- 
ra sacar el niño de modo, que no entendiesen los moros que yo estaba 
interesado en el caso. Rescátele con la limosna ordinaria de dos mil 
reales. Llegó á noticia de su patrón la falsedad de que este niño era 
sobrino ó pariente muy cercano de la Sra. Duquesa de Medina-coeli. 
Crecióle el corazón, y estando yo fuera de casa una tarde y el niño ju- 
gando con otros en el portal de la] misma, llegó su patrón y tomándole^ 
de la mano, se lo llevó. Las vecinas que lo vieron comenzaron á gri-l 
tar : «Señor Juan deUrteaga, que se llevan los moros el niño.D Este 
Juan de Urteaga era un vizcaíno de pocas palabras, escribano de la re- 



— 289 — 

dcncion, qac oslaba arriba oscríbiendo sus autos, el cual para ahorrar 
tiempo é ir tras el moro, se dejó descolgar por la ventana, y llegando 
al moro, le dio muchos bofetones y le quitó el niño. Alegaba el moro 
que le habíamos engañado enormemente, pues que este cautivo era do 
diez mil ducados de rescate. Finalmente el niño volvió á casa, y yo le 
puse en cobro. Los moros se quejaron al gobernador, de que contra el * 
salvoconducto les habla maltratado aquel cristiano. El Sr. D. Luís NV 
ropa parecióle que era razón hacer alguna demostración de justicia, y 
asi me pidió que acabase con el dicho Juan de Urteaga y se dejase 
prender, que todo concluiría bien y brevemente. Yo se lo dije con toda 
suavidad, de manera que él vino en ello. Metiéronle en una torre muy 
alta que está arrimada al palacio del Gobernador, y las ventanas dan 
á la plaza y á la Se, qtfe allá llaman iglesia mayor. Iba cayendo la tar- 
de, y viniendo la noche á toda prisa, vio desde alli á la Xibotoya, que 
asi se llamaba el patrón del niño. Encolerizóse entonces, y comenzó á 
dar mil gritos y tirar á los moros iodo lo que encontraba, jurando que 
en saliendo de allí, habia de matar al dicho Xiboloya ó al primer moro 
que topase. Decía adem^.que el gobernador do )e podía prender, por- 
que era mínisUo de\ Rey.de España y exento de su jurisdicción. Ate- 
morizó tanto al moro, que pidió este al gobernador los hiciese amigos, 
(o cual Sje hizo aquella mi^ma noche, sacándole de la prisión. Nosotros 
le hicimos entender como no habia tenido razonen hurtareiníño, por- 
que hubiera podido pedir justicia ante el Sr. D. Liis de Noroña, que 
se la hiciera muy cumplida, y que el niño en ninguna manera era pa- 
riente de ta Sra. Duquesa de Hedina-cosli, sino hijo de un criado suyo; 
y el Diño era de tan mala hechura que no prometía mas. Era tamanico, 
y tenia resm^cllado un carrillo, qiíe á la cuenta en su tierra se le habia 
mecido un palo en dicho carrillo y habia quedado muy feo de la cura. 
Entendido esto por el moro, tuvo por bien de componerse con los mo- 
jicones qqe le dio el escrihaoo. 

En lo demás 9e.h¡zQ esta redención con mucha paz. Fué, en cuanto 
me puedo acordar, de 440 cautivos, pocos mas ó menos. Llevamos pa- 
ra cst3 redención cerca de 30,000 ducados en dinero, bonetqría y otros 
paños y lienzos diferentes, que.se vendió todo muy bien. Buena parte 
de este dinero fueron adjulorios con que los mismos cautivos se ayu- 
37 



— 290 — 

ciaron para su rescate; porque se hablan cortado algunos cautivos con 
sus patrones ea precios excesivos. Rescatáronse en esta redención dos 
Religiosos, uno de Sto. Domingo y otro de S. Francisco, con machas 
mujeres y niños, en especial una señora de Madrid, D.* Fulana de 
Vargas. 

Acabada la redeqcion, los patrones de los cautivos que no se habían 
podido rescatar, pues no bastó el dinero para todos, pedían sus cauti- 
vos que se bailaban por la ciudad, y se andaban escondiendo para no 
volver en poder de los moros. Los vecinos de Ceuta, movidos á piedad, 
ayudaban á los cautivos en lo que podían, por parecerles cosa terrible 
que cautivos que habían tocado en tierra de fieles, volvieran al cauti- 
verio. Asíanse de nosotros para que fuésemos de parecer que se que- 
dasen alli hasta que se procurase su rescate. El P. M. Santiago ( que 
esté en el cielo), como que era piadosísimo, decía que quedasen con 
cualquier riesgo ; á lo que yo no me avine por parecerme que sí que- 
daban alli con nuestro consentimiento, hablan de obligar al redentor 
nuestro á que fuese á rescatarlos, cosa de grande inconveniente y de 
malas consecuencias. El negocio iba perdido, porque prevalecía la pie- 
dad aparente, por lo cual hice una protesta ante el escribano, en la que 
yo protestaba que aquellos cautivos, que á la cuenta eran 60^ no que- 
daban alli por mi orden ni consentimiento, y asi que no parase perjui- 
cio á los redentores que de mí Orden después de mi viniesen, ni se los 
hiciesen rescatar. Oyéronlo, y con tanto se quedaron. 

En esta ocasión llamando por la minuta los cautivos para que fue^ 
sen embarcados, faltó uno, y el patrón dijo que se le había huido 
tierra de moros. Pero nosotros desechando esto, le dijimos que nos dit 
el cautivo ú otro tan bueno como aquel, ó sino qlie nos devolviese 
dinero» Cohlrovertióse el caso, y nos dieron otro cautivo con que 
embarcamos y liegapos á Gibraltar, en donde fuimos recibidos con 
do el mal gusto del mundo del Corregidor que «entonces era, caiunini 
do nuestras acciones, y diciendo que no valía nada ia redención, 
era toda de bienvenidos y herejes, y prendió algunos que se los hici 
soltar luegp, y los demás huyeron de Gibraltar como pudieron, a 
vesando tinos el monte Calpe y otros por otros caminos. Fué la ca 
de la indignación del Corregidor, qíte el P. M. Santiago, con su pi 



i 



— 294 — 

nataraly le habia prometido le rescataría el marido de la ama de un 
niño suyo, y llegado á efectuar el caso, hallamos que estaba cortado 
con su patrón en 300 ducados y en 2000 reales de la limosna de la 
redención. Pareciónos cosa dura gastar tanto dinero por un cautivo, 
dando á mas mal ejemplo á los otros. Con esto el Corregidor se entre- 
gó eo manos de la cólera. Salimos de Gibrallar y de su jurisdicción, y 
dentro de una legua ya los cautivos se habian juntado con nosotros sin 
que faltase uno. De allí fuiítoos á Sanlúcar de Barrameda á presentará 
la Sra. Duquesa de Medioa-Sidoniia unos cautivos que nos habia pedi- 
do le rescatásemos naturales de Conil, hombres muy honrados, que 
eran todo el gobierno de sos almadrabas. Fué esta señora muy bien- 
hechora de la Orden, y debiásele todo servicio y reconocimiento. Em- 
barcámonos es el rio de Sevilla, que nos fué de graír comodidad traer 
la redención recogida efti brazos, porque en tocando en algún lugar, es* 
pecialmente populoso, se distraen mucho los cautivos, levantando pen- 
dencias y ocasionando muchas enfados. En Sevilla se hizo la procesión 
de los cautívoiscon la acostumbrada solemnidad. 

De alli partí yo para Madrid con 60 cautivos que me dieron harta 
que hacer por el camino, por ser pendencieros y mal sufridos. En el 
puerto Lapiche me vi perdido con ellos, porque por haber reñido en- 
tré si y haberse querido poner la justicia de por medio, cada uno se 
fué por su parte ; pero en saliendo de alH, luego se volvieron á juntar. 
Entramos eo Madrid, en donde se hizo con los 60 cautivos que traje la 
acostumbrada procesión á las Descalzas. El Sr. Almirante de Castilla, 
y no recuerdo que otro principe, me acompañaron en ella que llevaba 
el guión. Entr^ué su cautivo á la Sra. Duquesa de Mediná^cceli, que 
vivía viuda y recogida sin dejarse ver de nadie en so casft junto á la 
Magdalena. Enternecióse mocho con el cautivítOyaunque Su Excelencia 
le imaginaba mas hermoso. Con el buen tratamiento y regalo se cubrió 
de lepra, y supe de cierto que le tenia hecha su camita en su retrete y 
por sus manos le curaba. Conjuróme muy estrechamente que le dijere 
lo que habia gastado con el dicho cautivo desde Tetuan hasta Madrid, 
lo que pagó muy cumplidamente. Di cuentas al consejo, como es cos- 
tumbre, y era patrón de la obra pia el Sr. D. Pedro de Tapia (que 
esté en el cielo), y leyendo en mi presencia los gastos qué habíamos 



— 292 - 

hecho en la. redención» y viéndolos tan parcos y ajustados, dijome si 
éramos gallas que nos pasábamos con tan poco. Confieso que procu* 
ramos ser muy moderados en los gastos, |anlo por la razón que por 
ello hay, como por haber oido quiza decir á los mismos cautivos: 
«Bien se regalan los PP. á nuestra cuenta.» Es grande el trabajo que 
los redentores tienen con los cautivos que rescatan, como también con 
los que no rescatan. Ahora recuerdo que en lá primera redención, vi* 
nienilo de despedirme del Almocaden Anicacis, yendo por una calle en 
que ^taba una mazmorra, salieron de ella unos cautivos que jparecian 
demonios, y llamándonos ladrones y traidores, que solo rescatábamos 
bienvenidos y herejes, nos tiraron muchas piedras; si bien que no lo 
compraron barato, porque entendido por el Almocaden, les hi20 dar 
muchos palos, y al mazmorrero que les abrió la puerta le quitó el ofi- 
cio. Con los cautivos mismos no son menos los trabajos que se padecen; 
nunca están contentos por mas que les den. Es co^ fatat en ellos ser 
desagradecidos. Parece que esta santa Religión, que tantos cautivos ha 
rescatado ya por la provincia de Aragón, Valencia é Italia, parece, 
digo, que por donde quiera que fuese este santo hábito, había de 
haber hombrea rescatados que le besasen ; pero nada de esto. Eet gente 
muy desconocida ; quizá lo ordena Dios asi, para que el premio solo 
se esperé y tenga en el cíelo : y aun en nuestras mismas Constitucio- 
nes, el autor de ellas, no sin particular providencia, parece que aten- 
dió á esto, porque habiendo para los demás trabajos y oficios de la 
Orden premios, grados y exenciones, para la redención no hay nin<- 
guno, para que solo del cielo lo esperemos. 

Esto me sucedió con toda puntualidad y verdad en estas dos re- 
denciones, 'salvo que en materia de memoria, por tenerla con la edad 
muy frágil, puedo haber faltado' en algo. Fecha en Madrid á 43 de ju- 
liode>l648. 

261. 

Redención en Argel de íi\ cautivos en el ano 16^. 

• 

El P. M. Fr. Vicente Serrano vistió nuestro santo hábito en Zarago- 
za el (lia 30 de mayo de 1886, y. con su buen natural y grande inge- 



— 293 — 

DÍo salió tan aprovechado de los estudios que asi en la cátedra como 
en el pulpito fué muy celebrado y de mucho írrito; pues como predica- 
dor, era sólido en la doctrina, grave en el estilo y eficaz en la persua- 
sión. Su discreción^ prudencia, zelo y virtud hizo que la Orden le ocu- 
para en varías prelacias, y nombrase redentor para el rescate del año 
4 620. 

Pasó á Argel, y su santo celo y paciencia fué probado con muchos 
trabajos por el mal trato de los infieles. Diéronle muchos golpes y pa- 
los sobre el vientre ; tirábanle inmundicias y escupíanle al rostro. Todo 
lo sufría con admirable paciencia, y volviendo su atención á Cristo en 
sus tormeato| y oprobios, se alegraba de acompañarle en ellos, y le 
daba gracias de lo que por su causa padecia. Fué tanto el aprecio que 
hizo de estas penas y trabajos, que d hábito que traia ajado y ensu- 
ciado por los moros, lo guardó con mucha estimación hasta la muerte, 
y pidió le enterrasen con él. Rescató 424 cautivos, y dispuso su vuelta 
para España. 

No se contentó el Señor con lo que el P. M. Serrano fa^Ha padecí- 
do ; aun quiso labrarle mas preciosamente la corona. Uno de los mo- 
ros que con ojeriza le miraban, te levantó un falso testimonio, dicien- 
do le había oido hablar muy mal de la secta de Mahoma. Dióse la que- 
rella ante el Rey, y sin mas averiguación, le mandaron poner preso, y 
condenaron á quemar. Sacáronle de la prisión cargado de cadenas, y 
]e llevaban por las calles maltratándole con golpes, piedras y lodo. No 
falló alguno de los que miraban este espectáculo que, conociendo ser 
injusto castigar á un hombre sin averiguarle el delito, se fué al Rey 
para que mandase suspender la sentencia hasta que se tomase informa- 
ción del caso. Hizolo asi, y cuando ya estaba el santo redentor para 
* ser atado y quemado, vino orden que lo volviesen á la cárcel. Tomóse 
la deposición de los testigos que citaba el acusador y los que dieron 
por parte del redentor, y se halló ser impostura. Mandóle librar, y 
traido á su presencia, le dijo como habia averiguado ser falso lo que le 
acriminaban, que habia mandado castigar al acusador, y que ya po- 
dia embarcarse para España. 

Pasando ppr una calle de Argel, vio un zapatero que con una imá- 
rrcn do un Crucifijo clavaba ios clavos de los zapatos. Afligióse de ver 



— 894 — 

tal ignominia contra nuestro Redentor ; pidióle se la vendiera, y dán- 
dole mucho mas de lo que el moro esperaba, la rescató, y procuró com- 
pensar con devoción ferviente y humildes adoraciones las injurias que 
había padecido en las sucias y sacrilegas manos de aquel bárbaro. Em- 
barcóse con los cautivos rescatados, y con feliz viaje volvió á la pro- 
vincia y á su convento de Tarragona, donde solia coñlar con lagrimas 
los sucesos de su redención. 

262. 

RedeneioD en Marruecos de 115 cautivos en el auo i624. 

En el año 4624 fueron nombrados redentores el P. M. Fr. Francís* 
co de Benavides por Castilla y el P. H. Fr. Gaspar Nuñez por Andalu- 
cía, Religiosos los dos de virtud y méritos. Pasaron al África, y re- 
corrieron todos los "baños de las ciudades de Tetuan, Alcázar y Sale. 
Allí encooliaron una multitud de infelices cautivos sumidos en la mi- 
seria, y una vez informados, empezaron la redención por dos venera- 
bles Religiosos, de la Orden de Sto. Domingo el uno y de S. Francisco 
el otro, no pudiendo ios redentores contener las lágrimas al verlos cu- 
biertos de andrajos, tirar la carreta como bestias, tristes, pálidos y des- 
fallecidos de fatiga que apenas podían sostenerse, los que pagaron á 
alto precio, como también, á quince niños y nueve mujeres queestaban 
en grande peligro de su fe, por su edad y por su sexo^ Continuaron el 
rescate, y redimieron hasta 415 infelices cristianos que gemían bajo el 
peso de su de^racia . 

263. 

Redención en Argel de 230 cautivos en el año 1627 . y quédase en rehenes 

el R. P. Fr. Juan Cavero, redentor. 

Uno de los muchos hijos ilustres en virtud y letras que han salido 
del real convento de Zaragoza, es el R. V. M. Fr. Juan Cavero, natu- 
ral de la villa de Linas, en el Valle de Broto y Montañas de Jaca. Hizo 



— 296 — 

stt profesión á 40 de marzo del 4583, y en su joventad atesoró mo- 
chas virtudes y conocimientos en las sagradas letras. La Orden le en- 
cargó varias prelacias de conventos, y le nombró redentor para la re- 
dención del ano 4645, como hemos visto arriba. Su corazón generoso, 
magnánimo y ferviente deseaba padecer por Jesucristo, y todas las 
penas y trabajos que en esta redención pasó, fueron poco ó nada para 
salisfacer su deseo de padecer. 

Quiso cumplir Nuestro Señor \oé deseos de este V. Padre, y asi en 
el Capitulo celebrado en Barcelona á 22 de enero del año 4 625, siendo 
General el P. M. Fr. Gaspar Prieto, disposo Su Majestad nombraran re- 
dentor ai P» Gavero. Quiso el Reverendísimo se hiciera esta redención 
junta con la de Castilla y Andalucía, y fué nombrado redentor por 
Castilla el P. M. Fr. Francisco Galindo y por Andalucía el P. M. Fray 
Luis de Vilches.- Dispusieron lo necesario parala partida: pasaron á 
Oran, y de allí á 14 de junio del año 4627 se embarcaron para Argel, 
y aunque afligidos por peligrosas borrascaá llegaron finalmente al puer- 
to. Trataron del rescate, padeciendo grandes trd^ajos de aquellos bár- 
baros, y redimieron 250 esclavos, entre los que había varios nobles 
y personas de dignidad, eclesiásticos, niños y mujeres, por lo que fué 
muy costosa esta redención. 

Por la multitud de cautivos y mal trato de los patrones quedaban 
por rescatar muchos en quienes advirtió el M. Cavero fuerte, despe- 
cho, y queriendo cx)nsolarlos con la esperanza de pronta redención, 
descubrió llegaba en ellos la tentación á lo sumo con evidente riesgo de 
apostatar. Condolido el santo redentor, trató con los compañeros el 
caso, y deseoso de cumplir su cuarto voto, se ofreció gustoso á quedar 
en reheoéH, rescatando los quemas riesgo tenían por empeño de 42,000 
escudos de plata. Despidiéronse los otros con los cautivos, y volvieron 
á España. Llegaron á Mallorca á 27 de octubre, de donde salieron para 
Valencia; mas una tempestad furiosa les sobresaltó, y les costó llegar á 
dicha ciudad hasta el día 22 de noviembre. 

Quedóse en Argel el M. Cavero, donde su ardiente caridad fué muy 
necesaria para el alivio y consuelo de los cautivos, haciendo el oficio 
de un nuevo Tobías, alentándoles á padecer, confirmándoles en la fe 
y librándoles de los riesgos de renegar, Los dias que podían ir al Baño, 



— 29G — 

les conresaba y adipinistraba los Sacramentos : les predicaba en los 
días festivos, y á todas horas estaba con ellos para sa ooosoelo, doctri- 
na y edi6cac¡0D. Cuando sabia que alguno se hallaba enfermo, le asistía 
con mucha ternura, y si era peligrosa la enfermedad, no lo dejaba hasta 
que ó moría con los Sacramentos ó mejoraba. A los pobres necesitados 
socorría con lo que podía, valiéndose de los que podían ayudarle. Sii 
zelo por la santa fe era grande ; quisiera predicarla por las plazas ; 
mas se contentaba su fervoroso deseo con persuadirla á los que trataba 
según se ofrecía la oportunidad. Un dia de Sla Lucia, hablando delante 
de algunos moros déla verdadera ley, se enfervorizó de tal modo so santo 
zelo, que sin reparar en lo que le había de suceder, dijo muchos elo- 
gios de la santa fe de Jesucristo y desengaños del error de la secta de 
Mahoma, en tanto grado, que irritado uno de los circunstantes, toman- 
do una piedra, que fué el primer instrumento que encontró, le dio tan- 
tos golpes en la boca, que le hizo caer todos los dientes y arrojar gran 
copia de sangre. Hubiera pasado á mas, á no haberlo detenido los cir- 
cunstantes, advertidos de que el redentor era fiador de 42,000 esca- 
dos. Este tormento sufrió con grande alegría de su corazón el P. Cave- 
ro, creyendo iba á perder la vida en manos de los bárbaros. No qubo 
Dios cumplir estos deseos, porque quería dilatar mas su vida, para qoe 
fuese mas largo su penar. . 

Veinte y dos meses duró el cautiverio del P. M. Cavero, y en él 
padeció muchos trabajos, tanto por la compasión de los cautivos Cuan- 
to por el mal trato de los moros. Dispuso la Religión su libertad, para 
lo que mandaron ir con el dinero al P. Comendador de'Calatayud, 
Fr. Juan de Iriaizoz, navarro, natural de Pamplona, hombre santo y de 
ejemplar vida. Pasó este buen Religioso á Argel, en donde s#v¡rtud le 
niereció de Dios la asistencia para padecer por su santo Nombre. Fué 
el caso, que luego que llegó á Argel, vio sacar á quemar un cautivo 
cristiano. Encendióse en zelo santo de la salvación de aquella alma, 
y llegándose á él le comenzó á predicar con gran fervor para qoe per- 
severase constante en la confesión de Jesucristo contra las persuasiones 
del común enemigo y de los moros, de que se veía tentado. Tomáronlo 
estos á mal, y con gran furia lo llevaron á la prisión ; dieron querella 
ante el Rey, acriminando por digna de cruel muerte la osadía del Pa- 



— 297 — 

dre Fr. Joan. Luego fué condenado á quemar, sin que la mediación del 
M, Cavero pudiera aprovechar para librarlo. 

Envidiaba el redentor la dicha del P. Juan, viendo cuan prestóle 
habia hecho digno el Señor del martirio, y confundiaseen su propio co- 
nocimiento por no haber tenido ocasión de lograrlo en tanto tiempo ; 
pero con humilde resignación se dejaba en el querer de Dios, de quien 
confiaba le encaminaría por donde fuera de su mayor agrado. Sacaron' 
al P. Iriaizoz á la marina, en donde estaba preparada la leña para el 
sacrificio ; iba c^n notable aliento y grande paciencia, sufriendo los 
oprobios y malos tratos del camino. Atáronlo a un palo, y dando fue- 
go á la leña, comenzó á quemarse su santo cuerpo. Movióse á piedad 
un turco noble que estaba mirando el espectáculo, y ofreciendo canti- 
dad de dinero por su libertad, pudo conseguir lo sacasen de entre las 
llamas, aunque medio quemado. Llevólo el P. M. Cavero á la posada, 
y lo tuvo en ella curándolo, hasta tanto que pudieron embarcarse, y 
se volvieron á Aragón. Restituyóse á su encomienda de Calatayud el 
P. Fr. Joan, donde vivió algún tiempo sufriendo de resultas de las que- 
maduras, pero con admirable ejemplo de paciencia. Predijo un dia an* 
tes la hora de su m4]erte. Murió en el año 4630 en dicho convento de 
Calatayud con universal aclamación desanto. Tres diasestuvosu cuer- 
po sin poderse sepultar, para dar lugar á la devoción de los fieles. 

264- 

Redención en Argel de 133 cautivos en el afio 1617. 

Entre la multitud de infelices que gemían en la mas dura esclavi* 
tud en Argel, había ,no pocos mallorquínes de cuyas penas y gemidos 
se condolian sus parientes y amigos desde la isla, su patria. Para con- 
solarles y arrancarles del poder de los moros, en la ciudad de Palma 
y toda la isla se hizo un esfuerzo, recogiendo limosnas; pero nuestro 
convento hizo grandes sacrificios. Pasó á Argel de redentor el P. predi- 
cador Fr. Francisco Assalendo, y redimió 133 cautivos á costa de mu- 
chas penas y fatigas, y condujo á Mallorca donde llegó el dia 28 de oc- 
tubre del año 4627. (Consta en el archivo de Palma.) 
38 



— 298 — 
26o. 

I 

RedenciOD en Marruecos de 50 cautivos en el año 1630. 

Después que el Rey de Francia Luis XIII hubo triunfado de sus ene- 
Ynigos, y restablecido el culto del Señor que los herejes habian abolido, 
sabiendo con dolor que el Rey de Marruecos y los habitantes de Sale 
cautivaban á cuantos franceses eran abordados por los piratas, envió 
una escuadra para proteger el comercio, y apresar los .bafrcos turcos 
que saliesen de sus puertos. Nuestros Religiosos franceses úo quisieron 
perder tan buena ocasión^ y nombraron para redentores al R. P. Fray 
Francisco Dathla, doctor en teología y Comendador de Paris, al Padre 
M. Fr. Francisco Faysan y a) P. Fr. Dispania. 

Embarcáronse en la .Rochela en el mes de setiembre de 4629, y 
llegaron felizmente delante de Sale. Espantados los moros á vista de la 
escuadra, mandaron comisionados al Almirante ó Capitán para saber 
sus intenciones, y según viesen, poder entrar en negociaciones de paz. 
Entre tanto los PP. redentores recibieron permiso de bajar á Sale. H¡- 
ciéronse proposiciones de paz; las de Francia fueron aceptadas por los 
moros; pero para aceptar las del Marroc, el Capitán francés dijo que 
carecía de instrucciones, y que pasaría á Francia dejándoles los Padres 
redentores en empeño. Un año duro este viaje, y los redentores se ocu- 
paron en consolar, instruir y administrar los Sacramentos á los pobres 
cautivos. A estos infelices les era muy pesada la esclavitud á causa del 
rigor y maltrato de los moros, y viendo los Padres que habia 34 cau- 
tivos franceses en grave peligro de perder la fe, los rescataron. Lo oías 
sensible para los redentores era que habia unos 4*9 cautivos en el mis- 
mo peligro que los otros, y no teoian dinero para rescatarles; mas por 
esto no se acobardaron , se ofrecieron en empeño ; pero los patrones 
quisieron dinero contante. En tal conflicto, acudieron á D. Jaime Ha- 
ghara, negociante inglés, que admirado de la caridad, zelo y despren- 
dimiento de estos Religiosos, les prestó 9,090 libras en mercaderías 
que ellos hicieron valer, y rescataron á los pobres 49 cautivos que en 
tanto peligro se hallaban. 



— 299 — 

foco deanes llegó á la i^ada de Sale la escuadra francesa (23 julio 
4630) que iba á castigar la falta de feen el iratado empezado. Les apre- 
saros tres barcos bien cargados, y luego embislieroo otro ai momento 
de entrar en el puerto, y se apoderaron de él. Aterrados los moj'os, 
ofrecieron ia paz ; pero el Capitán no la admitió, que antes no le pre- 
seatajBea todos los cautivos franceses como lo habian prometido, y á 
precio razéMiable. 

El P. Dathia al abrazar al Capitán, le presentó los SO cautivos que 
había redimido. El Diván mandó que todos los amos trajeran los 
franceses, y pasaron de 500 los que fueron presentados, y después 
rescatados por mercaderías. El rescaté duró hasta el 45«de agosto, y el 
dia 46 se escribió al Rey de Marroc, diciendo que se enviaban á Sale los 
tres barcos apresados, para embarcar los 500 redimidos y los 50 del 
P. Datbia. El dia 20, Uorat-Raiz, deputado por el Diván, con su Plana 
oíiayor visitó al Capitán francés que con el P. Dathia bajó á Sale é hi- 
cieron la paz ; pero el tratado no se concluyó hasta el año 4 632 por re* 
tardos y entorpecimientos por parte del Marroc. El dia 27 agosto los 
franceses se hicieron á la vela, y los PP. redentores x^on sus cautivos 
llegaron á Francia con toda felicidad. 

266. 

Redención en Tonez de 113 cautiiros en el año 1633, 

la que pasó ¿ Roma. 

Uno de los hombres que por su virtud y saber mereció mucha con- 
sideración y respeto dentro y fuera de nuestra Orden, fué el venerable 
P. M. Fr. Juan Molina, que nació en Carenas (Aragón), y vistió nues- 
tro hábito en Calatavud á 47 de octubre de 4 596, siendo toda su vida 
UQ Rdígioso ejemplar, apacible, compasivo, retirado, silencioso, aph'- 
cado; y tan cariñoso y mortificado que enfervorizaba á los demás. 
Aprovechado en los estudios, le^ó después artes y teoiogia en la Orden, 
y lo eligieron Comendador de Zaragoza y mas tarde redentor para pasar 
á tunez, cuya jomada él mismo dejó escrita por mandato del Revo- 
rendisimo P. General Fr. Marcos Salmerón, y os como sigue : 



— 800 — 

Siendo General y electo ya obispo de Albarracin el Rmo. P. Maes- 
tro Fr. Juan Cebrian, se me raandó fuese á hacer una redención á la 
ciudad de Túnez en Berbería por sola esta provincia de Aragón y por 
el reino de Cataluña ; y vino conmigo el P. Fr. Gaspar Castellón. Lle- 
vamos poco mas de 1 5,000 escudos. Presénteme en Barcelona al se- 
ñor infante Cardenal con la licencia del Rey nuestro señor. Como esta- 
ba Su Alteza de partida para Flandes» mandó al Duque de Fernán- 
dina me diera embarcación. Diómela Su Excelencia en la Palrona de 
Genova, donde iba la Sra. Marquesa Deste, mujer del Caballerizo ma- 
yor de Su Alteza. Partimos de Barcelona á 41 de abril de 4633, sien- 
do General el Rmo. P. M. Fr. Diego Serrano. 

Llegados á Genova, dia.de la Ascensión del Señor, hallé estaba de 
partida para Tabarca (que era donde yo había de ir para diligenciar el 
salvoconducto, distante de Túnez 20 leguas] un navio genovés, que pa- 
rece nos lo tenia el Señor aparejado, pues al siguiente dia que llegamos 
nos embarcamos en él para Berbería. Estando en medio del golfo de 
Lion, Pascua de Espíritu Santo, una mañana al salir el sol descubri- 
mos tres ó cuatro navios de turcos que venian sobre nosotros. Volvi- 
mos velas, y fué Dios servido, que se moviese un levante tal á favor 
nuestro, que nos hizo volver atrás, golfo adentro, todo aquel dia, y de 
este modo los perdimos de vista. Por la tarde yendo de vuelta á Berbe- 
ría, una hora ó dos antes de ponerse el sol, descubrimos otro grande 
navio turco, mayor que el nuestro ; pero como no era mas que uno so- 
lo, no quiso nuestro capitán volver atrás, sino llegar á combatir, é 
izadas las banderas rojas en el nuestro, se pusieron los dos navios á 
tiro de mosquete para pelear ; pero fué Dios servido poner el temor 
mayor en los turcos, y haciéndonos señal con una trompeta, nos indi- 
caron que ya podíamos pasar adelante, lo que hicimos tomándonos el 
mejor puesto de sobreviento y los reflejos del sol. 

En este tiempo libró Dios á la redención de otro mayor peligro ; 
salvónos una calma que nos detuvo en el golfo de Leos por espacio de 
tresdias. Sucedió que tres soldados y dos massadores del castillo de 
Tabarca, donde Íbamos, habían concertado con el Gobernador de ua 
castillo que el Bey de Francia tenia en Berbería junto á fiona, entre- 
i^arle el de Tabarca á traición (es del Rey de España, aunque corre el 



— 301 — 

gobierno de él por los Llomelines de Genova.) Pero quiso Dios que an- 
tes que llegáramos se descubriese. Cuando nos vieron aquellos habi- 
tantes, salieron á recibirnos dándonos la enhorabuena de la merced que 
Dios tanto á nosotros como á ellos nos había hecho, porque á haberse 
entregado el castillo, era perdido el navio con la hacienda y dinero y 
mas de sesenia personas junto con la redención que iba en él. 

Otro suceso no menos prodigioso nos sucedió. Luego que un turco 
princi|)al de Túnez entendió que hablamos sacado salvoconducto para 
entrar en dicha ciudad á rescatar, llamó secretamenle á un arráez su- 
yo, que es lo mismo que capitán, y le mandó armar mny bien y de 
esforzados turcos una tartana, y salir á Puertofarina, por donde habla- 
mos de pasar, y nos degollaran á los redentores y á los turcos que ha- 
bía enviado el Bajá para que nos acompañasen ; y tomado que hubie- 
ren el dinero, dieran unos cuantos barrenos á nuestro bergantin, para 
que se anegara y no tuvieran nolicia de nosotros, y que la tartana con 
el dinero la llevaran hacia levante, con ausencia de Túnez por lo roe- 
nos de cuatro meses, y finalmente les ofreció darles é la vuelta muy 
buena paga. Salieron, pues, cuarenta turcos, y nos aguardaban en di- 
cho Puertofarina. Dia de S. Pedro, dicha que habimos la misa en Ta- 
barca, embarcamos el dinero, y estando ya para salir, apareció en el 
cielo un iris y arco tempestuosísimo, señal de gran tormenta, tanto 
qae bajó corriendo el mismo Gobernador del Castillo y nos mandó des- 
embarcar personas y dinero. Luego se embraveció tanto el mar que en 
cinco dias no nos dio lugar á poder entrar en él. 

Fué Dios servido con esta tormenta arrojar dos fragatas católicas 
armadas alli donde estaba la tartana con los cuarenta turcos aguar- 
dándonos. Estos, como que estaban en su tierra, no tenían centinela ni 
de nadie se recelaban ; asi las fragatas tuvieron lugar de arrimarse á 
los dos lados, de modo que ningún daño les podía hacer con la artille- 
ría la tartana. Luego que fueron sentidos por los turcos, estos para 
disparar los mosquetes les era preciso sacar todo el cuerpo para tirar 
á los C4)lólicos, que estaban abajo de los bergantines, y asi que los tur» 
eos se asomaban, eran derribados por los católicos, de suerte que de los 
cuarenta solo dos quedaron vivos, lo cual pudieron conseguir arroján- 
dose al agua. No se contentó el Señor con la muerte de cslos ladrones. 



— 302 — 

sino que al ladrón principal, que era el lürco qoc los habia enviado, 8c 
lo llevó di diablo de isu misma casa borracho de un vino que llaman 
grech. Murió en la misma hora en que murieron los treinta y ocho ^n 
el mar, y de este modo permitió Dios que llegásemos á Túnez eix don* 
do se nos dio noticia de la tartana. Habia sentimiento de los turcos por 
ser principales los dos que quedaron ; y á fin de que no les quitara á 
ellos la vida el Duan, dijeron que estando muriendo el capitán, les ma- 
nifestó á lo que habian salido, y si esto dijeron, fué porque hallaron ha- 
bia muerto en su casa el turco que los habia enviado^ que á no ser 
muerto, no se atrevieran á descubrirlo, porque él y ellos tenían pena 
de la. vida, por haber salido contra quienes iban con salvoconducto. 

Llegado que hubimos á Túnez, füimosá casa del Bajá, que es como 
virey, á hacerle manifiesto el dinero y pagar sus derechos. Pagado qoe 
le hube 2,500 escudos que le venían, roe dijo que de -lo restante del 
dinero le habia de dejar alli 3,000 reales de á ocho. Pregúntele para 
qué ó por qué derecho, y me respondió por lo que le tocaba de puer- 
tas de la salida de los esclavos que habia de rescatar. Le dije yo que 
él DO sabia los esclavos que yo rescataría, si ciento, ó si cuatix) ; y que 
si no rescataba mas, ¿porqué habia de entregarle tanto dinero? Dijome 
que ya me devolvería lo restante ; roas yo le respondí que el dinero 
era mío, y que no debía nada á Su Excelencia, y asi estaría en su lu* 
gar y en poder de su dueño. Respondióme, pues ha de quedar aunque 
te pese. Repliquéle, esto se mirará primero. Volví á lomar los dos nníl 
ducados, que aun estaban alli presentes, póselos cñ las cajas, y cerradas 
que fueron con llave, fuiroe al Rey, que allá dicen Patrón-Mayor, esto 
es, sobre el Duan, qoe acá decimos consejo, y sobro el Bajá. Dile noti- 
cia de lo que sin razón se me exigía, y este envió luego al Bajá una or- 
den, que cobrados los derechos que al presente se le debian, me entre- 
gara lo demás sin quedarse ni un solo real, y esto sin réplica. Quedó tan 
mohino y sin palabras, que estando contando sus 2,500 escudos, me dijo 
con indignación diabólica estas palabras : Yo escribiré al Rey de España 
que mal ministro eres; pues noiías venido aqoi sino á jugar, comer y 
embolsarte su dinero. Habia delante muchos turcos ; volvime hacia 
ellos, y, reparen Yds., les dije, en las pocas verdades que irán al Rey 
de España, mí señor, en la carta del Sr. Bajá ; pues estando aqui todo 



— 303 — 

H dinerO) dioc me lo he jugado^ comido y bebido. Volvime hacía el 
Bajá Y dijele : cufiipiieDdo yo con mí conciencia y con l^s obligaciones 
que para con Dios tengo en este su santo ministerio, de lo que Vuestra 
Excelencia y el Señor de España me pueden hacer, se me da á mi una 
blanca. 

Contaban el dinero los judies y los turcos, y vino á las manos de 
un judío un real de á ocho de los del Rey Vamba ; mirólo dos ó tres 
veces, y por no nombrar la cruz, echólo entre los contados. Reparó esto 
un turco, y tomándolo se volvió diciendo : este real no estar bono. Pre* 
guntéle yo que tener, pues los plateros buscan estos por ser los de mas 
limpia plata y tener flechas como los turcos. Respondióme: no estar bo- 
no por no tener cruz como los demás. Reime mucho, y dtjeles: Para 
vosotros la cruz solo está buena en el dinero ; y entonces saqué de mi 
bolsillo un mejicano,' y besé la cruz diciendo : O santa cruz, pues 
para mi no solo eres buena en el dinero, sino también en la frenle, en 
el corazón y en el alma para, satisfacción de ella. Díles el real, y no 
me replicaron, no obstante que veian me reía de ellos. El judio habia 
reparado en la falta de cruz, pero para no nombrarla, había echado el 
real en los que estaban contado^. 

Preguntóme un turco burlándose de mi : Papaz, ¿querer oonfe* 
sarme? Respoñdile que no es á mi con quien debe confesarse, sino 
con Dios que es el ofendido ; pero Dios ha querido que por medio de 
nosotros se perdonen los pecados.. Replicóme: pues ¿cómo decir vos- 
otros que perdonar pecados? Pregúntele yo : cuando el Bajá vino 
á Túnez, ¿jorqué le recibisteis? Dijome, por venir con poderes 
del gran Señor. Insistí yo, ¿y porqué le obedecéis? ¿y á quién obe- 
decéis? Contestó , al gran Señor. Entonces dije yo : si un bom* 
brc, pueS) puede dar su poder á otro hombre, el cual es obedecido y 
respetado como si fuera la persona del mismo señor, ¿porqué queréis 
vosotros coartar este poder á Dios, que es infinito? Pues sabed, que 
Dios á los sacerdotes 3uyos les tiene dado su poder, por cuyo medio 
perdona á todos los que confiesen sus pecados. Todos callaron , y la 
borla se convirtió en silencio y admiración sin hacerme mas preguntas. 
Sucedió en casa del Rey y en presencia de muchos turcos y renegados. 

Tenia yo necesidad de una faluca, para poder ir mi compañero á 



— 304 — 

buscar algún dinero que era de la redención y temamos en Palermo, pro- 
vincia de Itali»; pero no habia en Túnez sino una de] Rey. Pedile me la 
prestara, con la condición de que volveria con brevedad, á lo que res- 
pondió, que para esto era preciso le diera dos ó tres mil reales de á 
ocho. Por mas que yo le mostrase mi necesidad y trabajos, estaba él 
firme en sus dos mil reales, y conociendo que no habia medio de hacerle 
desistir de su propósito, porque era un viejo muy avariento, acc^ime 
á Dios levantando el corazón al cielo con aquellas palabras de los Pro- 
verbios : Cor 'Regís in manu Domini; quocumque voluerís, inclinabis 
illum. Al punto que las empecé á decir, se levantó el Rey con indigna- 
ción diciendo : Toma, Papaz, la faluca, y quítateme de delante, que 
manda mi ley tener pocas palabras con vosotros, por ser gente de mu* 
cho saber, y se rae entró. Quedóme dando gracias al Señor por tan 
milagrosa é instantánea mutación en aquel corazón depravado y cruel, 
pues demostró Dios claramente que aquello era efecto de su soberana 
mano, ya que hizo olvidar al Rey el pedirnos la faluca, pues al ha- 
bérnosla pedido nos hubiera dado un gran trastorno; porque sucedió, 
que viniendo mí compañero de Palermo en una polaca, llevaba esta 
atada la faluca ; pero como que corria tormenta, las olas del mar da- 
ban contra la polaca, chocando esta tan fuertemente con la faluca, que 
el patrón se vio obligado á cortar el cabo, abandonando la faluca al 
arbitrio del mar. Yo estaba con gran cuidado, porque pensaba que el 
Rey nos la pedirla, y como que era tan interesado, temia que si antes 
nos la vendía por dos mil, después de perdida nos haría pagar seis mil 
reales. Fué Dios servido que no se acordase hasta después que nos fui- 
Aos; y dicen que dijo: aquellos Papazes no se despidieron de mi segu- 
ramente para no pagar mi faluca. Empero no tuvo la culpa la faluca, 
sino por habérseme llevado mas de seis mil escudos de esclavos sayos, 
que me vi obligado á tomar trescientos escudos sin los derechos de 
guardianes y puertas, lo que no había jamás hecho con la redención 
que va de Palermo. 

Otro caso milagroso y que á los turcos causó grande admiración 
nos sucedió, y fué que viniendo el P. Castellón y el P. Fr. Francisco 
Judiéis con el dinero de la provincia de Italia, que era poco mas de 
4,000 escudos, en un navio llamado Polaca, traían en su compañía dos 



— 305 — 

turcos con sas mujeres á quienes en Palermo habían sus patrones dado 
libertad. Llegados á vista de la Goleta, que es el puerto de los navios 
dü Túnez, habia eo aquella ocasión en dicho puerto once ó doce navios 
de Argel, y asi que descubrieron de alti nuestra polaca, armaron diez 
y seis barcos, en los cuales iban mas de cien turcos y renegados para 
robar y cautivar la polaca. Los dos tarcos que iban en ella encerraron 
á los Religiosos con el dinero en el aposeniillo de popa. Luego que lle- 
garon los de Argel, preguntaron ¿qué gonie? Y los turcos de la polaca 
respondieron : el patrón fulano, nombrando un turco muy conocido de 
ellos. Los de Argel, para asegurarse, quisieron subir ó la polaca; mas 
los turcos y turcas, como si estuvieran enfadados, dijeron: el mar 
está muy grueso y alborotado, no estamos para entretenernos aquí ya 
que nos hallamos cerca del puerto, y en él nos podremos ver. Diéronles 
crédito, y volviéronse al puerto. Llegado que hubieron y echado ánco- 
ras en la Goleta, si bien que no podian ser cautivados, solo Dios pudo 
impedir que no fuésemos robados. De masdel ,500 turcos que habia en 
los navios, subieron tantos en nuestra polaca que no cabian de pies en 
ella. Los Religiosos permanecíamos encerrados con el dinero. Una de las 
turcas se puso de espaldas á la puerta de la popa : quisola apartar con 
violencia uno de Argel por ver lo que habia en el aposento ; pero ella 
haciéndose fuerte dio voces, á las que acudió su marido el turco, el 
cual amenazando con puñal á aquel que queria abrir la puerta, hizo 
retirarle, no pudiendo asi tener noticia de los Religiosos ni del dinero. 
Divirtiéronse los soldados de Argel «on dar unos barrenos á unas botas 
de vino de á 50 cántaros, bebiendo mucho de esto modo ; pero los tur- 
cos hacían el enojado, fingiendo ser suyo el vina Con esto salieron los 
de Argel para sus navios. Idos estos, llevaron á la Goleta doce ó catorce 
botas de vino y 400 escudos de bizcocho para cuando la redención fue* 
se á Roma. Sacado el dinero y cuanto habia en la polaca, salimos los dos 
Religiosos. Asi como los vieron desde sus navios los de Argel, culpán- 
dose unos á otros por no haber cautivado la redención, trabaron una 
tal riña, que mataron algunos, quedando heridos muchos otros. Fué 
aqui nuestro favor del cielo tan declarado, que varios turcos en Tú- 
nez me vinieron á dar la enhorabuena, diciéndome : á fe, Papaz, que 
se conoce claramente que está Dios de tu parte ; porque cuando el na- 
39 



— 306 — 

vio tenia qae ser nuestro, os habéis podido librar de estos bellacos de 
Argel. 

Tan declarado era el favor que nos hacia el Señor en esta reden- 
ción, que á los pocos dias que estaba nuestro navio en el puerto, una 
noche se salieron nuestros marineros á dormir en el casiíllo de la Go- 
leta, por parecerles que no había que robar en nuestro navio. Estaba 
el privado del Rey llamado Mami Ferrares en el puerto, haciendo re- 
parar los navios del Rey; y como tenia una tartana suya nueva, y 
le faltaba en ella la artilleria, mandó a sus esclavos que en aquella no- 
che robasen la de nuestro navio, y la pasaran á la tartana. Venido el 
Rey á Túnez, acudi á pedirle justicia. Respondióme que mirase quien 
me la habia tomado', que me daba palabra no solo de hacerla restituir, 
sino de castigar muy bien al tal, para que no se entendiera la habia él 
tomado. Cuando vio Mami Ferrares que habia yo dado queja al Rey, 
mandó á sus marineros se salieran luego á corso con la tartana. Sali- 
dos del puerto, á dos leguas de^l se les anegó sin correr borrasca ni 
tormenta. Al tener noticia de ello, conoció luego que esta desgracia le 
habia sucedido por haberme robado la artillería. Envióme á llamar, y 
dijome: Mira, Papaz, que tengo entendido habían pasado á mi tartana 
mis marineros la artilleria de tu navio ; envia tu patrón y marineros, 
para que la saquen, porque creo la podrán sacar, pues se ven las pun- 
tas de los árboles fuera del agua. Yo le respondí : Dios ha querido dar 
á entender lo que se ofende del daño que se haceá los suyos, y yo 
quiero dar á entender á Vuestra Stñoria la confianza que en Su Divi- 
na Majestad tengo, no enviando á sacar la artillería ; sin ella me llevará 
Dios por el mar sin contratiempo, como de su misericordiosa mano. 
No quiero poner en peligro al patrón ni marineros, á que los alarbes 
de la tierra me los maten. Dios perdone á quien hizo el robo, al pobre 
patrón de la artilleria. Quedó, pues, como corrido y apesarado dicho 
Mami Ferrares. 

Esta redención no fué muy numerosa, pero si muy costosa y de 
gloria. Se rescataron 443 cautivos; entre ellos dos caballeras de Malta, 
el uno natural de Zaragoza y el otro de Lérida ; siete Religiosos, á sa- 
ber, cuatro Franciscos, un Bernardo, un Benedictino y un Miuimo, un 
sacerdote secular, un senador de Bolonia, un capitán y quince mujeres. 



- 307 - 

AI salir la redención de Túnez, los moros estaban al acecho con 
tres navios para canlivarnos y llevarnos á Argel ; pero dije al patrón 
de nuestra nave que no nos encaminase á la isla de Cerdeña, como 
debíamos, para ir á Roma ; siAo que tomando rumbo á la derecha, fué- 
semos á Trápani en Sicilia por el peligro en que estábamos. Llegamos 
¿ Trápani, frustrados los intentos de los moros, y pasamos á Roma á 
besar el pié de Su Santidad. 

El día S de abril del año 1664 Ileg6á Roma la redención. Obteni- 
da la licencia para el miércoles de la Semana Santa, se ordenó la pro* 
cesión. La abría un Padre redentor con el estandarte de la redención, 
seguíanle de dos en dos los esclavos, y á estos la comunidad de nues- 
tro convento de S. Adrián. Atravesaron las calles*de Roma en medio 
de un inmenso pueblo que alababa y bendecía la heroica caridad de los 
PP. redentores, y al llegar al palacio Vaticano, salió el Papa Urba- 
no VIII, y puestos todos de rodillas, el P. Procurador General Fr. To- 
más del Castillo saludó á Su Santidad y puso á sus pies la redención. 
Afable y alegre el Santo Padre, se entretuvo en hablar con los PP. re- 
dentores, preguntándoles sobre [a redención, el precio de los esclavos, 
y en particular de dos niñas que tenia delante, una de cinco y otra de 
seis años, cuanto habian costado, donde habían nacido, etc., y después 
de grandes elogios á nuestra Orden, y concediendo gracias é indulgen- 
cias, dio á todos la bendición. Regresó la procesión á nuestro conven- 
to, dando la vuelta por la casa embajada española. 

En el mismo dia el mayoral y oficiales de la Cofradia de )a Santí- 
sima Trinidad, erigida en el hospital llamado de Peregrinos, donde los 
cautivos habian sido alojados, todas las noches pidieron á los Padres si 
al dia siguiente permiiirian á los cautivos acompañar á dicha Cofradía 
á la visita en S. Pedro en el Vaticano, á lo que accedieron gustosos. Asi 
fué que el pueblo romano gozó otra vez de la vista de los cautivos en 
procesión, entusiasmándose á favor de nuestra Orden, de tal manera, 
que no cesaban de alabarla y bendecirla. Pasada la Semana Santa se 
despidió y dispersó la redención. 



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! — 308 — 

I 



267. 

Redención en Argel de 100 cautivos en el aSo 1633. 

Mientras que los Padres redentores de Aragón y Cataluña estaban 
redimiendo en Túnez en el año 1633, el P. M. Fr. Diego de Velasco y 
el P. Pdo. Fr. Gabriel Mesia. redentores por Castilla y Andalucía, re- 
cibieron orden en el mismo año de pasará Argel á la primera ocasión, 
la qiíe cumplieron sin demora, y en aquella ciudad dieron libertad á 
400 cautivos, entre ellos sacerdotes, Religiosos y mujeres, que algunos 
habian sido cautivados pasando á Italia. Mientras estuvo en Argel el 
P. M. Diego de Velasco, rio solo hizo de redentor sino de misionero, 
visitando y predicando á los pobres cautivos, durmiendo algunas veces 
con ellos en los Baños para confesarlos. 



268. 

Redenciou en África de 80 cautivos en el aSo 1633. 

El Ven. P. Fr. Juan Bautista González del Smo. Sacramento fundó 
nuestras Descalzas en el año 4603, y ocupados él y sus hijos en plan- 
tar, regar y dar incremento á su reforma, bien que se ejercitaban en 
recoger limosnas para los cautivos, no fueron á redimir personalmente 
hasta el año 4633, que á 15 de mayo hicieron su primera redención. 
Fueron elegidos redentores los Rdos. PP. Fr. Juan de S. José y Fray 
Juan de S. Ramón, quienes pasaron á África y redimieron 80 cautivos. 
Asi lo dice el P. Pedro de S. Cecilio, cronista Descalzo. 

269. 

Redención en Tetaan de 93 cautivos en el año 1635. 

Cerca dos años hacia que el R. P. M. Fr. Diego de Velasco había 
efectuado una redención en África, cuando fué nuevamente elegido re- 



— 309 — 

dentor por Castilla , para que con el P. M. Fr. Baltasar Figueroa, re- 
dentor por Andalucia, fuese otra vez á redimir. Cerca al 6q del año 
i 635 pasaron á Tetuan y sus alrededores, y rompieron las cadenas á 
93 cautivos, que bendiciendo á Dios y á sus libertadores, regresaron 
á España. 

270. 

Redención en Argel de 114 cantivos en el aSo 1639. 

Los atrevidos moros ejerciendo continuamente la piratería , no solo 
abordaban cuantas embarcaciones podían, sino que saltaban á tierra y 
hacian sus presas, si se les presentaba ocasión. En el reino de Valencia 
un renegado les sirvió de guia, y una noche dieron una sorpresa á la 
villa de Calp, cuando gran parte de sus vecinos se hallaban en Valen- 
cia. Entraron en ella, y cautivaron muchos niños, mujeres y algunos 
hombres, por lo que fué necesario disponer una redención. Fueron 
elegidos para ello el P. M. Fr. Juan Molina y el P. M. Fr. Miguel M¡- 
ralies, quienes pasaron á Argel en el mes de julio del 1639, cuya jor- 
nada dejó descrita el P. Molina. 

Siendo General nuestro Rmo. P. Mtro. Fr. Dalmacio Serra, y yo 
Provincial de Aragón, se me mandó ir á hacer una redención en la 
ciudad de Argel con el dinero de Aragón y del reino de Navarra, y con 
la provincia de Valencia, el redentor de la cual fué el P. M.Fr^ Miguel 
Miralles. Llevamos veinte mil escudos. Rescatamos mas de 44 i cauti- 
vos sin los que ellos mismos se rescataron y pagaron las puertas. Lle- 
gamos á Argel y nos detuvimos cuatro dias sin hacer manifiesto del 
dinero, ropa, hacienda ni personas. Nos mandaron estar en casa del 
Bajá, porque este y el Agá, que es el presidente del Duan, estaban con 
GODO hombres en campaña á hacer paces con 40,000 Alarbes que ve- 
nían contra Argel, por no sé que pechas que los de Argel habian de pa- 
gar á estos. Quitado que hubieron los Alarbes unas cuantas cabezas de 
los de Argel se contentaron. Entre ellos mataron un turco muy rico, lla- 
mado Anzioya, y fué muy en beneficio de la redención su muerte, pues 
que para este señor de Argel no habia Bajá ni Agá, y si de los esclavos 



— 310 — 

que tenia nos pedia dos mil reales, sin réplica se los babiamos de dar, 
y si en el día señalado no le llevaban los dos mil reales, mañana se 
hacia pagar tres mil sin remedio ni apelación. Después los de Argel 
nos decían : bien os ha venido la muerte de Anzioya, pnes venís á res- 
catar los esclavos de Calp ; con los pocos que tenia se os llevaba el di* 
ñero. No sé que se tenía aquel diablo, que parece que aun nos hacia 
merced cuando recibía algo de nosotros y nos daba la mano á besar. 
£1 Agá que habían nombrado nuevamente, se portó muy bien coa 
nosotros, pues que al dia siguiente mandó hacer un pregón por la ciu- 
dad, previniendo que caería en la indignación del Duan cualquieraque 
fuese atrevido contra nosotros no solo de mano pero ni aun de palabra; 
y después de seis ú ocho días, sin pedirlo, mandó un segundo pregón 
deque ningún turco ni patrón de esclavos de cualquiera dignidad que 
fuese, tuviera atrevimiento de ir á la casa donde estábamos á obligar- 
nos á rescdtarsus esclavos; sino que salidos de los forzosos, dejaran 
los libres á nuestra voluntad. Este pregón dio lugar á que pudiésemos 
hacer nuestra redención sin pesadumbre y con mucha brevedad, pues 
aun no estuvimos un mes en Argel. Esta redención fué causa de que 
hiciera dar el Sr . Yirey unos cuantos palos al Bajá por exigirnos este, ins- 
tado de los oGciales de su casa, unos derechos que no estaban en el 
salvoconducto y que en otras redenciones decía sé le habían pagado. 
Bespondile que yo solo pagaba lo pactado y señalado en el salvocon- 
ducto. Replicóme, que aquellos, como cosa exentada, no.habia para 
que señalarlos; mas, díjele yo, que había obligación, porque señala- 
dos, miraría lo m^or me estaría, de ir á Argel óá otra parte. Pero 
como él insistiese en lo mismo, respondile que solo lo haria mandán- 
domelo el Duan ; teng^ pues, Vuestra Excelencia paciencia hasta ma- 
ñana, que sí aquel lo manda, los pagaré sin replicar. Al día siguiente 
di noticia de lo que se me pedia : quisieron ver el salvoconducto; le- 
yéronlo en alta voz, y cuando vieron que no hacia mención de lo que 
me pedia el Bajá, levantaron las voces con tanta indignación contra él, 
que lleno de temor, se levantó á toda prisa de las almohadas de tercio- 
pelo carmesí en que estaba sentado, y puesto al medio para quietar- 
los dijo : yo no pido nada para los de mi casa. Respondiéronle, pues, 
si no pide nada, vuélvase á su asiento; y á mi devolviéronme el sal- 



— 3n — 

vocooducto diciéndoroe: anda con Dios, Papaz: aunqoe no sé qne 
modo tienen de creer en Dios, porque á uno le pregunté de dos accio- 
nes opuestas que conforme á su ley se hacian, y convencido de nai 
reparo respondióme: no te pongas en reparos, y. advierte, que dentro 
de las puertas de nuestras casas tenemos cada uno so ley. 

Es tanta la oposición que los de Argel tienen con los católicos, que 
coando muere algún esclavo ó esclava , en particular españoles, no 
quieren que se les dé sepultura, sino que los echan fuera de las mu- 
rallas, para que se los coman los perros. Estando yo en Argel murie- 
ron dos mujeres esclavas del lugar de Calp, y di un real de á ocho al 
portero de la ciudad para que procurase las enterrasen, dándole para 
la segunda mujer un real de á cuatro. Con el dinero todo se negocia. 

Rescaté, lastimado de lo que su patrón le hacia pasar, á un Re- 
ligioso del Orden de Sto. Domingo. Era de edad de S2 a&os; solo lle- 
vaba cubiertas sus carnes con un saco é iba descalzo. Su oficio era, 
cargar una calera, darle fuego y deshacerla cal, y su comida y bebida 
pan de cebada y agua. Iba el pobre muy flaco, y quedó tan agradeció 
do, que llegados á Valencia los mas días me venia á la celda á dar las 
gracias. Sacóle Dios de tanta desventura por su mucha virtud, pues 
llevaba el trabajo del cautiverio con mucha paciencia. Esto me ocasio- 
nó á diligenciar su rescate, y aun enviarle yo á buscar. 

Después de rescatada una doncella de muy buen parecer, se llega- 
ron á mi dos turcos, que con voz baja, por no ser oidos del patrón, 
me dijeron : pagúete Dios, Papaz, la buena obra que has hecho con esta 
pobre moza de 23 años, en haberla sacado del poder de los diablos, 
que no* es posible haya en el infierno peor diablo que su patrón. 

El grande peligro corporal y espiritual en que están los pobres cau- 
tivos, los que los hemos visto no nos hallamos con palabras para po- 
derlo ponderar. Bien dijo S. Ambrosio, cumplia'con las siete obras de 
misericordia el que socorría al cautivo, las cuales están recopiladas 
en él, y es una de las necesarias en la Iglesia de Dios, á que se debe 
acudir. 

Rescaté en esta redención 52 mujeres, las 48 doncellas, 22 niños 
y niñas de 2 años hasta 8, aunque conforme la secta del turco, no po- 
dían salir de 3 años arriba hasta de los 15 abajo. Granjeé á un mora- 



— 3iá — 

bato, que es como acá obispo, que pusiese los muchachos de cuatro^ 
de cinco y de seis años en brazos de las esclavas, como hijos de ellas, 
cubiertos con una toalla. Solo un turco descubría la cara á los niños, 
y en decir el morabuto, pase adelante, ninguno del Duan replicaba, 
sino que los escribían y con eso de alli se iban al navio. Fué esta ana 
redención tan copiosa y de dar gracias á Dios, que en la procesión que 
hicimos el dia de S. Roque en Valencia, de compasión y gozo lloraban 
mujeres y hombres, viendo tantas mujeres y doncellas, niños y niñas. 
Los padres de estos se hallaron obligados á quitarlos á sus mujeres y 
llevarlos ellos en sus brazos, porque no se los ahogara la multitud de 
gente que no cabia en las cajles. No quedé á deber un real en Argel, 
antes dejamos doscientos reales de á ocho para ayudar al rescate de 
una beata que no se pudo efectuar antes de nuestra marcha. Sea el 
Señor alabado. 

271. 

RedencioD en Marruecos de 211) cautivos en el ailo 1G40. 

En el año 1640 el R. P. M. Fr. José de Toledo, redentor por Cas- 
tilla, y el R. P. M. Fr. Sebastian Mirabal, redentor por Andalucía, se 
embarcaron, y después dedos furiosas tempestades con grande rie^o 
de la vida, desembarcaron en África. Recorrieron Fez y Marruecos, é 
informados de los cautivos rescataron 21 9 que embarcaron para Es- 
paña. 

272. 

Redención en Argel de 50 cautivas en el año 1644. 

El R. P. M. Fr. Cosme Abadía, Religioso muy docto, observante, 
penitente, dado á la oración y dirección de las almas en el tribunal de 
la penitencia, pasó á Argel en tiempo muy calamitoso y arriesgado 
por las guerras de aquel país y de España con Francia. Allí, en aquel 
inhospitalario suelo, en el mes de abril del año 1644 rescató 50 cau* 
tivos, que restituyó á sus familias. 



— 313 — 



273. 



Redención en Argel de 152 caulivos en el año 1644, quedándose en rehenes 

el P« redentor Fr. Sebastian Bruguiére. 

En el año 1 644 salieron de Paris tres redentores Mercedarios de 
AqQÍlania, llamados P. M. Fr. Francisco^ Faure, doctoren Teología, 
P. Fr. Sebastian Bruguiére, y P. Fr. Francisco Faysan, y se en)bar- 
caron en Marsella para Argel con pernaiso y orden del R. P. M. Hon- 
tagne. Provincial de Francia. Al día siguiente de su embarque sufrie- 
ron tal horrorosa tempestad, que se vieron obligados á refugiarse en 
el puerto de Tolón, donde estuvieron doce dias reparando la nave. 
Apenas se hicieron otra vez á la mar, sufrieron otra borrasca, y un 
torbellino les arrebató un joven muy apreciado» lo qu^ les causó mu- 
cha pena. 

Dos dias después viéronse perseguidos por un pirata turco, fran- 
cés renegado, escapando del peligro por la niebla y la noche. Al día 
siguiente corrieron tal tempestad ó borrasca, que les obligó á entrar en 
el puerto de Bugia, donde estuvieron veinte y noeve dias sin poder sa* 
lir ijor las tempestades ó gruesa mar, y siempre con peligro de muer- 
te. Salieron de Bugia, y cayeron en otro peligro. Detenidos en la mar 
por largas calmas, una porción de malvados renegados se concertaron 
y determinaron apresarles y venderles en Trípoli ; pero Dios les libró 
por medio de un cautivo francés que servia de piloto, quien les advir- 
tió: y cuando por la noche los malvados les abordaron, les hallaron 
prevenidos y fueron rechazados con las armas. En fin, después de tan- 
tos peligros, protegidos siempre por Ntra. Sma. Madre, el dia 45 de 
marzo de 4644 llegaron á Argel. 

AI desembarcar, los redentores se vieron rodeados do cautivos, que 
llorando exponían sus miserias y trabajos. Rescataron luego cerca 70, 
y no bastando el dinero para estos y algunos mas, que la caridad no 
permitió dejarles, quedó la redención con empeño. A este mal vino 
otro mayor. En aquellos dias los moros de Argel habian cautivado la 
nave donde iba el hospital y enfermos do la Armada francesa. Antes 
40 



— 3U — 

que los redentores salieran de Argel, el Virey se empeñó, y con violen- 
cia, que nuestros Religiosos le desembarazasen de aquellos cautivos 
inútiles, que eran unos 80 enfermos, añadiendo segundo empeño al 
primero. 

Si grande era la codicia del Yirey, mas grande fué la caridad de los 
Padres redentores Mercedarios, quienes cargaron con los pobrecitos 
enfermos, y quedándose en rehenes el P. Fr. Sebastian Brúguiére, ios 
otros dos partieron para Francia con 4 52 cautivos. Este nuevo empe- 
ño que se hizo por fuerza, costó muchos disgustos á nuestra provincia 
francesa, y á los cónsules franceses en Argel. El empeño era por 40,000 
escudos, y aunque nuestros Religiosos franceses en el año 4645 man- 
daron allá mas de doce mil piastras, no pudieron quitar el empeño, 
pues aun habia deuda de la redención del año 4 630 que hizo la mis- 
ma provincia ; asi es que el P. Brúguiére estuvo cerca de seis años 
cautivo, padeciendo muchisimps trabajos, y por tres veces vióse en 
gran peligro de muerte. 

Las penas y trabajos que padecía el P. Brúguiére movieron al Rey 
de Francia á mandar una circular á todos los obispos de su reino con- 
cebida en estos términos. «Los Religiosos de la Orden de la Merced «n 
el año 4644 hicieron redención en Argel, y llevaron a Tolón 464 fran- 
ceses, mis vasallos; de ellos 64 fueron cautivados en un bajel de mi 
armada^ y como les faltase el precio para todos, dejaron en rehenes el 
P. Brúguiére por la suma' de 37,500 libras, y no siendo satisfechas, 
los turcos maltratan mucho al redentor, y para su libertad he puesto 
en juego muchos medios ; por esto, de acuerdo con mi Augusta Madre 
la Reina Regente, exhortad á los Curas-Párrocos que prediquen á fa- 
vor de esta, santa obra, y que pongan las limosnas en vuestras manos 
ó del Vicario General, y luego en las de los PP. de la Merced. París 
4 5 febrero del año 4 647. — Luís. 

_ 4 

Por diligencia que se dieran en Francia en recoger limosnas, no 
pudo el P. Brúguiére salir del empeño ti^n pronto como se deseaba; 
asi es, que continuó en rehenes hasta el aña 4 650, que fueron seis años, 
debiendo su libertad, en gran parte, á los buenos oficios de la Reina 
Regente de Francia D.^ Ana de Austria. 

(Extraído del Archivo de MontptUer.) 



— 315 — 

274. 

Redención en Tetnan de 212 cautivos en el aQo 16iS. 

El P. M. Fr. José de Toledo, redentor por Castilid, y el P. Pdo. Fray 
Uateo Tribiño, redentor por Andalucia, se embarcaron para Fez y Mar- 
ruecos, y al llegar á Tetuan, movidos á coiafiasion de los cautivos que 
allí habla, entre ellos muchísimos Religiosos, oficiales y personas de 
cualidad, que arrastraban pesadas cadenas, gastaron todo el caudal 
para darles la suspirada libertad. 

Los moros sedientos de oro, y orgullosos de tener en su poder per- 
sonas de cuafidad, aumentaron los precios ; asi es que solo pudieron 
libertai* 212 cautivos, cuando contaban rescatar muchísimos mas, 
quedando gran número de estos infelices llorando y gimiendo en los 
baños y mazmprras. Embarcáronse reden lores y redimidos, y en el 
mes de mayo de 1645 llegaron á Sevilla, donde fueron recibidos con 
grandes demostracioneis- de alegria, pues entraron lodos llevando el 
Sio. Escapulario. . 

275. 
Redención en Tetuan de SSacaotivos en el aSo J646. 

La llegada á España del P. José de Toledo con sss cautivo^ redimi- 
dos en Tetuan en la antecedente redención, causó grande alegria ¿ unos 
para poder abrazar á sus parientes y amigos^ Ubres déi .cautiverio, y 
una profunda tristeza á otros al ver que no llegaban los suyos, creyén- 
doles ya muertos de miseria ó de bárbaros tratamientos; pero cuando 
sapieron que muchísimos no habian podido alcanzar su* suspirada li- 
bertad por falta de dinero que los moros querían al contado , y no ha- 
bían querido admitir ni al P. Toledo ni á su generoso compañero por 
prenda ó en rehenes como se habían ofrecido para darles la libertad, 
rivalizaron todos en hacer cuestaciones en la corte y villas de España, 
y reunida la limosna, pasó á Tetuan por redentor el R. P. M. Fir. Juan 



— 316 — 

Fonseca, ex-Provincial de Castilla, y alli jugó una treta á los moros, 
y fué en el año 4646. 

Supieron aquellos bárbaros que el P. redentor llevaba buen cau- 
dal, y por lo mismo le rogaron hiciera alli la redención ; pero él apa- 
rentó quecer pasar á otra parte: y cuanto mas elloSi movidos de su 
codicia, le instaban, mas deseos manifestaba el redentor de marchar- 
se. Finalmente cuando le vieron resuelto á partir, le instaron y supli- 
caron do nuevo y con m|B ardor ; entonces cedió, á condición de que 
le hablan de dar los cautivos á un mismo precio, en loque convinieron 
á fin de que no les escapara. Por este medio el P. redentor rescató 335 
cautivos, entre ellos muchos Religiosos, oficiales ó militares, niños y 
mujeres, que de otro modo le hubieran costado mayor precio. 

276. 

Redención en Argel de 293 cautivos en el año 1646. 

El R. P. M. Fr. José de Toledo no descansaba, procurando siempre 
por la libertad délos pobres cautivos. En el año 1646 viendo el buen 
éxito de la antecedente redención, y la gran necesidad de socorro que 
tenian los cautivos de Argel, se embarcó y pasó á aquella ciudad, don- 
de después de mil penas y trabajos rescató 293 cautivos españoles, 
portugueses é italianos que embarcó para España. Su llegada admiró 
á todo el mundo ; pues por el relato de los cautivos vieron la generosa 
intrepidez de los Religiosos Mercedarios, que para romper las cadenas 
de los cautivos, se exponían continuamente ¿ los peligros del mar y á 
la brutalidad de los moros. 



277. 

Redención en Argel de 115 cautivos en el aSo 1647. 

El Rmo. P. General en el año i 647 envió á Argel al R. P. M. Fray 
Andrés Ruíz, navarro, redentor por Aragón, y al R. P. M. Fr. Tomás 
Ramón, redentor por Valencia, y hallaron á los moros lan de mal bu- 



— 347 — 

mor ó tan crueles, que á pesar de llevar mucho dinero, solo pudieron 
rescatar 44o cautivos; pues se atascaron á precios muy altos, y los re- 
dentbres con pena y dolor tuvieron que ceder para sacar de entre sus 
garras á aquellos infelices. A 23 de setiembre de 4647 los redentores 
firmaron en Argel el trato ó rescate. 

218. 
Redención en Tetuan de 225 caativos en el año 16i8. 

l^n el año 4648 el R. P. M. Fr. Juan Fonseca, ex-Provincial de 
Castilla, el P. Pdo. Fr. Mateo Tribiño, y los PP. Descalzos Fr. José del 
Espíritu Santo y Fr. Domingo de los Santos, redentores por Castilla y 
Andalucía, pasaron á Tetuan donde llegaron el dia 48 de junio y die- 
ron libertad á 825 cautivos. 

Supo el P. Fonseca que en casa del Gobernador había un precioso 
niño Jesús que un cautivo portugués le habia entregado para sus hijos, 
y que el portugués murió de repente á los dos dias de hecho el regalo. 
Los hijos del Gobernador, atado por el cuello, lo arrastraban por la 
calle como si fuera un carrito ú otro juguete. Con sus trazas el P. Fon- 
seca lo recogió; pero al saberlo el moro, irritado dijo que no saldría 
la redención, si no le volvian el Niño ó daban un cautivo. Convinieron 
en hacerle un regalo, y los redentores se llevaron el niño Jesús. 



219. 



Redención en Argel dé %30 cautivos en el afio 1650. 

Incansable el P. Fr. José de Toledo, en el año 4650 emprendió su 
cuarta redención, pues su zelo por los pobres cautivos vencía todos los 
obstáculos, y no le arredraban los peligros del mar, de tempestades, 
naufragios, corsarios ó piratas. Era tan ingeniosa su caridad, que por 
mil medios conseguía que las personas' piadosas y pudientes contri- 
huyeran con sus limosnas á tan santa obra, de manera que á cuan- 



— ais- 
las pedia» le daban ; asi es, que al regreso de una redención ya em- 
prendia otra. En esta sacó de las mazmorras y baños de Argel á 230 
cautivos, que llevó a España lleno de alegría. 

280, 
RedencioD en África de 241 cautivos en el ano 1651. 

Después de cuatro redenciones que llevaba ya hechas en África el 
P. M. Fr. José de Toledo, lleno de zelo y amor á los cautivos, empren- 
dió la quinta. Pasaron al África dicho P. Toledo, redentor por Caslilla, 
y el R. P. M. Fr. Antonio Yigo, redentor por Andalucía, con los Re- 
verendos PP. Fr. Adrían de la Madre de Dios y Fr. Juan de S. Isi- 
dro, redentores Descalzos de nuestra Orden, y recorriendo muebisi-. 
mas mazmorras y baños de la costa de Berberia en los meses de octu- 
bre y noviembre de 4654 , redimieron en Argel 244 cautivos á un pre- 
cio muy alto, pues los moros fueron muy exigentes ; pero atendido el 
infeliz estado de los cautivos , cedieron á sus exigencias. Entre ellos 
había un Padre Carmelita calzado y dos Padres Franciscanos. 

281, 

Redención en Argel de 82 cautivos en el afio lG5i , y martirio de un cristiaoo 

apóstala que se convirtió. 

Deseaba el Rmo. P. General Fr. Alonso Monroy que se hiciera una 
redención en Argel. A este fin mandó al R. P. Fr. Ignacio Vidondo, re* 
dentor elegido por Aragón, que publicada la redención en Pamplona 
y Zaragoza, pasara á Valencia para embarcarse alli con el Padre 
Pdo. Fr. Gaspar Estove, redentor elegido por aquella provincia. 

Reunida en Valencia la limosna para la redención, que era de 
9,679 libras procedentes de Aragón y 4,283 del reino de Valencia, y 
arreglados los papeles, esto es, la patente de nueslro Rmo. P. General, 
licencia de Su Majestad católica, pasaporte del Virey de Valencia, y el 
salvoconducto de la Aduana de Argel, fletaron una embarcaciofi de 



— 319 - 

Migael Puche, cayo patrón se llamaba Jaime Victoria ; y arreglado el 
dinero en siete cajoncitos y lodo lo demás para el i^iaje, el día 29 de 
julio de 1 654 por ]a tarde salieron de Valencia acompañados de va- 
rios Religiosos hasta al Grao, donde pernoctaron los redentores por no 
haberse podido embarcar aquella noche. Al día siguiente (30 julio) se 
hicieron á la vela, y el día 4.^ agosto llegaron á las costas de Ibiza, 
donde pasaron un buen susto, por cruzar por alli galeotas de Argel y 
corsarios franceses. Habiendo desembarcado en Ibiza, fueron muy bien 
recibidos, y no se reembarcaron hasta el dia 8 por correr vientos con- 
trarios ; pero á los dos dias de haber salido, arreciando los mismos 
vientos, entraron otra vez á Ibiza con mil riesgos y peligros. 

El dia 44 de agosto volvieron á salir de Ibiza, y perdido el derro- 
tero, el viento los llevó cerca de Oran ; pero mejorando el tiempo, el 
dia 4 4 llegaron á vista del puerto de Argel en el momento en que en- 
traba una fragata corsaria remolcando una embarcación que habia 
apresado cerca de Mallorca con ocho tripulantes mallorquines. Al dia 
siguiente, á la punta del puerto fueron reconocidos por dos embarca- 
ciones, y asegurados del objeto del viaje, les dieron entrada. Apenas 
sallaron en tierra, se vieron rodeados de moros curiosos, y cautivos llo- 
rando de alegría, entre ellos el P. Pdo. Fr. Claudio Bolada, de nuestra 
Orden de la provincia de Valencia, con quien se abrazaron derraman- 
do abundantes lágrimas ; pero les advirtió que no hicieran con ¿1 mas 
deoiost raciones, por no excitar la codicia de los turcos. Pasaron luego 
á besar la mano al Rey y á depositar el dinero en su palacio ; en se- 
guida á casa de D. Francisco Zapata, florentino, donde se hospedaron ; 
y para tener segura la embarcación y los redentores, el Rey mandó 
depositaran en su palacio todas las velas del bastimento. 

Este Rey (ó mejor Bey ó Dey) llamado Topal-Harram*>Bajá, era 
un renegado griego, quien después en el año 4655, por no haber que- 
rido pagar á los genizaros, fué destronado, robado, preso y mandado 
á Constantinopla, y en su lugar nombraron á otro renegado de Oran, 
hijo de un Capitán que cautivaron siendo él niño. 

Al dia siguiente de su llegada los redentores fueron á besar la mano 
al Agá, presidente de la Duana, y pedirle su apoyo para la redención. 
El resto del dia se pasó en visitar á los cautivos, consolar á los enfer- 



— aso- 
mos, informarse de sns necesidades, y obsequiar al Rey ofreciéndole 
los presentes ó regalos y pidiéndole permiso para empezar la reden- 
ción, llevándose cinco cajas de dinero y quedándose dos en poder 
del Rey. 

El dia 20 agosto abrióse la redención, después de haberla pregona- 
do ; pero pronto conocieron los Padres la mala fe del pueblo y del mis- 
mo Gobierno. Presentóse el P. Yidondo al Rey, y le dio cuenta que el 
salvoconducto Ormado por el Gobierno de Argel, no era observado por 
los turcos. El Rey frunció las cejas, y con tono amenazador dijo : iNo 
penséis estar ante un tribunal español, sino que estáis en Argel ; en los 
salvoconductos se os hacen buenos pactos, que vosotros estáis obliga- 
dos á guardar ; pero nosotros somos libres en su observancia, pues á 
nosotros poco nos importa lo escrito.» El P. Yidondo le respondió mo- 
destamenle ; que con esta contestación veia que el salvoconducto era 
un engaño, y asi que con su permiso se volverian á España coa el di* 
ñero, y harían la redención en otra parte de África, donde se les guar- 
dase la palabra jurada en el salvoconducto. Entonces el Rey hizo señal 
al P. redentor que se acercase, y en italiano le dijo ei oido : «¿Qué 
barias tú ahora si yo gritase que me has perdido el respeto, insoilado 
á mi persona y hablado mal de nuestras leyes, de nuestra religión y 
de nuestro profeta?» £1 Padre le respondió también al oido : Que en 
la Duana seria él atendido, que defendería la verdad» dispuesto á mo* 
rír por ella, manifestando ser falso lo que So Excelencia le impotaba, 
y que Dios, si^a verdad, le defendería obrando con justicia, y que no 
tenia que amenazarle. Entonces el Rey con ceño y dando un grito di- 
jo : «Apártate.» Al oir esto el Truchimán escribano y eriados, se le 
acercaron, y preguntaron si el Padre le habia perdido el respeto, y el 
Rey con disimulo respondió que no, y que no le daria mas audiencia. 
Salió el redentor de la presencia del Rey convencido de la mala fe de 
aquellos bárbaros. 

A los primeros dias que se abrió el trato de cautivos, el P. Yidon- 
do fué atacado de unas molestas calenturas, y apenas lo supo el pue- 
blo, cuando se le presentaron dos turcos y dos turcas, curanderos, 
magos ó hechiceros, pidiéndole un real de ocho cada uno para curarle. 
El enfermo con buenas palabras les echó en cara sus embustes, y al 



— 32í — 

verse conrundídos, dijo qoo de ellos : a Ya os io he dicho qae con los 
cristiaDos deben gastarse pocas palabras, y mucho menos con estos 
Papaces que vienen á redin^ir, porque saben mucho.» Dios oyó las 
oraciones del enfermo y de los cautivos, y le dio la salud : y restable- 
cido se fué á ver al Rey. En él palacio encontró á los dos magos ó cu- 
randeros, que admirados de verle tan presto Curado, le preguntaron 
como lo habia hecho, y el P. Yidondo les respondió, que Dios habia 
oido las súplicas de los cristianos que habían rogado por él. 

Durante el trato ó rescate de los eautívos los PP. redentores tuvie- 
ron varios disgustos. Estaba un dia el P. Yidondo en casa del señor 
Zapata haciendo el trato con el patrón de tres esclavos, que eran Isa- 
bel Juana y sus dos hijos, Andrés de cuatro años y Joan de dos, cuan- 
do entró un cautivo español pidiendo con mucha arrogancia ser resca- 
tado, después de haber empujado la puerta contra la voluntad del due- 
ño de la casa. El P. Mtro. Pacheco, de la Orden de la Sma. Trinidad, 
que estaba presente, le dijo que no porfiara tanto, porque primero de- 
bían ser rescatados los de Ib corona de Aragón de donde procedía el 
dinero ó limosna, y que estaba seguro que no habia plata para la mi- 
tad. El esclavo al oír esto se puso furioso y dijo, que iba á hacer un 
disparate, solo para tener ocasión de darle puñaladas. A estos gritos 
salió el P. Yidondo para poner paz y resguardar al P. Pacheco de un 
atropello ; pero el cautivóse marchó gritando, y diciendo al P. Yidondo 
que procuraba aplacarle ; que iba á ejecutar su resolución ; y aun- 
que el P. redentor lo llamó prometiéndole rescatarle al dlia siguiente, 
no hizo caso de sus palabras. Antes de una hora volvió el infeliz esclavo 
con turbante y cinturon á lo turco, á la presencia de dicho Padre, 
quien al verle con las insignias de renegado le dijo : a Desdichado de 
ti, ¿qué has hecho?» A lo que respondió ; «Papaz, no me hables de 
este aiodo, porque no soy de vu^ra ley, y si porfias te haré quemar 
vivo.» El P. redentor solo le respondió : Dios te üumine, porque sabia 
que alargarle la conversación era exponerse ; asi es que se retiró. 

En aquellos dias Recibió la palma del martirio un renegado conver- 
tido á la fe de Jesucristo llamado Pedro Borguin, natural de Palma de 
Mallorca. Este glorioso Mártir en el año 4645 se hallaba cautivocn Ar- 
gel, y su padre le rescató por 480 reales de á ocho, cuando solo con- 
41 



— 322 — 

taba 1 7 años de cd jd ; pero era gallardo y do buena figura. Al caljo de 
nueve años, en marzo de 4654 salió del Grao de Valencia para Oran 
en un bergaríiin, y le cautivaron con toda la tripulación. Los llevaron 
á Tremezen y los vendieron á un mercader de Argel á 40 reales de á 
ocho cada uno. Pasados algunos meses, Pedro no pudo sufrir el mal 
trato de su patrón, y en un momento de disgusto, rabia y despecho 
contra su amo, renegó y se hizo turco, y como este le vendiese á on 
griego renegado por 90 pesos, le embarcó por timonero en un barco 
que habia armado en corso. Pedro, dueño del timón, deseaba dirigir 
la nave cerca tierra "de cristianos para ver si á nado podia escaparse; 
pero le fué imposible. 

En mayo de 1633 salió otra vez de Argel gobernando el timón, y 
en este segundo viaje se habia concertado con otros cuatro cristianos 
para poder escapar. Estando frente de Cádiz una noche, uno de los 
cuatro, francés de nación, descubrió al patrón todo lo acordado. Lleno 
este de rabia y furor, coge al cautivo Pedro, le cuelga cabeza abajo 
y manda darle doscientos palos en las plantas de los pies. Después 
de tan bárbaro tormento Pedro preguntó al patrón porque lo habia 
castigado ; y el patrón le respondió ; que sabia de cierto que para huir 
queria llevarles á tierra de cristianos. Pedro contestó : «Debes, pues, 
saber que yo soy cristiano y no turco, por mas que lleve el turbante, 
insignia de los que profesan la falsa ley de Maüoma, y que si habia he- 
cho la ceremonia de renegar, habia sido sin libeVtad, en un momento 
de cólera y despecho contra su patrón ; que ya en su primer viaje ha* 
bia formado el proyecto de huir á tierra de cristianos, lo que no pudo 
conseguir, y que sentía en el alma el disparate que habia hecho de re- 
negar, y deseaba vivir y morir cristiano.» El patrón le dijo que vol- 
viera en si, y adviniera lo qtie habia dicho, porque habia incurrido en 
la pena de ser quemado vivo, si el Rey de Argel llegaba á saberlo. Pe- 
dro le contestó : que bien sabia lo que decía ; ^ue daba gracias, á Dios 
de haberle hecboconocerel error en que habia caído, y que ayudándole 
el Señoreen su gracia, tendría a gran dicha y felicidad poder morir que- 
mado vivo, dando un público testimonio en defensa de la fe de Jesu- 
cristo, de detestación de la infame y falsa ley de Mahoma, y de satis- 
facción á los cautivos, por el escándalo que les habia dado en la apos- 



— 323 — 

tasiu ; y que asi se reconciliaria con Dios y su madre la Iglesia caiólíca 
romana, para ser admitido en el número glorioso de sus hijos. Esta 
manifestación de su fe la conlinuó todo el viaje con palabras y obras, 
deseando ocasiones para dar público testimonio de la fe que había re- 
cibido en el Bautismo. 

Ai saltar en tierra en Argel, á cuantos cristianos encontraba les de* 
cia que él no era moro sino cristiano, que le encomendasen mucho á 
Dios, porque sabía habian de quemarle vivo, y que deseaba dar pú- 
blico testimonio de ser cristiano. Aquella noche el patrón presentó á 
Pedro al Rey acusándole de todo lo referido. El Rey le preguntó si es- 
taba loco ó borracho, cuando dijo que era cristiano. Pedro le respon-^ 
dio: que nunca como entonces había estado en mas cabal juicio; que 
daba graciasáDiosde haber iluminado su. entendimiento, y de habbrle 
dado gracia y fortaleza para confesar públicamente el enorme pecado de 
apostasia que habia cometido en la pública acción de tomar el turban-^ 
te, y que hicieran de él lo que quisieran, que estaba resuelto á vivir y 
morir cristiano. Airhdoel Rey le dijo, que mandaría quemarle vivo. Pe* 
dro respondió: Esto es lo que deseo , morir por la fe do Jesucristo. 
Entonces el Rey encargó al patrón que se llevase el esclavo loco, 

Al dia siguiente Pedro se fué al Baño de los cristianos, y pública-* 
mente les dijo : Que perdonaran el escándalo que les habia dado en re- 
negar de nuestra fe ; pero que no lo hizo de corazón, sino en un arre- 
bato de cólera contra su amo; y les contó lo sucedido. Estuvo Pedro 
dos dias escondido en el baño ; y fuertemente instado por dos renega- 
dos que fuera á la Mezquita con ellos, respondió : Que abominaba la 
Mezquita y la falsa fe que se profesaba en ella, porque él era cristiano. 
Hubo algunos que le aconsejaron que antes de ser quemado vivo, huye- 
se á Oran óá otra parte que fuera tierra de cristianos, y que Diosdis- 
pondría de él. Puso.en planta este consejo, y por mas que en el cami- 
no se escondió varias veces. para no serviste, los que le perseguian por 
orden de su patrón, le alcanzaron á diez leguas de Argel y le conduje- 
ron á la ciudad, donde llegó á las nueve de la mañana del dia 30 do 
agosto, é inmediatamente le presentaron al Rey, que se hallaba rodea- 
do del supremo Consejo, que llaman Duana. Uno de los consejeros era 
el patrón de Pedro, quien al ver su esclavo, dándole bofetones y pun- 



— 324 — 

tapies, le preguntó donde iba, y Pedro respondió'que iba á Oran para 
escaparse, porque él era cristiano. Tomó la palabra el Rey, y le dijo : 
«¿Cómo tú cristiano, si eres moro?» — hNo, no moro, respondió, sino 
verdadero cristiano, y como tal quiero vivir y morir.» — «Mira bien lo 
que dices, replicó el Rey, porque van á quemarte vivo.i» El esforzado 
esclavo, con6ado solo en Dios, con valor y alegria dijo al Rey que mil 
veces moriría confesando la ley de Jesucristo, que solo en ella podía 
salvarse, porque era la verdadera, pues que la de Háhoma era falsa, 
llena de errores, y que iban al infierno todos los que morían en ella. 
Tomando el turbante en la mano dijo : «Esta insignia que me disteis, 
cuando yo, ciego en mi pasión, cai- miserablemente volviendo las espal- 
das á la ley que recibi en el Bautismo, es la señal de pertenecer á la 
mala é infame secta en que me dejé caer, no dé corazón, sino por ven- 
ganza y despecho del mal trato que se roe daba,» .y arrojando á 
tierra el turbante, lo pisoteó con ultraje y menosprecio de la falsa sea- 
ta de Maboma. AI ver esto, todos los de la Duana gritaron : Abruja^ 
abruja vivo, y dieron sentencia de ser quemado. El fervoroso esclavo di* 
jo que estaba alegre y gozoso de la suerte que le cabia de dar la vida 
por Jesucristo. Luego entregaron el sentenciado al mesuar ó verdugo, 
quien le llevó á su casa. 

Los PP. redentores estaban debajo de un soportal del patio de la 
Doana cuando salió el verdugo con el soldado de Cristo ; pero Qo 
pudieron consolarle ni animarle al martirio, por no exponerse á ser 
Igualmente quemados y perder la redención ; solo rogaron por él á Dios 
y á la Sma. Virgen. El verdugo tomando de su casa un palo y una ca- 
dena, llevó al mártir Pedro al lugar del suplicio que era fuera de la 
ciudad. Las calles del tránsito estaban llenas de gente que insultaban 
al cautivo, quien contento de dar su vida por Jesoeristo, iba pidiendo 
con humildad á cuantos cristianos encontraba que le encomendasen á 
Dios con un Padre nuestro y Ave Marta , y confesando siempre los 
misterios de la fe católica. 

El verdugo plantó el palo, y con la cadena itóen él á Pedro por la 
cintura, y puestas esposas en sus manos, se le acercaron algunos mo- 
ros y renegados , diciéndole que aun tenia tiempo de escapar de la 
muerte, con solo decir $oy moro. A lo que respondió d valeroso Pe* 



— 325 — 

dro : «No, no soy moro, sino cristiano, y como tal quiero vivir y mo- 
rir.» Al oir esto el verdugo, peg6 fuego á la leña puesta al rededor del 
palo al que estaba atado Pedro, tostándole las carnes, y también á un 
turbante de estopa que tenia preparadocon cebo, brea y alquitrán, que 
.lo puso á la cabeza del Mártir ; pero por dos veces se apagó el turban- 
te. Entre tanto los renegados le instaban á que dijera que era moro, y 
el mozo siempre decia lo mismo, que detestaba la falsa secta de Maho- 
ma, que moría contento por Jesucristo. Entonces el verdugo le untó la 
cara y cuerpo hasta la cintura de brea y alquitrán para que el fuego 
se cebara en sus carnes, y el Mártir hacia actos fervorosos de contri- 
ción, pidiendo la absolución de sus pecados y censuras. Hallábase allí 
cerca el Vicario apostólico de Su Santidad en Argel, y le dio la absolu- 
ción de todo. Finalmente encendiéronse sus carnes, y rezando el Credo^ 
entregó su espíritu al Criador, ediñcando con su fervor, valor y glorio- 
so triunfo á los cautivos cristianos, que se animaron y fortalecieron en 
su fe y amor de Dios, y á bs esclavos renegados, que algunos, reco* 
nociendo su mal estado, consultaron con los PP. redentores sobre su 
desgracia. • 

El glorioso martirio de este valeroso cautivo, héroe de la fe católi- 
ca, sucedió á las diez de la mañana del día 30 de agosto, y mientras 
se aplicaba el fuego al Mártir, los PP. redentores Fr. Ignacio Vidondo 
y Fr. Gaspar Esteve fueron llamados á presentarse ante el bárbaro Bey 
y Duana de Argel. Sin ningún precedente ni interrogatorio, se les 
anunció en pleno Consejo que ios dos estaban sentenciados á ser que- 
mados vivos, por haberse recibido una carta de España que decia, que 
en todos los Estados del Rey católico habian dado muerte á todos los 
esclavos turcos, y que después de enterrados, los españoles les habian 
desenterrado, arrastrado y quemado ; y que el Consejo había tomado 
la determinación de hacer un castigo ejemplar para escarmiento públi- 
eo de todos los reinos, y en particular de España, quemando vivos á 
cien esclavos, ó á los dos redentores, y que el Consejo unánime habia 
pensado seria mas ruidoso quemar á estos dos últimos; y añadió el 
Agá, presidente del Consejo de la Duana : «Papazes, buen ánimo ; esto 
se ha decretado y dentro poco será puesto en ejecución ; de este modo 
aprenderán en España á tratar mejor los esclavos turcos.» El P. Vi-» 



— 326 — 

dondo tomó la palabra diciendo, que la carta podía muy bien ser ana 
venganza motivada de algún justo castigo por &us amos, ó ana farsa, 
pero no una verdad : y que si la tal carta existía, había fundamento 
para pensar que era escrita en la misma ciudad de Argel. Esta res- 
puesta ofendió tanto al Ck)nse¡o, que todos dijeron : Que los quemen ti-, 
vos. Levantóse el Ag^ y dijo al P. Vidondo, que declarase los culpa- 
bles, ó el fundamento que tenia lo que él apuntara, y el P. redentor 
contestó, que no podía complacerles, porque era sacerdote de Jesu- 
cristo, y si declaraba las personas de quienes presumía habiau escriio 
la tal carta, se les castigaría con pena de muerte ó con peligro desu vi- 
da ; así que excusasen, pues él no podía acusar á nadie de crimen tan 
enorme. «Tiene razón el Papaz, dijo un turco en alta voz ; porque si 
esto puede probarse, los culpables deben ser castigados, y tal vez sab- 
rán los que menos pensamos.» Todos convinieron en lo mismo, y que 
la sentencia contra los Religiosos se ejecutara. El P. Vidondo pidió per- 
miso al Rey para hablar, y dijo : «Ahora pregunto, el quemarnos vi-- 
vos¿nose hace en odio de la Religión cristiana?» El Agá respondió 
que si, porque en España los cristianos lo hacían eri od¡o*de la ley de 
Mahoma. A lo que replicó dicho Padre : «Los cristianos del Rey cató- 
lico no hacen tales impiedades ni son tan bárbaros: no obstante so com- 
pañero y él estaban prontos á morir en obsequio y honra de la Religión 
católica ; pero que advirtieran que serian castigados por Dios y por el 
Rey católico. Por Dios que protege á los que padecen injustamente, y 
por S. M. católica que viendo habían violado el salvoconducto y la fe 
jurada, decretaría que no se hiciera jamás redención en Argel, sino en 
otras ciudades de África donde había cautivos ; qne estas se enriquece- 
rían y Argel empobrecería ; que no tendría efecto el salvoconducto que 
ellos habían enviado á las .provincias de Andalucía y Castilla, para que 
fueran á redimir en Argel, perdiendo ellos mas de 50,000 ducados en 
dos redenciones que tenían ya seguras, porque correría la voz en Es- 
paña que en Argel habían quemado los redentores. 

Levantóse el Rey, habló á los del Consejo, y picados todos de la 
avaricia, rabiosos é inquietos callaron, y el Rey dijo: que los incon- 
venientes que había manifestado el P. redentor, eran en perjuicio de 
Argel ; porque el Rey católico haría lo que dccia el Padre, y no se ha* 



— 327 — 

rían mas redenciones en Argel ; asi que se derogase la sentencia con- 
tra los redentores, y se decretase que en Argel se ejecutaría lo que de- 
cía la carta que hacían los españoles con los turcos. Todo el Conse- 
jo se adhirió al parecer del Rey, y ordenaron que se diera libertad á 
los redentores; pero que desde aquel dia los cautivos cristianos que 
murieran en Argel fuesen atados á la cola de un caballo, arrastrados 
y después quemados. Esle decreto al tercer día ya se ejecutó en un 
pobre cautivo catalán , que después de haberlo maltratado en gran 
manera su bárbaro y tirano patrón, le echó á la calle y murió, pa- 
sándole por encima una multitud de caballos y muías que concur- 
rieron. 

Los PP. redentores al salir libres de palacio, el uno se fué á la po- 
sada; pero el otro, el P. Yidondo, se dirigía al lugar del martirio del 
convertido Pedro, para ver el valor con que sufría el suplicio, cuando 
en medio de la calle encontró dos turcos conocidos, los que sabiendo 
donde iba, le aconsejaron que se volviese á la posada á tratar de la 
redención, que era lo que le convenia, porque si llegaba hasta alli, po- 
drían los turcos ofenderse y enfurecerse, y después de acabar con el 
renegado empezaran por él. Obedeció el P. Yidondo, y envió seis cau- 
tivos para que presenciasen la constancia y valor del santo mozo, y asi 
pudieran referirlo á los demás, y por la tarde vióse con el Rdo. Yica- 
rio Apostólico, que se lo relató todo, y que los cautivos y él á hur- 
tadillas habían recogido coantas reliquias les fué posible del valeroso 
Mártir. 

Estaban un dia los PP. redentores con el R. P. Pacheco en palacio 
negociando cautivos. El Rey no pudo dejar de admirar la buena fe de 
los redentores en sus tratos, y su gran caridad con el prójimo ó cauti- 
vos; quizá esto le movió á invitarles á comer con él, porque era ya 
tarde : los Padres se excusaron ; pero para no desairar á dicho señor, 
al fin cedieron. 

Concluyóse el dinero y la redención el dia 2 de setiembre, y en el 
siguiente se hizo el registro de cautivos delante del Rey, quien se mos- 
tró descontento del poco precio de los esclavos ; pero el P. Yidondo le 
recordó lo pactado, convenido y firmado, y la mala fe ó sed de oro 
del Rey no insistió. A causa del envío de tropas en socorro de la cíu- 



— 328 — 

dad de Treinezeo que babia sido saqueada por moros rebeldes,, ios 
caalivus no pudieron ser despachados y embarcados hasta el día 7. 
En este día los Padres madrugaron, dijeron misa en el Oratorio y al- 
gunos cautivos recibieron la sagrada Comunión. Después se presenta- 
ron todos á palacio para pasar lista en presencia del Rey, del Agá de 
la Duana y de los Maestros de la ley. mientras se efectuaba este último 
registro, trasportaron las velas del barco que se habian depositado en 
palacio, y embarcaron la ropa de los PP. redentores, pues la de loe 
cautivos era tan poca que la llevaban á cuestas en forma de mochila. 
Pagados los derechos» ancoraje etc., y después de sufrir mil registros 
en el barco y en la ropa, se embarcaron todos, y dando gracias á Dios 
y á N. Sma. Madre de verse libres de aqudlos bárbaros, alegres y con 
mediano viento navegaron toda la noche. 

El dia 8 de setiembre por la tarde entraron en el puerto de Ibiza» y 
dejaron ios cautivos de aquella isla. El mal tiempo les impidió salir 
hasta el 4 4 , y con viento ora favorable, ora contrario, entraron el dia 
44 en el Grao de Valencia, dando gracias á Dios y á la Yii^en santísi- 
ma del Puig, cuya protección habian reclamado los redentores antes 
de salir de Argel; pero por ciertas circunstancias independientes de los 
redentores no desembarcaron en el Grao, sino en la playa del Puig. 
Antes de saltar en tierra los PP. redentores hicieron una fervorosa plá- 
tica á los cautivos, y dieron á cada uno un Escapulario de la Merced. 
A la entrada de la villa del Puig fueron recibidos y acompañados en 
procesión, cantando el Te Deum, á la iglesia del convento. 

Después de un dia de descanso, pasaron todos á Valencia, donde 
fueron igualmente recibidos en procesión por los PP. de la Merced, y 
entraron en la iglesia de S. Martin en la que se cantó una Misa en ac- 
ción de gracias, predicando el P. Pdo. Fr. Claudio Bolada, y lo hizo 
con tanto acierto y emoción, que el auditorio quedó edificado y enter- 
necido. Concluida la Misa, la redención pasó al convento de la Merced. 
De Valencia redentores y redimidos se marcharon á Zaragoza, en donde 
llegaron el dia 28 de setiembre de 4654, y alli concluyó la misión de 
los PP. redentores, habiendo rescatado 82 cautivos, entre ellos el cita- 
do P. Fr. Claudio Bolada, Meroedario de Valencia, que fué quien 
pronunció el sermón, el P. Fr. José del Vencimiento, de la Orden dei 



— [329 — 

Carmen t 5 mujeres y 3 niños, los coales faeroa muy bien recibidos en 
todas partes hasta llegar á sus respectivos pueblos. 

Tal es la relación que de esta redención nos dejó escrita el mismo 
P. M. Fr. Ignacio Vidondo, redentor en ella. 

282. 

Redeneion «n Argd da 868 eautivos en el aSo Í6S5. 

En d mes de maya del año 4656 se embarcaron para el puerto 
de la ciudad de Argel los redentores G. M. Fr. Joan Fooseoa, Comen- 
dador de Madrid, por Castilla, y el P. Pdo. Fr. Francisco de las Rosas 
por Andalucía, con los RR. PP. Fr. Juan del Espíritu Santo y Fray 
Melchor de los Rey^, Descalzos de nuestra Orden, y en aquella ciudad 
redimieron 302 cautivos, entre ellos 7 eclesiásticos. Costó esta reden- 
ción 64,254 pesos y 2 reales. 

'883. 

Redenciones en África del alio 16BI al 16M, en las qoe arraacaros 

de ia.csQlavilnd 132 cautivos. 

Los ileligioaos de la Merced franceses, zelosos en el cpm^pliipi^nto 
de SM coarto voto, no descansaban, buscando limosnas por todas par- 
tes pAra ios pobres cao tj|vos; asi es que los redentores, el P. Pdo. Fray 
Franoisoo Faysaa y el P^. Fr. Serapio Gdlot, estuvieron en €OiM|inuo 
nMñi>ímiento, surcando id mateo idas y vueltas ai. África, y recorrien-' 
do las cestas de Berbcfeia.: 

En el año \ 651 pásanos á Argel, y rescataron diez cautivos france- 
ses á «o precio oMiy alto, que embarcaron y llevaron ¿ Francip. 

Ep la misma dodad de Argel ea el año 4695.diciios PP. rédente* 
res rompieron las cadenas de la esclavitud á diez y siete íranceses» 
que largo tiempo gemian en ella. 

En el año 4658 oran sumamente aflictivas las cartas que se reci- 
bian en Francia de los cautivos que gemian en Túnez, Trípoli y Argel; 
42 



— 330 — 

y temiendo sos parientes, que no sucumbieran á los malos tratamien- 
tos de los moros } ó no perdiesen su fe, instaron vivamente á los Pa- 
dres de la Merced que pasaran al África para arrancarles del poder 
de los moros y restituirles al seno de sus familias. Gustosos cedieron 
los Padres de la Merced ; pasaron al África, y con el poco dinero que 
les entregaron, rescataron 24, que fueron recibidos en Francia con 
grandes demostraciones de alegría. 

No fueron estos solos los que dichos PP. redentores rescataron en 
África desde el año 1654 al 4658, sino que en sus repetidos viajes y 
excursiones dieron libertad, inclusos los citados, hasta el número de 
432 infelices que gemían en la esclavitud. 

284. 

RedeDcioD en Argel de 3*79 cautivos en el año 1660, 'quedándose en rehenes 

el R. P. Antonio Vigo, redentor. 

En el año 4 660 se unieron Calzados y Descalzos de Castilla y An- 
dalucía para hacer una redención : fueron redentores por Castilla el 
P. Pdo. Fr. Diego de Orozco y el P. Fr. Laurencio de S. Esteban, 
Descalzo, y por Andalucía el R. P. M. Fr. Antonio Vigo y el P. Fray 
Antonio del Smo. Sacramento, Descalzo. Embarcáronse todos en abril 
del mismo año en Alicante, y tomaron tierra en el puerto de Argel. 
Alli con el caudal que llevaban dieron libertad á 379 caulivos ; pero 
luego después encontraron 4 2 niños con gran peligro de perder la fe, 
porque los moros querían trasladarles á otra parte. Los redentores al 
momento trataron de su rescate, y convinieron en quedarse en rehe- 
nes el P. Antonio Vigo, por 9,000 reales de á ocho, pagaderos dentro 
cuatro meses, con un cuarenta por ciento de interés. 

Hecho el ajuste, embarcóse la redención, y el dia 3..de junio del 
mismo año llegaron á* Alicante, y el (fia 4S á Madrid , donde despidie- 
ron los cautivos. 



— 331 — 



285. 



Redeneíon eo Argel de 27 cautivos en ^\ afió 1660. 

Habiendo llegado la antecedente redención y dado caenta de lo 
SQcedido, nuestro Rmo. P. General Fr. Juan Asencio redobló su zelo 
para esta santa obra, y allegó en poco tiempo 4 5,000 reales de á ocho, 
y con ellos envió á Argel al P. Fr. Miguel de Gorisoain, Procurador 
General de Aragón, que se encontraba en aquel entonces en Madrid. 

Partió este P. redentor de Madrid el dia 29 agosto de 4660, y no 
pudo embarcarse en Alicante hasta el 20 de setiembre, por haber vien- 
tos contrarios. En tres días de navegación llegó á Argel, y encontró 
al P. Antonio Vigo con dos puñaladas y otros maltratamientos que le 
habían dado los turcos. Trató luego de su rescate, y de lo que le so- 
bró, con otros socorros que llevaba, rescató 27 cautivos, entre ellos 
acunas personasde calidad, como D. Nicolás Esperón, Capitán de la 
galera Sta» Águeda, que cautivaron, D. Juan de Flores, jurado de Cá- 
diz, D. Gerardo Hoz, algunos sacerdotes y una niña da ^ años de edad 
y 5 de'cautiverio. Aparejándose para embarcarse, mataron al Gober- 
nador ó Bey, y falló poco no se perdiera la redención por este suceso. 
Por fin lo pudieron efectuar escapando de mil peligros, pero/Corrieron 
otros tantos en el mar, pasando veinte y tres dias con fuertes vientos y 
tempestades, queles llevó á Cerdeña, á Menorca y á Mallorca; también 
dieron con cuatro navios turcos , de los que escaparon por milagro, 
y finalmente desembarcaron en Alicante, pasando de alU á Madrid, 
donde entraron el 45 de noviembre del mismo año 4660. 



286. 

BedeDciOD en Argel de 148 caalivos en el aSo 1661, quedándose en rehenes 

el P. M. Fr. Jaime Castellar. 

En el Capitulo Provincial celebrado en Esteliade Navarra á^8 de ma- 
yo de 4 664, fueron nombrados redentores por Cataluña el R. Padre 



— 382 — 

M. Fr. Jaime Gistellar, catalán, Religioso muy sabio y virtuoso, cali- 
ficador del Santo Oficio, Provincial, dos veces Prior de Barcelona y Víca- 
rio General de la Orden, y por Aragón y Navarra el R. P. Pdo. Fray 
Miguel de Gorisoain. El P. CaslAllar pas6 á Valencia y el P. Gorisoain 
á Madrid, doAde recibió instrucciones de nuestro Rmo. P. General y los 
despachos, órdenes y caudales, y despedido de S. M. se dirigió á Va- 
lencia para reunirse con el P. Castellar y el P. Pdo. Fr. Gaspar Eate- 
ve, redentor por Valencia, quienes tenian ya fletada üoa embarcacíoQ. 
El día 13 de agosto del mismo año 1661 se hicieron á la vela en el 
Grao de Valencia, dirigiéndose á Malbrca para recibir algun dinero. 
Alli eocontharon cartas de nuestro Rmo. P. General, que les prevenía no 
fuesen á Argel á redimir, á causa de estar la escbadra inglesa bombar- 
deando aquella ciudad. Indecisos los redentores si seria nías acertado 
volver á España antes de perderlo todo, el P. Gorisoain, firmé en el 
propósito de no retroceder, se embarcó en una fragata ^ara reconocer 
las costas de Berbería, dejando en Mallorca á sos dos compañeros ooa 
el caudal. Mucho padeció el P. redentor en la fragata, pues ni llevaba 
lastre, ni bueda tripulación, ni buen aparejo, y entre borrascas y vien- 
tos contrarios fueron á parar á Bogia ; y quiso Dios que pudiesen ile^ 
gar é Argel sin encontrar á los ingleses que se habían retirado con pér- 
dida de gente y algunas embarcaciones. De alli mandó luego aviso á 
Mallorca, y. sin perder tiempo los dos redentores pasaron á Argel. 

No es posible explicar la alegria de los cautivos al ver los rédente* 
res, porque los había de 25, de 30 y hasta de 38 años de cautiverio. 
Rescataron 148, entre ellos 13 eolcsiástioos (dos Vicarios Generales, 
dos Capuchinos, un Franciscano, un Mínimo, un Jesuíta y un Agoelino 
Descalzo], cuatro niños nacidos en Argel, trece mujeres, miidios oficia* 
les y soldados, y el Sr. Fiscal de los Reales Tribunales dé Mallorca. 

En aquellos dias alborotóse la ciudad de Argel, y los moros mata-- 
ron al Rey ó Bey y cortaron la cabeza á los principales del Gobierno ; 
pues los amotinados, que eran los soldados, decían públicamente que 
los habian muerto por ladrones por no haberles dado la parte que les 
correspondía de las presas, y asi recibieron su merecido. Seis dias du- 
ró el alboroto ; ios Padres no salieron de su casa, y temían por la re- 
dención que juscgaban perdida, pues les decían que el nuevo Rey y 



— 333 — 

nuevo Gobierno rescindirían el cbnirato del Rey muerto, porque babia 
cedido los cautivos baratos, y abora se ofrecían 4 0,000 reales de á ocbo 
mas. Efeclivamente, sobre este asunto los Padres tuvieron mochos dis- 
gustos y disputas ; hasta que el P. Gorisoain dijo con uo valor heroi- 
co, qne aunque le quemaran vivo no rescindiria el contrato del Bey 
aiuarto. Por fin aquietóse la cosa, y concluida la redención, encontra- 
ron cuatro niños catalanes sin rescate y con. gran peligro de dejar la fe. 
Gomo los Padres ya* no tenían dinero, el P. Castellar, redentor por Ca- 
taluña, se quedó en rehenes. 

Después de lá salida de los dos otros redentores odn los cautivos, 
es increíble k) que este Religioso tuvo que sufrir de trabajos, ihjúrias, 
desprecios y toda especie de malos tratamientos ; varias veces se halló 
en gran riesgo de perder la vida , y finalmente fué sentenciado á ser 
quemado vivo ; pero ai ir al lugar del suplicio, se compadeció de él un 
judio llamado Balaosi> quien dio el dinero al contado, y loe moros que- 
daron satisfechos. 

Libre ya el P. Castellar de la muerte y del empeño , á los pocos 
días encontró á un infeliz cautivo tan abrumado de penas y trabajos» 
que estaba al borde del precipicio. «Eso no, dijo el redentor Merceda* 
rio : esta apostasia daría grande escándalo ; asi quedo yo en rehenes.» 
Y escribió á Barcelona en noviembre de 4 661 , que tenia nuevo empeño 
por un cautivo, y que le mandaran dinero ; y un año después la Orden 
dé ia Merced lo desempeñó dd todo, hatMeodo estado en rehenes cator- 
ce meses. a 



287. 



Redención en Argel de 92 cautivos en el aSo 166t. 

Es tan triste y conmovedor el relato de esta redención que hizo á 
su regreso de África el P. redentor Miguel Avury, que no podia escri- 
birla ni referirla sin que las lágrimas brotaran de sos qjoe. 

En el año 4 662 fueron elegidos redentores d P. Mtro. Fr. Miguel 
Avury, ex-Províncíal do Francia y conventual de Paris, y el R. Padre 



— 334 — 
M. Vr. Ptxln> Ricau<lon, conventual de Burdeos. Poblicada la rodeo- 
otoii i'ii l^iris. y oUeeiiias las líceocias y patenlee, parlieroo para Har- 
üviU, Uouüu M k« «DÍó Fr. Jubo de Col, y r«:ibi<ia la bendicñw del 
P. CotiHHHiaüur de tiquel ciMvento, tos tres se embarcaron y con viea- 
k> fovuiDble lh^ttn>a al puerto de Ar^l el día 1 8 de setiembre. Su lle- 
%.h\a lluiHD til ateiicioa de (oda la ciudad : moros, jadíos, pobres esda- 
viM lüdiM aouiliirrun al puerto á ver et estandarte de la redencioe qoe 
omleiibu cUvada en el buque, oeteaiando en oaa pane Nuestro Divino 
Ht.-<li-iiiur clavddo en crua y el escudo de armas del Papa y del ftey de 
Kiaiicia, y c» la otra U ImágieB de Nuestra Se&ora de la Merced, Sa» 
ISüIru iNi>lttM\), 8bu Ranioo y el Escudo de la Orden. Salió ¿ recibirlei 
ol Cóiuul friuictiM, y apenas alojados, acodieraa loa cautivos gimiendo, 
lluraudo, c\putikHido sus aaiseriss, y pidieado coo instancia á hw Pa- 
dilla roilMiUkn<tt su su>pirada libertad : pen> lo qoe mas eoteroeció á 
(.^kluB ruó v«i' eitlro aquellos desgraciados varicB Beligiasi» Fnnctscaoos 
i'9|k.)rviK-a, roULi sus h.tbÍios, pálidos, y tan Cacos que apenas podían 
U'iifi-bi' vit )iió . MKSilríis procurabas consolar á estos minisUxB dd Se- 
ntir, suiuidiu >,m Unta miseria, se les presenlaron Aas fteligMsas Agos- 
liiitú !>ut H'ñ<«) a));una do su proCeswa oi de sacenlole, poes nuBnaiKn 
iiiaa que uu iimlr.tju«o n>pige pardmco. Estos pobredus se acercaroo 
A Illa iti>Kuili)ri<d i-un humildad y lágrimas, pidiéadoles tnricsen piedad 
ilii nlliii, |)iir()uo sus des.ip>jdados amos les i ca ia» desünadns á reme- 
lla lUt lii» i;.iKt^u). L<.« Padivs les coosoUma. prometiaBdoles kader 
i.ii.)ut.i i^lu^uMii on !>u mano pora aliviar so degrada ; pao mani- 
l'iiíUtidvili'a ik\ utÍM»o tii<m^x> su pesar por no podeHe» rcüicir a causa 
il» un n'r ír.iu\Va«.<[í, p.trdi quienes estaba destinado el dioevo. Fiaabtn*- 
lii lUiMi^ un Rt'lii;K«k> Minino, dii^icodo álos P«^resde pw del P. iai- 
nii: Tii^iillitr, uxtctiu^r Uorctxlario. que estaba en re!»e'>es, qoe so peni.) 
|M^.ii A it'ii li'a vin abrATO en aqueí día porqne do pxii silir. y qiK se 
..l,p...lM.K>.nll.-^,«.Ía. 

|t.3)iii>i> 1)1)0 Kv« re^jiiiltircs huLieraa tr.iaptáo ^ 'j:i:ñmmkes~^ 

ii.iliu» Ili'li^l.t3,tti ivn {viIaI^^ de amor y caof^ers: \ ateotMps «^'i 

Kin .i|iU'itu.tiili'> iii'<i'(«4d«dcs. empetaron ti rescale \Maá-Tvd« ^s^ 

\hituni i<M V AtUtMtrtlAS que les biw el &jbermBOGr para úCi.^pr'»-'^ t 

ki qutntv \>--'\'U\\'«' ^oyos,a lo que reí«iieroii mmfKfCt aa L 



— 336 — 

taral encargo délos obispos y familias. francesas, que primero debian 
ser sas parientes y paisanos. 

Los redentores con alas de caridad recorrian dia y noche los Baños, 
instroyendo, consolando y confesando á los pobres cautivos, y por ha- 
ber pasado alguna noche entre ellos, se levantó en la ciudad una cruel 
persecución contra los cautivos, y en particular contra los Religiosos 
y sacerdotes ; y para colmo de desgracia, se dijo en aquellos Vlias que 
en España se trataba muy mal á los moros. Los turcos creyeron esto á 
ciegas, la ciudad toda se alarmó, y tomaron la resolución de descargar 
su furor y rabia contra los españoles cautivos. Los turcos armados se 
lanzan á la calle, furiosos recorren los Baños y capillas, y maltratan 
bárbaramiente á cuantos cristianos encuentran ; profanan las imégenesi 
y hacen pedazos los ornamentos. Pero tío paró aqui todo : la Duana ó 
Consejo dio orden que todos los Religiosos esclavos fuesen empleados á 
trabajos públicos de las fortiOcaciones, acarreando la piedra, tierra, cal, 
agua, etc. , y que uncidos como bueyes ócaballos tirarsm de las carretas. 
Atónitos los redentores, sentían en el alma, tanta crueldad, y admira-- 
ban enternecitios la paciencia de estos confesores en sus trabajos. Mu- 
cbos de ellos no pudiendo resistir la fatiga, calor y mal alimento, ca- 
yeron enfermos, y los redentores les socorrieron con limosnas para su 
alimento y curación.. Estas limosnas tan necesarias á estos venerables 
Religiosos cautivos^ fueron causa de que después de haber empleado 
10,000 escudos en el rescate de 65 cautivos, los Padres se viesen obli- 
gados á comprometerse por 5,000 escudos. De varios particulares re- 
cibieron los redentores dinero para el rescate de cautivos : entre ellos 
para un joven griego de la isla de Ghio, de quien un señor de Paris oyó 
hablar como de un prodigio de ciencia y virtud, pues poseía con per- 
fección las lenguas francesa, latina, española, turca, árabe y la griega 
antigua y moderna, y para rescatarlo le mandó el dinero que el joven 
entregó á los. redentores. 

' Este joven llamado Jaime, con un compañero de su edad y virtud 
llamado Antonio, pasaban á Francia para vestir el hábito de Religiosos 
en Toiosa; pero en el mar fueron cautivados por corsarios y vendidos 
en Argel. Sus padres sabedores de su desgracia, vinieron de Levante 

para procurar su rescate después de dos años de esclavitud ; pero Jai- 



— áse- 
me coQOGÍeiido ia ímpmbilidaddeser rescalado par sus pobres padres, 
se abandonó enlerameote á la Divina Providencia, confiando y amando 
á Dios con todo el fervor de so alma. Dios permitió que su paeiáncia 
fuese ejercitada de un modo terrible. Su primer patrón le empleó en el 
servicio del mar; pero en mar y en tierra permaneció constante en las 
prácticas de virtud y devoción, confesando y comulgando siempre que 
podía. En su zelo por la fe de Jesucristo , cuando se le presentaba 
ocasión, demostraba la falsedad del Alcorán y de las prácticas y se- 
persticiones de los moros ; por lo qtie su patrón, á no haber estado 
prendado de la piedad, dulzura y bellas cualidades de su esclavo, le 
hubiera hecho quemar vivo ; asi es que temiendo que el aau)r que le 
tenía no le comprometiera, le vendió á un soldado, quien por hacer 
ganancia le vendió á los redentores. Los compañeros del soldado le re- 
procharon su avaricia y su incuria, por no haberle obligado á renegar 
de su fe, antes de venderle, y le cítetieron el dinero para rcÁncorpo^ 
rarse del joven, 'prometiéndose que le obligarían á apostatar. Jaime, 
que había ido á casa de su patrón para darle las gracias, entendió esta 
infernal trama, y mardiándose luego lo contó á los redentores, quie* 
nes lo admitieron oon los otros que mantenían; por manera que estos 
gastos y el dereobo de embarque que el Bajá aumentó, les obligo á pe- 
dir dinero prestado. 

El día 29 octubre de 4662 salieron de Argel con 92 redimidos, y 
al anochecer del segundo dia vieron á lo lejos cuatro embarcaciones 
mayoi>es que se dirigían ó ellos, draade fué la oonsternacion por el te- 
mor de ser cautivados; pero hicieron tales esfuerzos y remaron coa tal 
vigor, que volando salieron del peligro. Al rayar el alba del día si* 
guíenle se les presentó otro, pues se enoontraron muy cerca de dos 
corsarios de Túnez. Tripulación y cautivos hicieron un nuevo esfuerzo, 
y como si la nave fuese llevada por los ángeles tutelares, escaparon á 
pesar de darles caza á toda vela. Con esta maravillosa protección lle- 
garon á Baroebna el dia 3 de noviembre, donde fueron recibidos y 
obsequiados por los Heligiosos de nuestro convenio. 

Partieron de Barcelona el dia 6, y habiendo cambiado el vieaio, el 
día 8 se vieron obligados á desembarcar^ y por tierra se dirigieron á 
Francia, y en modias principales poblaciones de aquel reino fueroD re* 



-337 — 

cibtdos eo procesión. EoMonlpeller fué muy solemne, saliendo de núes* 
Iro convento y pasando á la Catedral» donde ^e cantó la misa y acudió 
un gentio inroenso. La relación de este rescate se imprimió en Aix. 

288. 

* 

Redención en Argel de Í6l cautivos en el afio 1664. 

Uniéronse las dos provincias de Gasíilla y Andalucía en el año 1664 
para hacer redención. Fueron redentores por Castilla el fi. P. M. Fray 
Gabriel Gómez de Lobada y el R. P. Fr. Juan de Sta. Maria , Descalzo, 
y por Ándaluoia el R. P. Pdo. Fr. Juan de Bustaroante y el R, Padi^ 
Fr. Alonso de la Cruz, Descalzo. Pasaron 'á Argel, y en el mes de mar- 
zo del mismo año 4664 dieron libertad ó 261 cautivoe. 

Mocho padecieron los redentores en' esta jornada. No fué trabajosa 
la ida; pero lo fué en gran manera la vuelta, y muy aOictiva la per-- 
manencia en Argel. Los catilivos eran en gran número, y entre ellos 
había personas de cuenta ó calidad ; adesqueles costó mucho hacer los 
ajustes é causa de la sed de oro de los moros. Rescatáronse doce Re-* 
lígiosos (UD Bernardo, os Francísoano, dos Dominicos, do^ Carmelius, 
cinco Agustinos y un Caballero de la Ord^Mi de S. Juan); á mas dos 
empleados del Bey de alta cat^oria, el Visitador de la Isla de Slo. Do- 
mingo y un Oidor de aqnella Audiencia, una porción de niños y una 
ancáana enferma, tratada cruelmente por su bárbaro patrón, cuyos 
padeoímientos enternecieron al P. Gómez de Losada. Pasaba este re- 
dentorpor una calle de Argel, acoo^añado de D. José de Luna, Alcal- 
dedel crimen de Sevilla, á quien habían cautivado los moros, y en el 
umbral de una casa había una infeliz cautiva echada al suelo, casi 
desnuda, de edad de 76 afios, que padecía recias calenturas y una per- 
lesía que COR dificultad podía hablar, la cual dirigiéndos^e al Padre re- 
dentor con voz lastimera y entrecortada, exclamó : «Padre redentor, 
por la Pasión de Jesueristo lléveme á morir entre cristianos, que lo soy 
de todo cerazcm.» -^ «De muy buena gana, hersoíana mia, le dijo el Pa- 
dre redentor, 06 ofrezco rescatar.» Al mismo tiempo llegaron unos pai- 
sanos de la pobre mujer, y ledijeron que aquella desamparada enferma 
43 



— 338 - 

era ana viuda de Canarias, que se llamaba Tomasina de los Angeles, 
cautivada por los moros cuando iba á España é buscar limosnas para 
el rescate de un hijo único que tenia esclavo, y halló ya difunto al lle- 
gar á Argel ; que babia servido ocho años al patrón de aquella casa 
sin darle un bocado de pan, pues vivia de lo que sus paisanos le da- 
ban de limosna, y que como la pobre vieja y enferma era inútil , el 
patrón la echaba de su casa. En aquel momento llegó este, y dijo al 
P. redentor: oPapaz, cómprame esta esclava, que te la daré bara- 
ta.» Queriendo el Padre ajustar el precio, le dijo el patrón: aMe 
costó 400 reales de ocho, y no quiero perder nada.» Entonces dljole 
el Padre redentor: «Señor patrón, si hubieraV. comprado un caba- 
llo, y se hubiera servido de él ocho años, y estuviese ya viejo, sin po- 
der trabajar, ¿no lo daria V. por menos precio?» Estas y otras ra- 
zones le dijo el Padre, y por último se concertaron en 440 reales de 
plata, que fué lo que menos costó en aquella redención, y prometió re- 
mitírselos á la mañana del dia siguiente. No pudo el P. redentor cum- 
plir su palabra hasta medio dia ; por lo que viendo el moro que el di- 
nero no venia , descargó sobre la pobre enferma tantos palos y azotes, 
que la dejó cuasi muerta. Los paisanos de aquella infeliz fueron á de- 
cirlo al P. redentor, y este envió un hábito de Religioso, para que la 
vistiesen y enterrasen, sí efectivamente habia muerto, y el dinero del 
rescate, por si la hallasen viva. Quiso Dios que aun viviese, pero tan 
descolorida y postrada, que parecía un cuerpo desenterrado. No obelan- 
te mejoró, y al cabo de algunos dias quedó sana y con ánimo de volver 
á Canarias su patria, para donde partió en una embarcación de 
Málaga. 

En los dias que e^uvieron en Argd el P. Gómez y sus compañeros 
de redención procuraron consolar á los cautivos, ya que no podian re- 
dimirles á todos, y administrarles los santos Sacramentos, de los que 
muchas veces se veian privados ya por falta de Ministros, ya por ta 
crueldad y tiranta de los patronos. Estando allí el dicho P. Gómez, ooa 
cautiva enferma pidió á su patrón permiso para que entrase un sacer- 
dote á confesarla ; el patrón se la dio, pero viendo que el sacerdote 
tardaba á salir, fué á encontrarle, y echándole á empellones delacasa^ 
le dijo que si volvia á entrar en ella,- le baria quemar vivo. 



— 339 — 

Llegó el día de embarcarse ; y haciéndose á la vela , aportaron á 
Alicante: pero pasáronse cien dias antes no desembarcaron, haciendo 
y repitiendo cuarentenas ya á bordo, ya en lazareto. Fueron estos cien 
dias de molestias y angustias para la redención ; pero también se vio 
la particular protección deN. Sma. Madre, obrando el Señor milagros 
para librar á los redentores y cautivos de los peligros en que se vie- 
ron. Milagro fué, que siendo la embarcación muy pequeña y cerca 
300 las personas que en ella había, después de tantos dias, en la esta- 
ción de los calores, y tan apretados y mal alojados, ni uno muriese ni 
enfermase. Milagro fué, que habiéndose pegado fuego dos veces en el 
barco,y una de ellas muy cercado Sta. Bárbara, de suerteqne muchos 
se arrojaron al mar creyéndose perdidos, invocando el Smp. Nombre de 
Haria de los Remedios, se apagase el fuego. Milagro fué, que infestadas 
aquellas costas de fragatas de moros piratas, y que hacían sus presas, 
jamás les abordasen, sino que pasasen siempre de largo. 

Concluida la última cuarentena, que la hicieron en el convento de 
Sta. Maria de los Angeles, del Orden de S. Francisco, situado a media 
legua de AlicanlOy los cautivos quedaron libres y regresaron al seno de 
sas familias. 

La redención quedó empeñada á causa de tanta cuarentena ; por- 
que tuvo que alimentar á los cautivos en estos cien dias, y luego vestir- 
les á todos según su clase, por haberles quemado toda la ropa. Sabien- 
do esto S. M. el Rey de España, socorrió' á la redención con dos mil 
ducados de plata. 

289. 

Redenciones en África del a&o 1666 al 1669, en la que se rescataron 

171 esclavos. 

Zeiosos siempre nuestros Hermanos Mercedarios franceses en el 
camplímiento de nuestro cuarto voto, de procurar por todos los me- 
dios la libertad de los cautivos cristianos, no perdonaron fatiga ni de- 
jaron pasar ocasión que no aprovecharan ; asi es que del año 1666 al 
4 669 hicieron varias redenciones, ya generales, ya particulares, dan- 
do libertad á 172 cautivos, como veremos. 



— 840 — 

Reinando en Francia Ltiis XIV, los piratas berberiscos infestaban el 
MediterráneOí y su osadía era tal , que sembraron el terror, el pánico 
y una continua alarma en todas las costas. Oyó el Rey de Francia los 
clamores y quejas de sus subditos, á quienes los piratas de Túnez ha- 
bían hecho algunas presas de mercaderias y personas, y mandó á sa 
Almirante Duque de Beaufort que con su escuadra bloquease á Túnez, 
y atacase á cuantas embarcaciones quisieran entrar en el'poerto. Obe- 
deció puntualmente d Almirante, y habíeiido apresado algunas, y echa- 
do á pique otras, obligó al Rey ó Bey á pedir clemencia y paz. 

Redactóse un tratado de paz, siendo ona de las oondíciones el 
que no pudiesen hacer presa alguna ; y firmóse en mayo dd año 4666. 
Después de ratificado, el Escudero real señar MouUn fué el portador i 
Túnez, y con él partió el P. Fr. Antonio Audoire» Comendador de 
nuestro convento de Marsella, llevando 45,434 librflis, con las cuales 
rescató en dicha ciudad 48 cautivos, sacándoles de las mazmorras, en 
que hablan sufrido todo género de malos tratamientos, y se les llevó á 
Francia restituyéndoles á sus familias. 

En el mismo año 4666 nuestros Padres de Francia enviaron un 
Religioso á la isla de Chio en el Archipiélago griego por asonfos de in- 
terés para la Francia y para la Orden : á su regreso tomó tierra en 
Trípoli, y como llevaba algún caudal de la redención, rompió las cade- 
nas de la esclavitud á 7 pobres cautivos, que contentos.y agradecidos 
volvieron á Francia. 

Después que el citado Luis XlV puso á raya á los moros de TonQz, 
como hemos dicho, trató de poner coto á los de Argel, que no eran 
menos atrevidos. Mandó á su Comisario General , el señor Tardier, 
que pasara á Argel y obligara al Bajá y Diván de aquella ciudad á 
cumplir el tratado que habían hecho. Supo esto el P. Antonio Audoire, 
Comendador de Marsella, y avisó á los Padres de la provincia, quienes 
Redoblando su zelo y no perdonando fatiga, recogieron 42,540 libras. 
Entre tanto el R. P. Fr. Juan AUaid, Provincial de Francia, nombró 
por redentor á dicho P. Audoire, que poco hacia habia llegado de Tu* 
nez, por conocerle muy apto y capaz para desempeñar este oficio, y le 
dio por compañero á Fr. de Cot. 
A una pequeña insinuación el Sr. Tardier admitió Con el mayor gas- 



— 8M — 

lo en SQ embarcación á los Padres redentores Mercedarios, y esto les 
valió el ser bien recibidos de aquellos bárbaros. Mientras que el señor 
Tardier evacnaba so comisión, y compraba SOO esclavos con el dinero 
del Rey, el P. Audoire rescató 38 con el dinero de la redención. Viendo 
este santo religioaoqoe en Argel no había sacerdote para consuelo de aque- 
llos afligidos y atribulados cautivos, lleno de zelo se quedó enfre ellos, 
y estovo ocho meses administrándoles los Sacramentos y haciendo de 
Vicario Apostólico, encargando á Fr. de Cot los 38 redimidos, para lle- 
varlesá Francia, el cual desembarcóen Tolón el dia 3 de octubre de 4 667, 
con los otros 500 redimidos por el Rey. 

No se contentó con esto el zdo y caridad de nuestros Religiosos 
franceses á favor de los cautivos, sino que dando creces á su activi- 
dad, recogieron en poco tiempo abundantes limosnas, y ya envian- 
do redentores al África, ya por medio de mercaderes y corresponsa- 
les, en losafios 4668 y 4^69 rescataron 79 cautivos, de los cuales 49 
en Trípoli I y costaron 47,833 libras. Estas redenciones fueron tan 
celebradas y aplaudidas en Francia, que los diputados de los Estados 
de Bretaña en *pública asamblea alabaron el zelo, la abnegación y el 
heroísmo de los Religiosos de la Orden de la Merced. 

290. 

RedeDCion en Argel de til cautivos en el aSo 166?. 

Un año habia que la ultima redención habia desembarcado en Ali« 
cante, coando el Consejo de Indias mandó escribir á nuestro Rroo. Pa- 
dre General Sanchiz lo siguiente : «Rmo. P. General de la Orden de 
Nuestra Señora de la Merced. Gomo V. Rma. tiene entendido, han ve- 
nido de las Indias en los Galeones 34,000 reales de á ocho, proceden- 
tes de limosnas para redención de cautivos, y habiendo apresado los 
moros el Patache de la Margarita, y cautivado los que no murieron en 
la pelea ; considera el Consejo lo mucho que estarán padeciendo y pa- 
decerán todo el tiempo que se dilatare su rescate. Con cuyo motivo ha 
acordado, diga á Y. Rma. (como lo hago) que será muy de la estima- 
ción del Consejo, que V. Rma. disponga se anticipe todo lo posible la 
redención ; pues siendo esta partida tan considerable, parece que ha- 



— 342 — 

brá disposición para esto. ^ de lo que Y. Rma. resolviere en esle pon- 
to, se servirá avisarme, para que yo dé cuenta de ello al Consejo. —Guar- 
de Dios á V. Rma. como deseo.--Madrid octubre 20 de 4 665.— D. Joan 
de Soler.» 

N. Rmo. P. General contestó desde Valencia á los 24 noviembre, 
representando el poco tiempo que habia de las últimas copiosísimas re- 
denciones ; con todo en el verano siguiente dispondría otra. A eso 
repuso el Consejó de Indias: aHase recibido la de V. Rma. Dice que 
hará publicar este invierno para el verano siguiente la redención ; y 
habiéndose visteen el Consejo, se ha acordado diga á V. Rma., qoe 
respecto de que en los últimos Galeones han venidode las bdias 34,000 
pesos para el rescate de cautivos^ y que los de la carrera de ellas per- 
tenecen á este Consejo, tienen prelacion á todos ; y allegándose á esto 
el haber sucedido un accidente de tan gran pérdida como la del Pata- 
che en que fueron cautivados sacerdotes, capitanes y otros oficiales de 
macha suposición y niños ; bien se vé cuan necesario es no dilatarles el 
rescate, á riesgo de qoe algunos faiteo á la fe católica ; y que asi es 
menester qoe esta redención tenga efecto con toda brevedad ; y si 
V. Rma. no la anticipare, como conviene, el Consejo tomará resolución 
para qoe se haga de otra forma, tanto en este dinero como en el que 
adelante viniere de las Indias, porque no puede estar al arbitrio de 
otro, cuando importare la brevedad, como en el caso presente, para 
el servicio de Dios y de S. M. y bien de aquellas almas. — Guarde 
Dios, etc. — Madrid 2 de diciembre de 4665. — D. Juan de Soler.v 

A esta contestó luego nuestro P. Rmo. General Sanchiz : «Señor 
mió : BscriblomeV.de orden del Consejo, en la primera carta, que anti- 
cipase la redención lo que pudiese. Respondí la haría publicaren aquel 
invierno; que antes no era posible, por recibirla á 24 de noviembre. 
Y vuelve V. á escribir con alguna sequedad (cuando pensaba haber 
hecho todo lo que podia),que si no anticipo la redención como convie- 
ne, el Consejo tomará resolución para que se haga en otra forma, etc. 
No todo el tiempo es á propósito para redención ; jamás la hemos he-- 
cho en invierno, porque la navegación es peligrosa, y se nos imputa- 
ría el mal suceso. Primero se saca el salvoconducto de Argel (ya se es* 
lá haciendo la diligencia), que lo demás es llevar dinero á piratas. Se 



— 343 — 

han de sacar aqal licencias y tantos despachos, qae ellos mismos, y 
las materias que hay que ajustar, nos pasarán al buen tiempo. Muy 
fácil me fuera haber respondido al Consejo, previstas estas dilaciones, 
que ya Íbamos ; pero no conviene sino decir la verdad. Esto de publi- 
car la redención, lo cual se hace entre tanto, no es solo avisar al mun- 
do de que vamos ; sino recoger limosnas que á vista de la jornada sue- 
len dar los pueblos. He dado orden que todo se haga con presteza ; la 
materia no dá mas logar, y siempre desearé estar á las órdenes del 
Consejo. Los 34,000 pesos de Indias parece mucha cantidad, y no lo 
es ; que mayores han venido, y se han llevado, y según nos dicen del 
cautiverio de este Petache no hay para sacar diez cautivos, que ha lle- 
gado á tanto panto su desahogo y confianza, que se han cortado por 
subidísimo precio, y no hay dinero en el mundo para ello, solo por vi- 
vir sin trabajo y con libertad ; cuando hay antes de ellos innumera- 
bles cautivos de carrera de Indias, capitanes, soldados que han mere- 
cido y servido mucho ; y se quedarán sin remedio, cuando parece de- 
bían ser preferidos. Dejando esto, hay otros pontos de gravísima 
ponderación y dificultad, qne ya se propondrán antes de partir la re- 
dención ; sobre los cuales habrá bien que discurrir. Yo procuraré ha- 
llarme en la Corte para proponerlos. Y. se servirá decir de esto al 
Consejo lo que le pareciere preciso, en respuesta de su carta. Dios 
guarde etc.— Yaiencia 4 5 diciembre de 4 665.» 

A poco de haber escrito esta, escribió otra al mismo señor de So- 
ler, dándole mas explicaciones para el Consejo de Indias ; que era me- 
nester tiempo, otramente era arrojar el dinero de la redención al mar; 
que poco tiempo se necesitaba para embarcar dinero y redentores, 
pero era ir á Dios y á la ventura. Que los que echan á perder este 
asunto, son los que vienen de Argel á solicitarlo ; que no hacen el ne- 
gocio de la redención y de los cautivos, sino de los moros. Que nos- 
otros no negociamos con el dinero déla redención, ni le queremos para 
comer, sino para redimir ; y que conviene obrar con cristiana pru- 
dencia, pues asi se hace la causa de Dios y el servicio de S. M.; que 
sin 55,000 ó 60,000 pesos no conviene hacer redención, y que ir á 
redimir á determinadas personas, es siempre caro ; y dejar muchos 
sin rescate, es hacer desesperar : que á limosnas comunes, cuales las 



— su- 
do Indias, todos tieneD derecho, y ver qae se rescatan pocos con dine- 
ro, en qoe pudieran rescatarse muchos, es aburrir los iafdioos que 
quedan, y esto hizo que la última redención «aliera empeñada ea 
4 2,000 pesos. En fia que respetaba el Consejo, pues le bastaba, á 
roas de otros titules, ser presidente de él el Sr. Ck>nde de Peñaranda, 
bienhechor de nuestra Orden. 

Vistas y tomadas en consideración estas dos cartas, dicho señor 
Soler escribió en nombre del Consejo á nuestro Rmo. P. General, dán- 
dose por satisfecho, y alabando el modo de pensar de S. Rma., deján- 
dolo todo á su disposición. 

Si el Consejo de Indias hubiese tratado de cerca con los moros, co« 
mo nuestros redentores, hubiera sabido de cuantas mañas legales y 
trazas han de valerse estos para no ser victimas de su sed de oro ; pues 
nuestro Rmo. P. General sabia que los moros de los cautivos que te- 
nían contaban sacar pesos á millares, pues por D. Francisco de Gaste* 
jon (el cautivo principal) pedían catorce mil pesos, y una suma muy 
crecida para D* Ana de Villaroel y su hermano ; por manera que un 
capitán vizcaíno llamado Echandia aseguró al Rmo. P. General que res* 
catarían pocos. 

Publicada la redención y reunida la limosna se embarcaren para 
Argel el R. P. M. Pr. Gabriel Gómez de Losada, redentor por Castilla, 
y el R. P. Pdo. Fr. Joan de Luquer Tellado, redentor por Andalucía, 
y allí abrieron la redención d dia 30 de abril de 1667 y la cerraron el 
22 de mayo ; y en veinte y dos dias redimieron 24 4 cautivos, entre 
ellos 6 sacerdotes, esto es, un Religioso Franciscano, un Dominico, un 
Carmelita, uno de nuestra Orden y dos Presbileros seculares, un ca- 
pitán y muchos niños. Llegaron á España felizmente redentores y re- 
dimidos ; y hacia estremecer lo que estos referían de las penas y tra- 
bajos que habían pasado en la esclavitud . 

Referían qoe el año anteríor, ó sea 4666, hubo peste en Argel, y 
que muchos de sus compañeros murieron del contagio, no asistidos en 
algún hospital, sino abandonados en las mazmorras. Que habían visto, 
como en casa de Abraham Colorio, turco muy rico, fueron victimas de 
la peste diez y siete esclavos, y que aquel bárbaro obligó á los otros 
cautivos á llevarlos en hombros á enterrar. 



— 345- 

El P. Gabriel Gómez escribió los horribles padecimientos de una 
cautiva, joven de 46 años, llamada D/ Francisca de Castro, muy vir- 
tuosa y de muy boén natural, que él redimió sacándola del poder de 
Josayn, arráez ó general de tierra. La esposa de este tomó grandes ze- 
los, pareciéndolé que su marido miraba con benevolencia á la esclava; 
por loque rabiosa encerróla en una oscurísima y tan reducida maz- 
noorra, que casi no se podía mover, dándole la comida por onzas, y su- 
friendo lo que solo Dios sabe. El arráez reparó la falta de la esclava, 
preguntó por ella, y su mujer le respondió que habia muerto. Creyóselo 
el patrón, y la infeliz esclava estuvo tres años encerrada en aquella te* 
nebrosa cárcel. Alcanzóla «I contagio, y la afligida y desconsolada don- 
cella dijo al que la asistía que explicase á su patrooa su triste posición 
y su enfermedad I que se condoliese de ella y la sacase de tan dura 
prisión. Algunos lurcos parientes de la pairona llegaron á saber esta 
crueldad, y movidos de natural compasión le dijeron, ó que le diese la 
muerte ó que la echase al mar, pues era mqor que no hacerla pade- 
cer tanto. Ni estos ru^os ni los gemidos de la inocente esclava pudie- 
ron ablandar aquel corazón de tigre. U^ó á este tiempo la redención,, 
y los PP. redentores al saber los padecimientos de esta infeliz cautiva^ 
acudieron é instaron á la patroaa que se la vendiese ; mas ella respoo* 
díó, que no necesitaba dinero, y que habia de morir en la mazmorra. 
Instaron sus parientes, y á los ruegos de estos cedió, con pacto de que 
se habia de ajustarel precio, sin que los PP. redentores la viedeo. Acep- 
taron estos y trataron el precio, que creyeron seria excesivo, pero fué 
muy. moderado, pues solo pidió 300 pesos. Pagado el rescate, salió la 
pobre doncella de la mazmorra, tan flaca y acabada que parecia un 
esqueleto. La luz la ofendía i por haber pasado tres afios sin verla. Dio 
las gracias á los PP. redentores, y publicó que por medio de la Virgen 
santisimlai había sanado del contagio ; poes á ella acudió en aquella en^ 
fermedad, íavocando su santo nombre, y sin otra diligencia sanó. 



44 



— 34G — 



291. 



Redención en Argel de 112 catitivos en ei año 1668, y quédase 
en rehenes el P. M. Fr. Francisco Peradaltes. 



Entre los hechos qae hicieron célebre esta redención, cuéntase él 
rescate de un gran Crucifijo y la conversión de un infeliz renegado, por 
cuya historia empezaremos. 

D. Simón Ansa, católico y natural de Marsella, en un momento de 
arrebato mató en su patria á un caballero. Huyendo de la justicia, se 
embarcó, y cayó en manos de moros, los cuales le llevaron cautivo á 
Argel. Alli renegó de su fe, y casóse con una infanta, hija de aquel so- 
berano. Nombrado almirante de una soberbia escuadra argelina, salió 
á la mar, haciendo rumbo hacia las costas de Cataluña, y sin parar 
pasó á las de Valencia, presentándose una noche delante de PeSiscola, 
de la que se apoderó á la quieta ; y cuando los habitantes dispertaron, 
se encontraron sorprendidos por los moros, que estaban apostados en 
las bocascalles. La ciudad fué dada al saqueo ; los habitantes que se 
defendían de aquella chusma fueron muertos, y se llevaron cautivas 
800 personas. En la iglesia parroquial nada quedó que tuviera algún 
valor; solo respetaron una hermosa imagen de María santísima, de la 
que quedó prendado el renegado , pues la devoción á María era lo 
único bueno qne le habia quedado en su corazón y todos los días le 
rezaba el santo Rosario. En el despojo cupo al renegado un gran Cru- 
cifijo, á quien el infeliz debe su conversión. 

En aquellos días (28 de octubre de 4668) embarcáronse en Va- 
lencia tres redentores de nuestra Orden, el R. P. M. Fr. Francisco Pe- 
radaltes, Prior que habia sido de Barcelona y Vicario General, el Re- 
verendo P. M. Fr. Juan Arqué, Procurador General en Roma, y el Re- 
verendo P. M. Fr. Tomás Pichón, Comendador del Puig que fué, y dos 
veces Provincial de Valencia. Estos tres redentores por Cataluña, Ara- 
gón y Valencia desembarcaron en Argel, y rescataron < i 2 cautivos, en- 
tre ellos un caballero del hábito de Santiago, natural >de Zaragoza, un 
Padre Jesuíta, un Diácono y ocho niños de ambos sexos. La extrema 



— 347 — 

necesidad en que estaban los cautivos, hizo que los redentores rescata- 
ran mas de los que podian ; asi es que el dinero no alcanzó para to- 
dos, y tuvo que quedarse en rehenes el P. M. Fr. Francisco Perada!- 
tes, hasta que nuestra Orden ie rescató, padeciendo mochísimos traba- 
jos. Durante un año permaneció cautivo, encerrado en una hedion-* 
da y oscurísima tbassmorra y atado con una pesadísima cadena^ pero 
sufría con la mayor resignación tantas penas y ahogos. Era tan fiero 
su patrón y llegó á tanto so crueldad, que le condenó á tirar de la 
carreta ; y por un falso testimonio que le levantaron, estuvo en evi- 
dente peligro de perder la vida, y la salvó por la protección de nues- 
tra santísima Madre. 

Junto con los redentores se embarcó en Valencia un mercader de 
bonetería, el cual era valenciano, hombre muy honrado y muy piado- 
so. En Argel vio vender en pública almoneda los despojos que el rene- 
gado había recogido en los quince días que duró el saqueo de Peñisco- 
la, y entre otras cosas le llamó la atención un gran Crucifijo. Sintió 
tanto que se vendiese la imagen de nuestro divino Redentor crucifica- 
do, que movido á devoción determinó dar no solo todo el valor de sus 
bonetes, sino la vida, si necesario fuere, para rescatar aquella sagrada 
imagen. Entró en trato, y no podo lograr que se la dieran por 2,000 
libras, que era lo que valían sus bonetes. Púsose por medio el rene- 
gado, y convinieron en dar cuanto pesase. Colocan el Crucifijo y las 
2,000 libras en la balanza, y tuvieron que ir quitando tanta moneda, 
que solo quedaron tres reales, que pesaban tanto como el Crucifijo. 
Pasmados los moros, rescinden el contrato, y furiosos acuden al Rey, 
le exponen el caso, y el soberano da sentencia á favor del valenciano 
mercader de bonetes. Este lo coge para llevárselo, pero no pudo mo- 
verlo hasta que fué presentado un dedo que de un golpe se le había 
roto en el barco, y al reponerlo se le juntó maravillosamente. Con- 
tento el bonetero con la posesión de la santa imagen, regresó á España 
con los PP. redentores, uniéndose á ellos ocultamente el renegado. Des- 
embarcaron en Valencia, y llevaron el Crucifijo á la iglesia parroquial 
'del Grao. 



— 348 — 
298. 

Redención en Argel de fOO cantívos en el afio 1669. 

En la última redención hemos visto qoe el P. Pdo. Fr. Francisco 
Peradahes se qnedó en rehenes en Argel por 20,000 escudos á mas de 
40 particulares. Sabido esto por nuestro Rmo. P. General, mand¿ ha- 
cer por toda España una colecta extraordinaria, no soto para sacar ¿ 
este venerable redentor de la esclavitud, sino para romper las cadenas 
de los muchos que sabia hablan quedado sin rescate. 

Los redentores elegidos, qoe fueron el R. P. Pdo. Fr. Francisco Ti- 
neo y el R. P. Fr. Gabriel del Smo. Sacramento, Descalzo, por Casti- 
lla, el R. P. Pdo. Fr. Francisco de Helgarez y el R. Pv Fr. Antonio de 
San Serapio, Descalzo, por Andalucía, sin perder tiempo se embarca- 
ron, llevando consigo cien mil escudos, y el día 27 de mayo del año 
4669 entraron en la ciudad de Argel, quitaron el empeño del P. re- 
dentor Peradahes, y redimieron 200 cautivos, entre los cuales había 
dos Capuchinos, dos Jesuítas, dos caballeros de Santiago, tres sacerdo* 
tes seculares y varios capitanes y niños. 

293. 

Redención en Ittarraecos de 50 cautivos en el aSo 1S74. 

A solicitud de nuestro Rmo. P. General Fr. Pedro de Salazar, nues- 
tra Congregación de París y la provincia de Cayenne nombraron re- 
dentores á los PP. Bernardo Moncl, Pedro Recauden y Blas Larligne. 
Obtenida la licencia y arreglado lo demás, se embarcaron en Bayona el 
dici 8 de abril de 1674. Llegados á Berberia, visitaron las prisiones y 
mazmorras de Sale, Fez y Teluan, quedando horrorizados al ver el in- 
Teliz y miserable estado de la multitud de cautivos que en ellas yacían, 
quienes abandonados á si mismos, porno haberse presentado allí de mu- 
chos años ninguna redención, habian olvidado los misterios de nuestra 
Religión sania, y vivían casi sin fe, embrutecidos, abrumados y deses- 



— 349 — 

perados bajo el peso de tantas miserias y sufrimienios. Los PP. reden- 
tores les consolaron, animaron, socorrieron, instruyeron y reconcilia*- 
ron con Dios ; y con 37,900 libras rescataron á 66 , entre ellos un 
Religioso Franciscano y dos pobres mujeres. 

Pero viendo los muchos cautivos que aun quedaban sin rescate, y 
la necesidad que tenian de instrucción religiosa, el P. Blas Lartigue, 
Comendador de Burdeos, quedóse en Sale, y estuvo allí diez y ocho 
meses para su consuelo. Los PP. Monel y Reeaudon parUeron con los 
cautivos, y desembarcaron en Marsella el día 4 8 de agosto, siendo ror- 
cibidos en procesión y con públicos festejos, suoediéndoles lo mismo en 
Montpeller, y al entrar en Paris fué tan devota y conmovedora la pro* 
cesión, que al instante el limo. Sr. Arzobispo hizo una pastoral (fecha 
4 9 de noviembre de 4 674) exhortando á todos los Párrocos de su dió- 
cesis á que recomendaran á sus feligreses la pía y santa obra de la re- 
dención. 

294. 

Redención en Argel de 519 cautivos en el 93io 1675. 

En el año 4674, elegidos y preparados para embarcarse el R. Pa- 
drd M. Fr. Lorenzo Mayers de Caramuel, obispo mas tarde de Castel- 
lamare y de Gaeta, el P. Pdo. Fr. Francisco de Tineo, el P. Pdo. Fray 
Ginés de Melgares, el R. P. Fr. Bernardo de Jesús María, Descalzo, y 
el R. P. Fr. Agustín de Santa María, Descalzo, todos redentores por 
Castilla y Andalucía, tuvieron que suspender y retardar su viaje, á cau- 
sa de haber sabido que los ingleses so pretexto de que algunos merca- 
deres españoles les debian dinero, intentaban hacer algunas presas, y 
apoderarse del dinero de la redención. Esta suspensión y necesario re- 
tardo a fin de no exponerse á perderlo todo, fué sensible á los Padres 
redentores ; pero mucho roas lo fué á los infelices cautivos de Argel al 
saberlo ; por manera que abandonados muchos al llanto y á la deses- 
peración, por no poder sufrir el mal trato de sos amos, y perdida la 
esperanza de alcanzar la suspirada libertad, unos 60 de estos infelices 
abandonaron su fe. Llegó á noticia de nuestros Religiosos tan triste su- 



— 350 — 

ceso, y sintieron tanto esta desgracia, que pasando por encima de to- 
do, volaron al socorro de aquellos infelices, embarcándose á toda prisa 
el día 43 de marzo del año 1675, y Dios recompensó sas buenos de- 
seos, pues en cuatro dias llegaron á Argel. 

Abrieron la redención el dia 49 de marzo y la cerraron el dia 45 
de abríl^ dando libertad á 549 cautivos, entre ellos 47 Religiosos, es 
decir, 4 Dominicos, 6 Franciscanos, 3 Mínimos, un Capuchino, un 
Mercedario, un Cartujo y un Bernardo ; á mas 5 clérigos, 28 niños y 
niñas, y una muchacha natural de Halaga de 48 años de edad, dotada 
de singular hermosura y gran virtud, la que no queriendo ceder á las 
solicitaciones de su patrón, este bárbaro viendo que no bastaban los 
halagos ni las amenazas, un día mandó darle mil palos, y la encerró 
en el establo. Alli entre brutos animales pasó la noche, y en aquel su- 
cio lugar consagró su alma pura al Señor, haciendo voto de castidad, 
prometiendo á Santa Teresa vestir su hábito si salia triunfante y re- 
cobraba su libertad. Al día siguiente al querer su patrón desnudarla 
para darle él mismo azotes, se sintió acometido de un temblor y dolor 
atroz, que rabioso contra ella mandó venderla. Corrieron los PP. re- 
dentores, la rescataron y la llevaron á España con los demás cautivos, 
y luego á Madrid, donde en el siguiente año vistió el hábito de Carme- 
lita Descalza. 

295. 

Redención en África de 103 cautivos en el aSo 1676. 

Dos años solo habia que nuestros Religiosos franceses habian he- 
cho una redención en Marruecos, cuando emprendieron otra. En el 
año 4 676 embarcáronse sus redentores, y en diversas poblaciones de 
las costas de Berbería dieron la suspirada libertad á 403 cautivos que 
gozosos condujeron á Francia. 



— 351 — 



296. 



Redención en Argel de 450 emotivos en el aBo 1678. 

Sabíase en España, y con dolor, que era grande el número de in- 
felices cristianos que lloraban su perdida libertad y gemian en las maz- 
morras de Argel. Nuestra Orden sin perder tiempo procuró reunir 
todo -el caudal posible, y volar al socorro de aquellos infelices, nom- 
brando redentores por Castilla al R. P. M. Fr. Miguel Mayers, predica- 
dor de S. M. , al P. Pdo. Fr. Francisco Tineo y al P. Fr. José de la San- 
tísima Trinidad, Descalzo, y por Andalucía al R. P. Pdo. Fr. Ginés de 
Melgarrez y al P. Fr. Agustín de Sta. María, Descalzo. Obtenidas las 
licencias necesarias, se embarcaron para Argel en el mes de abril del 
año 4678. El dia 26 de dicho mes, antes de ll^ar á puerto, les cogió 
tan horrible tormenta, que desmayados, esperaban por instantes ser 
sepultados en el mar, estrellándose el barco en las costas de Argel. En 
tales apuros y angustias los PP. redentores dirigieron á N. Sma. Ma- 
dre María de la Merced su fervorosa plegaría, pidiendo su protección, 
y al instante se amansó el mar, salió la luz del dia y sin saber como, 
dieron fondo en el puerto de Argel, dando gracias á la soberana Se- 
ñora que los había salvado. 

Abrieron la redención, y tuvieron el consuelo de poder arrancar 
de las cadenas de la esclavitad á i50 cautivos, entre ellos dos Religio- 
sos de Slo. Domingo, dos de S. Francisco y un Carmelita, cinco sa- 
cerdotes seculares y treinta y seis niños de ambos sexos. 

297. 
Redención en Marruecos de 7f cautivos en el año 1681. 

Las tristes y aflictivas noticias que todos los dias se recibian en 
Francia de los pobres esclavos franceses de los reinos de Fez y de Mar- 
raecos, llegaron hasta el trono del Monarca cristianísimo, y Sus Majes- 
tades, compadecidos de sus subditos, resolvieron socorrerles luego, 



procurándoles la libertad : y para esto pasaron un aviso á los Padres 
Mercedarios. Al momenlo partieron para Marsella los redentores Pa- 
dre Fr. Bernardo Bonel, conventual de París, P. Fr. Ignacio Berne- 
de, P. Fr. Bernardo Hege, oon Fr. José Gastel. Hechos los necesarios 
preparativos se encharcaron en aquel puerto el dia 28 de octubre de 
4 680. En el Golfo de Lion les cogió tal tempestad y tan larga, que por 
no naufragar entraron como pudieron de arribada en Barcelona. Cal- 
móse el mar, y á los tres dias se reembarcaron ; pero tal fué la varie- 
dad y contrariedad de los vientos, que se vieron obligados á costear ó 
seguir toda la costa de Valencia y Murcia, y después de una larguisi- 
ma y peligrosa nav^acion, fueron perseguidos por un corsario que 
les obligó á refugiarse en una ensenada cerca de Almería. AUi dejando 
el barco y el caudal de la redención confiado todo al Patrón, los reden- 
tores se fueron por tierra á Málaga. Después de 48 dias de üiUga lle- 
garon á nuestro convento de Gibraltar, donde descansaron, y seis días 
después se embarcaron otra vez en un barco que alli les esperaba, y 
con viento favorable llegaron á Ceuta. 

Seis semanas tuvieron que estar en dicha ciudad, esperando pasa- 
porte para entrar en el reino de Fez. Recibido, pasaron á Tetuan, don- 
de al llegar, el Gobernador les pidió 400 escudos mensuales durante 
su permanencia alli. Habiendo noticiado al Rey este vejamen ó sed de 
oro que manifestaba el Gobernador, el Rey dio orden de que los re- 
dentores fuesen á encontrarle en Mequinez. Pusiéronse en camino, y 
entraron en aquella ciudad el dia 92 febrero de 4684 , después de ca- 
tarce dias de viaje á pié, entre mil fatigas y continuas lluvias, sin mas 
alimento que mal pan y agua cenagosa. A su libada estuvieron una 
hora esperando á la puerta de palacio, sentados en una piedra, moja- 
dos y llenos de barro. Presentados al Rey, la primera pregunta que 
les hizo, fué pedirles por el dinero que llevaban. Como los redentores 
debian rescatar en Tetuan y en Salé esclavos recomendados, solo le 
declararon la mitad, es decir, 40,000 escudos. Al oir diez mil escu- 
dos solamente, indignado les dijo : ¿«Vuestro Rey, que deois que es el 
mas poderoso de Europa, os envía con esta pequeña suma?» No po- 
diendo sufrir tanto desprecio, el P. Monel le respondió con generosa 
libertad : «Luis el Grande no trata del rescate de sus subditos sino por 



— 353 — 

la boca de terribles cañones ; el dinero que nosotros llevamos, es de 
limosnas que hemos recibido.» 

Tal fué la acogida que se les hizo en Tetuan y en Mequinez, no es- 
caseándoles á mas los desprecios, los insultos y las violencias. Los Pa- 
dres rescataron 73 cautivos, y después de mil penas y trabajos llega- 
ron todos á Marsella el día 27 de mayo de 4 681 , dando gracias á Dios 
por tan grande beneficio. 

298. 

Redención en Argel de 153 cautivos en el año 1681. 

En el año 1681 el R. P. M. Fr. Francisco Peradaltes fué otra vez 
nombrado redentor junto con el R. P. M. Fr. Tomás Pichón por Valen- 
cia, y el R. P. Pdo. Fr. Juan Antonio Liori por Aragón, quienes pasa- 
ron á Argel, y alli venciendo mil dificultades, en el mes de octubre de 
dicho año sacaron del poder de los moros 153 cautivos, que costaron 
36,627 pesos, y desembarcaron en Barcelona, donde celebraron su 
suspirada libertad con religioso entusiasmo. 

299. 

Redención en Argel de ii6 cautivos en el affo 1682. 

• 

Tres redenciones tenia ya hechas en Argel el R. P. Pdo. Fr. Fran- 
cisco de Tineo, cuando en el año 1682 emprendió otra con el P. Pre- 
dicador Fr. Juan Ribas y el P. Fr. Juan de Sto. Tomás, Descalzo, por 
Castilla ; el P. Pdo. Fr. Ginés Melgares, y el P. Fr. Alonso de S. Lo- 
renzo, Descalzo, por Andalucía. Abrieron el rescate en Argel el dia 16 
de marzo de 1682, y trabajando con el mayor zelo, tacto y actividad, 
el día 8 de abril se embarcaron ya para España con sus redimidos, los 
cuales ascendieron á 446, entre ellos diez Religiosos, á saber, dos de 
nuestra Orden, dos de S. Francisco, dos de S. Agustín, dos de la Tri- 
nidad, un Mínimo y un Gerónimo y cuatro sacerdotes seculares. 

46- 



— 354 — 
300. 

Redencioa en África de 100 cautivos en el aSo 1682. 

Hallándose nuestros Religiosos franceses con algún caudal para la 
redención, que habían recogido con el mayor zelo y caridad, nombra- 
ron redentores al R. P. Fr. Ignacio Monel y al R. P. Fr. Bernardo 
Mege, por la Congregación de Taris y por la Provincia francesa. 

Estos venerables redentores se embarcaron y tomaron tierra en las 
costas de Berbería en el año 4682, y allí en diversos lugares dieron li- 
bertad á 400 cautivos, que llenos de alegría restituyeron á sus fa- 
milias. 

301. 

RedencioD en Argel de 321 cautivos en el aBo 1686. 

El R. P. M. Fr. Miguel Mayers, Predicador de S. M., el P. Pdo. 
Fr. Antonio García Candenas, y el P. Fr. José de la Sma. Trinidad, 
Descalzo, por Castilla; el R. P. Pdo. Fr. Baltasar Vázquez, Comen- 
dador de Córdoba, y el P. Fr. Juan de la Sma. Trinidad, Descalzo, 
por Andalucía, elegidos todos redentores, se embarcaron para Argel, 
donde llegaron el dia 30 de marzo de 4686, y dando libertad á 324 
cautivos, entre los cuales hobia un Religioso Dominico, otro Francis- 
cano y muchos niños, el dia 20 de abril se reembarcaron con dios. 

30Í. 

Kedeacioa en Marruecos de 38 eantivos en el aiSo 1686. 

En el Capitulo vice-General de Paris del aílo 4684 fueron nooi-» 
brados redentores para ir á los reinos^e Fez y de Marruecos el R. Pa- 
dre Fr. Carlos Piquet y el R. P. Fr. Pedro de la Moihe. 

Sin duda hubo algún impedimento ó estorbo; pues esta redención 



— 355 — 

no se efectuó, y hallo que en el año 4 686 pasaron al África el dicho 
P. Fr. Carlos Piquet y el B. P. Fr. Francisco Prebosti, y redimieron 
38 cautivos. 

303. 

RedeDcioD en África de 114 cautivos en el afio 1690. 

Solícitos siempre nuestros Religiosos en el cumplimiento de nues- 
tro cuarto voto, la antigua provincia de Francia envió sus redentores, 
que fueron el R. P. M. Fr. Tomás Vasiere, Padre de provincia, y el 
R. P. M. Fr. Juan Just, Comendador de Tolosa. Estos Padres en el año 
1690 redimieron 414 cautivos en África. 

304. 

Redención en Argel de 560 cautivos en el aSo 169t. 

Poco tiempo después de haberse embarcado en Barcelona los re- 
dentores de Aragón, Cataluña y Valencia para Argel, las provincias 
de Castilla y Andalucía, que no querían quedar rezagadas, enviaron 
también los suyos, los cuales llegaron á Argel ell 3 de marzo de 4 692. 
Estos redentores fueron el P. M. Fr. Francisco Ledezma, Comendador 
de Madrid, el P. M. Fr. Diego de Santiago, Comendador de Jerez, el 
P. Fr. Bartolomé Martinez-Lago, el P. Fr. Alonso Bonilla, y nuestros 
Descalzos el P. Fr. Gaspar de San Ágnstin y el P. Fr. Francisco de San 
Tadeo. Rescataron 560 cautivos, entre ellos dos Religiosos Franciscos, 
un «acordóte seglar y 48 niños. Concluyóse el rescate con trabajos, 
disgustos y grandes peligros ; pero por fin el dia 24 de abril se embar- 
caron. 

No obstante del gran número de cautivos que rescataron, quedaron 
machísimos sin rescate. Desconsolados estos infelices y desesperados de 
poder alcanzar la suspirada libertad , veinte de ellos determinaron 
encharcarse secretamente en un barco cualquiera, luego de haberse 
dado ala vela la nave de la redención, para poderla alcanzar y lograr 




— áse- 
la libertad, aanqae fuesen vistos y perseguidos. Decididos, pusieron 
manos á la obra, y si no pudieron alcanzar la nave de los redentores, 
sus súplicas y clamores alcanzaron el favor del cielo, pues hicieroa 
velas de sus pobres camisas, y con viento favorable aportaron á Ibiza, 
y alli socorridos se reembarcaron, continuando su viaje hasta llegar á 
Madrid. Entre ellos habia un hereje que el P. M. Fr. Francisco Cas- 
tellvi, Religioso de gran virtud, tomó por su cuenta, le instruyó en la 
doctrina cristiana, buscó quien le vistiera, y como marinero, pudo 
colocarlo con sueldo en la Armada de nuestro católico Monarca. 

305. 

Redención en Argel de 82 cautivos en el afio lj69f . 

Se sabia, y con dolor, que eran muchísimos los infelices cristiaDos 
que gemían esclavos Ilorand(^ su desgraciada suerte en Argel. Todas 
las provincias de España rivalizaron en zelo para consolarles y rom- 
perles las cadenas de la esclavitud. Fueron nombrados redentores 
en el año 4691 « el P. M. Fr. Francisco Neyla por Aragón, el P. Maes- 
tro Fr. Jaime Posa, que habia sido Prior de Barcelona, por Cataluña, 
y el P. M. Fr. José Zapater, Comendador del Puig, por Valencia, y he- 
chos los preparativos necesarios, se embarcaron en Barcelona el día 
41 de enero del año 1692 para Argel. Cerca dos meses estuvieron en 
el mar sufriendo grandes trabajos y angustias por las muchas borras- 
cas, vientos contrarios y largas calmas; pero el dia 6 de marzo se 
presentó tan deshecho el temporal, que al anochecer los marineros, no 
pudiendo gobernar la nave, y desesperando de su salvación, resolvieron 
probar .si podrían salvar sus personas en un bolccillo de la misma na- 
ve, abandonando esta con el equipaje y dinero de la redención y lo 
demás que habia en ella. En tales apuros, al ir* á poner en obra sa 
desesperada determinación, el P. M. Fr. Jaime Posa entregó á Pedro 
Fabrés, marinero catalán, una pequeña Imagen en papel de Sta. Ma- 
ría del Socos ó Cervellon para que la dejara caer sobre las olas del 
mar. Apenas tocó la Imagen el agua, que el viento calmó y cambió de 
contrario en favorable ; asi es que el prodigio ó la protección no pudo 



— 357 — 

ser mas patente, y al siguiente dia, 7 de marzo, llegaron á Argel, dan- 
do gracias á Dios y á la Santa que no en vano le dan el sobrenombre * 
de Socos ó Socorro. 

Cumplidas las formalidades que exigen aquellos bárbaros, losPP. re* 
dentores empezaron el rescate con gran diligencia y caridad, sufrien- 
do mil oprobios de aquellos infieles, hasta verse cubierta la cara de in- 
mundas salivas. Rescataron 82 cautivos, entre ellos un alférez, tres 
muchachos y un mozo de 47 años que estaba en evidente peligro de 
apostatar por inducción de los moros que querían casarle con una hi- 
ja de su patrón. Concluido el rescaté, mientras cariñosamente conso- 
laban á los afligidos que quedaban en la esclavitud, socorriéodores en 
sus miserias, confortándoles en la fe y administrándoles los santos Sa- 
cramentos, se presentó un mallorquin, esclavo de galeras, determinado 
á abandonar la fe, si no conseguia la libertad. Aqui no vacilaron un 
momento los PP. redentores, y al instante el P: H. Fr. Francisco Ney- 
la determinó quedarse él en rehenes para dar la libertad á aquel infe- 
liz ; bien que no fué necesario por la feliz llegada de los PP. redento- 
res de Castilla y Andalucía, pagando el P. Ledezma el precio del em- 
peño del cautivo. 

Cierto dia pasando el P. Neyla por una calle, vio un zapatero que 
clavaba los clavos délos zapatos con una pequeña Imagen de S. Anto- 
nio de Padua, y por desprecio al Niño Jesús le taladrava los ojos con 
la lezna. Deseoso de arrancarla de tan sacrilegas manos, se la compró 
por 58 ásperos, y después la colocó en el altar del Ecce-Homo de 
nuestra iglesia de Zaragoza. 

Arreglado todo, hiciéronse á la tela, y llegaron felizmente á Bar- 
celona el 20 de abril, donde se celebró su arribo con solemne proce- 
sión; asi como después se hizo lo' mismo el dia 1 de mayo al llegar á 
Zaragoza con los cautivos. El P. Neyla escribió la historia de esta reden- 
ción; y dice que fueron grandes los trabajos y peligros que pasaron. 



— 358 — 



306. 



Redeneíon en Argel de 540 cautivos en el año 1(98. 

A 5 de diciembre de i 697 pasó á mejor vida d Rmo. P. Mtro. Gene- 
ral Fr. Juan Anlonio de Velasco, cuando tenia preparada y publicada 
la redención, y nombrados los redentores ; por Castilla el R. P. Pdo. 
Fr. Francisco Esteban Solelo, el R. P. Pdo. Fr. Francisco Garcia Car* 
denas y el R. P. Fr. Manuel de la Madre de Dios, Predicador de S. M., 
Descalzo; y por Andalucia el R. P. M. Fr. Luis Montiel, ex-Provincial, 
el R. P. Fr. Rafael de Ayala y el R. P. Fr. Francisco de San Ambro- 
sio, ex-Provincial de Descalzos. 

Estos PP. redentores pasaron á Argel, y en el mes de abril de 4698 
dieron libertad á 540 cautivos, que llevaron á España salvos y lloran- 
do de alegría. 

« 

301. 

Redención en Argel de 8 cautivos en el año 1701. 

En el año 1701 surcaba el mar en la carrera de Indias una em- 
barcación en la que iba el R. P. M. Fr. Juan de Mesa, Vicario General del 
Peiú con otros Religiosos, la cual después de una reñida refriega cayó 
en poder de moros, quienes llevaron á Argel la tripulación y pasajeros. 
Sabida la desgracia, nuestra Orden mandó al P. Fr. Miguel Pareja, Co- 
mendador de Oran, pasara á Argel para tratar de su rescate. Este Re- 
ligioso, inteligente y precavido, al instante se puso en camino, llegó á 
Argel y con felicidad ejecutó la redención á principios del año (702» 
rescatando á dicho P. Vicario General y á 7 cautivos mas, que costa- 
ron 16,000 pesos. 

Contento el P. redentor, embarcóse con sus 8 redimidos, y tocan- 
do en Ibiza, hicieron una corla cuarentena, y el dia 20 de enero ende- 
rezaron la proa hacia el puerto de Cartagena en una saetia catalana ; 
pero engolfados ya, y entrada la noche, se desencadenó tan deshecha 



— 359 — 

borrasca á la vista de Denia, que creyeron dar al través en aquellas 
costas. Aumentóse la turbación de los Religiosos y de los marineros 
con un furioso golpe de mar que arrojó arcas y fardos de la popa á 
proa, barando la saetía en un banco de arena. Llenóse la popa de agua 
y las personas de angustias, luchando con los temores de la muerte, y 
pidiendo á Dios misericordia. Salieron mas muertos que vivos los que 
estaban debajo de la escotilla, pidiendo confesión y absolución ; pero 
tal era la confusión y gritería que nadie acertaba á darla. De en me- 
dio de aquella azorada gente sale la esforzada voz de un marinero que 
dice al P. Pareja ; « Padre redentor, llame á la Virgen de la Merced de 
Oran.D A lo que respondió el P. redentor: «Llame cada uno al Santo de 
su devoción, que yo ya llamo á mi Virgen de la Merced. o Al punto los 
consoló esta gran Madre de piedad ; pues estremeciéndose la saetia, 
desencalló milagrosamente del banco de arena, corriendo aquella no- 
che SÍ0 tropiezo hasta al cabo de Gata con mar bonanza. Gozosos en- 
traron en Csrrtagena, donde dieron las debidas gracias á la gran Madre 
de la Merced. 

308. 
Redención en Argel de 145 cautivos en el aiHo 1702. 

Mientras las provincias de Castilla y Andalucía se preparaban para 
irá romper las cadenas de tantos infelices cristianos que gemían en Ar- 
gel, el Rmo. P. M. Fr. Salvador Feliu, ex -Vicario General, redentor 
por Cataluña, el P. Pdo. Fr. Pedro Nue por Aragón , el P. Fr. Jaime 
Lledó y el P. Pdo. Fr. Miguel Pareja, por Valencia, se embarcaron, y 
el día 23 de marzo de 4702 llegaron al puerto de Argel, de donde ha- 
bía salido poco tiempo hacía dicho P. Pareja. 

Alli registraron luego el dinero, s^un costumbre, excepto el que 
llevaban en oro, y un talego de reales de á ocho, que pusieron entre 
la ropa de los baúles. Quedóse todo depositado en la casa que señaló 
el Rey ó Rey, Mustafá-Day, y los redentores acompañados de los cau- 
tivos, que llorando les exponían sus penas y trabajos, se fueron á des- 
cansar en el bospiciode los Padres de la Santisinía Trinidad. 



— 360 — 

A poco rato el bárbaro Rey les mandó llamar, enojado por haber 
tenido noticia del caudal ocoUo. Grande fué la aflicción de los Padres 
redentores, porque si se encontraba el dinero, quedaban ellos cautivos, 
el dinero perdido y malograda la redención ; pero puesta su confianza 
en Dios, el P. redentor Pareja y el P. Administrador del hospicio se 
presentaron al enojado Rey, mientras que los otros se quedaron en el 
hospicio dirigiendo fervorosas plegarias á nuestra Santísima Madre. El 
P. Administrador, tomando la palabra, reconvino al iracundo Rey por 
su extraño proceder, jamás usado con los redentores : mas este encole- 
rizado le dijo en lengua franca : aPapaz, andar fora : mi sentir que 
portar oros en las cajas.» Y se temió no le mandase quemar, á no ha- 
berle los turcos echado á empellones de la casa del Rey. Volvióse al 
hospital pronosticando males á los redentores y la pérdida de la redeo> 
cíon. Estos pobres Religiosos, que se consideraban de un instante al 
otro cargados de grillos y cadenas, redoblaron sus rogativas, y Dios 
les oyó. 

Subió á caballo el Rey, y pasó á la casa en que se guardaba el equi- 
paje de la redención, y mandó al afligido redentor abriera el baúl del 
dinero. Este tomó la llave y lo abrió, encomendándose á nuestra 
Santísima Madre. Lo primero que se ofreció á la vista fueron dos pa- 
nes de Mallorca. Tomólos el Rey, y repartiólos entre los turcos dicíen- 
do : «Estar bono, bono.» Luego vinieron unas cajitas de turrón, de 
que comió y repartió como el pan. Siguió un hábito y unas disciplinas 
queocultaba los talegos del dinero. Aqui fué donde, el redentor secre- 
yó perdido ; pero entonces se manifestó el auxilio de Nuestra Santísi- 
ma Madre. Al ver el Rey las disciplinas, preguntó que era aquello. 
El P. redentor le dijo : «Que los Religiosos, particularmente en Cua- 
resma, tomaban disciplina ; » y lo hizo al vivo, dándose fuertes y re- 
petidos golpes en las espaldas. Horrorizado el Rey de aquello, con des- 
compasadas y repetidas voces mandó al redentor que cerrara el baúl, 
y picando el caballo se marchó á toda prisa. No se dio menos prisa 
el P. redentor en cerrar el baúl y recoger los fardos, y dando gracias 
á Dios y á nuestra Santísima Madre, alegre se fué al hospicio, donde los 
demás Religiosos estaban en oración. Estos al oir el ruido se figuraron 
que venían los ttircos á ponerles presos ; pero el P. Pareja les sacó de 



— 361 — 

aflicción y recelos, refiriéndoles el suceso con todas sus circunstancias, 
en lo que vieron claramente el auxilio del cielo, y en acción de gra- 
cias cantaron la Salve, 

Obtenido el correspondiente permiso empezaron el rescate, y* el 
Rey se empeñó en que los primeros que hablan de rescatar fuesen tres 
apóstatas ó cisfnálicos. Los redentores se resistieron cortesmenie y con 
dignidad, y no quisieron ceder, diciendo que ellos habían venido á 
rescatar fieles cristianos. Sea como fuere, el Rey se amiinsó. En el trato 
se suscitó un altercado y un gran barullo sobre la plata que, en con- 
cepto de los moros, no era de ley : los Padres, para zanjar las dispu- 
tas, acudieron al Rey, y este mandó á sus subditos que la admitiesen. 

Habiendo un pobre eslavo huido al monte, los moros le trajeron, 
y el Rey irritado mandó le cortaran las orejas y la nariz. Al saberlo 
los redentores, se presentaron al Rey pidiendo clemencia, y este no 
supo resistir á sus ruegos. 

Rescataron 4 46 cautivos , entre los cuales habia dos Religiosos Ca- 
puchinos misioneros apostólicos, tres mujeres y cinco niños , dando 
por todos 38,626 pesos. Terminado el rescate, el día 40 de abril se 
embarcaron, y después de haber hecho cuarentena sanitaria en Mallor- 
ca, desembarcaron en Palma con grande alegría y santo entusiasmo, 
acompañando á los cautivos en procesión, y celebrando grandes fiestas 
en acción de gracias por su libertad. 

AgrAdecido el P^ redentor Fr. Salvador Fetid á los favores que él 
y SUS cautivos habían recibido del convento de la Merced de Palma, 
regaló al mismo la milagrosa: y devota imagen de la Virgen del Rescate 
que el citado Padre aeiáiaba de rescatar en Argel por dos piezas de á 
ocho. Los moros la habían tomado á un capitao napolitano, que la lie* 
vaba por patrona de la nave. Conducida á Argel, le hicieron mil ultra- 
jes, arrastrándola por las calles, escupiéndola, apaleándola, y final- 
mente la echaron al fuego. Es de piedra. 



i6 



— 362 — 
309. 

RedeociOD en Argel de i8i cauUvos en el aSo 1702. 

Aonqoe acababan de hacer una redencioo eo Argel noestros Religio- 
sos de Aragón, Catahifia y Valencia, los Hijos de la Merced de las pro- 
vincias de Castilla y Andahida, movidos de so zelo en favor de los po* 
bres cautivos, en el año 1 702 volaron á ejecutar otra en la misaia 
ciudad. 

Fueron redentores por bastilla el P. Pdo. Fr. Francisco Esteban 
Sotelo, el P. Pdo. Fr. Sebastian Agustín y el P. Fr. Gaspar de San 
Agustín, Descalzo, y por Andalucía el P. Pdo. Fr. Bartolomé de Fi- 
gueroa, el P. Fr. Rafael de Ayala y el P. Fr. Jua^i de la Asunción , 
Descalzo, los cuales arrancaron del poder de los moros á 482 cautivoe» 
entre elles 4 Religiosos, 2 oMijeres, 27 muchachos y muchos mili* 
tares. 

RedeDcioa en Argel de 90 captivos en el aSe 1709. 

A principios del úHimo pasado siglo el Rey de Fra&cia ajustó paoes 
con los Gobiernos de Argel, Túnez y Tripolí, y los PP. redentores fre- 
cuentaban con mas libertad sus puertas; pero no.asi.ips de Marruecos, 
porque debían tratar con el Rey Mouley, principe de maU fe, intere- 
sado y cruel; A pesande esto nuestros Religiosos franceses movidos de 
caridad por sus compfatricios que gemían en k mas: peíaosa esplavitud 
en Marruecos , después de haber el P. Blandiniéres CQOsegnido un pa- 
saporte del Rey para entrar los tedeptores en sus tierras, y hecho nn 
viaje á Cádiz, en el año \ 704 fueron nombrados cuatro PP. redento- 
res, siendo el principal el P. Alejo Forton. 

Emprendieron su largo viaje de Francia á Mequinez donde estaba 
el Rey* Mouley, y solo á fuerza de muchos regalos pudieron obtener 
audiencia, pero sin resultado por las injustas demandas que les hacia. 






— 363 — 

Los PP. redentores deseaban una redenciOD general de todos los escla- 
vos ftanceses ; pero el Rey pedía Ir^ moros por un francés y el pre- 
cio del rescate en plata. Esta inicoa demanda consternó á los PP. re- 
dentores, paes á mas de lo ¡njastoj era imposible, porque en las galeras 
del Rey de Francia habia 300 moros de Salem y solamente 450 france- 
ses cautivos, lo qoé obligó á los Padres á retirarse á Cádiz. Con todo 
el Rey, por los ricos regalos que le habían hecho, les concedió rescatar 
8 esclavos, enlre dios un tal Beloni, de treinta años de esclavitud, vie- 
jo y enferilio qne á darás penas pudieron conducir á Sale» donde 
murió, y otro llamado Joan Seillé, viejo de 80 años y casi ciego, que 
habia estad6 cuarebta afk» bajo un amo cruel que le trataba á palo y 
cadena, quien con la mayor caridad fué llevado á Agde, donde murió. 
Cuatro años estuvieron los redentores en Cádiz^ consolando á los 
pobres cautivos con carias y trabajando para su redención, no dejando 
piedra por mover; viajes, Cónsules, mercaderes cristianos y judíos 
que tuviesen relación con el Rey ó sus Ministros, nada fué omitido para 
poder hacer entrar al R0y en* razón ó acomodamiento. Por desgracia, 
creyendo encontrar un buen medio, cayeron en manos de un protes- 
tante llamado Sr. Pilet, hombre artiicioso, solapado y malo para ser- 
virles. Este propuso ana redención general de todos los franceses, dan- 
do moro por cristiano y á mas 300 piastras pof rescate de cada cauti* 
vo, contentándose con un íhodesté regalo preliminar de 7,000 piastras 
(26,252 francos). El deseo de los PP. redentores de dar la suspirada 
libertad á los infelices que gemían en la esclavitud, hizo aceptar esie 
amargo cáliz, prometiendo las 7,000 piastras á condición de que la re* 
dencion fuese general. Con este pacto partió el Sr. Pilet de Sale á Me- 
quinez, habló al Rey lo que quiso, pues no se sabe en que sentido ni 
lo que le prometió; obtuvo del Rey pasaporte, mandólo á los redento- 
res, diciendo que se embarcasen luego y pasasen á Mequinez, porque 
todo estaba arreglado. Dando crédito al Sr. Pilet y con orden del Hi- 
r>istro de Francia, se embarcaron en Cádiz, y de Sale pasaron á He- 
qoinez por tierra con mil trabajos, fatigas y peligros de la vida por el 
eaior sofocante, entre desiertos, expuestos á ladrones y á ser devora- 
dos de los tigres y otras fieras. 

En Mequinez la fama y ruido do los ricos regalos que los Padres 



— 364 — 

traían para ol Rey, Reina y Hinístros (subían á 44,057 libras), allana- 
ron el camino para una audiencia, á la que fueron admitidos; pues el 
truan del Sr. Pilet, que habia ya recibido las 7,000 piastras, tasbien 
se la procuró y obtuvo. El Rey recibió los regalos, y los Padres pronto 
conocieron la mala información que sobre Religión babia dado el se- 
ñor Pilet, y el Rey, que era hombre de mala fe, lomó de esto ocasión 
para hablarles y cargar sobre una antigua cuestión habida con los fran* 
ceses, y con fútiles pretextos mandó á los Padres que inmediatameote 
salieran de sus Estados. La fiereasa y crueldad de este Rey obligó á los 
redentores á marchar pronto para Sale, donde estuvieron dos meses 
esperando poder ablandar al Rey y entrar en algún pacto razonable 
por medio de los Cónsules y mercaderes franceses, b que no con- 
siguieron, pues fueron inútiles cuantos medios y resortes tocaron, vién- 
dose los Padres obligados á pesar á Francia, dejando plenos poderes al 
Sr. Lamagdaleine, Cónsul francés, para tratar este asunto con el Rey 
ó con sus Ministros. 

Todos estos viajes por mar y tierra, cuaWo años en Cádiz, algunos 
meses en África, los ríalos al Rey y á su oorte^ y los socorros y re- 
medios á los cautivos costaron á nuestra Orden mas de 40,000 libras, 
con el solo fruto de 42 cautivos franceses, dejando aparte las penas, 
fatigas y trabajos que padecieron los redentores en esta jomada que 
principió en el año 4704 y terminó en 4709. (Este relato está sacado 
del archivo del convento de Mootpeller.) 

311. 

Redeoclon en Argel de % caatjvos qn ti año 1*709. 

En la ciudad de Oran, situada en las costas de África, tentamos los 
Mercodarios un convento fundado por el Emo. Cardenal Jiménez de 
Císneros, que servia de mucha utilidad para las redenciones de cauti- 
vos cristianos. 

Era Oran plaza muy fortificada y muy codiciada de los moros. Es- 
tos en el año 4707 la asediaron, y los sitiados con valor y denuedo se 
defendieron hasta el dia SO de enero de 1708, que no pudiendo resis- 



— 365 — 

iir mas, pusieron bandera blanca y entregaron la ciudad ; pero los 
cristianos se retiraron al castillo ó fortaleza de Almarza (en la mis* 
ma ciudad) y pelearon hasta el 3 de abril del mismo año, esperando 
socorros que no llegaron, sucumbiendo por hambre y falta de muni- 
ciones, pues hacia ya cuatro días que habian tirado la última bala. 

El Yicarío de nuestro convento y capellán del castillo, el P. Fr. Mel- 
chor Rubert, natural del Puig (Valencia), varón apostólico é infati- 
gable para la salvación de almas, poseído de fe y amor de Dios, lle- 
vando una cruz en la mano, se defendió heroicamente con un capitán 
y tres soldados en la brecha, y habiendo caído un soldado á su la- 
do, al bajarse para darle la absolocion, los moros de una cuchillada 
le cortaron la cabeza, al entrar por la brecha, ancha de mas de 40 va- 
ras, pasando de 3,000 los cautivos que hicieron , la mitad tropa, los 
restantes gente de la ciudad, hombres, mujeres, niños y enfermos que 
sobrevivieron al hambre, sed y balas ; y parecían esqueletos. Por mar 
se los llevaron todos á Ai^el, robriendo roas de 40 por el camino. 

Esta desgracia llenó de luto ¿ España, y en particular á nuestra 
Orden. Las circunstancias eran criticas en la Peninsula á causa de la 
guerra llamada de sueesum ; pero ios Hijos de la Merced, dirt^endo to- 
das sus miradas hacia Argd donde tantos infelices gemian, allegaron 
cuantas limosnas pudieron, y dispusieron una redención. * 

Nombrados redentores el P. Predicador Fr. Eugenio Sanz por Castilla, 
el P. Pdo. Fr. Juan Zeldrán por Andalucía, el P. Fr. Juan de San José, 
Descalzo, pasaron á Ai^el con los Padres Trinitarios. Alli lo primero fué 
consolar y enjugar las lágrimas á tantos infelices cristianos que llora- 
ban su desgracia, y luego informarse y consultar, para ver entre aque- 
llos miles de infelices cuales debían ser preferidos para el rescate. Co- 
nocidas las necesidades, y viendo que los que mas peligro ofrecían de 
perder su fe y mas necesidad tenían de rescate eran las mujeres y 
los niños, redimieron 90, que fué hasta donde llegaron las limosnas que 
trajeron, arrancando de las garras sarracenas á mujeres débiles y tier- 
nos niños, que llevaron á España. 

Los Padres^de la Merced contribuyeron en esta redención con 
30,300 pesos fuertes, y los Padres de la Trinidad con una cantidad 
proporcionada, pero menor. 



— 366 — 

312. 

Redenckm en Argel de 889 cautivos en el afio 1711. 

En el año 1741 resonaban por toda España los tristes ayes y gemi- 
dos de tantos beneméritos militares y demás españoles que, cautivos 
en Argel, clamaban y suspiraban por su deseada libertad. A fin, pues, 
de romperles las cadenas de la esclavitud, bajo cuyo peso gemían y llo- 
raban sin humano consuelo, uniéronse los Hijos de la Merced de Gas- 
lilla y Andalucía, y eligieron redentores por Castilla al P.M.Fr. Fran- 
cisco Esteban Sotelo, Secretario General, al P. Eugenio Sanz, al Padre 
Fr. Marcos G>meUes y al P. Fr. Joan de la Purificación, Descalzo ,' y 
por Andalucía al P. M. Fr. Luis de Viliavicencio, al P. Pdo. Fr. Die- 
go de Silva y al P. Fr. Andrés de San Pedro Pascual, Descalzo, los coa- 
les pasaron á Arg^l, y alli redimieron 289 cautivos, entre ellos 46 ofi« 
cíales del Rey de España, 4 sacerdotes, 6 mujeres y algunos niños, y 
costaron todos 48,502 pesos. Hasta aqui no anduvo mal la cosa : ver- 
dad es que mientras los rescatados lloraban de alegría, los redentores 
sufrían sus disgustos á causa de la multitud de cautivos que quedaban 
sin i:escáte ; pero lejos estaban de pensar redentores y redimidos la tri- 
bulación ó desgracia que debía sobrevenir ¿ gran parte de ellos. 

Concluida la redención se embarcaron en dos naves. La una llegó á 
salvo al puerto de Cartagena el día 4 6 de abril de 4 71 4 con 1 38 cau- 
tivos redimidos y algunos PP. redentores : la otra tuvo la desgracia de 
dar con la Capitana de Túnez que la abordó, apresó y remolcó hasta 
la ciudad de este nombre, donde los redentores casi desnudos, abofe- 
teados y maltratados, animaban y confortaban á los pobres redimidos 
y otra vez cautivos. Alii sufrieron todos el mas duro cautiverio, basta 
que habiendo acudido al Gran Señor ó Sultán, y después de largos de- 
bates que duraron hasta el 1712, se les dio libertad, mediante 44,000 
pesos, y quedándose en rehenes dos PP. redentores, por no haber po- 
dido entrar toda la cantidad al momento, y hasta el 27 de marzo no 
llegaron á Madrid, después de mil penas y trabajos, con 1 5 nuevos re- 
dimidos, que añadidos á los primeros suman 294. 



— 367 — 

313. 

Redención en Argel de M4 canUvos en el afio 1713. 

Eran tantos los cautivos qoe quedaron en Argel en la redención del 
año 4 74 4 , qne los PP. redentores se despidieron de ellos prometiéndoles, 
con lágrimas en los ojos, que se interesarían por todos estilos ¿ fin de 
arrancarles de la dará esclavitud. Habían redimido 46 oficiales, pero 
quedaban otros tantos ó muchos mas sin rescate. 

Nuestra Orden, á pesar de correr entonces dias malos y de tribu- 
lación para España con motivo de la guerra, deseosa de arrancar de 
la esclavitud á tantos infelices que gemían en ella, tristes recuerdos de 
la pérdida de Oran, procuró recoger limosnas, excitandq por todas par- 
tes la piedad de los fides á fav4>r de los pobres cautivos. 

Fueron deg^dos redentores por Castilla el P. Fr. Pedro de Briagas, 
Procurador general de la redención, y por Andalucía el P. M. Fr. Juan 
Zeldrán. A estes se unieron los redentores de la Trinidad Descalza, el 
P. Eusebio del Santísimo Sacramento por Castilla, y el P. Fr. Bernar- 
do de la Purificación por Andalucía, y pasaron á la ciudad de Argel, 
donde redimieron 204 cautivos, entre ellos 46 oficiales ó militares es- 
pañoles, el médico, el cirujano y cuatro empleados civiles de Oran, 
dos Religiosos Franciscanos, siete sargentos, trece muchachos y los de- 
más soldados y marineros. 

Para este rescate, que se ejecutó en el año 4713, la Orden de la 
Merced contribuyó con 70,397 pesos y medio, y la Trinidad Descalza 
con 38,244 pesos y medio, que juntos forman la cantidad de 409,642 
pesos, con la cual no se pudo rescatar mayor número de cautivos á 
causa de los muchos oficiales y empleados que se incluyeron en esta 
redención. 



— 368 — 
314. 

Redención en Hamiecos de 46 cautivos en el-nfio 1713. 

Nuestros Religiosos franceses no podian olvidar las penas y trabajos 
de los cautivos que habían quedado en Marruecos ; asi es que toca- 
ban todos los resortes para poderles arrancar de su triste esclavitud, á 
cual fin mientras en el año 4712 los Padres Mercedarios españoles ha- 
cían redención en Argel, ellos por medio del Alcaide Aly, creyeron 
efectuar una redención general de todos los franceses bajo el pié de un 
moro y 300 piastras por cada francés, y un regalo de 5,000 piastras á 
Aly y su secretario. Confiados en lo pactado los PP. redentora» salieron 
de Tolosa y de JParis para Cádiz y Ceuta ; pero al llegar á Cádiz, despaes 
de grandes fatigas y gastos, conocieron luego la mala fe del Rey infiel, 
y que toda la pretendida redención general se reducia á un simple re- 
galo de 20 cautivos franceses que el Rey hacia á Aly, de los cuales 4 5 
fueron para nosotros y 5 para los Padres Trinitarios,. mediante un mo- 
ro y 300 piastras por cada cautivo francés, y el regalo de 5^000 pías-- 
tras á Aly. 

Con esto se dio fin á tan larga y costosa redención que empezé etk 
el año 4704 y concluyó en el año 4742 ó 4743, habiendo sido resca- 
tados en tres veces 46 cautivos, 42 en la primera (año 4704) y 34 en 
las dos últimas, los que costaron á la Orden 7S,0C9 libras sin contar 
4 ó 5 mil bbras de gastos de viajes' etc. 

(ArdUvo de MmifáUer.) 

315. 

Redención en Argel de 234 cautivos en el afio 1717. 

Reunidos en Rarcelona los redentores P. M. Fr. Juan Garcia Tron- 
cón (hermano del Rmo. P. General) por Aragón y Navarra, el Padre 
H. Fr. Rernardo Armengol por Valencia, y el P. M. Fr. Marciano Font, 
ex-Provincial, por Cataluña, el dia 42 abril de 4747 á las 7 de la ma- 



— 869 — 

fisrñá- béjáWm 'á la igtaiiii, y héoitas las d^ecaoiones del^ lUiaM, leMí^ 
bdfrcbfbn, lríí¿<éi^doBe é la "riela el diá «igdiente, y el BMlegaroD á Ar-r 
gél. AIK redfdorieron SS4 ¿autivoa, entre ellos él Dean de fiaróoa; un 
Dominico, un Capuchino, vetóle oinjerea y varios ospitaMs ^ oficiales 
del Rey de España. 

El día 25 mayo de 1747 llega«on al puerto de Barcelona. El Padre 
Prior del convento hizo tocar las campanas como en dia de gran fiesta, 
y pasó á bordó don el oapítaii (del< puerto. Como tuvieron que hacer 
cuarentena, basta el dia 10 de junio no pudieron desembarcar ; asi es« 
t)üe M dKebd diá á te Ade lamabana saUó la proc^ion del<CQttvento, 
-^éñdó 'á buscttVtoá át puerto y ucompaiíándoto á niieslra iglesia para 
Q^i'^grabla^ á Dios y 6 su Stna. Madre. 






^ " 'lt^dDéÍ6beb Argel d(s II oiKlttvo0M»el>tfo lili 

''Cbkítl^^id^ élfiftUK'Oardbnal Belinga» OUspoi de Miir<^ia< délos 
rnifchbá!^ Bélk dé 8u dblé|iado que >gelDÍaii daniives eo Aigeh pidió A 
nuestra Orden practicase los medios. «para dar litabrtad á 41 d^ elWi 
obligéndose 61 con escritura firmada en Lorca á 29 abril de 1717, á 
recoger y entregar dentro de un ^i» 7,000 pesos. 

' Nuestro Rmo. P. General, valiéndose de un comerciante judío y 
otros cQrrespdtisalos eo (Argel^;<raseau&'M Í7jl7 á )m 4j|.,,<tles¡gnados, y 
les llevó á Cartagena, y como los 7,000 pesos no alcanzaron para el 
re^báté'de dtchbi» (5á«Uvós, la -Orden pagé lo pesiaMe. ; ,: 



» >• I 



m. 



' ttedeacion en Argel de McaiHives ea el affo 1719. 

^n el dfio'fTI'ft la Provincia Marcedarift 4a Fraooia envió á Argel 

á los Rdos. Padres redentores Fr. Domíogo Riviére y ¥v. Pascual La« 

cazcf. Religiosos eiltendfdos y expeditos, para que dieran libertad ó los 

pobfds cautivds qtfe pudiesen eou el corto eaudal q/n^ se les entregó. 

47 



— 370^ 

Bstos Pádre^icoa pasos ¿y faligas síq; duento, pudieron fTe(i|Iiiiir basta 
36- cautivos qoe llevaron á Marselia» donde fooron reoibíii|os ¡por un 
genik) inmenso y en solemne procesión por los Padres de naeslro con- 
vento y demás corporaciones edesiásiicas. 

31». 

' • Redelicioú en Argd de 78 cautivos en el añe 1719, 

Sdicitós siempre ooelslrós Religiosos franceses en buscar medios 
piara el alivio de los pobres caotivosi mieniras su^. redjsntcires estaban 
quitando los grillos á los pobres dé Argel, ellQS recogió para socorrer 
los de Tanez. 

Al llegar á Marsella los PP. Riv¡¿re y Lacaze con 36 cautivos de 
Argel, aceptaron gustosos atravesar otra vez el mar en el mismo año 
4719, y d¡rigU*S6áIanez;yJripQlipair£|.haceroVra(.T^^c¡on. El re- 
sultado fué redimir 78 cautivos, entre ellos un P. Mtro. Religioso Do- 
minico y cinco dojei^ ; lo que sirvió db-gran coie|ielo;á los redimidos 
y á los rédem'tores, y. también kh Francia: entera,' quei admtró,ei zelo 
y caridad de lá Ordéii de la Herced. 



' ! 



f « 






' 'kedeDde'D'énAr(Íe><le4tt€antivos «bel alio L7U^ .,. 

" •■•••'• • -,;•{;. . '. 

Épocas ha habidoenque los. Cjonsáríos argetúWimQi^ifanoQ^tal auda- 
cia, que sembraron el terror y espanto por todo el Mediterráneo ; y á 
pesar de todas las* prevenciones^ y ^oponerles una fuerte resistencia y 
persecución, caian muchos cristianos en su poder, a los cuales llevaban 
cautivos á Argel; eAcenrindoleB en: corrales/y ma^movriif, vendiéndo- 
les en pública almoneda. Al socorro de estos infelices volaban los re* 
deiitore^ dé- nnésUra Oreen,- arrostiiáRdo mitipelígpQsren.jsl mar y en 
a'qtiel inhospitalario suele' argetino:. . > , ; 

Eti el año 4723, cotectad^ una bu^na suma; ^e fojonic^on eii Car^- 
tagena los rederiteres P.M. Fr. Mélcbov Graroia^'navarrpyy.P. Maestro 



— 37f — 

Fr. Juan Cr¡s¿stoino de Campos, por Castilla, P. M. Fr. Gerónimo 
de Ortega, Definidor, y P. LectoriFr. Pedro Ros- Valle, presidente de 
Cartagena, por Andalucía. AlHse embarcaron, y tomaron tierra en Ar- 
gel, donde fuerob recibidos pof'aqobllt» bárbaros conmll insultos, es- 
carnios y algunas piedras, todo lo que sofrieron con admirable pacien- 
cia y resignacióD. k\ii ñas llegaron á la posadfa, cuando acudieron en 
tropial los: caolivos, ancianos y mozos, casada» y ctondeltas, y todos 
con láj^oú^as», áyes y ddbrososígeteidos exponen su desgraciada soer^r 
te ;< uncís se laméütan, (|áe conH>>Wálos animalésí'les fitnen álá.tabdna 
yátírár deía cairela; oíros que los matan de hambre,! y que. los 
niiiéleá á palos,, y todos á voz eo grito ouentari sus. penaé 'y juiártijuios, 
noéstrah sub bioatríees y andrajos, y ^xponeb los peligros de perder 
su fe y so alma. . '. 

Los PP. redentores, después de haber cooseladoi animado y Torta- 
lecídb! á los pobres eiaotívos, pashrain i palacio á pedir Uceneta al Rey 
ó Bey para abrir eürescate, quíen^ les recibid oQn marcado desprecio, 
didéndales iDil perrerías, porque, movido de la sed dé oro, deseaba 
qaedarse don el dinero y con los caiotívos. Los redentores conociendo 
su mal» fe,. se defondieron y resistieron cpn respeto, dignidad y 
deairo los. limites ^e la justicia; pero enrorecido el Rey al encontrar 
resistencia so despotismo, les mandó encerrar, sin respetar el salvo- 
conduelo, y quería cortar la cabeza al* principal de ellos. Pero otro 
día, estando el Rey mas razonable, les llamó, y mandó abrir el rescate, 
y en pocos dias redimieron 425 cautivos, entre ellos muchos militares 
graduados españoles, 9 mujeres y 24 niños. Rescataron además dos 
muchachas; una de ellas por su hermosura estaba destinada para un 
gran señor, y la otra lloraba de pena porque dejabaen Arjgel una infe- 
liz hermana, que tuvo la fragilidad de renegar y olvidar á su Dios. El 
importe de esta redención subió á 401,1^0 pesos, según cuenta que 
dieron los redentores á 46 de octubre de 4723 en el Capitulo general 
de Granada. ! . . 

Los trabajos, fatigas, oprobios, afrentas y riesgos que padecieron' 
los redentores en esta jornada, solo lo saben ¿IIós y aquel bios que les 
arenó de paciencia y resignación para sufrirlos. 



372 



3S«. 



tedeBoioB en Acgel de MI oa«Uvo« en el «So 17fi. 



A pesar de haber sido nomorosa ia redención del aio 4723 en A^ 
gel, fué preciso tiaoer otra en 4724, pues los olamoreü ée ios caiíAivos 
resonaban por toda España. El R. P. M. Fn Melcbor García, iurvÉn^i 
el P. Pdo. Fr. Mannel Priego, DeBoidor, y el P. Fr. Ramdn del iSspirí* 
tu Santo,: Descalzo, redentores por Cotilla; el P. Pdo. Fr. Pedro Or* 
tegas el Pv Pdo. Ff. Pedro Ro8«-Valle y elP. Fr. Jaandel EspiríluSan- 
to, redentores por Andaiiicía, partieron para Argel en dioho año 4724^ 
y redimieron 282 cautivos. De estos vinieron á Espa&acon k» reden«* 
«ores 275 ; los siete restantes, que eran D^* FraneisBa Nar^^ez; esposa 
de un capitán dd raimiento de Cantabria, con dos hijos, tr^ hjlas y 
su criada, quedaron ajoslados en S,000 pesos y ocho turcos eeclavosea 
£spañá> señalados por el Gobernador de Argel, con la ainenasia 'dé que 
si dentro ocho meses no llegaba ci rescate, separaría los nidos cautivos 
delsos padres para que perdiesen la fe y renegasen. Cunaplidse lo pac- 
tado ; el Bey de España dio 3,000 peisos y loe oého turcos, y nuestra 
Orden |)agó 2,000 pesos y los demás gastos, y envió allá al P. Pdo. 
Miguel Pareja, valenciano, quien los llevó á España en el ano 4725 
con toda felioidad. 

321. 

Redención en Taaei de 310 cautivos, qoe pasaron i Roma 

en el aüo 1715, 

Corría el año 4 723, cuando á primeros de junio se conmueve lodo 
Roma para ver la tierna y pública entrada de 370 cautivos cristianos 
redimidos en Túnez, que antes de regresar á sus hogares, deseábanla 
bendición del Santo Padre. Pero antes de explicar tan solemne é im* 
ponente acto, paso á relatar brevemente las fatigas y trabajos que exis- 
to á los Religiosos Mercedarios esta redención. 



— 573-- 

Acababaa de hacerse en Argel dos Domer^^sas redencioDes, una de 
425 caotíA^s eo el ano 47S3; y otra de 28^ en el 472i ; faltaba pues 
. romper l^s cadenas de los pobres cristianos qqe gemían ep Tone?, y 
para estoroeron elegidos redentores el P. U. Fr. Melcbor Qarcia, na-* 
varroi Padre de proviotía, y el P. Presentado Fr. Uaouel Pri^o, pre- 
dicador de S. M. Gaiólioat por la provincia de Castilla ; los Padres Pre« 
sentados Fr. Pedro Ortega y Fr. Pedro Ros-Valla, por Aodalqi^ia, y los 
RR. PP. Fr. Miivoos de S. AniCmio, Definidor general, y Fr. Francjspp 
del Espirita Saato, Padre de provincia, de nuestros Descalzos. Estos Re* 
ligiosos salieron de Uadrid el dia 44 de febrero de 4725, y el 2 de 
mayo se embarcaron en Cartagena. Salieron al dia siguiente, y cam*- 
biandcMl viento lea Toé Ibrzeso volver al mismo puerto. El dia 9 em- 
barcáikMise otra ves, y por mas que porfiaron, el contratiempo les oUi-- 
gó á detenerse, en una ensenada llamada E$oombr€ra k qna legua de 
Cartagenii; mas empeorando el tiempo, no tuvieron otro remedio que 
acog&rae «I «mismo puerto. El dia 48 volvieron k probar fortuna, pero 
levant&odose fuerte viento y tempestad, se vieron precisados, á gnare- 
joerse otra vez en Eéunm^tra. Finalmente el 20 seAnzaron mar 
adentro, y el 29 se bailaron frente de Biserta en Túnez; pero solH*evino 
no furioso levante que les obligó á encaminarse á Cerdeña, donde no 
podiendo tomar puerto, la desceba tempestad les llevó otra vez á las 
costas de Berbería, con tantos apuros y peligros, que mas de una vez 
Godtároose perdidos. £1 2 de abril se hallaron cerca de Sicilia y á la 
vista del monte Peregrino deSta. Rosalía, y prometieron, invocaodosii 
protección, ir á visitarla y cantar una misa en su iglesia. £1 dia 3 des- 
embarcaron en Palermo, donde descansaron un poco de las fatigas y 
trabajos del mar, asistidos y obsequiados, por nuestros Religiosos de 
aquella ciudad tanto Calzados como Descalzos Cumplieron su voto á 
Santa Rosalía, y el dia 6 se reembarcaron, llegando con tiempo vario 
el 4 3 al puerto de Fariñas. Visados los pasaportes por el capitán del 
puerto, sedirigieron á Túnez por tierra, sufriendo mil molestias é in- 
comodidades, cogiéndoles la lluvia por ei camino, y calados de píes á 
cabeza llegaron á dicha ciudad . 

Al. dia siguiente, enjutos ya loa vestidos, visitaron al Bey, y previo 
permiao, fueron á ver al Doalete. Tratóse lu^ del objeto principal, 



— 374 -- 

que era la redención, procoí*ando los Padres vencerlas «fificultades 
qae á cada paso hallaban, y cansados de las exigencias de aquellos 
bárbaros, dieron muestras de volverse á España, á fin de conseguir la 
redención á menos preotodel que se les pedía. Solicitaron la lieeocia 
del Rey para partir ; lo que le ablandó, y despMS de repetidas confe- 
rencias, y mil desprecios que recibieron; se hizo el trato ¿ 325 pesos 
de España por cautivo puesto á bordo. Empezó ia redención el 30 de 
abril; pero se acabó el caudal, y quedaban muchos niños y mujeres en 
notable y conocido riesgo : asi es qtie se contrajo empeño para el coa! 
resolvióse se quedase en rehenes un Padre redentor ^ Habiéndolo pro- 
puesto á los principales dueños de los cautivos, se mostraíron estos tan 
galantes, que los redentores quedaron admirados del buen coneeptoen 
que les tenian ; pues dijeron á una voz : eQoe aunque apreciaban su 
compañía y trato, no la querían como prenda, porque no la neeesita- 
ban para la seguridad del pago, considerando que los qae asi se ofre- 
cían á quedar, muy l^os estaban de no cum«plir lo que promelieseo.» 
Añadiendo oue señalaran los cautivos que querían llevarse, sin mas 
escritura qu^n simple papel firmado por los redentores; y uno de los 
mas ricos de Túnez llamado Cherif-Castelli, voUiéndose á sus compa- 
ñeros para manifestarles su seguridad dijo: «Si alguno ó todos que- 
daren descontentos ó dudosos, desde luego me constituyo por fiador 
de los Papaces.» 

Los Padres mostráronse agradecidos á tanta confianza y urbanidad, 
cosa rara entre moros, y rescataron 370 cautivos, entré ellos un sa- 
cerdote natural de Jaén, 48 mujeres y 38 niños y mochachosi teoieo- 
do la satisfacción de no quedar en Túnez y su comarea cautivo sin 
rescate ; pues á un pobre catalán que estaba á doce leguas de Túnez, 
se le envió á llamar, se le rescató, y se dejó la cédula de libertad y el 
rescate para otros tres que estaban en el mar. Como el dinero no llegó 
para todos, salieron los Padres empeñados por la cantidad de 46,684 
pesos, en diversos vales y papeles, á favor de los interesados, con el 
plazo de un año. Los Padres no dudaron que esta buena disposición de 
los moros fué una especial providencia del Señor ; de otro modo debían 
dejar gran número de pobres esclavos sin rescate y en gran peligro de 
abandonar su fe ; pues muchas veces oyeron de boca de los mismos 



— 376 — 

cautivos: tSi>Ios Padres redentores se van síd rescatar estos niños y 
mttjéres, todoB ham de faltar á ,1a fe, y han de renegar.» 

El dia 4 3^ de mayo se embarcaron los redentores y redimidos en 
un navio francés y otro inglés, dirigiéndose á Civitavecchia, pasando 
ea el mar grandes trabajos y sustos ; pues á mas del tiempo siempre 
b6rrasó6so, pegése fuego junto á Sta. Bárbara, qqe juzgándose ya per- 
didos intentaban arrojarse al mar; pero apagóse el fuego como por 
milagro; daado gracias k Dios y á Ntra. Sma. Madre, otyo aujiiiio ha- 
bian reclamado. 

Desembarcados en Civitavecchia, eslnvieron; en el lazareto de oIh 
aérvaoion haata ei 30 mayo, y en el 4. *" de junio entraron en Roma, 
donde fueron recibidos oon la mas fina cordialidad por los Merceda- 
ríos, y eldomin0»,.d¡a 3, dirigiéronse todos al Palado* Apostólico en so- 
lemne procesioBj donde. IcisPP^/redentores tuvieron el consuelo de be- 
sarlos piéaáiSu Santidad, recibir la apostólica bendición, y una me<- 
dalbi can. indulgencias p&raeada cautivo. El pueblo romano corria por 
todaspartes para ver aiquella procesión que les ofrecía novedad y edir 
ficaoion; Precedía la 'Archicofradia de Ntra. Sra. de la Merced con su 
estandarte, y oiro de Sta. Maria de Gervellon ó Socos que llevaba el 
sacerdote redimido, acompañado de varios músicos ; Regulan los cau- 
•tivQs en dos.álas, interpolados oon los Padres Mercedarios calzados de 
S^ Adrián, y los descalzos de. S. Joaníno, cerrándola dos Religiosos 
coados tiémoa nifiosen los bnazoís. El dia 9 el Emo. Sr. Cardenal Otto- 
4K)ni,':proftactor de nuestra Orden, celebró de pontifical en nuestra 
igleslia de Si Adrián. -en acción de gracias, y al dia siguiente el Emo. 
S^. Cardenal Alvarooi, TUalar de S. Adrián, celebró misa y distribuí 
yó>. el Pan da. lo6 ángeles ett dioba iglesia á todos los redimidos. 

.El 4Slde:junip .salieron de Roma» habiendo despedido áloscautí vos 
qué^no-debian p^sar á España«iy el dia 47 se embarcaron en Civita- 
vecchia paira Barcelona. Apenas embarcados, tuvieron como las otras 
Teces: vienloí cónlrarii>. y temporal, lo qqe 1^ obligaba á desandar 
lo andado. Al llegar á vista de .las costas de Francia encontraron el 
buque^correode Barcelona á Genova, ouyo piloto conociendo estar 
allí la redención, saltó á la landia y p^ al navio para avisar á los Pa- 
dres que á 30 millas de Barcelona estaban bordeando dos grandes 



— 376 — 

navios de moros argelinos. Los Padres en aleiidon á esta ooitcta y 
quesa navio era mu^ Eorrero y estrecho para tanta 4^te, temiendo 
por lo adelantado de la estación no enferinaran los caoUvos, juzgaron 
conveniente no aventurarse mas, y mandaron al capitao se dirigiese á 
Marsella, donde desembatx^roq, y los PP. redentores continaaron so 
viaje por tierra, para evitar el riesgo de ios navios argeKnos, llegando 
á Barcelona el dia 44 del j olio después de no penosísimo viaje: alli 
tuvieron el goSlo de recibir, después de algún tiempo, oopiar de la paier* 
nal y piadosa exhortación que ellos mismos oyeron de boca de Su San- 
tidad el Papii Benedicto Xltl, que traducida del italiano H como sigue: 
«Hijos carisímos, consumo oonsueto y con la mayor* lenrora de 
nuestro corazón vemos ejecutada esta grande obro de misericordia en 
nuestra santa Iglesia. Dad también vosotros, hijos mios^ gracias á aquel 
Señor, á qbien asimismo Nos las rendíalos infinita»', por so grao píe- 
^d, con la cual os ha redimido dos veces: una con sti precposisima 
Sangre de ?a esclavitud espiritual, que á precio tan alto'oompró la U« 
bertad de nuestras almas ; otra de la esclavitod corpo^l, mediante los 
penosisimos trabajos y fatigas de esta insigne y vehei'alMlisima Rei^íon, 
•cuyo Instituto imita maravillosamente la ardentisiina caridad de J«8u* 
xrristo ; cuando no solamenie os ha libertado de la desventara tempo- 
ral , más también de aquella que espiritualm^té padediaisen el gra- 
visrmo peligro á que todos los<Kasestabáissajetosde perflen la eterna 
salud: Vénis, amados hijos, de pai^ birbaross donde noisehiace apre* 
ció deotrsf bienaventuranza oi reina écra fehofdad qbe la -seosíi^le, ca^ 
átítA y (Hahsitoriai' Alli las inmündhs' delicias deonáiidá bru^ son 
-reputadas verdaderos bienes : los excesos exbrbitantesi de la gubr, las 
torpezas de la sensualidad, la inextítiguible sed de 4a avaridd y toda 
ta'détiiás caterva de vicios corren • desboeados, porque no hay freno 
qde los contenga ; antes, por 'el' oontrerio, e$tcles k) qise estiman felici- 
dad y Ib que aprueban como bíenaventora(nza de los bomitrfss : Beor- 
ítméHxéruntp&fuíwn, euí hmc sutit. Muy notable es la designación toe: 
cuihiaBC itinlrestaseosas presentes : hcgc: estas inmundicias, estbs bie- 
nes caducos, transitorios y fugitivos, estos que gozan torpemente los 
Sentidos : cui hae iunt. Asi lo manifiestan sus ejemplos, sos vicios y la 
desenfrenada libertad con que los ejercitan y en que los mantiene su 



-377- 

irracional y talsisima secta. En medio de tal suerte de gen(e os habéis 
\isto, hijos carisiraos, y alguna vez convidados, y acaso estimulados, 
á vivir come ellos, negando el Santo Nombre de Dios por gozar la glo- 
ría terrena : ellos ricos, y vosotros pobres : ellos entre delicias, voso* 
tros entre miserias : ellos dominantes dueños, vosotros miserables es- 
clavos : y sabiendo vosotros, que siguiendo sus deplorables errores, 
cesaría vuestra esclavitud y desgracia. ¡O misericordia de Dios! Ala- 
bemos y demos gracias á aquella gran piedad, que generosamente os 
asistió, para que no cayeseis en el precipicio de tan deplorable infelici- 
dad: os ayudó con su santa gracia, para que con valerosísima constan- 
cia os conservaseis siempre mas firmes en la santa fe cristiana, y para 
que toleraseis voluntariamente el peso de vuestras cadenas, y despre- 
ciaseis como abominables sus fulaces felicidades : sabiendo bien voso- 
tros, como la fe os enseña, que la verdadera felicidad no es visible, no 
es corporal. Ilustrados de la gracia de Dios, conocisteis, y muy bien 
conocéis, que es bienaventurado el pueblo, cui hac $unt : estos vues- 
tros trabajos temporales y de esta vida presente , cui hcBC sunt: éstos 
beneficios, que os ha dispensado Dios, iluminando vuestras almas , cui 
hcBC $uni: BaCy estos ejemplos de caridad que veis en la Santa Iglesia, 
en vez de los ejemplos de impiedad que habéis visto entre bárbaros y 
paganos: estos hechos de piedad cristiana, que con sus propios ojos 
han visto en vuestro piadosísimo rescate, bastan á convencer y con- 
fundir las vanas y supersticiosas creencias de aquellos que desgraciados 
viven fuera del Gremio de la santa Iglesia. Aquellos mismos deben con- 
fesar bienaventurado el rebaño de Cristo, cui hac sunt; coando estas 
santas obras por si mismas predican, ser efectos de aquella santa cari- 
dad que une los cristianos con Cristo. Sed, pues, vosotros, hijos cari- 
simos, agradecidos á nuestro sumo Dios que de tantos peligros os li- 
bró : dadle, pues, gracias ahora y siempre por tantos beneficios. Y es- 
tad bien advertidos, que seréis muy ingratos y dignos de la mayor 
condenación, no ot)servaodo sus santos mandamientos, y si en lugar 
de darle gracias le ofendéis. Todos somos obligados á servirle y amar- 
le con todo el corazón, con toda el alma. Tened presente aquella gran 
sentencia de san Gregorio : Cüm augentur dona^ raliones etiam eres- 
cuni donorum: habiendo recibido vosotros mas dones de Dios que 
i8 



— 378 - 

otros muchos, es mayor vuestra obligación, es mayor la cuenta que 
habéis de dar. Fuisteis esclavos, como tantos otros : ¡ cuántos de ellos 
han renegado la santa fe, volviendo las espaldas al Salvador ! A voso- 
tros os preservó con especial asistencia, y os libro su santa gracia; 
grandísima obligación al Señor es la vuestra. En medio del fu^o no 
os habéis quemado ; en el lago de los leones no fuisteis devorados : Ra- 
tiones eliam crescunt donorum. Vosotros habéis sido redimidos y puestos 
en libertad, reducidos á vuestras casas y parientes á vista de lantos 
otros miserables esclavos, los cuales no han tenido esta felicisim a suer- 
te; mayores dones recibisteis de Dios, mayores el peso, mayor vuestra 
obligación. Alabad rambien, pues, y rendid por siempre gracias á la 
santísima virgen Madre de Dios, que instituyó esta venerabilísima Re- 
ligión para vuestro remedio, y que en esto hizo y cada dia hace un 
tan insigne beneficio á la santa Iglesia. Cuanto ha obrado é infatíga- 
.blemente obra esta santa Religión de la santísima Señora nuestra de la 
MERCED para el alivio y beneficio de pobres esclavos é hijos de la 
santa Iglesia (que vosotros, carísimos, ya veis y experimentáis), mantis 
nostrcB contrectaveruni. Viva siempre en vuestros corazones su devo- 
ción. Y sed también gratos á estos religiosísimos Padres, que con tanto 
amor, despreciando por vuestro bien peligros de viajes, tempestades 
de mar, malos tratamientos de bárbaros, os han rescatado, no bus- 
cando para si mismos otra cosa que el consuelo de veros libres de las 
cadenas, puestos en libertad y asegurados de tantos peligros de perder 
vuestra eterna salud. Vivid, pues, á mayor gloria de Jesucristo, ¿ 
quien sean rendidas eternas las alabanzas y las gracias. 

322. 

Redención en Túnez de l^.cautivos en el afio 1726. 

En la ultima redención hemos visto, (}ue por no haber bastante 
caudal para eF rescate de los 370 cautivos^ los redentores resolvieron 
quedarse en rehenes hasta que se pagase el débito. 

Llegados á España los redentores, nuestro Rmo. P. Mtro. General 
Fr. Gabriel Barbastro dispuso que sin perder tiempo se procurasen los 



46,684 pesos, aunque fuese empeñando ó vendiendo los bienes de la 
Orden, á fin de que se cumpliese sin dilación la palabra dada á los 
moros. Fué (anta la diligencia y tanta la caridad, que no solamente se 
juntó la suma que se adeudaba, si que también un sobrante que 
nuestro P. Rmo. destinó luego para el rescate de algunos cautivos, y 
nombró para redentores y condoctores del dinero á Túnez al P. Pre- 
sentado Fr. Miguel Pareja por Castilla , sogeto de mucha experiencia 
en el trato con los moros por haber ejecutado otras redenciones, y al 
P. Pi^icador Fr. Antonio Carrasco por Andalucía. 

Recibido todo el dinero, el dia 4 de marzo de 47?6 se embarca- 
ron los dos redentores en Cartagena, y á la vista de Mallorca les cogió 
tal borrasca, que les fué preciso refugiarse en los Alfaques de Tortosa, 
y de allí pasar á Barcelona donde desembarcaron, y cantaron una mi- 
sa á nuestra Saotistma Madre invocando su poderoso patrocinio. El día 
26 del mismo mes se hicieron á la vela otra vez, y con viento favora- 
ble llegaron á Cagliari, ciudad de Cerdeña, y alli cantaron otra misa 
en acción de gracias en Ja iglesia de nuestro convento llamado de 
Buenayre. Saltaron después los redentores al bote, y antes de llegar á 
la Goleta, la violencia del viento les obligó á retroceder á la Bahia ; y 
esta pequeña contrariedad fué la felicidad de un moro quesehabia-em- 
barcado con los redentores, pues como si un rayo de luz hubiera ilu- 
minado su entendimiento en aquel instante de contradicción, salló del 
bote, y olvidando todo lo de este mundo, fué á postrarse á los pies de 
la Sraa. Virgen de Buenayre, y á voces pidió el santo Bautismo, que 
después de catequizado debidamente se le administró, recibiendo el 
nombre de José, echando por tierra el vestido de moro y vistiendo el 
de cristiano. Salieron los Padres de Cagliari, y no sin temor llegaron á 
Túnez, pues descubrieron dos buques berberiscos sobre el Cabo de Car- 
bonera. 

Al desembarcar encontraron alli al P. Rmo. Administrador del hos- 
pital de los Padres Trinitarios Calzados, al Prefecto de la misión de Ca- 
puchinos y unos Padres de la Compañía de Jesús, que los recibieron 
con cariñosos abrazos y grandes demostraciones de alegría, acompa- 
ñándoles á su alojamiento, sin mas incidente que una pedrada á las 
costillas del P. Miguel Pareja que un moro tiró, exclamando el herido 



— 380 — 

Dios íe /opaque/ Admitidas las visitas de los Cónstiles, según costam- 
bre, los redentores pasaron á besar la mano al Bey, á quien entrega- 
ron los 1 6,6S4 pesos del empeño, recobraron los vales, y pidieron poder 
rescatar algunos pocos cautivos con un pico que les sobraba. Se les otor- 
gó el permiso, y rescataron 49, entre ellos el P. Fr. Bartolomé Enríoo, 
Mercedario italiano, el R. P. Mtro. Fr. Esteban Selapin, de Palermo, 
ex-Provincial de la Tercera Orden de San Francisco, y elP. Fr. Antonio, 
valenciano, Religioso'Francisco, y dos mujeres. Cumplida la redención 
se hicieron á la vela con no pocas lágrimas de los pobres cautivos que 
quedaban sin el suspirado rescate, y desembarcaron en Gagliari des- 
pués de veinte dias de observación, siendo recibidos por nuestros Reli- 
giosos con imponderable gozo y caridad. Al domingo siguiente los re- 
dimidos confesaron y comulgaron con el mayor fervor y devoción, y 
después se hizo la procesión que salió de la Merced dirigiéndose á la 
Catedral, donde el M. Iltre. Cabildo les recibió y franqueó el altar ma- 
yor para celebrar, predicando el P. Fr. Antonio Ibba, Mercedario. Con- 
cluida la función la procesión volvió á la Merced, y alli, socorridos 
los redimidos, se les dio pasaporte, y los redentores se embarcaron 
para Valencia, á cuyo punto libaron el dia 25 de julio, después de 
haber sufrido muchas borrascas, dando gracias á Dios y á nucirá San- 
tísima Madre la Redentora de cautivos. 

323. 

Redención en Argel de 4t cautivos en el año 1729. 

Deseando nuestros Religiosos franceses romper las cadenas de los 
infelices de su nación que gemian en la esclavitud, delerminaron pasar 
á Marruecos. Salieron de Paris el R. P. Fr. Germán Beguin, Comenda- 
dor de Paris, y el P. Fr. Juan Oliva, á últimos de setiembre de 4727, y 
se juntaron en Burdeos con el P. Fr. Bartolomé Fau y el P. Fr. Pas- 
cual Lacaze, redentores todos, los primeros por la Congregación Her- 
cedaria de Paris y los segundos por la provincia francesa. Salieron los 
cuatro de Burdeos el dia 15 de octubre, y á pié atravesaron toda la 
España, llegando á Cádiz el dia 23 de noviembre, permaneciendo alli 



— 381 — 

conforme las instrncciones qae llevaban de la corle de Francia, hasta 
que llegaron los pasaportes del Bey de Marruecos, y el día 29 marzo 
del año 1728 se embarcaron para Salé. Al sallaren tierra encontraron 
gran novedad ; pues el populacho de la ciudad de Hequinez se había 
aibofotado y quitado la corona al Rey legitimo, llamado Muley-Achnel- 
Zebi, dándola á su hermano Muley-Abemelec. 

Este principe usurpador y tirano, luego que supo habian llegado á 
Salé los redentores franceses, llamóles á su corte, y en vez de tratarles 
con urbanidad y benevolencia, como lo hacia siempre su padre Uuley- 
Ismael, á pesar de ser un Bey bárbaro ; les dijo que habiendo en- 
trado en sus Estados sin pasaporte suyo, eran sus cautivos ; y al ins- 
tante mandó encerrarles en una mazmorra hasla nueva orden. A los 
pocos minutos los PP. redei^tores se hallaron encerrados sin piedad en 
una fétida y oscura mazmorra, donde estuvieron 22 días, debiendo su 
libertad á los Ministros del Rey inicuo, quienes le manifestaron varias ve- 
ces que obraba con ellos contra ley, y que todos los Reyes de Europa 
habian de mirarle como un soberano injusto, etc. Consintió el tirano 
que los redentores fuesen sacados de la cárcel ; pero con orden expresa 
de salir inmediatamente de sus Estados, sin restituirles los muchos y 
ricos regalos que llevaron de Francia para su hermano, ni una cantí- 
dad de dinero que se les habla (]uitado al declararles cautivos , por 
manera que robó á los redentores unos doce mil pesos. Solo rescata- 
ron dos cautivos. * 

Los Padres se embarcaron luego en Salé, y al llegar á Cádiz die- 
ron aviso á sus superiores del mal éxito de la redención, y que espe- 
raban sus órdenes para regresar á Francia ó pasar á otro punto de Ber* 
beria para emplear la parte del caudal que por gran fortuna había 
quedado en Cádiz. Los Superiores de nuestra Orden informaron al Mi- 
nistro del Rey de Francia de todo lo ocurrido en Marruecos, y este 
dispuso que se hiciera alguna tentativa por la parte dé Argel. 

Recibida esta orden del Ministro, los redentores pasaron á Marse- 
lla, donde llegaron á últimos de octubre del año 1728, y alli el 28 di- 
ciembre del mismo año se embarcaron para Argel, á cuyo puerto lle- 
garon, después de un largo y penoso viaje, el día 25 enero de 4729. 

En Argel después de las formalidades de estilo, abrieron el trato de 



1 



— 382 — 

loscaolivos, que con trabajos y sufrímientos concluyeron en el mes de 
roarzo, rescatando 42, que costaron 44,875 pesos. Rescataron á mas 
un Padre de nuestra Orden, de nación portugués, por 4 ,457 pesos, y 
un señor natural de San Malo, que les costó 2,000. Alegres los Pa- 
dres por el feliz éxito de esta última tentativa, y los cautivos por feco- 
brar su perdida libertad, se embarcaron, y el dia 6 de mayo de 4729 
llegaron al puerto de Marsella. 

324. 

RedenciOD en Tonez de 129 cautivos en el aiSo 17t9. 

En el roes de marzo del año 1 727 celebróse Capitulo Provincial en 
el convento de Olivar, al que asistió como vocal el P. Pdo. Fr. José 
Hontagudo, Religioso de gran virtud, de mucho zelo para la salvación 
de las almas, fervoroso misionero, varón verdaderamente apostólico, 
que habia pasado largos años misionando por varias provincias de Es- 
paña. Contaba entonces la edad de 70 años, y como el Rmo P. Gabriel 
Barbastro, General de la Orden que presidia aquella reunión, le amaba 
entrañablemente, preguntóle en pleno Capitulo si se le ofrecía algo. El 
P. Monlagudo con la mayor humilda4 respondió : «Si á Vuestra Re- 
verendísima le pareciere que mi inutilidad pudiese servir de algo para 
la redención de cautivos, mi ánimo está preparado y contento para 
ello.» Levantóse el P. General, y con ternura le abrazó diciendo : «¡O 
verdadero hijo de la Merced I queda nombrado redentor.» Desde aquel 
momento se dedicó con el mayor zelo en procurar medios ó limosnas 
para los cautivos. 

En abril del año 4728 publicóse solemnemente la redención en Va- 
lencia y en Zaragoza, siendo los redentores el P. Montagudo por Ara- 
gón, el P. Pdo. Fr. Rafael Suriá por Cataluña y el P. M. Fr. Vicente 
Ibañez Rubio por Valencia. El P. Montagudo en el mes de junio pasó á 
Bayona de Francia á pedir para los cautivos á D/ Ana, Reina que fué 
de España, viuda de Carlos II, quien le recibió como un ángel venido 
del cielo y le dio 50 pesos, no pudiendo darle mas por las circunstan- 
cias en que se hallaba ; y de vuelta á España, pasó por 56 villas y 



, _ 383 — 

ciudades predicando y rccogieddo limosnas para la redención, y sus 
fatigas y sudores dieron por fruto 3,492 pesos : concluida su vereda, 
pasó á Barcelona entrado ya el año 4729. , 

Los tres PP. redentores embarcáronse en Barcelona para Túnez ; 
pero en alta mar cogióles tal borrasca, que se vieron obligados á refu- 
giarse en Cagliari de Gerdeña. Al desembarcar había alli una porción 
de muchachos que jugaban, y al ver al P. Montagudo gritaron : «¡ Ahí 
un Padre santo, un Padre santo,» y corriendo esta noticia por la ciu- 
dad, salía la gente á verle y á besarle la mano. Hallábase aquella isla 
afligida por la sequía, y á ruegos del limo. Sr*. Arzobispo, del Virey y 
de los Concelleres predicó en la Catedral, pidiendo al Señor agua para 
remedio de aquella necesidad. 

Antes de embarcarse los redentores, visitaron la devota imagen 
de Nuestra Señora de Bonaría, y después de una penosa travesía lle- 
garon muy fatigados á Túnez. Abrieron el rescate : los redentores de- 
seaban redimir á todos ; pero era imposible porque el caudal no llega- 
ba de mucho para tantos. El P. Montagudo queria quedarse para dar- 
les la libertad, y en particular por un pobre sacerdote maltes, á quien 
su amo no queria dar por precio alguno, y era tan cruel y tirano que 
todos los dias ataba al infeliz sacerdote á la noria, como una bestia, para 
que sacase agua, cual trabajo le causó una herida y carnosidad gran- 
de en el cuello, y los redentores tuvieron el sentimiento de no poder- 
le dar libertad por mas diligencias que practicaron. Libertaron, si, á 
429 cautivos, entre ellos doce sacerdotes, trece soldados, doce mujeres 
y niños. 

Concluido el rescate se hicieron á la vela, y desembarcaron en Bar- 
celona, donde fueron recibidos con solemne procesión , y predicó el Pa- 
dre Montagudo con tal fervor que enterneció tanto al numeroso au- 
ditorio que prorumpió en llanto y sollozos. Despidieron á los cau- 
tivos después de haber descansado, y el P. Montagudo partió para Za- 
ragoza en agosto de 1729 muy quebrantado de salud por llevar ya 72 
años de edad y de fatiga. Cayó enfermo, recibió los santos Sacramen- 
tos con gran fervor y edificación, y el dia 9 de octubre del mismo año 
entregó su alma al Criador. • * 



— 384 — 



325. 



Redención en Argel de 8i7 cautivos en el aSo 1730. 

El día 25 de abril de 4730 embarcáronse en Cartagena el R Padre 
M. Fr. Manuel de Priego, Comendador de Madrid y Predicador de Su 
Majestad, el P. Fr. Juan Talamanco y el P. Fr. Pedro de Santa Bárba- 
ra, Descalzo, redentores pbrt^stilla; el R. P. M. Fr. Pedro Ros-Yalle, 
Comendador de Cartagena, el P. Pdo. Fr. Antonio Carrasco y el Reve- 
rendo P. Fr. Diego de San Felipe, Descalzo, ex-Procurador general, 
redentores por Andalucía, y con favorable viento llegaron á Argel el 
29 del mismo mes. Después de alojarse pasaron á besar la mano at 
Rey, le entr^aron los regalos y el caudal bajo su custodia, y obtenido 
el permiso empezaron el rescate por los de la casa del Rey, exigiéndo- 
les este doble precio de lo prometido en el pasaporte. Mucho sintieron 
los Padres redentores la falta de palabra del Rey ; pero esto era el pri- 
mer paso de su mala fe, pues luego faltándoles á lo estipulado, que se* 
rian primero rescatados los españoles á elección de los Padres redento- 
res, les antepuso herejes y extranjeros, á lo que resistiéronse los Pa- 
dres, y por esto les echó de su casa de un modo el mas brusco y 
bárbaro. 

Fuéronse los redentores [leños de desconsuelo y temor por las con- 
tinuas amenazas que se les hacia. Pasados diez dias les llamó el Rey, y 
viendo su constancia, y que los moros se inquietaban por no poder 
vender sus esclavos, lleno de rabia por tener que quedarse los here- 
jes, dobló el precio de los cautivos cristianos, y los Padres consideran- 
do los males que podian seguirse si no convenían en esto, cedieron en 
cuanto al precio y rescataron 347 cautivos, entre ellos cuatro eclesiás- 
ticos, dos mujeres, veinte y siete m.uchachos y varios soldados y per- 
sonas de distinción. 

El dia 27 de mayo la redención se hizo á la vela, habiendo embar- 
cado 443 cautivos en una tartana francesa, y los restantes en un navio 
inglés. Sobrevino una horrorosa tempestad, la que llevó la tartana á 



— 385 — 

Mallorca, donde fué muy bien recibida y obsequiada la redención, y 
después de la cuarentena sanilaria se dirigió á España ; el navio ¡ngl¿ 
entró en Cartagena é hizo observación en el lazareto. 

326. 

Redención en Oran de S6 cautivos en el año 1731. 

Pequeña en el número de redimidos, pero grande en diñcultades, 
fué la redención que paso á describir. La miseria y desamparo que 
padecían los infelices cristianos en so esclavitud en Oran, movió y de- 
cidió á los Religiosos de la Merced á despreciar y arrostrar los muchos 
peligros y vencer las mil dificultades que se ofrecían para conse- 
guir la libertad de aquellos infelices, que en su mayor parte contaban 
veinte y cuatro años de dur^ y penosa esclavitud. En España se sabia 
que desde la pérdida de su libertad, ó desde la pérdida de Oran que 
acaeció en el año 4707, carecían de todo consuelo ; pues si tirano y 
cruel era el Rey de Argel, á quien pertenecía el Gobierno ó provincia 
de Oran, mucho mas lo era su Bey ó Gobernador, porque aparte de 
los grandes trabajos y fatigas corporales que padecían, les tenia cerra- 
da la puerta á todo consuelo espiritual. Tan bárbaro era, que jamás 
permitió que ningún sacerdote les celebrase el santo sacrificio de la Mi- 
sa, ni administrase Sacramento alguno, ni les distribuyera el saludable 
pan de la doctrina cristiana. Pero como el amor es ingenioso y activo, 
la Orden de la Merced, que está fundada en la ardiente llama de la ca- 
ridad, para consolar á los cautivos y sacar á los que pudiera de tan lar- 
ga y penosa esclavitud, buscó mil medios para vencer los embarazos y 
grandes peligros ó dificultades que se ofrecían para ello. 

Considerándose y condoliéndose nuestro Rmo. P. General Fr. José 
Campuzano de los trabajos y desconsuelos que padecían aquellos fieles 
hijos de Cristo, puesta su confianza en nuestra santísima Madre, se 
aplicó en vencer dificultades y juntar caudales. Hizo sabedor de todo 
á nuestro católico Monarca, quien manifestó cuan agradable le era la 
grande obra de caridad que se intentaba, expidiendo un real decreto 
para que se aplicasen á esta obra 24,000 reales de la Cruzada. Núes- 
49 



— 386 — 

tro P. Rmo. nombró por redentor al R. P. H. Fr. Pedro Ros-Valle, Co- 
mendador de Cartagena, para que con su compañero pasase á Oran, 
usando de los disfraces, trazas y mañas convenientes para el buen éxi- 
to de la expedición. 

El P. Ros-Valle, obediente y resignado, fletó una embarcación fran- 
cesa, y vestido de marinero, para no ser conocido ni de los corsarios 
de Argel ni de los moros de Oran , llegó á este puerto , dio cuenta de 
su llegada y pretensión , y venció las grandes dificultades que se 
presentaron entre sustos y angustias de ser descubierto de aquellos 
bárbaros, pues peligraba su vida y la pérdida del caudal de la reden- 
ción. El P. redentor deseaba rescatar á todos los infelices cautivos de 
aquella ciudad, y para esto tenia permiso para empeñar todos los bie- 
nes de la Orden de la Merced; pero el bárbaro Rey ó Gobernador solo 
quiso vender 26, prometiendo que otra ocasión vendería mas. Envista 
de esta resolución el P. Ros-Valle se embarcó con los, 26 cautivos, y el 
dia 4 de mayo de 1731 llegaron á Cartagena, y de allí pasaron á Ma- 
drid, donde fueron recibidos con ia mayor alegría y caridad, acom- 
pañándolos en procesión el dia 30 del mismo mes. 

La alegría que experimentaron estos infelices cautivos al verse li- 
bres, no puede describirse ; pues de los 26, 44 hablan arrastrado las 
cadenas del cautiverio veinte y cuatro años. Costó este rescate 8,i89 
pesos fuertes. 

ai 7. . 

Redención en Marruecos de 75 cautivos en el año 1737. 

Esta redención halló tantos estorbos en su negociación, que sin la 
autoridad y prudencia del señor Marqués de Antin, jamás hubiera te 
nido feliz resultado. Se empezó en el año 4732, por las noticias que 
se recibieron de Mequinez, de que el Rey, que estaba entonces en el 
trono, se hallaba en bnena disposición de dar libertad á los cautivos 
cristianos ; lo que obligó al Conde de Maorepas, Ministro de Francia, á 
dar orden de parte del Rey á los Padres de la Merced y de la Trinidad 
para marchar á Cádiz con los fondos disponibles para la redención. Obe- 
decieron luego los redentores elegidos, poniéndose en camino llevando 



— 387 — 

riquísimos presentes para el Rey de Marruecos; pero llegados á Cádiz, 
como no podía contarse con la palabra de aquel bárbaro Rey, se pa« 
saron tres anos enteros en diferentes viajes y negociaciones, sin resul- 
tado alguno, y en vista de que todo el pais estaba ardiendo en guerra 
civil por disputarse la corona dos hermanos, se juzgó no ser prudente 
pasar al África, para no caer en manos de alguno de los partidos be* 
ligerantes, á riesgo de perderlo todo ; y después de haber permanecido 
por espacio de dos meses á bordo de un navio sobre la Barra de Salé, 
expuestos á todos los peijgros, sin adelantar cosa alguna, pidieron á la 
Corté el permiso de retirarse hasta concluida la guerra ; lo que les fué 
concedido en setiembre de 4736 ; pero el P. Fr. Resplandy, redentor 
Mercedarib, oprimido de trabajos y fatigas que su poca salud no pudo 
soportar, murió al regresar á Cádiz el 29 de dicho mes; y habiendo el 
R. P. Fr. Hubaud, redentor de la Merced, y el R. P. Fr. Sergent, re- 
dentor Trinitario, celebrado por su compañero, se embarcaron para 
Marsella. 

La guerra en Marruecos se encarnizó mas y mas, hasta que Muley- 
Abdala, principe muy cruel, fué destronado por las tropas de los ne- 
gros, colocando en su lugar á Muley-Laribe. Este Príncipe, viéndose en 
el trono, pero sin dinero, porque su hermano al retirarse á la monta- 
ña, se llevó todos los tesoros, inclinóse luego á vender todos sus escla- 
vos, á fia de recompensar á los negros, á quienes habia prometido 400 
quintales de plata. Supo todo esto el R. P. Savary, Provincial de la 
Merced en Francia, y envió luego orden al P. Pascual Lacaze que mar- 
chase á Cádiz, y estuviese preparado y á disposición de las órdenes do 
la Corte, para aprovechar la ocasión si se presentaba. Dicho Religio- 
so, lleno de caridad, zelo é inteligencia en esta clase de negocios, pues 
perfectamente habia desempeñado y llevado á cabo dos redenciones, 
obedeció luego, y llegado á Cádiz el día 6 de enero de 4737, escribió 
al momento al Sr. Ministro Maurepas diciéndole t!|ue esperaba sus 
órdenes. La Corte tomó la resolución de enviar una escuadra á cru- 
zar las costas de Berbería , dando el mando de ella al Marqués de 
Antin, Vice-almirante de Francia. La escuadra se halló en sus puestos 
por el mes de mayo, y habiendo el Vice-almirante conferenciado con 
el P. Lacaze, se convenció que tenia poco caudal para el rescate de to- 



— 388 — 

dos los cautivos qae habia en Mequinez : por lo qae escribieron á la 
Corte, y el Conde de Maurepas alcanzó de la piedad del Rey Crístiani* 
simo la suma de 60,000 libras para aumentar los fondos de la reden* 
cion, y coa esta cantidad se hallaron en estado de emprenderla. 

Entre tanto se recibió la noticia que el Rey de Marruecos se habia 
retirado á Mequinez, herido de un brazo en una batalla contra su her- 
mano Muley-Ábdala, que libró á siete leguas de dicha ciudad, y no te- 
niendo dinero para dar á las tropas de los negros, les entregó todos los 
esclavos franceses en número de 75 para venderlos, y que se retuvie- 
sen el dinero que produciría. El Sr. Marqués de Antin tomó á bordo 
al P. Lacaze, y el día 4 1 de agosto salió de Cádiz para la Barra de Sa- 
lé, y alii se hizo el trato ó redención de los 75 esclavos pibr 45,000 
pesos fuertes, sin los presentes ó regalos que ascendían á una crecida 
cantidad, y el dia 25 del mismo mes se concluyó, no sin graves diOcuI- 
tades á causa de la mala fe de aquellos bárbaros; pero el Sr. Marqués 
les habló con tanta autoridad y energía, que les obligó á ceder y guar* 
dar la palabra que habían dado. Poco duró la alegría que causó á to- 
dos el buen éxito de la redención, porque en la misma noche cayó en- 
fermo de calentura maligna el P. Lacaze, y á los cinco dias entregó su 
alma al Criador, á pesar de los cuidados del bondadoso Sr. Marqués. 
Este incidente contristó mucho á dicho señor, quien se encargó con un 
cuidado particular de todos los cautivos, y les condujo á su bordo has- 
ta Tolón, donde llegó el dia 9 de octubre. 

Allí el R. P. Savary, Provincial de Francia, tuvo la honra de sala- 
darle y darle las gracias en nombre de su provincia y de toda la Orden 
de la Merced, y dicho Marqués le hizo entrega de todos los esclavos, los 
cuales al salir de bordo le saludaron con lágrimas de gratitud y entu- 
siasmo, gritando : «Viva el Rey. Viva el Sr. Marqués de Antin. q Lue- 
go fueron acompañados á la iglesia de la Merced á son de trompetas, 
para dar las gracias á Dios de su libertad. Motivo tenían para dárselas» 
porque era grande el beneficio que acababan de recibir ; pues pasados 
tres dias después del rescate, el Rey destronado Muley-Abdala subió 
otra vez al trono, y lleno de rabia y furor por la pérdida de los escla*- 
vos, hizo quemar á los dos judíos que negociaron el rescate, y sacar 
los ojos á su hermano que acababa de destronar. 



— 389 — 
328. 

Redención en Argel de 418 caalivos en el aBo 1738. 

Una de las redenciones inas ruidosas y que mas trabajos y d¡sgus-> 
tos ha cansado á la Orden, fué la que se ejeculó en el año 4738. Enva- 
lentonados los moros desde la toma de Oran^ mas atrevidos y osados 
de dia en día, no había embarcación que no abordaran ni costa que no 
reconocieran, haciendo todos los dias nuevas presas de cautivos. Entre 
grillos gemían en Argel un brigadier, un coronel y varios capitanes y 
oGciaies del Rey de España, y los clamores de estos y otros muchos 
cautivos resonaron en el tierno y compasivo corazón del Mtro. Gene- 
ral de la Merced, quien ardiendo en vivos deseos de arrancar de tan 
penoso cautiverio á tantos beneméritos militares que fueron cautiva- 
dos en servicio de su patria y de su Rey, acudió á S. M. Católica, en 
el año 4735 con el siguiente memorial : 

«Señor.*- El General de todo el Real y Militar Orden de Nuestra 
Señora de la Merced, redención de cautivos, puesto á los pies de Vues- 
tra Majestad, con el mas profundo rendimiento, dice : Que siendo el 
prlppipal cuidado y desvelo del empleo en que Nuestro Señor le puso, 
el promover y practicar las redenciones de los cautivos cristianos á 
que están obligados todos los Rdigiosos de su Orden por su sagrado Ins« 
tituto, expone á la singular piedad de Y. M. los imponderables traba- 
jos que padecen en Argel los soldados y vasallos de Y. M. de todos se- 
xos y edades que han hecho cautivos los infieles después de la toma 
de Oran por las armas gloriosas de Y. M.^ como también la obstinada 
barbaridad con que se han negado á restituir los apresados bajo el pa- 
bellón de las Coronas de Francia é Inglaterra, sin embargo de haberse 
interesado en ello estas dos Potencias : habiendo resultado que muchos 
han renegado y apostatado de nuestra santa fe, temiéndose de no po- 
cos que sigan su mal ejemplo, por hallarse en necesidad espiritual, 
unos grave y otros extrema, y con el peligro inminente de perder sus 
almas. Por lo que á Y. M. suplica, sea servido de facilitar con su real 
licencia el que se haga redención en Argel, según el proyecto y conái- 



— 390 — 

ciones que presentó á Y. M. el año pasado de 4734, y aprobó vuestro 
Real Consejo : y si á este 6n es servido V. M. que se saque pasaporte 
con la expresión délas demás condiciones qocse juzguen convenientes, 
dispondrá el General quépase á Argel el MaeslroFr, Pedro Ros-Valle, re- 
dentor primero por la provincia de Andalucía» y sugeto de los mas há« 
biles y prácticos por las repelidas experiencias y conocimiento de ios 
genios de aquellos bárbaros, de quienes se ha sabido merecer no pe- 
queña confianza, autoridad y estimación, tomando antes las instruccio- 
nes, para que en lodo y por todo se obedezcan y pongan en su debida 
ejecución las Reales intenciones de Y. M., de cuya piedad y amor ásus 
vasallos espera el General esta merced. d 

A este memorial no se dignó responder S. M. basta el 40 de agosto 
del año 4736, y por medio del Sr. Patino, quien dijo : «Que por aho- 
ra no viene en que se haga la redención, por motivos que tiene Su Ma- 
jestad.» Esta tardía y desfavorable respuesta afligió en gran manera á 
nuestro Rmo. P. General que con tantas ansias la esperaba pronta y 
favorable ; pero no por esto desmayó, pues su confianza en Dios era 
grande, y para romper las cadenas de los pobres cautivos, rompió 
cuanto se le opuso, y con suplicas y empeños alcanzó Real licencia 
para hacer redención, que le fué dada á ios 1 8 de diciembre del mismo 
año. Mandó luego nuestro Rmo. P. General al R. P. M. Fr. Pedro 
Ros-Valle y al P. Pdo. Fr. Juan Talamanco, sugelos hábiles y experi- 
mentados en el oficio de redentores, que pasaran á Argel, donde lle- 
garon el 10 de febrero de 4737. 

En la primera entrevista el Bey se negó á tratar de la redención de 
los oficiales : en la segunda prometió dar cuatro de ellos; y pronto los 
Padres se convencieron de su mala fe y sed de oro, pues empezó por 
pedir 40,000 pesos fuertes por cada oficial, y concluyó por pedir 
200,000. Viendo los redentores que con las exorbitantes pretensiones 
del Bey era de todo punto imposible hacer ajuste alguno, se vieron en 
la triste necesidad de reeifibarcarse y volver á España, 

Grande pena tuvieron los redentores por no haber podido alcanzar 
la libertad de los oficiales, la que se les aumentó cuando después de 
tantos pasos, trabajos y fatigas supieron que se achacaba á ellos la cul- 
pa ; mas nuestro Rmo. P. General salió en defensa de los redentores y 



— 391 — 

de toda la Orden, poniendo en manos de S. M. el Rey una extensa car- 
ta ó memorial, manifestándole la verdad de lo ocurrido y el buen com- 
portamiento de los redentores ; y como digna de leerse la pongo á con- 
tinuación : 

«t Señor.— Fr. Francisco Salvador y Gilabert, Maestro General del 
Real Orden de Nuestra Señora de la Merced, redención de cautivos, 
con el mayor respeto á V. M. dice : Que habiendo por largo tiempo so- 
licitado con repetidas instancias la licencia para hacer redención en 
Argel, finalmente se sirvió V. M. ordenar al General, que tratase de 
ella, como se lo hizo saber D. Miguel Fernandez Munilla, Secretario de 
Cámara del Consejo en 48 de diciembre del año pasado 4736. En cuya 
consecuencia mandó el General, que pasasen á Argel dos redentores 
muy prácticos para tratar con el Bey de las condiciones de la reden- 
ción y precios de los oficiales de guerra y soldados de V. M. y de los 
demás cautivos. 

Llegados á Argel los redentores el dia 4 O de febrero de este pre- 
sente año, después de haberse reparado algo de lo mucho que padecie- 
ron en el viaje, fueron á tratar de ajuste; y principiando' por los ofi^ 
cíales^ se negó el Bey á su redención. Repitieron el dia 48 por la ma- 
ñana, y pasada una larga contienda, prometió el Bey dar cuatro de 
ellos á la usanza antigua^ Con este ofrecimiento entraron los redento- 
res en mayor esperanza ; y volviendo el mismo día por la tarde á tra- 
tar, no de los cuatro, que suponían ajustados, sino de los demás, se ha- 
llaron burlados ; porque el Bey propuso entonces cuatro oficiales de 
los mas inferiores, y en lugar del precio según la usanza antigua, co- 
mo lo babia convenido, pidió nuevamente por último precio de cada 
uno diez mil pesos a por otros dos treinta mil pesos por cada uno ; y en 
precio de D. Juan Márquez (se dice que llaman asi al Marqués de 
Valdecañas ) y del capitán Suizo cien mil pesos por cada uno ; como to- 
do ello se justifica invenciblemente por el crédito que se debe á los di- 
chos redentores, y por carta que se exhibe, y escribió al General el 
P. Fr. Alonso Zorrilla, del Orden de la Santísima Trinidad y adminis- 
trador de su hospital en Argel, su fecha de 25 del mismo mes de fe- 
brero de este año : en la cual se contienen otras muchas cosas que ha- 
cen al intento presente. 



— 392 — 

Y por cuanto dicho Padre, presuponiendo la llena relación que ha- 
rían los redentores, no tomó por asunto ei decirlo todo en particular, 
contentándose con la memoria de algunos lances, es preciso añadir, 
que llegó el Bey hasta pedir ducientos mil pesos por cada uno de cua- 
tro oficiales, en cuyo número estaba incluido el Marqués de Yaldeca- 
ñas, y que obstinado inexorablemente en su tema, cerró todo camino 
para volver á tratar de ajuste de los dichos oficiales. Por lo que mira 
á la redención de los otros cautivos, estuvo el Bey propicio, y convino 
en condiciones, no solo favorables, sino también ventajosas á lo que se 
ha acostumbrado. 

Esta es, Señor, la pura y sencilla verdad, que el General, aunque 
no tan prolija ni particularmente, representó en Memorial con que su- 
plicaba se dignase Y. M. darle las órdenes convenientes y de su Real 
agrado para ejecutar la redención. Siendo esto asi, y estando dicho 
Memorial pendiente ha meses, sin que Y. M. se haya servido responder 
hasta aqui ; el General en todo este tiempo no ha podido tomar provi- 
dencia alguna, debiendo suspenderse, y esperar la resolución deY. M. 

Ahora se halla harto mortificado con las voces que falsamente se 
esparcen, de que los redentores Mercedarios olvidarony desatendieron 
á los oficiales : y lo que mas atraviesa su corazón es, que las quieren 
apoyar con la orden publicada en el Consejo, para que los redentores 
Trinitarios pasen á Argel al rescate de dichos oficiales, por decirse en 
ella, que lo dispone asi Y. M. enterado de que ios redentores Merceda-^ 
ríos han tratado en Argel últimamente de un ajuste á favor de ios es- 
clavos ordinarios, sin incluir ios de distinción, que son los oficiales de 
las tropas, que hoy se hallan en aquel destino. De manera que de estas 
expresiones mal entendidas se ayuda la malicia para acriminar á los 
redentores Mercedarios: y es que ciega, como siempre, no acierta ¿ 
distinguir entre haber los redentores tratado y solicitado, en cuanto les 
fué posible, el ajuste de redención de los oficiales, y entre quedar con- 
venido y pactado efectivamente este ajuste. Lo primero estaba de par- 
te de los redentores, lo segundo no dependía de ellos solos, sino tam- 
bién de que el Bey se redujese á entrar en ajuste, y en ajuste que fue- 
se practicable, y tal, que los redentores no fuesen tan temerarios en 
admitirlo, como fué temerario el Bey en proponerlo. 



— 393 — 

Los redeptores, Señor, trataron repelidas veces, y con la mayor 
actividad (como se lleva evidenciado) del rescate y ajuste de los ofi- 
ciales : pero no pudo quedar convenido ni pactado ; porque pidiendo 
el Bey por cada uno de los cuatro principales,, ya cien mil, ya ducien- 
tos mil pesos, y otras sumas inmensas por los demás, los redentores 
no podían consentir en tal ajuste, y si consintiesen, se habrían hecho 
gravisimamenle reprensibles; porque sobre no tener caudales para 
'tales precios, tampoco podian pactarlos en manifiesto perjuicio de los 
cautivos que se hallan en peligro inminente de hacerse moros, cuales 
son los niños, muchas de las mnjeres, y algunos otros. 

Por eso los redentores Mercedarios, aunque trabajaron cuanto fué 
posible para reducir al Bey á términos de ajuste, no debieron ni pu- 
dieron convenir en los desatinados precios que él pedia : y asi con pru- 
dente y cristiano acuerdo dejaron la esperanza de la solicitada liber- 
tad de dichos oficiales al benopcio del tiempo, á otra oportuna ocasión 
y á coyuntura mas propicia para su industria y diligencia , que es el 
medio que en esia materia de redención ha hecho muy frecuentemen- 
te efectivo lo que antes era impracticable, porque la espera y la pa- 
ciencia lo sazonan todo. Asi salió en tiempos pasados de su esclavitud 
D. Martin de Córdoba, Conde de Alcaudete y Gobernador que fué de 
Oran , por el cual en tratado particular pedian los bárbaros cien mil 
pesos, y después en la actual y común redención lo dieron á precio 
moderado. Asi también logró su libertad en otra redención de la lifer- 
ced D. Lorenzo Santos de San Pedro, del Supremo Consejo de Castilla, 
á precio muy proporcionado, aunque.antes se pedian por él otros cien 
mil pesos. Y ultiioamente asi lograron su deseado alivio los muchos 
oficiales cautivos en la pérdida de Oran, por los cuales, tratándose de 
ellos antes y separadamente, pidieron los argelinos precios muy subi- 
dos, y después en la común redención los redujeron y ajustaron al de 
mí) y ochenta y siete pesos por cada uno. 

Y para que Y. H. se entere y satisfaga mas del procedimiento de la 
Orden de la Merced, debe decir el General, que en conversación con 
la Marquesa de Valdecañas, la prometió dar diez mil pesos para la re- 
dención de su hijo el Marqués, para la cual le dijo la Marquesa, que 
tenia ya otra tanta cantidad. Y etéctivamente los redentores que pasa- 
50 



— 394 — 

ron á Argel, llevaron del caudal de redención ocho mil y doscientos 
pesos gruesos con orden de depositarlos, como lo ejecutaron, en manos 
del P. Zorrilla, por si acaso ocurriese oportunidad en adelante de redi- 
mir al Marqués de Valdecañas : añadiéndole, que si se presentase la 
ocasión para lograr su rescate, se empeñase hasta veinte mil pesos á 
nombre del General : y con efecto los ocho mil y doscientos pesos grue- 
sos aun hoy están en poder de dicho Padre. 

Por donde Y. M. conocerá mas y mas el zelo y el cuidado conque 
el General, por todos los modos que le han sido posibles, hasta aquí, y 
en cuanto permite la materia, no solo no se ha olvidado de la reden- 
ción de los oficiales, sino que la ha tenido muy presente y muy en su 
corazón. Por todo lo cual, como Y. M. tiene siempre dos oídos, respira 
el General todavia con la confianza de que su real ánimo se persuadirá 
de la verdad, como la lleva representada^contra las siniestras sugestio- 
nes que han procurado desfigurarla. Y qsi obediente siempre el Gene-* 
ral á las órdenes de Y. M. y afianzado en la inocencia de su Re-- 
ligion, 

Suplica rendidamente á Y. M. se digne declarar, que se ha dado y 
se dá por bien servido y satisfecho de la actividad y aplicación con 
que los redentores Hercedarios solicitaron, en cuanto les fué' posible, 
el ajuste y la redención de dichos oficiales de guerra. Y asimismo por 
la preciosisima Sangre de Jesucristo nuestro redentor, suplica á Y. H. 
se sirva mandar, que cuanto antes se publique líi ya tratada y conve- 
nida redención, para la mayor gloria de Dios, para el servicio y parti- 
cular complacencia de Y. M., para el alivio de los oficiales mismos, y 
para el conocido bien de tantas almas, que puede prudentemente te- 
merse flaqueen en nuestra santa fe con la demasiada dilación de su 
rescate. Asi lo espera de la piedad y cartólico zelo de Y. M.» 

Como era tan manifiesta la calumnia contra los PP. redentores, el 
M. R. P. M. Fr. Alonso Zorrilla, Religioso Trinitario administrador 
del Real hospital de Argel, vindicó el honor de dichos Padres, dirigien- 
do á N. Rmo. P. Mtro. General la siguiente carta : 

«Ave María. — ^M. Rmo. P. — Inexplicable es el gozo que recibimos 
el 10 del presente con la llegada del P. Miro. Fr. Pedro Ros-Yalle y 
del Pdo. Fr. Juan Talamanco, tan celebrada de todos, como deseada. 



— 395 — 

Con ella se sosegó la tempestad y ruÍDa que á todos amenazaba. Res- 
piraron loa bárbaros, los judíos volvieron en si, y los mercantes libres 
se regocijaron, causando sq venida universal alegria, no solo á esta 
ciudad, sino á toda su comarca. 

Después de tres dias de descanso ( muchos mas necesitaban) fueron 
á tratar de ajuste ; y principiando por los oficiales, no quiso esta re- 
gencia condescender á darlos : por lo que se volvieron al hospital des- 
consolados, esperando alguna llamada ; revolvieron los RR. Padres has- 
tia las piedras para lograr su piadoso intento. 

Volvieron el 48, y juzgando lograr su justa pretensión tratando pri- 
mero de los esclavos, á quienes llaman pobres, pactaron condiciones 
tan favorables, que á la» redenciones antiguas jamás se concedieron. 
Volvieron á instar sobre los oficiales, y después de un gran combate, 
ofrecieron cuatro á la nsan^ antigua. Con esta oferta se retiraron no 
muy di^ustados los Reverendos Padres. 

Volvieron por la tarde á tratar, no de los cuatro (suponiánlos ajus- 
tados), de los demás; y se hallaron los pobres Reí igioso5 engañados: 
pues presentando el Gobernador los cuatro roas pobres, pidió por cada 
uno por último precio diez mil pesos : por dos particulares treinta mil 
por cada uno : por D. Juan Márquez y el capitán suizo cien mil pesos 
por cada uno. Duró el certamen toda la tarde, sin conseguir sobre este 
punto los ReverendoS'Padres la mas leve señal de victoria. Considere 
y. P. M. Rma. como estarian los corazones de ios Religiosos, viendo 
semejante exclusión. Decian los oficiales, se fueran sin pasaporte: mas 
hablaron apasionados, sin considerar los daños y ruina espiritual de ni- 
ños, muchachas y mujeres, por quienes los Reverendos Padres dieran 
hasta la sangre, si necesario fuera, para su rescate, y roas en las cir- 
cunstancias presentes. 

No dudo vuelan á esta corte plumas contra los dichos PP. , afirman- 
do no haber sido constantes en la resolución de irse sin pasaporte ; 
mas por ser tajadas con la navaja de la ciega pasión, que trae consi- 
go la misera esclavitud, son dignas de desprecio y compasión. 

Aseguro á V. P. H. Rmá. que no me sorprende el ver que esta 
bárbara r^encia no quiera dar al presente libertad á los oficiales, pi- 
diendo, para excusarse, precios tan excesivos. Sé muy bien, y me cons- 



— 396 — 

ta por inrormacioncs de los primeros Minislros del Gobierno, por los 
Cónsules, por ios cristianos de la Golfa, por algunos particulares judíos 
(estos tieoen la mas culpa), que el no dar los oficiales consiste en que- 
rer guardarlos, por si acaso \iene la armada de España. Ju^an, que 
conservando á los oficiales, no recibirán ellos dado. Varias veces me 
ha declarado todo esto, y más, el mismo Gobernador, prometiéndome 
el 23 de este, daria algunos, coando viniera la limosna, y otros eo la 
inmediata ; y que pudiera el Papaz Ras ir y volver seguro de esto. 

Llegó el P. Miro. Ros rota la cabeza de la embarcación, y lastima- 
do de una pierna. De la cabeza curó luego, de la pierna be padecido 
bastante : mas parte bueno gracias al Altísimo. Desde que entraron en 
esta, han corrido voces, que traían un francés para rq;istrar la du- 
dad, y que el Padre Presentado era espia. Considere Y. P. H. Rma. si 
seria preciso tomar el pasaporte, aunque no fuera favorable. T para 
poner en el pasaporte, que pudieran traer los Padres redentores dos 
criados, hubo grandísimas dificullades. De todo pudieran avisar los 
oficiales á sus amigos: mas no lo harán, por no ceder de su ieaon, 
aunque no ignoran, que los Padres redentores se han expuesto, por in- 
sistir en pedirlos, no solo á que el Gobernador se retractara de todo lo 
concedido, sino también sus personas expuestas ágrapdes Uranias, por 
las voces referidas, que aun permanecen. V. P. M. Rma. perdone k> di- 
latado que he sido, pues la ocasión y asunto lo pide, y me enviará pre- 
ceptos, que obedeceré con tan resignada voluntad como el mas humil- 
de subdito de V. P. M. Rma. cuya vida conserve la beatísima Trinidad 
para alivio de cautivos, en sus mayores aumentos. --Argel y febrero 
25 de 1 737.— Esclavo de cautivos, y seguro servidor de V. P. M. Rma. 
— Fray Alonso Zorrilla. 

En consecuencia de lo que pedia N. Rmo. P. M. General en su res- 
petuoso memorial al Rey, expidió este su Real Decreto de 22 de octubre 
del 4 737, mandando : que lu^o y sin dilación se pusiera la ardua em- 
presa de la redención de los oficiales de guerra á la dirección del Rmo 
P. General y á la inteligencia de sus mas prácticos redentores. Para 
satisfacer los deseos del Rey y los impulsos de la caridad que no ad- 
mile dilaciones, el dia 6 de noviembre se publicó la redención en Ma- 
drid, y partieron luego para Cartagena los redentores P. M. Fr. José 



r- 397 — 

Vázquez de Aldana, P. Pdo. Fr. Jaan Talamanoo^ P. Fr. Francisco de 
San Marcos, Descalzo, por Castilla ; P. M. Fr. Pedro Ros-Valle, Padre 
Pdo. Fr. Diego Espejo, y P. Fr. Agustín del Espiritu Santo, Descalzo, 
por Andalncia ; quienes se embarcaron en aquel puerto el día 47 de 
enero de 4738, y con favorable viento llegaron el 20 al puerto de 
Argel . 

No es posible decir ni ponderar la alegría de los afligidos cautivos 
al ver se les acercaba el suspirado momento de lograr su libertad coa 
la llegada de los redentores. Por todas partes salían á verlos, y fué tan- 
to el concurso de cristianos, moros y judies, que al ir los redentores á 
besar la roano al Bey, los agentes de la autoridad tuvieron que des- 
embarazar el camino á palos. El Bey les recibió con agasajo, y prome- 
tió cumplir su palabra en lo pactado y convenido. Los redentores, á 
pretexto de descanso, tomaron tres ó cuatro días para informarse y 
discurrir el modo de vencer el ánimo duro del Bey, que aun insistía 
en no dar los militares graduados sino á excesivos precios, y retener 
para sus 6nes al Hafqués de Valdecañas. A este fin, con prudente sa- 
gacidad y algún misterio, se esparcieron ciertas voces ó rumores, y 
entre ellas la mas eficaz, que de aquella redención dependía el bien ó 
el mal de Argel, porque si los dueños no daban los oficiales á precios 
razonables, no se dudaba que España les daría uqa severa lección, to- 
mando á la fuerza eta. etc. Estos rumores llegaron a oídos del Bey, y 
le impresionaron lo bastante para ceder de su tenacidad. Con tan fa- 
vorable prevención los redentores se presentaron al Bey, y en su pri*- 
mera conferencia lograron con felicidad desechar los cautivos no es- 
pañoles y los bienvenidos ó desertores, y que se les entregara el nú- 
mero de 84 cautivos españoles, sin violencia alguna, según los pactos 
ventajosos estipulados en el año antecedente entre nuestros Beligiosos 
y aquella regencia. 

Con el favor del cielo, la industria que usaron los Padres les favo- 
reció mucho. Para obligar y apretar á los moros á darles los oficíales, 
los redentores dijeron que no querian marinería carabana ni maestran- 
za de Bailique. Sorprendidos ó suspensos el Bey y los del Gobierno, 
picados de la codicia, tomaron tiempo para pensarlo, y los redentores 
se retiraron. Estos una vez sondeado el terreno, continuaron no dejan- 



— 398-. 

do piedra para mover, con prudencia y secreto, hasta que el Bey se 
rindió al razonable ajuste de los oficiales, y en diversos días y lances 
sin ruido y sin publicidad se hallaron sucesivamente libres de las car- 
retas, cadenas y grillos los sugetos siguientes : D. Francisco Javier de 
Avellaneda, Marqués de Valdecañas, caballero del hábito de Santiago, 
y brigadier de los reales ejércitos ; el caballero Víctor Arregker, coro- 
nel de suizos ¡ D. Tomás Rubiales y D. Francisco Tronooso, capitanes 
de infantería ; D. Matías Lagarrero, teniente ; D. Agustín de Querpoy 
Llano, teniente ; D. Nicolás Diaz de Parea, subteniente ; D. Guillelmo 
Butheler, alférez; D. Francisco de Orusco, teniente ; D. José Dalmases, 
D. Juan Francisco Arguelles y D. Francisco Gadul, cadetes. 

Conseguido lo mas arduo, se prosiguió felizmente la redención de 
los demás cautivos. Rescatáronse tres Religiosos, un Dominico, un Car- 
melita calzado y un Franciscano ; un clérigo subdiácono, 34 mujeres 
y niñas, 40 muchachos y niños, y muchos soldados y demás hasta el 
número de 448 todos vasallos del Rey de España ; entre ellos uno de 
45 años de cautiverio. Coronó esta copiosa redención el rescate de una 
preciosa imagen del Redentor de cuerpo entero, en el paso del Ecee 
Homo, muy devota, por el corto precio de 30 reales de plata. Alegres 
los Padres redentores con el feliz éxito de la redención, y viendo que 
el Bey les mostraba .buen semblante y agrado, le pidieron los cinco ofi- 
ciales que quedaban ; pero les respondió que esa necesario esperar y 
contentar á los particulares del país, con la esperanza de algún lucro, 
y que ya los daHa en la siguiente redención : entonces le instaron que 
á lo menos les aliviara en el trabajo de las carretas y les quitase las 
cadenas, pues convenia que se tratara con alguna distinción y mas hu- 
manidad á los oficiales del Rey de España. Al oír esto, usando el Bey 
de galantería, dijo á los Padres que le pedían lo que él ya quería ha- 
cer por su buena cara, y que lo dejaba á su discreción. Al punto le- 
vantó la voz un Padre redentor, y dijo : «El patrón mandar, que fo- 
rar el ferro y cadena á los oficiales del Rey de España.» Al instante 
el guardián previno el martillo para ponerlo en ejecución, quedan- 
do los pobres con este consuelo, mientras llegaba su suspirada li- 
bertad. 

Al despedirse los redentores del Bey, este mandó á un Jocha les 



— 399 — 

entregara ana larga y hermosa bolsa de damasco que encerraba una 
carta en lengua turca (que traducida al castellano la pondré al fin), 
para el Rmo. P. General de la Merced, en respuesta de otra que le en- 
tregaron los Padres. Despedidos de los demás como pide la urbanidad, 
se embarcó toda la redención, el dia 11 de febrero se hicieron á la mar 
y eH8 tomaron puerto en Cartagena, donde fueron recibidos de todo 
el vecindario con grandes demostraciones de veneración y alegria, cor- 
respondiendo cautivos y redentores agradecidos y dejándoles la resca- 
tada imagen del Salvador. 

De Cartagena pasaron á Murcia, y alli fueron largamente obsequia- 
dos por sus habitantes, y prosiguiendo su camino, el dia 4 6 de marzo 
llegaron á las cercanías de Madrid. En la Corte tenian ya noticia del 
gran triunfo de la caridad conseguido por los Hijos de María santísima 
de la Merced, y el Rey habia manifestado su complacencia á nuestro 
Rmo. P. General por medio de su Secretario de Estado, y todo Madrid 
esperaba ver y recibir á los redentores y redimidos. La gente no 
cabia por las calles, la nobleza ofreció sus coches á los Padres y á los 
cautivos para su entrada, y desde fuera de Madrid hasta á la iglesia de 
la Merced la redención fué saludada con entusiasmo. El dia 48 los re* 
dentores y oficiales redimidos, precedidos de nuestro Rmo. P. Gene- 
ral, pasaron al Pardo á besar la mano á S. M., quien les recibió mani- 
festándoles el mayor gozo por su libertad, y de regreso á Madrid se 
dispusieron para la procesión de gracias señalando el dia 23. Los ma- 
drileños no hablan visto dia mas glorioso ni de mayor concurso, pues 
para la procesión se adornaron con varias y hermosas colgaduras los 
balcones y ventanas de la carrera. A los soldados que abrían la car- 
rera seguian los timbales y clarines, y un redentor con su estan- 
darte sosteniendo los cordones dos oficiales redimidos, venian en dos 
filas los Religiosos Mercedaríos interpolados con los cautivos, y lue- 
go el Marqués de Valdecañas asistido de los Religiosos rescatados y 
acompañado de la nobleza. Un coro de música precedia la imagen de 
nuestro P. San Pedro Nolasco, acompañada de las mujeres y niños cau- 
tivos. La grandeza de España tomó parte en este regocijo, acompañan- 
do al Exmo. Sr. Conde de Saldueña que por devoción llevaba un es- 
tandarte, y concluía la procesión la Santísima Virgen de la Merced, 



— 400 — 

redentora de cautivos, llevada en andas, cuyas cintas tiraban algunas 
cautivas redimidas. La gente lloraba de gozo. 

La carta del Bey decía asi : 

«Abrahin Bey de Argel. — ^Al muy honrado docto entre los doctores 
cristianos, el mas selecto lector de ios libros y Evangelio de San Juan, 
cabeza principal entre los Padres, y el verdadero en la atención el Re- 
verendísimo P. Fr. Francisco Salvador y Gilabert, á quien deseamos 
que sus ñnes sean felices, y que Dios Altísimo le guie al camino de la 
dirección, después de nuestras rogativas, deseamos que goce perfecta 
salud, por virtud de Cristo Espíritu de Dios. Amen. —Todas vuestrascar- 
tas que nos remitisteis las hemos recibido, y quedamos enterados de 
su contenido. En cuanto al rescate de los cautivos cristianos, los que 
por vuestra e6caz inteligencia habéis enviado á nuestra parte con la li- 
mosna el P. Ros y su compañero el B. Talamanco, con su arribo han 
ejecutado las mas vivas y puntuales diligencias en la dependencia de la 
redención de vuestros cautivos, habiendo estado ante Nos repetidas ve- 
ces suplicándonos hiciésemos alguna equidad, la que por vuestra con- 
templación y respeto se hizo, y en todo lo que de nuestra parte pudo 
caber en cada uno de los cautivos, libertándoles por unos precios mo- 
derados, los cuales van muy alegres y gustosos, atendiendo que en 
esta ocasión, por amor vuestro, hemos hecho mucha equidad; y asi 
esperamos que en aquello que pudiereis de vuestra parte, ayudaréis y 
favoreceréis á nuestros cautivos mahometanos ; y asimismo á los Pa-- 
dres que estuvieron aqui^ luego que lleguen á estas partes, si Dios 
quiere, os participarán del buen trato y estimación que se ha hecho 
con ellos. En cuanto á los cautivos que quedan por acá, no hay que te- 
ner de ellos el menor cuidado ó lástima, y bien podéis dar crédito á lo 
que los mismos Padres quisieren confesar, asegurado que en nuestra 
tiempo en todo cuanto se os ofrezca, procuraremos complaceros y agra- 
daros, estando en esta inteligeocia. Y en cuanto á los portadores de es» 
ta el P. Ros y su compañero el P. Talamanco, puedo decir son hombres 
muy diligentes, y que han trabajado con gran zelo en la dependencia 
de vuestros cautivos, siendo de cualquiera manera dignos de premio 
y estimación, los cuales parlen de aquí muy alegres y satisfechos. Y la 
paz. Fecha en 20 de la Luna de Sauval año de 4 1 50.» 



— 40< — 



329. 



Redención en Argel de 4ii cautivos en el aBo 1739. 

Crazaado continuamente el Mediterráneo los piratas argelinos, ha- 
cia que Argel estuviese* siempre lleno de infelices cristianos que arras- 
traban las pesadas cadenas de la esclavitud en las mazmorras y en los 
trabajos forzados : por "esto aunque hicieron en el año 4738 nuestros 
Beligiosos en aquella ciudad una redención de i48 cautivos, quedaron 
tantos que en el siguiente efectuaron otra mas numerosa. 

Nombrados redentores los PP. Vázquez, Talamanco, Ros-Valle y 
Espejo, que ya lo habian sido en la anterior redención, y los Reveren- 
dos PP. Fr. Juan de San Agustin y Fr. Nicolás de la Santísima Trini- 
dad, Descalzos, recibieron del Rey Felipe V y su Real Almirantazgo 
dO moros cautivos para ser cangeadoseon otros tantos soldados espa- 
ñoles, y reunido el caudal pasaron á Argel, donde en el mes de abril 
de 4 739 rescataron 444 cautivos cristianos, entre ellos diez mujeres, 
veinte y eoatronnuchachos y ciento treinta soldados. Todos al pisar la 
tierra de Eepafia floraban de alegría y agradecimiento, pues algunos 
contaban .4 7 y otros hasta 30 años de cautiverio. 

330. 

R6deDCiOD en Marruecos de 60 caativos en ei aSo 1741. 

Aquella divina Madre del Redentor del mundo, que bajó del cielo 
pora la redención de los pobres cautivos cristianos, fué la que movió 
el piadoso corazón del católico D. FeUpe V para enjugar las lágrimas 
de los infelices que gemían en Tánger. Mandó este Rey á su secretario 
que diese aviso al Rmo. P. General de la Merced que pensase y con- 
sultase el modo y los medios para romper las cadenas de sus vasallos 
y soldados que gemían en dura esclavitud. Informóse al instante ei Pa- 
dre General 6obre los caudales y redentores disponibles ; pero hizo pre- 
sente á S. M. que aquella empresa debía si no suspenderse, á lo me- 
51 



— 402 — 

nos relardaráe; ya por no habeir memoria de redención ejecutada en 
Tánger, y ser la tal gente bárbara y no entendía en rescates ; ya por 
hallarse aquel reino trastornado con guerras civiles; ya por los exor- 
bitantes precios qne la codicia del Bajá ó Gobernador pretenderla esta- 
blecer, y sobremodo porque no querían hablar de rescate, si á mas del 
precio ajustado no se diera en cange un moro, lo que era injusto y di- 
ficultoso. 

£n esta ocasión mostró el Rey so gran piedad- y el amor que pro- 
fesaba* á sus vasallos ; pues sin atender á la faha que le harían lo&mo- 
ros en sos galeras por deTenderse de la Inglaterra, dtsposo qoe se pro- 
curase vencer las dificultades y se aliviasen luego sus pobres vasallos. 
A este efecto nuestro Rmo. P. General destinó los redentores, qae 
fueron el P. Pdo. Fr. Juan Talamanco por Castilla y el P.M. Fray Pe- 
dro Ros-Valle por Andalucía, y estos sin pararse en los peligros que 
se temian, pasaron á Tánger y se presentaron al Bajá Hamei Benalí, 
hombre de unos 60 años, que por su industria y caudal era el árbílro 
de Berbería, poniendo y quitando reyes. Sentáronse las bases ó preli- 
minares qoe facilitasen el ajuste de todos los cautivos españoles qoe oo 
fuesen desertores de los presidios, conforme las instrocciones del Go- 
bierno español ; pero como los franceses acababan de ajostar los suyos 
á 600 pesos y un moro, fué forzoso pasar por lo mismo, de lo contra- 
rio cerraban la puerta á todo trato, y los infelices habrían quedado en 
su desgraciada esclavitud. Los Padres visitaron los cautivos y queda- 
ron horrorizados al encontrarlos en una cárcel ó encierro, que llaman 
Canuto, de bóvedas subterráneas, húmedas, fétidas y sin luz, solo á 
propósito para fieras, unos molidos á palos, otros hinchados y desolla- 
dos de pies y manos por la humedad y los grillos, otros rendidos, dé- 
biles, hambrientos y enfermos, sin esperanza de médico ni cirujano, ai 
socorro espiritual. Este gemía, aquel pedia misericordia, y todos llo- 
rando se dirigían á los PP. redentores exponiéndoles las terribles mise- 
rias de aquella cruel esclavitud que no tenia igual ni en Túnez ni eo 
Argel, porque después del grande trabajo del día, á la nocbe los me- 
tían en aquellos calabozos con la argolla al cuello, y todos junios los 
amarraban y ensartaban en una cadena con candado, de lal modo que 
en toda la noche ninguno podía levantarse para sos necesidades, de 



— 403 - 

lo que se originaba un hedor insoportable, y muchos de aquellos infe- 
lices no pudiendo sufrir tanta miseria y tormento, negaban la fe de Je- 
sucristo, y mas frecuentemente que en otras partes de Berbería, con- 
tándose en Tánger mas de 170 renegados. ¡ Qué lástima! ¡qué desgra- 
cia! Aumentaba este cuadro desgarrador el no haber en Tánger ni hos- 
pital donde curarse, ni sacerdote para su alivio y consuelo espiritual. 

Era esto en el año 4740, y en vista de tanta necesidad los Padres 
redentores concluyeron los ajustes con el Bajá y volvieron á España 
informando de todo al piadoso Rey, quien, aunque suspendió por un 
momento su resolución á causa de la peste de Argel, mandó al año si- 
guiente que se pusieran á disposición de los PP. redentores los 60 mo- 
ros necesarios para la redención. Pasaron estos á Ceuta, donde el se- 
ñor Marqués de Casa-Fuerte, Gobernador de la Plaza, les obsequió, 
sacó pasaporte y guardó los moros y el caudal, para que no fuese pre- 
sa de los corsarios ingleses, y el dia 6 de diciembre de 1744 se embar- 
caron y el mismo dia llegaron á Tánger. Hallaron acampado fuera de 
la ciudad á Muley-Elabdi, Rey destronado de Mequioez, que con solos 
treinta caballos había escapado de Muley-Abdala. El Bajá mandó de- 
cir á los Padres, que hasla haber despedido aquel Rey, no estaría para 
ellos. Poco agradó este recado á los Padres por las complicaciones que 
podian sobrevenir, y mucho menos el que íes envió eK4 3, diciendo 
que tenia que salir á campaña y que hasta la vuelta no podía despa- 
charles. Esta dilación aumentaba los gastos de la redención y los temo- 
res de malograrlo todo. Acudieron á su Santísima Madre Haría de las 
Mercedes , y esta redentora de cautivos les abrió un camino. Por me- 
dio de un judio (Abraham Benider), hombre capaz, cortés y que servia 
en estos casos, hicieron entender al Bajá, que en atención á sus ocupa- 
ciones de la campaña, ellos regresarían á Ceuta y esperarian hubiese 
terminado la expedición, y entonces volverían y le darían el parabién 
de la victoria. Parece que esto le hizo fuerza, pues el dia 20 les man- 
dó llamar, y de esta audiencia resultó que hizo cesar todo trabajo for- 
zoso de los cristianos, ya que los moros de cange estaban libres de él 
desde que les sacaron de las galeras ; pero que no podian marcharse 
sin dejar prenda. 

Quedóse un redentor, y el otro partió escoltado por veinte irsoros 



— 404 — 

]>or Ciiminos «speros fragosos y llenos de despeñaderos, que solo Dios 
sabe lo que padeció por las sierras de Anchara, y el diá 23 se hizo car- 
go en Ceuta del caudal y de los moros, y saliendo el mismo día llegó 
á Tánger el 26 contento de verse libre de tantos trabajos y peligros del 
caroioo, y poder ya rescatar á los pobres cautivos del Canuto. Los dis- 
gustos y zozobras no hablan terminado para los redentores. A media 
noche de la vigilia de Navidad de nuestro divino Redentor, una cautiva 
cristiana dio á luz un niño, al que bautizaron luqgo, poniéndole por 
nombre Pedro Nolasco, en memoria de haber nacido para el cielo este 
Santo Patriarca en la misma feliz noche. El codicioso y fanático Bajá 
dijo que los cristianos habían bautizado por fuerza al bíjo de una mora 
en él Puerto de Santa María, y que el niño que habia parido la cristia- 
na le pertenecia, y que se le debia pagar como cabeza distinta. Los 
Padres, que preveian las consecuencias de estas proposiciones con pe- 
sar y disi^gusto, le desvanecieron tales pretensiones, diciendo qucel bau- 
tizar por fuerza al hijo de una mora era una impostura, pues en Es- 
paña á nadie se forzaba á hacerse cristiano. Que el niño que acababa 
de nacer era de persona libre, fruto de una heredad ó persona que ha- 
bían comprado, asi que era ^uyo ; finalmente que siendo todo esto tan 
claro y justificado, esperaban favorable resolución del acertado juicio 
de Su Excelencia. ¡ Cosa singular ! Fuese porque le cuadraran las res- 
puestas, fuese picado de la vanidad de hacerle juez arbitro de la sen- 
tencia, y mas que lodo una providencia del Altísimo ; e$té hombre co- 
dicioso y fiero se calló, recibió el precio de 59 cautivos, y dejó libre el 
niño que completó el número de sesenta, que costaron 38,459 pesos 
fuertes. 

No fallaba mas que la licencia para embarcarse, y la tardanza era 
tormento para los Padres; pues corcia la voz que Huley-Abdala de Fez 
iba á sitiar Tánger. Con estos temores los redentores el 3 de enero de 
4742 consiguieron embarcar los cautivos, quedándose ellos en tierra 
esperando la licencia , que no les fué otorgada hasta el dia 9. Alegres 
tos Padres después de tantas angustias y sinsabores, el dia siguiente se 
embarcaron, y por la tarde llegaron á Ceuta, en donde al estruendo 
de dos cañonazos que disparó la tartana, se conmovió la ciudad, se re- 
picaron las campanas, y la población entera salió á ver ios pr)brcs cau- 



— 405 — 

tivos. El Sr. Marques de Campo-Fuerte no cabía eo si de gozo, viendo á 
los redentores y redimidos que tablos cuidados ie habian costado. To* 
das las autoridades, los oficiales y el pueblo entero, llenos de alegría y 
entusiasmo, salieron á saludar á los Padres y é los cautivos, ofreciendo 
sus casas para descanso de aquellos pcbrecitos, cuyo aspecto movia á 
compasión. 

Señalóse la tarde del dia 43 para la función de acción de gracias. 
Arreglóse la procesión en medio de un numero««isimo concurso, toman- 
do parte la guarnición con sus músicas, las Cofradías con sus estandar- 
tes, el limo. Prelado con el venerable Cabildo, el Exmo. Gobernador 
con el estandarte de la Santísima Virgen , los pobres redimidos y los 
redentores llevando en brazos al niño y á la niña que sacaron de las 
garras de los moros. Llegados á la Catedral, un P. redentor predicó 
dando las gracias llorando, y luego se cantó el Te Deum, Sea todoá 
honra y gloria de Dios y de nuestra Santísima Madre Maria de las 
Mercedes. 

I 331. 

Redención en Argel de 65 cautivos eo el aSo 1750. 

En el año 4750 nuestros Religiosos franceses rescataron en Argel 
65 cautivos, siendo sos redentores el R. P. Fr. Melchor Heraod, Pre- 
sentado en teologia, destinado por el M. R. P. Fr. Nolasco Saintspes, 
Provincial de la antigua provincia de Francia, y el R. P. Houlie, de la 
Congregación de Paris. Lo sucedido en esta redención lo explica el Pa- 
dre Heraud al dicho R. P. Provincial en la carta siguiente. 

«Marsella 22 de octubre de 4750. — Mi muy R Padre: Desde nues- 
tra llegada á Marsella quemi principal deseohasidoel participará Y. R. 
mi feliz regreso de Argel, y el éxito de mi misión. Jamás, M. R. P., 
viaje alguno ha sido tan contrariado en su principio y tan feliz en su 
fin. Antes de partir de esta ciudad arreglé lo perteneciente á esta pro- 
vincia, y luego junto con el P. Houlie nos preparamos para cumplir 
nuestro encargo ; á esto fin fletamos un barco, y preparado todo, el 
dia 7 de setiembre do osle año á las 5 de la mañana nos hicimos á la 



— 406 — 

vela con viento favorable. Nada de particular ocurrió en los primeros 
días de nuestra navegación ; tiempo tario, calmas y tempestades, vien- 
tos favorables y contrarios, que es lo ordinario en el mar. Entre tanto 
¡ cuan lejos estábamos, M. R. P., de pensar en las desgracias que nos 
amenazaban ! Hombres malvados habían resueltodegollarnos para apo- 
derarse del dinero destinado al rescate de nuestros pobres hermanos. 
Después de tres días de acecho y tentativas, la falta de viveres les obli- 
gó á dirigirse hacia la isla de Córcega ; y algunos de ellos están ya 
presos, y el público y Y. R. están ya instruidos de lo ocurrido. 

A esta primera desgracia que nos amenazaba sin saberlo, vino otra 
mas seria. Nuestro capitán conocía muy poco las costas de África, y 
nunca habia visto el Golfo de Argel ; de consiguiente pasó de largo y 
nos echó sobre la costa á 30 leguas mas allá de dicha ciudad. Allí fué 
donde conocimos el evidente peligro en que estábamos expuestos; poes 
toda esta costa es4iabitada por beduinos ó ladrones que viven en barra- 
cas y su ocupación es el pillaje de los barcos que tienen la desgracia 
de aproximarse allí, después de degollar la tripulación, y á nosotros 
solo nos faltaba un poco de viento que nos echase sobre la costa para 
ser presa y victimas de aquellos malvados. En tan crítica situación es- 
tuvimos doce ó catorce dias, faltos de todo hasta de agua ; pero aque- 
lla Providencia Divina que nos había ya librado del primer peligro, de 
una manera visible nos libró también de este, y si ella ha permitido 
estas pruebas, ha sido para manifestar mas gloriosamente su protec- 
ción y reanimar nuestra fe. 

En fin, M. R. P., eH .** de octubre y 25 dias de nuestra salida de 
Marsella, llegamos al golfo de Argel y á la vista de la ciudad, y sin sa- 
ber como, nos encontramos dentro del puerto. Allí acudieron luego los 
cristianos y los turcos, aunque con diversos fines, y en particular los 
franceses, manifeslando todos la mayor alegría, por manera que nues- 
tra entrada en la ciudad nos pareció un verdadero triunfo. 

Serian las once de la mañana cuando desembarcamos, y después 
de mediodía tuvimos el honor de ser admitidos en la presencia del 
Dey. Este principe que parece tener unos 60 años, es tratable, huma- 
no y amigo de los cristianos, mas de lo que acostumbran serlo los de 
su nación. Nos recibió muy bien, nos hizo tomar café, nuestra audiea- 



— 407 — 

cia doró ua cuarto de hora, y nos retiramos á nuestro alojamiento. 
Hasta el i de octubre se pasó en recibir y volver las acostumbradas vi- 
sitas de los Cónsules y particulares de las diversas naciones que habi- 
tan el país. Yo no puedo explicar, M. R. P., la bondad y atenciones de 
M. Boflfú, Vicario apostólico de la misión francesa : él nos hizo una aco- 
gida la mas lisonjera, y nos ofreció su mesa. El es el amigo, el consue- 
lo, el bienhechor de los esclavos sin distinción de patria : él los instru- 
ye, consuela, alimenta y les anima á sobrellevar las amarguras del 
cautiverio ; esto es justicia que se le debe. En dicho 4 de octubre fui- 
mos admitidos á una segunda audiencia del Dey, en la que tratamos 
déla redención. Rescatamos 33 esclavos suyos, dándonos los que le 
pedimos, que oran franceses, y después de algunas discusiones, con- 
venimos en el precio y manera de satisfacerlo. Luego rescatamos otros, 
siendo el primero un Padre Francisco Observante, de la provincia de 
Provence (Francia), que costó 2,000 piastras (4,280 Irancos), los demás 
na4a ofrecen de particular : el número y el precio lo bailará V. P. R. 
en la lista que tengo el honor de mandarle. 

Los demás dias que estuvimos en Argel, los consagramos al rescate 
de los esclavos de vartbs particulares: el precio y los gastos de costumbre 
están marcados en la lista, y contribuimos con 7,000 libras ó francos 
de los 22,000 que ha costado el rescate de M. Ricaud, teniente coronel 
de Antibes (Francia) con su esposa. En fin el 15 de dicho mes conclu- 
yóse la redención. Nuestra alegría. habria sido cumplida, si hubiéramos 
podido romper las cadenas de todos los franceses ; pero á pesar nues- 
tro dos han quedado §un gimiendo en la esclavitud ; uno de ellos, por 
desgracia, se hallaba embarcado en un corsario del pais, y el otro en 
UQ pueblo distante, que por muchas diligencias que hicimos, fué impo- 
sible hacerle venir á Argel. 

Yo no sé concluir esta carta, M. R. P., sin darle una idea del mi- 
serable estado de los cristianos que 'gimen arrastrando sus cadenas. 
Los mas desgraciados son los. que pertenecen al Estado ó Regencia : 
empleados continuamente en los trabajos públicos, sean de mar ó de 
tierra, no tienen mas descanso que el que les da la noche ; expuestos á 
cada instante á ser molidos á palos por la mas lijera falta ; pan negro 
y de mal sabor es todo so alimento. Los baños (ó corrales) donde se 



— 410 — 

que les constaba,) ofrecieron los de la Trinidad en sa anterior reden* 
cien ; ha resuelto Su Majestad, por un efecto de su real piadoso ánimo, 
que por esta sola vez, y sin que sirva de ejemplar ( pues antes bien 
declara de nuevo, que ningún Arráez pueda ser cangeado en tiempo 
alguno), sean entregados los de esta especie, existentes al presente en 
Cartagena, á los redentores de la Religión de V. Rma., á fin de que 
con ellos y los moros y turcos que anteriormente se les tienen manda- 
dos consignar, vuelvan de nuevo, en conformidad de su Instituto, á 
solicitar los rescates que últimamente se le^ frustraron. Y que lo$ üe- 
ligiosos Trinitarios reintegren inmediatamente á los de la Orden de 
F. Rma. no soto veinte y nueve mil y setecientos pesos fuertes, que con 
violencia les tomaron á estos los del Gobierno de Argel, por los mis- 
mos en que quedaron los primeros adeudados en su redención; sino 
que también entreguen mil doscientos y nueve pesos, suplidos por el 
Cónsul de Holanda en aquella ciudad (que aun se deben) por el res- 
cate deFr. Ambrosio Magdonogh, capellán que fué del regimiento de 
Infantería de Hibernia. Y expidiéndose con esta misma fecha las órdenes 
que resultan, asi para la entrega de los Arráeces en Cartagena á los re- 
dentores como en esta Corte á disposición de V. Rma. los caudales que 
se expresan, se lo aviso de la de Su Majestad para su inteligencia y 
cumplimiento en lo que le toca. — Dios guarde áV. Rma. muchos años. 
^— Buen retiro 29 julio de 4731 .-^El Marqués de la Ensenada, 

Alegre N. Rmo. P. Chamochin de Ribera cx>n tan feliz é inespera- 
do despacho, al instante mandó prevenir lo necesario para el s^undo 
viaje. Para mas acierto, dispuso que d P. Pdo. Fr. Juan Talamanco 
se adelantase, y pasase á Argel para ajustar el cange de los Arráeces ó 
moros con los cristianos; pues hay poco que fiar de aquella gente, y 
se llevó una carta del Rmo. P. General para el Dey de Argel, escrita 
en estos términos : 

Exmo. Señor. — El Mtro. General de todo el real y militar Orden 
de la Merced, redención de cautivos, desea á Y. E. salud y buenaven- 
tura. 

Habiendo el piadoso ánimo de nuestro católico Rey concedido, por 
ahora y á nuestra instancia y ruego, todos los Arráeces moros y tur- 
cos de sus faenas para canges con esclavos cristianos ya tratados ó que 



— 41Í — 

se trataren con V. E., asi del común como de particulares, he resuel- 
to se ponga en vuestra presencia el P. Talamanco, para que con clari- 
dad, é interviniendo la autoridad y permisión de V. E., forme distinta- 
mente la lista de los moros y cristianos cambiados ó que se cambiaren, 
y evitar cun eso la confusión que ha turbado el progi;eso de la reden«- 
cion, concluyéndose este negocio á satisfacción de ambas partes, y con 
la Tapa ó Sello de Y. E. que hasta ahora no se ha presentado á nues- 
tro respeto. Asi evacuada esta diligencia, y refrendado el pasaporte, 
partirá inmediatamente la redención, en la que espero de la justicia y 
equidad propias del buen corazón de V. E., que han de venir los Pa- 
dres satisfechos y agradecidos ásu generosidad y buen tratamiento. 

El Señor Dios guarde la cabeza de V. E., y le prevenga para la 
Bienaventuranza. — Madrid y agosto 15 dejl751. — A V. E. desea el 
mayor bien, Fr. Diego de Ribera M. General. — Lugar -}- del sello. 

Con esta carta salió el P. Pdo. Talamanco de Madrid, embarcóse 
en Cartagena, llegó á Argel el dia 4 5 de setiembre, y luego fué admití* 
do á la presencia del Dey, empezando el trato del cange que se conclu* 
yó en 44 de octubre, y embarcándose el 47, llegó el 25 á Cairtagena 
(donde le esperaban los redentores) con la carta ó respuesta del Dey 
para nuestro P. General, que traducida del árabe dice asi: 

«Al Exmo. y electo entre los grandes de los cristianos, el Gene«- 
ral de los Padres en España .=sAl Exmo. y electo en la grandeza entre 
las cristianos el P. General, á quien deseamos la salud, y que sus fines 
sean felices en la dirección ai camino recto por Cristo, Espiritu de 
Dios. Amen. — Hemos recibido por mano del P.> Talamanco su apre- 
cíable carta, y hecho cargo de su contenido en orden de la limosna de 
lo qoe vino de esa parte el dicho P. Talamanco con comisión de ajus- 
tar el cange de los cautivos moros, los que ha vuelto á los pobres infe«- 
lices tan dignos de la conmiseración y piedad vuestra, no obstante ha- 
ber conseguido permiso del Rey para el cambio de los cautivos mores 
que se hallan en aquella parte, con los que tenemos por acá cristianos, 
con igual partido que sean moros ó turcos, que sus parientes y amigos 
darán muy gustosos los cautivos que tuvieren españoles, aunque la 
mayor parte de la gente particular son pobres, y no los tienen : Nos 
los daremos de los del Bailique, conforme la lista que hicieron el di- 



— 412- 

cho P. Talamanco y SQS compafieros ; pue^ todo se compondrá median- 
te Dios; y con la limosna que trajeren, serán cabalmente atendidos y 
volverán con salvamento muy contentos, y tendremos los unos y los 
otros el premio de Dios por la obra tan agradable á sus ojos, y por 
los ruegos de los pobres cautivos, y para este fio es necesario coadju- 
var. Fecha en Argel á 23 de la Luna de Dialcobat, año 4463 (setiem- 
bre de 4664 .)--Nabomad Day, Dominante de Argel. 

Después de 6 días de cuarentena desembarcó el P. Talamanco, en- 
tregó dicha carta, y luego se dispuso sacar los moros de las galeras del 
Rey. Estando todo arreglado, el 5 de noviembre embarcáronse los re- 
dentores en un navio inglés y los moros y turcos en una tartana, la 
cual hasta el dia 8 no pudo salir á cdusa del viento contrario, prosi- 
guiendo su viaje con favorable tiempo; pero el navio tuvo que diferirlo 
hasta al dia siguiente^ y á la mitad del viaje sufrió tal tormenta que 
pensaban perderse; finalmente llegaron á la bahia de Argel el 4 5 por la 
nochk, el 47 quedaron todos desembarcados y el 48 empezó la reden» 
cion que la concluyeron el i de diciembre, embarcándose en seguiday 
desplegando velas para Cartagena. La tartana llevaba 200 cautivos y 
el navio 394, que forman el número de 594. No les faltó tribulación en 
el viaje ; pues padecieron tan desecha tormenta, que la tartana perdió 
de vista al navio, y con pena y trabajo pudo tomar el puerto de Carta- 
gena el dia 8 de diciembre, y desembarcó los 200 cautivos y el P. Ta- 
lamanco que les acompañaba ; pero el navio dio la popa al viento y el 
dia 40 entró en Málaga. Allí hicieron cuarentena, y declarados libres 
el dia 25 se fueron á nuestro convento, saliendo el 26 para Madrid: en 
Pinto se juntaron con los desembarcados en Cartagena, y el 24 entra- 
ron en Madrid solo unos 300, porque á los otros se les había ya man- 
dado á sus casas. La Gaceta de Madrid del dia 4 .* de febrero de 4752 
decía lo siguiente : « Dia 24 de enero próximo pasado se hizo la proce* 
sien de los cautivos rescatados en Argel por las provincias de Castilla 
y Andalucía de Calzados y Descalzos del Real Orden de Ntra.Sra.de la 
Merced, en número de mas de 300 y entre ellos los oficiales de las tro- 
pas de S.M., mujeres, niños y muchachos, yendo interpolados con los 
Religiosos y la real Archicofradía do la Sma. Imagen de la Merced. 
Llevó el estandarte el Sr. Conde de Salducña, Marqués de CastelnoVo, 



— 443 — 

acoropafiado de la -Grandeza y muchos caballeros de la Corte; en cuya 
devota y piadosa función, y en la de la entrada pública que se efectuó 
(con asistencia también de dicha Grandeza) el dia 21 , se experimentó 
el universal aplauso y gozo de este numeroso pueblo y la piedad de 
todos sus individuos.» 

Estos días fueron dias de alegría para N. Rmo. P. General que 
tantos pasos le costaba esta redención, y para toda la Orden que tan- 
tos sinsabores y sacrificios le había costado el romper los grillos do 
aquellos infelices cautivos. 

En Cartagena fueron entregados á los PP. redentores 470 moros 
de las galeras del Rey, los que i8e cangearon (excepto dos que murie- 
ron antes del cange) con igual número de cautivos cristianos ; pero co- 
mo en estos había muchos militares graduados, el Rey les dio 2,660 
pesos para ayuda del cange; los demás cautivos, hasta el número de 
594, entre ellos 42 mujeres y 48 muchachos «y niños, fueron redimi- 
dos con dinero de la redención. Este rescate costó, incluyendo todos 
los gastos de viajes, coilduccion del dinero, de los moros y turcos que 
franqueó S. M. y manutención de los rescatados hasta su despido, 
490,693 pesos fuertes y 7 reales de plata, según la cuenta que llevó el 
P. Talamanco. 

333. 

Redención en Argel do 248 cautivos en el aSo 1751 

Pasados eran algunos años sin que las provincias de Aragón y Va- 
lencia hubiesen podido ejecutar redención alguna : aunque lo intenta- 
ron en 4739, publicándola en Barcelona á S de setiembre, con el rom- 
pimiento sobrevenido entre los Reyes de España é Inglaterra, tuvie- 
ron el desconsuelo de no poder realizar sus piadosos intentos ; pues 
por mas diligencias que practicaron, no pudieron lograr salvoconducto, 
respecto de Inglaterra ; y asi no era prudente exponer los caudales de 
)a redención á un percance, viviendo siempre angustiadas las provin- 
cias, y rogando á Dios para que se dignara abrir camino para ejecutar 
esta obra santa. Llegó finalmente el dia en qjDe se firmó la paz, y los 
redentores de la última redención les trajeron el salvoconducto. 



— 414 — 

Publicóse de nuevo la redención en Barcelona el dia 23 de marzo 
del año 1752 con iodo lucimiento. Llevó e\ estandarte de la redención 
el H. Iltre. Sr. D. Francisco Senmanat, Marqués deSenmanat, Gentil- 
Hombre de Cámara del Rey N. S. etc., llevando los cordones el Exmo. 
Sr. D. Juan Manuel de Senmanat y de Oms, Marqués de Castell-nos- 
rius, grande de Bspaña de primera clase etc., y el M. lllre Sr D. José 
Galcerán de Pinos y de Pinos, Marqués de Barbará etc. Antes de salir 
de la iglesia, el Rdo. P. Pdo. Fr. José Gifreu de la Palma, Prior del 
convento, entregó al Sr. Marqués el estandarte con las acostumbradas 
ceremonias. Hecha la publicación en dicha ciudad por Cataluña, hizose 
igualmente en Zaragoza por Aragón,' en Pamplona por Navarra, en 
Valencia por aquel reino, y en Palma por Mallorca, y salieron los Pa- 
dres redentores, cada cual por su correspondiente territorio á sus ve- 
redas, publicando en los principales lugares la redención, y recogiendo 
limosnas para tan santa obra. Reuniéronse luego en Barcelona los Pa- 
dres redentores, el Rdo. P. M. Fr. José Viia, padre de provincia, con 
su compañero el P. Predicador Fr. Bruño Solanes, por Cataluña; el 
Rdo. P. Pdo. Fr. Francisco de Fuentes, elector general, con Fr. Mar- 
tin Amador, por Aragón, el Rdo. P. M. Fr. Ramón José Rebollida, elec- 
tor general, con Fr. Tomás Gaseó, por Valencia ; y Qetaron dos embar* 
caciones francesas : el patrón de la mayor se llamaba Juan Bastide, y 
el de la menor Gabriel Geli. 

Llegó finalmente el dia tan deseado por los redentores, que fué el 
9 de junio, dia destinado para embarcarse. Por la tarde de dicho dia 
reunióse en la iglesia muchos caballeros y otras personas de buen 
afecto y piedad para acompañar los PP. redentores hasta el puerto. 
Postrados estos á los pies de N. Sma. Madre la Virgen de la Merced, 
el P. provincial Fr. José Gifreu de la Pálmales hizo una breve, elegante 
y tierna plática, exhortándoles á la confianza en Dios, en su Sma. Ma- 
dre, y al mas exacto cumplimiento de aquel heroico acto de candad. 
Los redentores, recibida la bendición de su Prelado, y el ósculo de paz 
de todos los Religiosos, acompañados del P. Provincial, del R. Padre 
M. Fr. Buenaventura Escriba, Prior del convento, y de los caballeros 
y demás personas, se di|igieron al puerto donde reiterados los abrazos 
se fueron á bordo. 



— 415 — 

Aquella noche durmieron á bordo, y el día sigaiente ( 40 de junio) 
se hicieron á la vela : el día 41 avistaron ya la isla de Mallorca, y á 
causa del viento no muy favorable, poco adelantaron basta el dia 14, 
en cuya mañana se dividieron las dos tartanas, tomando la mayor con 
los PP. redentores la derrota bácia Argel y la menor hacia Palma. 
Bizose esta división para no llegar juntas á Argel, según prudentes ins- 
trucciones recibidas de la Corte, y para recoger mil pesos depositados 
en aquella isla para la redención. Aqui fué donde el patrón Gelí al en- 
tregar las cartas de recomendación al limo. Sr. Obispo y al P. Comen- 
dador de la Merced, recibió la infausta noticia de que en Argel ardía 
la peste : asi es que se le dio orden de marchar para ver si alcanzaba 
la otra tartana, á fin de retroceder las dos á Barcelona y no exponer el 
caudal de la redención y las vidas de los redentores. 

La otra tartana teniendo viento favorable, á la mañana del dia 46 
avistó las costas de Argel; pero á causa de la niebla y de no ser muy 
práctico el patrón, no pudieron tomar puerto hasta el 48 por la maña- 
na. Antes de entrar en él la tartana, salió á su encuentro el guardián 
del mismo puerto, y hechas las preguntas de tablilla, les aseguró, min- 
tiendo con el mayor descaro, que el país estaba sano, y sin novedad 
en la salud ; indicando al patrón el modo como habia de entrar en el 
puerto, 'cosa algo difícil, y marchándose al momento á dar noticia de 
ello al Bey. Vinieron luego algunos empleados de aquella regencia con 
orden de que sin retardo se les entregasen todos los caudales de la re- 
dención; á loque el patrón respondió: «Notable prisa y estraño tro- 
peí es ese; pues ¿á qué viajante no se le permite atar la caballeria?» 
Dijo esto el patrón al ver la sed de oro de aquellos moros, pues no le 
dieron tiempo ni para la amarra ni para recoger la vela; sino que sa- 
caron todos los cajones del dinero y puestos en un bote se los llevaron 
en casa del Bey. Estando en esta ocupación, llegó el R. Administrador 
del Sto. hospital, P. M. Fr. Sai^tiago Juárez, lleno de pesar y amar- 
gura, viendo á los PP. redentores en tan funesto y peligroso lance, sin 
poder remediarlo por mas que lo deseara. Era tanta la cautela de los 
moros para que no respirase el secreto de la peste, que el Bey habia 
fulminado sentencia de muerte contra cualquiera que di^se esta noti^ 
cía á los redentores ; y para su cumplimiento el Ministro principal de 



— 416 — 

marina, con otros empleados, se paseaba por la playa, para ahorcar 
al qne quebrantase la orden del Bey. No obstante aquel decreto y el 
peligro de muerte, llegóse dicho P. Administrador al redentor con 
cautela y disimulo, y en latin ( para no ser entendido de los moros) le 
dijo : non possum me explicare. Grande fué el sobresalto del redentor; 
pero mayor su amargura cuando despuesjlamándole aparte el P. Ad- 
ministrador, le dio la infausta noticia de hallarse Argel atacado de la 
peste; añadiéndole que en aquel entonces no hallaba ningún remedio; 
porque los moros tenían el dinero, recobrarlo era imposible, y si se 
volvian quedaba perdido. 

¡Apretado y grave era el conflicto! No podian volverse los redento- 
res por no malograr la redención; ni esperar que cesase la peste, por- 
que no sabian cuando sería : y cuanto mas se entretuviesen, mas ere* 
cidos serian los gastos del flete: se pusieron, pues, en manosde la divina 
Providencia, y levantando los ojos y el corazón al cielo, imploraron la 
protección de aquella divina Señora, bajo cuyo amparo corría d ne- 
gocio de la redepcion, pues suya era la obra y suyo el empeño. Coa 
esfuerzo y magnanimidad desembarcaron pisando aquella tierra en 
donde la peste hacia estragos. 

El citado P. Administrador acompañó los redentores á casa dd 
Bey, en cuya puerta estaban ios guardas sentados al uso del pais, las 
piernas cruzadas, y con un abanico en la mano, compuesto de plumas 
coloradas, amarillas y blancas, y el pié de marfil. No pudieron besar la 
mano al Bey hasta la tarde, pero lo hicieron con el JasAachi ó primer 
ministro. Por la tarde recibióles el Bey con mucho agrado, sentado á 
la morisca y rodeado de sus principales ministros. Sentáronse los Pa- 
dres redentores en un poyo de piedra : tomaron café ; después besan- 
do otra vez la mano al Bey, al primer ministro, al caballerizo mayor 
y al cocinero grande (ceremonias indispensables en las entradas y sa- 
lidas), se fueron, habiendo pedido al Bey licencia para descansar dos ó 
tres días, sin tratar cosa alguna de la redención. 

El fin de esta tregua no era descansar, porque la carida4 es activa 
y no siente cansancio, sino tomar tiempo para informarse de los escla- 
vos de Bailique, de los bienvenidos y de lo demás conducente á la 
redención. E^ta 'determinación fué aprobada por dicho P. Administra- 



— 417 — 

dor y por el P. Fr. Juao Gdideroi), Trinitarios; pues sabian por expe- 
riencia que la precipilacion pi^ los rescates costaba crecidas sunaas y 
muchos disgustos. Los resultados de esta determinación los palparon 
luego ;: porque informados de los bienvenidos y señores, no se vieron 
precisados á redimir ninguno dQ ellos ; por manera que admirados los 
moros de que los redentores conocieran si eran ó no bienvenidos, de- 
cian y repetían: aPapa;^ estar diablo: el Padre es un diablo. 2» En 
aqtiel primar dia los redentores comieron en el hospital obsequiados 
por los PP. Trinitarips, y poi: I9 tarde se trasladaron á la casa llamada 
de la. Limosna, que era su alojamiento. 

El día 49 por la mañana fueron los redentores á casa del Bey, 
para saldar/cuentas de la deuda que las provincias de CastiUa y An* 
dalqcia contrajeron en Ja úUímQ redención. Una vez saldadas, lo res;- 
taiUte del dinéro.fué trasladado á la casa de la Limosna ó de los reden- 
lores. . 

El dia 20 fué de descanso, y por la mañana del 24 se empezó el 
rescate pbr- los cautivos del ¿ey, y se redifnieron 6 de Golfa, ocho de 
Cocina y los demas.de Bailique, con los cuales volvieron los redentores 
á la casa de la Limosna, donde con alegría y alborozo les quitaron los 
grillos to señal de libertad. Se alearon npucbo los PP. del hospital 
de ^te primer paso-tan feliz ; pues quedarpn admirados de la liberali- 
dad del Bey. Los días 22 y 23 se redimieron los esclavos llamados 
Aguaytes, que -son los de* los señores principales, á cuyas casas van 
los redentores. Con estos señores poco hay que arreglar y discutir, 
porque ellos mismos se hacen el precio. El Jasnachi les obligó á tomar 
nueve caotívoBrá iOO pesos fuertes. 

El 24 empezaron los moros á traer esclavos á los redentores, pré- 
vioiel pregón del dia antecedente: pero viendo que no se ofrecía mas 
que 80 pesos* por esclavo, no quipjeron soltar ninguno. Lo mismo su- 
c^ióea el dia 25, apesar de ofrecerles 425 pesos fuertes, y como los 
redeniore$ no querían bienvenidos, sino gente cogida en el mar, á 
ninguno redimieron. £1 dia 26 rescataron algunos á 440 y á 460 pe- 
sos foertesi, y en los dias siguientes continuó el rescate, dando (60 y 
200 pesos por cautivo. Viendo los redentores que aumentaba la sed de 
oro en los moros, suspendieron el rescate en los días 4 y 2 de julio, 
53 



— 418 — 

á prelesLto de escasearles el dinero. Finalmente el dia 6 conclaydse el 
rescate, quedando redimidos 248 cautivos, algunos de ellos á 9SÚ pe- 
sos por circunstancias especiales. Debe aqui notarse la singular pnn í- 
deticia de Dios y asistencia de N. Sma. Madre, que ardiendo aqudia 
ciudad en peste, no alcanzó el contagio ni á los redentores ni á oíngoa 
redimido de los que se reunieron en la casa de la Limosna ; por ma- 
nera que los tres redimidos que murieron en Argel de la peste y tres 
que enfermaron en el Sto. hospital, no estuvieron en la casa de W Li- 
mosna, sino que les cogi¿ fuera de ella, estando sanos cuando los re- 
dimieron. Nada hay que eslrañar, pues casa, redentores y redimidos 
estaban bajo la protección de ía Madre de las Mercedes. 

En la miéma tarde del dia 6 fueron los redentores á despedirse dd 
Bey. Habiendo dias antes llegado el patrón Geli con su tartana, es- 
tando aprontadas las dos embarcaciones, y tomado cada uno de los 
redimidos su Tiscara ó' papel de rescate para no ser detenidos en las 
puertas muy de mañana, fueron á besar la mano al Bey, despidiéndose 
cariñosamente de los PP. del Sló. hospital, y puestos los redimidos en 
fila con los redentores, se dirigieron al puerto. Al llegar á él, volvie- 
ron á contar los redimidos, y descontando á una mujer con so hijo, 
que se quedaban en Constanlina, los tres muertos y los tresdd hos- 
pital, hallaron solo 839', y preguntando por el que faltaba, supieron 
que habia renegado. Esta noticia fué muy sensible para los redento- 
res, no solamente por haber malogrado 260 pesos que costó el rescate 
de aquel infeliz ; sino también por la desgracia de aqueHa pobre alma 
que para mantenerse en la fe, no le babian bastado dos redenciones, 
la de Jesucristo con el precio de su sangre, y la de Mana Sma. con los 
afanes y trabajos de sos hijos. 

Tomaron pasaporte para los 239 que se hallaban presentes, sanos, 
robustos y alegres; y repartidos en las dos embarcaciones, se hicieron 
á la vela el dia 7 á las 8 de la mañana, dando gracias i Dios y á sq 
Santísima Madre por el feliz éiiito de la redención y haberles librado 
de la peste. 

El dia 4 1 al despuntar el sol vieron las costas de Garraf y el casti- 
llo de Monjoich, y á las nueve y media llegaron á tiro de canon de 
aquella fortaleza. Es indescriptible el contento y alaria que cansóla 



— 4i9 — 

llegada de la redención, no solo á lo6 que venían, sino á toda Barceio* 
na» y en especial á los Religiosps de la Merced por ver restituidos á su 
convenio á los que 32 días antes abrazaron tiernamente en el mue- 
lle. Hubo repique de campanas y Te Deum ; pero la alegría duró po- 
co, porque habiendo dicho los Padres redentores que tanto ellos como 
los redimidos y tripubcion estaban sanos y robustos sifi la menor no- 
vedad por roas que Argel ardia en peste, la Junta de sanidad y el Ex- 
celeotisimo Sr. Marqués de la Mina, Capitán General de Cataluña, de-^ 
terminaron que las dos embarcaciones pasaran á Marsella para hacer 
cuarentena, por no haber en Barcelona laacareto alguno. Diéronse á las 
embarcaciones tas provisiones que pidieron, en particular pan, por ser 
el de Argel muy des^b^do, y se hicieron á la vela el 42 por la noche, 
quedando los redentoresy Religiosos del convento consternados por aquel 
golpe inesperado. Los Religiosos redoblaron sus súplicas, y los redento- 
res alentados con la confianza en nuestra Sma. Madre, experimentaron 
su especial protección; pues á pesar de estar tanta gente metida en la esr 
trechez de dos embarcaciones, y en el tiempo mas riguroso del verano, 
no llegó á enfermar ninguno, y se vieron libres de la recia tempestad 
que sulrieron en el Golfo de León en el que estuvieron á punto de per* 
derse. El día 1 5 á las 44 de la noche llegaron á Marsella, y el 1 8 se les 
admitió á cuarentena después de mil debates que tuvieron entre si las 
autoridades de Marsella, opinando unos que se admitiesen y otros que 
se les negara la entrada. 

Fueron muchos los trabajos y privaciones que padecieron en la 
cuarentena redentores y redimidos. Al día siguiente de entrar en ella 
murió Mariano Pasqual, y el 23 Jaime Verdial, y aunque los restan- 
tes estaban sanos, la zozobra aQigia á todos. No estuvieron ociosos los 
Padres redentores durante aquel tiempo; por la mañana enseñaban 
la doctrina cristiana á los redimidos, y por la tarde el R. P. M. Fray 
José Vita, rezado el Rosario, les hacia una plática : celebraban la misa 
todos los diasen el oratorio, y los redimidos confesaron y comulgaron 
muchos dias, en particular el 15 de agosto, fiesta de la gloriosa Asun- 
ción de Maria santísima. El dia 49 fueron visitados por médico y ciru* 
jano, y hallándoles enteramente sanos les dijeron en alta voz: «Sanos 
estáis todos, estad alegres.» Durante este tiempo recibieron los Padres 



— 420 — 

redentores del limo. Sr. Obispo de Marsella y de varios nobles señores, 
011 particular de D. Baltasar Lombahlon, repetidas pruebas de buen 
afecto y galantería; no obstarle parece que el cielo quiso probar de 
todos modos la paciencia y fortaleza de los riedenlores, pues esiaodoen 
el lazareto se les intimó la orden del Ministro áe Marina, que sin entrar 
en Marsella debían volver á España por mar. Esta inesperada noticia 
causó mu(5ha pena á los redentores, pues ¿-mas de io mucfao que ha- 
bían padecido por el mar, sabían el grande peligro que corrían por an« 
dar en corso cinco bergantines, y un navio de moros ; asi es que ayu- 
dados y animados por buenos señores, y en particular por dicho señor 
Lombardon,, escribieron á Paris, y el Ministro revocó la orden. No fué 
este soló el favor que alcanzaron de la nación francesa ; pues según el 
reglamento de sanidad, los gastos de fumigaciones, manutención de 
guardianes, visitas de médico y cirujano, importaban la crecida suma 
de 4 ,488 pesos ; pero fueron tan generosos que se contentaron con f 00 
pesos. 

El dia 26 á las ocho de la mañana salieron en procesión todos los 
redimidos ; un cautivo llevaba el estandarte de la redención, seguían 
de dos en dos los demás, siendo la última la mujer redimida dando 
la mano á su hijo de seis años de edad y teniendo en sus brazos una 
nina de pecho, y cerraban la procesión los redentores con palmas en la 
roano. Al llegar k la iglesia del convento de la Merced cantóse el Te 
Deum, y luego la misa de la Virgen en acción de gracias, y el dia 30 
para satisfacer la piedad y devoción de los marselleses, se hizo otra 
procesión por el mismo estilo que la anterior, siendo innumerable el 
concurso que asistió á verla. 

Después de algún descanso, el 3 de noviembre salieron de Marsella 
y piernoctaron en la ciudad de Aix, siendo recibidos con mucha ale- 
gria : el 8 llegaron á Montpeller, alojándose en el grande convento de 
la Merced, cuyos Religiosos los recibieron con la mayor caridad : el 4( 
pernoctaron en el de la ciudad de Beziers, y el 44 llegaron á Perpiñan, 
en donde era tanto el deseo que se tenia de ver aquella atribulada re- 
dención, que para satisfacer la piedad délos ñeles fué preciso detener- 
se un dia y hacer una procesión que, saliendo del convento de la Mer- 
ced, vbitó la Cutedral^cn la que predicó d Rmo, P. Prior del<!onveato 



— 424 — 

de Agustinos. Goniinaaron los cautivos su camino, y por todas parles 
fueron' objeto de la generosidad y caridad de los fieles, particularmen- 
te en Figueras y en Gerona. Por fin á las 3 de la tarde def día 21 de 
noviembre Hegaron á Barcelona, y se detuvieron delante un altar de la 
Virgen que se habia levantado en la Esplanada. Reunidos con la pro- 
cesión que, salida del convento, debía recibirles al pié del mismo al- 
tar, después de baber vestido el escapulario, dado una vela , un rosa- 
riby una estampa de la Virgen de la Merced á cada cautivo, se puso 
en marcha la procesión, yendo delante los timbaleros, el pendón y 
cofradia de tejedores, seguía el pendón de* la obra, la Comunidad de 
Padres Mercedarios interpolados con los cautivos, el estandarte de la 
redención llevado' por los mismos caballeros que cuando se publicó, 
otro estandarte llevado por los cautivos, la Virgen Sanlisima de la 
Merced llevada en andas, comeen triunfo, por cuatro redimidos, y 
la mujer redimida con el niño en la mano, atrayéndose las miradas y 
lágrimas de ternura de los concurrentes. Detrás del gremial iban los 
Padres redentores con báculo y sombrero en traje de camino. Discur- 
rían por la procesión cuatro Padres Mercedarios recogiendo de la pie- 
dad de los fieles limosnas para la redención. Al llegar á la porteria del 
convento encontraron al limo. Sr. D. Manuel López de Agutrre, obis- 
po de la misma diócesis, ante el cual se arrodillaron los redimidos, be- 
saron su msino y juntos con Su Iluslrísima entraron en la iglesia. Des- 
pués de dar gracias á nuestra Santísima Madre, se les sirvió una buena 
cena en los claustros del convento, en el que fueron alojados. Habién- 
dose celebrado una solemne fiesta en la Catedral el dia 25, marcháron- 
se los Padres redentores á sus provincias, y se ilevó cada uno su por- 
ción de cautivos. 

Tales son los sucesos, obra de la diestra del Altisimo y de la pro- 
tección de su Santísima Madre ; y para convencernos de ello, hagamos 
las siguientes reflexiones, y concluyo. Los redentores salieron de Barce- 
lona y llegaron á Argel ignorando que alli la peste diezmara sus habi- 
tantes ; y es que la Virgen quería la redención, pues á haberse sabido 
que habia peste, no se hubiera ejecutado. Mintieron los moros al reci- 
bir los redentores, y se apoderaron del dinero que llevaban ; asi les 
pusieron en necesidad de redimir. Estuvieron los Padres en Argel siem- 



-m- 

pre sanos en medio do ios ardores del contagio. Eo aquella tríbotacion 
hallaron en el Bey agrado y liberalidad. Finalmente si Dios permUió á 
la redención penas, trabajos y peligros en el camiiK), fué, sin duda, pa- 
ra qye fuqra mayor su triunro al llegar á Barcelona y para qae resal- 
tara mas la protección de la Madre de los cautivos, la Virgen de la 
Merced . 

No puedo menos que dejar consignado aqui la especial protección 
de la Santísima Virgen de la Merced que experimentó una pobre cao* 
liva que no pudo ser redimida con los demás en esta redención. Bailá- 
base María Vergerol,con un hijo de 12 años de edad, llamado Ramón, 
esclava del Bey, en Gonstantina, á SO leguas de Argel. Los Padres 
redentores procuraron por todos medios lograr su libertad ; pero todo 
fué inútil, porque el Bey no queria oir hablar de su rescate. Los Pa« 
dres redentores de Castilla en el año 4751 se babian ya interesado á 
favor de esta infeliz esclava, y viendo que no podían conseguir su li- 
bertad, dejaron 4 ,000 piezas de á ocho para su rescate, y los Padres 
redentores de la presente redención añadieron hasta 2,080 piezas que 
dejaron al Vicario apostólico para el mismo objeto. 

Embarcada que fué la redención, se redoblaron los pasos y empe- 
ños para alcanzar la libertad de esta ipfelÍ3, y el día 20 de setiembre 
el Bey de Gonstantina recibió una carta del de Argel á este mismo ob- 
jeto; pero aquel á todos respondió, que no la daria ni á peso de oro. 
La pobre esclava lloraba di^ y noche sin consuelo ni descanso, y vien- 
do cerrado todo remedio humano, acudió con todo el fervor de su alma 
á nuestra Santísima Madre la Virgen de la Merced. La noche del 33 de 
setiembre la pasó sin dormir pensando en la fiesta del dia siguiente. 
¡ Gosa notable ó maravillosa ! á las diez de la mañana del 24, el Bey 
Uama á la pobre esclava, y sin ruego ni súplica de nadie, le concede 
la libertad, dejando admirados y pasmados á todos. Fuera de si de 
alegría la esclava, á las dos de la tarde partió para Argel, donde se 
embarcó para Marsella, y á su paso por Barcelona refirió su prodigio- 
sa redención ; y la relación fué archivada en nuestro convento. 



- 423 — 
334. 

« 

Redención én Tunes de tO cantivos en el aSo 1755. 

Siendo Provincial de la isla de Cerdeña el R. P: H. Fr. José Vaton- 
ga-Cisternes, los Reverendos Padres redentores de aquella isla pasaron 
á Túnez y redimieron 20 cautivos que costaron 9,000 pesos. Esta fué 
la primera redención que hicieron los Padres Mercedarios de aquella 
isla por si solos, después que se separaron de la provincia de Aragón. 

335. 

Redención en Harroecos de 70 cautivos en el aSo 1758: 

En el año 4758 el R. P. Pr. Juan Jaime Aubert, Prior 6j|ector de 
nuestro colegio de París, con el P. Fr. Pedro Jorge, Trinitario calzado, 
pasaron á Marruecos y redimieron 70 cautivos. 

• 336. 

Redención en Marruecos dé 88 cautivos en el aSo 1759. 

Esta redención que por sus muchas dificultades mereció el renom- 
bre de milagrosa, fué por muchos años deseada y solicitada no solo 
por los Religiosos de nuestra Orden, deseosos siempre dé romper las 
cadenas de los pobres cautivos, sino por la bondad y compasión de 
nuestro católico Monarca y sus Ministros. Su Majestad escribió al Em- 
perador de Marruecos, para que entablara negociación sobre éste pun- 
to, y el Emperador ofreció entrar en ajuste, y dio órdenes al Goberna- 
dor de Tánger para que trAara con el Gobernador de Ceuta, y conve- 
nidos los dos, según instrucciones de ambos Monarcas, pudiera ejecu* 
tarse esta obra. 

Hallábase entonces nuestra Orden empeñada en la redención de Tú- 
nez, que á instancia del Papa Benedicto XlYdebia pasar á Roma; pero 



— 424 — 

no vaciló por esto nuestro Rmo. P. Juan Caballero, Mtro. General, si- 
no que determinó se hicieran las dos á un mismo tiempo, pasando unos 
Religiosos á Túnez y otros á Marruecos. No tuvo efecto la redención de 
Túnez, porque los argelinos invadieron aquel: reino, mataron á su Dey, 
saquearon la ciudad y se llevaron á Argel los cautivos. Este incidente 
avivó mas los deseos para la redención de Marruecos ; pero la faifa de 
palabra, mala fe y continuo engaño de los moros retardó la negocia- 
ción basta el setiembre del año 4758, según carta que escribió el Go- 
bernador de Ceuta Sr. Carreño al Exmo. Sr. D. Sebastian de Eslava, 
Ministro de Estado y de Guerra, dándole canocimiepto de que estaba 
ya convenido el ajuste de la redencion^y que debia hacerse bajo el ca- 
ñón de Ceuta. 

El Sr. Eslava, Ministro de Estado, lo comunicó á nuestro Rmo. Pa- 
dre General, quien al momento lo dispuso todo para esta expedición, 
y el día 4 .° de enero del año 4759 llegaron á Cádiz el P. M. Fr. Anto- 
nio MaMel de Artalejo, Comendador de Madrid y redentor por Cas- 
tilla, y élP. M. Fr. Francisoo González Fariñas, Comendador de Cór- 
doba y redentor por Andalucía. En Cádiz estos Padres se encalcaron 
de los 36 moros prevenidos por orden del Rey para esta redención, y 
el 45 de enero llegaron á Ceuta con los^moros y el caudal ó limosna, 
habiendo pasado gran susto en el Estrecho, pues se vieron en el mayor 
aprieto á causa de una galera argelina que les daba caza. Al llegar á 
Ceuta los Padres, luego se convencieron de la mala fe de los moros ; 
pues el Gobernador de Tánger inventaba nievas proposiciones, y ni él 
ni los otros se atenian á lo. pactado. El Emperador llegó á desconfiar 
del Xíobernador de Tánger, y retiró los cautivos á Marruecos que está 
muy tierra á dentro. Añádase á esto que los montañeses se habían re- 
belado contra el Emperador, y como tenían tomador todos los cami- 
nos, los correos ó no pasaban ó tardab^an n^ucho ; asi es que los Padres 
redentores tuvieron que detenerse cuatro meses en Ceuta, angustiados 
cada día mas y mas con el recelo de que habiendo faltado á su prime- 
ra palabra, faltarían á cuantas promesas habían hecho y harían. Para 
comprender las angustias y sinsabores que pasaron los redentores en 
estos cuatro meses, basta decir que llegaba un correo, y el Emperador 
decía que no quería se le hablase de redención ; llegaba otro, y decía 



— las- 
que estaba pronto á concederla y enviar luego los cautivos ; venia otro 
correo; y escribía que no quería entregar los dos tleligiosos de S. Fran* 
cisco que se hallaban esclavos, y á los pocos días escribía que por los 
cuatro capitanes ó patronos de barco cautivos quería 1 ,000 pesos fuer' 
tes, y sobre todo que la redención no debia verificarse en Ceuta (como 
estaba pactado) sino en Tánger* Con estas veleidades se pasaba el tiem- 
po, crecían los 'gastos, aumentaba el temor y desbonsucto, recelando 
ios redentores no les suoettieée- la misma .desgracia que á los Padres 
Trinitarios Descalzos, que habiendo- intentado esta redención en el año 
4754, después de mochos afanes y trabajos, desempeñando con todo 
fervor y zelo so santo Instituto, l^ubieron de volverse con la triste ex- 
periencia de cuan diferente trato tienen los moros de Argel y ios de 
Marraeéos. Desconsolados los Padres redentores, pusieron este negocio 
en manosde la Santísima Virgen, y esta Madre de Mercedes manifestó 
ser suya; la obra; pues después de probada la paciencia y constancia 
desús hijos loe redenlores,^ cuando estos menos lo esperaban, les facili- 
tó elcamino. Movido el Emperador de las instancias de los Padres y 
de los cautivos que clamaban, recelando no se volvieran á España los 
redentores, enviólos a Tánger bajo la custodia de un Alcaide, pariente 
suyo, y de un comerciante dinamarqués quehabi^ de recibir el dinero : 
este pasó luego 6 Ceuta, donde se hallaba un compatriota suyo, comi- 
sionado del Emperador para los ajustes de la redención, y avisados los 
Padres quedaron convenidos en los precios de los cautivos, y en que 
la redención debía hacerse en la bahía de Tánger á causa de estar in- 
terceíptados los.camiBos por los montañeses sublevados. En Ceuta gene- 
ralmente se desaprobó la proposición de pasar á Tánger los redentores, 
por temor de perderlo todo, caudal, moros y redentores; pero estos 
fiados solo en Dios y en nuestra Santísima Madre, y llevados de su santo 
zelo y compasión por los cautivos, no se dejaron vencer de las per- 
suasiones que Ja piadosa amistad sugería para detenerlos. 

Pidieron luego un navio de guerra, y se les concedió una fragata de 
2i cañones y 80 bombres de tripulación, y el día 45 de mayo llega- 
ron los Padres redentores á la bahia de Tánger, y desde la embarcación 
oyeron los clamores y gritos de los pobres cautivos, que temían no po- 
der conseguir su deseada libertad ; pues acababa de llegar un correo 
Si 



-4Í6- 

del Emperador mandando al Alcaide que los gomaba, que tí no ba- 
bian aun Ileg9do los Padrea para hacer la redención, se volviese coa 
loa cautivos á Sale hasta nueva orden. 

El capitán de la fragata y los comerciantes dinamarqueses aconse- 
jaron á los Padres que esperasen, y no saltasen luego á tierra tín re- 
velarles la causa ; pero luego supieron que era, porque el Gobernador 
de Tánger tenia orden del Emperador, que si cogía los Padres eo tierra, 
les obligara pasar á Marruecos y suspendei' la redención, hasta satisfa- 
cer el preoio de los 64 cautivos españoles redimidos en Tangjer m el 
año 1742 por los Religiosos de la Merced, cuyo importe no había lle- 
gado á las manos del Emperador su padre, por haberse quedado ooa 
él el Gobernador de Tánger cuando se rebeló. Atendidas estas noticias, 
se dio prisa al negpdo; tanto que al día siguiente estaba todo termina- 
do, no quedando en aquel imperio ningún español cautivo, y d dia 48 
de mayo, dieron fondo en Algeciras con el mayor gozo y alegria. 

La redención pasó después á Cádiz y A Sevilla, donde fué recibida 
con moeíftras de la nuiyor compasión y alegria, por ver c¡jectttada una 
redención que tenian por imposible. Las lágrimas brotaban de los ojos 
de todos al oir el relato de las penas y trabajos que habían padecido 
aquellos pobres cautivos, afirmando uno de ellos haber visto renegar k 
iOO cristianos. En esta redención alcanzaron la libertad 88 cautivos, in- 
clusos 36 cangeados por otros tantos moros. El importe del rescate, de- 
rechos y conducción ascendió á 59,205 pesos fuertes y 16 reales velloo. 

Uno de estos redentora, el P. M. Fr. Antonio Manuel de Artakgo, 
fué después Mtro. General de toda la Orden, y murió en Vich obispo 
de aquella diócesis el dia 48 de junio de 4782. 
í • • • 

337. 

RedenciOQ'eD Toiiez de M caatívss en el aio 17<$. 

Los Padres Mercedarios de la isla de Gerdena hicieron usa aegos- 
da redención en Túnez, siendo Provincial el R. P. M.Fr. Miguel Guiso. 
Sus redentores en el año 4 763 arrancaron del poder de los infieles 20 
cautivos que costaron 8,000 escudos ó pesos. 






— 427 — 
338. 

IUiddbcio& en Argel de 1401 cautivos en el afio 17ti8. 

El cange y redehtíotíi general, que por especia) orden de S. If . C. 
el Rey D. Carlos lil se cgecotó en Argel desde octubre de 4768 al fe- 
brero de 4769 por laa Ordenes [de la Merced y Trinidad anidas, foé 
sin dada una de las mas numerosas y gloriosas para ambas Reli'* 
giones. 

Tenaces y siempre atrevidos los moros en sus piraterías, en el año 
4768 tenian en Argel un sinnúmero de cristianos gimiendo en la mas 
dura esclavitud. Deseoso el bondadoso Rey de España Carlos III de ali- 
viar y sacar de SQ desgracia á tantos vasallos suyos, expidió órdenes, 
y mandó entregar á los Padres redentores de la Merced 4 ,090 moros 
esclavos suyos paira cangearlos en Argel. Habiendo los redentores, el 
P. H. Fr. Antonio Manuel de Artalqo, Provincial de la Merced, el Re- 
verenda P. M. Fr. Alonso Gano, Provincial de la Trinidad Calzada, y 
el R. P. Fr. Juan de la Virgen, Bx-Definidor de la Trinidad Descalza, 
h6cbose cargo de los moros esclavos, pasaron á Argel, y alli los can- 
gearon por 564 esclavos crístranos, dando dos moros por un cristiano, 
que asi lo exigen frecuentemente aquellos bárbaros. Luego rescataron 
51 5 cristianos con dinero, y 326 á varios particulares en el pueblo de 
Tabasca, entre ellos 7 eclesiásticos, 28 patrones de embarcaciones, 234 
mujeres y niños y 400 soldados ; formando el total de 4,402 redi- 
midos. 

El Rey, como be dicho, contribuyó con 4 ,090 moros esclavos, la 
Orden de la Merced con 457,024 pesos, la de la Trinidad Calzada con 
94,000 pesos, la Trinidad Descalza con 440,650 pesos y la Venera- 
ble Orden Tercera de San Francisco con 80,^820 pesos. 

Con fecha 43 de marzo de 4769, el Gonde.de Aranda dio las gra- 
cias de parte del Rey á los redentores. 



— 428 — 
339, 

Bedencion en Tanez de t8 caativos en el aSo 1776. 

En el afio 1776 el R. P. Pdp. Fr. José Haria Odesla, Vicario Gene- 
ral de CerdeAa, y el R. P. Pdo. Fr. Antonio Loslia, redentores de la 
Merced da la provincia ó Congregación de Gerdeña, redimieron en Ta- 
nez 28 cautivos, entre ellos 8 mujeres y un roochaobo, que costaron 
5,500 escudos ó pesos. 

340. 

RedeoGion en Twez y en Argel de 7& cautivos en el añ^ 1179. 

La última redención que nuestra Orden ha ejecutado, fué la del 
año 1779 hecha por los Pieidres redentores franceses. El R. P. M. Fray 
Domingo Pablo de Villa, doctor en teología y Provincial de Francia, y 
el R. P. M. Fr. Claudio de Chevillard, Vicario General de la Congrua- 
cion de París, Religiosos Mercedarios de gran reputación, con los Canó- 
nigos Regulares de la Trinidad pasaron á Túnez, y redimieron 54 cau- 
tivos, y luego á Argel, donde redimieron 24, restituyéndolos á sus ca- 
sas llenos de alegría y gratitud á sus libertadores. Entre ellos habia 43 
mujeres y 7 niños. 

3il. 

Redenciones particulares en las que se rescataron 330 cautivos. 

• 

A mas del gran número de redenciones generales basta aqui descri- 
tas, que con tanto zelo, caridad y heroísmo han ejecutado los hij^ del 
gran Patriarca Nolaseo, consta en varios instrumentos archivados etx 
nueslro convento de Madrid, que han hecho mochasoltras particulares, 
arrancando de la esclavitud uno ó mas individuos, por exigirlo asi las 
circunstancias. 

En primer lugar, consta de los libros de gasto y recibo de la santa 



— 429 — 

redención de la pirovincia de Castilla, según computo hecho por el Pa* 
dre Fr. Juan Talamanoo, Predicador del convento de Madrid, que los 
rescates de personas particulares, á mas de las redenciones generales, 
hechos por nuestra Orden, hasta al año 4700 llegan á 270 cautivos : 
entre ellos se rescató un Religioso nuestro de la manera que lo descri- 
be el mismo P. Talamaoco. 

«En el año 4696 celebróse Capitulo Provincial en Valencia, al que 
asintió e^ R. P. Fr. Jaime Joan Vives, natural de Uallorca y muy an- 
ciano. Al regresar á su convento de Palma, en alta mar cayó en ma- 
nos de piratas argelinos. Luego que nuestra Orden recibió esta doloro* 
sa noticia, envió á Oran el R. P. Fr. Miguel Pareja, para que desde alli 
agenciara su libertad. Ofreciéronse grandes dificultades; pero todas 
fueron vencidas encomendando el negocio á nuestra Santísima Madre, 
pues á los nueve días de haber escrito á Argel, logróse la libertad del 
cautivo. Embarcóse el P. Vives en un barco turco con pacto de dejarlo 
en tierra de cristianos ; pero sufrieron tan desecha tormenta, que los 
moros perdieron la esperanza de salvarse, y en sus apuros dijeron al 
venerable Religioso, que rogara y llamara en su favor á so Santa Ma- 
ria. Asi lo hizo, y pronto llegó el socorro, pues calmó el viento y sin 
pensarlo aportaron á Arceo, cerca de Oran. Al verseen tierra el an- 
ciano, se entró por peñas y barrancos sin saber donde iba, precipitóse 
en un lodazal del que no pudo salir por mas esfuerzos que hizo : im- 
ploró el patrocinio de nuestra Santísima Madre, y sintió que una mano 
invisible le sacaba de aquel peligro y le ponia en camino seguro. Sa- 
bedor el P. Pareja de su desembarco, salió en su busca y lo encontró 
después de mucho andar en Canastel fatigado y sin pulsos ; y hsjbién- 
dole dado algún refrigerio se fueron á Oran, donde rindieron gracias á 
nuestra Santísima Madre.» 

Varías redenciones particulares se han hecho desde el año 4700, las 
que paso á anotar brevemente por no ofrecer gran interés sus porme- 
nores. 

En el año 4 703 hallábase cautiva Juana Palú, griega de nación, con 
dos hijos y una hija. Supo el Papa Clemente XI el infeliz estado de esta 
desgraciada familia, y á petición de Su Santidad nuestra Orden se en- 
cargó del rescate y los sacó del cautiverio. 



— 480- 

Eslaba en el año 4740 D. Antonio Hosqueira en poder de lo6 mo* 
ros en Argel, y nuestra Orden negoció su rescate, y lo logró. 

Consta en los libros de redenciones que desde A año 4 743 al 474 7 
nuestros Religiosos en redenciones particulares han dado libertad k &0 
cautivos en Tunex, Argel y otras partes de África, sin contar cuatro 
cautivos caballeros de Malla que nuestros PP. franceses redimieron, pa* 
gando por ellos 4 S,000 libras. 

Cautivo se hallaba en Meqninez en el año 4722 D. Miguel Vázquez, 
natural de la Habana ; sus parientes acudieron á nuestros ReKgioGoe, 
quienes se encargaron con gusto de procurar su libertad, y la lo« 
graron. 

En el año 4 750 nuestros Religiosos obtuvieron la libertad del te- 
niente coronel D. Frahcisoo Bkaod con su esposa, que se hallaban cau- 
tivos en Argel. 

También fué redimido por nuestros Religiosos D. Pedro Antonio 
Cortés, que en el año 4752 gemia cautivo en Tetuan. 

Cautivados y llevados á Meqninez los RR. PP. Matías Yillalobos y 
Bartolomé Lucas, Predicadores ó Misioneros, con el Hermano Roque 
Lucas, Religiosos Franciscanos de la Provincia de. Cartagena, nuestra ^ 
Orden en el año 4753 los sacó de la esdavitod. 

En el año 4 75i gemían esclavos en Tetoan el capitán D. losé Joa- 
quín de Guardia, el sargento Francisco' Gómez y Mateo Barralló. Los 
interesados para su rescate acudieron á nuestros Religiosos, quienes 
allanando las muchas dificultades que se ofrecieron, consiguieron su li- 
bertad. 

El valiente capitán D. Vicente Geoto ¿ Go4o fué cautivado y llevado 
á Túnez, y después lo pasaron á Argel, en donde en el año 4758 fué 
rescatado solo por nuestra Orden . 



342. 

Eo tres redenciones en América fueron rescatadas 839 personas, quedándose 
en rehenes el P. P. Fr. Juan de la Concha, Comendador del convento de Ni- 
caragua. 

La caridad de los Hijos de la Merced no se ciñe á la redención de 
los pobres cautivos que gimen y arrastran sus cadenas entre los bár- 
baros mahometanos ; se extiende también á los qoe perdieron su liber- 
tad, y se hallan en peligro espiritual entre infieles y enemigos del nom- 
bre cristiano , ya sea entre herejes, gentiles, bárbaros ó indios. Nues- 
tras primitivas Constituciones, redactadas en el año 1272, dicen «que 
nuestra Religión debe cuidar de que no se pierdan las almas de los 
cautivos, no solo entre los sarracenos, sino también entre los demás 
enemigos de nuestra santa ley ; debiendo estar los Religiosos prontos 
para seguir, disponer, visitar y libertar á los cristianos del poder de 
los enemigos del Orden de Cristo, y si es menester poner su vida, co- 
mo Jesucristo la puso por nosotros.» De suerte que el Religioso de la 
Merced no solo debe quedarse en prenda cuando peligra el cautivo enr 
tre moros y falte el dinero ; sino que no habiendo otro medio para li- 
brar al pobre que peligra, debe entregarse el Religioso en cambio ; cu- 
yo caso puede suceder, aunque el dinero sobi:e y el cristiano no esté 
cautivo en poder de moros sino en poder de otros enemigos. Esto lo 
han practicado siempre y al pié de la letra los Religiosos de la 
Merced . 

Hace dos siglos que habiendo hecho los herejes una invá'sion en la 
provincia de Chiapa, en América, el P. M. Fr. Juan de la Concha, Co- 
mendador deü convento de la Merced de Grapada de Nicaragua, des- 
pués de padecer muchos trabemos y fatigas, vendió los cálices y lám- 
paras de su convento para el rescate de roas de 300 personas, hom- 
bres, mujeres y niños, que habían cautivado los herejes. Asi consta 
de un memorial que presentó á S. M. la Reina D.* Mariana de Austria, 
Gobernadora de España por el Sr. D. Carlos U, el Maestro de campo 
D. Joan Fernandez de Salinas, Caballero del hábito de Calatrava» y 
Adelantado mayor de las provincias de Costa-Rica. 



— 432 — 

A últimos de enero del año 4671 los ingleses, capitaneados por sa 
General Enrique Morgan, tomaron Panamá. Saquearon las iglesias y 
casas, é hicieron prisioneros á cuantos pudieron coger de todas clases, 
sexos y condiciones. Uno de ellos fué el P. Pred. Jubil. Fr. Femando 
Nieto, Comendador de nuestro convento de dicha ciudad^ quien pade- 
ció toda espeeie de trabajos. Conoció este Padre que era imposible li- 
bertar tanta gente sin rescate, y aunque no tenia dinero, lleno de zelo 
y caridad, le pareció estaba obligado á tantear todos los medios para 
cumplir con su Instituto; asi es que no perdonó diligencia alguna po-* 
sible. Habló al General, este lo consultó con los gefes, quienes accedie- 
ron; pero á un-precio muy alto. No se desalentó el Padre, sino que 
redoblando las súplicas y empeños, consiguió que los 40,000 pesos 
que pedían para todos los blancos, se redujesen á 45,000, y quesalie* 
ran seis personas á recogerlos en el plazo de cuatro días, quedándose 
el Padre por fiador ó en rehenes. Los comisionados volvieron no ha- 
biendo podido recoger mas que 12,000 pesos; pero uno de ellos, fue* 
se por miedo, ó por otra cosa faltó á lo pactado, y quien lo pagó fué el 
Padre ó fiador, que lo trataron bárbaramente et) términos que por poco 
le cuesta la vida. No obstante tanto pudieron sos súplicas y el llanto 
de los cautivos, que el General dio libertad á mas de 500 de todos es- 
lados. 

Dado este primer paso, y sosegada la tempestad, el mismo Padre 
Comendador volvió á tantear ei vado para procurar la libertad de los 
restantes. AI principio lo molestaron con palabras y golpes; pero su pa- 
ciencia, actividad y súplicas hicieron que por 5,000 pesos se ajustase 
el rescate de cinco Jesuítas, siete Merced/arios, un Franjciscano, todos 
sacerdotes, y 26 españoles de ambos sexos, y que dichos sacerdotes sa- 
lieran con un guia á recoger el importe, dando diez dias de plazo, y 
quedándose el P. Comendador segunda vez en rehenes. Pasó el plazo 
ó los diez dias, y ni dinero ni sacerdote alguno compareció. Irritados 
lós ingleses se volvieron contra el fiador, y lo trataron tan cruelmente, 
que por un milagro escapó con vida. A los cuatro dias después del 
pla2o, volvió un Padre Jesuita con la noticia, que el dinero estaba reu- 
nido en la isla de Naranjos. Hizose luego la entrega, y se dio libertad 
á los 39 ajustados. 



— 433 — 

Qaedaban en poder del inglés los infelices negros, que también ha- 
bian sido cautivados en número de S97 entre grandes y.chicos. Enfer- 
vorízado de nuevo el mismo P. Comendador, que ya estaba libre, se 
ofreció quedarse por ellos en prenda de los que se ajustasen. Los in- 
gleses consultaron entre si, y resolvieron no admitir la proposición del 
Padre Mercedario, desconfiados quizás del importe, por lo asolado del 
pais, ó porque les pareció que tendrían- mejor venta en otras partes. 
No desmayó el fervoroso y caritativo P. Mercedario con esta negativa; 
muy al contrario, al ver aquellos pobres destituidos de todo humano 
auxilio, redobló sus pasos y ruegos, y finalmente pudo conseguir que 
lo aguardaran por tres días, que procuraría recoger dinero, lo que le 
fué concedido, y se ajustaron por 14,000 pesos. Partió con toda dili- 
gencia y los recogió en Portobello; pero hubo la desgracia que el Cas- 
tellano de S. Felipe ( que no era de los mas capaces ) los detuvo al sa- 
lir del puerto; siendo asi que acompañaba al P. Comendador el capi- 
tán D. Domingo Gondera, uno de los que habían sido prisioneros, y 
presenciado el ajuste. Lo que fué causa; que cansados de aguardar, 
los ingleses se fueron con la presa, quedando aquellos pobres negros 
perdidos, los dueños sin sus esclavos, y sin resultado los esfuerzos del 
P. Mercedario, que deseaba rescatarlos todos, y solo pudo rescatar 
539 en los dos primeros ajustes. 

343. 

Redención en Chile (América.) 

En las tierras sublevadas del Chile, siendo Virey de Lima D. Luis 
de Velasco, Marqués de Salines, se hizo una grande redención por la 
provincia de Lima, cuyo número fijo no tengo noticia, y fueron reden- 
tores el P. M. Fr Juan de la Barrera y el Padre Pdo. Fr. Diego Fer- 
nandez. 



55 



— 434 — 
3ii. 

Redención en Tucuman de América en el aüo 1712. 

En el año 472S en la tierra de Casnati, provincia del Tacoman, se 
hizo una redención de algunos cautivos que se habian llevado los in- 
dios bravos , para la que se destinó por el Gobierno y por la Religión 
al P. Fr. Pablo Enriquez Ñuño del Águila,' Predicador de nuestro con- 
vento de Buenos-Aires. Y no alcanzando el caudal que llevaba para 
pagar los que aportaron, mozos todos, niños y muchachas, que fué mi- 
lagro no hubiesen perecido como otros, dio cuanto llevaba suyo, di- 
neros y ropa, hasta quedarse de medio cuerpo arriba sin mas que el 
hábito á raiz de las carnes. Todo consta de lu información jurídica 
que se hizo en Buenos-Aires. Y para la entrega de otros que se ha- 
bian también llevado, y no pudo conseguir se hubiera quedado en re- 
henes por ellos, que no es poco sacrificio, entre bárbaros quese comen 
la gente. 



CATALOGO DE LOS lARTlRES 

DE LA REAL Y MILITAR ORDEN DE LA MERCED, 



BBDBIfGlOn DE CAUTIVOS. 



Cuna fecunda de mártires de Jesucristo ha sido la Orden de la Mer- 
ced. El R. P. M. Fr. Ignacio Vidondo, redentor que fué en Argel y 
procurador general en la Coria Romanaren su Espejo eatólieo de cari' 
dad, pág. 4 99, dice que, según varios autores a firman,, pasan de 1533, 
y otros escritores aseguran que son mas de 2,000, los Hijos de la Mer- 
ced, I9 mayor parte en cumplimiento de su cuarto voto, que han dado 
su vida por la fe de Jesucristo en tierra de infieles, muriendo en me- 
dio de horrorosos tormentos, esto es, quemados, ahorcados, apedrea- 
dos, despeñados, degollados, descoyuntados, engarfiados, apaleados, 
crucificados ó muertos de hambre en fétidas mazmorras; pero por 
descuido ó modestia de nuestros mayores y vicisitudes Vle los tiempos, 
han quedado en el seno de la oscuridad los venerables nombres y mar- 
tirios de la mayor parte de ellos, por cual motivo solo puedo presen- 
tar este reducido catálogo, 6 sea 463, cuyos nombres y martirios se 
hallan registrados en nuestras historias ó anales. 

Fr. RAMÓN DE CLANES, 
catalán, Protemártir de nuestra Orden; murió asaeteado en Granada, 
año 4235. ( Véase su martirio, número 19.) 

Fb. DIEGO DE SOTQ, 
murió apaleado en Granada el año 1237. ( Véase su martirio, n. 24.) 

SAN SERAPIO, 
murió martirizado en una aspa, cortadak las coyunturas de sus pies y 



— 436 — 

manos, piernas y brazos, y devanadas las tripas en un torno, en Ar- 
gel año 4240. (Véase su martirio^ n. 28.) 

Fr. RAIMUNDO DE S. VÍCTOR ¥ Fb. GUILLELMO DE S. LEONARDO, 
murieron decapilados en Lorca, año 4242. (Véase su martirio, n. 29.) 

Fb. PEDRO DE SAN DIONISIO, 
francés: murió azotado y decapitado en Túnez, año 4347. (Véase su 
martirio, n.3\.) 

Fr. HERNANDO PÉREZ T Fr. LUIS BLANCO, 
el primero castellano y el segundo catalán ; murieron azotados y aho- 
gados en el mar, año 4254. (Véase n. 33.) 

TRES RELIGIOSOS. 
Eslos tres Religiosos acompañafon á S. Luis Rey de Francia en su 
cruzada ó expedición á Tierra santa. Alli sobrevino una gran peste que 
devoró el ejército cristiano ; los moros se rehacieron y batieron á los 
cristianos haciendo grande estrago, y mientras que estos tres Religio- 
sos nuestros, cuyos nombres ignoramos, se las habian con los moros, 
fueron despeñados de una alta torre. Asi lo escribió el mismo Rey á 
N. P. S. Pedro Nolasco desde Paris en octubre de 4 254. 

Fr. TEOBALDO DE NARBONA, 
francés; murió quemado vi vo en Túnez, año 4 253. f F. sil fnarfíríoj n .35.) 

Fr. FERNANDO DE PORTALEGRE Y Fb. ELEÜTERIO PLAZA. 
El primero, de nación portugués, murió asaeteado, y el segundo, 
francés, murió decapitado, ambos á manos de corsarios moros, y echa- 
dos al mar. (Véase n. 36.) 

SaÑ PEDRO ARMENGOL, 

catalán ; los moros lo colgaron en un árbol en Bugla en el año 4266, 
pero salvado por milagro, murió algunos años después. *( Véase su mar- 
tirio, n. 44.) 



— 437 — 

fb. Luis gallo, 

vazcueooe; marió quemado en Marraecos, año 4268. (Véate a. 45.) 

Fb. GUILLELMO DE SAGIANO, 
italiano ; murió apedreado, azotado y quemado vivo en Argel, año 
1270. (Véase n. 46.) 

Ilmo. D. sancho de ARAGÓN, 
hijo del Rey D. Jaime I de Aragón ; murió en manos de los moros cer- 
ca de Martos en el ano 4275. (Véase n. iO.) 

Fb. PEDRO CAMINO, 
francés; murió azotado, asaeteado, -sacados los ojos y decapitado en 
África, año 4284. (Véase n. 56.) 

Fb. ANTONIO VALLES Ó VALESIO T Fb. MATÍAS MARCO. 

El primero, de nación genovés, murió apedreado, y el segundo, 
francés, apaleado y despeñado ; ambos en Túnez, año 4293. (Véast 
n. 64.) 

SAN PEDRO PASQÜAL : 
nació en Valencia, fué obispo de Jaén y cautivo en Granada, donde le 
decapitaron los moros el día 6 de diciembre del año 4300. (Véase 
n. 66.) 

Fb. GUILLELMO FLORENTINO, 

italiano ; murió á manos de los moros, redimiendo en Argel, cerca del 
año 4306. (Véase n. 73.) 

Fb. PEDRO DE SAN HERMANO: 

murió asaeteado en una aspa en Granada, año 4309. (Véase n. 76.) 

Fb. JAIME T Fa. ADULFO, 

inartirízados en Túnez, año 4344. f Véase n. 84 .) 



— 438 — 

Fb. JCAN de ZOROZá Y Fb. JUAN DE HÜETE. 
tnarieroa apedreados en Baza de Aadalucia, año 1314. (Véase n. 83.) 

Fb. ALEJANDEO SICILIANO, 
natural de Sicilia ; murió quemado vivo en Túnez, año 1316. (Véase 
n. 84.) 

CATORCE RELIGIOSOS 
pasaron á Argel á redimir en etaño 1318, y lodos murieron victimas 
de la caridad por sus hermanos. (Véase n. 87.) 

Fb. tomas VIVES, 
valenciano ; después de cinco años de cárcel en Túnez, murió apedrea- 
do, año 1 329. (Véase a. 95.) 

Fa. ARNALDO BÜTSSON Y ONCE COMPAÑEROS . 
murieron en Argel en defensa de la fe de Jesucristo, año 1 334. (Véase 
n. 99.) 

Fa. JUSTINO, 
francés ; murió estrangulado y colgado en un árbol en Granada, año 
1337. íV<?aien. 100.) 

Fb. TEDRO de SANTA MARÍA Y Fb. SIMÓN DE HARO. 
españoles ; murieron azotados y ahogados en el mar por los moros, 
año 1361. fFáisen. 121.) 

Fb. JAIME VALENCIANO, 
murió apaleado en Argel, año 1362. (Véoie n. 123.) 

DOS REDENTORES, 
capturados en el mar cerca de la Isla de Mallorca por piratas moros, 
fueron arrojados al profundo del mismo mar, año 1362. 



— 439 — 

Fb. PEDRO (DE STA. MARÍA] FRANCÉS. 
Francés de apellido y de nación, fué entregado á los muchachos y 
quemado vivo en Túnez, año 4364. (Véa$ejí. 124.) 

« 

DOS REDENTORES 
fueron capturados por los moros en alta mar, y murieron martiriza- 
dos en defensa de la fe de Jesucristo en el año 1393. Asi lo refieren 
nuestros Anales. 

Fb. ARNALDO ARENCHS, 
catalán ; después de azotado murió de un golpe á la cabeza en Grana- 
da, año 4394. (Véase n. 435.) 

. Fb. PEDRO BATETA, 
castellano ; murió martirizado en Almería, año 4397. (Véase n. 436.) 

Fb. GDILLELMO SANS, 
valenciano; murió decapitado en Granada, año 4409. (Véase n. 448.) 

Fb. JUAN DE ESPAÑA. 
En el año 4 44 8 el Rey D. Alfonso envió una escuadra de desem^ 
barco capitaneada por D. Pedro de Moneada contra Argel, y nuestro 
General el Rmo. P. Fr. Bernardo de Plano, destinó para capellán del 
real ejército al P. Fr. Juan de España, varón de mucha virtud y zelo, 
quien trabajó en su ministerio de predicar y confesar á los soldados, y 
al tomar tierra en aquella desgraciada jornada , yendo delante de las 
tropas con un Crucifijo en la mano predicando, fué herido de un fle- 
chazo y murió abrazando la cruz y besando la flecha que le habia 
herido, sin cesar de predicar á Jesucristo hasta que dio el último 
suspiro. Los cristianos no pudieron retirar el cuerpo de este mártir, 
porque los moros se apoderaron de él y le hicieron pedazos. Al saber 
N. 'P. General la muerte de este santo Religioso, con santa' emulación 
decía y repetía : ¡Dichoso Fr. Juan, y desdichado de mi, que no he 
merecido su suerte, y tanto que la deseaba ! (Remon, T. 4 , p. 519. ) 



— 440 — 

Fb. severino, 

francés; manó empalado en Argel, año 1448. (Véase n. 157.) 

Fe. JUAN DE LUNA, T Fb. BERNARDO REBOLLEDO, 

el primero aragonés y el segundo castellano, al pasar al África fueron 
capturados por un corsario hereje, enemigo encarnizado de los cató- 
licos, que se los llevó á Marsella, y alli en escarnio de la fe católica los 
llenó de oprobios é injurias, y murieron á palos, dando-sus vidas por 
nuestra santa fe. (Véase n. 160.) 

Fe. JUAN DE GRANADA, I Fe. PEDRO MALASANCH, CATALÁN, 

fueron martirizados en Granada, el primero degollado y el s^undo 
asaeteado, en el año 1426. (Véase n. 162.) 

Fe. PEDRO DE PERPIÑAN. 

Siendo Comendador de Narbona, en el año 1 427 en Granada le ro- 
baron cuanto traía para redimir, y luego cruelmente martirizado por 
loB moros, dio su vida en defensa de la fe católica. 

Fe. JUAN DE JOSA T Fe. BBLTRANDO DEL MAS. 
Estando estos dos Religiosos en el convento de Arguines, en Valen- 
cia cerca de Segorbe, en el año 4 430 entraron unos moros eo la igle- 
sia para robarla y profanarla, y les mataron porque con buenas pala-» 
bras reprendieron su maldad. 

Fe. JUAN JOVER T Fe. PEDRO ESCRIBA 
murieron asaeteados por piratas moros, que los capturaron en el mar 
en el año 1430. (Véase n. 16S.J 

Fe. GERÓNIMO DE PRATS, 
murió asaeteado predicando la fe en Túnez, año 1 431 . (Véase n. 1 66.) 



— 444 ~ 

Fr. francisco, Fb. mime, Pb. sancho, Fb. JOAN, 
Fr. ALFONSO Y Fb. DIONISIO. 

Estos seis Religiosos, catalanes los dos primeros, portugués el ter- 
cero, castellanos los otros dos y francés el último, en el año 4437 
iban. al Capitulo General convocado en Agramunt, y en el camino les 
salieron los moros de Valencia, los cautivaron y llevaron á Marruecos, 
donde fueron todos crucificados, por confesar y defender la fe de Jesu- 
cristo. 

DOS RELIGIOSOS MALLORQUINES. 

En el año 4 448 estos dos PP. Mercedarios se embarcaron con otros 
pasajeros en Mallorca para Valencia, cuando cerca al fin del viaje fue- 
ron abordados y cautivados por piratas berberiscos. A las amenazas y 
malos tratamientos de los moros hubo algunos cristianos débiles que 
prometieron abandonar su fe. Fué esto una espada de dolor que atra- 
vesó los corazones de los dos Religiosos, quienes dirigiéndose á aquellos 
infelices, con buenas palabras y eficaces razones les fortalecieron en la 
fe de tal manera, que retractando la palabra, manifestaron que prefe- 
rían morir antes que apostatar. Rabiosos los moros, los suspendieron 
pies arriba y echaron al mar : y luego arremetiendo á los dos Merce- 
darios, por haberles quitado aquella presa, los martirizaron arrancán- 
doles la lengua y haciendo pedazos sus cuerpos. 

Fb. JUAN ODÓN MESQUIDA, 
mallorquín ; murió cerca la ciudad de Valencia cortada su lengua y 
apaleado en el año iIkiS. (Véase n. 479.) 

ILHO. D. Fb. GONZALO MERCADER DE QUESADA. 
Este zeloso Prelado vistió nuestro hábito enUbeda ; nombrado des- 
pués obispo titular de Granada, allí en defensa de la fe de Jesucristo 
padeció martirio cerca del año 4450. (P. Pedro de San Cecilio, 
pág, 268.) 

Fb. gil, Fb. LUIS, Fb. PABLO T Fb. JUAN. 
Estos caatro Religiosos, castellanos, en el a&o 4 450 fueron caali- 
vados en diversos días por los moros de Granada y llevados á Fez, en 
56 



— 442 — 

África, y alli por predicar la fe de Jesucristo, fueron martirizados, ar- 
rancadas sus lenguas, corladas sus manos, y degollados. 

Fb. PEDRO, 
catalán : siendo cautivo en Argel, por haber fortalecido en la fea on 
pobre cristiano que estaba á punto de apostatar, los moros lo encarce- 
laron y le hicieroa morir de sed y hambre, en el año 4454 . 

Fa. PEDRO flOFFET^ 
francés; estuvo diez años cautivo en Túnez, donde murió en la cárcel 
de sed y hambre y maltratado, en el año 4452. (Véas^ n. 483.) 

DOS REDENTORES 

cayeron en manos de piratas infieles que los maltrataron y echaron al 
mar en el año 4453. (Véase n. 184.) 

Fa. LUCIO DE SABOYA. 
Saboyano de nación, vistió el hábito en Garcasona de Francia ; cau- 
tivado por los moros, lo llevaron é Túnez, donde sufrió .grandes penas 
y trabajos, de alli lo condujeron á Egipto, donde estuvo 46 años cau- 
tivo, y finalmente después de haberle hecho padecer mucho en Egipto, 
fué trasladado á Constantinopla, en donde confortando á los cristianos 
en la fe de Jesucristo, cuyo Nombre Smo. tenia siempre en la boca y 
en el corazón, después de mil tormentos que le hicieron sufrir los mo- 
ros, lo degollaron en el año 4470. 

Fa. ARNALDO SERRA Y 30 RELIGIOSOS COMPAf«EROS. 
Este Mercedario valenciano; natural de Játiva y Comendador de 
aquel convento, en el año 4492 al regresar del Capitulo General de 
Barcelona con otros treinta Religiosos, fueron capturados por los mo- 
ros de Valencia y llevados á Túnez; alli les tentaron y probaron su fe, 
pero ellos prefirieron todos morir que apostatar; y habiendo corrido la 
voz que los moros cautivos en Valencia habían sido ahorcados, esto 
strvió de pretexto á los tunecinos para encerrar á todos los Religio- 
sos en oscuras mazmorras, y hacerles morif de hambre y sed. 



— 443 — 

Pb. JAIME PÉREZ T Fb. ALFlO DE PALERMO. 

El primero, valenciano, hijo de hábito dejativa, Visitador General 
de Italia y Cerdeña, y el segundo, natural de Palerroo, hijo de hábito 
del convento de Sla. Ana de dicha ciudad, al regresar á España, cum- 
plido su oficio, fueron capturados por piratas moros y llevados á Cons- 
tantiflopla. Alli estuvieron largo tiempo encarcelados y cotidianamente 
atormentados, para que abandonaran su fe j pero ellos constantes siem- 
pre, robustecieron y animaron á muchos pobres cristianos. Visto esto 
por los moros, condenaron á muerte á los dos Religiosos, conducién- 
doles desnudos por las calles y plazas hasta al lugar del suplicio, y en 
todo el camino no cesaron de predicar á Jesucristo con ánimo alegre y 
esforzado ; y clavados en una cruz consiguieron la. corona del martirio 
en el año 1493. 

• 

Fb. OTÓN Ü ODÓN DE TOLOSA. 
Nuestra Orden sabiendo los trabajos que pasaban en Constantino- 
pía Fr. Jaime Pérez y Fr. Alfio de Palermo, ignorando aun su glorioso 
martirio, envió para rescatarlos á este venerable^ Religioso, Conventual 
de Tolosa su patria, hermano del Vizconde de Narbona, tio de la Rei- 
na de Navarra y emparentado con la familia Real de Francia. Este va- 
ron lleno de virtudes, al llegar á Constantinopla, el Sultán Bayaccto II 
mandó meterlo en la cárcel ; pero sabiendo, que era de la estirpe Real 
de Francia, mandó que lo sacaran y lo llevaran á su pi'esencia con cier- 
to acompañamiento de honor, y quejándosele de haber ocultado su 
nobleza, Fr. Otón le respondió: «La nobleza del siglo la dejé para ser 
servidor de Cristo, que es la sola y verdadera nobleza.» — «Asi, pues, 
dijo Bayaceto,yo no soy noble, porque noconozcoá Cristo.» — «¿Quién, 
lo duda? respondió Fr. Otón ; son servidores del demonio todos los 
que siguen los embustes de Mahoma:» y añadiendo luego con gran 
fervor muchas otras cosas en honor de Jesucristo, dándose Bayaccto 
por ofendido, mandó volverle á la cárcel y que le diesen veneno para 
malario secretamente. Sus órdenes fueron fielmente ejecutadas ; el ve- 
neno hizo su efecto, y el invicto soldado de Cristo, hijo de María de la 
Merced, recibió la corona del martirio en hl año 4493. 



— 444 — 

Fa. TEOBALDO Y Sü COMPAÑERO. 
En el año 4i98 este Religioso Mercedario inglés, y sa compañero, 
cuyo nómbrese ignora, fueron roarlinzados en Afríca; el primero 
quemado vivo y el seg4indo asaeteado. (VéasB n. 202.) 

fr. Matías malayktino, 

después de sufrir en Afríca muchos tormentos por Jesiitrísto, foé 
llevado á un monte y precipitado, recibiendo así Ic^ pal^ia del martirio. 
No he encontrado de fijo el año, pero fué á principios del siglo xiv. 

Fe. tomas de NAFOLES Y Fb. ANTONIO TREMÜLLERS. 

Estos dos celosos Mercedarios, el primero napolitano y el segando 
francés (de Tolosa] y doctor en teología^ en el año 4 5i0 llenos de fe y 
zelo por el catolicismo, disputaron con los herejes hugonotes con tan 
sólidos argumentos, que los dejaron sin réplica, y no pudiendo sufrir 
esta humillación, á puñaladas lies dieron la muerte cerca de Mont- 
peller. 

DOS REDENTORES 
Mercedarios, cuyos nombres callan nuestras historias, sufrieron él mar- 
tirio cerca del año 4 550. 

Fb. Juan DE SALAZAR, 
natural é hijo de hábito de Jerez en Andalucía, varón sanio y gran 
predicador, fué enviado al Perú, y alli se dedicó con grande zelo por 
largos años á la conversión de los indios, conviriiendo á innumerables 
que los regeneró para el cielo con el agua del santo Bautismo, y al tnis- 
mo tiempo fundó muchos conventos de nuestro Orden. Estando un día 
en un puebleciio predicando y reprendiendo la fealdad de sus nefan- 
dos vicios á unos indios idólatras, estos lo precipitaron del lugar en que 
predicaba y lo mataron á (lechazos, sellando con su sangre la fe que 
anunciaba, y luego abriendo el cuerpo del santo Mártir, sacaron los 
intestinos y comieron su carne. Sucedió esto en el año 4552. 

Fa. CRISTÓBAL ALCARRÁN, 
andaluz é hijo de hábito del convento de Villagarcia ; enviado al Perú, 



— 4*5 — 

con grande zelo é inmensas fatigas y trabajos reoorrió aquel dilatado 
pais, convirtió muchos á la fe de Jesucristo y construyó templos y con- 
ventos. Predicando un día á los indios y reprendiéndoles la poligamia 
y sus nefandos vicios, no podiendo sufrirlo, á flechazos lo mataron, y 
luego aquellos antropófagos echaron su cuerpo al fuego para comérse- 
lo ; pero bajó una nube del cielo que hizo desaparecer el cuerpo de los 
ojos indios, quienes á vista de aquel milagro, arrepentidos pidieron 
perdón á Dios ; y he aqui que el santo Mártir se les apareció en el aire 
con una cruz en la mano, exhortándoles á la penitencia y al bautismo. 
El milagro de esta aparición ha quedado siempre en la memoria de 
aquellas gentes, y sucedió en*el año 4 554. 

Fr. JUAN DE VARGAS. 

Este venerable varón fué natural é hijo de hábito de Jerez de la 
Frontera en Andalucía. Con su genio apacible, adornado de virtudes, 
se hizo simpático á todos hasta á los indios bravos, á los que fué desti- 
nado para convertirles. En su viaje á la India, les cogió una gran tem- 
pestad, y cuando todos se lloraban ya perdidos, pasó á pié enjuto so- 
bre las encrespadas olas. Causa admiración las muchas almas tanto de 
infieles como de pecadores que reconcilió con Dios, arrostrando peli- 
gros de muerte en las montañas cercanas á la ciudad de Panamá, y 
para robustecer 'la fe en los indios rebeldes, moró largo tiempo entre 
ellos, con grande provecho de sus almas y conversión de muchos pue* 
blos ; pero habiendo el capitán D. Pedro de Ursoa con sus soldados da- 
do una sorpresa á aquellos indios matando á muchos, los que se sal- 
varon rabiosos desahogaron su furor contra Fr. Juan, cubriendo todo 
su cuerpo de saetas, sin que por esto el Santo se inmolase ni dejara de 
predicar. Finalmente le ciñeron una cnerda al cuello y le colgaron en 
un árbol, donde permaneció treinta dias bajo los ardores del sol, sin 
dar el menor indicio de corrupción, al contrario despidiendo un sua- 
vísimo olor. Trasportado su cuerpo al convento de Panamá, es allí muy 
venerado de los fieles por los muchos milagros que obra Dios por su ia- 
tercesion. Sufrió el martirio el año 4556. 



- 446 — 

TRESCIENTOS DOCE RELIGIOSOS FRANCESES MÁRTIRES. 

En el año 4562 ardía en Francia la guerra civil ó de Religión ; pues 
la herejía salida de Alemania habia invadido aquel hermoso reino, y 
para combatir y destruir (si posible fuese) el Catolicismo, llevaba por 
todas partes la devastación, la ruina y la muerte. En su furor daba al 
pillaje y pasaba a fuego y sangre á los católicos y todo lo que les per- 
tenecía, como templos, conventos, casas, etc. 

En el mes de mayo de dicho año cañonearon y se apoderaron déla 
ciudad de Tolosa, y alli robaron las iglesias, rompieron las sagradas 
imágenes, saquearon, los conventos, y los Religiosos unos escaparon, 
otros fueron presos y maltratados, y áalgunos dieron la muerte eo 
odio á la fe católica. 

Orgullosos los herejes recorrieron el Languedoc, sembrando por to- 
das partes la ruina y la muerte, combatiendo á los católicos y desaho- 
gando su rabia particularmente con los Religiosos ; de manera que de 
los de nuestra Orden murieron á manos de los herejes 31 2, esto es, 38 
en el convento de Altarrípa, 4 i en Carcasona, 50 en Malaville, 20 en 
Riscle, 20 en Beziers, 69 en Montpeller, 50 en Cahors, 3 en el colegio 
de Paris y 48 en diversas partes de Francia. Nos refiere la historia que 
al invadir los herejes nuestro convento de Montpeller bajo el titulo de 
Santa Eulalia extramuros, su Comendador, el venerable P. Fr. Luis 
Puell, lleno de zelo tomó un Crucifijo, se puso al frente de la Gomuni* 
dad y exhortándola al martirio en defensa de la fe católica, se presentó 
á los herejes, los cuales se echaron sobre ellos y los pasaron lodos á 
cuchillo. En dicha ciudad fueron asesinados 250 Religiosos de diversas 
Ordenes. 

DOS -REDENTORES. 

Estos dos Religiosos murieron martirizados por los moros, del año 
1562 alise?. fKeascn. 236.) 

Fb. BALTASAR VELAZQÜEZ. 
, Nació en Jerez de la Frontera el año 1 562. Dotado de buen natural 
y siendo de inocentes costumbres, vistió el hábito en nuestro convento 
de su patria, cursó teología en Alcalá, y después el Rmo. P. Geacral lo 
envió á Zaragoza por cierto negocio, dejando sentir en todas partes el 



— 447 — 

bueta olor de sos virtudes. Al querer regresar á Castilla, los Padres le 
advirtieron del peligro á que se exponía en su viaje, por estar el cami- 
no infestado de moros rebeldes, llamados moriscos, hombres desalma- 
dos, salteadores, que robaban y mataban á los caminantes. A lo que 
respondió Fr. Baltasar con toda sencillez : «A estos moriscos que roban 
el dinero á los viajeros; puedo yo presentarme que nada cogerán, pues 
no llevo mas queel Breviario, el Rosario y unos cuadernos de estudio ; 
pero si estos apóstatas de la Religión que abrazaron, blasfeman de ella 
y en odio á ella misma quieren darme la muerte, se cumplirán los de* 
seos que desde niño tengo.» Tomó la bendición,' y rezadas las oracio- 
nes pro iter agenlibus se puso en camino acompañado de uno¿ quince 
viajeros ; y al llegar cerca de un pueblecito llamado La Muela, unos 
salteadores moriscos capitaneados por el bárbaro y feroz llamado Co- 
chuelo, blasfemando de Jesucristo los embistieron, y despojaron de 
cuanto llevaban, y empezaron á maltratarlos. Fr. Baltasar, lleno de 
zelo por la gloria de Dios y bien dalas almas, animó á sus compañe- 
ros á la paciencia y á sufrir la muerte por Jesucristo. Esto enfureció á 
los moros, quienes echándose sobre él, lo hirieron gravemente: enton- 
ces el santo varón levantando la voz y los ojos al cielo dijo : «Testigos 
son los ángeles de Dios, testigos son los hombres que por la gloria de 
mi señor Jesucristo gozoso doy mi sangre.» Dichas estas palabras ca- 
yó en tierra desangrándose. Los bárbaros entre tanto maltrataron é 
'hirieron gravemente á los otros viajeros, y se fugaron. Fr. Baltasar del 
modo que pudo exhortó á sus compañeros al arrepentimiento y confe- 
sión, y habiendo confesado y absuelto á los que aun vivian, formó 
una cruz con dos maderos ó troncos, y abrazándola, besándola y ar- 
rimándola á un árbol, cantando himnos y salmos, entregó su bendita 
alma al Criador. 

Pasaron despuesotros viajeros, y encontraron á Fr. Baltasar difunto 
arrodillado y abrazado con la cruz al pié delárbol, y supieron por 
los que sobrevivieron todo lo sucedido y cuanto babia hecho Fr. Bal- 
tasar por ellos antes de morir. Acudieron luego los del pueblo de La 
Muela, y se llevaron d cuerpo del santo Religioso dándole sepultura 
con toda devoción y respeto, y .venerándolo como mártir. Sucedió esto 
en el año 4 588, y de ello se formó una historia ó romance que con li- 



— 448 — 

# 

cencía del Ordinario se imprimió, y los chiquillos y ciegos la cantaban 
por las calles y plazas. 

fb. francisco RDIZ. 

Este Religioso, natural de la Rioja, fué enviado al Nuevo Mundo 
á la conversión de los indios en el Tucuman, siendo délos primeros 
que llevaron allí la fe de Jesucristo y convirtió á innumerables. Es- 
tando un día predicando en Santacruz de la Sierra, los indios lo echa- 
ron abajo del pulpito, lo llenaron de ultrajes, y á golpes hicieron de 
su cuerpo menudos pedazos, que repartieron entre si para comérselos; 
pero, sucedió, que todos los que comieron de él reventaron ; cosa que 
amedreñió tanto á losdemás, que no solo no hacían mal á los Religiosos, 
sinoquelos respetaban, acariciaban y hospedaban. Murió este mártir en 
el año 4590. 

fr. ldis de la peña. 

Fué natural de Jaén, y enviado á Chile. Siendo Comendador del 
convento de Valdivia, en una ñocha tempestuosa los indios bravos in- 
vadieron el convento, y habiendo convocado á los Religiosos en la igle- 
sia, sumió la sagrada Eucaristía, á fin de que no fuese profanada por 
los enemigos. Tenia aun el copón en sos manos, cuando llegó aquella 
turba de malvados, los cuales asesinaron á todos los Religiosos que es- 
taban orando de rodillas. Conocieron al P. Comendador que acababa 
de sumir la sagrada Eucaristía, lo partieron por medio, le arrancaron 
el corazón que destrozaron á mordiscos, y después de esla muerte 
horrorosa, pegaron fuego á la iglesia y allí fueron quemados los cuer- 
pos de aquellos mártires. 

Fr. PEDRO DE AVENDAÑO. 
Este venerable Padre, natural de Andalucía, en el año 4606 diri- 
giéndose á Roma, al atravesar la Francia se hospedó en casa de un he- 
reje hugonote. Allí se habló de religión ; Fr.' Pedro advirtió al dueño 
el error en que estaba, y lleno de zelo con buenas palabras probó sí 
podia ponerlo en camino de salvación ; pero el dueño y los que allí es- 
taban indignados y furiosos se echaron sobre el Religioso, llenándole 
de injurias é hiriéndole bárbaramente : entonces Fr. Pedro puesto de 
rodillas empezó el Credo en alta voz, sin immutarse á pesar de sus 



— 449 — 

graves heridas hasta que lo concluyó, y dicha la última palabra entre- 
gó su purbima alma al Criador. Asi con la palma del martirio Dios 
premió lo* mucho que había trabajado en América para la salvación 
de las almas y por nuestra Orden, pues en el año 4696 fundó el con- 
vento de Puertobelio. 

Pft. ALFONSO GÓMEZ DE ENCINAS. 

Este venerable Religioso natural del pueblo del Cuellar, obispado 
de Segovia, ¿ hijo de hábito de Valladolid, fué enviado á la América, 
y allí misionando en la Isla de Puna, provincia de Quilo ó Ecuador, y 
constituido párroco, cuyo ministerio ejerció con grande zelo y utilidad 
de las almas, fué ipvadida la isla por una escuadra de piratas holan- 
deses capitaneados por un hereje cruel llamado Cerroisio. Capturado el 
P. Gómez por esta gente, y preguntado por su fe, respondió, que era 
católico y sacerdote, que con la gracia del Señor todos los dias cele- 
braba el santo sacrificio de la misa. Indignados aquellos enemigos de 
nuestra fe, y aborreciendo el santo sacrificio de la misa, se echan so- 
bre del santo sacerdote que acababa de confesar su fe, abren su pecho 
y le arrancan las entrañas, mientras él invocaba el Smo. Nombre de 
Jesús, daba gracias á Dios y exhortaba á sus ovejas á permanecer Bra- 
mes en la fe que habian abrazado, y entregó su alma al Criador el dia 
2ddejuniodelaño4624. 

No dejó Dios sin castigo la crueldad de aquellos herejes asesinos; 
pues en el mismo dia entraron en la iglesia para profanarla ; mas ape- 
nas estuvieron dentro, que de repente la iglesia se desmorona y cae 
sobre ello^t aplastando á todos. 

■ 

Fe. JUAN DE IRAIZOS. 
Este venerable varón, natural de Pamplona, en el año 4629 fué 
enviado á Argel á redimir al P. Cavero que estaba en rehenes, y allí 
atado á un palo encendieron una hoguera para quemarle vivo; pero 
un turco se movió á compasión y lo sacó de ella medio quemado, y 
aunque no murió entonces, murió después santamente de resultas de 
este martirio. (Véase n. 263.) 

S7 



iSDIGS 

DE LOS PADRES REDENTORES. 

N. P. S. Pedro Nolasco, 4, 2, 3, 5, 6, 8, 20, 30, R. 32. 

S. Ramón Nonal, 4, 7, R. 10, 15, 22, M. 

S. Serapio, 40, 45, 27, 28, JI. 

S. Pedro Armengol, 38, 41, 43, 44, M. 

S. Pedro Pasqua}, 66, M. 

Abadía, Fr. Cosme, 272. 

Adulfo, Fr. 81 , M. 

Agratnunt, Fr. Antonio de, 161 , 163. 

Agreda, Fr. Martin de, 54. 

Águeda, Fr Dionisio de, 146. 

Aguilar, Fr. Agustín de, 207. 

Agustín, Fr. Gaspar de San, S, 304, 309. 

Agustín, Fr. Juan de San, 329. 

Agustín, Fr. Sebastian, 309. 

Albert, Fr. Raimundo, .77, 80, 94, 

Alburquerque, Fr. Manuel de, 61 . 

Ales, Fr. Luís, 119. 

Alos,Fr, Pedro de. 68. 

Altavilla, Fr. Guillen de, 42. 

Alvarado, Fr, Domingo, 219. 

Amador, Fr. Martin, 333. 

Ambrosio, Fr. Francisco de San, 306. 

Araer, Fr. Pedro de, t2, 16, 49, R. 53, «2. 

Araer, Fr. Arnaldo de, 72. 

Aromali«, Fr. Dioni$io, 120. , ,. 

Andrade, Fr. Luis de, 21 8. . 

Andrade, Fr. Gabriel de, 226. 

Anticbi Fr. Gerónimo, 242. 

Antonio, Fr. Marcos de San, 321 . 

Arenas, Fr. Rernardo, 141. 



— 451 — 

Arenchs, Fr. Arnaldo, 135, M. 

ArmeDgol, Fr. Bernardo, 315. 

Aro, Fr. Diego, 49. 

Arque, Fr. Juan, 291 . 

Arrieta, Fr. Gínés de, 259. 

Arlal, Fr. 48. 

Artalejo, Fr. Antonio Manuel de, 336, 338. 

Arze, Fr. Rodrigo de, 239, 241, 243, 244. 

Assalendo, Fr. Francisco, 264. 

Assicio, Fr. Berengario, 119. 

Asunción, Fr. Juan de la, 309. 

Audoire, Fr. Antonio, 289. 

Avila; Fr. Domingo de, 202. 

Avuri, Fr. Miguel, 287. 

Aubert, Fr. Jaime, 335. 

Ayala, Fr. Rafael, 306, 308. 

Azevedo, Fr. Isidro, 206. 

Bagá, Fr.. Diego de, 89. 
Baloys, Fr. Jaime, 90. 
Bañeres, Fr. Berengario de, 28. 
Barahona, Fr. Ildefonso, 250. 
Bárbara. Fr. Pedro deSla., 323. 
Barcelona, Fr. Pedro de, 109. 
Barellis, Fr. Poncio, 114. 
Barrera, Fr. Juan de la, 342. 
Bartolono, Fr. Francisco, 190.. 
Bartolono, Fr. Juan, 197. 
Bas, Fr. Guillen, 4, 9, 13, 37, R. 
Bas, Fr. Guillen (el 2.*), 38. 
Bastan, Fr. Gerónimo, 237. 
Bátela, Fr. Pedro, 136, M. 
Bechofeu, Fr. Luis, 191. 
Beguin, Fr. Germán, 323. 
Benedicto, Fr. Mateo, 246, 251 . 



— 452 

Benevides, Fr. Francisco de, 262. 
Bernal, Fr. Juan, 252. 
Berneda, Fr. Ignacio, 296. 
Bertrán, Fr. Dionisio, 225. 
Blanch, Fr. Luis, 33, M. 
Blanes, Fr. Raimando de, 49, M. 
Blanes, Fr. Antonio, Hi. 
BofTel, Fr. Pedro, 172, <83, H. 
Bonel, Fr. Bernardo, 297. 
Bonilla, Fr. Alonso, 30i. 
Borrasa, Fr. Nicolás, 492. 
Bringas, Fr. Pedro de, 313. 
Bruguiere, Fr. Gaspar, 499. 
Bruguiere, Fr. Sebastian, 273. 
Buisson, Fr. Arnaldo, 99, M. 
Burgos, Fr. Alonso de, 4 4 1 , 4 29. 
Bustamante, Fr. Juan, 288. 

Caldés, Fr. Pedro de, 24 . 
Calvo, Fr. Juan, 223, 234 . 
Gamin, Fr. Pedro, 56, M. 
Camino, Fr. Guillelmo, 474 , H. 
Campos, Fr. Juan de, 349. 
Cantul, Fr. Berengario, 78. 
Carrasco, Fr. Amonio, 322, 325. 
Casa, Fr. Ramón de la, 48. 
Cassano, Fr. Berengario de, 43, 44. 
Gassoles, Fr. Bernardo de, 4 . 
Caslel, Fr. José, 297. 
Castellar, Fr. Jaime, 286, R. 
Castelló, Fr. Pedro de, 27. 
Castellón, Fr. Gaspar, 266. 
Castro, Fr. Lorenzo de, 434. 
Cátala, Fr. Martin, 454. 
Cavero, Fr. Juan, 259, 263, R. 



— 453 — 

Cervantes, Fr. Diego, 169. 

Chevillard, Fr. Claadio de, 339. 

Gisneros, Fr, Antonio de, 212. 

Claveria, Fr. Domingo, 216. 

Claro, Fr. Felipe, 116. 

Clavo, Fr. Felipe, 112. 

Clemente, Fr. Domingo de San, 201 . 

Colom, Fr. Bononato, 113. 

Comelles, Marcos, 312. 

Company, Fr. Lorenzo, 170, 172, 173, 183, 185. 

Conciso, Fr. Luis. 125. 

Concha, Fr. Joan de la, 3i1 . 

Corbera, Fr. Bernardo de, (V) 9, R. 11 . 

Corbera, Fr. Bernardo de, (1) 8. 

Córdova, Fr. Pedro de, 25. 

Córdova, Fr. Isidro de, 116. 

Córdova, Fr. Mateo de, 21 2. 

Cors, Fr. Gregorio, 186. 

Cot, Fr. N., 287, 289. 

Cruz, Fr. Domingo de Sta., 72. 

Craz, Fr. Joan de la, 91 , 92. 

Cruz, Fr. Alonso, 288. 

Cuellar, Fr. Matías, 249, 2^56. 

Cuevas, Fr. Francisco de, 230. 

Charry, Fr. Luis, 236. 

Dalmacia, Fr. Gil, 138. 
Darcenchs, Fr. Arnaldo, 139. 
Dathia, Fr. Francisco, 265. 
Diaz, Fr. Isidro, 83. 
Dionisio, Fr. Pedro de S., 31 , H. 
Dispania, Fr. N.,265. 
Duch, Fr. Arnaldo, 209, 210. 
Dueñas, Fr. Domingo, 154. 
Dulhan, Fr. Antonio, 158. 
Doso, Fr. Domingo, 14. 



— 4Si — 

Ecbarri, Fr. Miguel de, 233. 
Eoriquez Ñuño, Fr. Pablo, 3ii. 
Escriba, Fr. Pedro, i 65, M. 
Esparza, Fr. Forlunio de, 226, 234, 235, 238. 
Espejo, Fr. Diego, 328. 
Espíritu Sanio, Fr. José del, 278. 
Espíritu Santo, Fr. Juan del, 282, 320. 
Espíritu Santo, Fr. Agustín del, 328. 
Espíritu Santo, Fr. Ramón del, 320. 
Espíritu Santo, Fr. Francisco del, 321. 
Esteban, Fr. Laurencio de San, 284. 
Estove, Fr. Gaspar, 28t , 286. 

Falco, Fr. Juan , 137. 
Fariñas, Fr. Francisco González, 336. 
Fau,Fr. Bartolomé, 323. 
Faure, Fr. Francisco, 273. 
Faysan, Fr, Francisco, 265, 272, 283. 
Felipe, Fr. Diego de San, 325. 
Feliu, Fr. Salvador, 308. 
Fernandez, Fr. Simón, 76. 
Fernandez, Fr. Diego, 342. 
Figueroa, Fr. Bartolomé de, 269, 309. 
Florencio, Fr. José de San, 332. 
Florentino, Fr. Guillelmo, 44, 73, M. 
Flores, Fr'. Gonzalvo, 181 . 
Font, Fr . Marciano, 31 5 . 
Fons^a, Fr. Juan, 275, 278,282. 
Fórmica, Fr. Pedro, 50. 
Forton, Fr. Alejo, 310. 
Fosso, Fr. Raimundo del, 198, 203. 
Francés, Fr. Pedro, 123, 124, M. 
-^ ' Francia, Fr. Juan de, 137. 

Fuentes, Fr. Francisco de, 333. 



— 465 — 

Gago, Fr. Bartolomé, 303. 

Galindo, Fr. Francisco, 263. 

Gallo, Fr. Lois, 15. 

Garcla-Cardenas, Fr. Francisco, 301, 306. 

Garda Navarro, Fr. Melchor, 319, 320, 321. 

Garcia-Troncon,Fr. Juan, 315. 

Gasea, Fr. Vicente, 205. 

Gaseo, Fr. Alonso, 71 . 

Gaseo- Vasco, Fr. Arnaldo, 55. 

Gaseó, Fr. Luis, 85, R. 

Gaseó, Fr. Tomás, 333. 

Gaver, Fr. Nadal, 178. 

Gelp, Fr. Justo de S., 57. 

Gil, Fr. Pablo, 110. 

Gili, Fr. Francisco, 152. 

Gillol, Fr. Serapio, 283. 

Giral, Fr. Guillelmo, 82, 88. 

Gómez, Fr. Pablo, 134. 

Gómez, Fr. Gabriel, 288, 290. 

Gorisoain, Fr. Miguel, 285, 286. 

Grallera, Fr. Juan de, 176. 

Granada, Fr. Juan de, 162, R. 

Guerau, Fr. Juan Bautista, 255. 

Gutiérrez, Fr. Juan, 256. 

Haro, Fr. Pedro de, 47. 

Haro, Fr. Simón, 118, 121, M. ^ . 

Heraud, Fr. Melchor, 331 . 

Heredia, Fr. Miguel de, 219. 

Hermán, Fr. Pedro de S., 76, M. 

Herrera, Fr. Juan, 1 41 . 

Houlie, Fr. N.,331. 

Hubaud, Fr. N., 327. 

Huesca, Fr. Mateo de, 208. 

Huesca, Fr. Pedro de, 24. 

Huete, Fr. Juan de, 83, R. 



— 456 - 

Ibañez Rubio, Fr. Vicente, 324. 
Ibañez, Fr. Pedro, 42. 
Iraizos, Fr. Juan de, 263, M. 
Iribas, Fr. Juan de, 221 . 
Isidro, Fr. Juan de San, 280. 

Jaffet, Fr. Francisco, 174. 

Jaime, Fr. Pedro dé San, 75. 

Jaime, Fr., 81 4|fff. 

Jesús María, Fr. Bernardo de, 294. 

Jober, Fr. Juan, 165, R. 

José, Fr. Juan de San, 268, 311 . 

José, Fr. Juan de San, 267. 

Juan, Fr. Juan de San, 222. 

Jusl, Fr. Juan, 303. 

Justino, Fr. (francés), 100, M. 

Lacaze, Fr. Pascual, 317, 318, 223. 
Laers 6 Lercio, Fr. Juan, 21 . 
Lara, Fr. Pablo de, 105. 
Lara, Fr. Fulgencio de, 54. 
Lara, Fr. Jaime de, 60. 
Lara, Fr. Alonso de, 108. 
Lartigue, Fr. Blas, 293. 
Ledesma, Fr. Francisco, 304. 
Leonardo, Fr. Guillelmode San, 29, R. 
Limia, Fr. Alonso de, 97. ' . 
Liniberio, Fr, Arnaldo, 47, 49, 61. 
Liorí^ Fr. Juan Antonio, 298. 
Liso, Fr. Martin de, 159. 
Loarte,Fr. Guillelmo, 145.^ 
López, Fr. Jaime, 189. 
López, Fr. Juan, 209, 210, 215. 
Lorenzo, Fr. Jaime de San, 39, 155. 
Lorenzo, Fr. Alonso de San, 299. 



-457- 

Lorenzo, Fr. Domingo de San, 132. 
Lorenzo, Fr. Juan de San, 4 57. 
Lort, Fr. Goillelmo, 4 06. 
Lostía, Fr. Antonio, 839. 
Lubia, Fr. Juan de, 230. 
Luca, Fr. Juan de, 404. 
Luna, Fr. Juan de, 460, M. 
Luna, Fr. Diego, 494. 
Luquer, Fr. Juan de, 290. 
Lledó, Fr. Jaime, 308. 

Madre de Dios, Fr. Adrían de la, 280. 
Madre de Dios, Fr. Manuel de la, 306. 
Malasanch, Fr. Pedro, 462,M. 
Malevilla, Fr. Conrado de, 67, 69. 
Malla, Fr. Vicente, 238. 
Marco, Fr. Gil, 63. 
Marco, Fr. Matías, 64, M. 
Marcos, Fr. Francisco de San, 328. 
María, Fr. Pedro de Sta., 424, M. 
María, Fr. Aguslin de Sta., 294, 296. 
María, Fr. Juan de Sta., 288. 
Martel, Fr. Gerónimo, 247, 249, 254, 254. 
Martin, Fr. Dionisio de San, 54 . 
Martin, Fr. Luis de San, 407. 
Martínez, Fr. Isidro, 63. 
Hartinez, Fr. Pedro, 464. 
Martínez, Fr. Antonio, 234, 235, 236. 
Martínez, Fr. Bartolomé, 304. 
Mata, Fr. Jaime de la, 493, 204. 
Mata, Fr. Juan de la, 223. 
Matienzo, Fr. Francisco, 426. 
Matienzo, Fr. Luis de, 239, 243, R. 
Mayers, Fr. Lorenzo, 294. 
Mayers,Fr. Miguel, 296, 304. 

58 



— 458 — 

Medina, Fr. Juan de, 429. 
Medina, Fr. Pedro de, 237, 258. 
Mege, Fr. Bernardo, 297, 300. 
Melgarez, Fr. Francisco, 292. 
Melgarez, Fr. Gines. 294, 296, 299. 
Mendoza^ Fr. Nicolás de, 4 43. 
Mendoza, Fr. Dionisio de, 147, íoO. 
Mendoza, Fr. Antonio de, 149. 
Meneses, Fr. Alonso, 26. 
Meneses, Fr. Garcia, 164. 
Meneses, Fr. Garcia de. 224. 
Mesia, Fr. Gabriel, 267. 
Mesquida, Fr. Juan Odón, 179, M. 
Mirabal, Fr. Sebastian, 271 . 
Miralles, Fr. Miguel, 270. 
Miranda, Fr. Juan de, 132. 
Molina, -Fr. Juan, 266,270. 
Molinar, Fr. Domingo, 188. 
Molinar, Fr. Agustin, 216, 227. 
Monel, Fr. Bernardo, 293. 
Monel, Fr. Ignacio, 300. 
Montagudo, Fr. José, 324. 
Montefangoso, Fr. Pedco de, 163. 
Montiel, Fr. Luis, 306. 
Moihe, Fr. Pedro de la. 302. 
Munebrega, Fr. Domingo, 167. 
Muriel, Fr. Francisco, 332. 

Narbona, Fr. Diego de, 74. 

Navarro, Fr. Domingo, 167, R. 

Nebrija, Fr. Leandro, 60. 

Negron, Fr. Juan, 251 . 

Neyla, Fr. Francisco, 305. 

Nué, Fr. Pedro, 308. 

Nuñez, Fr. Gaspar, 257, 258, 262. 



— 450 — 

OJesla, Fr. José María, 339. 
Oliva, Fr. Juan, 323. 
Olivar, Fr. Jorge del, 242. 
Orgay, Fr. Jorge, 242. 
Orignalh, Fr. Simón, 103. 
Orihuela, Fr. Pedro, 21 i. 
Orozco, Fr. Diego de, 284. 
Ortega, Fr. Gerónimo, 319. 
Ortega, Fr. Pedro, 320, 321 . 
Orliz-Loyando, Fr. Pedro, 2tí0. 
Orlofin, Fr. Luis, 248, R. 

Papiol, Fr. Mallas, 233, 234, 236. 

Pareja, ,Fr. Miguel, 307, 308, 322. 

Paz, Fr. Melchor, 202. 

Paz, Fr. Baltasar de la, 246. 

Pazos, Fr. Hernando de, 153. 

Pedro, Fr. Justo de S., 51 . 

Pedro, Fr. Domingo deS., 68. 

Pedro Pasqual, Fr. Andrés de San, 312. 

Pellicer, Fr. Andrés, 180. 

F'enchonala, Fr. 233. 

Peña, Fr. Juan de la, 214. 

Peradaltes, Fr. Francisco, 291, 298. 

Percbeta, Fr. Martin, 244. 

Perero, Fr. Alfonso, 187. 

Pérez, Fr. Fernando, 33, M. 

Pérez, Fr. Juan, 175. 

Pérez, Fr. Gerónimo, 215, 216. 

Perpiñan, Fr. Domingo, 107. 

I*erp¡ñan, Fr. Fernando de, 150. 

Pichón, Fr. Tomás, 291 , 298. 

Piedad, Fr. Lorenzo de la, 96. 

Piedad, Fr. Luis de la, 97. 

Pictra, Fr. Amonio de, 196. 



— 460 

Piquet, Fr. Carlos, 302. 
Plano, Fr. Bernardo de, 139, R. 
Plaza, Fr. Eleulerío, 36, M. 
Ponce, Fr. Simón, H\, 
Pons, Jr. Arnaldo, i 30, i3<, R. 
Pons, Fr. Julio, 135. 
Portalegre, Fr. Fernando de, 36, H. 
Posa, Fr. Jaime, 305. 
Prades, Fr. Arnaldo de, 17. 
Prades, Fr. Bernardo de, 31 . 
Prades, Fr. Lorenzo de, 55. 
Prades, Fr. Vicente de, 65. 
Prals, Fr. Gerónimo de, 166, M. 
Prebost, Fr. Francisco, 301 . 
Priego, Fr. Manael, 323, 325. 
Prunera, Fr. Jaime, 180. 
Puerta, Fr. Jorge de la, 192, 195. 
Puerto, Fr. Julio del, 133. 
Puerto, Fr. Damián del, 138. 
Puig, Fr. Natal, 217. 
Puig, Fr. Miguel, 227. 
Purificación, Fr. Juan de la, 312. 

Quadres, Fr. Guillen de, 18. 
Queralla, Fr. Guillen, 117. 
Quesada, Fr. Pedro de, 37. 
Quesada, Fr. Fulgencio de, 52. 

Ramón, Fr. Juan de San, 268. 
Ramón, Fr. Tomás, 277. 
Rebolledo, Fr. Bernardo, 160, M. 
Rebollida, Fr. Ramón José, 333. 
Redentor en rehenes, 93, R. 
Resplandy, Fr., 227. 
Reyes, Fr. Melchor de los, 282. 



— 461 — 

Riaño, Fr. Juan de, 48, 50. 

Ribas, Fr. Juan, 298. 

Ribelles, Fr. Manuel, 332. 

Ricaudon, Fr. Pedro, 287, 293. 

Riera, Fr. Vicente, 415. 

Rio, Fr. Alfonso del, 79. 

Ríos, Fr. Luis de los, 492, 195. 

Rivas, Fr. Lupo, 252. 

Riviere, Fr. Domingo, 317, 31 Í8. 

Roca, Fr. Ramón, 159. 

Roca, Fr. Maleo, 220. 

Rodríguez, Fr. Juan, 194. 

Roíg, Fr. Francisco, 229. 

Román, Fr. Guillan de San, 5. 

Román, Fr. Bernardo de San, 5, R. 34, 39, 41 . 

Román, Fr. Claudio de San, 88. 

Roneo, Fr. Dionisio, 65. 

Rosas, Fr. Francisco de las, 282. 

Rosignol, Fr.. Arnaldo de, 59, R. 

Rosvalle, Fr. Pedro, 319, 320, 325, 326, 3§8, 329, 330. 

Rovira, Fr. Valenlin, 181.* 

Huiz, Fr. Andrés, 277. 

Sacra, Fr. López, 163. 
Sagalars, Fr. Juan, 176, 180. 
Sagiano, Fr. Guillelmo de, 46, M. 
Salamanca, Fr. Gaspar de, 188. 
Sánchez, Fr. Pedro, 204. 
Sancho de Aragón, D. Fr. 40. 
Sandoval, Fr. Martin de, 218. 
Sans, Fr. Jaime, 103. 
Sans, Fr. Pedro, 120. 
Sans, Fr. Guillelmo, 148, M. 
Sans, Fr. Juan, 222. 
Sans, Fr. Pedro Dimas, 227. 
Sans, Fr. Domingo, 2l3. 



— 462 — 

Santiago, Fr. Juan de, 260. 

Santiago, Fr. Diego de, 304. 

Smo. Sacramento, Fr. Antonio del, 284. 

Smo. Sacramento, Fr. Gabriel del, 292. 

Smo. Sacramento, Fr. Jaan del, 332. 

Santos, Fr. Martin de, 201 . 

Santos, Fr. Domingo de los, 278. 

Santosimia, Fr. Juan de, 2i-5. 

Sanz, Fr. Pablo, 201 . 

Sanz, Fr. Tomás, 259. 

Sanz, Fr. Eugenio, 314, 312. 

Sarmiento, Fr. Luis, 177. 

S^ovia, Fr. Bartolomé de, 177. 

Segura, Fr. Pedro, 228. 

Semorense, Fr. Dionisio, 220. 

Serapio, Fr. Antonio de San, 292. 

Serrano, Fr. Domingo, 101, 102. 

Serrano, Fr. Vicente, 261 . 

Severino,Fr.,147, 153, 157,M. 

Sevilla,Fr. Gilde, 91. 

Sevilla, Fr. Juan de, 98. 

Sevilla, Fr, Domingo de, 182. 

Sevilla, Fr. Isidro de, 226. 

Siciliano, Fr. Alejandro, 84, M. 

Silva, Fr. Diego de, 312. 

Silvestre, Fr. Nadal, 246. 

Solanes, Fr. Bruno, 333.^ 

Solano, Fr. Bernardo, 332. 

Soler, Fr. Jaime, 89. 

Soler, Fr. Cristóbal, 128. 

Solls,Fr. Cristóbal, 184, 187. 

Somorostro, Fr. Pedro, 248. 

Sorellas, Fr. Pedro, 144, 

Sotelo, Fr. Francisco Esteban, 306, 309, 312. 

Soto, Fr. Diego de, 19, 24, M. 

Suriá, Fr. Rafael, 324. 



— 463 — 

Tabela, Fr. Alonso, 231. 

Tadeo, Fr. Francisco de San, 304. 

Talamanco, Fr. Juan, 325, 328. 329, 330, 332. 

Tandí, Fr. Guillelrao, 156. 

Teobaldo (francés) Fr., 35, M. 

Teobaldo (inglés) Fr., 202, M. 

Teruel, Fr. Pedro de, 194. 

Tineo, Fr. Francisco de, 292, 294, 296, 299. 

Toledo, Fr. José de, 271, 274, 276, 279, 280. 

Tomas, Fr. Juan de Sanio, 299. 

Tona, Fr. Bernardo de, 17. 

Tona, Fr. Dionisio de, 90. 

Tonellas, Fr. Claudio, 87. 

Toribio,Fr. Miguel, 146. 

Tornamira, Fr. Pedro, 456. 

Toro, Fr. Lucas de, 142. 

Toro, Fr. Francisco de, 1 69. 

Torrella, Fr. Francisco, 208. 

Torres, Fr. Antonio de, 213. 

Tribiño, Fr. Maleo, 274, 278. 

Trinidad, Fr. José de la Santísima, 296, 301 . 

Trinidad, Fr. Juan de la Santísima, 301 . 

Trinidad, Fr. Nicolás de la Santísima, 329. 

Ufabiaga, Fr. Domingo, 255. 

Valcazer, Fr. Isidro, 259. 
Valdepeñas, Fr. Antonio de, 241 . 
Valdes, Fr. Alonso de, 206. 
Yaiencia, Fr.. Jaime de, 123, M. 
Valesio, Fr. Amonio, 64, M. 
Valverde, Fr. Alonso de, 182. 
Valladolid, Fr. Pedro de, 1 61 . 
Vallejo, Fr. Juan de, 235. 
Vasiere, Fr. Tomás, 303. 



— 464 — 

Vázquez, Fr. Baltasar, 304 . 
Vázquez, Fr. José, 328, 329. 
Velasco, Fr. Diego de, 267, 269. 
Velazquez, Fr. Isidoro, 42. 
Vera, Fr. Francisco de, 245. 
Verdegalio, Fr. Juan de, 4 40. 
Verdun, Fr. Bernardo de, 1 46. 
Vicente, Fr. Gilberto, 143. 
Víctor, Fr. Raimundo de San, 29, H. 
Vidondo, Fr. Ignacio, 281 . 
Vigo, Fr. Antonio, 284, R., 280. 
Vila, Fr. José, 333. 
Vilaregut, Fr. Dionisio, 25. 
Vilches, Fr. Luis de, 263. 
Villa, Fr. Domingo Pablo de, 340. 
Villavicencio, Fr. Luis de, 342. 
Villoria, Fr. Juan de, 254. 
Vives, Fr. Tomás, 95, M. 
Voltagio, Fr. Juan Pablo, 228. 

Ximenez» Fr. Pedro, 449. 
Ximenez, Fr. Andrés, 408. 

Zapater, Fr. José, 305. 

Zeldran, Fr. Juan, 344, 342, 343. 

Zoroza, Fr. Juan de, 83, H. 

LAUS DEO. 







FE DE ERRATAS. 




Página. 


Línea. 
10 


Dice. 


Léase. 


36 


Zarnei 


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17 


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